Angy sonrió al leer el título del capítulo, mientras el resto de aficionados al quidditch sonreían también y en algunos casos extremos saltaban y gritaban de emoción (Sirius, James, los gemelos, etc…)
Cuando empezó el mes de noviembre, el tiempo se volvió muy frío. Las montañas cercanas al colegio adquirieron un tono gris de hielo y el lago parecía de acero congelado. Cada mañana, el parque aparecía cubierto de escarcha. Por las ventanas de arriba veían a Hagrid descongelando las esco bas en el campo de quidditch, enfundado en un enorme abri go de piel de topo, guantes de pelo de conejo y enormes botas de piel de castor.
Iba a comenzar la temporada de quidditch. Aquel sába do, Harry jugaría su primer partido,
Muchos empezaron a silbar y vitorearle deseándole suerte.
después de semanas de entrenamiento: Gryffindor contra Slytherin.
- Todo un clásico – dijo James – y encima tu primer partido, vas a machacar a los Slytherins. – Y se secó una falsa lagrima de orgullo.
Mientras tanto los miembros de las respectivas casas incluidos sus fundadores se miraban retándose con la mirada, aunque dado el gran numero de Gryffindors en la sala Slytherin perdía claramente.
Si Gryffindor ga naba, pasarían a ser segundos en el campeonato de las casas.
Casi nadie había visto jugar a Harry, porque Wood había decidido que sería su arma secreta.
- Buena idea – alabó James – ese chico me gusta como capitán.
Harry también debía mantenerlo en secreto. Pero la noticia de que iba a jugar como buscador se había filtrado, y Harry no sabía qué era peor: que le dijeran que lo haría muy bien o que sería un desastre.
- Un poco de presión es buena – dijo Remus sonriendo a Harry.
Era realmente una suerte que Harry tuviera a Hermio ne como amiga. No sabía cómo habría terminado todos sus deberes sin la ayuda de ella, con todo el entrenamiento de quidditch que Wood le exigía.
- Los deberes siempre antes que el quidditch – le regañaron Lily y Molly.
- Ni en sueños – dijo James.
Las dos mujeres intentaron buscar algún apoyo en la sala pero descubrieron que hasta la profesora McGonnagal prefería que entrenara el quidditch, el director y los fundadores les miraban divertidos, en su tiempo el quidditch todavía no era tan popular, aunque cualquier cosa con la que pudieran competir entre ellos sobre todo Slytherin y Gryffindor les resultaba interesante.
La niña también le había pres tado Quidditch a través de los tiempos, que resultó ser un li bro muy interesante.
- Uno de los pocos – dijo Sirius – por lo menos entre los mágicos, aunque he leído algo de literatura muggle que tenia cosas bastante interesantes. – Toodos los que no conocían demasiado a Sirius se sorprendieron de que un sangre limpia y más un Black considerara interesante algo muggle.
Harry se enteró de que había setecientas formas de co meter una falta y de que todas se habían consignado durante los Mundiales de 1473; que los buscadores eran habitualmente los jugadores más pequeños y veloces, y que los acci dentes más graves les sucedían a ellos;
- Tenias que elegir la posición más peligrosa claro – dijo Lily.
- De eso no puedes echarme la culpa – dijo James alzando las manos – yo soy cazador, es a ti a quien se le da bien ser buscadora.
- ¿juegas al quidditch? – preguntaron, muchos estaban sorprendidos por eso.
- Es culpa de James y de una estúpida apuesta – respondió Lily mirando enfadada a James y a sus amigas que intentaban no reírse y parecer inocentes.
- Eso nos lo tenéis que contar luego – le susurró Orión a Angy.
que, aunque la gente no moría jugando al quidditch, se sabía de árbitros que ha bían desaparecido, para reaparecer meses después en el de sierto del Sahara.
- Vale, eso es raro.
- ¿Pero desaparecieron durante un partido de quidditch? – preguntó Jack, nadie contestó, ninguno parecía saber que había pasado exactamente.
Hermione se había vuelto un poco más flexible en lo que se refería a quebrantar las reglas, desde que Harry y Ron la salvaron del monstruo, y era mucho más agradable.
- Sois una mala influencia chicos.
El día anterior al primer partido de Harry los tres estaban fuera, en el patio helado, durante un recreo, y la muchacha había he cho aparecer un brillante fuego azul, que podían llevar con ellos, en un frasco de mermelada.
- Eso es bastante impresionante señorita Granger – alabó McGonnagal.
Estaban de espaldas al fuego para calentarse cuando Snape cruzó el patio. De inme diato, Harry se dio cuenta de que Snape cojeaba.
- Que sospechoso – murmuró Remus.
Los tres chi cos se apiñaron para tapar el fuego, ya que no estaban segu ros de que aquello estuviera permitido. Por desgracia, algo en sus rostros culpables hizo detener a Snape. Se dio la vuel ta, arrastrando la pierna. No había visto el fuego, pero pare cía buscar una razón para regañarlos.
- Como siempre – murmuraron todos los del futuro.
—¿Qué tienes ahí, Potter?
Era el libro sobre quidditch. Harry se lo enseñó.
—Los libros de la biblioteca no pueden sacarse fuera del colegio —dijo Snape—. Dámelo. Cinco puntos menos para Gryffindor.
- Pero qué tontería es esa – le regañó McGonnagal – esa norma es para que no se lleven ningún libro durante las vacaciones, es decir que no puede sacarse fuera de los terrenos de Hogwarts.
—Seguro que se ha inventado esa regla —murmuró Harry con furia, mientras Snape se alejaba cojeando—. Me pregunto qué le pasa en la pierna.
- Espero que sea doloroso – murmuraron algunos gryffindors con resentimiento.
—No sé, pero espero que le duela mucho —dijo Ron con amargura.
En la sala común de Gryffindor había mucho ruido aquella noche. Harry, Ron y Hermione estaban sentados juntos, cer ca de la ventana. Hermione estaba repasando los deberes de Harry y Ron sobre Encantamientos. Nunca los dejaba copiar
- ¿Cómo vais a aprender si copiáis? - Les regañó McGonnagal.
(«¿cómo vais a aprender?»),
Muchos se empezaron a reír por la coincidencia.
pero si le pedían que revisara los trabajos les explicaba las respuestas correctas.
Harry se sentía inquieto. Quería recuperar su libro so bre quidditch, para mantener la mente ocupada y no estar nervioso por el partido del día siguiente. ¿Por qué iba a temer a Snape? Se puso de pie y dijo a Ron y Hermione que le pre guntaría a Snape si podía devolverle el libro.
- Mala idea – dijeron los gemelos y los merodeadores.
—Yo no lo haría —dijeron al mismo tiempo, pero Harry pensaba que Snape no se iba a negar, si había otros profeso res presentes.
- Es una buena idea, si hay otros profesores podrán explicarle a Snape lo idiota que es – dijo Sirius.
Bajó a la sala de profesores y llamó. No hubo respuesta. Llamó otra vez. Nada.
¿Tal vez Snape había dejado el libro allí? Valía la pena intentarlo. Empujó un poco la puerta, miró antes de entrar... y sus ojos captaron una escena horrible.
- ¿El qué? – preguntó James curioso ante la mueca que tenia Harry al recordarlo y la de Alice que había leído la siguiente línea.
Snape y Filch estaban allí, solos.
- Eso no suena nada bien – dijo Fred con una mueca de disgusto.
Snape tenía la túnica levantada por encima de las rodillas.
- Vaya Quejicus no sabía que te gustara tanto Filch – se burló Sirius mientras los demás (los merodeadores futuros y pasados, el trio de oro, los dos pares de gemelos, Luna, Neville, Tonks, los otros Weasley, Godric, etc…) se reían y Snape se sonrojaba violentamente por la vergüenza y la furia.
Una de sus piernas es taba magullada y llena de sangre. Filch le estaba alcanzando unas vendas.
- Uff, falsa alarma – volvió a decir Sirius.
—Esa cosa maldita... —decía Snape—. ¿Cómo puede uno vigilar a tres cabezas al mismo tiempo?
- ¡Intentaste pasar al perro gigante! – gritaron todos los que no lo sabían ya.
Harry intentó cerrar la puerta sin hacer ruido, pero...
—¡POTTER!
- Parece que tenga un radar para detectarle – le susurró Neville a Luna.
El rostro de Snape estaba crispado de furia y dejó caer su túnica rápidamente, para ocultar la pierna herida. Harry tragó saliva.
—Me preguntaba si me podía devolver mi libro —dijo.
—¡FUERA! ¡FUERA DE AQUÍ!
- ¡Corre por tu vida Harry!
Harry se fue, antes de que Snape pudiera quitarle pun tos para Gryffindor. Subió corriendo la escalera.
—¿Lo has conseguido? —preguntó Ron, cuando se reu nió con ellos—. ¿Qué ha pasado?
Entre susurros, Harry les contó lo que había visto.
—¿Sabéis lo que quiere decir? —terminó sin aliento—. ¡Que trató de pasar por donde estaba el perro de tres cabe zas, en Halloween! Allí se dirigía cuando lo vimos... ¡Iba a buscar lo que sea que tengan guardado allí! ¡Y apuesto mi escoba a que fue él quien dejó entrar al monstruo, para distraer la atención!
- Muy buena suposición – dijo Sirius – yo apoyo a Harry.
Hermione tenía los ojos muy abiertos.
—No, no puede ser —dijo—. Sé que no es muy bueno, pero no iba a tratar de robar algo que Dumbledore está cus todiando.
—De verdad, Hermione, tú crees que todos los profeso res son santos o algo parecido
- Pobre alma inocente – suspiro Sirius – los profesores son el demonio, menos Dumbledore y McGonnagal claro, ellos son de Gryffindor.
—dijo enfadado Ron—. Yo es toy con Harry. Creo que Snape es capaz de cualquier cosa. Pero ¿qué busca? ¿Qué es lo que guarda el perro?
Harry se fue a la cama con aquellas preguntas dando vueltas en su cabeza. Neville roncaba con fuerza, pero Harry no podía dormir. Trató de no pensar en nada (necesitaba dor mir; debía hacerlo, tenía su primer partido de quidditch en pocas horas) pero la expresión de la cara de Snape cuando Harry vio su pierna era difícil de olvidar.
- Probablemente tendras pesadillas si sigues pensando en eso. – dijo James.
La mañana siguiente amaneció muy brillante y fría.
- Bueno, no son malas condiciones para jugar al quidditch.
El Gran Comedor estaba inundado por el delicioso aroma de las sal chichas fritas y las alegres charlas de todos, que esperaban un buen partido de quidditch.
—Tienes que comer algo para el desayuno.
—No quiero nada.
—Aunque sea un pedazo de tostada —suplicó Hermione.
—No tengo hambre.
- Es mejor que comas algo podrías desmayarte si haces ejercicio sin comer – le aconsejó James – si, lo sé por experiencia propia – contestó cuando todos se le quedaron mirando.
Harry se sentía muy mal. En cualquier momento echa ría a andar hacia el terreno de juego.
—Harry, necesitas fuerza —dijo Seamus Finnigan—. Los únicos que el otro equipo marca son los buscadores.
- No creo que eso ayude – apuntó Remus.
—Gracias, Seamus —respondió Harry, observando cómo llenaba de salsa de tomate sus salchichas.
A las once de la mañana, todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch. Muchos alumnos tenían prismáticos. Los asientos podían elevarse pero, inclu so así, a veces era difícil ver lo que estaba sucediendo.
Ron y Hermione se reunieron con Seamus y Dean en la grada más alta. Para darle una sorpresa a Harry, habían transformado en pancarta una de las sábanas que Scabbers había estropeado. Decía: «Potter; presidente», y Dean, que dibujaba bien, había trazado un gran león de Gryffindor. Luego Hermione había realizado un pequeño hechizo y la pintura brillaba, cambiando de color.
- Genial – dijeron los merodeadores.
Mientras tanto, en los vestuarios, Harry y el resto del equipo se estaban cambiando para ponerse las túnicas color escarlata de quidditch (Slytherin jugaba de verde).
- Obvio – James puso los ojos en blanco – a veces haces algún comentario muy tonto Harry.
Wood se aclaró la garganta para pedir silencio.
- Y aquí viene el discurso – dijeron los gemelos Weasley y Harry. Mientras Remus y Sirius se reían del parecido que tenia James con Wood en lo que a quidditch respecta.
—Bueno, chicos —dijo.
—Y chicas —añadió la cazadora Angelina Johnson.
—Y chicas —dijo Wood—. Éste es...
—El grande —dijo Fred Weasley
—El que estábamos esperando —dijo George.
—Nos sabemos de memoria el discurso de Oliver —dijo Fred a Harry—. Estábamos en el equipo el año pasado.
- Siempre es el mismo discurso – explicó Fred – año tras año – añadió George.
- A veces cambia alguna palabra – dijo Harry.
—Callaos los dos —ordenó Wood—. Éste es el mejor equipo que Gryffindor ha tenido en muchos años. Y vamos a ganar.
Les lanzó una mirada que parecía decir: «Si no...».
- Castigados dando 100 vueltas al campo – dijo Sirius mirando a James que se sonrojó.
—Bien. Ya es la hora. Buena suerte a todos.
Harry siguió a Fred y George fuera del vestuario y, espe rando que las rodillas no le temblaran, pisó el terreno de jue go entre vítores y aplausos.
La señora Hooch hacía de árbitro. Estaba en el centro del campo, esperando a los dos equipos, con su escoba en la mano.
—Bien, quiero un partido limpio y sin problemas, por parte de todos —dijo cuando estuvieron reunidos a su alre dedor.
Harry notó que parecía dirigirse especialmente al capi tán de Slytherin,
- Por supuesto, los Slytherins siempre juegan sucio – dijo Godric.
- Eso es porque somos más listos que vosotros – le respondió Salazar.
Marcus Flint, un muchacho de quinto año. Le pareció que tenía un cierto parentesco con el trol gigante.
- Esa ha debido ser la descripción más acertada de todas las que hemos leído – dijo George.
Con el rabillo del ojo, vio el estandarte brillando sobre la muchedumbre: «Potter; presidente». Se le aceleró el corazón. Se sintió más valiente.
—Montad en vuestras escobas, por favor.
Harry subió a su Nimbus 2.000.
La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata. Quince escobas se elevaron, alto, muy alto en el aire. Y es taban muy lejos.
—Y la quaffle es atrapada de inmediato por Angelina Johnson de Gryffindor... Qué excelente cazadora es esta jo ven y, a propósito, también es muy guapa...
—¡JORDAN!
- No se enfade profesora, parece un buen comentarista. – Dijo Remus.
- Me recuerda a alguien – añadió Lily mirando al licántropo que sonreía.
—Lo siento, profesora.
El amigo de los gemelos Weasley, Lee Jordan, era el co mentarista del partido, vigilado muy de cerca por la profeso ra McGonagall.
—Y realmente golpea bien, un buen pase a Alicia Spin net, el gran descubrimiento de Oliver Wood, ya que el año pasa do estaba en reserva... Otra vez Johnson y.. No, Slytherin ha cogido la quaffle, el capitán de Slytherin, Marcus Flint se apodera de la quaffle y allá va... Flint vuela como un águila... está a punto de... no, lo detiene una excelente jugada del guardián Wood de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle... Aquí está la cazadora Katie Bell de Gryffindor; buen vuelo rodeando a Flint, vuelve a elevarse del terreno de juego y.. ¡Aaayyyy!, eso ha tenido que dolerle, un golpe de bludger en la nuca... La quaffle en poder de Slytherin... Adrian Pucey co giendo velocidad hacia los postes de gol, pero lo bloquea otra bludger, enviada por Fred o George Weasley, no sé cuál de los dos... bonita jugada del golpeador de Gryffindor, y Johnson otra vez en posesión de la quaffle, el campo libre y allá va, realmente vuela, evita una bludger, los postes de gol están ahí... vamos, ahora Angelina... el guardián Bletchley se lan za... no llega... ¡GOL DE GRYFFINDOR!
- ¡SII! Gry Gry Gryffindor – celebraban los miembros de esta casa mientras los pocos miembros de Slytherin fruncían el ceño y los demás sonreían ante el ánimo de sus compañeros.
Los gritos de los de Gryffindor llenaron el aire frío, junto con los silbidos y quejidos de Slytherin.
Algo parecido pasaba en la sala.
—Venga, dejadme sitio.
—¡Hagrid!
Ron y Hermione se juntaron para dejarle espacio a Hagrid.
- Por supuesto que estaría para ver el primer partido de Harry – sonrió Hagrid.
—Estaba mirando desde mi cabaña —dijo Hagrid, ense ñando el largo par de binoculares que le colgaban del cue llo—. Pero no es lo mismo que estar con toda la gente. Toda vía no hay señales de la snitch, ¿no?
—No —dijo Ron—. Harry todavía no tiene mucho que hacer.
- ¿Qué tal alejarse de las bludgers? – propuso Lily.
—Mantenerse fuera de los problemas ya es algo —dijo Hagrid, cogiendo sus binoculares y fijándolos en la manchita que era Harry.
Por encima de ellos, Harry volaba sobre el juego, espe rando alguna señal de la snitch. Eso era parte del plan que tenían con Wood.
—Manténte apartado hasta que veas la snitch —le ha bía dicho Wood—. No queremos que ataques antes de que tengas que hacerlo.
- Es un buen plan así el otro equipo no sabe de tus habilidades antes de tiempo… - empezó James en modo capitán, Charlie que también estaba en modo capitán iba a comentar algo pero una mirada de McGonnagal sirvió para que ambos se callaran.
Cuando Angelina anotó un punto, Harry dio unas volte retas para aflojar la tensión, y volvió a vigilar la llegada de la snitch. En un momento vio un resplandor dorado, pero era el reflejo del reloj de uno de los gemelos Weasley;
- ¿Cómo se os ocurre llevar un reloj y encima dorado? – les regañó Charlie.
- ¿Sirve si digo que era para distraer al otro buscador? – intentó escabullirse Fred.
en otro, una bludger decidió perseguirlo, como si fuera una bala de cañón, pero Harry la esquivó y Fred Weasley salió a atraparla.
—¿Está todo bien, Harry? —tuvo tiempo de gritarle, mientras lanzaba la bludger con furia hacia Marcus Flint.
- ¿Le diste? – preguntó Sirius curioso.
- En todo el estomago – asintió Fred orgulloso mientras chocaba los cinco con su hermano.
—Slytherin toma posesión —decía Lee Jordan—. El ca zador Pucey esquiva dos bludgers, a los dos Weasley y al caza dor Bell, y acelera... esperen un momento... ¿No es la snitch?
- ¿La snich? ¿Dónde?
Un murmullo recorrió la multitud, mientras Adrian Pu cey dejaba caer la quaffle,
- Idiota – dijeron a la vez James y Charlie.
demasiado ocupado en mirar por encima del hombro el relámpago dorado, que había pasado al lado de su oreja izquierda.
Harry la vio. En un arrebato de excitación se lanzó hacia abajo, detrás del destello dorado.
- Vamos Harry – le animaron todos los gryffindor.
El buscador de Slytherin, Terence Higgs, también la había visto. Nariz con nariz, se lanzaron hacia la snitch... Todos los cazadores parecían ha ber olvidado lo que debían hacer y estaban suspendidos en el aire para mirar.
Harry era más veloz que Higgs. Podía ver la pequeña pe lota, agitando sus alas, volando hacia delante. Aumentó su velocidad y..
- ¡Sí! – gritó Sirius antes de tiempo.
¡PUM! Un rugido de furia resonó desde los Gryffindors de las tribunas... Marcus Flint había cerrado el paso de Harry, para desviarle la dirección de la escoba, y éste se aferra ba para no caer.
- ¡No! – gritaron esta vez todos, menos Snape y Salazar que aprobaban esa estrategia para evitar perder.
- Maldito idiota – gritó James. – Ha sido falta intencionada.
- Se merece una tarjeta roja – dijo el padre de Hermione, por lo que varios le miraron raro mientras los que sabían que era asentían de acuerdo y se reían de las caras de los demás.
- ¿Qué es una tarjeta roja? – preguntó interesada Rowena.
- Forma parte de un deporte muggle, significa que estas expulsado después de cometer una falta normalmente grave. – explicó Hermione.
- Pues tiene razón se merece la cosa roja – dijo Godric haciendo un puchero por que su equipo no hubiera ganado en ese momento.
—¡Falta! —gritaron los Gryffindors.
La señora Hooch le gritó enfadada a Flint, y luego orde nó tiro libre para Gryffindor; en el poste de gol. Pero con toda la confusión, la snitch dorada, como era de esperar, había vuelto a desaparecer.
Abajo en las tribunas, Dean Thomas gritaba.
—¡Eh, árbitro! ¡Tarjeta roja!
- Fíjate ese chico piensa como yo – dijo Jack.
—Esto no es el fútbol, Dean —le recordó Ron—. No se puede echar a los jugadores en quidditch... ¿Y qué es una tar jeta roja?
- Habría que implantar algo así – dijo Sirius – solo para los partidos con Slytherin que son unos tramposos.
Pero Hagrid estaba de parte de Dean.
—Deberían cambiar las reglas. Flint ha podido derribar a Harry en el aire.
A Lee Jordan le costaba ser imparcial.
- Y a quien no – dijo Remus.
—Entonces... después de esta obvia y desagradable trampa...
—¡Jordan! —lo regañó la profesora McGonagall.
- No le regañe, sabe que tiene razón – le dijo Frank a la profesora, la cual se veía bastante enfadada por lo que había pasado.
—Quiero decir, después de esta evidente y asquerosa falta...
—¡Jordan, no digas que no te aviso...!
- Ya sé que es verdad, pero el comentarista no puede hacer esa clase de comentarios – se defendió McGonnagal.
—Muy bien, muy bien. Flint casi mata al buscador de Gryffindor,
- Un buen resumen – dijo Sirius – claro y conciso.
cosa que le podría suceder a cualquiera,
- Por supuesto – dijo Lily (nótese el sarcasmo).
estoy se guro, así que penalti para Gryffindor; la coge Spinnet, que tira, no sucede nada, y continúa el juego, Gryffindor todavía en posesión de la pelota.
Cuando Harry esquivó otra bludger, que pasó peligrosa mente cerca de su cabeza, ocurrió. Su escoba dio una súbita y aterradora sacudida.
- ¿Qué qué? – preguntaron varios – no hagas bromas, no tiene gracia. – Dijo Lily mirando a Angy con el ceño fruncido.
- Es lo que pone – se defendió Angy.
Durante un segundo pensó que iba a caer. Se aferró con fuerza a la escoba con ambas manos y con las rodillas. Nunca había experimentado nada semejante.
Sucedió de nuevo. Era como si la escoba intentara derri barlo.
- Eso es algo que no sucede todos los días – comentó Moody – deben de haberla hechizado.
Pero las Nimbus 2.000 no decidían súbitamente tirar a sus jinetes.
- ¡Las escobas se rebelan! Debemos estar preparados para cualquier cosa – gritó Fred en tono apocalíptico.
Harry trató de dirigirse hacia los postes de Gryffindor para decirle a Wood que pidiera una suspensión del partido, y entonces se dio cuenta de que su escoba estaba completamente fuera de control. No podía dar la vuelta. No podía dirigirla de ninguna manera. Iba en zigzag por el aire y, de vez en cuando, daba violentas sacudidas que casi lo ha cían caer.
- ¿Es que no va a haber ningún capitulo tranquilo? – se lamentó Lily.
Lee seguía comentando el partido.
- ¿Nadie se dio cuenta? – preguntó Remus, todos los que habían estado en ese partido negaron.
- Al principio no – añadió George.
—Slytherin en posesión... Flint con la quaffle... la pasa a Spinnet, que la pasa a Bell... una bludger le da con fuerza en la cara, espero que le rompa la nariz (era una broma, profeso ra), Slytherin anota un tanto, oh, no...
Salazar y Severus sonrieron burlonamente hacia los Gryffindor.
Los de Slytherin vitoreaban. Nadie parecía haberse dado cuenta de la conducta extraña de la escoba de Harry Lo lle vaba cada vez más alto, lejos del juego, sacudiéndose y retor ciéndose.
—No sé qué está haciendo Harry —murmuró Hagrid. Miró con los binoculares—. Si no lo conociera bien, diría que ha perdido el control de su escoba... pero no puede ser...
- Por fin alguien se da cuenta!
De pronto, la gente comenzó a señalar hacia Harry por encima de las gradas. Su escoba había comenzado a dar vuel tas y él apenas podía sujetarse. Entonces la multitud jadeó. La escoba de Harry dio un salto feroz y Harry quedó colgan do, sujeto sólo con una mano.
- ¡Oh no!
- ¿Cómo de alto estaba? – pregunto alguien pero nadie hizo caso.
—¿Le sucedió algo cuando Flint le cerró el paso? —susu rró Seamus.
—No puede ser —dijo Hagrid, con voz temblorosa—. Nada puede interferir en una escoba, excepto la poderosa magia tenebrosa... Ningún chico le puede hacer eso a una Nimbus 2.000.
- Flint es demasiado tonto para eso – dijo Fred.
Ante esas palabras, Hermione cogió los binoculares de Hagrid, pero en lugar de enfocar a Harry comenzó a buscar frenéticamente entre la multitud.
- Alguien esta gafando la escoba – asintió Moody.
—¿Qué haces? —gimió Ron, con el rostro grisáceo.
—Lo sabía —resopló Hermione—. Snape... Mira.
Ron cogió los binoculares. Snape estaba en el centro de las tribunas frente a ellos. Tenía los ojos clavados en Harry y murmuraba algo sin detenerse.
- ¡Snape! – gritaron enfadados los merodeadores y Lily, entre Remus y Harry tuvieron que detener a James antes de que se abalanzara sobre Snape.
—Está haciendo algo... Mal de ojo a la escoba —dijo Her mione.
—¿Qué podemos hacer?
—Déjamelo a mí.
- Hermione al rescate – dijo Alex.
- La primera vez de muchas – añadió Harry sonriéndole a su amiga.
Antes de que Ron pudiera decir nada más, Hermione había desaparecido. Ron volvió a enfocar a Harry. La escoba vibraba tanto que era casi imposible que pudiera seguir col gado durante mucho más tiempo. Todos miraban aterroriza dos, mientras los Weasley volaban hacía él, tratando de po ner a salvo a Harry en una de las escobas.
- Bien hecho, chicos – les felicitaron sus padres.
Pero aquello fue peor: cada vez que se le acercaban, la escoba saltaba más alto.
- Mierda – dijo Sirius mientras fulminaba con la mirada a Snape.
Se dejaron caer y comenzaron a volar en círculos, con el evidente propósito de atraparlo si caía. Marcus Flint cogió la quaffle y marcó cinco tantos sin que nadie lo advirtiera.
- ¡Tramposo! – gritaron todos menos los Slytherin, aunque al fundador de la casa no parecía gustarle del todo ese método.
—Vamos, Hermione —murmuraba desesperado Ron.
Hermione había cruzado las gradas hacia donde se en contraba Snape y en aquel momento corría por la fila de aba jo. Ni se detuvo para disculparse cuando atropelló al profesor Quirrell
La mayoría no le dio importancia a este hecho pero a algunos les pareció raro que mencionaran al profesor cuando no tenía nada que ver con lo que pasaba y empezaba a formarse la sospecha en su mente de que ahí pasaba algo más.
y, cuando llegó donde estaba Snape, se agachó, sacó su varita y susurró unas pocas y bien elegidas palabras.
Unas llamas azules salieron de su varita y saltaron a la túnica de Snape.
- Genial – felicitaron los bromistas.
El profesor tardó unos treinta segundos en darse cuenta de que se incendiaba. Un súbito aullido le indi có a la chica que había hecho su trabajo. Atrajo el fuego, lo guardó en un frasco dentro de su bolsillo y se alejó gateando por la tribuna. Snape nunca sabría lo que le había sucedido.
En ese momento el Snape de la sala, que estaba siendo fulminado con la mirada por los merodeadores, fulminaba con la mirada a Hermione.
- Tenemos que probar eso – le susurró Sirius a James, Remus y sus hijos.
- Creo que se me ocurre un plan pero tendremos que esperar a que hagamos una pausa en la lectura.
Fue suficiente. Allí arriba, súbitamente, Harry pudo su bir de nuevo a su escoba.
- Voy a matar a ese murciélago – susurró James.
El trío y los nuevos merodeadores intercambiaron miradas pensando en el verdadero culpable de todo.
—¡Neville, ya puedes mirar! —dijo Ron. Neville había estado llorando dentro de la chaqueta de Hagrid aquellos úl timos cinco minutos.
Alice abrazó a su hijo que intentaba esconder su sonrojo.
Harry iba a toda velocidad hacia el terreno de juego cuando vieron que se llevaba la mano a la boca, como si fuera a marearse. Tosió y algo dorado cayó en su mano.
- No, no puede ser – gritó James para luego empezar a reírse – eso es tan épico.
—¡Tengo la snitch! —gritó, agitándola sobre su cabeza; el partido terminó en una confusión total.
- ¡Eso ha sido genial! – gritaron.
- Épico.
- Como me gustaría haberlo visto.
- Fue impresionante, te lo aseguro, pensamos que iba a vomitar en medio del campo después de tanta vuelta pero resulta que escupió la snich y ganamos el partido. Fue un poco surrealista.
- Es que Gryffindor es la mejor casa – Gritó James - ¡Somos los mejores! – Gritaron todos riendo.
- Si seguro – dijo Salazar sarcástico.
- ¿Celoso, Salazar? – contestó Godric.
- ¿Si tan buenos sois podríais ganar un partido contra las otras tres casas? – preguntó él sonriendo.
- Pues claro – contestaron los merodeadores y Godric muy seguros.
- De acuerdo, cuando terminemos el capitulo haremos un descanso y organizaremos un partido entre un equipo de Gryffindor y otro formado por el resto de casas – sentenció Dumbledore.
—No es que la haya atrapado, es que casi se la traga —to davía gritaba Flint veinte minutos más tarde.
- Vaya un mal perdedor – se rio Sirius – en tu cara idiota.
- Sirius ¿que habíamos dicho sobre insultar al libro? – le preguntó Remus a lo que Sirius respondió sacándole la lengua.
Pero aque llo no cambió nada. Harry no había faltado a ninguna regla y Lee Jordan seguía proclamando alegremente el resultado. Gryffindor había ganado por ciento setenta puntos a sesen ta. Pero Harry no oía nada. Tomaba una taza de té fuerte, en la cabaña de Hagrid, con Ron y Hermione.
Hagrid le sonrió al trió.
—Era Snape —explicaba Ron—. Hermione y yo lo vi mos. Estaba maldiciendo tu escoba. Murmuraba y no te qui taba los ojos de encima.
—Tonterías —dijo Hagrid, que no había oído una pala bra de lo que había sucedido—. ¿Por qué iba a hacer algo así Snape?
- A mí se me ocurren varias razones – dijo Sirius – como ser un idiota, un amargado, odiar a todo el mundo sobre todo a nosotros…
Harry, Ron y Hermione se miraron, preguntándose qué le iban a decir. Harry decidió contarle la verdad.
—Descubrimos algo sobre él —dijo a Hagrid—. Trató de pasar ante ese perro de tres cabezas, en Halloween. Y el pe rro lo mordió. Nosotros pensamos que trataba de robar lo que ese perro está guardando.
Hagrid dejó caer la tetera.
—¿Qué sabéis de Fluffy? —dijo.
- ¿Fluffy?
- ¿El perro gigante tiene nombre?
—¿Fluffy?
—Ajá... Es mío... Se lo compré a un griego que conocí en el bar el año pasado...
- ¿Tienes un perro gigante con tres cabezas como mascota? – preguntaron y regañaron a la vez a Hagrid
y se lo presté a Dumbledore para guardar...
- Mal movimiento, son demasiado curiosos para pasar eso por alto. – comentó Remus
—¿Sí? —dijo Harry con nerviosismo.
—Bueno, no me preguntéis más —dijo con rudeza Ha grid—. Es un secreto.
- No creo que eso vaya a detenerles – señaló Tonks
—Pero Snape trató de robarlo.
—Tonterías —repitió Hagrid—. Snape es un profesor de Hogwarts, nunca haría algo así.
- No sería lo peor que hemos visto hacer a un profesor – murmuró Harry.
- Tienes razón, las clases de Lockhart deberían ser consideradas un crimen – murmuró Ron en respuesta.
—Entonces ¿por qué trató de matar a Harry? —gritó Hermione.
Los acontecimientos de aquel día parecían haber cam biado su idea sobre Snape.
- ¿Has tardado casi dos meses en darte cuenta de que es malvado? – preguntó Sirius incrédulo.
—Yo conozco un maleficio cuando lo veo, Hagrid. Lo he leído todo sobre ellos. ¡Hay que mantener la vista fija y Sna pe ni pestañeaba, yo lo vi!
—Os digo que estáis equivocados —dijo ofuscado Ha grid—. No sé por qué la escoba de Harry reaccionó de esa ma nera. .. ¡Pero Snape no iba a tratar de matar a un alumno! Ahora, escuchadme los tres, os estáis metiendo en cosas que no os conciernen y eso es peligroso. Olvidaos de ese perro y ol vidad lo que está vigilando. En eso sólo tienen un papel el profesor Dumbledore y Nicolás Flamel...
- No deberías haber dicho eso – dijo Tonks – ahora les has dado una pista por dónde empezar a buscar – añadió con una sonrisa.
—¡Ah! —dijo Harry—. Entonces hay alguien llamado Nicolás Flamel que está involucrado en esto, ¿no?
Hagrid pareció enfurecerse consigo mismo.
- Aquí acaba el capitulo – anuncio Angy – vamos a jugar ese partido de quidditch.
En ese momento aparecieron dos puertas nuevas una roja y dorada con un león pintado y otra pintada con los escudos de las otras tres casas.
- Bien cada uno con su casa y a planear la estrategia para el partido – dijo Dumbledore – en dos horas comeremos, cada equipo tiene ese tiempo para planear.
