Capítulo 24

Las lágrimas del camino

– Esa explosión… Vino de donde dejamos a Souma.

– Entonces Souma está bien, vamos, no nos podemos quedar…

[…]

– ¡Ryuuhou! ¡Ese fue…!

– Sí, un segundo Sho Ryu Ha… Me sorprende que pueda realizar dos en un día, pero Haruto, Ranjeet y Spear están ahí, protegerán a Ryuuhou si se debilita.

– … ¡Ah!

Sintieron un temblor mientras subían las escaleras, se arrodillaron sobre los escalones para que no los sacudiera demasiado ni los tumbara. Un segundo tronar había sonado desde el piso de donde Souma estaba luchando, Kouga miró de reojo por abajo, y vio como una esfera incandescente y brillante caía hacia el suelo.

– ¡Souma! ¡Se cayó! – Se estremeció, el susto casi lo hace tirarse por el borde, pero Yuna le hizo despertar de un golpe de la espalda.

– Si Souma fuera el que se está cayendo, no veríamos esa esfera gigante de llamas, él es el que está ganando.

– C–Cierto… – Se retractó de lo dicho y se irguió, caminó por los escaleras serpenteadas, a ambos lados solo estaba el vacío de una caída sin fin, un solo paso en falso, y al inferno con sus vidas… Daba escalofríos insoportables mirar hacia abajo.

– Rápido, todos están peleando para que vayamos donde Athena está. – Dijo Yuna, también iba con el paso calmo, los escalones se habían hecho más angostos, tanto que apenas podrían separar un poco las piernas, el aire tampoco ayudaba, no podían apresurarse tanto ni correr pues el aire les haría demasiada falta en poco tiempo y terminarían desmayados de la falta de oxígeno, además, el frío comenzaba a hacer efecto.

– Yuna, ¿cómo tú no tienes frío?

– Estoy… Acostumbrada, nací en las tierras congeladas de Rusia, donde o soportas el frío, o mueres… Es tan simple como eso.

– Y–Ya veo. – Murmuró Kouga, aunque el frío era repelido por el Cosmos que emana la Cloth, en el rostro lo sentía claramente y le provocaba una sensación helada en todo el cuerpo.

– Oye… – Se paró Yuna un momento, y quedó mirando hacia varios lados. – Un Cosmos se está acercando…

– ¿Un Martian?

– No… Es un Cosmos débil, pero no es de Martian, más bien… Es de un Santo.

Yuna sintió que la fuente de Cosmos venía desde debajo, allí vio una pequeña llama de colores azules y verdes, que flameaba y brillaba hacia varios costados, esta flotaba simplemente en el aire, y se acercó a la Santo. La llama se desvaneció, y un pequeño objeto pudo verse, la rubia lo atrapó con una mano y cuando lo miró, se tapó la boca con una mano, inconscientemente dio un paso hacia atrás, y Kouga la tomó por la espalda, cuando se acercó bien, vio como la mirada de Yuna pasó de un color zafiro puro a un empañado mar de lágrimas que se le escurrían.

– ¡Y–Yuna…! ¿Qué…?

– Spear… – Sollozó, Kouga le quitó la mano de la boca, y luego miró a lo que tenía en las manos, parecía un objeto puntiagudo y brillante, con los colores del océano.

– No… ¡No!

– Spear… Ha muerto.

[…]

Spear… No puede ser. – Haruto se mordió los labios, se guardó sus lágrimas, y quedó en su lugar. – Eden… ¿De dónde obtiene tanto poder…? Cada golpe que recibe lo soporta y se para otra vez… ¡Es imposible!

Aún tenía el brazo entumecido, no podía pelear cómodamente ante alguien con una potencia tan bestial como Eden, sin embargo, un suspiro de alivio le llegó cuando vio como Orión caía de rodillas, consumado por el dolor, se tocaba la espalda, donde tenía el largo tajo hecho por Spear hace unos momentos, la sangre manaba constantemente de allí.

La atención en Eden no duró cuando escuchó una fuertísima explosión que venía desde la torre, seguido, vio salir de un agujero una persona en llamas, que no se extinguían a pesar de la incesante lluvia, desde aquella posición no se veía con claridad, pero cuando vio que el fuego se acercaba más a su posición, Haruto se lanzó hacia atrás lo más posible, justo en momento cuando escucha un impacto seco contra el suelo, por lo visto, parecía la caída de un cuerpo, y la otra persona envuelta en llamas caía con las piernas abiertas sobre el suelo, haciendo un gran estruendo. Al instante reconoció que era Souma el que había bajado desde esa altura.

– ¡S–Souma…! – Lo miró anonado, Souma se volteó, lo vio unos segundos, y luego levantó el brazo haciendo una seña de "Ok", con el pulgar hacia arriba… No esperó que se desplomara en un instante, cayó de espaldas, desvanecido, así como las llamas de su cuerpo, Haruto se le acercó al instante a revisarlo, respiraba bien, simplemente estaba sobrepasado de cansancio, aún estaba consciente, pero no mucho, apenas reconocía la situación, y que Haruto era el que tenía en frente.

Hey… ¡Se la partí a ese cabrón! – Dijo mientras se reía animadamente y señalaba algo, el Lobo, curioso, se acercó a ver qué señalaba, donde vio caer el primer individuo, se había formado un pequeño cráter, bajo varios pedruscos, pudo ver una persona, no se movía para nada, dedujo que estaba muerta al instante.

Seguro fue un Martian… Eso significa que Kouga y Yuna aún siguen en su camino, eso es bueno… ¡Diablos!

Mientras hacía sus especulaciones, Haruto vio como Eden volvía a pararse de nuevo, tenía toda la espalda sangrante, se había arrancado las estolas de las hombreras, y se las ató, cruzando de hombro a cintura, la zona del corte, con una bastaba para cubrirlo de espalda a pecho, con la segunda se la reforzó, para que absorbiese mejor la sangre, y detuviese la hemorragia un poco.

– Mi brazo… Está recuperando sensibilidad. – Se dio cuenta que podía mover los dedos un poco, pero no hizo movimientos bruscos como para que Eden no lo notase, se tomaba con la otra mano para simular molestia. – ¡Esta vez…! ¡Esta vez te haré caer, esta es una presa que no atraparás, Eden…!

[…]

– Spear… Esta ClothStone… Es lo último que quedó de su Cosmos… – Decía con la voz entrecortada Águila, las lágrimas se le escapaban por más que intentase ocultarlas, se refregaba rápido, pero volvían a bajar por sus pestañas cuando creía que ya había pasado.

– Yuna… No sé qué puedo decirte para hacerte sentir mejor. – Kouga estaba asustado, temía que Yuna quedase tan amedrentada que quedara impedida de moverse.

– No, Kouga, solo hay algo que me hará sentir mejor… – Dijo tras un momento de reflexionar, las gotas dejaban de salir del cielo de sus ojos, y miró a Kouga con dureza, pero no hacia él, sino que sus pensamientos se reflejaban en la mirada. – Y será ver que el asesino… Lo pague. – Sus palabras se oían muy reales, no parecía estar bromeando para nada. – Kouga, tú… Otro Cosmos. – Se quedó quieta un momento, intentando rastrear la fuente del Cosmos que se acercaba. – Está subiendo las escaleras… Kouga, yo lo retrasaré aquí, necesito que tú sigas…

– ¡Pero si te dejo aquí y peleas…!

– Tranquilo, no me caeré, tú apresúrate, al menos tú puedes seguir a dónde está Athena… ¿Verdad? – Sobre la última pregunta, Yuna mostró cierta desconfianza, dudando un poco de Kouga realmente esté seguro de que se acercaba a Athena.

– ¡C–Claro…! – Kouga no sintió el aro de desconfianza de Yuna, simplemente se volteó e hizo caso, trató de ir lo más rápido posible como los estrechos escalones se lo permitiesen.

– Espero que este no esté loco, porque nadie salvo él siente a esa tal Saori… Se acerca.

El Cosmos agresivo que había sentido hace unos momentos se volvió a presentar desde las escaleras, pero a medida que se acercaba, Yuna se sentía algo extraña, pues no oía pasos acercándose, ni podía vislumbrar ninguna figura. Cuando se dio cuenta por dónde se acercaban era demasiado tarde.

Los escalones volaron en múltiples pedazos, Yuna pisaba el aire mientras veía pasar un bastón bastante largo a su lado, de color negro, este se enterró en la pared, y luego vio cómo una persona lo atrapaba, lo sacaba del muro, y de un salto se dirigía directo a ella. Los reflejos le permitieron detener el golpe del bastón con sus brazos, pero aún así no podía detener la caída, rápidamente recordó la única forma de salir de una situación así.

Gornoy Trope!

(¡Camino de la Montaña!)

Movió sus brazos hacia un costado, creando una correntada de aire, la persona que la perseguía se sorprendió al ver cómo Yuna había desaparecido de allí, sintió que su Cosmos se hallaba ahora en las escaleras otra vez, clavó nuevamente su bastón en la pared, y de allí pegó un largo salto hasta las escaleras, el bastón se desprendió solo y regresó a sus manos, allí Yuna pudo verlo con claridad.

– Eh… ¿Cómo hiciste eso? – Preguntó, con un tono de voz algo burlona.

– Bah, ¿en qué vale la pena explicarte a ti, mono de circo? Una técnica tan complicada del uso del Cosmos y la naturaleza seguro te marearía. – Respondió Yuna, sarcástica y áspera.

– ¡No tratarás así al Rey!

– ¡Yo no tengo rey alguno, solo Athena es mi diosa!

El enemigo en cuestión tenía una apariencia para recordar, su Caetus tenía una forma más bien singular, su cinturón en especial, donde llevaba un medallón dorado con motivo de un simio gris, con ojos rojo carmesí. Ajustadas al cinturón, había diversas piezas en forma de falda, todas de color negro, con algunos detalles en rojo oscuro, bajo ella, la protección era mínima, solo unas rodilleras, y botas que le cubrían hasta las mismas rodilleras. El pecho, en comparación, estaba abiertamente desprotegido, se podía ver claramente su contextura trabajada y atlética, muy flaca, sin embargo, se notaba que eso indicaba mucha elasticidad, toda esa zona estaba cubierta de vello oscuro, aplastado por el agua de la lluvia. Las hombreras eran grandes y circulares, colocadas de manera diagonal sobre el cuerpo, en sus brazos, llevaba puestos brazaletes de gran tamaño, que variaban entre matices de gris y negro, y algunos rojos, parecían altamente ornamentales, llevaban el mismo signo de simio que su cinturón y hombreras. Como casco, no llevaba nada más que una tiara roja fina, pequeña, que se unían en una curvatura sobre la frente.

Su rostro parecía bastante rústico, de piel cobriza, lleno de marcas, algunas cicatrices, y su cabello castaño oscuro era absurdamente largo, las patillas se caían a los lados, lo llevaba atado en tres coletas rojas, llegándole hasta la cintura. Sus ojos eran de un color verde brillante, salvaje, pero a la vez, inspiraban respeto.

El bastón que llevaba era de casi dos metros, de color rojo oscuro en general, ornamentado con algunos motivos dorados y negros en las puntas, lo blandía de manera poco ortodoxa, lo llevaba por detrás de la espalda, sostenido con la mano derecha, y la izquierda adelante.

– ¡Sufrirás por desafiar al gran Rey mono, Wukong!

– Wu… ¿Wukong? – Yuna quedó perpleja al oír el nombre, conocía la leyenda de Sun Wukong, el antiguo rey mono cuyas habilidades de lucha no tenían par en toda China, ni en el continente, tal vez.

– ¡Así es, ahora arrodíllate frente al Rey! – Le apuntó con su bastón.

– ¡Yo te haré arrodillar, pidiendo perdón!

– ¡Te haré arrepentir, soy Houwang, High Martian del Rey Mono! – La desafío mientras se ponía en pose de batalla, con el bastón hacia delante. – ¡Soy la encarnación del mismo Sun Wukong!

Yuna quiso ser la primera en atacar, pero apenas levantó la rodilla, ya sintió la madera del bastón chocando contra ella y haciéndole sentir un dolor espantoso en los huesos, la mantuvo aún en alto, nunca dispuesta a ceder la posición. Sintió la presencia del Martian detrás de ella, se volteó rápido sobre su pie y lanzó una patada en el abdomen del Simio, sin embargo, este no se detuvo ante el impacto, e hizo un chasquido con los dedos.

Águila no sintió caer, pero ya estaba de rodillas, y con un dolor en la espalda que la estaba matando, miró hacia atrás y vio que Wukong la había golpeado con su bastón, que de alguna manera podía manejarlo a distancia.

– ¡Cobarde! – Le escupió Yuna, que hacía esfuerzo por levantarse.

– ¡El Ru Yi Bang es un arma entregada a Wukong por sus heroicas hazañas! ¡Solo utilizado y manejado por aquellos que sigan la justicia! – Explicó el Martian con voz fuerte, confiado ciegamente en sus palabras.

– Justicia… ¿De qué demonios estás hablando?

– ¡La Justicia del Señor Mars! De eso hablo, por supuesto, él nos guiará a un mundo donde los humanos ya no luchen entre sí, ni males como la muerte, la guerra, la traición aflijan al hombre.

– ¡Sin males…! ¡Un amigo mío acaba de morir! – Yuna comenzaba a erguirse de a poco. – ¡Y en sus manos! ¿De qué salvación me estás hablando?

– No existe la rebelión, ni la paz, si la sangre no baña la tierra antes, si los humanos no experimentan el sufrimiento que provocan a la estabilidad universal, ah… Sí, una mente tan poco avanzada como la tuya debe encontrar confusión, ¡pero debes con…!

– ¡Y un diablo! – Yuna finalmente estaba de pie, se miraba a los ojos con Houwang. – ¿Qué mente avanzada tienes como para considerar que matar a todas las personas inocentes guiará hacia una supuesta paz? ¿Quiénes se creen que son para decir que "salvarán" la Tierra? ¡Yo sé qué es la muerte, la he visto numerosas veces frente a mis ojos, y no es una manera de solucionar nada!

– ¡¿Ah, sí?! ¿Tu amigo acaba de morir? ¿Y has visto la muerte tantas veces? ¿Y qué hace Athena por ello? ¿Te ha intentado pagar por tu sufrimiento y esfuerzo? ¡Ella promete cuidar de la Tierra, y sin embargo no es más que una inútil!

– No… – Un aura rosada envolvía el cuerpo de Yuna, esta comenzaba a acrecentar su brillo. – ¡No hables de Athena así! ¡Te haré tragar esa blasfemia, Houwang!

– ¡Ha! ¡Veamos cómo lo intentas!