- Ya era hora – grito Sirius – parece que por fin vais a descubrir quién es.
Dumbledore había convencido a Harry de que no buscara otra vez el espejo de Oesed, y durante el resto de las vacacio nes de Navidad la capa invisible permaneció doblada en el fondo de su baúl.
- Me parece perfecto que no vuelvas a buscar el espejo – empezó James – pero mi preciosa capa no merece eso, tiene que ser libre.
Harry deseaba poder olvidar lo que había visto en el espejo, pero no pudo. Comenzó a tener pesadillas. Una y otra vez, soñaba que sus padres desaparecían en un rayo de luz verde, mientras una voz aguda se reía.
Todos se estremecieron al escuchar eso.
—¿Te das cuenta? Dumbledore tenía razón. Ese espejo te puede volver loco —dijo Ron, cuando Harry le contó sus sueños.
Hermione, que volvió el día anterior al comienzo de las clases, consideró las cosas de otra manera. Estaba dividida entre el horror de la idea de Harry vagando por el colegio tres noches seguidas (« ¡Si Filch te hubiera atrapado!») y desilu sionada porque finalmente no hubieran descubierto quién era Nicolás Flamel.
- Si es que Hermione no estás contenta con nada.
- ¿Y si hubieran vagado tres noches seguidas por el castillo pero también descubierto quien era Flamel?
- Probablemente estaría encantada por eso aunque seguro que les habría regañado un poco por merodear por el castillo – contestó ella.
Ya casi habían abandonado la esperanza de descubrir a Flamel en un libro de la biblioteca, aunque Harry estaba seguro de haber leído el nombre en algún lado.
- ¿Si no lo has leído en un libro, donde puedes haberlo leído? – preguntó James.
- Ni idea – contestó Sirius – lo único que yo leo son los cromos de las ranas de chocolate.
El trío dorado comenzó a reírse por lo bajo.
Cuando em pezaron las clases, volvieron a buscar en los libros durante diez minutos durante los recreos. Harry tenía menos tiempo que ellos, porque los entrenamientos de quidditch habían co menzado también.
Wood los hacía trabajar más duramente que nunca. Ni siquiera la lluvia constante que había reemplazado a la nie ve podía doblegar su ánimo.
- Si jugáis así vais a acabar poniéndoos malos – regañaron Lily y Molly.
- Pero Pelirroja es importante practicar con todos los climas para estar preparado para todo. – explicó James a lo que su novia respondió poniendo los ojos en blanco.
Los Weasley se quejaban de que Wood se había convertido en un fanático, pero Harry esta ba de acuerdo con Wood.
- Está claro que salió a ti James – comentó Sirius haciendo una mueca mientras recordaba alguno de los entrenamientos del equipo.
Si ganaban el próximo partido contra Hufflepuff, podrían alcanzar a Slytherin en el campeo nato de las casas, por primera vez en siete años.
- Todavía no puedo creer que llevemos siete años sin machacar a Slytherin.
Además de que deseaba ganar; Harry descubrió que tenía menos pesadi llas cuando estaba cansado por el ejercicio.
- Eso explica muchas cosas – dijeron Ron, Hermione y Neville, aunque no dieron más detalles de lo que estaban pensando.
Entonces, durante un entrenamiento en un día especial mente húmedo y lleno de barro, Wood les dio una mala noti cia. Se había enfadado mucho con los Weasley, que se tiraban en picado y fingían caerse de las escobas.
James les miró entrecerrando los ojos.
- Los entrenamientos de quidditch hay que tomárselos en serio.
—¡Dejad de hacer tonterías! —gritó—. ¡Ésas son exacta mente las cosas que nos harán perder el partido! ¡Esta vez el árbitro será Snape, y buscará cualquier excusa para quitar puntos a Gryffindor!
- ¡Que! – gritaron varios horrorizados.
- Quejicus no puede ser el árbitro – se quejó Sirius – es la persona menos imparcial que alguna vez ha pisado la tierra.
- Como si tú fueras a ser imparcial – le respondió Snape con desprecio.
- Por eso la profesora McGonnagal nunca en su sano juicio me dejaría ser arbitro de quidditch – la profesora asintió dándole la razón.
George Weasley, al oír esas palabras, casi se cayó de ver dad de su escoba.
- Weasley no es un buen momento para lesionarse, el equipo necesita a los dos golpeadores en estos momentos tan duros.
—¿Snape va a ser el árbitro? —Escupió un puñado de barro—. ¿Cuándo ha sido árbitro en un partido de quid ditch? No será imparcial, si nosotros podemos sobrepasar a Slytherin.
El resto del equipo se acercó a George para quejarse.
—No es culpa mía —dijo Wood—. Lo que tenemos que hacer es estar seguros de jugar limpio, así no le daremos ex cusa a Snape para marcarnos faltas.
- No creo que eso vaya a detener a Snape de marcaros faltas – dijo Remus – pero es un buen plan, si lo hace puede que perdáis el partido pero McGonnagal tendrá su venganza. – Snape se estremeció mirando a su profesora que tenia la mirada severa que hacía temblar a sus alumnos.
Todo aquello estaba muy bien, pensó Harry; pero él tenía otra razón para no querer estar cerca de Snape mientras ju gaba a quidditch.
- en realidad es probable que tuviera más difícil lo de maldecirte mientras esta arbitrando, tendrá que estar atento al partido por lo menos para aparentar. – Añadió Remus.
Los demás jugadores se quedaron, como siempre, para charlar entre ellos al finalizar el entrenamiento, pero Harry se dirigió directamente a la sala común de Gryffindor; donde encontró a Ron y Hermione jugando al ajedrez. El ajedrez era la única cosa a la que Hermione había perdido, algo que Harry y Ron consideraban muy beneficioso para ella.
Hermione les miró mal, mientras ellos asentían dándole la razón a sus yos pasados.
—No me hables durante un momento —dijo Ron, cuan do Harry se sentó al lado—. Necesito concen... —vio el rostro de Harry—. ¿Qué te sucede? Tienes una cara terrible.
- Has hecho que Ron se distraiga del ajedrez – dijo Bill
- Tu cara realmente debía de ser un poema – añadió Charlie.
En tono bajo, para que nadie más los oyera, Harry les ex plicó el súbito y siniestro deseo de Snape de ser árbitro de quidditch.
—No juegues —dijo de inmediato Hermione.
- Imposible – dijo James – te prohíbo perderte partidos de quidditch a menos que sea por una gran causa, como por ejemplo el fin del mundo.
—Diles que estás enfermo —añadió Ron.
- Estarás castigado – le aseguró James.
—Finge que se te ha roto una pierna —sugirió Hermione.
- Te desheredo.
Lily se hartó y le dio una colleja a su novio.
—Rómpete una pierna de verdad —dijo Ron.
- ¡Ron! – le regañó su madre – no le des esas ideas.
- De todas formas la señora Pomfrey le tendría arreglado en un momento.
—No puedo —dijo Harry—. No hay un buscador suplente. Si no juego, Gryffindor tampoco puede jugar.
- Decisión correcta – asintió James.
- James es solo un estúpido juego.
En aquel momento Neville cayó en la sala común.
- ¿Cayó? ¿Cómo? ¿Desde el techo? – preguntó Godric.
Nadie se explicó cómo se las había arreglado para pasar por el agujero del retrato, porque sus piernas estaban pegadas jun tas, con lo que reconocieron de inmediato el Maleficio de las Piernas Unidas. Había tenido que ir saltando todo el camino hasta la torre Gryffindor.
- Oh Pobrecito – dijo Alice mientras le daba un beso en la mejilla a su hijo y le abrazaba.
Todos empezaron a reírse, salvo Hermione, que se puso de pie e hizo el contramaleficio.
- Muchas gracias Hermione.
Las piernas de Neville se se pararon y pudo ponerse de pie, temblando.
—¿Qué ha sucedido? —preguntó Hermione, ayudándolo a sentarse junto a Harry y Ron.
—Malfoy —respondió Neville temblando—. Lo encontré fuera de la biblioteca. Dijo que estaba buscando a alguien para practicarlo.
- ¿Por qué será que no me sorprende? – se preguntaron a la vez Arthur, Frank y los Merodeadores.
—¡Ve a hablar con la profesora McGonagall! —lo instó Hermione—. ¡Acúsalo!
Neville negó con la cabeza.
—No quiero tener más problemas —murmuró.
- Técnicamente si lo acusas el que tendrá problemas es Malfoy. – Dijo Ginny, aunque entendía lo que pensaba su amigo. – Pero tendrás que hacerle frente en algún momento.
—¡Tienes que hacerle frente, Neville! —dijo Ron—.
- Hasta Ron está de acuerdo conmigo.
Está acostumbrado a llevarse a todo el mundo por delante, pero ésa no es una razón para echarse al suelo a su paso y hacerle las cosas más fáciles.
- Exacto, tienes que fastidiarle todo lo que puedas – le dijo su padre – confía en ti mismo.
—No es necesario que me digas que no soy lo bastante valiente para pertenecer a Gryffindor; eso ya me lo dice Mal foy —dijo Neville, atragantándose.
- No le hagas caso, esta celoso porque él está en la casa de este idiota – dijo Godric señalando a Salazar que le miró mal y le dio una colleja. – Si mi sombrero te puso en mi casa es porque lo mereces. – Le aseguró sonriendo. Neville le devolvió la sonrisa, realmente contento de que el mismísimo fundador de Gryffindor pensara eso.
Harry buscó en los bolsillos de su túnica y sacó una rana de chocolate, la última de la caja que Hermione le había re galado para Navidad. Se la dio a Neville, que parecía estar a punto de llorar.
- El chocolate siempre lo arregla todo – dijeron con cara soñadora Remus, Alex y Teddy.
—Tú vales por doce Malfoys —dijo Harry—. ¿Acaso no te eligió para Gryffindor el Sombrero Seleccionador? ¿Y dónde está Malfoy? En la apestosa Slytherin.
- Lo mismo que decía yo. Es que mis alumnos son los mejores.
Neville dejó escapar una débil sonrisa, mientras desen volvía el chocolate.
—Gracias, Harry.. Creo que me voy a la cama... ¿Quie res el cromo? Tú los coleccionas, ¿no?
Mientras Neville se alejaba, Harry miró el cromo de los Magos Famosos.
- Y la respuesta llega a nosotros de la forma más inesperada – murmuró Hermione.
—Dumbledore otra vez —dijo— Él fue el primero que...
Bufó. Miró fijamente la parte de atrás de la tarjeta. Lue go levantó la vista hacia Ron y Hermione.
- ¿Qué ha pasado? ¡Por Merlín, no puedo con este suspense!
- Si te callaras Black podríamos saberlo.
—¡Lo encontré! —susurró—. ¡Encontré a Flamel! Os dije que había leído ese nombre antes. Lo leí en el tren, viniendo hacia aquí. Escuchad lo que dice: «El profesor Dumbledore es particularmente famoso por derrotar al mago tenebroso Grindelwald, en 1945, por el descubrimiento de las doce apli caciones de la sangre de dragón ¡y por su trabajo en alquimia con su compañero Nicolás Flamel!».
- ¡No puedo creerlo! – gritó media sala.
- Un cromo, lo encontraron en un maldito cromo.
- Después de perder tanto tiempo en la biblioteca, van y lo encuentran en un cromo de las ranas de chocolate.
- Os dije que el chocolate es la solución para todo.
Hermione dio un salto. No estaba tan excitada desde que le dieron la nota de su primer trabajo.
—¡Esperad aquí! —dijo, y se lanzó por la escalera hacia el dormitorio de las chicas. Harry y Ron casi no tuvieron tiempo de intercambiar una mirada de asombro y ya estaba allí de nuevo, con un enorme libro entre los brazos.
—¡Nunca pensé en buscar aquí! —susurró excitada—. Lo saqué de la biblioteca hace semanas, para tener algo lige ro para leer.
- ¿Estás segura de que sabes lo que significa ligero? – Le preguntó Ginny.
—¿Ligero? —dijo Ron, pero Hermione le dijo que espera ra, que tenía que buscar algo y comenzó a dar la vuelta a las páginas, enloquecida, murmurando para sí misma.
- Llamad a un exorcista – gritó Orión, muchos se echaron a reír aunque algunos no lo entendieron del todo, Hermione le miro mal.
Al fin encontró lo que buscaba.
—¡Lo sabía! ¡Lo sabía!
- Si ya lo sabías, ¿como no lo has dicho antes? – Le preguntó Sirius.
—¿Podemos hablar ahora? —dijo Ron con malhumor. Hermione hizo caso omiso de él.
—Nicolás Flamel —susurró con tono teatral— es el úni co descubridor conocido de la Piedra Filosofal.
- Chan chan chan, ahora el título del libro tiene sentido. – dijo James.
Aquello no tuvo el efecto que ella esperaba.
—¿La qué? —dijeron Harry y Ron.
- ¿Alguna vez leéis? ¿Habéis si quiera abierto un libro alguna vez? – les preguntó Lily.
—¡Oh, no lo entiendo! ¿No sabéis leer?
Lily le sonrió a Hermione.
Mirad, leed aquí. Empujó el libro hacia ellos, y Harry y Ron leyeron:
El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sus tancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elixir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe.
Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a tra vés de los siglos, pero la única Piedra que existe ac tualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon con su es posa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años).
- Oro e inmortalidad, creo que entiendo que quieran robarla – dijo Sirius – y que tengan un perro de tres cabezas guardándola, en malas manos podría ser muy peligrosa.
—¿Veis? —dijo Hermione, cuando Harry y Ron termina ron—. El perro debe de estar custodiando la Piedra Filosofal de Flamel. Seguro que le pidió a Dumbledore que se la guar dase, porque son amigos y porque debe de saber que alguien la busca. ¡Por eso quiso que sacaran la Piedra de Gringotts!
- Una buena estrategia – dijo Remus – aunque esperasteis justo al último momento para llevarla a cabo, la sacasteis de allí justo el día que iban a robarla.
—¡Una piedra que convierte en oro y hace que uno nunca muera! —dijo Harry—. ¡No es raro que Snape la busque! Cualquiera la querría.
- No creas, no todo el mundo busca esas cosas, la felicidad no es solo dinero y vivir para siempre – comentó Helga.
—Y no es raro que no pudiéramos encontrar a Flamel en ese Estudio del reciente desarrollo de la hechicería —dijo Ron—. Él no es exactamente reciente si tiene seiscientos se senta y cinco años, ¿verdad?
- Quien lo iba a imaginar ¿eh?
A la mañana siguiente, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, mientras copiaban las diferentes formas de tratar las mordeduras de hombre lobo,
- Ese es un tema fácil – dijeron James y Sirius, mientras le sonreían a Remus que en ese momento miraba al suelo.
Harry y Ron se guían discutiendo qué harían con la Piedra Filosofal si tuvie ran una. Hasta que Ron dijo que él se compraría su propio equipo de quidditch y Harry recordó el partido en que ten dría a Snape de árbitro.
- Y volvemos al quidditch – suspiró Lily. – ¿Es que no hay otras cosas en vuestras vidas a parte del quidditch?
—Jugaré —informó a Ron y Hermione—. Si no lo hago, todos los Slytherins pensarán que tengo miedo de enfrentar me con Snape. Les voy a demostrar... les voy a borrar la son risa de la cara si ganamos.
- Eso es – dijo Godric – demuéstrales que con Gryffindor no se juega.
—Siempre y cuando no te borren a ti del terreno de juego —dijo Hermione.
- Que optimista – murmuró Ginny.
Sin embargo, a medida que se acercaba el día del partido, Harry se ponía más nervioso, pese a todo lo que le había di cho a sus amigos. El resto del equipo tampoco estaba dema siado tranquilo.
- A Wood empezó a caérsele el pelo. – dijo George riendo.
La idea de alcanzar a Slytherin en el torneo de la casa era maravillosa, nadie lo había conseguido en sie te años, pero ¿podrían hacerlo con aquel árbitro tan parcial?
Harry no sabía si se lo imaginaba o no, pero veía a Snape por todas partes.
- Hay dos opciones, o te estás volviendo paranoico o el murciélago te esta acosando – le dijo Sirius.
Por momentos, hasta se preguntaba si Sna pe no lo estaría siguiendo para atraparlo. Las clases de Pociones se convirtieron en torturas semanales para Harry, por la forma en que lo trataba Snape.
Lily le lanzó una mirada enfadada a Snape, que debajo de su máscara de indiferencia suspiraba triste por ver esa mirada dirigida hacia él.
¿Era posible que Snape su piera que ellos habían averiguado lo de la Piedra Filosofal?
- No creo que nadie sea capaz de saber de que habláis o que cosas descubrís – les aseguró Neville.
- Salvo quizá el profesor Dumbledore. – Añadió Ginny.
Harry no se imaginaba cómo podía saberlo... aunque algunas veces tenía la horrible sensación de que Snape podía leer los pensamientos.
Harry supo, cuando le desearon suerte en la puerta de los vestuarios, la tarde siguiente, que Ron y Hermione se pre guntaban si volverían a verlo con vida.
- Exagerados – dijo Sirius – quizá con algunos huesos rotos o acabe en coma por una bludger en la cabeza pero ni siquiera Snape sería tan estúpido como para matar a un alumno delante de todo el colegio.
- Realmente no ayudas Black. – respondió Lily.
Aquello no era lo que uno llamaría reconfortante. Harry casi no oyó las palabras de Wood, mientras se ponía la túnica de quidditch y cogía su Nimbus 2.000.
- Wood te haría dar muchas vueltas al campo si se entera de que no le escuchas cuando suelta sus discursos.
- Te lo decimos por experiencia.
Harry puso los ojos en blanco, ¿no se daban cuenta de que todo eso ya había pasado? Por supuesto que conocía bien a Wood y sus entrenamientos.
Ron y Hermione, entre tanto, encontraron un sitio en las gradas, cerca de Neville, que no podía entender por qué esta ban tan preocupados, ni por qué llevaban sus varitas al par tido.
- Teneis que tener siempre las varitas listas – dijo Moody - ¡Alerta permanente!
Lo que Harry no sabía era que Ron y Hermione habían estado practicando en secreto el Maleficio de las Piernas Unidas. Se les ocurrió la idea cuando Malfoy lo utilizó con Neville, y estaban listos para utilizarlo con Snape, si daba al guna señal de querer hacer daño a Harry
- Jajaja, yo quiero ver eso.
—No te olvides, es locomotor mortis —murmuró Hermio ne, mientras Ron deslizaba su varita en la manga de la túnica.
—Ya lo sé —respondió enfadado—. No me des la lata.
Mientras tanto, en el vestuario, Wood había llevado aparte a Harry
—No quiero presionarte, Potter; pero si alguna vez nece sitamos que se capture en seguida la snitch, es ahora. Ne cesitamos terminar el partido antes de que Snape pueda fa vorecer demasiado a Hufflepuff.
—¡Todo el colegio está allí fuera! —dijo Fred Weasley, es piando a través de la puerta—. Hasta... ¡Vaya, Dumbledore ha venido al partido!
- Vaya eso si es una novedad – dijo James – normalmente Dumbledore solo va a la final.
- Así Snape no podrá hacer trampas tan fácilmente – añadió Sirius sonriendo.
El corazón de Harry dio un brinco.
—¿Dumbledore? —dijo, corriendo hasta la puerta para asegurarse. Fred tenía razón. Aquella barba plateada era in confundible.
- No puedes basarte en la barba, ¿y si resulta que es Gandalf? – preguntó Alex sonriendo, eso provocó varias risas y miradas de curiosidad de la mayoría que no habían entendido la broma.
Harry tenía ganas de reírse a carcajadas, del alivio que sentía. Estaba a salvo. No había forma de que Snape se ani mara a hacerle algo si Dumbledore estaba mirando.
Tal vez por eso Snape parecía tan enfadado mientras los equipos desfilaban por el terreno de juego, algo que Ron tam bién notó.
—Nunca vi a Snape con esa cara de malo
- Le falta la risa malvada.
—dijo a Her mione—. Mira, ya salen. ¡Eh!
Alguien había golpeado a Ron en la parte de atrás de la cabeza.
- ¿Apostamos?
- ¿Para qué? Es imposible fallar.
Era Malfoy.
—Oh, perdón, Weasley, no te había visto.
Malfoy sonrió burlonamente a Crabbe y Goyle.
—Me pregunto cuánto tiempo durará Potter en su escoba esta vez. ¿Alguien quiere apostar? ¿Qué me dices, Weasley?
- Como le pille…
Ron no le respondió: Snape acababa de pitar un penalti a favor de Hufflepuff, porque George Weasley le había tirado una bludger.
- Mereció la pena – aseguró George.
Hermione, que tenía los dedos cruzados sobre la falda, observaba sin cesar a Harry, que circulaba sobre el juego como un halcón, buscando la snitch.
—¿Sabéis por qué creo que eligen a la gente para la casa de Gryffindor? —dijo Malfoy en voz alta unos minutos más tarde,
- ¿Qué chorrada creéis que soltará ahora?
mientras Snape daba otro penalti a Hufflepuff, sin ningún motivo
- ¡Oh vamos, por lo menos invéntate una escusa!
—. Es gente a la que le tienen lástima. Por ejemplo, está Potter; que no tiene padres, luego los Weasley, que no tienen dinero... Y tú, Longbottom, que no tienes cerebro.
- Maldito crio – murmuraron las tres parejas.
Neville se puso rojo y se volvió en su asiento para enca rarse con Malfoy
—Yo valgo por doce como tú, Malfoy —tartamudeó.
- Vamos Neville – le animaron.
Malfoy, Crabbe y Goyle estallaron en carcajadas, pero Ron, sin quitar los ojos del partido, intervino.
—Así se habla, Neville.
—Longbottom, si tu cerebro fuera de oro serías más po bre que Weasley, y con eso te digo todo.
En la sala las miradas de los Longbotton y los Weasley podían matar.
La preocupación por Harry estaba a punto de acabar con los nervios de Ron.
—Te prevengo, Malfoy... Una palabra más...
—¡Ron! —dijo de pronto Hermione—. ¡Harry...!
- ¡Oh no! – grito Lily – ¡allá vamos otra vez!
—¿Qué? ¿Dónde?
Harry había salido en un espectacular vuelo, que arran có gritos de asombro y vivas entre los espectadores. Hermio ne se puso de pie, con los dedos cruzados en la boca, mientras Harry se lanzaba velozmente hacia el campo, como una bala.
- ¡La snich!¡La snich! – gritaban James y Sirius.
—Tenéis suerte, Weasley, es evidente que Potter ha visto alguna moneda en el campo —dijo Malfoy
Ron estalló.
- ¡Vamos Ron!
Antes de que Malfoy supiera lo que estaba pasando, Ron estaba encima de él, tirándolo al suelo. Neville vaciló, pero luego se encaramó al respaldo de su silla para ayudar.
—¡Vamos, Harry! —gritaba Hermione, subiéndose al asiento para ver bien a Harry, sin darse cuenta de que Mal foy y Ron rodaban bajo su asiento y sin oír los gritos y golpes de Neville, Crabbe y Goyle.
- Si que estabas abstraída.
- Mira que no darte cuenta de la pelea, tendrías que haber hecho fotos o algo.
- ¿O ayudarles? No se es una idea.
En el aire, Snape puso en marcha su escoba justo a tiem po para ver algo escarlata que pasaba a su lado, y que no cho có con él por sólo unos centímetros. Al momento siguiente Harry subía con el brazo levantado en gesto de triunfo y la mano apretando la snitch.
- ¡Siii! ¡Somos los mejores!
Las tribunas bullían. Aquello era un récord, nadie recor daba que se hubiera atrapado tan rápido la snitch.
- Directo al Guinnes – comentó Jack.
- ¿A dónde? – Los de origen muggle les ignoraron y siguieron leyendo.
—¡Ron! ¡Ron! ¿Dónde estás? ¡El partido ha terminado! ¡Hemos ganado! ¡Gryffindor es el primero! —Hermione bai laba en su asiento y se abrazaba con Parvati Patil, de la fila de delante.
Harry saltó de su escoba, a centímetros del suelo. No po día creerlo. Lo había conseguido... El partido había termina do y apenas había durado cinco minutos.
- ¡Oeee, oee, oee, oe!
Mientras los de Gryffindor se acercaban al terreno de juego, vio que Snape aterrizaba cerca, con el rostro blanco y los labios tirantes. Entonces Harry sintió una mano en su hombro y, al darse la vuelta, se encontró con el rostro sonriente de Dumbledore.
—Bien hecho —dijo Dumbledore en voz baja, para que sólo Harry lo oyera—. Muy bueno que no buscaras ese espe jo... que te mantuvieras ocupado... excelente...
Snape escupió con amargura en el suelo.
Un rato después, Harry salió del vestuario para dejar su Nim bus 2.000 en la escobera. No recordaba haberse sentido tan contento. Había hecho algo de lo que podía sentirse orgullo so. Ya nadie podría decir que era sólo un nombre célebre. El aire del anochecer nunca había sido tan dulce. Anduvo por la hierba húmeda, reviviendo la última hora en su mente, en una feliz nebulosa: los Gryffindors corriendo para llevarlo en andas, Ron y Hermione en la distancia, saltando como lo cos, Ron vitoreando en medio de una gran hemorragia nasal...
Su madre le abrazó preocupada mientras sus hermanos le despeinaban y le hacían burlas.
Harry llegó a la cabaña. Se apoyó contra la puerta de madera y miró hacia Hogwarts, cuyas ventanas despedían un brillo rojizo en la puesta del sol. Gryffindor a la cabeza. Él lo había hecho, le había demostrado a Snape...
Y hablando de Snape.
- ¿Qué pasa ahora? Estas hasta en la sopa Quejicus.
Una figura encapuchada bajó sigilosamente los escalo nes delanteros del castillo. Era evidente que no quería ser visto dirigiéndose a toda prisa hacia el bosque prohibido.
- Que misterioso.
La victoria se apagó en la mente de Harry mientras observaba.
- Te dura mucho la alegría ¿eh?
Reconoció a la figura que se alejaba. Era Snape, escabullén dose en el bosque, mientras todos estaban en la cena... ¿Qué sucedía?
Harry saltó sobre su Nimbus 2.000 y se elevó. Deslizán dose silenciosamente sobre el castillo, vio a Snape entrando en el bosque. Lo siguió.
- Potters siempre metiéndose donde no le llaman – murmuro Snape por lo bajo.
Los árboles eran tan espesos que no podía ver adónde había ido Snape. Voló en círculos, cada vez más bajos, rozan do las copas de los árboles, hasta que oyó voces. Se deslizó hacia allí y se detuvo sin ruido, sobre un haya.
Con cuidado se detuvo en una rama, sujetando su escoba y tratando de ver a través de las hojas.
Abajo, en un espacio despejado y sombrío, vio a Snape. Pero no estaba solo. Quirrell también estaba allí.
- Vaaale – dijo Sirius – esto se pone raro.
Harry no podía verle la cara, pero tartamudeaba como nunca. Harry se esforzó por oír lo que decían.
—... n-no sé p-por qué querías ver-verme j-justo a-aquí, de entre t-todos los l-lugares, Severus...
—Oh, pensé que íbamos a mantener esto en privado —dijo Snape con voz gélida
- Eso no está bien – dijo Sirius, aparentemente serio – deberías ser valiente y salir del armario. – terminó riéndose mientras Snape intentaba matarle con la mente.
—. Después de todo, los alumnos no deben saber nada sobre la Piedra Filosofal.
- Vaya, mi versión era más interesante – suspiró Sirius.
Harry se inclinó hacia delante. Quirrell tartamudeaba algo y Snape lo interrumpió.
—¿Ya has averiguado cómo burlar a esa bestia de Ha grid?
—P-p-pero Severus, y-yo...
—Tú no querrás que yo sea tu enemigo, Quirrell —dijo Snape, dando un paso hacia él.
—Y-yo no s-sé qué...
—Tú sabes perfectamente bien lo que quiero decir.
Una lechuza dejó escapar un grito y Harry casi se cae del árbol. Se enderezó a tiempo para oír a Snape decir:
—... tu pequeña parte del abracadabra. Estoy esperando.
- Nos hemos perdido un trozo de la conversación – se quejó James – así no hay quien se entere de lo que pasa.
—P-pero y-yo no...
—Muy bien —lo interrumpió Snape—. Vamos a tener otra pequeña charla muy pronto, cuando hayas tenido tiem po de pensar y decidir dónde están tus lealtades.
Se echó la capa sobre la cabeza y se alejó del claro. Ya es taba casi oscuro, pero Harry pudo ver a Quirrell inmóvil, como si estuviera petrificado.
—¿Harry, dónde estabas? —preguntó Hermione con voz aguda.
—¡Ganamos! ¡Ganamos! ¡Ganamos! —gritaba Ron al tiempo que daba palmadas a Harry en la espalda—. ¡Y yo le puse un ojo negro a Malfoy
Los gemelos vitorearon a Ron.
y Neville trató de vencer a Crabbe y Goyle él solo!
- Gryffindor total – dijo su madre.
Todavía está inconsciente,
Ahora le abrazó preocupada, mientras su padre le sonreía.
pero la señora Pomfrey dice que se pondrá bien. Todos te están esperando en la sala común, vamos a celebrar una fiesta, Fred y George robaron unos pasteles y otras cosas de la cocina...
su madre les miró mal.
—Ahora eso no importa —dijo Harry sin aliento—. Va mos a buscar una habitación vacía, ya veréis cuando oigáis esto...
Se aseguró de que Peeves no estuviera dentro antes de cerrar la puerta, y entonces les contó lo que había visto y oído.
—Así que teníamos razón, es la Piedra Filosofal y Snape trata de obligar a Quirrell a que lo ayude a conseguirla. Le preguntó si sabía cómo pasar ante Fluffy y dijo algo sobre el «abracadabra» de Quirrell... Eso significa que hay otras co sas custodiando la Piedra, además de Fluffy, probablemente cantidades de hechizos, y Quirrell puede haber hecho algu nos encantamientos anti-Artes Oscuras que Snape necesita romper...
- No tengo yo muy claro que ese inútil puede hacer un buen hechizo para proteger nada – comentó Remus
—¿Quieres decir que la Piedra estará segura mientras Quirrell se oponga a Snape? —preguntó alarmada Hermione.
- Entonces la podemos dar por perdida – suspiró Sirius.
—En ese caso no durará mucho —dijo Ron.
- Eso mismo.
Bill dejó el libro.
- Se acabó el capitulo. – Su hermano Charlie lo cogió y continuó leyendo.
