Y así, mientras Eden y Haruto se enzarzan en una ardiente y sangrienta batalla, Yuna se enfrenta a Houwang, la derrota del Martian significará una venganza por el sacrificio de Spear. Kouga, mientras tanto, sigue avanzando por las sinuosas escaleras de Babel.
Capítulo veinticinco
Cesa la lluvia
– Espero que todos estén bien, todos han estado luchando para que pueda llegar hasta aquí… Yo necesito hacer mi parte, ¡rescataré a la señorita Saori así me cueste la vida!
Kouga se hallaba en los pisos finales de Babel, los escalones eran apenas posibles de caminar, y el fuerte viento rompía de vez en cuando algunas secciones, el Pegaso avanzaba sin miedo, Yuna le enseñó que el miedo lo mataría antes de llegar al suelo, y él siempre fue un joven de hacer mucho caso, principalmente si su cabeza estaba en juego.
– Aquí… ¿Es el final?
Había llegado hasta lo que parecía ser la cima de Babel, aunque cada sección de la torre era más pequeña que la anterior, esta última no dejaba de ser bastante grande, probablemente de unos diez metros de diámetro, Kouga dio un paso en ella, y empezó a sentirse extraño, el aire estaba demasiado pesado, y le hacía doler respirar frecuentemente, mientras subían, Yuna le habló sobre la hiperventilación, que debía guardar el aire, no soltarlo al instante, si no, se desmayaría en segundos, pero hacer esto cada vez costaba más y más.
– Esa… ¡Esa es la luz! – Kouga vio como esos halos coloridos rodeaban el centro de la plataforma, se dirigió como pudo hacia ellos.
Apenas estuvo cerca, estos se alejaron de nuevo, salieron del círculo del último nivel, y se elevó al cielo, perdiéndose entre las nubes oscuras.
– ¿Qué…? ¿Acaso está en el cielo…? ¿Pero cómo voy a…?
Lu…z
N… veo… ¿dónd…?
¡Luz…!
– ¡Esa voz otra vez! – Miró hacia donde quisiese, pero no halló a nadie que pudiera hablarle, parecía solo estar dentro de su cabeza. – ¿Decía algo de luz, no? Quizás, necesite elevar mi Cosmos, la señorita Shaina me dijo que el Cosmos brilla con la luz de los milagros, o una cursilería así, pero si eso sirve para traer a la señorita Saori de vuelta…
Kouga se intentó parar firme, contuvo el aire, y sin soltarlo, expandía toda la energía por su cuerpo, al poco tiempo estaba bañado en un Cosmos celestial, que cada vez se alzaba más.
– Esa luz se fue hacia el cielo, entonces… ¡Aquí voy!
Dirigió su puño en dirección a donde la esfera de colores se había perdido, lanzó un gran rayo de Cosmos, que se extinguió entre las nubes rápidamente. Kouga estaba agotado por luchar contra Martians, ese fue lo máximo de Cosmos que podía usar sin tener que arriesgar su propia vida.
– No paso nada… ¿No habrá sido suficiente…? – Se preguntó, cabizbajo, confundido, y frustrado. – Entonces…
Kouga recordaba una de las tantas explicaciones que Shaina solía darle, y una la recordó en específico.
– La Señorita Shaina me enseñó que existe un Cosmos vital, que es mucho más fuerte que el Cosmos externo. El Cosmos externo toma energía del universo y que nos rodea, en cambio, el vital toma poder de nuestra propia vida, del Cosmos que nace junto con nosotros y crece junto a nosotros. Si lo uso, quizás muera, o pierda algún sentido, pero...
Se paró una vez más, miró al cielo nublado, cada nube cubría el lugar con oscuridad, pero sabía que detrás lo esperaba Saori, y no había obstáculo que debiera impedirle, antes que ser Kouga, de Saori Kido, es Santo, de Athena, y su vida no podía valer más que la de su diosa.
– Aún si no vivo más… ¡Athena tiene que volver a la Tierra, sin importar qué! ¡Mire, Señorita Saori, esta es toda mi fuerza!
La energía interior de Kouga se expandía hacia todos los rincones de su cuerpo, en el exterior casi no podía verse, solo una línea de aura celeste, pero intensa, no intermitente, y más brillante que a cómo lo usaba siempre. El corazón se le aceleró como nunca, latía tanto y tan rápido que estaba por salirle del pecho. Su ClothStone tomaba un fulgor deslumbrante a la vez.
¡AQUÍ VA!
Las nubes rugieron, un haz de luz aparecieron entre las pequeñas aperturas que se abrían, los rayos dorados tocaron la piel de Kouga, se sentían muy cálidos, y reconfortantes, a la vez que imposibles, pues aún era de noche, el sol no podía abrirse paso entre el manto nuboso. Las aberturas se extendieron en manera circular, hasta hacer un orificio en el cielo, por donde entraba un radiante resplandor de colores dorados y blancos. Unos haces giratorios de Cosmos avanzaban hasta Kouga, a su paso, se formaban escalones de color oro, eran grandes, irregulares, preciosos, y llevaban hasta la apertura en el cielo.
– ¿Acaso…? ¿Con esto podré ir donde está Saori…? – Dio el primer paso en el escalón, una nueva visión le cruzó por la mente.
¡Ven, ven!
¡Por favor…!
Lo mismo de varias veces, esa pequeña persona en medio de un lago, pero esta vez cambiaba algo, una dulce melodía se escuchaba, parecía ser tocada por el mismísimo Orfeo, el músico de los infiernos, agraciado por el dios Apolo, dueño del alba, y de las artes líricas, que hizo de entrega al bello Orfeo el don de manipular la lira sin par en todo el mundo, tanto que incluso conmovió el corazón congelado de Hades, Rey del Inframundo. Kouga sentía lagrimear al oír los bellos sonidos, divinos, celestiales, imposibles de producir por un humano normal, le provocaba una emoción de éxtasis y emoción incomparable, la respiración se le agitaba, aunque no sufrió de hiperventilación, la canción apaciguaba todo dolor.
– Santo Cielo… – Dijo cuando de golpe la visión se esfumó, y solo tenía en frente a los escalones de oro. – Eso… Fue… – Respiraba muy hondo y profundo, lanzó una exhalación final. – Athena me ha enviado estos escalones para ir a su lado, ¡no pienso defraudarla, allí voy, Señorita Saori!
[…]
– ¡No hables de Athena así! ¡Te haré tragar esa blasfemia, Houwang!
– ¡Ha! ¡Veamos cómo lo intentas!
La pierna chocó instantáneamente contra el bastón, el impacto quedó en el aire, resonando en los oídos, Yuna tomó ventaja de su pose y lanzó una segunda patada dirigida al pecho, Houwang dio un paso hacia atrás, evadiéndola con éxito, luego daba un salto muy pequeño en el lugar, eludiendo una patada baja, y cuando estaba a punto de recibir el golpe en la cadera, la torció acrobáticamente hacia atrás, y de una pirueta se recompuso varios escalones arribas.
– Su dominio corporal es… ¡Es increíble! ¡No puedo siquiera sorprenderlo!
– ¡Ahora le toca al Rey!
Houwang tomó el bastón con ambas manos, y lo extendió para asestar un golpe seco en el estómago de Yuna, pero ella también poseía un gran dominio de su cuerpo, lo esquivo con facilidad girando la cadera, luego contraatacando con una veloz patada izquierda al abdomen, el golpe conectó contra el Martian, pero no dio ni un solo gesto de dolor más que un ligero temblor de dedos y rechinar de dientes. Retomó control de su bastón, y lo movió hacia arriba, golpeando una axila de la Santo, esta halló allí su oportunidad para tenerlo atrapado, sujetó el arma con ambas manos, Houwang forcejeaba para retirarlo de allí, intentaba jalando, o girándolo, pero ninguna resultaba, el Águila lo tenía atrapado como si fuese su presa.
– ¡Bleh! ¡Eso es nada!
Jianshao!
(¡Reducción!)
A su orden, el bastón de Houwang se redujo de tamaño hasta ser una pequeña varita, Yuna estaba simplemente agarrando el aire. El Martian recuperó su arma, y la devolvió a su tamaño original, la Santo quedó algo sorprendida al ver una habilidad tan inesperada, pero bien había aprendido de su maestra a ser fría y calmada, sin importar qué tan difícil una batalla se torne.
El ritmo de la batalla se apagó por elección de Yuna, quedó en una posición muy inusual, con los brazos en alto, uno cerca del mentón, y otro recorriendo su cintura y muslo, los pies los tenía de punta, balanceándose de un lado a otro.
– ¿Eh…? – Se confundió el Martian. – ¿Y eso qué se supone que es, tu baile del perdón? – Yuna no dio respuesta, tenía una mirada muy seria y atenta, no se desviaban en la menor distracción. – … ¡Ah, eres irritante, niña! – Molesto, Houwang dio un abierto golpe lateral con su bastón a las costillas de Yuna, o eso sería si Yuna estuviese ahí.
Dos imágenes vio el Rey Mono, la primera, fue Yuna sosteniéndose de cabeza solo con sus manos sobre el bastón, con las piernas en el aire, rectas. La segunda fue ver como la bota verde claro descendía sobre su nariz. Luego, las luces se apagaron.
La sangre que manaba de su frente era caliente, tanto como su creciente furia, los ojos verdes abrían puertas a su confrontada consciencia, que se debatía en lo que aún era lógico y razonable, y lo salvaje, lo animal, la locura.
No emitió sonido alguno, pero si le enseñó sus dientes que temblaban en la mandíbula, la respiración agitada, rápida, a punto de estallar. Chasqueó sus dedos, el bastón que había caído al suelo regresó a sus manos, Yuna, en tanto, mantenía su pose analítica, detenida, calmada.
Ru Yi Bang!
Wuxian Yinying!
(¡Ru Yi Bang!
¡Sombras Infinitas!)
La velocidad entre las palabras y los movimientos fue imposible de determinar, Yuna no pudo ver ni un solo movimiento de las muñecas del Martian, Houwang movía de adelante hacia atrás a sus músculos de maneras que ninguna persona podría, sus brazos deberían caerse del esfuerzo, pero no era así, cada pequeño movimiento con sus dedos significaba un duro impacto en el cuerpo de Yuna, quien en un momento ya se sentía desmayar, pero cada golpe la despertaba una vez más, las piernas querían encontrar un suelo que Houwang les impedía hallar. Los golpes en el pecho le cerraban el aire y casi que le paraban el corazón, en la garganta le atragantaban el aire y dolía mover la boca, cada uno en el rostro le sacudía la cabeza, a punto de dejarla inconsciente, pero el martirio que le hacía sentir en el resto del cuerpo era brutal, incluso tenía ganas de vomitar cuando sentía como el duro bastón chocaba contra las paredes de su estómago, pero, nuevamente, la garganta se le volvía a cerrar, y solo se le escapaban escupitajos de sangre y saliva.
Justo cuando sintió que la muerte era la única que la sostenía en sus pies, el ataque paró.
Aún la dureza de los ángulos de los escalones, parecían suaves cual almohada de plumas, ya no sentía prácticamente nada, más que el asqueroso sabor de su propia sangre, entremezclado en las mugrientas puntas de su cabello rubio.
– Ahora… – Houwang colocó un pie sobre su cabeza, mientras apuntaba sobre el cuello de Yuna con el bastón. Elevó el Ru Yi Bang, con toda intención de dar el golpe que terminaría con todo.
¡NO!
La voz retumbó en sus oídos, casi que lo ensordeció, la reconoció al instante, de quién era, así como que quería decir con ello, miró al cielo para confirmar, de alguna manera, si lo que oía era verdad. La lluvia estaba cesando, las gotas ya no caían tan frecuentemente, y poco a poco, el agua enviada de los cielos se detuvo.
– Ya veo… – Miró de refilón a Yuna. – Así que el Señor Mars los necesita vivos… Eh, me pregunto por qué, pero no soy quien para cuestionar… Supongo que daré mi retirada ahora mismo. – Reflexionaba en voz alta. – Santo, hoy tu vida ha sido salvada por el misericordioso Señor Mars, pero no creas que habrá una segunda vez… La próxima quizás pierdas más que los hijos. – Se echó una maliciosa carcajada, que parecía no terminar más, miró alrededor una vez más, y finalmente desapareció de la destrozada mirada de Yuna.
A… Athena…
