Mi Rey.
Capítulo doce: Perdonar.
Llorar hasta dormir era algo que Karin hacía mucho no hacía, de hecho, era algo que nunca había hecho, a excepción de una sola vez, una sola noche, esa noche, su noche de bodas.
Se despertó poco antes de que amaneciera por un llamado a su puerta y un leve sonido de llanto del otro lado.
-Karin-chan, lamento despertarte, pero creo que Shimo-chan tiene hambre y… ¿Qué te pasó?- Rangiku empezó a decir cuando le abrió la puerta, para luego preguntar aquello al notar su estado, su rostro con rastros secos de lágrimas.
-…Estábamos hablando de lo más bien y él solo… me besó y lo arruinó todo.- concluyó su relato con las dos sentadas en la cama mientras amamantaba a Shimo en sus brazos.
-Ya veo.- asintió muy seria. –Pero, ¿por qué te pusiste así?- alzó una ceja.
-¿Todavía lo preguntas?- tenía que estar bromeando. –Lo odio, apenas lo soporto. Tal vez no te guste escucharlo, pero tú mejor que nadie sabes lo que me hizo.- ¿alguien más necesitaba que se lo recordara? –Me forzó, me encerró en un establo y casi me hace morir de frío, por su culpa casi pierdo a nuestra hija.- acarició con cariño el cabello de su bebé. –Amenazó de muerte a mi mejor amigo, y aunque no me golpeaba ya sabes cómo me dejaba las muñecas cada vez que tenía un arranque de ira. ¿Necesito decir más? Porque hay más y lo sabes.- arrugó el gesto con rencor.
-No, querida, no necesitas decir más.- suspiró. –Yo recuerdo eso muy bien, pero tampoco soy estúpida.- la miró con perspicacia. –Y sí, lo preguntó. Preguntó porque no me engañas, no engañas a nadie. Tal vez solo a ti misma.- se cruzó de brazos y la morena comenzó a mirarla con ojos entrecerrados.
-¿A qué demonio se supone que te estás refiriendo con eso?- murmuró en tono muy bajo, como advirtiendo que cuide sus palabras. Adoraba a esta mujer, pero debía saber sus límites a la hora de defender a su querido casi-hijo.
-¡Deja de fingir que no sabes!- estalló la rubia y Shimo lloriqueó. Le envió una mirada reprobatoria pero eso no la amedrantó en lo más mínimo. –Tú lo quieres.- declaró de sopetón y Karin la miró con los ojos muy abiertos, temblando por un momento, pero luego la fulminó con la mirada. –No digo que lo ames.- comenzó a decir en tono mucho más suave como para tranquilizar a la fiera enojada contenida que estaba a punto de brincarle encima. –Pero evidentemente lo aprecias, querida, y eso salta a la vista. Se nota en el modo en el que luchas por no sonreír o reírte cuando él te habla siendo él mismo, se nota en tus celos hacia Nikita-chan, y sí, eres muy evidente.- ella se sonrojó. –Pero principalmente se nota en que no importa lo mucho que sé que en serio lo odias y lo resientes, en el fondo tú sabes que cambió y que es una buena persona, y que las ama a ti y a tu hija, y tú lo aprecias y respetas por eso.-
-Cállate.- negó con la cabeza. Ella solo estaba diciendo puras tonterías. –Mejor veté y hablamos mañana.- trató de hacer que se fuera antes de que la hiciera decir algo que realmente no querría decirle.
-Tal vez puedas hacer que me vaya, su majestad.- la miró con la barbilla bien en alto. –Pero no puedes vivir con ese odio y resentimiento toda tu vida, no te llevara a nada bueno. Tienes que perdonarlo.- aseguró y eso fue suficiente.
-¿Perdonarlo?- susurró indignada, conteniéndose de gritar solo por tener a su hija ya dormida. -¿Te has vuelto completamente loca? Rangiku-san, sé que lo quieres, pero no me vengas a decir lo que tengo que hacer, mucho menos si lo que buscas es que lo perdone, porque nunca va a pasar, nunca.- aseguró ferozmente. –Nunca voy a olvidar todo lo que me hizo, y es absolutamente su culpa y lo sabes, maldita sea.- lágrimas inundaron sus ojos. –No merece perdón…-
-¡Pero solo mírate!- gritó en un susurro señalándola de arriba a abajo. –Estás a punto de llorar solo por hablar de eso, solo por recordarlo. ¿Crees que eso es sano? Eres una mamá joven y llena de amor para dar, pero tú solo te ahogas en el pasado y el rencor. Eso no es bueno para nadie, ni siquiera para ti. No puedes seguir así, tienes que perdonarlo.- declaró firmemente.
-¡No puedo!- las lágrimas estaban a punto de escapar. -¿Qué no ves que me duele?- susurró patéticamente. –Cada vez que lo miró, cada vez que estoy cerca de él, recuerdo… y me duele.- sollozó. –Esto no es fácil para mí.- las lágrimas se deslizaron por su rostro. –Son puñaladas en mi corazón cada día a cada hora, y me duele y eso me hace odiarlo. No puedo perdonarlo porque el dolor no puede irse.-
La mirada de la mayor se ablandó y le pasó un brazo por los hombros, apoyando su mejilla contra su cabeza y frotando su hombro de manera reconfortante.
-Yo entiendo, querida. De verdad que sí, y me rompe el corazón ver lo mucho que tanto tú como él sufren por ese pasado tan terrible. Pero, linda… perdonarlo no es que debas olvidar lo que te hizo ni mucho menos exonerarlo, perdonar es recordar sin que te duela ya nunca más.- le acarició el cabello maternalmente. –No es bueno que vivas en el resentimiento y la rabia, ni mucho menos el odio. Yo no quiero que lo perdones por él, querida.- la miró seriamente. –Yo quiero que lo perdones por ti, para que tú te libres de todos esos malos sentimientos, de esa carga sobre tus hombros, de ese dolor que sé que te atormenta.- sonrió reconfortantemente. –Quiero que te liberes.-
-No…- negó con la cabeza, abrazando más a su hijita. –No lo voy a hacer…- se rehusó. –No puedo.- apartó la mirada lejos de la decepcionada de la que era como su segunda madre. –No siento que sea capaz de lograrlo.- dijo sincera.
-Perdonar es una decisión, querida.- posó una mano en su hombro. –Y tú eres perfectamente capaz de decidir. Así que decide para bien, por tu bien y el de tu niña.- suspiró, poniéndose en pie. –Solo piénsalo, su alteza.- dio una reverencia ante ella antes de retirarse.
Karin dejó a su bebé en la cuna y se fue a dormir pensativa sobre lo que acababan de hablar.
¿Perdonar a Toshiro podría en serio sacarla de su miseria? Pero, ¿siquiera era posible que lo perdonara? ¿Cómo? ¿Cómo podría hacerlo si sentía que lo odiaba tanto? ¿Cómo podría sí cada vez que pensaba en él el mundo ardía envenenado por su rencor? ¿Cómo?
Al despertar a la mañana siguiente, bajo vacilante al comedor con Shimo en brazos, aliviándose al ver que su padre no estaba allí, aunque eso ponía un poco triste a Kouzu por no poder desayunar con Niki, que como siempre debía estar donde el rey esté.
Pasó en un ánimo sombrío los siguientes días, pesé a la alegría general que tenían todos porque estaban a poco de celebrar el año nuevo y querían preparar un lindo espectáculo de fuegos artificiales para la reina y la princesita.
Toshiro la estuvo evitando como a la peste los últimos días. Cuando quería pasar tiempo con su hija, mandaba a Niki a buscarla, fijando ya la hora en la que se la devolvería y en dónde tenía que esperar por ella. Tampoco no lo volvió a ver en el comedor, según Kouzu, él ahora desayunaba, cenaba y almorzaba en su habitación.
Llego el día anterior a año nuevo y el palacio era un caos de sirvientes yendo de aquí para allá. Iban a ofrecer un gran banquete en los jardines e invitarían a la gente del pueblo a comer y presenciar el espectáculo como era la tradición anual.
Solo entonces volvió a ver a su marido, porque tenía que estar a su lado cargando a su hija mientras recibían a la gente del pueblo, que admiraba y estaba muy orgullosa de su rey desde que fue el héroe de la guerra, y la felicitaban a ella por su hermosa bebita.
-Debemos ir al balcón a presenciar el espectáculo.- le informó él una vez atardeció, su voz distante y apagada. –Es la tradición, la familia real cena allí y… tengo que dar un pequeño discurso al pueblo antes de que comiencen los fuegos artificiales.-
-Oh, de acuerdo.- le dio a la niña y tomó la silla de ruedas para llevarlo al balcón, puesto que Niki había sido llamada por la doctora Unohana y desde que tendría que estar con él todo el día, ahora ella debía atenderlo. En el balcón ya los esperaban Momo y su esposo Izuru, sentados juntos en una mesa redonda muy bien decorada. -¿Y Rangiku-san?- preguntó curiosa de que no esté.
-Ahh… Karin-chan, la tradición es que solo los miembros de la familia real se sienten aquí.- explicó su cuñada con timidez.
-Eso es una ridiculez.- se cruzó de brazos rodando los ojos.
-Tal vez, pero es lo que se hace.- Toshiro suspiró, haciéndole una seña para que tomara de vuelta a la pequeña. –Y de todos modos, Matsumoto debe estar muy ocupada, y aun cuando se desocupé, créeme que no querría venir aquí, porque en esta mesa está prohibido beber Sake.- se acercó hasta la mesa, quedando sentado al lado de su hermana.
-Oh.- bueno, ahora todo tenía más sentido, no tenía caso invitar a Rangiku, esa mujer repudiaría el no embriagarse en una festividad.
Se sentó a la mesa con su hijita al lado de su esposo, inclinando un poco la cabeza para ver los jardines repletos de gente.
Había mucho ruido de charla alegre, y linternas habían comenzado a ser encendidas con la llegada del anochecer.
Les sirvieron la cena una hora después, aproximadamente, algo caliente por el frío. Según Hitsugaya, a los campesinos y nobles en los jardines se les servía por igual carnes y arroz, junto con muchas frutas, vino para los adultos y zumo para los niños. Era un lindo detalle, en su opinión.
Las cosas estaban muy incómodas entre ella y su esposo, y esto parecía ser evidente para su cuñada y concuñado, pero no hacían preguntas y estaba más que agradecida por ello.
Él parecía haberse resignado a su odio y por fin la estaba ignorando completamente de no ser para algo que se tratara de su hijita, cosa que era absolutamente lo que ella quería, así que también fingía que él no existía, cosa que sería mucho más fácil si Shimo no se revolviera en sus brazos queriendo la atención de sus dos padres.
Cenaron y bebieron por horas, ella conversando animadamente con su cuñada mientras sus esposos solo bebían vino incómodamente y la pequeña princesita solo se dedicara a babear el mantel como si su vida dependiera de ello.
Pasaron las horas y estuvieron cada vez más cerca de la medianoche, y entonces el rey le pidió llevarlo hasta el borde del balcón para que pudiera darle el dichoso discurso a su gente finalmente, cosa que hizo con cuidado ya que seguía cargando a la niña.
El murmullo de las personas murió abruptamente al vislumbrar a su monarca a punto de hablarles, siendo todo silencio absoluto que le demostró a la ex Kurosaki lo mucho que la gente realmente lo respetaba. En Karakura su padre hasta tardaba horas en hacer callar a todos sus súbditos, aunque eso podría ser principalmente porque él era el que más escandalo hacía.
-En primer lugar, quisiera agradecerles a todos por su presencia y colaboración.- comenzó, inclinando la cabeza levemente, a lo que el pueblo dio una profunda reverencia. Qué bien educados… -Este año, contamos con la presencia de nuestra reina y la heredera al trono, y el espectáculo ha sido rediseñado en honor a ellas, así que esperamos con ansias que sea del agrado de todos.- un breve murmullo excitado lleno la multitud y ella pudo sentir que se sonrojaba un poco. –El espectáculo comenzara en poco tiempo, por mientras, les informare de las nuevas medidas que se tomaran en el reino este nuevo año. El Consejo, mi esposa y yo hemos llegado a un acuerdo para implementar las medidas de…- continuó hablando para sus atentos súbditos.
Karin lo observaba mientras hablaba, fielmente parada a su lado sosteniendo a su hija. Él era serio y centrado, y aun así, parecía tener una especie de conexión personal y cálida con su gente, que se notaba que lo respetaba y admiraba mucho. Se preguntó si esto sería por lo que pasó en la guerra, o incluso desde antes aún con lo horrible que era él ya tenía ganado el cariño de la gente del reino.
Terminó con su discurso anunciando que en breve empezaría el espectáculo de fuegos artificiales y el pueblo lo reverencio y vitoreó, contentos con las nuevas leyes que se establecieron para el nuevo año, para mejorar tanto la economía como la calidad de vida de las personas.
Volvieron a sus lugares en la mesa después de eso y Momo felicitó a su hermano por su buena comunicación con el pueblo, mientras que Izuru alabó su elocuencia y ambos hombres comenzaron a hablar sobre las nuevas medidas económicas, conversación a la que la reina normalmente le hubiera gustado unirse pero no estaba dispuesta a tener ninguna interacción con el rey de no ser absolutamente necesario. Fue a mitad de esa charla, justo cuando Shimo estaba a punto de dormirse después de haber bebido del pecho, que lo fuegos artificiales comenzaron.
Eran muy hermosos, de varios colores, tan brillantes. Karin ya había visto fuegos artificiales antes, pesé a que no eran muy comunes, pero haber nacido en la realeza tenía sus ventajas, sin embargo nunca había visto tan bellos como estos. Dejaban una estela de humo y brillos perfectamente combinados que se le antojaban simplemente encantadores y cautivantes.
Bajó la mirada hacia su hija, que estaba mirando con sus ojillos turquesas bien abiertos hacia el cielo nocturno cubierto de luces hermosas, al principio pareció estar algo asustada, pero luego notó que estaba admirada y entretenida con el espectáculo.
Sonrió y notó la mirada de su esposo taladrar su perfil, pero no volteó a verlo, no quería arruinar este precioso momento con su niña, pesé a que todo lo había organizado él y un lado de ella quería agradecerle, pero el otro solo quería ignorar su existencia.
Momo no dejaba de soltar una gran cantidad de "Ohh" y "Ahh" al presenciar el espectáculo con una enorme sonrisa, y su marido la miraba sonriendo con ternura, provocando que ella le devolviera la sonrisa en cuanto lo notó mirándola. Y de nuevo Karin sintió una punzada de celos por lo feliz que era ese matrimonio, y el impulso de voltear a ver a su marido se hizo más difícil de resistir.
También se podían escuchar las exclamaciones impresionadas del pueblo, y hasta algunos chillidos emocionados de niños.
El espectáculo terminó como menos de una hora después con una gran explosión de colores llenando el cielo. Hermoso, bellísimo, encantador y cautivante, casi no le alcanzaban los adjetivos.
-¡Fue un espectáculo increíble, Shiro-chan!- chilló felizmente Hinamori y una vena se hinchó en la frente de Toshiro como cada vez que usaba ese apodo, pero no dijo nada. -¡Y fue en honor de Shimo-chan y tuyo, Karin-chan! ¡Estoy tan celosa!- la miró con ojos brillantes.
La pelinegra sintió sus mejillas enrojecer y abrazó a su hijita más contra sí, notando entonces como sus parpados estaban cayendo y viéndola soltar un pequeño bostezo adorable.
-Será mejor que ya me vaya a dormir, Shimo ya excedió su horario de sueño.- le acarició la cabecita con ternura.
-¡Buenas noches!- le deseó el matrimonio, mientras que su esposo solo asintió secamente sin mirarla.
La reina frunció el ceño y se retiró sin otra palabra.
Estúpido rey. ¿Qué? ¿Ahora la ignoraba o qué rayos? No entendía su comportamiento… ¡Ni siquiera entendía porque le estaba dando tantas vueltas al asunto! ¿Por qué le molestaba? Debería estar feliz con que guardaran distancia entre sí, ¿cierto? ¿Verdad?
Shimo se durmió enseguida apenas la colocó en su cuna, pero ella no tuvo tanta suerte, tardó mucho en conciliar el sueño, en parte por el ruido que venía de todas direcciones esa noche en el palacio, y en parte por sus estúpidos pensamientos tontos sin sentido.
A la mañana siguiente, se despertó sorprendentemente tarde, cerca de lo que debería ser las diez de la mañana, y sí, eso era tarde porque normalmente el llanto de su bebita la despertaba de madrugada, pero esta vez se despertó sola incluso antes que su descendencia, de verdad que la fiesta de año nuevo sí que la había cansado, y a ella también, pero de igual modo nunca le gustó levantarse tan tarde, excepto cuando estuvo embarazada, en ese entonces se la pasaba durmiendo.
Todo continuó igual, Toshiro siguió evitando comer en el comedor y mandaba a Niki a buscar a su hija, apenas lo veía.
Faltaban menos de dos semanas para el cumpleaños de Shimo, y Momo y Rangiku estaban en el séptimo cielo desde que les había dado permiso para que la planearan. Ella igual estaba emocionada por el primer añito de su pequeña, y había invitado a toda su familia a venir sobre-advirtiéndole a su hermano que más le valía no faltar porque ya era hora de que conociera a su sobrina.
-Karin-chan, ¿deberíamos hacer pastelillos de chocolate porque son más deliciosos… o de vainilla porque combinan más con el pelo de Shimo-chan?- preguntó Matsumoto tres días antes de la fiesta, las dos sentada en la cama de su habitación mientras ella peinaba el cabello de la niña en dos coletas.
-Has de chocolate. A los Kurosaki nos encanta.- rió pellizcando la naricita de su princesa.
-Bien, pues chocolate será, a pesar de que Shimo-chan es una Hitsugaya y el rey siempre ha preferido la vainilla sobre el chocolate.- comentó distraídamente garabateando en una libreta.
-¿En serio? Pues qué aburrido.- bufó, su semblante adquiriendo un gesto agrio reemplazando su anterior feliz.
-Tú realmente no sabes nada sobre él, ¿eh?- suspiró levemente.
-¿Por qué debería saberlo? No me interesa.- frunció el ceño.
-¿No has pensado en lo que te dije? Eso acerca de perdonarlo.- la miró atentamente.
-Tú sabes que eso no va a pasar.-
-No, no lo sé.- se cruzó de brazos. –No lo sé porque tengo fe en que tú eres una buena persona maravillosa que no quiere pasarse la vida revolcándose en la amargura. No lo sé porque creo que puedes lograrlo, creo que conseguirás librarte de todo ese odio en tu interior que sabes muy bien que no te sirve para nada.-
-¿Podemos por favor dejar de hablar de esto?- gruñó tercamente entre dientes.
-No, necesitas oírlo, y yo necesito decírtelo.- declaró firmemente. –Tienes que dejar de ocultar lo que verdaderamente sientes. Sé que no quieres parecer débil, ni siquiera ante ti misma, pero debes admitir que es lo que realmente atormenta tu corazón, y debes llorar y desahogarte o terminaras siendo algo que yo sé que no quieres ser.- le acarició la mejilla maternalmente y por un momento, Karin sintió sus ojos arder y su labio temblar, pero de nuevo se contuvo, de nuevo se reprimió.
-Veté por favor.- ordenó y la mayor la miró comprensivamente, pero no se movió. –Veté.- volvió a ordenar y ella suspiró.
-Como ordené, majestad.- la reverenció, haciéndola sentir fatal, antes de retirarse.
Apenas se fue, se frotó los ojos dolorosamente fuerte y tomó grandes bocanadas de aire para intentar calmarse a sí misma.
-¿Mami?- oyó el tono balbuceante de bebé de Shimo y de inmediato descubrió sus ojos, mirando con disculpa a la confundida pequeña que parecía no tener idea de lo que pasaba pero igual se notaba triste por el evidente mal estado de su madre.
-Lo siento, mi vida.- le tendió los brazos y la chiquitita de inmediato gateó hacia ella, parándose luego sobre la cama, con algo de esfuerzo, para abrazarse a su cuello y apoyar su barbillita en su hombro. –Siento no ser una mejor madre para ti.- ahora definitivamente podía sentir las lágrimas en las comisuras de sus ojos, pero siguió reprimiéndolas, preguntándose por cuánto tiempo más podría seguir así antes de terminar estallando.
Pasaron los días y llego el once de enero, el día del cumpleaños de la princesita de Juubantai, y pesé a la tormenta de nieve azotando fuera, mucha gente concurrió al palacio para la celebración.
Yuzu y su padre llegaron primero, y los dos le brincaron encima para darle un gran abrazo, a lo que pateó en la cara a su padre y solo abrazó a su gemela, y luego fue a quitarle de los brazos a sus sobrinitos gemelos a Jinta, llenándolo de besos y mimos e impresionándose por lo grandes que estaban y como ya podían pararse perfectamente por si solos y se la pasaban correteando.
En esos momentos, Toshiro era quien cargaba con Shimo, que estaba parada en su regazo tirándole del cabello y riéndose como loca, ella amaba estar con su padre… Y el rey y la princesa de Karakura se les acercaron vacilantes, dándole una reverencia agradeciéndole tarde pero seguro por su heroísmo en la guerra, y pidiendo sostener a su nieta y sobrina, a lo que él amablemente les dejó cargarla, aunque con un poco de lucha de parte de la princesita, que hasta con Karin siempre peleaba por un rato por no querer separarse de su padre tan pronto.
Su hermano, su cuñada embarazada y sus dos sobrinas llegaron a la hora de empezada la fiesta, y Yuzu de inmediato le devolvió a Shimo a su padre y ambas gemelas corrieron con su hermano mayor que hace tiempo que no veían, mismo que las recibió con los brazos abiertos y una gran sonrisa.
Abrazaron también a su cuñada, felicitándola por su embarazo de apenas cuatro meses, y luego saludaron a sus sobrinas de ocho y seis años apenas lograron hacer que les prestaran atención, puesto que estaban algo impresionadas por las bellas decoraciones de flores y las mesas atiborradas de pasteles y demás comidas de fiesta.
Ichigo saludó con mala cara a Jinta y dio un gran abrazo a sus sobrinos Yukiteru y Miyu, ya que también recién los estaba conociendo, luego Karin suspiró y lo tomó del brazo para presentarle a su marido y a su hija, poniendo una sonrisa en su cara fingiendo que todo estaba bien con ellos.
Él dio una reverencia al rey y lo felicitó por su victoria contra Aizen, siendo bastante distante pero respetuoso, luego pegó una cálida sonrisa en sus labios al ver a la más pequeña de sus sobrinitas mirándolo curiosa con el pulgar metido dentro de la boca. Pidió cargarla y Shimo quiso ir con él con sorpresiva facilidad, aunque luego Karin entendió todo porque de inmediato una vez que la alzó ella se puso a jalar el anaranjado cabello extraño de su tío, riendo mientras Ichigo lloriqueaba sin poder hacer nada.
El cumpleaños fue un evento muy alegre y familiar, Shimo lloró un par de veces por las peleas entre Yuzu, Momo y Rangiku de querer cargarla todo el tiempo, pero al final Karin terminó dándole la bebita a su cuñada Rukia para que la cargara.
Su padre y hermano trataban fríamente a Toshiro, al principio, pero luego de un tiempo su mirada hacia él se ablandó mientras más lo veían interactuar con su hija.
Hitsugaya era un buen padre, eso no se podía negar.
Una vez terminado el evento y las velas sopladas con algo de saliva de bebé, su familia decidió quedarse un par de días a la espera de que la tormenta de nieve, que había empeorado, amainara un poco.
Fueron unos lindos días, le encantaba ver a su hijita rodeada de niños, y ella no podría estar más feliz ¡tenía a toda su familia reunida! Era como un sueño hecho realidad.
Toshiro volvió a comer al comedor debido a las visitas, colocándose siempre a su lado, mimando a su hija que parecía en el séptimo cielo con toda la atención y con de nuevo tener a sus dos padres cerca, parecía no cansarse de decir "mami, papi" "mami, papi" todo el tiempo, mirando de uno al otro con entusiasmo y alegría que le llenaba de calidez el corazón así como al mismo tiempo lo agrietaba un poco.
¿Por qué no podían ser todos los días así?, a veces se preguntaba, solo para contestarse inmediatamente que porque odiaba a Hitsugaya y no podía estar todo el tiempo fingiendo estar bien con él, que era lo que estaban haciendo. Se paraban el uno al lado del otro y no se hablaban ni se miraban a menos que fuera absolutamente necesario, sin embargo ahí estaban, juntos, como si fuera algo de todos los días.
Uno de esos pocos días, sentada frente a la chimenea junto a sus hermanos, viendo a sus hijos jugar juntos tratando de divertir a la más pequeña de ellos, su hermano la miró seriamente llamando tanto su atención como la de Yuzu.
-Karin.- empezó algo vacilante pero determinado. –Papá me había hablado sobre tu matrimonio arreglado con Toshiro… o sea… el rey este.- hizo una mueca. –Sonaba muy… afligido en este entonces, porque me dijo que él era un hombre frío y cruel, una mala persona probablemente incapaz de sentir.- ambas hermanas lo miraron atentas, queriendo saber a dónde iba con todo esto. –Eso me preocupo, pero después de ahora sinceramente creo que ya podre estar más tranquilo.- sonrió levemente y Karin se extrañó mientras que Yuzu solo sonrió también.
-¿Qué quieres decir?- indagó con los ojos muy abiertos.
-Bueno, yo no sé lo que haya pasado entre ustedes antes, pero por la manera en la que el tipo te mira ahora… siento que él es incapaz de hacerte daño y simplemente ya será un peso menos en mis hombros.- suspiró. –Siento que te cuidara bien, a ti y a su hija.- le palmeó el hombro y Karin sintió su rostro enrojecer a la par que Yuzu la abrazaba y murmuraba sus palabras de acuerdo con Ichigo.
Entendía que su hermano dijera eso, pues no sabía lo que había pasado, y nunca debía enterarse o dejaría a su hija sin padre, pero Yuzu… ¿realmente creía eso también aun sabiéndolo todo?
Con esto y las palabras de Rangiku realmente estaban haciendo un revoltijo su cabeza.
La tormenta paró pero, ya que estaban, decidieron celebrar allí en el palacio el cumpleaños de su cuñada Rukia, y después de la fiesta su familia y el matrimonio de Hinamori finalmente empacaron sus cosas y después de muchas llorosas despedidas, partieron de nuevo a sus hogares.
Y entonces todo en el palacio volvió a ser como antes.
Su esposo volvió a evitarla como si fuera la peste, cosa con la que estaba perfectamente bien, obviamente.
Shimo se quedó llorando un poco después de que sus primos y compañeros de juego se tuvieran que marchar, pero pronto Karin supo compensar la falta jugando con ella todo el tiempo y cantando juntas, siempre le había cantado, pero ahora a ella le gustaba seguirle el ritmo tarareando adorablemente.
Siempre tenía que estar alguien cuidando a la princesita, no le gustaba estar sola y lloraba desesperadamente siquiera cuando la dejaban por unos minutos o cuando se despertaba y no veía a nadie.
Estaba haciendo grandes progresos al caminar, ahora podía hacerlo solita, aunque con los brazos bien abiertos para equilibrarse, aunque de todas maneras se tambaleaba mucho y por esto Karin siempre la estaba correteando cada vez que tenía sus arranques de querer caminar por todo el jardín, la nieve ya se había derretido, pero de todos modos aun hacía frío y por esto tenían que abrigar bien a la pequeña, que a veces hasta se tropezaba con sus propias ropas, pero afortunadamente hasta ahora no había tenido una caída grave, solo algún que otro susto al caer de cara al suelo y llorar como si no hubiera un mañana, pero siempre estaba bien.
La pequeña comenzó a tener sus rabietas más y más seguido, sobre todo con la comida, trataba de darle más de las papillas y hasta huevo, pero ella escupía todo y solo quería del pecho, del pecho, del pecho, y lloraba y gritaba a los cuatro vientos cuando la engañaba para hacer que comiera una cucharada o todo el plato.
Una vez, Matsumoto arrastró a Toshiro a cenar con ellos al comedor, y cuando él se ofreció para darle de comer a su hija, Karin ardió en celos porque la princesita ni un quejido soltó mientras él le daba su papilla, hasta se reía como loca cuando él usaba los mismos truquitos que ella utilizaba para engañarla e instarla a comer y luego la hacía llorar a gritos.
Desde entonces, se tragó su orgullo y… le pidió a Rangiku que le dijera a su marido sí podía por favor volver a cenar todos los días en la mesa y así darle de comer a su hija sin hacerla rabiar. Por lo mucho que le brillaron los ojos tanto a su segunda madre como a su primogénita, casi pensó que fue alguna especie de complot entre las dos.
Pasó un mes desde su cumpleaños y la costumbre de Shimo de agarrar y toquetear las cosas volvió multiplicada por dos. Ahora podía agarrar mejor más objetos, y la muy pequeña pilla volvió a romper las cosas, solo que ahora solo las que no le gustaban, y solo cuando no la estaban viendo, cosa que en un principio la hizo reír pero luego tuvo que regañarla, no importa cuánto le rompía el corazón hacerla llorar.
Su hija empezó a comer algunas frutas también, banana o manzana picada al principio, luego su padre la hizo probar la sandía y desde entonces era su cosa favorita en el mundo, después del beber del pecho, claro.
En esta etapa, Shimo no fue la única que agarró nuevas costumbres, Karin también adoptó una costumbre, una costumbre que esperaba nadie supiera y que no podía dejar de hacer, la costumbre de espiar siempre lo que hacían Toshiro y su hija cuando era su turno de tenerla.
No podía evitarlo… era tan adorable verla tan feliz.
Él fue una peste de esposo, pero como padre se llevaba el premio. Le leía libros y le enseñaba cosas nuevas, hasta una vez vio como Shimo tomaba su pincel del tintero y comenzaba a arruinar y llenar de tinta desperdiciada todo su papeleo y escritorio donde trabajaba la mayor parte del día. Lo vio lamentarse profundamente, pero él no hizo más que regañarla suavemente y ella ni siquiera lloró, solo dijo "perdón, papi" en su idioma bebé. Karin realmente estaría celosa de no ser porque la mitad del tiempo su hijita estaba tarareando las canciones que ella le cantaba y cuando volvía con ella pegaba un enorme chillido de alegría.
Después del incidente de la tinta, a menudo veía como él la subía a su escritorio, ponía un montón de papeles en blanco frente a ella, y ambos se llenaban las manos de tinta y hacían juntos un montón de garabatos sin sentido tan adorables. A veces se veía tentada a simplemente dejar de espiar detrás de las puertas como una rarita y entrar a participar, pero se frenaba a sí misma. Esos eran sus momentos juntos, si ella no lo dejaba participar en sus propios momentos, entonces no tenía derecho a intervenir en los suyos. Ella fue la que decidió vivir sus vidas separados aun viviendo en el mismo lugar.
Y estaba bien con eso… ¿cierto?
Paso otro mes y básicamente ella hacía con su hija todo lo que era la parte física, así como ayudarla a caminar mejor, corretearla, protegerla cuando quería hacer algo solita, y jugar con ella principalmente. Kouzu le hizo una pelotita de trapo y Shimo se la pasaba jugando con ella con todo el mundo, más con su madre por supuesto. Karin también se encargaba de su alimentación, ella ya quería comer más cosas, pero no le daba nada que no fuera antes aprobado por la doctora Unohana, que le decía que ya podía dejar de darle del pecho, pero su hija insistía en seguir bebiendo, y por insistir se refería a que hacía rabietas si no le daba, así que seguía dándole, cada vez menos a ver si así le sacaba la costumbre de a poco.
Toshiro estaba haciendo un trabajo maravilloso en estimularla cerebralmente o cómo le llamaran, seguía leyéndole y tenía mucha paciencia para enseñarle y contestarle todas sus preguntas, ¿cómo entendía todo lo que la bebita decía? Era algo que probablemente Karin jamás entendería. Él había conseguido varios libros infantiles y le enseñaba palabras nuevas, como el nombre de los animales, plantas y un montón de otras cosas. Seguían dibujando juntos, y ahora Shimo se había dado a la tarea de tratar de imitar todos los dibujos que él hacía. Ya lograba hacer figuras geométricas con sorprendente prolijidad. Matsumoto no dejaba de alardear que ella sería una niña prodigio súper genio o algo como lo fue su padre.
Y sí, ella seguía espiando sus momentos juntos.
Su relación con su marido continuaba siendo tensa, pero luego de un regaño de la doctora Unohana de que su bebé los necesitaba juntos de vez en cuando por su salud mental, comenzaron a pasar una hora al día con ella en los jardines después de otros dos meses, con ella cerca de llegar al año y medio de vida.
El frío se fue y ahora Shimo ya podía caminar mejor, casi correr, y ya no se caía tanto, por lo que se relajaron más en cuanto a estar detrás de ella pero igual siempre tenía vigilancia. Le gustaba "robar" cosas, como los libros de Toshiro, el maquillaje o los zapatos de Rangiku, los utensilios de cocina de Kouzu, y hasta el sombrero de Urahara, y salir corriendo a apilarlo todo en el jardín, mientras que no agarrara nada peligroso y no se lastimara a sí misma, normalmente la dejaban hacer con tal de no despertar la furia de los reyes, el único que lloriqueó hasta que le devolvieron lo suyo fue Urahara, y fue Shimo la que se compadeció y le devolvió su sombrero, balbuceando en su idioma bebé-solo-entendible-para-Toshiro que Kisuke era un " bebé llorón".
Su hija estaba bien, se notaba feliz y crecía normalmente, pesé a que seguía siendo más chiquita de lo que debería ser, pero la doctora Unohana insistía en que no era nada realmente preocupante. Seguía jugando con la pelotita de trapo, pero su actividad favorita definitivamente era el dibujar, y el correr y robar las cosas para apilarlas, claro, aunque después de un tiempo pareció aburrirse de eso.
En la hora obligatoria que tenían que pasar juntos con ella, ellos evitaban hablarse o mirarse, o al menos ella evitaba mirarlo, porque muchas veces podía sentirlo mirarla, pero hacía lo posible por ignorarlo, aunque a veces no resistía la tentación y lo hacía, pero lo único que veía era como miraba con nostalgia a su hija corretear por los jardines. Según Urahara, hacía meses que su herida había sanado y parecía que lo que se había roto no se rompió lo suficiente para presentar consecuencias permanentes. Técnicamente, a estas alturas él podría caminar con un bastón, pero no lo hacía. Su herida es psicológica, murmuró una vez el raro del sombrero.
-¿Aún no lo perdonas?- preguntó Rangiku en compañía de Kouzu mientras los tres estaban en su habitación, habían estado hablando sobre como él debería declarársele a Niki, pero de repente la mayor simplemente giró el tema a este, del cual no había dejado de insistir ni una sola vez desde que empezó.
Kouzu frunció el ceño, ya le había hablado sobre como la rubia quería que perdonara el rey, pero no había expresado ninguna señal de acuerdo ni de desacuerdo.
-No empieces con esto de nuevo.- gruñó bruscamente, feliz de que su hija esté en su cuna profundamente dormida. –Ya te he dicho que no lo voy a hacer.- en serio, ¿por qué insistía? Era frustrante.
-Y yo ya te he dicho que no puedes seguir así.- se masajeó las sienes. –Por todos los cielos, cada vez que te inundan los recuerdos, pareces a punto de llorar o te pones tan agresiva que darías miedo si no fueras una ternurita adorable.- se cruzó de brazos. –No puedes vivir así toda tu vida, menos teniendo en cuenta que tienes una hija con él. La niña crecerá y comenzara a hacer preguntas, ¿quieres ponerte a llorar o contestarle mal a tu pequeña cuando te pregunte cómo se conocieron, o sí se aman?-
-¡No! P-pero… ¡eso no va a pasar! Sé controlarme con mi hija.- que lo dudara era indignante.
-Karin-chan, yo sé que tú quieres superar esto.- tomó su mano. –Yo sé que en el fondo quieres perdonar, pero tal vez no sepas cómo, pero yo no dudo el que seas capaz, estás llena de amor, solo debes sacar el odio.- sonrió alentadoramente. –Tienes que recordar todo aunque duela, recordar y reconocer lo que realmente te atormenta, tienes que desahogarte y dejar ir toda esa ira y rencor, y veras que te sentirás mejor. Mucho mejor de lo que te sientes ahora viviendo en el odio, el dolor y el resentimiento.- posó su otra mano en su hombro.
-Tú no entiendes…- negó con la cabeza. –No entiendes lo que es estar en mi lugar, yo…- quiso hablar pero un nudo en su garganta se lo impidió, aun así, siguió firme en su posición.
-Karin-san, perdona que me meta.- comenzó a hablar Kouzu algo vacilante. –Pero estoy de acuerdo con Matsumoto-san.-
-¿Qué? ¿Tú también?- ¿en serio? ¿Quién más quería unirse al lado del rey monstruo?
-Karin-san, las personas son como las neveras.- afirmó solemnemente y Karin lo miró con una gotita y una ceja en alto, a lo que tosió nerviosamente. –Umm… quiero decir, ya sabes. La nevera real, por ejemplo, siempre está llena de mucha variedad, llena de color y cosas que huelen bien y pueden ser muy bellas y buenas.- sonrió infantilmente. –Sin embargo… a veces, algunas de esas cosas se pudren, porque no se las cuidó con el cariño necesario, o incluso porque directamente por culpa de un idiota se arruinaron. Entonces, esas cosas antes llenas de color y variedad ahora tienen una parte echada a perder, una parte podrida. Y Karin-san, a las cosas podridas, hay que tirarlas.- declaró como si fuera un hecho indiscutible, que lo era, en realidad, pero…
-Ese es un ejemplo muy a tu estilo. ¿Eh, Kouzu?- bufó apartando la mirada.
-¡Deja de evitar el tema!- chilló Rangiku frustrada, pero el chico le colocó una mano en el hombro.
-Karin-san, cuando en la nevera algo se pudre, larga mal olor.- continuó con su ejemplo ridículo. –Y eso arruina a las otras cosas que todavía seguían bonitas, llenas de variedad y color. Al principio lentamente, luego de forma notable, y luego llega un punto en el que se pierde todo, todo, Karin-san. Y ya no queda nada bueno allí.- la miró con sus ojos preocupados y ella empezó a tomarlo más en serio. –Todo se pudre y ya no queda nada, nada bonito y bueno, ni para uno ni para los demás. Y lo triste de esto, es que si esto llegara a pasarle a una nevera, simplemente se tira todo, aunque con dolor del que paga, y se la vuelve a llenar después de una limpieza, pero esto no funciona con las personas. Una vez todo en la persona se pudre, ya no hay forma de volver atrás, ya no se puede recuperar lo que se perdió. Simplemente se queda podrida.- suspiró y sin más se levantó, ayudando a Rangiku a levantarse de la cama también. –Te pedimos que perdones, no por el bien del rey, sino por el tuyo, porque no queremos perder eso tan hermoso que te hace quien eres, Karin-san.- sonrió antes de retirarse con una cabizbaja Rangiku, dejándola pensativa en su habitación.
Se recostó en su cama con los ojos bien abiertos y ninguna intención real de dormir, solo pensando, con el golpeteó de las gotas de la lluvia que comenzaba a caer como único sonido de fondo aparte de sus pesimistas pensamientos.
¿Recordar sin que duela? ¿Reconocer lo que realmente sentía? ¿Perdonar? Sonaba imposible para su maltratado corazón.
Recordaba… y su corazón ardía en dolor, en rabia, en impotencia. Y ella se sentía fatal, se sentía débil y patética, enojada consigo misma por haber dejado que pasara, llena de miedo por la vez en la que casi muere de frío y cuando pensó que podría perder a su bebé, llena de culpables ansias de alguna vez haberse sentido capaz de en serio matarlo, una vez hasta había pensado en matarse, acabar con el sufrimiento… pero de alguna manera había recordado su valentía y había descartado la opción de los cobardes. Había sentido tantas cosas… ¿siquiera era posible que un ser humano aguantara tal cantidad de emociones negativas? Había sentido odio hacia sí misma por haberse dejado arrastrar por el deseo repugnante una sola noche que varias veces la había atormentado en sus sueños más calientes, miedo de lo que sería capaz de hacer por estar llena de rabia, miedo hasta de sus pensamientos. Vergüenza, culpa, rabia, odio, miedo, dolor… la lista seguía y las lágrimas picaban en sus ojos.
¿Cómo podía perdonar eso?
No podía. Y no lo haría.
Al día siguiente, cuando tuvo que pasar la hora obligatoria con él en el jardín, lo miró un poco peor que de costumbre, a causa de los recuerdos que anoche habían vuelto a atormentarla después de las palabras de Kouzu y Rangiku.
Ya estaban en plena primavera y el jardín se había llenado de mariposas, y Shimo corría de un lado a otro persiguiendo a todas las que podía ya casi sin tambalearse. Había una mariposa en específico que llamaba la atención de la pequeña, esta era negra con los contornos de las alas violetas, y por momentos era a la única a la que perseguía, pero entonces esta volaba alto por los árboles y se perdía fuera de su vista a lo que comenzaba a perseguir a otras, pero apenas volvía la negra su atención a ella también.
Toshiro se notaba triste mirando atentamente a su hija, si triste por sus complejos de paralitico o por como lo miraba, ella no lo sabía.
-¡Karin-dono!- oyó el llamado de Niki a lo lejos y la vio cargando cinco grandes cajas que parecían a punto de caerse. -¡Ayuda, por favor!- se oía desesperada.
-Vigila a Shimo.- le dijo a su esposo, que asintió secamente, y entonces ella corrió hacia la castaña de ojos celestes y le quito tres de las cinco cajas. –Cielo santo, ¿por qué es que siempre te encargan este tipo de cosas justo a ti?- bufó. Niki era un encanto, pero era algo debilucha y francamente torpe.
-Es que nadie más quiere hacerlas.- lloriqueó infantilmente. -¿P-podría ayudarme a llevarlas al almacén? No queda muy lejos.- suplicó.
-Mejor llevémoslas a la cocina, de todos modos ahí siempre terminan.- dio un par de pasos en la dirección por la que ella había venido.
Justo cuando estaba por mirar hacia atrás para comprobar que todo estuviera bien, oyó un grito que le heló la sangre.
-¡KARIN!- era Toshiro, gritando de un modo desesperado que nunca le había escuchado antes, que la hizo soltar las cajas de la impresión. -¡KARIN! ¡KARIN!- volteó desesperadamente, congelándose por un momento al ver a su hija en el borde de una roca junto al estanque, estirándose para tratar de tocar a la mariposa negra. Pero entonces notó como Toshiro estaba trabado en su lugar por un charco de lodo que debió haber dejado la lluvia de la noche anterior, que no dejaba a su silla de ruedas avanzar. -¡KARIN!- él no podía hacer nada, tenía que salvarla ella.
-¡SHIMO!- desesperada, corrió con todas sus fuerzas en dirección a su hija, pero se había alejado demasiado, estaba demasiado lejos, y fue demasiado tarde.
Su pequeña bebé chilló y cayó en el agua, hundiéndose como roca.
-¡NO!- ahora el grito fue de Toshiro, y Karin se congeló a medio camino de correr, se congeló por lo que lo vio hacer.
Porque él se levantó de la silla de ruedas como si nada y corrió como rayo a lanzarse al estanque.
No se dio tiempo a sí misma para quedarse en shock y de inmediato reanudo su carrera hasta el maldito, maldito estanque culpable de los mayores sustos en su vida, justo a tiempo para ver a su hijita alzarse por sobre el agua tosiendo y llorando completamente empapada y temblorosa.
La tomó en brazos y la abrazó como si su vida dependiera de ello, llenándola de besos, con lágrimas por el miedo y el alivio mescladas cayendo por su rostro, susurrándole palabras para confortarla.
-¡Hitsugaya-sama!- escuchó el grito preocupado de Niki que venía corriendo hacia allí, y fue entonces que notó que Toshiro no había salido del agua una vez que puso a salvo a su hija. De inmediato corrió el tramo que faltaba y dejó a Shimo en brazos de Niki, y volvió sobre sus pasos para lanzarse al agua sin dudar un segundo.
Por diez segundos, no tuvo idea de dónde él estaba, pero luego lo encontró hundiéndose, tal vez inconsciente y de inmediato lo jaló del cuello del kimono hacia arriba, con algo de dificultad debido a su peso, pero finalmente pudiendo ambos salir a la superficie y tomar el soplo vital del aire respirable.
Lo arrastró como pudo a la orilla y Niki los ayudo a salir dejando a Shimo llorando parada en el suelo tapándose sus ojitos.
Toshiro definitivamente estaba inconsciente, y la enfermera actuó de inmediato, presionando dos manos en su pecho y haciendo compresiones, escuchando su pulso de vez en cuando, y practicándole respiración boca a boca.
Tuvo miedo por un momento, mientras abrazaba a su hijita tratando de calmar su llanto, pero entonces él tosió y ambas suspiraron tranquilas.
-Cielo santo, Toshiro. ¿Estás bien?- su corazón latía muy rápido, y su hija no dejaba de llorar.
-Shimo…- solo murmuró él.
-Ella está bien.- se arrodilló a su lado. –Está bien gracias a ti, la salvaste.- sonrió agradecida.
-Bien.- suspiró aliviado y luego tosió. –L-las… p-piernas…-
-Es verdad.- lo miró impresionada. –Habías vuelto a caminar, Toshiro. ¡Pudiste volver a caminar!- felicitó y él volvió a toser.
-Ya… ya no… ya no las siento.- tosió. –Las sentí por un momento, pero luego…- negó con la cabeza. –Ya… ya no las siento.-
-Irá a alertar a la doctora Unohana-sama de esto y… también iré por la silla, majestad.- murmuró Niki cabizbaja y se retiró a buscar la silla de ruedas, dejándolos solos.
Karin depositó un beso en la cabecita de su niña, lo que más amaba en el mundo, y posó una mano en la mejilla de su esposo.
-Salvaste a nuestra hija.- sonrió, llena de agradecimiento. –Gracias.- sollozó y luego se dirigió a su llorosa bebita. –Papi está bien.-
Ante su afirmación, su hija se revolvió en sus brazos y, entendiendo lo que quería, la dejó en el suelo para que caminara hacia él, cosa que hizo para darle un gran abrazo, dejando de llorar solo cuando él la abrazó de vuelta y besó su cabecita. Ella sostuvo las manos de ambos, los tres totalmente empapados y temblorosos, pero por primera vez, se sintió como si fueran una verdadera familia unida.
Más tarde, en la enfermería de la doctora Unohana, ella les aseguró que Shimo estaba bien y que como ya la había bañado ella solo deberían darle algo caliente para que comiera. Luego, entre Urahara y Unohana explicaron que la razón de porque Toshiro haya podido caminar, correr más bien, fue por el subidón de adrenalina y el miedo, y por qué no, su desesperación como padre.
Como ya les habían explicado, su herida ya había sanado y su condición era más que nada psicológica, tal vez como un auto-castigo o algo el cuerpo se estuviera castigando a sí mismo a través de la lesión, diciéndose a sí mismo que no necesitaba o merecía caminar, pero ante emociones tan fuertes, estas mismas tomaron el control de todo el organismo y lo impulsaron a actuar, y apenas estas emociones pasaron, las otras volvieron a su antiguo dominio, razón de porque inmediatamente dejó de caminar.
Pero ya fue un progreso, dijeron los especialistas en su lado positivo. Tal vez ahora de a poco pudiera volver a caminar si realmente tenía la voluntad. Karin escuchó todo atentamente, notando con preocupación que Toshiro parecía muy pesimista al respecto.
Él se quedó en observación y ella fue a prepararle algo caliente a su hija para quedarse tranquila, siendo de inmediato interrogada por una histérica Matsumoto. Apenas le contó todo, la mujer histérica fue corriendo hacia la enfermería.
Que día…
Una vez alimentada y más calmada, su hijita por fin pudo dormirse, y ella la observó dormir en su cuna mientras se perdía en sus pensamientos, pensamientos sobre Hitsugaya.
Él había desafiado a sus propias barreras mentales para proteger a su hija… eso fue suficiente para borrar cualquier rastro de duda que podría haber tenido acerca de la validez en las afirmaciones de todo mundo respecto a que había cambiado.
Hizo algo que hasta él mismo más que nadie creía imposible y casi muere por su hijita, desafío a su propio bloqueo mental y todo en un segundo, sin dudarlo, sin siquiera pensarlo. ¿Cómo podría ella seguir firme y testarudamente creyendo que aún quedaba una parte llena de maldad en él? Fácil. No podía, ya no lo creía.
Si era totalmente sincera consigo misma… una parte de ella desde hacía mucho quería perdonarlo. Desde que le habló sobre su pasado, desde que le contó lo que había sufrido por su madre. Entonces sus sentimientos no fueron todos solamente vergüenza, culpa, rabia, odio, miedo y dolor, también había sentido pena por él, lastima, compasión… había sentido deseo por él una noche, en la que también se sintió adorada y deseada pesé a todos los otros sentimientos negativos, y desde que de ahí nació su hija, realmente no podía decir que se arrepintiera. Y todos esos sentimientos positivos solo habían aumentado su culpa, porque se suponía que debía odiarlo, después de lo que le hizo, ¿qué clase de mujer sería si no lo odiaba?
Es cierto… desde hace mucho… que quería perdonar. No le gustaba vivir llena de rencor, eso no servía para nada. No cuando él ya cambió, y ahora… ahora estaba segura, antes una parte de ella lo sabía pero no había tenido la certeza y su orgullo había sido demasiado pero ahora la tenía, estaba segura.
Él cambió. Y ella se sentía lista para perdonar.
Continuara...
Holaaaa! :D
Esto me salió más largo de lo que creí, mis dedos me duelen T_T
Aquí el cap, ahora probablemente suba un OS y eso n.n O tal vez suba el cap 13, no sé, lo q me dé más ganas de hacer :P
Ya termine la escuela! VACACIONES AL FIN! YEIII! :'D Y pase con las calificaciones más altas BD
Por favor comenten! Me interesa mucho su opinión sobre este cap! Cada cap de este fic me pone nerviosa porq nunca sé si les gustara como va xP
Bueno, en serio que mis dedos me duelen mucho, así q no dire más y si tenía algo más q decir probablemente lo diga luego en mi pag de Facebook a la que me gustaría que le dieran Like si no lo han hecho ya nwn
Los personajes de Tite al Kubo!
COMENTEN! *o*
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
