¿Tú sabes el secreto de la vida eterna?

Yo sí… ¿Quieres que te lo cuente? Pues bien, comenzaré: Había una vez… los bosques vírgenes de Komi, Rusia…

… Dicen que las veelas son codiciosas, crueles y egoístas, llenan el mundo de belleza pero no dejan que nadie la posea, pueden vivir por cientos de años y aun así dejan que la gente a su alrededor muera sin hacer mucho más que observar; cuentan que ellas poseen el secreto de la vida eterna escondido en la parte más alta de una corrupta torre que protegen de forma celosa, dicen que si consigues llegar hasta allá ellas sanarán tus heridas y compartirán contigo el poder que ayudaron a crear: El elixir de la eterna juventud, el poder convertir metal en oro y de vivir por siempre si se le quería, Nicolás Flamel, el único humano del que se tenía conocimiento, se le dejaba entrar a la torre de forma regular a cuidar su creación, la piedra filosofal.

¿Por qué poner veelas a cuidar algo tan valioso? Ellas no lo necesitaban, ya eran jóvenes, hermosas y poderosas por sí mismas, el oro era asqueroso y algo mundano, algo típico de humanos, sin embargo, gracias a su bélica conducta, aceptaron la misión de cuidar la piedra.

Pero llegar allá era todo menos sencillo; el bosque estaba lleno de peligros, seres que solo las mágicas mujeres eran capaces de controlar, ellas mismas eran el obstáculo más fuerte, aun así un grupo de magos, deseosos de poseer todo aquello que las habladurías prometían se adentraron al bosque con la idea de eliminar a quien se les interpusiera. En el bosque custodiado con veelas, había un par especialmente feroz, Jerina y JelKa Jakov, madres e hijas cuyo trabajo era impedir que aquellos humanos de mal espíritu llegasen hasta la punta de la torre. Ese día se libró una batalla entre magos y veelas. Ellos no pudieron llegar a la torre, pero el precio a pagar fue la libertad de Jelka, una pluma de sus blancas alas fue arrancada, fue convertida en esclava de aquél que la tenía en su poder.

Jelka, se volvió prisionera del egoísmo de dicho grupo de magos que tomaban a aquella criatura para absorber sus poderes, su vida y su belleza, la joven veela desarrollo un odio infinito a los humanos. Vivía en la soledad, en la tristeza y con el paso de los años comenzó a olvidar quien era, de donde venía, el bosque y la felicidad se disolvieron en su mente, siendo sustituidos por el dolor y miedo, aquellos crueles magos la amenazaban diciendo que más allá de la choza donde la mantenían prisionera no encontraría nada más que muerte, que debía agradecer por haberla aceptado ahí con ellos; ese fue el por qué recibió cada golpe, cada tortura aun cuando su mente volaba lejos, creyéndose libre, creyendo en algún lugar donde podría ser feliz aunque ya no lo llegaba a imaginar.

Harta de aquellos humanos que proclamaban amarla en medio de golpes y que abusaban de sus habilidades hasta debilitarla decidió escapar gracias al descuido de las cerraduras que la mantenían cautiva, pudo encontrar su pluma a la cual se aferró mientras volvía a correr por el bosque. Prefería la soledad y la muerte que la esclavitud y las lágrimas.

Camino por días, pues sus alas que alguna vez habían sido fuertes se encontraban tan frágiles como su espíritu y su esperanza. Hambrienta, sucia y cansada estuvo a punto de rendirse, pues había olvidado el camino que la regresaría con su familia.

En medio de la desesperanza un ser lleno de luz apareció con una sonrisa en su camino, se presentó a sí mismo como Misha Plisetsky, un chiquillo que no superaba los 10 años, él también se encontraba ligeramente perdido por su desobediencia, pero fue tan noble que dulcemente, su mano tomó, la levantó del fango en el que se encontraba sumergida. La alimento con su alma, le dio de beber de sus lágrimas, la fortaleció con sus cantos y sus palabras, haciendo que el orgullo, la belleza y la magia volviera de nuevo a Jelka.

Misha, incapaz de creer que un ser tan hermoso pudiese llegar a amarlo, robó de los labios de la criatura su primer beso y la regresó a casa, vio a Jelka saltar en los brazos de su madre y hermanas para mostrar al mundo su figura semidesnuda mientras él se daba la vuelta para perderse de la vista de la chica: esa era la despedida.

Jelka, siguiendo la naturaleza de toda veela, el dolor de su perdida y el repentino deseo de venganza se hizo de una cruel fama por toda Rusia y sus países limitantes, desde Noruega hasta China, pues, resentida con la egoísta humanidad tomaba a aquellos viajeros, hombres y magos, con su encantadora voz los guiaba hasta el interior de los bosques por donde paseaba, una vez ahí, se los daba de comer a las criaturas que habitaban en la oscuridad. "Al fin, tu egoísta carne sirve para algo" Era su ultimo susurro antes de que dejase morir al incauto humano. El terror que causaba se extendió, para disgusto del Ministerio por años.

Fue en los bosques chinos cuando lo vio de nuevo, con los años pesando en su rostro, ya no era el niño que la había rescatado hacia tanto tiempo, ahora era un hombre que trabajaba y servía en el departamento de Cuidado y Control de Criaturas Mágicas, pero aun cuando su rostro se había vuelto duro y sus ojos cansados, se acercó a él sabiendo que el trabajo de aquél mago era capturarla y llevarla ante el Ministerio de Magia para poder juzgarla por sus crímenes, pero él la vio a ella, no como el demonio, no como la criatura que todo el mundo creía que era, la vio como la mujer encantadora y cariñosa a la que había levantado del fango, la acuno en sus brazos, calmo su ira con su voz y revivió su dulzura con su amor.

Nadie volvió a saber de Jelka nunca más y Misha renuncio a su puesto en el Ministerio de Magia para acompañar a la veela a casa, pero está vez, para quedarse con ella.

Y vivieron felices para siempre…

¿O no?

En las profundidades de los bosques vírgenes de Komi, Rusia, donde las veelas tienen su territorio, se oculta en la punta de una torre corrupta el secreto de la vida, riqueza y belleza eternas. Había entre las veelas un par especialmente feroz, Jerina y JelKa Jakov… Sin embargo, Jelka, ahora casada había dado a luz tres hermosas niñas de rubios cabellos y ojos azules: Evgenia, Amets y Mila, las hijas de aquella adorable y clandestina pareja esperaban una nueva hermanita. La naturaleza dicta que toda veela del mundo ha se ser una mujer de enorme belleza, aun las hijas y nietas de una veela debían ser mujeres (regla que se puede romper hasta que un bisnieto nazca), es por eso que nadie se esperaba el nacimiento del menor de la familia, nadie esperaba a un hombre.

Así que fue un primero de marzo nació uno de los caprichos más hermosos de la naturaleza, con su cabello rubio y ojos verde azulados, nombrado Yuri por sus padres, Yuri Plisetsky: el único hombre mitad veela del que la naturaleza tenía registro.