El comienzo de la guerra ha sido declarada en Palaestra, y la batalla ha iniciado, Santos y Martians han chocado los puños unos contra otros, a pesar de la superioridad de los primeros sobre los numerosos guerreros de negro, algo extraño ocurrió, algo que dio vuelta la situación en un instante explosivo y horrible...
Capítulo veinte
La torre de los pecados
– Mi Señor, necesitamos su aprobación para iniciar, tomará un tiempo hasta el regreso de su padre, por tanto, usted está a cargo en su lugar.
– Sí, pero, por favor…
– Tranquilo, haremos lo posible para que no se sienta mal.
– Bien, hazlo.
– Como ordene, mi Señor.
[…]
– ¿Qué…? ¿Es esto?
– Todo está ardiendo…
– Todos… ¿Han muerto?
– N–No…
– Cielo santo…
Las gotas se entremezclaban con las lágrimas de los jóvenes, decenas y decenas de muertos, incinerados frente a sus ojos, eran consumidos en cenizas poco a poco, hasta dejar nada más que un rastro de su Cosmos, que también era atrapado y devorado por las llamas. Ninguno podía reaccionar, todos estaban anonadados, Kouga estuvo casi cara a cara con la torre de fuego, estaba de rodillas, con los ojos perdidos entre las chispas, se le caían las lágrimas por la luz tan fuerte. Ryuuhou, Souma y Haruto se quedaron parados, simplemente no podían moverse, estaban atónitos, perplejos, inamovibles, así como Ranjeet y Spear. Yuna era la única que había comenzado a llorar, las lágrimas se le escurrían como si fuesen una cascada, quería taparse los ojos, pero era imposible, simplemente imposible dejar de ver. Al segundo tenía las palmas totalmente empapadas de su propio llanto, cada tanto se le escapaba un desesperado sollozo.
De repente, las llamas se esfumaron, desaparecieron al instante, junto a todos los Santos atrapados en ellas, por un segundo se escuchó un tenebroso, e interminable silencio. Seguido, sintieron como un sismo sacudía la tierra de un lado al otro, todos cayeron, sin poder evitarlo, los temblores los movían con tanta potencia que los pies no podían aguantar firmes.
Donde la torre de fuego se había desvanecido apenas hacía unos segundos, vieron como el círculo de llamas que se había creado se derrumbaba con toda la tierra dentro, hasta formar un hueco del que no podía verse fondo más que una abismal boca de lobo, sin dientes, pero igualmente de aterradora. Los movimientos de la tierra se detuvieron y reanudaron a los pocos segundos, la segunda tanda de sismos fueron absurdamente destructivos, la tierra se resquebrajaba de a pedazos, los árboles comenzaban a caer, y los bosque se incendiaban cuando un relámpago caía y los partía con furia.
A partir de las entrañas del agujero recién abierto, vieron como una nueva torre, pero sólida, hecha con material, ascendía, parecía formada como una serpiente enroscada sobre sí misma, en forma de escaleras, desde una base grande, hasta una pequeña punta, que ya no se podía divisar pues alcanzaba las nubes. Dentro, parecía haber salas gigantes dentro, a las que se ingresaba por pequeños ventanales que rodeaban la construcción de rocas amarillentas.
– ¿Qué…? ¿Qué demonios es eso? – Fue Souma el primero en hablar, el resto estaba arrodillado o caído en el suelo, mientras los terremotos cesaban poco a poco.
– Reconozco esa forma… La he visto en pinturas. – Decía Haruto, que ya se había podido parar. – Es…
– La torre de Babel, Lupus. – Oyeron, la voz no era familiar pues casi nunca la habían oído, pero el tono sí era conocido, esa voz imponente y fuerte que hace sentir como si una bestia literata hablase.
– ¡Tú…! – Haruto se volteó, mientras el resto hacía lo mismo, ninguno quedó en el suelo, Ryuuhou y Kouga estaban tomados de los hombros, para no caerse, se habían lastimado las piernas de las caídas, Yuna se levantó rápido, y aún con las piernas temblorosas, se quitó las lágrimas de los ojos, puso su mirada más fiera posible, pero estaba a nada de quebrar en llanto nuevamente.
– ¡Maldito traidor! – Exclamó Ranjeet, lo señalaba con mucha furia en los ojos, pero el sujeto ni se inmutó de la acusación, Spear estaba a su lado, pero arrodillado, solo miraba la situación, en silencio, probablemente analizándola con atención.
– ¿Y a quién…? – Dijo, levantando los brazos. – ¿Y a quién podría siquiera importarle ser llamado traidor, cuando lo que ha hecho ha sido iniciar el nuevo camino para la humanidad?
– Eden… – Kouga le contestó a lo lejos, se soltó de Ryuuhou, quien cayó sentado por la sorpresa, comenzó a caminar hacia delante.
– ¿Qué ocurre, Pegasus? ¿Vienes a saludar al líder de la salvación?
– Salvación… – Murmuró Kouga.
– Perdona, burrito, pero no te oigo, ¿qué dijiste?
– Has dicho que quieres salvar a la humanidad. – Habló en tono más fuerte.
– Precisamente. – Respondió Eden con soberbia, mientras el viento hacía ondear sus ropas por todos lados. – Por eso he derribado la Palestra con mis propias manos, y por eso hemos tomado el Cosmos de todos los Santos, gracias a ellos, hemos alzado la torre de Babel, que simboliza los pecados que toda esta humanidad ha cometido. – Añadió, explicando con mucha solemnidad. – Sin embargo, podemos expiar esos pecados, acabaremos con toda guerra, con toda violencia, e iremos hacia un mundo de paz, la Tierra desaparecerá, pues está manchada…
– ¿Hemos, has dicho? – Señaló Spear.
– ¡Cierto! – Se dio cuenta Souma. – ¿A qué te refieres con eso, Eden? – Le apuntó.
– ¿Por quién estás haciendo esta atrocidad, Orión? – Se sumó Haruto.
– ¡Dinos, Eden! ¡Eres el más fuerte de los Santos de Bronce! ¿Por qué hiciste esto? – Ryuuhou se había levantado ya.
– ¡No puedes tener razón para matar así a las personas…! ¡No tienes! – Dijo Yuna, encolerizada, dispuesta a saltar a luchar en ese mismo instante.
– Por supuesto la tengo. – Dijo con una soberbia que se podía hasta oler entre la humedad y la sangre. – Athena, es mi razón.
El silencio acaparó la escena, Kouga, que avanzaba de a poco, se detuvo, lo único que se oía eran los árboles ardiendo, la lluvia cayendo, y los truenos destrozando la tierra en golpes incesantes.
– ¿Athena? – Inquirió, Kouga.
– Athena, exactamente, por ella estoy peleando.
– ¡Mientes…! – Kouga gritó, pero en un tono algo bajo, guardándoselo un poco. – ¡Mientes! – Le apuntó con el dedo, y la expresión que reflejaba una furia desmesurada. – ¡La señorita Saori jamás permitiría que esto ocurra!
– ¿Saori…? Debes referirte a la vieja Athena.
– ¿Vieja…? – Quedó Ranjeet pensando.
– Eso mismo, Ursa, la Athena de la que habla Pegasus es una antigua, olvidada, inútil, que no ha hecho más que guiar a la humanidad a los pecados más aberrantes de la historia, han levantado la mano contra los sacros dioses.
– ¡No hables así de Saori en frente mío! – Kouga entró en cólera incontenible, salió a la carga contra Eden, que le dedicó una sonrisa burlona, mientras elevaba el brazo un poco, de la tierra restallaron pequeñas cargas eléctricas que hicieron tropezar a Kouga de la parálisis momentánea, cayó inevitablemente contra el suelo.
– Ayu… Da. – Oyó cuando los ojos se le cerraron, los abrió de nuevo, pero no duró, se entrecerraron de nuevo, y oyó, mucho más claro: – ¡Ayuda! ¡Ayuda!
Era como aquella vez que seguía un extraño halo de luz, se levantó con dificultad, miró hacia atrás, y vio esa misma estela en dirección a la torre de Babel, se incorporó rápidamente, y volteó hacia la gigantesca edificación, no le salieron las palabras, solo pudo susurrar.
– Athena…
– Exacto, allí está Athena, la verdadera, no aquella en la que insistes creer, en aquella que ha fallado por completo como diosa, la que no nos merece como sus guerreros. – Dijo Eden.
– Tengo que verla. – Hizo caso omiso a las acusaciones de Orión, pasó a un lado de Ryuuhou y dio varios pasos hacia delante, apenas Eden vio esto, lanzó desde sus dedos una descarga eléctrica a espaldas de Kouga, pero el Dragón lo detuvo con su escudo instintivamente, lo empujó hacia atrás con la potencia, pero no cayó, quedó de pie, de escudo para su amigo.
– ¡Apártate, Draco, o te fulminaré a ti también! – Ladró Eden, en ese momento, todos cayeron en cuenta que este no portaba su Cloth, cuando un rayo iluminó la escena, se vio su ostentoso traje blanco flamear al viento.
– ¡No, Orión, tú serás el que caerá aquí, y ahora! – Replicó Souma, con valentía, Ranjeet se adelantó igual que el León, Spear también se veía con intenciones de saltar al campo de batalla.
Eden guardó silencio un segundo, mirando al suelo, levantó la vista rápido, y elevando la mano, clamó:
¡Martians, a mí!
A su llamado, cientos de miles de figuras negras recubrieron el lugar por doquier, eran incontables, inmensurables desde cualquier ángulo, los Martian agrupaban sus armas dispuestos a entrar en una lucha encarnizada y sin más cuartel que el mismo mundo.
– ¡Diablos! – Gritó Haruto. – ¡Souma, Yuna, acompañen a Kouga, no lo dejen solo, está muy débil! – Les ordenó al León y Águila, esta última dudo un momento, pero terminó yendo tras el Pegaso, abriéndose paso de los Martian que interponían junto a Souma que los derrotaba a medida que caminaba. – ¡Ranjeet, Spear, cúbrannos! ¡Ryuuhou y yo nos encargaremos de Eden!
– ¡Detesto considerarte líder, Lobo! – Replicó con amargura el Oso. – ¡Pero qué más da, haré pedazos a todos esos imbéciles!
– ¡Deja unos cuantos para mí! – Lo secundó Dorado, ambos se sumergieron en un mar de armaduras negras, al poco tiempo salieron a tomar aire, sacándose de encima más enemigos de los que podían contar, unos caían con los huesos partidos, otros, con tajos de la cintura hasta el pecho.
– ¡No se me escaparán…! – Exclamó Eden al ver cómo avanzaban los Bronce de Kouga directo a la torre, se preparaba a lanzar un nuevo ataque para pararlo en seco, pero un brazo lo detuvo al instante, era Ryuuhou, antes que sintiera siquiera su aliento, tenía ese pequeño, aparentemente frágil, niño, deteniendo su mano, parecía ya cansado, pero esbozó una pequeña sonrisa soberbia.
– Draco… – Gruñó Eden, mientras se deshacía del agarre, pero no bastó, Ryuuhou no se alejó un palmo, lo siguió en el paso atrás, y los que daba al costado, el Dragón tenía su clásica pose, un brazo levantado, a la altura de la barbilla, y el otro cerca de la cintura, la mano izquierda, levantada, estaba casi en el mentón de Orión, que se sintió ligeramente acorralado.
– No te puedes escapar de este dragón, Eden. – Dijo con voz seria.
– ¡¿Ah, sí?! – Lo desafió, usó su mano derecha para tomar la muñeca del brazo más cercano, pero no pudo moverla, quedó trabado, haciendo fuerza, por la otra mano de Ryuuhou, forcejearon un segundo, pero como era de esperar, la fuerza física de Eden era rebosante en comparación al cansado Ryuuhou, utilizando pura potencia bruta, con su brazo libre, lo tomó de nuevo, y de un único impulso lo elevó hacia la oscura y tempestuosa noche.
Haruto estaba esperando la bajada de guardia de Eden, pero al parecer este no bajó la guardia ni un solo segundo, Eden se le acercó a darle un puñetazo, pero resultó demasiado abierto y predecible, Haruto no estaba hace ya un rato cuando Eden quiso aplastarle el rostro, en ese momento, Ryuuhou estaba a nada de impactar contra el suelo, afortunadamente, Haruto ya estaba listo para atraparlo por las espaldas, y dejarlo pararse, en posición de batalla nuevamente.
– Ya veo. – Dijo Eden, los miró con una sonrisa que no se podía discernir entre burlona y ansiosa. – No por nada son los más fuertes de aquí… Será un honor servirle sus cabezas a mi padre…
Orion Cloth![…]
– ¡¿Estás seguro de lo que ves, Kouga?!
– ¡Claro que sí, Souma! ¡Ya estamos cerca!
– ¿Cerca? ¿Pero de qué?
– ¡Pues de Athena! ¿Qué no la sientes, Yuna?
– La verdad, para nada…
Los tres subían a toda velocidad por las enroscadas escaleras de Babel, atravesando un furioso viento y una fría lluvia, Kouga iba al frente, seguido por Souma de Lionet, y Yuna de Águila. Apenas habían recorrido solo dos pisos, la torre parecía interminable, y a cada piso, los escalones se hacían más, y más angostos. En un momento, Souma les pide a los dos que se detengan un segundo.
– Algo viene. – Susurró. – Quietos… Ni respiren.
Kouga se lo tomó a pecho y ni siquiera soltaba una bocanada de aire, tenía el magullado rostro hinchado por retener aire. Pero no aguantó, y soltó una larga exhalación, junto a una molesta tos. Souma habló a propósito para que Kouga termine así, le permitió darse cuenta de la situación.
– ¡Te tengo! – En ese momento se encontraban en una zona donde había números ventanales que conducían a salas oscuras, por una de ellas, el León percibió la sospechosa presencia que hace unos segundos había ya sentido, saltó directo a la ventana con sus puños en llamas, cayó en la oscuridad, y al instante se oyó como había un estallido que hizo escapar una humareda.
– ¡Sigan, Yuna, Kouga! ¡Vayan por Athena! ¡Yo me encargo de este imbécil!
– ¡No te creas tanto, leoncito! ¡Te dije que nos veríamos de nuevo…!
– ¡Sí, pero no te irá tan bien esta vez, Asheeta! ¡Cavaré tu tumba contigo vivo!
– ¡Heh, ven, gatito!
Luego de eso, no oyeron más. Yuna reaccionó a tiempo y comenzó a adelantarse, Kouga aún estaba parado en los escalones, dudoso de si avanzar o quedarse.
– ¡Rápido, Kouga, si no encontramos a Athena, todo estará perdido! – Le recordó Yuna. – ¡El esfuerzo de Souma será totalmente en vano, apresúrate! – Le dijo mientras doblaba en las escaleras serpenteantes.
– Sí… – Miró hacia atrás una vez, dio un paso, miró de nuevo, bajó la vista, y echó a correr tras el Águila. – Sé que lo vencerás, Souma… Yo iré por Athena.
¡Espéreme, señorita Saori…!
[…]
– ¿Lo habías visto ya alguna vez?
– Solo he oído hablar de él, nunca estuve tan cerca, la barrera de Athena me identificaría al instante.
– Cierto, pero ya no hay Athena que pueda detenernos… Solo hay una Athena que nos permitirá llegar al nuevo mundo.
– El nuevo mundo… Tu hijo ya lo ha iniciado, siento que la torre de Babel se ha erigido frente a los primeros humanos, y quieran o no, se rendirán ante la verdad de sus pecados.
– Así es, solo queda destruir este último pilar de esperanza, ya nadie se aferrará a esta falsa ilusión de Athena, llamada Santuario, ocupada por blasfemos Santos de Oro que no han hecho más que levantar la mano contra los dioses.
– Vamos, mi Lord Mars… Es su momento.
– Sí… Se siente ligeramente extraño, como una mezcla de ansiedad y nostalgia… Pero un dios no tiene lugar en su corazón para la duda, es hora de cumplir a lo que he venido… Ya tengo la cabeza de Athena a mis pies, pero necesito que desaparezca para asegurarme que el mundo no verá más salvación que la mía, la nuestra, que forjaré junto a mi hijo… Ahora es cuando.
Caeli Ignis!
(¡Fuego de los Cielos!)
Por cada estrella del cielo, una espada se alzaba, una espada de color carmesí, algunas se convertían en lanzas, picas, incontables armas llenaban el firmamento nocturno. A un pequeño movimiento de mano, las armas se precipitaron hacia el suelo como una incesante lluvia de fuego y sangre, apenas tocaron la tierra, estallaron en ardientes columnas que rasgaban las estrellas. Los templos empezaron a desmoronarse, las columnas caían primero, luego, los techos estallaban, algunos quedaban hundidos een la tierra, mientras que otros eran arrasados en pocos instantes, en segundos,, no quedó un solo templo en pie, solo un vasto campo desolado, lleno de humeantes cráteres, cortinas de llamas que encerraban a cada uno de los templos.
– Solo queda esa estatua… Simbolizará la verdadera caída de Athena… Y mi victoria.
Una nueva pica roja salió disparada por el aire, cruzó todas las columnas ardientes, y atravesó la gigantesca estatua de Athena, al principio, parecía no haber tenido efecto alguno, pero a lo pronto, en el cuello se abrió una grieta, fina, pequeña, la cabeza se desequilibró, cayó hacia delante, los ojos muertos de Athena cayeron contra el suelo, se partió en varios pedazos, al tiempo que Mars la veía con una sensación estupefacta.
Athena, bien sabías que tu caída estaba cerca, aún así te aferrabas a esa estúpida esperanza de que los humanos tienen amor, que los humanos son libres, que los humanos esto, y lo otro…
¡No eres más que una mentira adornada de oro! Lo único que has hecho es engañar a todo el mundo, y todos lo han pagado, mientras tú te regodeas de su sufrimiento, riéndote de cómo caen muertos, uno tras otros, tus pobres, pero leales guerreros.
¡Athena!
¡Prepárate para sentir cada una de tus errores y mentiras! ¡Como si te la hubiesen hecho a ti! ¡Así mismo como las he visto sufrir a la humanidad, tú las sufrirás de misma manera!
¡Que los Fuegos Celestiales devoren todo el mal de este mundo!
