Mi Rey.

Capítulo quince: Sorpresas.

Medio recostada en la cama real mientras bebía un té que Kouzu le había hecho para que se tranquilizara, Karin oyó de Niki la noticia de que Rangiku ya había regresado al reino junto con la princesita Shimo y estaban subiendo a verla. Nadie había querido decirle lo que pasó con el rey, así que tendría que contárselo ella misma.

-¡Karin-chan, querida! ¿Quieres decirme por qué todos aquí traen esa cara de funeral?- la voluptuosa entró al lugar con el rostro preocupado, angustiándose aún más al verla en cama con el rostro enrojecido del llanto y los rastros de lágrimas, aun temblando. –Querida, ¿qué…?...-

-Ran-chan, finalmente te encuentro.- Ichimaru ingresó a la habitación detrás de su esposa. –Tengo que hablar contigo, deja a Shimo-chan con su mami.- alivio invadió a la reina al no tener que ser ella la portadora de malas noticias para con la casi-madre del fugado.

Su corazón se oprimió en su pecho cuando Shimo volvió a sus brazos, mirándola con esos ojitos tan parecidos a los de su padre irresponsable repletos de inocencia, sin imaginar lo mucho que su vida había cambiado tan solo esa misma mañana.

Abrazó a su pequeña con fuerza contra su pecho, besando múltiples veces su cabecita, tratando de hallar un poco de calma en sus sonidos alegres mientras ella vivía en la feliz ignorancia de no saber que no volvería a ver a su padre.

El matrimonio salió de la habitación y por un momento hubo silencio devastador, no oyéndose nada más que los leves gimoteos de su hija en sus brazos, pero pronto se oyó un grito que estuvo seguro debió haber resonado en todo el palacio.

-¡ESE MALDITO BASTARDO IDIOTA!- bueno, pareciera que Rangiku ya se enteró.

Las ganas de volver a llorar la golpearon con fuerza, pero se contuvo y siguió abrazando y mimando a su pequeña hija, ahora era todo lo que tenía, por el momento era lo único que le importaba, no quería pensar en nada ni nadie más. No quería pensar en qué le diría a su pequeña cuando note la falta de su padre y pregunte por él.

El resto del día fue un infierno, ella no quiso salir de la cama en lo absoluto, ni tampoco quiso soltar a su hija, varias veces hicieron intentos de hacer que se levantara a atender a personas importantes que preguntaban por el rey porque ahora ella era la máxima autoridad, pero no tenía fuerzas ni ánimos ni ganas, y finalmente parecieron comprenderla y la dejaron sola con su confundida hija, solo entrando a la habitación real para traerles el almuerzo y cena.

Cuando llegó la noche sí que no pudo evitar llorar un poco. Tan solo el día anterior ella había estado en los brazos de su esposo, pensando que así sería muchas otras noches por el resto de sus vidas, pensando que desde entonces todo estaría bien. Ella creyó que todo el tiempo el impedimento para que su amor floreciera era ella y su incapacidad para aceptar que se había enamorado, pero no, era el pasado, seguía siendo el pasado y siempre sería el pasado… y también la incapacidad de él para perdonarse a sí mismo, pero ella no pudo verlo, sabía que se torturaba y se arrepentía, mas no creyó que se odiara tanto.

…Al final realmente nunca pudieron estar juntos, nunca funcionó…

Trató de sofocar sus sollozos toda la noche para no despertar a su hija, pero no fue capaz de conciliar el sueño sino hasta medianoche, y el llanto y los tirones de cabello de su bebita la despertaron antes del amanecer así que luego de calmarla y alimentarla ya no pudo volver a dormirse, por lo que durmió pocas horas.

La mañana siguiente ya no pudo continuar evadiendo sus responsabilidades como la única gobernante y tuvo que dejar a su hija con Niki pues Rangiku seguía demasiado destrozada por la fuga de su casi-hijo.

Fue extraño… sentarse en el trono con su corona de reina que antes solo había usado en una ocasión antes y ahora tendría que usar todos los días como símbolo de su autoridad.

La primera persona con la que tuvo que tratar fue Urahara que debía explicarle bien todos los detalles de sus nuevas importantes funciones como la figura a cargo. Aparentemente él había sido la última persona que habló con Hitsugaya, aparte de la sirvienta a la que le encargó dejarle su nota, y le dejó todos los documentos que ella debía firmar para aceptar el poder y la responsabilidad.

Cuando llegó el primer comerciante a tratar asuntos de negocios con ella, pareció asqueado de tener que ser el lame-botas de la reina en vez del rey para conseguir su acuerdo, pero solo bastó una mala mirada del ya conocido como un desquiciado Urahara, que fielmente permanecía parado junto a ella en su primer día, para que el tipejo controlara más su tonito.

Tuvo que pasar por la misma actitud y muchas preguntas de muchas de las personas con la que trató ese día, y ni siquiera recordaba el nombre de ni uno de ellos, lo peor es que en varias ocasiones estuvo a un pelo de ponerse a llorar solo porque varias cosas le recordaron al bastardo que la había abandonado. Esto no iba a ser fácil.

Rangiku, Shimo y Karin fueron a visitar personalmente a Momo para darle la noticia de que ya no volvería a ver más a su hermano. La pobre dulce princesa casi lloró de peor manera que la reina al enterarse, casi.

Al volver al palacio, la vida comenzó a parecerle una triste rutina. Trabajo todos los días, estar con su hijita, más trabajo, consolar a Rangiku para tratar de sacarla de su depresión, soportar la lastima de todos, sonreír un poco a la par de tener ganas de llorar al ver a Kouzu y Niki coquetear por los rincones, trabajar más, estar más con su hija, pasar algo de tiempo con Mei que por alguna razón también parecía deprimida, maldecir a Toshiro por llevarse a Hyorinmaru también, maldecirlo por muchas otras cosas más, intercambiar innumerables cartas con su familia que quería matar a su esposo, llorar patéticamente y trabajar aún más.

Por todo un mes, su vida pareció una secuencia de momentos miserables, lo único que la hacía olvidarse de todo y ser muy feliz al desaparecer las normalmente perpetuas puñaladas en su corazón era pasar tiempo con su hija, pese a que su pequeña últimamente lloraba más y más, y finalmente hizo la temida pregunta.

-Mami, ¿dónde está papi?- era una bebé tan chiquita, pero esa pregunta la hizo con extraña fluidez y una expresión seria, y rompió por completo su corazón.

La abrazó y no pudo evitar llorar frente a ella pese a que había prometido no hacerlo, pero simplemente no pudo contenerse.

-Papi…- se atragantó, sin saber cómo podría decirle algo tan grave como esto a su niñita sin mentir. –Papi se ha ido, mi vida.- secó sus lágrimas como pudo luchando por no sollozar. –Y n-no… él n-no…- no podía, no podía. –Yo… no sé cuándo vaya a volver.- solo dijo.

Por un momento, Shimo se la quedó mirando con sus ojitos muy abiertos, pero luego pareció entender muy bien lo que decía, y lagrimones llenaron la comisura de sus preciosos ojos inocentes.

-¿Papi no va a volver?- lagrimitas corrieron por sus mejillas sonrojadas, y entonces Karin sintió una inmensa furia.

Adiós a la tristeza, adiós a la depresión, adiós a su amor por Hitsugaya. NADIE hacía llorar a su hija y salía impune.

-Sí, sí va a volver, mi vida.- sonrió con confianza. –Tal vez tarde un poco, pero va a volver.- y entonces ella podría patearle el trasero por haber hecho llorar a su pequeña y dulce bebita hermosa. –Te prometo que va a volver.- sonrió cuando las lágrimas de su primogénita pararon y volvió a lucir su hermosa sonrisa inocente.

Solo dos horas después convocó una reunión del consejo, y se mantuvo firme cuando todos la miraron como si estuviera loca al proponer enviar a una quinta parte del ejército para buscar a alguien que tal vez ya estuviera muerto y que en caso contrario de todos modos no quería ser encontrado.

-¡Es una locura! ¡No podemos arriesgarnos a parecer vulnerables por un capricho de la reina!- muchos estuvieron en desacuerdo.

-¡Es nuestro rey! ¿Qué dirían de nuestro reino si no estamos dispuestos a un pequeño sacrificio para al menos intentar recuperarlo?- muchos estuvieron a favor igual.

Al final votaron y por mayoría el consejo no quería que la búsqueda se realizara, pero estaba muy parejo, y el voto de Karin valía mucho, así que al final los miembros en desacuerdo tuvieron que callar sus bocas, porque la búsqueda por medio del ejército iba a realizarse y no iba a parar hasta encontrar al rey.

Se reunió un grupo de 50 soldados voluntarios más o menos, y ella se decidió a tener una pequeña charla con ellos antes de que fueran enviados a diferentes ciudades para buscar al rey. La idea era que dos o tres fueran a cada ciudad en cada reino, desde los más cercanos a los más lejanos, algunos soldados podrían estar fuera por semanas y ella quería motivarlos un poco.

-Como todos ya sabrán, nuestro rey se ha fugado del palacio aproximadamente un mes atrás.- antes, la sola mención de aquello la hacía estar al borde de las lágrimas, pero ahora solo podía sentir enojo. –Por asuntos personales pero que se pueden resumir a que es un idiota.- eso le valió una risa de parte de los soldados. –Con tan solo ofrecerse para esta misión que algunos consideran una completa locura, ya se han ganado eternamente mi gratitud.- sonrió un poco. –Algunos de ustedes no irán muy lejos y puede que regresen pronto, otros serán enviados a lugares que ni siquiera yo he tenido el honor de pisar y estarán lejos mucho tiempo. Tal vez la misión fracase…- la sola idea instaló un nudo en su garganta que por un segundo casi no la dejó respirar. –Pero al menos lo habremos intentado, y todos y cada uno de ustedes siempre serán héroes para mí y mi princesa.- sonrió y los soldados vitorearon justo después de haberse inclinado profundamente en señal de respeto.

Su sonrisa se agrandó solo un poco más con el orgullo de una reina al tener tan buenos, dedicados y valientes soldados, y estaba a punto de bajarse del podio donde había estado de pie frente a los soldados, pero de repente un fuerte mareo la invadió y casi se cae de cara contra el suelo, pero antes de darse cuenta unas manos la tomaron de la cintura y la mantuvieron estable en su sitio, unas manos realmente muy pequeñas.

Miró confundida hacia abajo y no pudo evitar sonreír alegremente pasmada al ver a un pequeño niño castaño con ojos dorados de siete u ocho años vestido con el shihakusho que actuaba como uniforme de los soldados de Juubantai aun sosteniéndola firmemente.

-Majestad, ¿está bien?- preguntó preocupadísimo el pequeño, solo soltándola cuando se aseguró de que podía mantener el equilibrio por mucho tiempo.

-Sí, gracias a ti.- sonrió al verlo sonrojarse y sonreír complacido. –Ya eres mi pequeño héroe.- rió entre dientes. –Pero… ¿Puedo preguntar qué haces aquí, y con el uniforme del ejército?- alzó una ceja, curiosa.

-Bueno… yo soy parte del ejército.- declaró con orgullo. –Y me ofrecí como voluntario para salvar al rey idiota y ser el héroe de la reina.- sonrió con orgullo para luego fruncirle el ceño a varios soldados que se rieron ante su adorable ingenuidad.

-Oye, solo yo puedo llamar así al rey, tú tienes que respetarlo.- corrigió cariñosamente al pequeño. –Y no creo haberte entendido. ¿Cuántos años tienes? ¿Cómo es que dices ser parte del ejército si solo eres un niño?- pestañeó confusa.

-Tengo siete y medio, alteza.- sonrió enormemente enseñando su dentadura carente de algún que otro diente de leche. –Y me uní al ejército porque me expulsaron del orfanato cuando accidentalmente puede que quemara una habitación o dos.- se frotó la nuca nerviosamente. –Me mandaron a otro orfanato pero inunde la cocina y también me expulsaron. Dijeron que nadie me iba a querer así que me mandaron al ejército, y aquí hay algunos que sí me quieren.- presumió felizmente de lo más cómodo con cómo era su vida.

Karin estaba horrorizada.

-¿Cómo te llamas?- preguntó ahora seriamente.

-Hikisaki Hei, su alteza.- se inclinó.

-Hei.- le sonrió tomando suavemente su manita llena de callos y cicatrices. -¿Quisieras venir conmigo al palacio y ser criado con buena educación para que en el futuro puedas unirte al ejército si es lo que quieres cuando tengas la edad adecuada?- propuso.

-P-pero…- tartamudeó. –Hay que encontrar al rey ahora… Yo quería ser su héroe.- gimoteó.

-Ya eres mi héroe, acabas de salvarme, ¿lo olvidas?- le alborotó los cabellos. –Vamos, di que sí. Me voy a sentir mal si me rechazas.- hizo un puchero ridículo para expresar su descontento. Cielos, ser madre sí que la había ablandado.

Finalmente, Hikisaki Hei accedió a irse con ella al palacio luego de solo un poco más de insistencia, y los soldados voluntarios partieron a encontrar al rey.

Cuando regresó al palacio de la mano con el pequeño castaño de ojos dorados, Rangiku se quedó boquiabierta con Shimo en sus brazos, mirando al niño como si ya lo conociera… y no le agradara nada.

-¡Tú!- gritó la voluptuosa con ojos entrecerrados. -¡Te conozco! ¡Eres el canalla que lleno de pintura los muros del palacio! ¡El rey te prohibió acercarte aquí, muchachito!- se acercó amenazante al niño, que se escondió detrás de las faldas de la reina.

-Ya, Rangiku-san, es solo un niño.- rió entre dientes ante la exageración de la mayor. –Y de todos modos, ¿cuándo pasó eso?- pestañeó confundida sin poder recordar algo así en lo absoluto.

-Oh, fue en la época que tú y el rey idiota estaban peleados… Bueno, ustedes casi siempre estaban peleados, el punto es que fue uno o dos meses después del cumpleaños de Shimo-chan.- se encogió de hombros. –No, espera, ese no es el punto. ¡El punto es que no quiero a este chiquillo aquí!- miró amenazante al pequeño.

-Bueno, pues yo si lo quiero aquí y soy la reina así que aquí se queda.- sonrió con superioridad a la mujer mayor y soltó la mano de Hei para arrebatarle a Shimo de los brazos, ignorando la mueca furiosa de Rangiku pero sin dejar pasar el hecho de que el niño acababa de sacarle la lengua y le sonreía victoriosamente. –Pero Rangiku-san, si notas una mala actitud de su parte, no dudes en tomar las reprimendas que creas necesarias para castigarlo.- ja, tampoco iba a dejarle las cosas tan fáciles al pequeño diablillo. Ella lo trajo aquí para educarlo.

Hei tragó saliva y se mostró horrorizado mientras Rangiku sonreía malvadamente.

-Claro mi reina. Lo que usted ordené.- rió desquiciadamente en lo que la joven madre se retiraba a los jardines indicándole al recién llegado que la siguiera cosa que hizo rápidamente con miedo de la voluptuosa.

Algo le decía que ese niñito rebelde se iba a comportar un poco más de ahora en adelante.

Al día siguiente, ordenó que algunos de los intelectuales del palacio dieran clases diariamente al pequeño, no sabía leer ni escribir así que tendrían mucho trabajo con él. También le advirtió al niño que si no se portaba bien conocería la furia de la reina, haciéndolo temblar, y que sí en cambio le decían cosas buenas de él entonces lo recompensaría, cosa que pareció agradarle.

Una vez se aseguró de que el recién llegado no causaría problemas a sus profesores, dejó a Shimo con Rangiku y fue a ver a la doctora Unohana para confirmar algo que venía sospechando desde hace tiempo pero que solo acababa de convencerse casi por completo con lo que sucedió ayer cuando casi cae del podio.

-¿Y bien?- preguntó ansiosa frotándose las manos cuando terminaron todas las pruebas necesarias y la doctora solo se la quedó mirando en silencio. -¿E-estoy e-embarazada?- tartamudeó un poco, demasiado nerviosa sin saber si prefería una negativa o una afirmación a su pregunta.

-Efectivamente, su alteza.- sonrió un poco. -¿Confió en que esto es una noticia feliz para usted?- la miró con preocupación.

Karin permaneció inmóvil por un momento sentada en la camilla, abrazando firmemente su estómago con la mirada perdida en un punto fijo en las paredes. Su boca estaba apretada en una fina línea y su mandíbula estaba tensa. Permaneció así por varios minutos, totalmente quieta, siendo fruncir cada vez más y más el ceño el único movimiento que parecía capaz de realizar.

Finalmente, sus facciones se suavizaron y soltó un suspiró tembloroso.

-Claro, Unohana-san.- sonrió levemente, frotando sus ojos aguados para que no dejaran huir ninguna lágrima. –Muy feliz, estupenda- su sonrisa se hizo más grande. –Solo estaba pensando en el rey.- su rostro decayó solo un poco, pero seguía muy feliz por la noticia, no obstante. –Gracias, voy a ir a darle la noticia a todos ahora.- le dio una leve inclinación antes de salir de la enfermería no sin antes asegurarle volver pronto para conversar sobre sus cuidados y demás cosas que podría haber olvidado de su embarazo anterior. Dudaba haber olvidado algo pero no correría riesgos obviamente.

Bueno, ya lo había confirmado. Su última noche rindió frutos. Estaba embarazada, esperaba otro hijo de Toshiro, un príncipe o tal vez otra princesa. Un hermanito o hermanita para Shimo… el pensamiento la llenó de alegría, ya que su pequeñita había estado algo decaída desde que su padre idiota se fue, tal vez esto la animará.

Y sería una buena oportunidad para finalmente decirle a su padre y hermanos que su esposo la había abandonado y pedirles que la ayudaran a buscarlo en los reinos, no creía que haya ido allí pero no estaba de más asegurarse. No había querido decir algo tan serio por cartas así que estaba esperando la situación para invitarlos a Juubantai o ir ella a Karakura y contárselos personalmente, ahora con la noticia del embarazo al menos podría suavizar el golpe a su familia y calmar las ansias de matar al rey que sabría que iban a tener.

Pero primero tendría que lidiar con dar la noticia allí en su palacio… y a la últimamente muy histérica Rangiku.

Reunió a todos en la cena de aquella noche, sentando a su hijita en una silla alta a su lado y permitiéndole a Hei sentarse en su otro lado, feliz de haberlo convencido de cenar con todos ese día pesé a que ayer había preferido comer solo en su habitación.

Todos estaban allí, Kouzu, Niki, Urahara, Tessai, Unohana e Isane ya informadas de todo, Gin y Rangiku. Había costado convencer a todos porque tenían sus ocupaciones, pero finalmente cedieron ante la reina y ahí estaban cenando todos juntos por primera vez desde que el rey desapareció, con casi todos preguntándose el porqué de su repentino buen humor.

-Bueno, alteza, estoy seguro de que hay una razón mayor que solo una cena por la cual nos apartó a todos de nuestras obligaciones.- comentó Urahara una vez acabó su plato sacando su abanico y mirándola de reojo por detrás de él. -¿Planea decírnosla ahora o después del postre?- inquirió divertido, casi como si supiera exactamente lo que iba a decirle.

-Cállate, Kisuke-san.- Karin rodó los ojos. –Ya iba a decirles, no es como que sea algo malo.- se frotó las manos nerviosamente. –Umm…- frunció los labios. –Verán, es que… yo…- se sonrojó. –Bueno…- miró a su hijita que también la miraba atentamente y de repente sonrió más envalentonada, tomando su pequeña manita en la suya. –Shimo, mi vida, vas a tener un hermanito.- informó muy sonriente a su pequeña, mirándola a ella y solo a ella sin prestar atención a los jadeos sorprendidos.

-¿Hermanito?- preguntó su pequeña en su idioma bebé (aunque ahora mucho más refinado), sin comprender a qué se refería.

-Alguien que te va a querer mucho y con quién podrás jugar.- le sonrió soltando su manita y acariciándole las mejillas con ternura.

Con eso, la chiquita pareció entender más o menos a qué se refería y sonrió enormemente dando palmadas de entusiasmo.

-¡Espera un segundo!- chilló Rangiku interrumpiendo el momento levantándose de su asiento de un salto. -¡¿Estás embarazada del rey idiota?!- la morena de ojos negros se giró a la rubia de ojos celestes cuya mandíbula estaba casi tocando el suelo de lo abierta que estaba su boca por la sorpresa.

-¿Y de quién demonios más?- bromeó divertida.

-¡¿Y entonces cuándo rayos lo hicieron?!- preguntó atrevidamente sin importarle que había niños presentes ni las miradas de desaprobación que recibió. Karin se sonrojó furiosamente y le dedicó una mirada sarcástica de "¿cuándo crees, idiota?" y entonces Matsumoto entendió todo. –Oh… su última noche aquí.- soltó una risita avergonzada, pero luego su boca volvió a caer. -¡Espera otro segundo!- la señaló acusadoramente. -¡¿Solo tuvieron sexo tres veces en todo su matrimonio y dos de esas saliste embarazada?!- siguió gritando en su incredulidad. –Demonios, nuestro rey sí que tiene puntería.- se dejó caer sentada en su asiento todavía impresionada con los ojos muy abiertos.

-¡RANGIKU-SAN!- ahora gritó Karin con su rostro completamente escarlata, sin querer aclarar que en realidad tres era el número de noches donde tuvieron intimidad y el sexo en sí lo tuvieron unas siete u ocho veces.

-Oh, tranquila, Karin-chan, todos aquí sabemos lo que pasó entre ustedes y tu hija es una bebita.- la voluptuosa le restó importancia pero Gin le tocó el hombro y luego señalo a Hei que estaba con el tenedor a medio camino de la boca y los ojos muy abiertos. -…Ups.- se había olvidado completamente de la presencia del niño de siete años.

-Ñeh, tranquilos.- Hei se encogió de hombros incómodamente al darse cuenta que todos lo miraban avergonzados cuando no estaban mirando a Rangiku con ganas de matarla. –He oído, y visto, cosas peores en el ejército.- volvió a comer tranquilamente.

Karin sonrió con disculpa y alborotó aún más sus cabellos castaños, para luego seguir mirando mal a Rangiku, al menos hasta que todos se decidieron a levantarse y caminar hacia ella para felicitarla por su embarazo, siendo su casi-suegra la última puesto que solo para entonces se le fue el enojo.

Al día siguiente envió con mensajeros una carta a su padre y su hermana y otra a su hermano para que vinieran en una semana a reunirse con ella a Juubantai porque necesitaba hablarles sobre dos importantes noticias.

Los mensajeros volvieron con cartas que confirmaron la asistencia de su familia en la fecha pactada. Yuzu vendría con Jinta y los gemelos pero Ichigo dijo que su familia no podría venir con él porque su esposa acababa de dar a luz y no estaba en condiciones de viajar y sus hijas simplemente no querían separarse ni de su madre ni de su nuevo hermanito. Hmm, su nuevo hijo o hija tendría un primito de su edad para jugar.

Pasó la semana ansiosa, recibiendo todos los días felicitaciones por los criados que apenas se enteraban y algún que otro reporte de algunos de los soldados que habían ido a los lugares más cercanos o que buscaron por su mismo reino. También seguía trabajando pero ahora que estaba embarazada no le querían dejar tanta carga y Gin, Rangiku y Urahara la ayudaban en todo momento.

Niki cuidaba de Shimo a veces con Kouzu cuando él no estaba en la cocina, y Hei se educaba con los intelectuales del palacio. El niño había querido hacerle una travesura a Kouzu queriendo aprovecharse de lo amable, y francamente atolondrado, que era, colocando fruta podrida a hervir en una olla donde planeaba hacer sopa, pero el cocinero tenía años de experiencia y detectó el olor aun cuando era leve, arruinando la broma del travieso y llevándolo ante la reina, que lo castigo negándole la oportunidad de volver a probar uno de los deliciosos postres de Kouzu al menos por un mes.

Hei se emberrinchó por eso, pero al menos desde entonces no había intentado nada más.

Finalmente, llegó el día en que su familia la visitaría y ella preparó un gran banquete para recibirlos, emocionada de volver a ver a sus hermanos, incluso a su padre, ¡pero sobre todo a sus sobrinos! Aunque sinceramente no le molestaba la idea de no volver a ver la horrible cara de Jinta.

Sorprendentemente, fue Ichigo el primero en llegar. Vino solo en un fuerte caballo negro con una bolsa colgada en su hombro y de inmediato ella corrió a abrazarlo, no se veían mucho desde que se casó y se mudó a Seireitei así que cada segundo era valioso.

Lo acompañó a los establos para dejar a su caballo Zangetsu mientras le contaba todo acerca de su nuevo hijo.

Pasaron un buen rato allí perdiendo el tiempo mientras él se ocupaba de su caballo y ella trataba de pasar algo de tiempo con Mei, pero desgraciadamente su yegua había estado algo deprimida últimamente y casi ni le hacía caso para su gran preocupación.

Suspiró al ver el espacio vacío que dejó Hyorinmaru desde que Toshiro escapó con él antes de sonreírle a su hermano y marchar al comedor a la espera de que el resto de la familia llegara de una vez.

En cuanto finalmente llegaron, abrazó a Yuzu y a sus gemelitos que ahora tenían dos años y no estaban muy lejos de cumplir tres, Ichigo se encargó de darle una patada a su padre cuando quiso brincarle encima y con Jinta intercambió un par de palmadas en la espalda en señal de paz pero que aun así nunca se iban a terminar de llevar bien.

Llegó el momento de cenar y su gemela preguntó sobre su "Onii-sama" a lo que Karin solo contestó con sinceridad que no cenaría con ellos porque se había ido, claro que no dijo que literalmente se fugó, eso lo diría una vez acabase la cena.

Niki trajo a Shimo a la mesa y de inmediato fue secuestrada por su única tía de sangre que la llenó de mimos. Eso hizo recordar a Karin el hecho de que también debía informar a Momo lo antes posible sobre su embarazo, tal vez eso la consolara un poco después del dolor que sufrió cuando su hermano idiota los abandonó, aunque de todos modos estaba segura de que ya había oído hablar sobre las búsquedas realizadas por su ejército.

Kouzu llegó a unirse a ellos poco tiempo después, pero por lo demás solo eran su familia y Niki los que estaban cenando, los demás no se habían sentido con ánimos de unirse a ellos, tal vez porque no querían ver la reacción de sus sobreprotectores familiares.

Terminaron de cenar y los sirvientes sirvieron el postre, y la reina decidió no postergar más el momento y carraspeó llamando la atención de sus invitados.

Se frotó los brazos nerviosamente y para darse confianza acomodó un mechón del cabello de su hija tras su oreja y luego suspiró, simplemente soltándolo todo con el mayor tacto posible. Yuzu pareció horrorizada y su hermano se levantó bruscamente de su asiento para estrellar las palmas de sus manos contra la mesa gritando obscenidades, su padre solo se mantuvo en un tenso silencio mirando a la nada con rostro pensativo.

Tuvo que dar muchas explicaciones, sin ahondar en detalles, y solo una vez que los humos se le bajaron un poco a su hermano les habló acerca de las búsquedas que había mandado para encontrar al rey, a lo que Ichigo prometió que hablaría con sus contactos para que le notificaran cualquier cosa y él mismo también buscaría a su "esposo bastardo" para patearlo sí es que lo encontraba primero.

Su hermana debió notar su cara de tristeza y lo difícil que fue para ella que su marido la dejara y el aun no haberlo encontrado, porque se lanzó a abrazarla apenas terminó su explicación y su hermano mayor terminó de describir las formas en que mataría al rey.

-Hija…- el que su padre por fin dijera algo la sorprendió, hasta el momento él se había mantenido al margen al igual que su cuñado. –Contéstame algo, al final tú… ¿te enamoraste de tu esposo?- la miró con ojos serios y ella igual la miró con ojos muy abiertos, pero luego sonrió levemente y se frotó sus ojos acuosos.

-Sí, lo amó.- admitió fácilmente y luego se llevó las manos al vientre. –Lo amo y quiero que vuelva casa para ver nacer al hijo que estamos esperando.- la boca de su hermano, su padre y su cuñado cayeron, y entonces los tres gritaron al mismo tiempo.

-¡¿EL BASTARDO TE DEJÓ ESTANDO EMBARAZADA?!- sus orgullos como hombres, padres y en general personas que la adoraban y sobreprotegían (aunque Jinta nunca lo admitiría) hizo que se llenaran de indignación y rabia hacia el albino.

-¡OTRO SOBRINO!- chilló en contraste llena de felicidad su hermana, inclinándose ahora para abrazarse a su vientre aún plano.

Pasaron un tiempo más en Juubantai, discutiendo algunas cosas y planeando próximos encuentros, antes de que su familia se decidiera a partir antes del anochecer, puesto que de antemano les había prometido que solo deseaba una cena para charlar y su padre tenía un reino que atender y su hermano una familia que cuidar, aunque claro que solo se fueron una vez ella les aseguró una y mil veces que iba a estar bien y cualquier cosa se los comunicaría.

Su padre se había ido también prometiéndole que iba a buscar a su marido, y que si lo encontraba le daría un buen sermón sobre cómo hacer feliz a su esposa, y que también final y verdaderamente le iba a dar su bendición ahora que sabía que ella lo amaba igual.

Luego de aquello decidió enviar una carta a Momo solicitando su presencia para darle la noticia personalmente suponiendo que así se pondría aún más contenta, y no supuso mal. El rostro triste y nostálgico de su cuñada de repente se iluminó por completo y chilló y la abrazó y les dio las mil y un felicitaciones. Cuando tuvo que partir al día siguiente luego de pasársela mimando a su sobrina y frotando con cariño su vientre le suplicó por favor que no olvidara avisarle cualquier cosa respecto a noticias sobre el paradero de su hermano cabeza hueca.

Cumplió dos meses de embarazo y todo para ella, su hija, y el reino marchaba bien, aún tenía mucho trabajo todos los días pero todos la ayudaban para que no tuviera que sobrepasar los límites de su capacidad en ese momento tan delicado. Ya se estaba acostumbrando a tratar con el reto de tomar decisiones importantes todos los días y tener que cargar con el peso de todo un reino sobre sus hombros y no le era tan agotador y estresante como las primeras semanas, pero la doctora Unohana insistía en que tuviera cuidado y no se esforzara de más.

El pequeño Hei cada vez lograba hacerse un huequito más y más grande en su corazón, pese a sus travesuras ocasionales, nunca hacía algo que le pareciera muy grave o impasable, en parte creía que era porque le tenía miedo tanto a ella como a Rangiku.

Gin y Rangiku también estaban bien. El hombre espeluznante estaba logrando de a poco sacar a su mujer de la depresión y de nuevo volvían a ser ese matrimonio que a pesar de que ya tenía sus años seguía escabulléndose en los rincones para besuquearse como si fueran adolescentes.

Kouzu y Niki seguían resistiéndose a las trampas que Karin y Matsumoto les tendían para que confiesen su evidente amor mutuo, esos dos podían ser adorables pero vaya que no eran nada fáciles y podían ser muy tercos. Cada vez pasaban más tiempo juntos y se miraban más, pero aun así insistían en negar tener un sentimiento romántico hacia el otro.

Su pequeña princesita cada día estaba más hermosa, fuerte e inteligente, y cada día preguntaba por su papá, a lo que cada día ella solo podía contestarle que muy pronto regresaría, a pesar de que no sabía sí era una mentira o no.

Casi todos los grupos de soldados ya habían regresado de sus misiones a los distintos reinos, todos con ninguna buena noticia. Solo habían rumores de que el rey pudo o no pudo haber pasado o no por ciertos pueblos, o algún campesino que había visto a un hombre encapuchado montando un hermoso caballo blanco, incluso unos soldados dijeron que habían encontrado a una mujer que juraba haber sido salvada de unos atacantes por un hombre joven de cabellos blancos, pero eso había sido en diferentes puntas, en reinos muy alejados uno del otro, por lo que no podían seguirle el rastro. No tenían nada.

Cumplió tres meses de embarazo y con todo el estrés y los molestos síntomas y el hecho de que se había puesto a llorar como Magdalena después de que el último grupo de soldados voluntarios llegara también sin ninguna información útil, la doctora Unohana le pidió/ordenó que desistiera de sus obligaciones como reina por un tiempo para estabilizarse más emocionalmente.

Fue horrible dejar el trabajo, por un lado, porque realmente había sido una buena ayuda para distraerla de sus pensamientos sobre Toshiro, pero por otro lado, apreciaba tener más tiempo para pasarlo con su hijita y también con Hei, el niño estaba interesado en aprender a maniobrar la espada y ella, con cuidado por supuesto, le había enseñado algunos trucos e iba a ver sus prácticas con sus profesores, también ayudándolo en las tareas que les dejaban en las materias que para ellos eran aburridas pero que probablemente para el cerebrito de su esposo le hubiera resultado pan comido y probablemente a Shimo también le resultara así.

Su pequeña ya hablaba con sorprendente fluidez, y se la pasaba haciendo preguntas, cada vez parecía entender más y más y también había decidido que le gustaba Hei, a su particular manera… básicamente le pegaba y jaloneaba su cabello si la cargaba pero lloraba si la soltaba… ¿era normal en las bebés ser tan complicadas? Al castaño esto no le causaba gracia de ningún modo, pero todos los demás se burlaban de él, felices de que hubiera alguien que pudiera hacerlo querer jalarse de los cabellos solito de la frustración cuando normalmente él mismo provocaba ese efecto en todos los demás.

Cumplió cuatro meses de embarazo y Urahara propuso hacer otra búsqueda de su rey ahora con más hombres y llegar hasta pueblos más lejanos. Karin no había perdido las esperanzas y Shimo no había dejado de preguntar por su padre, así que le concedió a su consejero hacer lo que considerara necesario para encontrar a su esposo.

Seis meses del embarazo, su estómago era enorme y redondo y su rey no aparecía. Aun mandaban algún que otro equipo de sus soldados a darse unas vueltas por ahí a preguntar por el paradero del fugado, también, ya todos sabían que Juubantai estaba esperando una segunda princesa o un príncipe, pero sí Toshiro lo sabía, parecía que eso no había sido motivación suficiente para hacerlo volver por sus propios pies.

Kouzu había soltado en voz alta la posibilidad de que estuviera muerto, y todo el mundo se quedó de piedra cuando a cambio de eso ella le dio una bofetada que le volteó el rostro y luego se fue llorando en parte por el terror de que tuviera razón y en parte porque estaba arrepentida de haber reaccionado tan exageradamente cuando sabía que ese chico pasado en azúcar era incapaz de decir o hacer algo con mala intención.

Al día siguiente se pidieron disculpas mutuamente y su amigo le aseguró que no se preocupara y que de todos modos aquello había servido para que Niki cuidara de su mejilla inflamada no solo con métodos medicinales sino que también dándole un beso en la mejilla, admitiendo por primera vez que estaba enamorado de la enfermera.

Lloró de manera inconsolable cuando llegó el cumpleaños número veinticuatro de su marido idiota y sin embargo seguían sin siquiera tener una pequeña pista de dónde podría estar. Estaba tan devastada por la fecha y el invierno y la nieve que hasta no tuvo fuerzas para asistir a la celebración de año nuevo y solo dejó que Shimo fuera con Momo a contemplar los fuegos artificiales.

Afortunadamente, para el momento en que su hija cumplió sus dos añitos no tuvo tiempo de pasársela llorando porque quería hacer una fiesta muy especial para ella, así tal vez solo por ese día se olvidaría de preguntarle por su padre con esa sonrisita llena de ilusión que le rompía el corazón cada vez que ella le aseguraba que sí cuando cada día sus esperanzas morían miserablemente.

Ocho meses de embarazo y su bebé la pateaba como si estuviera desesperado por ya salir a conocer al mundo, y todo lo que hacía ella era comer, dormir, cuidar de su hija y llorar. Lloraba todos los días porque sus esperanzas casi habían muerto por completo y ya estaba segura de que otra vez su marido idiota no iba a ser capaz de ver a otro de sus hijos nacer.

Momo vino de visita para quedarse unas semanas en el palacio y ser ella la partera con la asistencia de Unohana e Isane, claro. Tal vez no tuviera tanta experiencia como la doctora y la enfermera, pero Karin la había visto tan feliz y emocionada por su nuevo sobrino que fue incapaz de negarle nada. Aun así no le preocupaba porque ya había recibido bebés y Unohana-san estaría igualmente.

Le gustaba pasar tiempo con su cuñada, sobre todo porque ella seguía muy positiva sobre que su hermano menor idiota regresaría, no importa cuánto tiempo pasara desde que se enteró de su embarazo sus ojos brillaban ilusionados con que regresaría.

Un día paseando por los jardines en dirección a los establos para que revisara a Mei por su estado depresivo, la ex Kurosaki le comentó acerca de su tristeza porque de nuevo su esposo no presenciaría el nacimiento de su bebé pero que aun así estaba feliz de que pudiera dar a luz en Juubantai.

-Me alegra que ya sientas este como tu hogar, Karin-chan.- comentó alegremente. –Sé que Juubantai puede ser un poco tétrico al principio pero en realidad es un lindo lugar para vivir, más por estos bellos jardines.- miró con nostalgia todo a su alrededor.

-Pues solo puedo esperar que mis hijos sean felices criándose aquí.- y que su padre apareciera pronto, preferiblemente.

-No te preocupes, Karin-chan. Estoy segura de que Shiro-chan aparecerá pronto.- le frotó la espalda reconfortantemente al notar sus ojos decaídos. –No pierdas la fe. Mi padre el anterior rey siempre solía decir que cuando ya nos han pasado todas las cosas malas que le pueden pasar a alguien entonces solo puedes comenzar a esperar cosas buenas.- sonrió optimista.

Ella le correspondió la sonrisa solo levemente solo porque recordaba que Yuzu le había dicho algo parecido en sus cartas.

-Bueno, definitivamente a mí ya me han pasado suficientemente cosas malas por el resto de mi vida.- suspiró con una mueca que pretendía ser humorística pero tal vez no le haya salido del todo bien. –Tal vez es hora de esperar lo bueno.-

-Sí, o se espera lo bueno o se lucha por conseguirlo.- Momo le guiñó un ojo. -¡Oh! Allí están los establos, veré lo que le pasa a tu chica.- le dio un apretón en el hombro y luego corrió alegremente hacia los establos y hacia donde estaba Mei que de nuevo estaba sola sin querer pastar con los demás caballos.

La embarazada observó en silencio como su cuñada examinaba a su yegua, pero su mente estaba más en su hija. Casi no podía creerlo, pero ahora mismo ella estaba con Gin, quién había asumido la tarea de ya comenzar a enseñarle a leer y aunque probablemente a estas alturas ya debería estar acostumbrada por las capacidades de su brillante primogénita aún no podía evitar asombrarse por su gran inteligencia.

Volvió a centrar su atención en su cuñada y su yegua cuando oyó a Momo jadear.

-¿Pasa algo?- se acercó a ellas tambaleante sujetando su gran estómago con una mano y su espalda con la otra.

-¡Te lo dije, Karin-chan! ¡Ahora solo puedes esperar buenas noticias!- le sonrió enormemente. -¡Tu chica está preñada!- le informó felizmente sin dejar de dar palmaditas.

-¿Preñada?- se quedó sin aliento. Ja, ahora entendía que estuviese tan gordita, sin embargo… -¿Pero cómo puede ser? Tenemos a las hembras separadas de los machos, no pudo haber una ocasión en la que pudiera…- se calló a sí misma, recordando como Toshiro y ella habían dejado solos a sus caballos por mucho tiempo mientras recogían sus coronas o cuando paseaban por la ciudad. -…Oh…- de repente no pudo evitar simplemente estallar en carcajadas, acercándose a Mei y rascándola cariñosamente detrás de las orejas. Sus ojos oscuros se encontraron con los dulces ojos del mismo color pertenecientes a la equina y ella. -¿A las dos nos abandonaron embarazadas, eh?- miró con simpatía a su querida Mei y finalmente ella pareció volver a percibir la alegría y cariño que solía mostrarle y acarició su hocico suavemente contra su mejilla, arrancándole pequeñas risitas mientras Momo las observaba con los dedos entrelazados y felicidad brillando en sus ojos.

Su cuñada tenía razón, ya llegó el momento de comenzar a esperar cosas buenas.

-Felicidades a las dos.- felicitó felizmente.

Inmediatamente después de dejar de mimar a su yegua, Momo y Karin informaron a los sirvientes que cuidaban del establo sobre que Mei estaba preñada y necesitaba los cuidados necesarios. Ellos ya tenían experiencia con estos asuntos así que se encargarían de todo, pero de igual modo Hinamori ofreció su ayuda en cualquier cosa que necesitaran, esa mujer realmente era un digno rival para Yuzu en cuanto a quién era la mujer más dulce del mundo.

Después de eso tanto Mei como ella estaban en un mejor estado de ánimo, pero por desgracia no pudo volver a visitarla mucho porque estaba a poco de dar a luz. Al menos las yeguas tenían que esperar once meses para parir, quizás sus abandónicos albinos ya regresaran (a la fuerza) para entonces.

Cumplió nueve meses de embarazo y todo el mundo estaba paranoico de que el bebé llegaría en cualquier momento, ella también, pero probablemente llegara cuando menos se lo esperaban así que no armaba tanto revuelo como los demás. Bueno, rompió fuente mientras dormía, así que definitivamente no se lo estaba esperando.

Ahh… el dolor del parto… Ya le era familiar, pero eso no lo hacía dejar de doler como los mil demonios. Afortunadamente esta vez tenía una mejor idea de a lo que se iba a enfrentar, y pudo tener una buena vista de lo que sucedía a su alrededor, como que Momo, Unohana e Isane estaban frente a ella o moviéndose de aquí a allá para ocuparse de todo, que de nuevo habían echado a Kouzu de la habitación, y que Niki estaba en un rincón con Shimo en brazos explicándole que su hermanito ya venía.

En medio del dolor, se le ocurrió que realmente no había elegido un nombre para su nuevo hijo o hija. Ingenuamente había mantenido esperanzas de que Toshiro volviera antes del parto y así podrían elegir algo los dos juntos.

De nuevo, tendría que pensar sola el nombre.

Lágrimas volvieron a escaparse de sus ojos como en la otra ocasión debido a la absoluta añoranza que sentía de que su marido esté a su lado ahora.

¿Por qué? ¿Por qué nunca estaba cuando quería darle la oportunidad y lo necesitaba más que a cualquier persona?

El dolor la desgarró y poco después un llanto resonó en la habitación, a lo que abrió los ojos desesperada tratando de ver a su bebé, pero el cansancio esta vez la derrotó por completo y cayó desmayada demasiado agotada para más.

Se despertó cuando el sol apenas estaba ocultándose en el horizonte sintiendo una mano acariciando con ternura su mejilla.

-¿Toshiro?- susurró esperanzada, oyendo una pequeña baja risa llena de ternura.

-Ya nos gustaría, querida.- suspiró al reconocer la voz de Rangiku, que era una extraña mezcla entre tristeza y alegría. –Pero ya, ya tienes que levantarte. ¿No quieres conocer a tu pequeño Kiui?-

-¿Kiui?- abrió los ojos débilmente.

-Hiciste un gran trabajo, querida.- le acarició un lado de la cabeza con ternura. –Tuviste un hermoso niñito saludable.- los ojos se le llenaron de lágrimas. ¿Un niño? –Umm… lamentamos haberlo nombrado en tu lugar.- sonrió a modo de disculpa. –Pero en realidad fue cosa de Shimo-chan. Estábamos diciendo nombres con "K", tu inicial, para el pequeño, y Gin dijo el nombre a modo de broma mientras comía unas frutas, y entonces Shimo-chan no dejó de decirlo y antes de darnos cuenta todos le estábamos diciendo así a Kiui-kun.- rió nerviosamente. –Pero si no te gusta lo cambiaremos inmediatamente, claro.- dijo rápidamente al ver su rostro serio.

-No.- se rió del nerviosismo de la mayor. –Me gusta, mucho más si Shimo lo eligió.- rió entre dientes. –Además que no es nada nuevo para mí los nombres de frutas.- ambas rieron, ya que de por sí su nombre significa "Pera". –Hitsugaya Kiui.- probó el sabor del nombre en su boca. -¿Crees… crees que a Toshiro le gustaría?- ahora ella miró con nerviosismo a su casi-suegra.

-Querida, estoy convencida de que le encantaría.- le aseguró sonriendo cálidamente. -¡Pero ya, ya! Te traeré a Kiui-kun de inmediato, no puedes estar ni un segundo más sin verlo, es una ternurita.- corrió fuera de la enfermería y pegó un grito a fuera, a lo que de inmediato Momo se internó en el lugar cargando un pequeño bultito envuelto en mantas.

Ella depositó al bebito en sus brazos con lágrimas en sus ojos marrones, apartándose luego para que tuvieran un poco de espacio y ella junto a la mujer de gran delantera pudieran contemplar la escena desde lejos.

Lágrimas se derramaron de los ojos de Karin al ver a su pequeño Kiui.

Era de piel blanca como ella, pero la miraba con los ojos turquesas de su padre entrecerrados, aunque a pesar de compartir el mismo color de ojos con él, la forma de sus ojillos grandes era como la de ella, y tenía una pequeña mata de cabello negro recubriendo su cabecita contrastando con lo pálido que era, sin embargo ahí se acababan sus similitudes con ella, por lo demás todo en su hijito le recordaba a su marido, su mandíbula, la nariz, incluso la expresión de malas pulgas.

Rió entre lágrimas y se la pasó sonriendo mientras los demás ingresaban a felicitarla, trayendo a Shimo para que acompañara a su mamá y su hermanito. Ella no dejaba de sonreír y decir el nombre de su hermano, todo era perfecto.

En medio de la felicidad, Karin se tomó un momento para mirar con nostalgia al sol terminando de ocultarse y perderse de su vista dando paso a la noche, y su pensamiento por un segundo se desvió hacia Toshiro, deseando con todas sus fuerzas que estuviera allí también, pero de inmediato volvió a concentrarse en sus dos pequeños, porque ahora ellos eran lo más importante en su vida, y sus deseos eran plano secundario.

Desde el nacimiento del príncipe Kiui, poco se hablaba en el palacio o el reino sobre el rey que tuvieron alguna vez. La reina era se encargaba de sus dos hijos con toda la dedicación y amor del mundo, habían tiempos de paz, y ya habían dejado de enviar grupos de búsqueda para encontrar a Hitsugaya Toshiro. Nadie hablaba sobre si estaba vivo o muerto, nadie se preguntaba sí es que nunca iban a volver a saber de él, nadie preguntaba si la reina ya lo había olvidado.

Oh, cuando Shimo era una bebé, ella había tenido la horrible tendencia a despertarla a altas horas de la madrugada con su llanto, pero ahora en comparación de Kiui ella pareciera un ángel de la paz, el silencio y el descanso. Él niño era un chillón con todas las letras, lo peor es que no tenía un grupo selecto en el cuál se calmaba al instante de solo estar en sus brazos, no, sí Kiui estaba llorando y tú lo tomabas en brazos y no eras nada más ni nada menos que su madre, el llanto empeoraría a límites insospechados, garantizado.

Todo el mundo adoraba el príncipe, pero él con suerte toleraba a su hermana y a Yuzu (cuando venía de visita) y solo parecía adorar un poco excesivamente demasiado a su mami. A Karin al principio le daba risa, pero luego tuvo que volver a atender los asuntos del reino y resultaba un poco agotador que cada tanto interrumpieran en la sala del trono con su bebé llorando a todo pulmón incapaz de ser tranquilizado por otra persona que no fuera ella cuando su gemela no estaba de visita.

Con todo el trabajo, su hijita genio y su príncipe demasiado-apegado-a-ella, no tenía tiempo para pensar, no tenía tiempo para llorar, no tenía tiempo para extrañar a su marido, no tenía tiempo para tener esperanza de que volvería…

Pero un día, Niki llegó corriendo a la sala del trono mientras ella estaba amamantando a Kiui, ahora de tres meses pero no menos llorón, y le informó con una gran sonrisa que Mei estaba dando a luz en los establos.

Kiui quiso protestar cuando ella acomodó su ropa y caminó rápidamente a los jardines para querer presenciar a su yegua convirtiéndose en madre, pero solo basto un bajo arrullo y algunos besitos para que se calmara y la dejara, ya saben, moverse. A pesar de que era un malcriado con todos los demás, generalmente con ella era muy tranquilo.

Mientras veía a los siervos encargados de los establos ayudar a su yegua en su parto, solo pudo lamentar que Momo no fuera a venir de visita sino hasta el próximo mes, seguro le encantaría estar presente y ayudar también.

Shimo llegó correteando con Rangiku detrás de ella a tiempo para ver el parto, pese a que no hubiera querido que estuviese presente, su pequeña era muy curiosa y nada la detenía, o bueno, al menos no Rangiku, que gimoteó quejándose de que los niños de ahora eran demasiado rápidos para jóvenes mujeres como ella.

No debían alterar a Mei mientras paría y así se lo dijo a su hijita cuando quiso acercarse, por lo que obedientemente se quedó quietecita y calladita mirando la escena que por suerte no era del todo visible gracias a las maderas que resguardaban a los caballos.

Final y sorpresivamente, Mei tuvo dos gemelos blancos, un macho y una hembra, algo raro en yeguas, pero los siervos se notaban muy felices porque los tres hayan sobrevivido, sin duda con mucho que ver gracias a los consejos que les había dado Hinamori para la importante ocasión.

Los bebés se pararon tambaleantes con ayuda de Mei, ahora mamá, para amamantarse de ella y Karin sonrió con ternura, feliz de tener otras dos hermosas criaturas para amar. Pero entonces sintió un jaloneo en su Kimono y bajó la vista para ver a su pequeña Shimo mirarla con ojos grandes y curiosos.

-Mami…- murmuró ella extrañamente seria. Ahora, casi podía decir que su hija hacía mejor manejo del lenguaje que ella. -¿Dónde está el papá de los bebés?- preguntó muy seria, aparentemente ajena de como su pregunta rompió por completo el corazón de Karin.

-Él… él no está, mi vida.- murmuró lentamente.

-Oh…- Shimo asintió con semblante triste, y no volvió a hablar, solo se mantuvo calladita mirando a los bebés.

Pero entonces Karin se preguntó ¿por qué hacía tanto desde la última vez que ella había preguntado por su papá? Y se contestó inmediatamente. Shimo se ha vuelto muy inteligente y perceptiva, incluso cuando solo tiene dos años y medio… en algún momento debió notar lo mucho que le dolía contestar sus preguntas respecto a su padre, y poco a poco, ella dejó de preguntar.

¿Tal vez había perdido las esperanzas, o la creía una mentirosa por prometer que él volvería cuando nunca llegó? No… entonces… ¿solo lo había hecho por el mero hecho de evitarle el dolor de no saber si mentía o no? ¿Cómo ser tan inteligente a tan tierna edad?

Esa noche de nuevo por primera vez en mucho tiempo volvió a llorarse el corazón en sus lágrimas, sintiéndose una mala madre por no haber conseguido que Toshiro regresara, odiándolo por dejarla y odiándose a ella misma mientras releía su carta por enésima vez.

Ella le había dicho tantas veces que lo odiaba… ella le había dicho tantas veces que era un monstruo, un ser inhumano, un ser incapaz de amar, alguien que no merecía nada, que jamás obtendría su amor ni su perdón. Oh, lo había dicho tantas veces… tantas… que él acabó creyéndoselo, creyéndoselo con tal fuerza que aun cuando ella con esfuerzo se tragó sus palabras, lo perdonó y lo amó como una loca, él no fue capaz de dejar de creerse a sí mismo la peor escoria en este mundo. Él se odiaba por su culpa… y eso la hacía odiarse también.

-¡¿Por qué?!- chilló en medio de su llanto desgarrador, su grito amortiguado por la almohada de modo que no perturbara a sus hijos que dormían Kiui en su cunita y Shimo en una pequeña camita junto a la cama real suya. -¡¿Por qué no vuelves con nosotros?!-

Sentía en su corazón que estaba vivo, se lo juraría a cualquiera. Entonces, ¿por qué? ¿Por qué no regresaba? ¿Cuánto más quería que llorase por él? ¿Nunca tendría suficiente? ¿Por qué no podían ser felices? Ella lo amaba, no había querido amarlo pero lo hacía y no iba a dejar de hacerlo, él la amaba, desde hace mucho tiempo, y tenían dos hijos preciosos. ¿Qué les impedía ser felices?

¿Quién era la persona bastarda que no los dejaba estar juntos?

La lluvia comenzó a caer fuera, el golpeteo de las gotas a juego con sus sollozos amortiguados, pero entonces un sonido discorde, repugnantemente alegre rompió con la armonía lúgubre y angustiosa que combinaba con su dolor, haciéndola gruñir y secarse las lágrimas del rostro para levantarse a abrir la puerta y golpear a quien osara perturbar su momento de hundirse en su miseria.

Era uno de los nuevos sirvientes, un joven con ni un pelo más de quince años, tembloroso y sonrojado de verla en su ligero kimono de dormir, pero que valientemente pegó sus ojos en los suyos antes de cerrarlos y reverenciarla profundamente.

-P-perdoné que la moleste, su alteza.- murmuró temeroso. –Pero un hombre estaba golpeando insistentemente las puertas del palacio y cuando le abrí me pidió que la buscara urgentemente, estaba empapado pero aun así parecía un señor muy importante que había recorrido una larga distancia y supuse que lo que tenía que decir era en serio muy importante así que…-

-Ve al grano, niño.- se frotó las sienes con cansancio.

-¡S-sí, perdone!- se sonrojó aún más. –Lo dejé esperando en la lluvia porque no quiso entrar, quiere hablar con usted así que lo mejor será que se vista y vaya rápidamente.- dijo reverenciándola una vez más, pero entonces adoptó un gesto pensativo. –Me pareció extraño, nunca he visto al rey pero sé que tiene el pelo blanco, ¿verdad? Este hombre tiene el pelo blanco también, sin embargo…-

Karin no escuchó nada más. Apenas oyó eso su corazón brincó en su pecho y sin importarle cómo estaba vestida bajó corriendo por las escaleras hasta la entrada del palacio, no sin antes gritar un último: "¡Quédate allí y vigila a mis hijos!" al joven siervo.

Recorrió los pasillos a todo lo que sus piernas podían dar, que no era poco, por cierto, y no pudo evitar que sus esperanzas se elevaran hasta los cielos, no pudo frenarse por nada y simplemente solo salió corriendo hacia las puertas abiertas que daban la bienvenida a la noche y la lluvia y el viento que lograran colarse.

Se quedó parada frente a la figura que se veía fuera y tomó una antorcha de las paredes, acercándola para poder ver mejor, sin embargo la antorcha cayó de su mano al reconocer a Hyorinmaru mirándola con el reconocimiento evidente en sus ojos que le confirmó que era él y no simplemente otro caballo blanco.

Lágrimas se deslizaron de sus ojos mientras se apresuraba a tomar otra antorcha y se acercaba sonriente a la figura encapuchada y cabizbaja que permanecía oculta por las sombras soportando la lluvia sobre sus hombros como si de un castigo se tratase.

-¿Toshiro?- preguntó con una sonrisa temblorosa cuando el fuego iluminó un trozo de cabello blanco sobresaliendo por debajo de la capucha. -¿Toshiro?- volvió a preguntar cuando no dijo nada.

Finalmente, oyó un suspiró y Hyorinmaru se adentró más por la puerta del palacio, haciendo que la lluvia dejara de golpear a su jinete, que llevó sus manos a retirar la capucha, pero entonces Karin lo notó.

Esas manos eran pálidas, los cabellos que sobresalían por debajo de la capucha eran blancos, sí, pero largos.

Y en cuanto el hombre bajó la capucha, ella no pudo reconocer al hombre mayor, no un anciano, no un adulto joven, que le sonrió con tristeza al notar como ahora sus lágrimas eran de pura decepción, sus ojos marrones brillando con dulzura paternal.

-Lamento decepcionarla, joven reina.- inclinó cortésmente la cabeza. –Y también lamento el secretismo y haber venido a esta hora de la noche, pero tenía que verla urgentemente y me escape de mis obligaciones para ello, por lo que no puedo permitirme tardar mucho tiempo.- murmuró con semblante preocupado pero decidido.

-¿Quién es usted?- se secó las lágrimas con rabia. Odiaba que la vieran llorar. -¿Qué hace con el caballo de mi esposo?- lo miró tal vez un poco acusadoramente.

-Oh, disculpe mi torpeza.- sonrió amablemente. –Permítame presentarme adecuadamente, majestad.- se bajó del caballo y volvió a inclinarse en señal de saludo y respeto. –Mi nombre es Ukitake Juushiro, y soy el director de una cárcel.-

Continuara...

Hola! :D

Jeje, a este fic aun le falta un capitulo nwnU Lamento la tardanza pero en mi defensa este es el segundo cap más largo de este fic ;D No? No me perdonan? Ok ._.

Espero q les haya gustado, y les recuerdo q apenas termine este fanfic subire el primer cap de mi Adaptacion HK a Mulan y continuare con Extraterrestrial owo

Quién sabe lo q pasa en el proximo cap... final triste? Final feliz?... Q es lo feliz? Q es lo triste?... Voy a hacer lo q se me de la gana? A esa pregunta si hay respuesta: Si :v

Ay, mamaita, q nostalgia por finalmente terminar esta cosa :'D Lo recordare con cariño y con odio a la vez xD

Los personajes de ya saben quien, tenía más cosas q decir pero las olvide así q ñeh :T

COMENTEN! *o*

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!