Malfoy no podía creer lo que veían sus ojos, cuando vio que Harry y Ron todavía estaban en Hogwarts al día siguiente, con aspecto cansado, pero muy alegres.
- ¡Zas! en toda la boca. – gritó Sirius.
En realidad, por la mañana Harry y Ron pensaron que el encuentro con el perro de tres cabezas había sido una excelente aventura, y ya esta ban preparados para tener otra.
- No tan rápido jovencitos. – les regañaron sus respectivas madres.
Mientras tanto, Harry le habló a Ron del paquete que había sido llevado de Gringotts a Hogwarts, y pasaron largo rato preguntándose qué podía ser aquello para necesitar una protección así.
—Es algo muy valioso, o muy peligroso —dijo Ron.
—O las dos cosas —opinó Harry
- Exacto. – dijeron los aurores, entre ellos James y Lily.
- Está claro que es vuestro hijo. – les dijo Remus.
Pero como lo único que sabían con seguridad del miste rioso objeto era que tenía unos cinco centímetros de largo, no tenían muchas posibilidades de adivinarlo sin otras pistas.
Ni Neville ni Hermione demostraron el menor interés en lo que había debajo del perro y la trampilla. Lo único que le importaba a Neville era no volver a acercarse nunca más al animal.
- Una buena idea, sin duda.
- Alguien con sentido común, por fin.
Hermione se negaba a hablar con Harry y Ron, pero como era una sabihonda mandona, los chicos lo consideraron como un premio.
- Lo sentimos. – volvieron a decir los chicos bajando la mirada avergonzados mientras algunos les fulminaban con la mirada, mientras otros se preguntaban cuando se harian amigos esos tres.
Lo que realmente deseaban en aquel mo mento era poder vengarse de Malfoy y, para su gran satisfac ción, la posibilidad llegó una semana más tarde, por correo.
- ¿Qué será, será…?
- Sirius no lo descubriremos si no te callas.
Mientras las lechuzas volaban por el Gran Comedor, como de costumbre, la atención de todos se fijó de inmediato en un paquete largo y delgado, que llevaban seis lechuzas blancas. Harry estaba tan interesado como los demás en ver qué contenía, y se sorprendió mucho cuando las lechuzas ba jaron y dejaron el paquete frente a él, tirando al suelo su toci no.
- ¡No! – gritó Sirius – ¡el tocino no! Cualquier cosa menos eso…
Remus le dio una colleja y la lectura siguió como si no hubiera pasado nada.
Se estaban alejando, cuando otra lechuza dejó caer una carta sobre el paquete.
Harry abrió el sobre para leer primero la carta y fue una suerte, porque decía:
NO ABRAS EL PAQUETE EN LA MESA Contiene tu nue va Nimbus 2.000, pero no quiero que todos sepan que te han comprado una escoba, porque también querrán una. Oliver Wood te esperará esta noche en el campo de quidditch a las siete, para tu primera se sión de entrenamiento.
Profesora McGonagall
James se levantó y fue corriendo hasta donde estaba la profesora McGonnagal, y la abrazó y le dio un beso en la mejilla, parecían una abuela y su nieto.
- Muchas gracias profesora – añadió Lily que también se había levantado.
McGonnagal le quitó importancia y animó a seguir con la lectura, aunque ahora estaba mucho mas sonriente, realmente apreciaba mucho a sus alumnos,( y también quería patearle el culo a Slytherin claro), le brillaban los ojos casi tanto como a Dumbledore.
Harry tuvo dificultades para ocultar su alegría, mien tras le alcanzaba la nota a Ron.
—¡Una Nimbus 2.000! —gimió Ron con envidia
Ron se sonrojo.
—. Yo nunca he tocado ninguna.
Salieron rápidamente del comedor para abrir el paquete en privado, antes de la primera clase, pero a mitad de camino se encontraron con Crabbe y Goyle, que les cerraban el cami no. Malfoy le quitó el paquete a Harry y lo examinó.
- Que oportuno – dijo Sirius alegre – podremos ver como Malfoy se muere de la envidia.
—Es una escoba —dijo, devolviéndoselo bruscamente, con una mezcla de celos y rencor en su cara—. Esta vez lo has hecho, Potter. Los de primer año no tienen permiso para te ner una.
- Mas quisieras malfoy, fastídiate.
Ron no pudo resistirse.
—No es ninguna escoba vieja —dijo—. Es una Nimbus 2.000. ¿Cuál dijiste que tenías en casa, Malfoy, una Comet 260? —Ron rió con aire burlón—. Las Comet parecen velo ces, pero no tienen nada que hacer con las Nimbus.
—¿Qué sabes tú, Weasley, si no puedes comprar ni la mi tad del palo? —replicó Malfoy—. Supongo que tú y tus her manos tenéis que ir reuniendo la escoba ramita a ramita.
- ¡Maldito crio maleducado!
Antes de que Ron pudiera contestarle, el profesor Flit wick apareció detrás de Malfoy
—No os estaréis peleando, ¿verdad, chicos? —preguntó con voz chillona.
—A Potter le han enviado una escoba, profesor —dijo rá pidamente Malfoy.
- Y encima chivato.
- Ya lo sabemos Black, ahora cállate.
—Sí, sí, está muy bien —dijo el profesor Flitwick, miran do radiante a Harry—. La profesora McGonagall me habló de las circunstancias especiales, Potter. ¿Y qué modelo es?
- En tu cara Malfoy – gritaron varios casi riendo a carcajada limpia.
—Una Nimbus 2.000, señor —dijo Harry, tratando de no reír ante la cara de horror de Malfoy—. Y realmente es gra cias a Malfoy que la tengo.
- Jaja, eso no debió gustarle mucho.
Harry y Ron subieron por la escalera, conteniendo la risa ante la evidente furia y confusión de Malfoy.
—Bueno, es verdad —continuó Harry cuando llegaron al final de la escalera de mármol—. Si él no hubiera robado la Recordadora de Neville, yo no estaría en el equipo...
- Tiene razón – dijo George – tendríamos que agradecerle al pequeño hurón de que Harry este en el equipo.
- Estoy seguro que se nos ocurrirá una buena forma de agradecérselo – añadió Fred con una sonrisa malvada.
- ¿Por qué le habéis llamado hurón? – preguntó Lily curiosa.
- Es una larga historia, y saldrá en otro libro – dijo Orión.
- Digamos que Malfoy fue transformado en huron por alguien… - añadió Alex y todos los que sabían lo que habia pasado se empezaron a reir.
— ¿Así que crees que es un premio por quebrantar las re glas? —Se oyó una voz irritada a sus espaldas. Hermione su bía la escalera, mirando con aire de desaprobación el paque te de Harry.
—Pensaba que no nos hablabas —dijo Harry.
—Sí, continúa así —dijo Ron—. Es mucho mejor para nosotros.
Los chicos miraron a Hermione disculpándose con la mirada.
Hermione se alejó con la nariz hacia arriba.
Durante aquel día, Harry tuvo que esforzarse por aten der a las clases. Su mente volvía al dormitorio, donde su escoba nueva estaba debajo de la cama, o se iba al campo de quidditch, donde aquella misma noche aprendería a jugar. Durante la cena comió sin darse cuenta de lo que tragaba, y luego se apresuró a subir con Ron, para sacar; por fin, a la Nimbus 2.000 de su paquete.
—Oh —suspiró Ron, cuando la escoba rodó sobre la colcha de la cama de Harry.
Hasta Harry, que no sabía nada sobre las diferencias en las escobas, pensó que parecía maravillosa. Pulida y brillan te, con el mango de caoba, tenía una larga cola de ramitas rectas y, escrito en letras doradas: «Nimbus 2.000».
- Tu primera escoba – susurro James, triste de no poder estar con él en ese momento.
Cerca de las siete, Harry salió del castillo y se encaminó hacia el campo de quidditch. Nunca había estado en aquel estadio deportivo. Había cientos de asientos elevados en tri bunas alrededor del terreno de juego, para que los espectado res estuvieran a suficiente altura para ver lo que ocurría. En cada extremo del campo había tres postes dorados con aros en la punta. Le recordaron los palitos de plástico con los que los niños muggles hacían burbujas,
- ¿El qué? – preguntaron algunos, pero los que sabían pusieron los ojos en blanco e hicieron un gesto para que continuara la lectura y ya lo explicarían luego.
sólo que éstos eran de quince metros de alto.
Demasiado deseoso de volver a volar
- Como todos los Potter.
- O los jugadores de Quidditch en general.
- O cualquiera, una vez que has volado ya no puedes dejarlo, es simplemente genial.
A los que no les gustaba volar pusieron los ojos en blanco por la obsesión de sus amigos.
antes de que llegara Wood, Harry montó en su escoba y dio una patada en el suelo. Qué sensación. Subió hasta los postes dorados y luego bajó con rapidez al terreno de juego. La Nimbus 2.000 iba donde él quería con sólo tocarla.
—¡Eh, Potter, baja!
Había llegado Oliver Wood. Llevaba una caja grande de madera debajo del brazo. Harry aterrizó cerca de él.
—Muy bonito —dijo Wood, con los ojos brillantes—. Ya veo lo que quería decir McGonagall, realmente tienes un ta lento natural.
- Va en los genes – sonrió James arrogante.
Voy a enseñarte las reglas esta noche y luego te unirás al equipo, para el entrenamiento, tres veces por se mana.
- ¿tres veces por semana? – preguntaron algunos sorprendidos.
- ¿Y los deberes? – preguntaron Lily, Molly y Jean, aunque nadie les hizo mucho caso, incluso McGonnagal estaba de acuerdo con eso con tal de tener un buen equipo de quidditch.
- Si eso no es nada, cuando James era capitán y se estresaba y se obsesionaba con ganar nos hacia entrenar todos los días – dijo Sirius, mientras James por detrás asentía.
- Wood también lo ha intentado alguna vez – suspiraron los gemelos Weasley y Harry.
Abrió la caja. Dentro había cuatro pelotas de distinto ta maño.
—Bueno —dijo Wood—. El quidditch es fácil de entender; aunque no tan fácil de jugar. Hay siete jugadores en cada equipo. Tres se llaman cazadores.
—Tres cazadores —repitió Harry, mientras Wood sacaba una pelota rojo brillante, del tamaño de un balón de fútbol.
- ¿Qué es el futbol?
- Un deporte muggle que se juega con una pelota que solo se puede tocar con los pies y 22 tíos la persiguen por el campo para meterla en la portería contraria. – respondió Lily sin darle mucha importancia.
—Esta pelota se llama quaffle —dijo Wood—. Los caza dores se tiran la quaffle y tratan de pasarla por uno de los aros de gol. Obtienen diez puntos cada vez que la quaffle pasa por un aro. ¿Me sigues?
—Los cazadores tiran la quaffle y la pasan por los aros de gol —recitó Harry—. Entonces es una especie de balon cesto, pero con escobas y seis canastas.
- Exacto – dijo Sirius, que había dado estudios muggles en hogwarts y dejo sorprendidos a los que no lo sabían.
- ¿Qué es el baloncesto?
- Otro deporte muggle. – pero no añadieron mas.
—¿Qué es el baloncesto? —preguntó Wood.
—Olvídalo —respondió rápidamente Harry
—Hay otro jugador en cada lado, que se llama guardián. Yo soy guardián de Gryffindor. Tengo que volar alrededor de nuestros aros y detener los lanzamientos del otro equipo.
—Tres cazadores y un guardián —dijo Harry, decidido a recordarlo todo—. Y juegan con la quaffle. Perfecto, ya lo ten go. ¿Y para qué son ésas? —Señaló las tres pelotas restantes.
—Ahora te lo enseñaré —dijo Wood—. Toma esto.
Dio a Harry un pequeño palo, parecido a un bate de béisbol.
Los magos iban a preguntar pero decidieron no hacerlo cuando vieron que no les iban a contestar.
—Voy a enseñarte para qué son —dijo Wood—. Esas dos son las bludgers.
Enseñó a Harry dos pelotas idénticas, pero negras y un poco más pequeñas que la roja quaffle. Harry notó que pare cían querer escapar de las tiras que las sujetaban dentro de la caja.
—Quédate atrás —previno Wood a Harry. Se inclinó y sol tó una de las bludgers.
- Pero no te ha explicado lo que tienes que hacer – dijo Lily preocupada.
- Es que es obvio – respondió Sirius.
De inmediato, la pelota negra se elevó en el aire y se lan zó contra la cara de Harry. Harry la rechazó con el bate,
- Lo ves, obvio.
- O instinto de supervivencia – añadió Remus – si no le das con el bate la bola te da a ti en la cara.
para impedir que le rompiera la nariz, y la mandó volando por el aire. Pasó zumbando alrededor de ellos y luego se tiró contra Wood, que se las arregló para sujetarla contra el suelo.
—¿Ves? —dijo Wood jadeando, metiendo la pelota en la caja a la fuerza y asegurándola con las tiras—. Las bludgers andan por ahí, tratando de derribar a los jugadores de las es cobas. Por eso hay dos golpeadores en cada equipo (los geme los Weasley son los nuestros).
- Y los mejores – añadieron ellos y Harry.
Su trabajo es proteger a su equipo de las bludgers y desviarlas hacia el equipo contrario. ¿Lo has entendido?
—Tres cazadores tratan de hacer puntos con la quaffle, el guardián vigila los aros y los golpeadores mantienen aleja das las bludgers de su equipo —resumió Harry.
- Gran resumen – elogió James – ves como es muy fácil de entender.
- Eso es porque ha heredado la inteligencia de Lily – dijo Remus.
- Y menos mal – añadió lily riendo.
- ¡Oye! – se quejó James haciendo una mueca, Lily le sonrió y le abrazo.
—Muy bien —dijo Wood.
—Hum... ¿han matado las bludgers alguna vez a al guien? —preguntó Harry, deseando que no se le notara la preocupación.
- Nah, solo te dejan inconsciente – dijo Sirius como si nada – como mucho un tiempo en coma.
—Nunca en Hogwarts. Hemos tenido algunas mandíbu las rotas, pero nada peor hasta ahora. Bueno, el último miembro del equipo es el buscador. Ese eres tú. Y no tienes que preocuparte por la quaffle o las bludgers...
- Menos si le atacan y le rompen la cabeza – añadió Lily.
—Amenos que me rompan la cabeza.
Todos rieron por la coincidencia.
—Tranquilo, los Weasley son los oponentes perfectos para las bludgers. Quiero decir que ellos son como una pareja de bludgers humanos.
- Menos mal que Molly fue golpeadora en el equipo – dijo Arthur – así sabrás como lidiar con las bludgers humanas.
Los hijos Weasley, Harry y Hermione miraban sorprendidos a la Sra. Weasley, estaba claro que todos los días se descubría algo nuevo.
- ¿ fuiste golpeadora? – preguntaron todos a la vez sorprendidos, ella asintió y se sonrojo cuando Arthur añadió que había sido la mejor.
- ¿Por qué nunca nos lo has contado? – preguntaron Fred y George, ella se encogió de hombros – no lo sé, quizá os lo contara y no os acordéis.
Wood buscó en la caja y sacó la última pelota. Compara da con las otras, era pequeña, del tamaño de una nuez grande. Era de un dorado brillante y con pequeñas alas plateadas.
—Esta dorada —continuó Wood— es la snitch.
- La más importante de todas – dijo James que estaba siguiendo atentamente la lectura en modo capitán de quidditch.
Es la pe lota más importante de todas.
James iba a seguir hablando, dando la misma explicación que Wood sin darse cuenta hasta que Lily lo paro.
Cuesta mucho de atrapar por lo rápida y difícil de ver que es. El trabajo del buscador es atraparla. Tendrás que ir y venir entre cazadores, golpeado res, la quaffle y las bludgers, antes de que la coja el otro buscador,
- Casi nada.
porque cada vez que un buscador la atrapa, su equipo gana ciento cincuenta puntos extra, así que prácticamente acaba siendo el ganador.
- Pero sin presión.
Por eso molestan tanto a los buscadores. Un partido de quidditch sólo termina cuando se atra pa la snitch, así que puede durar muchísimo. Creo que el re cord fue tres meses.
- Tres meses y un día – puntualizó James.
Tenían que traer sustitutos para que los jugadores pudieran dormir... Bueno, eso es todo. ¿Alguna pregunta?
Harry negó con la cabeza. Entendía muy bien lo que te nía que hacer; el problema era conseguirlo.
—Todavía no vamos a practicar con la snitch —dijo Wood, guardándola con cuidado en la caja—. Está demasiado oscuro y podríamos perderla. Vamos a probar con unas pocas de éstas.
Sacó una bolsa con pelotas de golf de su bolsillo y, unos pocos minutos más tarde, Wood y Harry estaban en el aire. Wood tiraba las pelotas de golf lo más fuertemente que podía en todas las direcciones, para que Harry las atrapara. Éste no perdió ni una y Wood estaba muy satisfecho. Después de media hora se hizo de noche y no pudieron continuar.
—La copa de quidditch llevará nuestro nombre este año —dijo Wood lleno de alegría mientras regresaban al casti llo—. No me sorprendería que resultaras ser mejor jugador que Charles Weasley. Él podría jugar en el equipo de Inglate rra si no se hubiera ido a cazar dragones.
- Creo que hubiera preferido el quidditch – suspiró Molly – es un poco menos peligroso que un dragón enfadado.
- ¿Y que un dragón alegre no? – preguntó Sirius inocentemente, pero no le hicieron caso.
Alex le susurró algo a Orión y Vicky y cuando asintieron sonriendo se giró hacia los demás también sonriendo.
- Ya que os habría gustado tanto que Charlie fuera jugador de quidditch, os diremos algo del futuro… - paró ahí dejando a todos en silencio y escuchando atentamente. – Uno de vuestros hijos será jugador de quidditch profesional y jugará en la selección de Inglaterra.
- Pero no vamos a deciros quien – añadió Vicky con una sonrisa malvada mirando a sus futuros tíos, abuelos y a su padre que les miraban muy interesados en lo que decían.
- Joo, eso no es justo – se quejaron Sirius y James – ¿ni siquiera podéis decírnoslo a nosotros? Prometemos no decir nada.
Tal vez fue porque estaba ocupado tres noches a la semana con las prácticas de quidditch, además de todo el trabajo del colegio, la razón por la que Harry se sorprendió al comprobar que ya llevaba dos meses en Hogwarts.
- Se pasan volando ¿verdad? – dijeron todos nostálgicos.
El castillo era mucho más su casa de lo que nunca había sido Privet Drive. Sus clases, también, eran cada vez más interesantes, una vez aprendidos los principios básicos.
En la mañana de Halloween
El trió de oro se miró.
- Ya empezamos – suspiró Harry.
- Nos van a matar – añadió Ron.
- No seáis melodramáticos – les susurró Hermione – además si ya nos matan con esto que van a hacernos cuando lean todo lo demás.
Se despertaron con el deli cioso aroma de calabaza asada flotando por todos los pasi llos. Pero lo mejor fue que el profesor Flitwick anunció en su clase de Encantamientos que pensaba que ya estaban listos para empezar a hacer volar objetos, algo que todos se morían por hacer; desde que vieron cómo hacía volar el sapo de Nevi lle. El profesor Flitwick puso a la clase por parejas para que practicaran. La pareja de Harry era Seamus Finnigan (lo que fue un alivio, porque Neville había tratado de llamar su atención).
- Lo siento Neville – se disculpó Harry.
- No te preocupes – le dijo Neville encogiéndose de hombros – yo tampoco me habría elegido como compañero.
Ron, sin embargo, tuvo que trabajar con Hermione Granger. Era difícil decir quién estaba más enfadado de los dos.
- Si supieras lo a menudo que pasa eso – susurró Harry para que no le oyeran Ron y Hermione, pero los del futuro que le oyeron se echaron a reir y Sirius que también le habia oído añadió:
- Iguales a James y Lily, todo el día peleándose.
La muchacha no les hablaba desde el día en que Harry recibió su escoba.
—Y ahora no os olvidéis de ese bonito movimiento de muñeca que hemos estado practicando —dijo con voz aguda el profesor; subido a sus libros, como de costumbre—. Agitar y golpear; recordad, agitar y golpear. Y pronunciar las pala bras mágicas correctamente es muy importante también, no os olvidéis nunca del mago Baruffio, que dijo «ese» en lugar de «efe» y se encontró tirado en el suelo con un búfalo en el pecho.
- Nosotros probamos eso – dijo alegremente Sirius – justo en el momento en que él dijo que no lo hiciéramos.
- Pero nos hizo prometer que nunca contaríamos lo que había pasado – añadió James misteriosamente.
- Pues yo no recuerdo nada de eso y tenía que estar en esa clase seguro – dijo Lily frunciendo el ceño.
- El profesor Flitwick siempre ha sido muy bueno en hechizos de memoria – dijo Dumbledore en ese momento mientras sonreía hacia los merodeadores.
Era muy difícil. Harry y Seamus agitaron y golpearon, pero la pluma que debía volar hasta el techo no se movía del pupitre. Seamus se puso tan impaciente que la pinchó con su varita y le prendió fuego, y Harry tuvo que apagarlo con su sombrero.
- Aquí empezó la manía de Seamus de quemar cosas – rio Neville, Harry, Ron y Hermione rieron con él.
Ron, en la mesa próxima, no estaba teniendo mucha más suerte.
—¡Wingardium leviosa! —gritó, agitando sus largos bra zos como un molino.
- Seguro que lo estás diciendo mal.
Ron se sonrojó mientras Hermione sonreía triunfante.
—Lo estás diciendo mal. —Harry oyó que Hermione lo reñía—. Es Win-gar-dium levi-o-sa, pronuncia gar más claro y más largo.
Todos empezaron a reírse por la coincidencia.
—Dilo, tú, entonces, si eres tan inteligente —dijo Ron con rabia.
- Mal movimiento – dijo James – nunca le digas a algún listillo/tragalibros/prefectoperfecto que haga algo que a ti no te sale porque seguro que ellos podrán hacerlo a la primera. – añadieron varios en la sala. Mientras James y Sirius fulminaban a Remus y Lily con la mirada.
Hermione se arremangó las mangas de su túnica, agitó la varita y dijo las palabras mágicas. La pluma se elevó del pupitre y llegó hasta más de un metro por encima de sus ca bezas.
- Os lo dijimos.
—¡Oh, bien hecho! —gritó el profesor Flitwick, aplau diendo—. ¡Mirad, Hermione Granger lo ha conseguido!
Al finalizar la clase, Ron estaba de muy mal humor.
—No es raro que nadie la aguante —dijo a Harry, cuando se abrían paso en el pasillo—. Es una pesadilla, te lo digo en serio.
Alguien chocó contra Harry. Era Hermione. Harry pudo ver su cara y le sorprendió ver que estaba llorando.
- Ron, vas a estar castigado hasta que aprendas a no ser un maleducado. – le gritó la señora Weasley.
—Creo que te ha oído.
—¿Y qué? —dijo Ron, aunque parecía un poco incómo do
- Por lo menos se siente incomodo.
—. Ya debe de haberse dado cuenta de que no tiene amigos.
- Retiro lo dicho.
- Te has pasado Ron – le gritaron varios, que todavía no terminaban de entender cómo se habían hecho amigos y no se habían matado entre ellos todavía.
Hermione no apareció en la clase siguiente y no la vieron en toda la tarde. De camino al Gran Comedor, para la fiesta de Halloween, Harry y Ron oyeron que Parvati Patil le de cía a su amiga Lavender que Hermione estaba llorando en el cuarto de baño de las niñas y que deseaba que la dejaran sola. Ron pareció más molesto aún, pero un momento más tarde habían entrado en el Gran Comedor; donde las decora ciones de Halloween les hicieron olvidar a Hermione.
Molly y Lily les fulminaban con la mirada mientras que el trío ponía una mueca recordando lo que venía ahora y sabiendo que esas miradas se iban a hacer peores.
Mil murciélagos aleteaban desde las paredes y el techo, mientras que otro millar más pasaba entre las mesas, como nubes negras, haciendo temblar las velas de las calabazas. El festín apareció de pronto en los platos dorados, como ha bía ocurrido en el banquete de principio de año.
- Siempre me ha encantado Halloween – dijeron Sirius y Godric.
Harry se estaba sirviendo una patata con su piel, cuando el profesor Quirrell llegó rápidamente al comedor; con el tur bante torcido y cara de terror. Todos lo contemplaron mien tras se acercaba al profesor Dumbledore, se apoyaba sobre la mesa y jadeaba:
- ¡Que pasa! – gritaron curiosos los que no sabían lo que había pasado en Halloween ese año.
—Un trol... en las mazmorras... Pensé que debía saberlo.
- ¿¡Un troll!?
- ¿En las mazmorras? Entonces no es tan malo – dijo Sirius sonriendo, al ver las miradas de los demás añadió: la sala común de Slytherin está en las mazmorras.
- ¡Sirius! – le regañaron.
Y se desplomó en el suelo.
- Vaya un cobarde, se supone que es el profesor de DCLAO, a quien se le ocurre entrar ahí gritarlo y luego desmayarse – dijo Lily enfadada.
Se produjo un tumulto. Para que se hiciera el silencio, el profesor Dumbledore tuvo que hacer salir varios fuegos arti ficiales de su varita.
—Prefectos —exclamó—, conducid a vuestros grupos a los dormitorios, de inmediato.
Percy estaba en su elemento.
- Prefecto perfecto – murmuraron los gemelos.
—¡Seguidme! ¡Los de primer año, manteneos juntos! ¡No necesitáis temer al trol si seguís mis órdenes! Ahora, venid conmigo. Haced sitio, tienen que pasar los de primer año. ¡Perdón, soy un prefecto!
—¿Cómo ha podido entrar aquí un trol? —preguntó Harry, mientras subían por la escalera.
—No tengo ni idea, parece ser que son realmente estúpi dos —dijo Ron—. Tal vez Peeves lo dejó entrar; como broma de Halloween.
- Peeves nunca haría eso – dijeron a la vez los merodeadores, los gemelos y Godric. – Es demasiado peligroso. Ademas Peeves respeta mucho a Dumbledore y al colegio, nunca haría nada que pudiera dañar seriamente a algún alumno.
Pasaron entre varios grupos de alumnos que corrían en distintas direcciones. Mientras se abrían camino entre un tumulto de confundidos Hufflepuffs, Harry súbitamente se aferró al brazo de Ron.
- ¿Qué ha pasado ahora?
—¡Acabo de acordarme... Hermione!
- Oh no, ella no estaba en el banquete.
—¿Qué pasa con ella?
—No sabe nada del trol.
Ron se mordió el labio.
—Oh, bueno —dijo enfadado—. Pero que Percy no nos vea.
- ¿Qué? Deberíais haber ido lo primero a por él y después a buscar a un profesor – dijo Molly enfadada.
Se agacharon y se mezclaron con los Hufflepuffs que iban hacia el otro lado, se deslizaron por un pasillo desierto y corrieron hacia el cuarto de baño de las niñas. Acababan de do blar una esquina cuando oyeron pasos rápidos a sus espaldas.
—¡Percy! —susurró Ron, empujando a Harry detrás de un gran buitre de piedra.
Sin embargo, al mirar; no vieron a Percy, sino a Snape. Cruzó el pasillo y desapareció de la vista.
- ¿Adónde vas Quejicus? Las mazmorras no están por ahí.
—¿Qué es lo que está haciendo?
- Nada bueno, seguro.
—murmuró Harry—. ¿Por qué no está en las mazmorras, con el resto de los profe sores?
—No tengo la menor idea.
Lo más silenciosamente posible, se arrastraron por el otro pasillo, detrás de los pasos apagados del profesor.
—Se dirige al tercer piso —dijo Harry, pero Ron levantó la mano.
—¿No sientes un olor raro?
- Oh no – susurró Remus.
Harry olfateó y un aroma especial llegó a su nariz, una mezcla de calcetines sucios y baño público que nadie limpia.
- Oh no – esta vez fue Lily.
Y lo oyeron, un gruñido y las pisadas inseguras de unos pies gigantescos. Ron señaló al fondo del pasillo, a la izquier da. Algo enorme se movía hacia ellos. Se ocultaron en las sombras y lo vieron surgir a la luz de la luna.
- ¡Oh no! – dijo toda la sala al unísono mientras miraban a los dos chicos preocupados – que mala suerte teneis – añadió Remus – os encontráis con todo lo peligroso, primero el perro y ahora el trol.
- Y eso no es nada – susurró Ron para que solo lo oyeran Hermione y Harry.
Era una visión horrible. Más de tres metros y medio de alto y tenía la piel de color gris piedra, un descomunal cuerpo deforme y una pequeña cabeza pelada. Tenía piernas cortas, gruesas como troncos de árbol, y pies achatados y deformes. El olor que despedía era increíble. Llevaba un gran bastón de madera que arrastraba por el suelo, porque sus brazos eran muy largos.
Todos tenían una mueca de asco pintada en la cara.
El monstruo se detuvo en una puerta y miró hacia el in terior. Agitó sus largas orejas, tomando decisiones con su mi núsculo cerebro, y luego entró lentamente en la habitación.
—La llave está en la cerradura —susurró Harry—. Po demos encerrarlo allí.
- Gran idea – dijeron James, Sirius y Godric
—Buena idea —respondió Ron con voz agitada.
- No fue tan buena idea – murmuró Ron mientras Hermione hacía una mueca.
- No creas, estoy seguro que hemos tenido alguna peor – murmuró Harry en respuesta a lo que Ron y Hermione asintieron.
Se acercaron hacia la puerta abierta con la boca seca, re zando para que el trol no decidiera salir. De un gran salto, Harry pudo empujar la puerta y echarle la llave.
—¡Sí!
Animados con la victoria, comenzaron a correr por el pa sillo para volver, pero al llegar a la esquina oyeron algo que hizo que sus corazones se detuvieran: un grito agudo y ate rrorizado, que procedía del lugar que acababan de cerrar con llave.
- No hay que cantar victoria tan rápido – dijo Bill que estaba palido y abrazaba a Fleur que miraba a los chicos preocupada, por otro lado también abrazaba a Victoire que al contrario que todos estaba relajada como los otros tres del futuro y hasta sonreían.
—Oh, no —dijo Ron, tan pálido como el Barón Sangui nario.
—¡Es el cuarto de baño de las chicas! —bufó Harry.
—¡Hermione! —dijeron al unísono.
- ¡La habéis encerrado con el trol! – les gritaron a la vez Lily, Remus, Molly, McGonnagal, Andrómeda, los padres de Hermione, Rowena, Helga, Salazar, Godric, James y Sirius, aunque los únicos que no les estaban regañando eran los tres últimos que todavía no se habían dado cuenta de que donde había entrado el trol era el baño donde estaba Hermione y estaban sorprendidos y hasta les hacia un poco de gracia la mala suerte que habían tenido los chicos, el hecho de que estuvieran en la sala y enteros hacia que no se lo tomaran tan en serio.
Era lo último que querían hacer; pero ¿qué opción les quedaba?
- No sé, ¿buscar a un profesor? – dijo Lily sarcásticamente.
- No creo que les diera tiempo – dijo James.
- Deberían haberlo hecho antes – contestó Molly
Volvieron a toda velocidad hasta la puerta y dieron la vuelta a la llave, resoplando de miedo. Harry empujó la puerta y entraron corriendo.
Hermione Granger estaba agazapada contra la pared opuesta, con aspecto de estar a punto de desmayarse. El per sonaje deforme avanzaba hacia ella, chocando contra los lavamanos.
—¡Distráelo! —gritó Harry desesperado y tirando de un grifo, lo arrojó con toda su fuerza contra la pared.
El trol se detuvo a pocos pasos de Hermione. Se balan ceó, parpadeando con aire estúpido, para ver quién había he cho aquel ruido. Sus ojitos malignos detectaron a Harry Va ciló y luego se abalanzó sobre él, levantando su bastón.
—¡Eh, cerebro de guisante! —gritó Ron desde el otro ex tremo, tirándole una cañería de metal. El ser deforme no pa reció notar que la cañería lo golpeaba en la espalda, pero sí oyó el aullido y se detuvo otra vez, volviendo su horrible hoci co hacia Ron y dando tiempo a Harry para correr.
—¡Vamos, corre, corre! —Harry gritó a Hermione, tra tando de empujarla hacia la puerta, pero la niña no se podía mover.
- ¡Hermione muévete! – gritaron todos.
Seguía agazapada contra la pared, con la boca abierta de miedo.
Los gritos y los golpes parecían haber enloquecido al trol. Se volvió y se enfrentó con Ron, que estaba más cerca y no tenía manera de escapar.
Entonces Harry hizo algo muy valiente y muy estúpido:
- Todo un Gryffindor – dijo Salazar burlándose de Godric que caballero medieval como era le sacó la lengua.
corrió, dando un gran salto y se colgó, por detrás, del cuello de aquel monstruo. La atroz criatura no se daba cuenta de que Harry colgaba de su espalda, pero hasta un ser así podía sentirlo si uno le clavaba un palito de madera en la nariz, pues la varita de Harry todavía estaba en su mano cuando saltó y se había introducido directamente en uno de los orifi cios nasales del trol.
- Agg, que asco.
- Harry espero que quemaras tu varita y compraras una nueva.
Chillando de dolor; el trol se agitó y sacudió su bastón, con Harry colgado de su cuello y luchando por su vida. En cualquier momento el monstruo lo destrozaría, o le daría un golpe terrible con el bastón.
Todos les miraban preocupados, algunos incluso les analizaban buscando lesiones (cof cof Moody coff).
Hermione estaba tirada en el suelo, aterrorizada. Ron empuñó su propia varita, sin saber qué iba a hacer; y se oyó gritar el primer hechizo que se le ocurrió:
—¡Wingardium leviosa!
- ¡Pero si no sabes hacerlo! – le gritaron.
El bastón salió volando de las manos del trol, se elevó, muy arriba, y luego dio la vuelta y se dejó caer con fuerza so bre la cabeza de su dueño. El trol se balanceó y cayó boca abajo con un ruido que hizo temblar la habitación.
- Le ha salido a la primera – dijeron asombrados.
- Profesora ya sabe cómo hacer que a Ron le salgan los ejercicios, póngale en una situación peligrosa. – dijo Sirius intentando hacer una gracia, aunque no tuvo mucho éxito.
Harry se puso de pie. Le faltaba el aire. Ron estaba allí, con la varita todavía levantada, contemplando su obra.
Hermione fue la que habló primero.
—¿Está... muerto?
- Poco probable, ¿sabes lo dura que tiene la cabeza un bicho de esos?
—No lo creo —dijo Harry—. Supongo que está desma yado.
Se inclinó y retiró su varita de la nariz del trol. Estaba cubierta por una gelatina gris.
- ¡Agg!
- Un minuto de silencio por la varita de Harry – dijeron solemnemente los gemelos.
—Puaj... qué asco.
La limpió en la piel del trol.
- No creo que eso lo mejore mucho – dijo Neville con una mueca de asco.
Un súbito portazo y fuertes pisadas hicieron que los tres se sobresaltaran. No se habían dado cuenta de todo el ruido que habían hecho, pero, por supuesto, abajo debían haber oído los golpes y los gruñidos del trol. Un momento después, la profesora McGonagall entraba apresuradamente en la ha bitación, seguida por Snape y Quirrell, que cerraban la mar cha.
- A buenas horas profesora – le dijo Sirius.
Quirrell dirigió una mirada al monstruo, se le escapó un gemido y se dejó caer en un inodoro, apretándose el pecho.
Varios suspiraron resignándose a que Quirrel era un inútil como profesor de defensa, si vieran al del año siguiente…
Snape se inclinó sobre el trol. La profesora McGonagall miraba a Ron y Harry Nunca la habían visto tan enfadada. Tenía los labios blancos. Las esperanzas de ganar cincuenta puntos para Gryffindor se desvanecieron rápidamente de la mente de Harry.
—¿En qué estabais pensando, por todos los cielos? —dijo la profesora McGonagall, con una furia helada. Harry miró a Ron, todavía con la varita levantada—. Tenéis suerte de que no os haya matado. ¿Por qué no estabais en los dormi torios?
- Fácil – dijo Sirius – primero Ron insultó a Hermione que se fue llorando a los baños, después el idiota que enseña DCLAO empezó a gritar que había un trol en las mazmorras pero no estaba allí y Harry y Ron lo encerraron en el baño donde…
- Gracias por el resumen Sirius – interrumpió Remus – pero casi mejor seguimos leyendo.
Snape dirigió a Harry una mirada aguda e inquisidora. Harry clavó la vista en el suelo. Deseó que Ron pudiera es conder la varita.
Entonces, una vocecita surgió de las sombras.
—Por favor; profesora McGonagall... Me estaban bus cando a mí.
—¡Hermione Granger!
Hermione finalmente se había puesto de pie.
—Yo vine a buscar al trol porque yo... yo pensé que podía vencerlo, porque, ya sabe, había leído mucho sobre el tema.
Ron dejó caer su varita. ¿Hermione Granger diciendo una mentira a su profesora?
- Increible – dijeron algunos.
- No puede ser, una futura prefecta perfecta diciéndole una mentira a McGonnagal.
Algunos se rieron de la mirada que McGonnagal le dirigía a Hermione que intentaba esconderse a la vez que se disculpaba con la mirada.
—Si ellos no me hubieran encontrado, yo ahora estaría muerta. Harry le clavó su varita en la nariz y Ron lo hizo gol pearse con su propio bastón. No tuvieron tiempo de ir a bus car ayuda. Estaba a punto de matarme cuando ellos llegaron.
Harry y Ron trataron de no poner cara de asombro.
- Necesitáis mejorar eso – sonrió Hermione
—Bueno... en ese caso —dijo la profesora McGonagall, contemplando a los tres niños—... Hermione Granger; eres una tonta. ¿Cómo creías que ibas a derrotar a un trol gigante tú sola?
- No seas tan dura Minny – le dijo James riendo mientras la profesora ponía los ojos en blanco por el mote.
Hermione bajó la cabeza. Harry estaba mudo. Hermione era la última persona que haría algo contra las reglas, y allí estaba, fingiendo una infracción para librarlos a ellos del problema. Era como si Snape empezara a repartir golosinas.
- Seguro que les habría puesto algo raro – dijo James.
—Hermione Granger, por esto Gryffindor perderá cinco puntos —dijo la profesora McGonagall—. Estoy muy desilu sionada por tu conducta. Si no te ha hecho daño, mejor que vuelvas a la torre Gryffindor. Los alumnos están terminando la fiesta en sus casas.
Hermione se marchó.
La profesora McGonagall se volvió hacia Harry y Ron.
—Bueno, sigo pensando que tuvisteis suerte, pero no muchos de primer año podrían derrumbar a esta montaña. Habéis ganado cinco puntos cada uno para Gryffindor.
- Merecen más de cinco puntos – se quejo Sirius pero no le hicieron caso más que James y los cuatro gemelos.
El profesor Dumbledore será informado de esto. Podéis iros.
Salieron rápidamente y no hablaron hasta subir dos pi sos. Era un alivio estar fuera del alcance del olor del trol, además del resto.
—Tendríamos que haber obtenido más de diez puntos —se quejó Ron.
—Cinco, querrás decir; una vez que se descuenten los de Hermione.
—Se portó muy bien al sacarnos de este lío —admitió Ron—. Claro que nosotros la salvamos.
- Tambien fuisteis los culpables – dijo Tonks – si no la hubieras hecho llorar no estaría en el baño y encima encerrasteis al trol justo ahí.
—No habría necesitado que la salváramos si no hubiéra mos encerrado esa cosa con ella —le recordó Harry.
Habían llegado al retrato de la Dama Gorda.
—Hocico de cerdo —dijeron, y entraron.
La sala común estaba llena de gente y ruidos. Todos co mían lo que les habían subido. Hermione, sin embargo, esta ba sola, cerca de la puerta, esperándolos. Se produjo una pausa muy incómoda. Luego, sin mirarse, todos dieron: «Gracias» y corrieron a buscar platos para comer.
Pero desde aquel momento Hermione Granger se convir tió en su amiga. Hay algunas cosas que no se pueden com partir sin terminar unidos, y derrumbar un trol de tres me tros y medio es una de esas cosas.
- Una forma muy original de hacer amigos – sonrió Dumbledore – y al parecer una amistad muy fuerte.
- Es el final del capítulo – anunció Alice pasando el libro a Angy.
