Snape cogió el libro y empezó a leer el nuevo capítulo - El profesor de pociones

- Espera, espera – interrumpió Sirius – ¿cómo puede ser que Quejicus tenga su propio capitulo y yo ni siquiera salga en la historia? ¡Es tan injusto! – se quejó, James a su lado se empezó a reír mientras Remus y Lily negaban con la cabeza ante el nuevo drama. Snape sonrió internamente al ver el mosqueo de Sirius y James.

- No te preocupes papa que ya saldrás – intervino Orión – déjale seguir, que este va a ser un capitulo largo – lo ultimo lo dijo por lo bajo pensando en todo lo que había hecho el profesor en su primer día con Harry, definitivamente la sala iba a ser un caos.

Allí, mira.

¿Dónde?

Al lado del chico alto y pelirrojo.

¿El de gafas?

¿Has visto su cara?

¿Has visto su cicatriz?

Los murmullos siguieron a Harry desde el momento en que, al día siguiente, salió del dormitorio. Los alumnos que esperaban fuera de las aulas se ponían de puntillas para mi rarlo, o se daban la vuelta en los pasillos, observándolo con atención.

Harry suspiró realmente cansado de su fama.

- Que pesados, mas les vale dejar en paz a mi hijo – casi gruñó Lily.

Harry deseaba que no lo hicieran, porque intenta ba concentrarse para encontrar el camino de su clase.

- Realmente no se parece a ti James – empezó a reírse Remus – ni en vuestros sueños fuisteis tan famosos en Hogwarts y menos en vuestro primer año, estoy seguro que habríais pagado por conseguir tanta atención – dijo señalando a James y Sirius, que parecían haber sido pillados in fraganti.

En Hogwarts había 142 escaleras,

- ¿Contaste las escaleras? – varias personas le miraban como si se hubiera vuelto loco, entre ellas su padre y Godric Gryffindor, lo cual puso a Harry de los nervios.

- No, Hermione me lo dijo – las miradas se trasladaron a la bruja. – Sale en Historia de Hogwarts ¿es que ninguno nunca se ha dignado a leerse ese libro? – todos los que la miraban, obviamente los bromistas, negaron con la cabeza. Godric levantó las manos y se alejó un poco de Hermione para protegerse de la mirada con la que les estaba regañando la castaña.

- En mi época no existe ese libro – se excuso. A su lado Ravenclaw le sonreía a Hermione.

algunas amplias y des pejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar. Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lu gar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas. También era muy difícil re cordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cam biaban de lugar continuamente.

- ¡Godric! – gritaron a la vez los otros tres fundadores.

- Os dije que no debíamos confiar en él para eso – dijo Rowena – ha convertido nuestra escuela en una enorme broma.

- ¡Hey! Así es mucho más divertido – replicó Godric, y miró a los chicos, algunos le sonreían y le daban la razón mientras que a otros como a Neville por ejemplo no les hacía ninguna gracia.

Las personas de los retratos seguían visitándose unos a otros, y Harry estaba seguro de que las armaduras podían andar.

- Pueden hacerlo – dijeron a la vez Dumbledore y Godric, que se calló al ver cómo le miraban sus compañeros por haber hechizado las armaduras también. – Pero solo en ocasiones muy especiales por ejemplo si el castillo está en grave peligro.

- Veis eso no es malo – les dijo Godric a los otros fundadores que solo pusieron los ojos en blanco o fruncieron el ceño.

- Existe un hechizo para activar las armaduras si el castillo esta bajo un ataque – explicó McGonnagall – siempre he querido probarlo – por un momento le brillaron los ojos como a los merodeadores cuando planeaban una broma – pero por supuesto espero no tener que utilizarlo nunca, eso significaría que Hogwarts y sus alumnos se encontrarían en medio de una batalla. – terminó otra vez seria.

- Lo siento mucho profesora pero probará el hechizo – dijo Orión por lo bajo pero nadie le oyó.

Los fantasmas tampoco ayudaban. Siempre era una de sagradable sorpresa que alguno se deslizara súbitamente a través de la puerta que se intentaba abrir. Nick Casi Decapi tado siempre se sentía contento de señalar el camino indica do a los nuevos Gryffindors, pero Peeves el Duende se encar gaba de poner puertas cerradas y escaleras con trampas en el camino de los que llegaban tarde a clase. También les tiraba papeleras a la cabeza, corría las alfombras debajo de los pies del que pasaba, les tiraba tizas o, invisible, se deslizaba por detrás, cogía la nariz de alguno y gritaba: ¡TENGO TU NARIZ!

- Jajaja que bueno – se empezó a reir James.

- Se lo enseñamos nosotros – dijeron a la vez los gemelos weasley chocando los cinco.

Pero aún peor que Peeves, si eso era posible, era el cela dor, Argus Filch. Harry y Ron se las arreglaron para chocar con él, en la primera mañana.

Todos los alumnos pasados y presentes hicieron una mueca. (Cuando vi que el actor que hace de Filch hace de Walder Frey en Juego de tronos empecé a odiarlo todavía más). Todos odiaban a Filch y a su estúpido gato, y el sentimiento era recíproco.

Filch los encontró tratando de pasar por una puerta que, desgraciadamente, resultó ser la entrada al pasillo prohibido del tercer piso.

- Que puntería – dijo Ginny – ¿es que siempre estáis donde no debéis?

El trío se encogió de hombros, pensando en todas las veces que habían acabado en sitios donde tenían prohibido entrar.

No les creyó cuando dijeron que estaban perdidos, estaba convencido de que querían entrar a propósito y los amenazó con encerrarlos en los calabozos, hasta que el profesor Quirrell, que pasaba por allí, los rescató.

Sirius iba a decir algo a favor del profesor por haberlos salvado de Filch, pero al ver la cara que tenían su ahijado y sus amigos decidió callarse.

Filch tenía una gata llamada Señora Norris, una criatu ra flacucha y de color polvoriento, con ojos saltones como linternas, iguales a los de Filch.

- ¡Ese bicho es inmortal! – exclamó Sirius – ya era vieja cuando nosotros íbamos a Hogwarts, ¿cómo puede seguir por ahí molestando a los alumnos?

- Es un caso perdido – intervino James – te apuesto algo a que ese gato puede sobrevivir a cualquier cosa, no hay nada en este mundo capaz de deshacerse de ella.

- Podríamos pedir una recompensa – propuso Sirius con una sonrisa malvada – 10 galeones para quien consiga deshacerse del gato.

Sirius miró a su alrededor esperando las reacciones de los demás a su propuesta, algunos sobretodo de su tiempo empezaron a reírse y a planear que hacerle al maldito gato, mientras que la conversación había recordado a los del presente lo que le pasó al gato cuando paso lo de la cámara secreta, a pesar de eso Fred y George se acabaron riendo también, y el trío y Ginny pensaban que el gato de verdad debía ser inmortal puesto que incluso había sobrevivido al ataque de un basilisco. Orión pensaba algo parecido ya que en su tiempo todavía estaba por ahí el gato molestando.

Patrullaba sola por los pasi llos. Si uno infringía una regla delante de ella, o ponía un pie fuera de la línea permitida, se escabullía para buscar a Filch, el cual aparecía dos segundos más tarde. Filch conocía todos los pasadizos secretos del colegio mejor que nadie (excepto tal vez los gemelos Weasley),

- ¿No te olvidas de alguien? – preguntaron los merodeadores.

- No os conocía entonces – se excuso Harry.

y podía aparecer tan súbita mente como cualquiera de los fantasmas. Todos los estudian tes lo detestaban, y la más soñada ambición de muchos era darle una buena patada a la Señora Norris.

- De acuerdo, para no ser tan sádico, que me empiezo a parecer a mi prima y eso no me gusta, le daré 5 galeones al que le dé una buena patada a ese bicho – dijo Sirius.

Y después, cuando por fin habían encontrado las aulas, estaban las clases. Había mucho más que magia, como Harry descubrió muy pronto, mucho más que agitar la varita y de cir unas palabras graciosas.

Tenían que estudiar los cielos nocturnos con sus teles copios, cada miércoles a medianoche, y aprender los nom bres de las diferentes estrellas y los movimientos de los pla netas. Tres veces por semana iban a los invernaderos de detrás del castillo a estudiar Herbología,

Helga sonrió pensando en sus invernaderos, Neville también sonrió.

con una bruja pe queña y regordeta llamada profesora Sprout,

Tonks sonrió recordando a su antigua profesora.

y aprendían a cuidar de todas las plantas extrañas y hongos y a descubrir para qué debían utilizarlas.

- Algo muy importante – afirmó Helga.

Pero la asignatura más aburrida era Historia de la Ma gia, la única clase dictada por un fantasma. El profesor Binns ya era muy viejo cuando se quedó dormido frente a la chimenea del cuarto de profesores y se levantó a la mañana siguiente para dar clase, dejando atrás su cuerpo.

- El día que atravesó la pizarra y empezó a dar clase como si nada fue el más raro de toda nuestra vida. – dijo Guideon.

- El dia anterior era el profesor vivo más aburrido de la historia, y a la mañana siguiente tuvimos que cambiarle el título por el fantasma-profesor muerto más pesado y aburrido de la historia, no se calla ni estando muerto. – añadió Fabián

- Por suerte para nosotros Binns decidió jubilarse un par de años antes de que entráramos a Hogwarts – dijo Orión.

- ¿Jubilarse? Pero si está muerto.

- Ya pero el parece no ser consciente de ese detalle, aunque claro sigue estando en el castillo como fantasma. Es incluso más pesado que Myrthel la llorona.

Binns ha blaba monótonamente, mientras escribía nombres y fechas, y hacia que Elmerico el Malvado y Ulrico el Chiflado se con fundieran.

El profesor Flitwick, el de la clase de Encantamientos, era un brujo diminuto que tenía que subirse a unos cuantos libros para ver por encima de su escritorio. Al comenzar la pri mera clase, sacó la lista y, cuando llegó al nombre de Harry, dio un chillido de excitación y desapareció de la vista.

- Sabiamos que Harry daba miedo, pero no tanto – rieron los gemelos, ganándose una colleja cada uno por parte de su madre.

La profesora McGonagall era siempre diferente.

- Por supuesto – asintieron James y Sirius sonriéndole a su profesora favorita.

Harry había tenido razón al pensar que no era una profesora con quien se pudiera tener problemas. Estricta e inteligente, les habló en el primer momento en que se sentaron, el día de su primera clase.

Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderéis en Hogwarts —dijo—. Cual quiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Ya estáis prevenidos.

Entonces transformó un escritorio en un cerdo y luego le devolvió su forma original.

- Hace eso todos los años para impresionar a los alumnos – dijo Sirius.

- Un año transformo a James como castigo por volver su bufanda de Quidditch verde. Le volvió el pelo la piel y la ropa de distintos tonos de verde. – explicó Remus mientras todos reían y James se había vuelto del color de Gryffindor. McGonnagall también reía, al igual que sus alumnos ella era una ferviente admiradora del Quidditch y por supuesto del equipo de su casa.

Todos estaban muy impresiona dos y no aguantaban las ganas de empezar, pero muy pronto se dieron cuenta de que pasaría mucho tiempo antes de que pudieran transformar muebles en animales.

- Concretamente unos años, aunque por supuesto nosotros somos unos prodigios – dijo James señalándose a sí mismo y a los otros merodeadores.

Después de ha cer una cantidad de complicadas anotaciones, les dio a cada uno una cerilla para que intentaran convertirla en una agu ja. Al final de la clase, sólo Hermione Granger había hecho algún cambio en la cerilla. La profesora McGonagall mos tró a todos cómo se había vuelto plateada y puntiaguda, y de dicó a la niña una excepcional sonrisa.

- Eso es realmente impresionante – le dijo la profesora a Hermione – ni siquiera los supuestos prodigios – señaló a los merodeadores – consiguieron algo en la primera clase.

- ¡Hey! – se quejó Sirius – lo conseguimos en la segunda.

- En realidad fue en la tercera – le corrigió Remus – ya sabes, a la tercera va la vencida.

La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Ar tes Oscuras, pero las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma. Su aula tenía un fuerte olor a ajo, y todos decían que era para protegerse de un vampiro que había conocido en Rumania y del que tenía miedo de que volviera a buscarlo. Su turbante, les dijo, era un regalo de un príncipe africano como agradecimiento por haberlo liberado de un molesto zombi, pero ninguno creía demasiado en su historia. Por un lado, porque cuando Seamus Finnigan se mostró deseoso de saber cómo había derrotado al zombi, el profesor Quirrell se ruborizó y comenzó a hablar del tiempo,

La mayoría fruncieron el ceño ante eso, los profesores de DCAO iban de mal en peor, y todavía les faltaban los de los próximos años.

y por el otro, porque habían notado que el curioso olor salía del turbante, y los ge melos Weasley insistían en que estaba lleno de ajo, para proteger a Quirrell cuando el vampiro apareciera.

- No es ajo pero probablemente ningún vampiro en su sano juicio se acercaría a ese turbante – le susurro Harry a Ron y Hermione.

Harry se sintió muy aliviado al descubrir que no estaba mucho más atrasado que los demás. Muchos procedían de fa milias muggle y, como él, no tenían ni idea de que eran brujas y magos. Había tantas cosas por aprender que ni siquiera un chico como Ron tenía mucha ventaja.

- Te lo dijimos.

El viernes fue un día importante para Harry y Ron. Por fin encontraron el camino hacia el Gran Comedor a la hora del desayuno, sin perderse ni una vez.

¿Qué tenemos hoy? —preguntó Harry a Ron, mientras echaba azúcar en sus cereales.

Pociones Dobles con los de Slytherin

- Eso siempre es una condena – se lamento Sirius

- Vaya tortura – siguió James.

respondió Ron—. Snape es el Jefe de la Casa Slytherin. Dicen que siempre los favorece a ellos... Ahora veremos si es verdad.

Los merodeadores le lanzaron una mirada fulminante a Snape, que los ignoró.

Ojalá McGonagall nos favoreciera a nosotros

- Imposible – dijo Sirius. McGonnagall sonreía.

- En realidad sí que nos favorece, pero lo hace de tal manera que no se note y en los momentos decisivos. – le susurró James a su hijo y sus amigos.

dijo Harry La profesora McGonagall era la jefa de la casa Gryffin dor; pero eso no le había impedido darles una gran cantidad de deberes el día anterior.

- Por supuesto, si no nunca conseguirían ni volver gris la cerilla – explicó McGonnagall que sonreía a sus alumnos.

Justo en aquel momento llegó el correo. Harry ya se ha bía acostumbrado, pero la primera mañana se impresionó un poco cuando unas cien lechuzas entraron súbitamente en el Gran Comedor durante el desayuno, volando sobre las mesas hasta encontrar a sus dueños, para dejarles caer encima car tas y paquetes.

Hedwig no le había llevado nada hasta aquel día. Algu nas veces volaba para mordisquearle una oreja y conseguir una tostada, antes de volver a dormir en la lechucería, con las otras lechuzas del colegio.

Los merodeadores y Lily se veían tristes por saber que Harry no tendría correo porque ellos no estaban para mandárselo.

Sin embargo, aquella mañana pasó volando entre la mermelada y la azucarera y dejó caer un sobre en el plato de Harry Este lo abrió de inmediato.

Querido Harry (decía con letra desigual),

sé que tienes las tardes del viernes libres, así que ¿te gustaría venir a tomar una taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que me cuentes todo lo de tu primera semana. Envíame la respuesta con Hedwig.

Hagrid

Lily y James miraron a Hagrid agradecidos.

Harry cogió prestada la pluma de Ron y contestó: «Sí, gracias, nos veremos más tarde», en la parte de atrás de la nota, y la envió con Hedwig.

Fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry a tomar el té, porque la clase de Pociones resultó ser la peor cosa que le había ocurrido allí, hasta entonces.

- ¿Qué podría haber peor? – preguntó Sirius a nadie en concreto - Pociones con los Slytherins y Quejicus y encima dos horas seguidas. – se estremeció teatralmente.

Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no le caía bien al profesor Snape. Pero al final de la primera clase de Pociones supo que no se había equivocado. No era sólo que a Snape no le gustara Harry: lo detestaba.

- El sentimiento es mutuo – murmuraron Harry, Ron, Hermione y Neville.

Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin todos aque llos animales conservados, flotando en frascos de vidrio, por todas las paredes.

Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry

Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.

- Idiota – dijeron James y Sirius, Snape una vez más les ignoro aunque cada vez se le hacía más difícil. Se dijo que leer como ponía en su sitio al hijo de Potter merecería la pena aunque tuviera que escuchar los gritos de Potter y Black.

Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapán dose la boca. Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían pensar en tú neles oscuros.

Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones —comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo—. Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relu cientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, enga ñando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.

- Señor Snape – casi gruñó McGonnagall – nunca bajo ningún concepto puede insultar a los alumnos.

Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas. Her mione Granger estaba sentada en el borde de la silla, y pare cía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.

- Lo siento – se disculpó Harry, pero Hermione no le dio importancia.

¡Potter! —dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?

- Oh vamos ¿Cómo esperas que lo sepa? Acaba de empezar su primera clase – dijo Alice.

- Además de que eso no es temario de primero no deberían oír hablar de eso hasta quinto o sexto por lo menos – añadió Lily enfadada, Snape intentaba hacerse mas pequeño y desaparecer, podía soportar hasta cierto punto los comentarios de los merodeadores pero no los de Lily.

¿Raíz en polvo de qué a una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron, que parecía tan desconcertado como él. La mano de Hermione se agitaba en el aire.

- ¿Cómo puede ser que lo sepas, acaba de decir que es materia de quinto? – le preguntó Ron a Hermione que se encogió de hombros y no contestó.

No lo sé, señor —contestó Harry.

Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.

Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.

No hizo caso de la mano de Hermione.

- Nunca ignore a un alumno, "profesor" Snape – volvió a regañarle McGonnagall que estaba llegando a los límites de su paciencia, a ella le encantaba su profesión y odiaba que se hicieran esas cosas y que cada año hubiera algún inútil tratando de enseñar algo de lo que no tenía ni idea, por lo menos Snape si era bueno en pociones solo tendría que mejorar su comportamiento con los alumnos.

Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde busca rías si te digo que me encuentres un bezoar?

Hermione agitaba la mano tan alta en el aire que no ne cesitaba levantarse del asiento para que la vieran, pero Harry no tenía la menor idea de lo que era un bezoar. Trató de no mirar a Malfoy y a sus amigos, que se desternillaban de risa.

No lo sé, señor.

Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?

- Es imposible que alguien de primero sepa las respuestas, incluso aunque haya abierto el libro – se quejó Lily.

- Salvo en el caso de Hermione – le susurro Ron a Harry que se rio por lo bajo.

Harry se obligó a seguir mirando directamente aquellos ojos fríos. Sí había mirado sus libros en casa de los Dursley, pero ¿cómo esperaba Snape que se acordara de todo lo que había en Mil hierbas mágicas y hongos?

Snape seguía haciendo caso omiso de la mano tembloro sa de Hermione.

McGonnagall volvió a fulminarlo con la mirada.

¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?

Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendi do hacia el techo de la mazmorra.

- Ansiosa – se burló Sirius, Hermione se puso roja.

- Me recuerda a alguien – añadió James mirando a Lily.

No lo sé —dijo Harry con calma—. Pero creo que Her mione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?

- Buena respuesta –se rio James.

Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo. Snape, sin embargo, no estaba complacido.

Siéntate —gritó a Hermione—.

Y se ganó mas miradas fulminantes y de odio esta vez no solo de parte de McGonnagall.

Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo estáis apuntando todo?

Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergami nos. Por encima del ruido, Snape dijo:

Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.

- ¡Vaya una injusticia! – gritó Sirius a la vez que se ponía en pie.

Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la clase de Pociones. Snape los puso en pare jas, para que mezclaran una poción sencilla para curar fo rúnculos. Se paseó con su larga capa negra, observando cómo pesaban ortiga seca y aplastaban colmillos de serpiente, cri ticando a todo el mundo salvo a Malfoy, que parecía gus tarle. En el preciso momento en que les estaba diciendo a todos que miraran la perfección con que Malfoy había cocinado a fuego lento los pedazos de cuernos, multitud de nubes de un ácido humo verde y un fuerte silbido llenaron la mazmo rra. De alguna forma, Neville se las había ingeniado para convertir el caldero de Seamus en un engrudo hirviente que se derramaba sobre el suelo, quemando y haciendo agujeros en los zapatos de los alumnos. En segundos, toda la clase es taba subida a sus taburetes, mientras que Neville, que se ha bía empapado en la poción al volcarse sobre él el caldero, ge mía de dolor; por sus brazos y piernas aparecían pústulas rojas.

- ¡Oh no! – exclamó Alice y abrazó a Neville preocupada.

¡Chico idiota! —dijo Snape con enfado,

En la sala Snape se estremeció al recibir las miradas de puro odio por parte de los Longbottom y de enfado por parte de McGonnagall. Los chicos del futuro pensaban que Snape no iba a salir bien parado después de todo lo que les había hecho sufrir a lo largo de sus años en Hogwarts.

haciendo desa parecer la poción con un movimiento de su varita—. Supongo que añadiste las púas de erizo antes de sacar el caldero del fuego, ¿no?

Neville lloriqueaba, mientras las pústulas comenzaban a aparecer en su nariz.

Llévelo a la enfermería —ordenó Snape a Seamus. Luego se acercó a Harry y Ron, que habían estado trabajan do cerca de Neville.

Tú, Harry Potter. ¿Por qué no le dijiste que no pusiera las púas? Pensaste que si se equivocaba quedarías bien, ¿no es cierto? Éste es otro punto que pierdes para Gryffindor.

Remus tuvo que utilizar toda su fuerza de hombre lobo para evitar que James y Sirius se lanzaran literalmente sobre Snape, a él también le estaba molestando la actitud del Slytherin pero tenía la sensación de que iban a escuchar muchas situaciones similares y no era bueno que perdieran el control tan fácilmente.

Aquello era tan injusto que Harry abrió la boca para dis cutir, pero Ron le dio una patada por debajo del caldero.

No lo provoques —murmuró—. He oído decir que Sna pe puede ser muy desagradable.

Una hora más tarde, cuando subían por la escalera para salir de las mazmorras, la mente de Harry era un torbellino y su ánimo estaba por los suelos. Había perdido dos puntos para Gryffindor en su primera semana... ¿Por qué Snape lo odiaba tanto?

- Bueno eso no es tan malo – dijo Lily, todavía enfadada con Severus – estos tres se las apañaron para perder 10 puntos cada uno en su primer día. – dijo señalando a los merodeadores, dos de ellos se veían orgullosos razón por la cual se llevaron una colleja de parte de Lily y del tercer merodeador.

Anímate —dijo Ron—. Snape siempre le quitaba pun tos a Fred y a George. ¿Puedo ir a ver a Hagrid contigo?

- Siempre serás bienvenido Ron – le dijo Hagrid sonriendo – sobre todo si tienes un hermano que trabaja con dragones.

Salieron del castillo cinco minutos antes de las tres y cru zaron los terrenos que lo rodeaban. Hagrid vivía en una peque ña casa de madera, en el borde del bosque prohibido. Una ba llesta y un par de botas de goma estaban al lado de la puerta delantera.

Cuando Harry llamó a la puerta, oyeron unos frenéticos rasguños y varios ladridos. Luego se oyó la voz de Hagrid, di ciendo:

Atrás, Fang, atrás.

- Hace un par de días encontré un cachorro abandonado – dijo Hagrid.

- Debe ser la mama de Fang – dijo Charlie – Tonks y yo estábamos contigo cuando nació Fang.

- ¿En serio?

Tonks asintió, - en nuestro primer año.

La gran cara peluda de Hagrid apareció al abrirse la puerta.

Entrad —dijo— Atrás, Fang.

Los dejó entrar, tirando del collar de un imponente perro negro.

Había una sola estancia. Del techo colgaban jamones y faisanes, una cazuela de cobre hervía en el fuego y en un rincón había una cama enorme con una manta hecha de re miendos.

Estáis en vuestra casa —dijo Hagrid, soltando a Fang, que se lanzó contra Ron y comenzó a lamerle las orejas.

- Parece que le gusta el pequeño Ronnie.

Como Hagrid, Fang era evidentemente mucho menos feroz de lo que parecía.

Éste es Ron —dijo Harry a Hagrid, que estaba volcan do el agua hirviendo en una gran tetera y sirviendo peda zos de pastel.

Otro Weasley, ¿verdad? —dijo Hagrid, mirando de reojo las pecas de Ron—. Me he pasado la mitad de mi vida ahuyentando a tus hermanos gemelos del bosque.

- Y antes que a ellos, a tus tíos gemelos – añadió Hagrid – además de a los merodeadores claro.

El pastel casi les rompió los dientes,

Hagrid se ruborizo – lo siento mucho.

- No pasa nada – respondieron a la vez todos los que alguna vez habían comido algo preparado por Hagrid.

pero Harry y Ron fingieron que les gustaba, mientras le contaban a Hagrid todo lo referente a sus primeras clases. Fang tenía la cabe za apoyada sobre la rodilla de Harry y babeaba sobre su tú nica.

Harry y Ron se quedaron fascinados al oír que Hagrid llamaba a Filch «ese viejo bobo».

- Bien dicho, Hagrid. – dijeron James y Sirius.

Y en lo que se refiere a esa gata, la Señora Norris, me gustaría presentársela un día a Fang. ¿Sabéis que cada vez que voy al colegio me sigue todo el tiempo? No me puedo li brar de ella. Filch la envía a hacerlo.

- Idiota.

Harry le contó a Hagrid lo de la clase de Snape. Hagrid, como Ron, le dijo a Harry que no se preocupara, que a Snape no le gustaba ninguno de sus alumnos.

Pero realmente parece que me odie.

¡Tonterías! —dijo Hagrid—. ¿Por qué iba a hacerlo?

Sin embargo, Harry no podía dejar de pensar en que Ha grid había mirado hacia otro lado cuando dijo aquello.

- Probablemente no quería añadir más leña al fuego – explicó Lily.

¿Y cómo está tu hermano Charlie? —preguntó Hagrid a Ron—. Me gustaba mucho, era muy bueno con los animales.

- Tu también me caes bien Hagrid – respondió Charlie sonriendo.

Harry se preguntó si Hagrid no estaba cambiando de tema a propósito. Mientras Ron le hablaba a Hagrid del tra bajo de Charles con los dragones, Harry miró el recorte del periódico que estaba sobre la mesa. Era de El Profeta.

RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS

Continúan las investigaciones del asalto que tuvo lu gar en Gringotts el 31 de julio. Se cree que se debe al trabajo de oscuros magos y brujas desconocidos.

Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada. La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.

«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde un gnomo portavoz de Gringotts.

Harry recordó que Ron le había contado en el tren que alguien había tratado de robar en Gringotts, pero su amigo no había mencionado la fecha.

¡Hagrid! —dijo Harry—. ¡Ese robo en Gringotts suce dió el día de mi cumpleaños! ¡Pudo haber sucedido mientras estábamos allí!

Algunos escuchaban atentamente buscando mas información.

- ¿Tu cumpleaños es el 31 de julio? – preguntó James, Harry asintió.

- ¿Eso es todo lo que has deducido por el articulo? – preguntó Lily mientras ponía los ojos en blanco. – ya nos había dicho cuando era su cumpleaños hace un par de capítulos.

- James tienes tan mala memoria como yo – rio Frank.

Aquella vez no tuvo dudas: Hagrid decididamente evitó su mirada. Gruñó y le ofreció más pastel. Harry volvió a leer la nota. «La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.» Hagrid había vaciado la cámara setecientos tre ce, si puede llamarse vaciarla a sacar un paquetito arrugado. ¿Sería eso lo que estaban buscando los ladrones?

- ¡Claro! Querian robar lo que os llevasteis pero que era… - Sirius estaba pensando en voz alta, pero todos le ignoraron, menos Godric que empezó a imitar su cara de concentración hasta que recibió una colleja de Helga y la lectura prosiguió.

Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar, con los bolsillos llenos del pétreo pastel que fueron dema siado amables para rechazar; Harry pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como aquella me rienda con Hagrid. ¿Hagrid habría sacado el paquete justo a tiempo? ¿Dónde podía estar? ¿Sabría algo sobre Snape que no quería decirle?

La mayoría se estaban haciendo preguntas parecidas.

- Se terminó el capítulo – anunció Snape dejando el libro

- Deberíamos dejarlo por hoy y cenar.