- Por fin vamos a pasar esa trampilla y descubrir que hay allí abajo – dijo Sirius, Remus y Lily le miraron y pusieron los ojos en blanco, ¿Cómo puede ser que todavía no se haya enterado?
En años venideros, Harry nunca pudo recordar cómo se las había arreglado para hacer sus exámenes,
- La verdad es que en ningún curso nos hemos preocupado mucho o le hemos dado mucha importancia a la semana de exámenes, siempre nos pasa algo mucho peor justo antes o justo después – dijo Ron bajito para que solo lo oyera Harry.
- Mas te vale preocuparte este año Ron, serán nuestros TIMOS – dijo Hermione que lo había escuchado.
cuando una parte de él esperaba que Voldemort entrara por la puerta en cual quier momento.
- Si es durante un examen de Historia de la Magia, bienvenido sea – bromeo George.
- George no bromees con eso – le regañó Molly.
- No soy George soy Fred – lo intentó en vano.
- Ni lo intentes jovencito, no volveré a caer en ese truco. – Ante eso ambos gemelos hicieron un puchero.
Sin embargo, los días pasaban y no había dudas de que Fluffy seguía bien y con vida, detrás de la puer ta cerrada.
Hacía mucho calor, en especial en el aula grande donde se examinaban por escrito. Les habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento antitrampa.
- Aguafiestas- murmuró Sirius.
También tenían exámenes prácticos. El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio.
- Y por eso el profesor Flitwick nos cae bien – dijeron los merodeadores y los gemelos.
La profesora McGonagall los observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé. Ganaban puntos las cajas más bonitas, pero los perdían si tenían bigotes. Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras trataban de re cordar cómo hacer una poción para olvidar.
- Recordar una poción para olvidar – dijo Remus – es un poco contradictorio ¿no creéis?
Nadie le hizo caso porque Sirius, James, Frank y Arthur estaban fulminando a Snape con la mirada por asustar a sus hijos durante el examen.
Harry lo hizo todo lo mejor que pudo, tratando de hacer caso omiso de las punzadas que sentía en la frente, un dolor que le molestaba desde la noche que había estado en el bosque.
Lily le abrazó preocupada.
Neville pensaba que Harry era un caso grave de ner viosismo, porque no podía dormir por las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pe sadilla, que se había vuelto peor, porque la figura encapucha da aparecía chorreando sangre.
- Cualquiera tendría pesadillas después de eso – dijo Ginny.
Tal vez porque ellos no habían visto lo que Harry vio en el bosque, o porque no tenían cicatrices ardientes en la fren te, Ron y Hermione no parecían tan preocupados por la Piedra como Harry.
- ¿Qué no estáis preocupados por la piedra? ¿Cómo os atrevéis? Tendríais que estar muy preocupados, a quien se le ocurre no estar preocupado, si no os preocupais a lo mejor tengo que castigaros… - les "regañó" Sirius imitando a la profesora McGonnagal.
La idea de Voldemort los atemorizaba, des de luego, pero no los visitaba en sueños y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquie tarse por lo que Snape o algún otro estuvieran tramando.
- Los exámenes son importantes – dijo Hermione mientras McGonnagal, Lily y Molly asentían – y cualquier asesino psicópata intentando matarnos puede o mejor dicho tendrá que esperar a que acaben.
- Eso eso – dijo Lily – espera, ¿Qué? ¿Has dicho asesino psicópata?
El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estarían libres,
- ¡LIBREEEEES! – Gritaron los Merodeadores (futuros y originales), los gemelos (Weasley y Prewet), el trío de oro (menos Hermione, que solo sonreía), los fundadores (menos Rowena, que puso los ojos en blanco), Tonks y su padre, Arthur, Bill, Charlie y Ginny, Neville, Luna, y básicamente todas las personas con sentido común en la sala.
libres durante toda una maravillosa semana,
- La mejor semana del curso – suspiraron Sirius y James.
- Hasta que recibís las notas y mis cartas – añade Dorea.
- Nuestras notas no son malas – se quejaron ambos.
- No pero en esa semana recibis mas castigos y vociferadores de lo normal – aclaró Remus.
hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plu mas y enrollaran sus pergaminos, Harry no pudo dejar de alegrarse con el resto.
- ¡Fiesta! – gritaron los merodeadores.
—Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque soleado—. No necesitaba haber estudiado el Código de Con ducta de los Hombres Lobo de 1637
- Si eso es lo más fácil – dijo Sirius guiñándole un ojo a Remus y James.
o el levantamiento de Elfrico el Vehemente.
- ¿Quién se acuerda del tal Elfrito? – preguntó Sirius a nadie en particular.
- Es Elfrico – le corrigió Remus.
A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exá menes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, así que se fue ron hacia el lago y se dejaron caer bajo un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.
- ¿Qué os ha hecho el pobre calamar gigante?
—Basta de repasos —suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—. Puedes alegrarte un poco, Harry, aún falta una semana para que sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora.
- Eres muy sabio hermano – le dijo Fred – esa es la verdad más grande que has dicho en todo el libro.
Harry se frotaba la frente.
—¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfa dado—. Mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora.
- Díselo a Dumbledore – le aconsejaron sus padres que se estaban preocupando por momentos.
—Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione.
- La señora Pomfrey también vale – dijeron los del comentario anterior.
—No estoy enfermo —dijo Harry—. Creo que es un avi so... significa que se acerca el peligro...
- Como la alarma del móvil cuando se te olvida algo que tienes que hacer – dijo Jack riendo, los que entendieron la broma empezaron a reírse mientras Harry les sacaba la lengua aunque estaba contento de que le quitaran hierro al asunto de su cicatriz. Mientras tanto los magos les miraban raro intentando descifrar la broma sin mucho éxito.
Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor.
—Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Snape encontrara la for ma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo.
- No sé yo, Quejicus puede ser muy persistente – dijo Sirius, mientras Snape le fulminaba con la mirada (cuantas veces ha podido pasar eso ya, van a tener que reinventarse).
Y Neville jugará al quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dum bledore.
- Pues en el futuro… - empezó Orión sonriendo.
- No me j… Fastidies, mama iba a decir fastidies – dijo Ron, por el camino había recibido una colleja de su madre. – No te ofendas Neville pero nunca se me habría ocurrido.
Pero Neville estaba tan sorprendido como Ron y como el resto de gente hasta que Teddy golpeó con el libro a Orión.
- No les digas cosas sobre el futuro – dijo Teddy – siento bajaros de la nube de sorpresa pero puede que lo que ha dicho Orión no sea cierto… Aunque también podría serlo, tendréis que esperar al final del último libro – terminó sonriendo, haciendo que algunos, entiéndase Sirius, gruñeran de frustración por tener que esperar tanto.
Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trató de explicarlo, Hermione dijo:
—Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen.
- Es horrible cuando pasa eso – dijo Alice – te da un subidon de adrenalina y luego de repente te acuerdas de que eso ya ha pasado.
Pero Harry estaba seguro de que aquella sensación in quietante nada tenía que ver con los exámenes. Vio una lechu za que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas.
Los futuros padres le miraron agradecidos.
- Siempre es un placer darle trabajo a Hedwig – dijo el semi-gigante.
- No os olvidéis de Minny que le mandó su primera escoba – añadió Sirius.
Hagrid nunca traicionaría a Dumbledore.
- Por supuesto que no – dijo él orgulloso – antes muerto.
Hagrid nun ca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy... nunca...
- Nunca, nunca, nunca.
Pero...
- ¿Pero qué?
Harry, súbitamente, se puso de pie de un salto.
- ¡Oh no! – se lamentaron algunos – ya ha pasado algo otra vez.
—¿Adónde vas? —preguntó Ron con aire soñoliento.
—Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.
- ¿Por qué? – preguntaron - ¿en que estas pensando?
—¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose.
—¿No os parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gen te anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes?
- Hombre visto así si que es un poco raro – dijo James, Hagrid se estaba poniendo del color del pelo de los Weasley al darse cuenta de lo que iba a pasar, estaba entre furioso y avergonzado.
—¿En qué estás pensando? —preguntó Ron, pero Harry echó a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle.
Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.
—Hola —dijo sonriente—. ¿Habéis terminado los exá menes? ¿Tenéis tiempo para beber algo?
- Siempre hay tiempo – asintieron James, Sirius y los gemelos.
—Sí, por favor —dijo Ron, pero Harry lo interrumpió.
—No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntar te algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?
—No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa.
- Agg, la primera en la frente – se quejó James.
Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.
—No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dra gones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la ca pucha.
- Y te fiaste de él tan tranquilamente sabiendo la clase de gente que puede haber por Cabeza de Puerco.
Harry se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes.
—¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts?
—Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas.
- Un clásico, emborrachar a Hagrid para que te cuente lo que quieres saber – susurró Sirius. Mientras Hagrid estaba cada vez mas rojo.
Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería...
- Eso demuestra que no era un traficante de dragones – dijo Charlie – uno te lo habría vendido y te habría pedido mucho mucho dinero, no creo que se hubiera conformado con una charla aunque le contaras un secreto de Hogwarts.
pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.
- Segundo error – dijo Tonks – mencionó a Fluffy, el desconocido está conduciendo la conversación hacia donde le interesa.
—¿Y él... pareció interesado en Fluffy? —preguntó Harry, tratando de conservar la calma.
- A decir verdad quien no estaría interesado – se preguntó Sirius – es un perro gigante con tres cabezas y se llama Fluffy.
—Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabe zas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...
- BAM tercer error – sentenció Remus – el desconocido ya sabe la debilidad de Fluffy.
De pronto Hagrid pareció horrorizado.
Probablemente la misma cara que tenía en la sala, aunque en la sala además estaba rojo de furia hacia sí mismo y el desconocido.
—¡No debí decir eso!
- Muy tarde.
—estalló—. ¡Olvidad que lo dije! Eh... ¿adónde vais?
- Espero que a avisar a Dumbledore y no a donde el perro gigante – dijo Lily aunque no tenía muchas esperanzas.
Harry, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.
—Tenemos que ir a ver a Dumbledore
- Espera ¿Qué? – se sorprendió Lily – ¿lo estás diciendo en serio?
—dijo Harry—. Hagrid le dijo al desconocido cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort, debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid.
- Hasta los enanos saben cómo ganarse a Hagrid – rió Sirius, aunque bajito para que solo lo escucharan sus amigos.
Sólo espero que Dum bledore nos crea.
- Tranquilo os creerá, pero tendréis que decírselo directamente a él porque ningún otro profesor os creerá.
Firenze nos respaldará, si Bane no lo detie ne. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore?
- ¡NOOOO! – gritó James – mi hijo no sabe donde está el despacho de Dumbledore. – Todos menos Sirius ignoraron su melodrama.
Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara.
- Tendrán que poner una señal luminosa – sonrió Jean.
Nunca les habían dicho dónde vivía Dumble dore, ni conocían a nadie a quien hubieran enviado a verlo.
- Ejem ejem ¿y nosotros que somos? ¿Unos desconocidos? – demandaró los gemelos Weasley.
—Tendremos que... —empezó a decir Harry pero súbita mente una voz cruzó el vestíbulo.
—¿Qué estáis haciendo los tres aquí dentro?
- Si pensabais buscar problemas para que os lleven al despacho del director teneis una oportunidad buenísima.
Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.
—Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermio ne con valentía, según les pareció a Ron y Harry.
—¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué?
- Así que por eso nunca vienen estudiantes solo a hacerme una visita – dijo Dumbledore mientras sonreía – profesora Mcgonnagal debería decirles donde estoy para que vengan a charlar un rato conmigo, los jóvenes siempre tienen algo interesante que decir.
Harry tragó: «¿Y ahora qué?».
—Es algo secreto —dijo,
- Mal movimiento, ahora os preguntará.
pero de inmediato deseó no ha berlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó.
- Ni se te ocurra abrir la boca Black.
—El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato.
- Vaya que oportuno
- No puede ser una coincidencia.
- ¡Es una trampa!
—¿Se fue? —preguntó Harry con aire desesperado—. ¿Ahora?
—El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tie ne muchos compromisos...
—Pero esto es importante.
—¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter?
- Vas a decir algo loco e imprudente ¿verdad?
- Y luego probablemente haga algo loco e imprudente.
—Mire —dijo Harry dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal...
- Y hay esta.
Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos.
- Sorpresa sorpresa.
—¿Cómo es que sabes...? —farfulló.
—Profesora, creo... sé... que Sna... que alguien
- Uuuy casi, bien salvada esa.
va a tra tar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dum bledore.
La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz.
- Como para no estarlo.
—El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo fi nalmente—. No sé cómo habéis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos tranquilos. Nadie puede robarla, está demasia do bien protegida.
- Obviamente hay más cosas a parte de Fluffy custodiando la piedra – dijo Remus – la cuestión es si el ladrón sabe como pasar a través de ellas.
—Pero profesora...
—Harry sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cor tante. Se inclinó y recogió sus libros—. Os sugiero que sal gáis y disfrutéis del sol.
Pero no lo hicieron.
—Será esta noche —dijo Harry una vez que se asegura ron de que la profesora McGonagall no podía oírlos—. Snape pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en me dio a Dumbledore. Él envió esa nota, seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore.
- Es el plan perfecto – dijo Godric imitando una risa malvada. – Fíjate Sal casi me ha salido mejor que a ti esa risa.
- Yo no me rió así – se quejó Salazar, mientras Rowena y Helga reían detrás suyo.
—Pero ¿qué podemos...?
Hermione tosió. Harry y Ron se volvieron.
Snape estaba allí.
- Como no – se quejó James – como sigas acosándoles tendremos que pedir una orden de alejamiento.
—Buenas tardes —dijo amablemente.
- ¿En serio? ¿Eso es posible?
Lo miraron sin decir nada.
—No deberíais estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.
- ¿Qué mas os da que estén dentro? ¿Acaso os molestan?
—Nosotros... —comenzó Harry, sin idea de lo que diría.
—Debéis ser más cuidadosos —dijo Snape—. Si os ven andando por aquí, pueden pensar que vais a hacer alguna cosa mala. Y Gryffindor no puede perder más puntos, ¿no es cierto?
Los merodeadores le gruñeron y por lo menos uno de ellos sonó como un animal salvaje y peligroso, y luego estaba Remus que al ser un hombre lobo cuando estaba molesto el gruñido le salía natural.
Harry se ruborizó. Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llamó.
- Mira que eres plasta.
—Ten cuidado, Potter, otra noche de vagabundeos y yo personalmente me encargaré de que te expulsen.
- ¿Cómo te encargaste de que nos expulsaran a nosotros? JA, no te lo crees ni tu.
Que pases un buen día.
Se alejó en dirección a la sala de profesores.
Una vez fuera, en la escalera de piedra, Harry se volvió hacia sus amigos.
—Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas tú.
—¿Por qué yo?
—Es obvio —intervino Ron—. Puedes fingir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes cómo —la imitó con voz aguda—: «Oh, profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b...».
- Hiciste una muy mala imitación de mi Ronald – afirmó Hermione.
- Si tú lo dices.
—Oh, cállate —dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Snape.
—Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso —dijo Harry a Ron—. Vamos.
- Es un buen plan – dijo Tonks – hasta podría funcionar.
Pero aquella parte del plan no funcionó.
- O quizá no era tan buen plan.
Tan pronto como llegaron a la puerta que separaba a Fluffy del resto del colegio, la profesora McGonagall apareció otra vez, salvo que ya había perdido la paciencia.
- ¡El horror! – gritó Sirius – corred por vuestras vidas.
—Supongo que creeréis que sois los mejores para vencer todos los encantamientos —dijo con rabia—. ¡Ya son suficien tes tonterías! Si me entero de que habéis vuelto por aquí, os quitaré otros cincuenta puntos para Gryffindor. ¡Sí, Weasley, de mi propia casa!
Antes de que Sirius pudiera hacer la pregunta retorica de si quitaría puntos a su propia casa el libro le contestó solo y la lectura siguió como si nada.
Harry y Ron regresaron a la sala común. Justo cuando Harry acababa de decir: «Al menos Hermione está detrás de Snape», el retrato de la Dama Gorda se abrió y apareció la muchacha.
—¡Lo siento, Harry! —se quejó—. Snape apareció y me preguntó qué estaba haciendo, así que le dije que esperaba al profesor Flitwick. Snape fue a buscarlo, yo tuve que irme y no sé adónde habrá ido Snape.
- Y el plan fracasó estrepitosamente.
—Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad?
Los otros dos lo miraron asombrados. Estaba pálido y los ojos le brillaban.
- Y aquí es donde empieza la parte que no me va a gustar del capítulo – murmuró Lily.
—Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra.
—¡Estás loco! —dijo Ron.
- Un poco, pero eso ya lo sabemos todos.
Harry les sacó la lengua.
—¡No puedes! —dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Te van a expulsar!
- Te das cuenta que si tenéis razón en vuestras sospechas la otra opción tampoco es demasiado buena ¿verdad?
—¿Y qué? —gritó Harry—. ¿No comprendéis? ¡Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No habéis oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscu ras! ¿No os dais cuenta de que perder puntos ya no impor ta? ¿Creéis que él dejará que vosotros y vuestras familias estéis tranquilos, si Gryffindor gana la copa de la casa?
- Lo que yo decía
- Si Potter hemos captado el mensaje.
Si me atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí. Será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tene broso.
- Pensamientos positivos ante todo ¿eh Harry? – dijo Charlie.
Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digáis me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo re cordáis?
- Si, no nos lo recuerdes. – dijo Sirius mientras abrazaba posesivamente a James y Lily.
Los miró con furia.
—Tienes razón, Harry —dijo Hermione, casi sin voz.
—Voy a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla recuperado.
- Para empezar no deberías haberla dejado por ahí – le regañó James - ¿Qué? vosotras les regañáis todo el rato, Yo también quiero regañarle por algo para sentirme más padre como vosotras.
—Pero ¿nos cubrirá a los tres? —preguntó Ron.
—¿A... nosotros tres?
- Como que te van a dejar ir solo, ¿Estás loco?
- Creia que ya habíamos zanjado lo de si estoy loco o no.
—Oh, vamos, ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo?
—Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgi ca—. ¿Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros?
- Que harías sin nosotros – le dijo Hermione.
- Pues me habría quedado en la primera prueba – contestó Harry sonriendo.
Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...
- La respuesta no siempre está en los libros Hermione – le aconsejó Rowena – pero ayudan mucho – añadió sonriendo.
—Pero si nos atrapan, también os expulsarán a vosotros.
- ¿Y el discursito de antes?
—No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severi dad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a expulsar después de eso.
- Es poco probable, eres una alumna demasiado prometedora y muy hábil. Tendrías que hacer algo realmente muy gordo, probablemente podrías hacer explotar la mitad del castillo y no te expulsarían – todo el mundo volvió a ignorar a Sirius que se enfurruño y decidió no volver a hablar en todo el capitulo… Ja,ja no se lo cree ni él.
Tras la cena, los tres se sentaron en la sala común, lejos de todos. Nadie los molestó: después de todo, ninguno de los de Gryffindor hablaba con Harry,
Todos fruncieron el ceño descontentos con la actitud de los gryffindors.
pero ésa fue la primera no che que no le importó.
- Cuando vas a planear algo siempre es mejor esta apartado y que no te escuchen – aconsejó James.
Hermione revisaba sus apuntes, con fiando en encontrar algunos de los encantamientos que deberían conjurar.
- No creo que en los apuntes de primero puedas encontrar algo que te ayude con las protecciones que pongan los profesores – dijo Lily.
- Si tú supieras – susurró Harry a Ron.
Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían.
- Mentalizándoos a llevar a cabo un plan suicida.
Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.
—Será mejor que vayas a buscar la capa —murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezándose. Harry corrió por las escaleras hasta su dor mitorio oscuro.
- Nunca te olvides de la capa, será una gran ayuda creeme – dijo Sirius sonriendo.
- Me pregunto cuándo encontrará el mapa – dijo James por lo bajo, pero Lily le escuchó.
- ¿Qué mapa? – los tres merodeadores le ignoraron.
Sacó la capa y entonces su mirada se fijó en la flauta que Hagrid le había regalado para Navidad.
- Buena idea puedes usarla con Fluffy – dijo Tonks.
La guardó para utilizarla con Fluffy: no tenía muchas ganas de cantar...
- Gracias a Merlín que no tuvimos que cantar – mencionó el Trío Dorado.
Regresó a la sala común.
—Es mejor que nos pongamos la capa aquí y nos asegu remos de que nos cubra a los tres... si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí...
- Me preguntó qué pensaría si ve unos pies corriendo por ahí.
- Probablemente les persiga gritando ¡pies fuera de la cama! – Añadió Sirius riendo como loco.
—¿Qué vais a hacer? —dijo una voz desde un rincón. Ne ville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad.
El trío miró a Neville con culpabilidad mientras Neville asintió y les sonrió.
—Nada, Neville, nada —dijo Harry, escondiendo la capa detrás de la espalda.
Neville observó sus caras de culpabilidad.
—Vais a salir de nuevo —dijo.
- ¿Qué vas a hacer Neville?
—No, no, no —aseguró Hermione—. No, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville?
- Eso no se lo cree nadie.
Harry miró al reloj de pie que había al lado de la puer ta. No podían perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.
- Tenéis que daros prisa – gritó Sirius.
- Si os dais prisa todavía podréis ver a Fluffy comiéndose a Quejicus – añadió James, que recibió una colleja de parte de su novia.
—No podéis iros —insistió Neville—. Os volverán a atra par. Gryffindor tendrá más problemas.
- Neville tiene razón, lo sabéis ¿verdad? – dijo Alice defendiendo a su futuro hijo.
—Tú no lo entiendes —dijo Harry—. Esto es importante.
Pero era evidente que Neville haría algo desesperado.
- Oh no – se lamentó Alice - ¿Qué va a pasar?
—No dejaré que lo hagáis —dijo, corriendo a ponerse fren te al agujero del retrato—. ¡Voy... voy a pelear con vosotros!
- Eso es Neville – le animaron sus padres y los Merodeadores – demuéstrales que eres un Gryffindor.
—¡Neville! —estalló Ron—. ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota!
—¡No me llames idiota! —dijo Neville—. ¡No me parece bien que sigáis faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente!
- Exacto.
- Eso está muy bien.
—Sí, pero no a nosotros —dijo irritado Ron—. Neville, no sabes lo que estás haciendo.
Dio un paso hacia Neville y el chico dejó caer al sapo Tre vor, que desapareció de la vista.
—¡Ven entonces, intenta pegarme! —dijo Neville, levan tando los puños—. ¡Estoy listo!
- Que valiente – le dijo su madre abrazandolo.
Harry se volvió hacia Hermione.
- En caso de problemas acude siempre a Hermione – dijeron Harry y Ron.
—Haz algo —dijo desesperado. Hermione dio un paso adelante.
—Neville —dijo—, de verdad, siento mucho, mucho, esto.
- De verdad que lo siento – le dijo Hermione en la sala.
- ¿Qué le hiciste? – Preguntaron sus padres preocupados.
Levantó la varita.
—¡Petrificus totalus! —gritó, señalando a Neville.
Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus pier nas se juntaron. Todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó bocabajo, rígido como un tronco.
- Pobrecito – sus padres le abrazaban tan fuerte que probablemente dejaría de respirar en cualquier momento. El trío dorado se miró preocupados al ver esta reacción paternal y pensando en cómo reaccionarían sus respectivos padres con lo que se les venia encima.
Hermione corrió a darle la vuelta. Neville tenía la man díbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mi rándolos horrorizado.
—¿Qué le has hecho? —susurró Harry.
—Es la Inmovilización Total —dijo Hermione angustia da—. Oh, Neville, lo siento tanto...
Hermione seguía pidiéndole disculpas con la mirada, Neville negaba con la cabeza mientras sonreía.
—Lo comprenderás después, Neville —dijo Ron, mien tras se alejaban para cubrirse con la capa invisible.
- Y lo comprendí, y ahora lo comprendo aun mas.
Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio. En aquel estado de nervios, cada sombra de una estatua les parecía que era Filch, y cada silbido lejano del viento les parecía Peeves que los perseguía.
Al pie de la primera escalera, divisaron a la Señora Norris.
- ¡Chan chan chan!
—Oh, vamos a darle una patada, sólo una vez —murmu ró Ron en el oído de Harry,
- Por favor, por favor, por favor.
- Que lo hagan, que lo hagan, que lo hagan.
que negó con la cabeza.
- Nooooo, la vida no es justa, por qué desaprovechas una oportunidad tan buena.
Mientras pasaban con cuidado al lado de la gata, ésta volvió la cabeza con sus ojos como linternas, pero no los vio.
- Es lo que tiene que la capa sea invisible.
No se encontraron con nadie más, hasta que llegaron a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, aflojando la alfombra para que la gente tropezara.
—¿Quién anda por ahí? —dijo súbitamente, mientras subían hacia él. Entornó sus malignos ojos negros—. Sé que estáis aquí, aunque no pueda veros. ¿Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables?
- Que mala suerte tenéis.
Se elevó en el aire y flotó, mirándolos de soslayo.
—Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible.
- Maldito Peeves.
Harry tuvo súbitamente una idea.
—Peeves —dijo en un ronco susurró—, el Barón Sangui nario tiene sus propias razones para ser invisible.
- Gran idea – dijeron los merodeadores riendo.
- Eres un verdadero merodeador.
Peeves casi se cayó del aire de la impresión. Se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera.
—Lo siento mucho, sanguinaria señoría —dijo en tono meloso—. Fue por mi culpa, ha sido una equivocación... no lo vi... por supuesto que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, señor.
—Tengo asuntos aquí, Peeves —gruñó Harry—. Mantente lejos de este lugar esta noche.
—Lo haré, señoría, desde luego que lo haré —dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire—. Espero que los asuntos del señor barón salgan a pedir de boca, yo no lo molestaré.
Y desapareció.
- Eso ha sido fantástico.
—¡Genial, Harry! —susurró Ron.
Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasi llo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.
—Bueno, ya lo veis —dijo Harry con calma—. Snape ya ha pasado ante Fluffy.
- Agg tenía la esperanza de que todo acabaran siendo imaginaciones vuestras – gruñó Lily negando con la cabeza.
Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenían que enfrentarse. Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia los otros dos.
—Si queréis regresar, no os lo reprocharé —dijo—. Po déis llevaros la capa, no la voy a necesitar.
- No seas tonto, necesitaras su ayuda.
- Y son tus amigos nunca te dejaran ir solo, ni siquiera lo intentes – dejo claro James.
—No seas estúpido —dijo Ron.
—Vamos contigo —dijo Hermione.
Harry empujó la puerta.
Cuando la puerta crujió, oyeron unos gruñidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.
—¿Qué tiene en los pies? —susurró Hermione.
—Parece un arpa —dijo Ron—. Snape debe de haberla dejado ahí.
—Debe despertarse en el momento en que se deja de to car —dijo Harry—. Bueno, empecemos...
Se llevó a los labios la flauta de Hagrid y sopló.
- No se como el pobre Fluffy se pudo dormir con eso – dijo Ron.
- Oh vamos no toco tan mal – se quejó Harry mientras Hermione se reía.
No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se ba lanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.
—Sigue tocando —advirtió Ron a Harry,
- Por lo que más quieras no dejes de tocar.
mientras salía de la capa y se arrastraba hasta la trampilla. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro, mientras se aproxi maba a las gigantescas cabezas.
—Creo que podemos abrir la trampilla —dijo Ron, es piando por encima del lomo del perro—. ¿Quieres ir delante, Hermione?
- Que caballero – se burlaron los gemelos desprendiendo sarcasmo.
—¡No, no quiero!
—Muy bien. —Ron apretó los dientes y anduvo con cui dado sobre las patas del perro. Se inclinó y tiró de la argolla de la trampilla, que se levantó y abrió.
—¿Qué puedes ver? —preguntó Hermione con ansiedad.
—Nada... sólo oscuridad... no hay forma de bajar, hay que dejarse caer.
- ¿Un agujero oscuro que no sabes a donde lleva y probablemente este a gran altura? Suena bien cuando saltamos – sarcasmo, dulce sarcasmo.
Harry, que seguía tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atención de Ron y se señaló a sí mismo.
—¿Quieres ir primero? ¿Estás seguro? —dijo Ron—. No sé cómo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que pueda seguir haciéndolo dormir.
Harry le entregó la flauta y, en esos segundos de silencio, el perro gruñó y se estiró, pero en cuanto Hermione comenzó a tocar volvió a su sueño profundo.
Harry se acercó y miró hacia abajo. No se veía el fondo.
- Como no, tenias que ser tu el primero.
Se descolgó por la abertura y quedó suspendido de los dedos. Miró a Ron y dijo:
—Si algo me sucede, no sigáis. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore. ¿De acuerdo?
- ¿Por qué no habéis hecho eso antes?
El trío se encogió de hombros – no lo pensamos.
—De acuerdo —respondió Ron.
—Nos veremos en un minuto, espero...
Y Harry se dejó caer. Frío, aire húmedo mientras caía, caía, caía y..
¡PAF!
- ¿Eso significa un golpe muy fuerte? – preguntó Lily preocupada.
Aterrizó en algo mullido,
Todos soltaron el aire que habían estado conteniendo.
con un ruido suave y ex traño. Se incorporó y miró alrededor, con ojos desacostum brados a la penumbra. Parecía que estaba sentado sobre una especie de planta.
Todos empezaron a pensar en los peligros que podría entrañar que hubiera allí una planta.
—¡Todo bien! —gritó al cuadradito de luz del tamaño de un sello, que era la abertura de la trampilla—. ¡Fue un ate rrizaje suave, puedes saltar!
Ron lo siguió de inmediato. Aterrizó al lado de Harry
—¿Qué es esta cosa? —fueron sus primeras palabras.
—No sé, alguna clase de planta. Supongo que está aquí para detener la caída.
- Eso es suponer demasiado – se quejó Tonks.
¡Vamos, Hermione!
La música lejana se detuvo. Se oyó un fuerte ladrido, pero Hermione ya había saltado. Cayó al otro lado de Harry.
—Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio —dijo la niña.
—Me alegro de que esta planta esté aquí —dijo Ron.
—¿Te alegras? —gritó Hermione—. ¡Miraos!
- Oh no, ¿Qué planta es?
Hermione saltó y chocó contra una pared húmeda. Tuvo que luchar porque, en el momento en que cayó, la planta co menzó a extenderse como una serpiente para sujetarle los to billos. Harry y Ron, mientras tanto, ya tenían las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubieran dado cuenta.
- ¿Un lazo del diablo? Bueno no es muy difícil librarse si sabes cómo – dijo Neville.
Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atra para. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para quitarse la planta de encima,
- No luchéis, será mejor que os relajéis u os matara mas rápido.
pero mien tras más luchaban, la planta los envolvía con más rapidez.
—¡Dejad de moveros! —ordenó Hermione—. Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!
—Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda —gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.
- Identificar la planta es el primer paso Ron – le regañó su madre que estaba haciendo un gran esfuerzo por permanecer relajada.
—¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione.
—¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Harry, mientras la planta le oprimía el pecho.
En la sala su madre le apretaba tanto como lo había hecho la planta.
—Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo la profe sora Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad...
—¡Entonces enciende un fuego! —dijo Harry.
- Exacto – afirmó Neville – buen trabajo en equipo.
—Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos.
Todos se quedaron en silencio por la sorpresa, hasta que la mitad de la sala estallo en risas mientras los demás miraban a Hermione divertidos, la susodicha se encontraba del mismo color que el pelo de Ginny que estaba sentada a su lado.
- No puedo creer que hayas dicho eso – reía Sirius – ¿eres una bruja o no?
- Ha sido una buena forma de deshacerse de la tensión.
- Lo mejor es que hace unos cuantos capítulos Hermione creó esos fuegos portátiles.
- Y quemó la túnica de Snape en el partido de quidditch.
- Es verdad, ¿eras una pequeña pirómana y ahora resulta que necesitas madera?
—¿TE HAS VUELTO LOCA? —preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO?
- Nuestros pensamientos expresados con palabras.
—¡Oh, de acuerdo! —dijo Hermione. Agitó su varita, murmuró algo y envió a la planta unas llamas azules como las que había utilizado con Snape. En segundos, los dos mu chachos sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor. Retorciéndo se y alejándose, se desprendió de sus cuerpos y pudieron moverse.
—Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione —dijo Harry, mientras se acercaba a la pared, se cándose el sudor de la cara.
- Menos mal, porque vosotros dos os habrías quedado criando malvas – les regañó Molly que estaba muy pálida, y lo que le queda.
—Sí —dijo Ron—, y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente...
- Eso ayuda también.
- Es una cualidad muy buena – alabó Moody.
—Por aquí —dijo Harry, señalando un pasadizo de pie dra que era el único camino.
Lo único que podían oír, además de sus pasos, era el go teo del agua en las paredes. El pasadizo bajaba oblicuamente y Harry se acordó de Gringotts. Con un desagradable sobresalto, recordó a los dragones que decían que custodiaban las cámaras, en el banco de los magos. Si encontraban un dra gón, un dragón más grande... Con Norberto ya habían tenido suficiente...
- No, por favor, ya tuvimos suficientes criatura peligrosas – dijeron Molly, Jean y Lily.
—¿Oyes algo? —susurró Ron.
Harry escuchó. Un leve tintineo y un crujido, que parecían proceder de delante.
—¿Crees que será un fantasma?
—No lo sé... a mí me parecen alas.
- ¿Alas?
Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándo se sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que vola ban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pe sada puerta de madera.
—¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.
- Es probable – dijo James
—Es probable —contestó Harry—.
Padre e hijo se sonrieron.
No parecen muy ma los, pero supongo que si se tiran todos juntos...
- Como en la pelicula de los pajaros de Hitchcok – dijo Jack – tuve muchas pesadillas después de verla – añadió estremeciéndose.
Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.
Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agu dos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave.
- Obviamente.
Los otros dos lo imitaron. Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron.
—Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione.
Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando...
- ¿Brillando?
¿Brillando?
- Si brillando, ya nos hemos enterado – añadió Sirius.
—¡No son pájaros! —dijo de pronto Harry—. ¡Son llaves!
- Claro, llaves, una de ellas abrirá la puerta.
- Qué suerte que seas buscador
Llaves aladas, mirad bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras los otros obser vaban la bandada de llaves—. Sí... mirad ahí. ¡Escobas! ¡Te nemos que conseguir la llave de la puerta!
—¡Pero hay cientos de llaves!
Ron examinó la cerradura de la puerta.
—Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de pla ta, probablemente, como la manija.
- Buen diagnostico.
Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápida mente que era casi imposible sujetarlas.
Pero no por nada Harry era el más joven buscador del siglo. Tenía un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía.
- Y eso que eres medio cegato como tu padre – padre e hijo le dieron una colleja a Sirius.
Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la ce rradura.
- Pobre llave, no se merecía eso.
—¡Es ésa! —gritó a los otros—. Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.
Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.
Su madre le miró de una forma que significaba que si por ella fuera no iba a acercarse mucho a las escobas.
—¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada—. Ron, ven desde arri ba, Hermione, quédate abajo y no la dejes descender. Yo tra taré de atraparla. Bien: ¡AHORA!
- Serás un gran capitán de quidditch – le aseguró su padre.
Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical, la llave los esquivó a ambos, y Harry se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. Los vivas de Ron y Hermione retumbaron por la habitación.
En la sala retumbó aun mas.
Aterrizaron rápidamente y Harry corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspec to de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.
- Esa llave se merece un aumento de sueldo.
—¿Listos? —preguntó Harry a los otros dos, con la mano en la manija de la puerta. Asintieron. Abrió la puerta.
- ¿Apostamos que será la siguiente prueba? – propuso Sirius.
- Será alguna locura como una ajedrez gigante o algo así. – Respondió Remus en broma.
La habitación siguiente estaba tan oscura que no pu dieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz súbi tamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso.
Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas.
- ¿Por qué Lunatico siempre gana las apuestas? – se quejó Sirius – incluso cuando no hemos llegado a hacer la apuesta.
- Es un don – respondió Remus.
Harry, Ron y Hermione se estremecieron: las piezas blancas no te nían rostros.
—¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry
—Está claro, ¿no? —dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la habitación.
Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.
- Si es como el ajedrez mágico esto no es bueno – se estremecieron algunos.
—¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo.
—Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas.
- Definitivamente no es bueno.
Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para to car el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.
—¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?
El caballero negro asintió con la cabeza.
- Por Merlín os vais a matar – se quejó Lily.
- Y nos vais a matar a nosotras del susto – añadió Molly.
Ron se volvió a los otros dos.
—Esto hay que pensarlo... —dijo—. Supongo que tene mos que ocupar el lugar de tres piezas negras.
Harry y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin dijo:
—Bueno, no os ofendáis, pero ninguno de vosotros es muy bueno en ajedrez...
- Suerte que la planta no estrangulara a Ron.
—No nos ofendemos —dijo rápidamente Harry—. Sim plemente dinos qué tenemos que hacer.
—Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Her mione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Harry.
—¿Y qué pasa contigo?
—Yo seré un caballo.
- Has cogido la posición más peligrosa – se quejó su madre, cada vez mas palida.
Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, un alfil y una torre dieron la espal da a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres tres cuadrados que Harry, Ron y Hermione ocuparon.
—Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al otro lado del tablero—. Sí... mirad.
Un peón blanco se movió hacia delante.
Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían si lenciosamente cuando los mandaba. A Harry le temblaban las rodillas. ¿Y si perdían?
- No tenemos muchas ganas de saber qué pasaría si pierden así que haced el favor y ganar la partida – dijo Jean.
—Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la de recha.
La primera verdadera impresión llegó cuando el otro ca ballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.
Eso no ayudó nada a que las caras recuperaran el color que estaban perdiendo, algunos todavía tenían la esperanza de que si perdían simplemente no podrían pasar a la siguiente sala, pero estaba claro que ese no iba a ser el caso.
—Tuve que dejar que sucediera —dijo Ron, conmovido—. Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Hermione.
- ¿Cómo hiciste tú para capturar una pieza, Hermione? – preguntó Sirius.
- Se auto destruyó y salió del tablero sola.
Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un gru po de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared.
- Pobres piezas negras, merecen un minuto de silencio – dijo Sirius intentando disipar la tensión del ambiente, cosa que no funcionó.
Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro.
Jean y Lily miraron a Ron con eterno agradecimiento.
Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.
—Ya casi estamos —murmuró de pronto—. Dejadme pensar... dejadme pensar.
La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.
—Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me cojan.
- ¡¿QUÉ?! – Gritaron alarmados sus padres y hermanos.
- ¡NO! – gritaron los demás.
- Era la única manera de conseguir el jaque mate – se defendió Ron.
—¡NO! —gritaron Harry y Hermione.
—¡Esto es ajedrez! —dijo enfadado Ron—. ¡Hay que ha cer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me coge rá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry.
- Es usted un gran jugador señor Weasley – le alabó McGonnagal, a Ron se le pusieron las orejas rojas.
—Pero...
—¿Quieres detener a Snape o no?
—Ron...
—¡Si no os dais prisa va a conseguir la Piedra!
- Ron tiene razón.
- Cállate Sirius.
No había nada que hacer.
—¿Listo? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero deci dido—. Allá voy, y no os quedéis una vez que hayáis ganado.
Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado. Parecía desmayado.
- Mama, estoy bien, eso pasó hace cuatro años – se quejó Ron intentando escapar de su madre que intentaba medio abrazarlo medio buscar posibles heridas.
Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la iz quierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry. Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desespe ración hacia Ron, Harry y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.
—¿Y si él está...?
—Él estará bien —dijo Harry, tratando de convencerse a sí mismo—.
- Estoy bien – aseguró Ron.
¿Qué crees que nos queda?
- Ni se te ocurra decir nada – le dijo Sirius a Remus.
—Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...
- Entonces sí que puede ser cualquier cosa.
Habían llegado a otra puerta.
—¿Todo bien? —susurró Harry.
—Adelante.
Harry empujó y abrió.
Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se tapa ran la nariz con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado,
- Otro troll no
inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.
- Alguien ha pasado ya por ahí. – Dijo Sirius.
- No me digas Sherlock. – añadió James.
—Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —
- Nosotros también nos alegramos.
su surró Harry, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas—. Vamos, no puedo respirar.
Abrió la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.
- Las pociones de Quejicus. – Dijo James poniendo una mueca.
- No me digas Sherlock – añadió Sirius – Ja, a que molesta.
James le dio una colleja.
—Snape —dijo Harry—. ¿Qué tenemos que hacer?
Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mis mo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.
- La cosa empieza bien.
—¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry miró por encima de su hombro para leerlo:
El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,
dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,
una entre nosotras siete te dejará adelantarte,
otra llevará al que lo beba para atrás,
dos contienen sólo vino de ortiga,
tres son mortales, esperando escondidos en la fila.
Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,
para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:
Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado iz quierdo del vino de ortiga;
Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga;
Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior;
Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.
- Es un acertijo – dijo Lily – no es muy complicado.
- Calla Lily queremos saber que va a pasar – la calló James.
Hermione dejó escapar un gran suspiro y Harry, sor prendido, vio que sonreía, lo último que había esperado que hiciera.
—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.
- Muy cierto, Señorita Granger, - asintió Dumbledore – es una gran idea de protección Severus – añadió.
—Pero nosotros también, ¿no?
—Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con vene no, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego ne gro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.
—Pero ¿cómo sabremos cuál beber?
- Tu déjaselo a Hermione, tardará como un minuto en resolverlo.
—Dame un minuto.
Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándo las. Al fin, se golpeó las manos.
—Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.
Harry miró a la diminuta botella.
—Aquí hay sólo para uno de nosotros —dijo—. No hay más que un trago.
- Por supuesto que ira solo, ¿Cómo he podido dudarlo? – Suspiró Lily.
Se miraron.
—¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?
Hermione señaló una botella redonda del extremo dere cho de la fila.
—Tú bebe de ésa —dijo Harry—. No: vuelve, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podréis salir por la trampilla sin que os vea Fluffy. Id di rectamente a la lechucería y enviad a Hedwig a Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que yo detenga un poco a Snape, pero la verdad es que no puedo igualarlo.
- Ya te gustaría Potter – dijo Severus por lo bajo.
—Pero Harry... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?
—Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —dijo Harry, se ñalando su cicatriz—. Puede ser que la tenga de nuevo.
- Eso es lo que yo llamo tener esa confianza.
Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó.
—¡Hermione!
—Harry.. Eres un gran mago, ya lo sabes.
—No soy tan bueno como tú —contestó muy incómodo, mientras ella lo soltaba.
—¡Yo! —exclamó Hermione—. ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, Harry, ten cuidado!
- Sabias palabras – le sonrió Dumbledore.
—Bebe primero —dijo Harry—. Estás segura de cuál es cuál, ¿no?
—Totalmente —dijo Hermione. Se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.
—No es veneno, ¿verdad? —dijo Harry con voz anhe lante.
—No... pero parece hielo.
—Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.
—Buena suerte... ten cuidado...
—¡VETE!
Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.
Los padres de Hermione soltaron el aire que habían estado conteniendo preocupados por su futura hija.
Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.
—Allá voy —dijo, y se bebió el contenido de un trago.
- Y entonces se transformó en rana – bromeó George.
Era realmente como si tragara hielo.
- ¿Quién se apunta a ver quien es capaz de tragar mas hielo? – preguntó Fred, rápidamente las manos de James, Sirius, George, Alex, Orión, Godric, sorprendentemente Salazar, los gemelos Prewet y Tonks se alzaron.
- ¿Qué pasa? – preguntó Salazar – soy tan competitivo como ellos.
Dejó la botella y fue hacia delante. Se dio ánimo al ver que las llamas negras la mían su cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontró al otro lado, en la última habitación.
Ya había alguien allí.
- No es una sorpresa, ya nos lo imaginábamos – dijo James.
Pero no era Snape.
- ¿Qué? ¿No es Quejicus?
- ¿Quién puede ser entonces?
- Tiene que ser Voldemort.
Y tampoco era Voldemort.
- Eso deja nuestra teoría fuera de juego.
- No lo entiendo, ¿Quién mas puede ser?
- No hagas esfuerzos Canuto que te puedes hacer daño intentando pensar tanto.
- Tienes razón Cornamenta… ¡Oye!
- Con esa nota positiva terminó el capitulo – anunció Teddy.
- Ya llegamos al último capítulo por fin- suspiró Harry.
- No cantes victoria amigo que solo es el primer libro.
