- Ultimo capitulo haya vamos – dijo Teddy. - ¿Quién quiere leerlo?

- Yo lo haré – dijo James cogiendo el libro mientras muchos le miraban sorprendidos, más que por lo serio que estaba, que era comprensible, por el hecho de que quisiera leer algo voluntariamente.

- El hombre con dos caras – leyó James – ya empieza raro el capitulo.

Era Quirrell.

- ¡No me jodas! – exclamó Sirius – ¿el tartamudo es el malo?

- ¡Lo sabia! – gritaron a la vez Lily y Remus.

- No mintáis no teníais ni idea

- Lo sospechábamos, mencionaban a ese tipo con mucha frecuencia en situaciones que no pintaba nada.

¡Usted! —exclamó Harry.

Quirrell sonrió. Su rostro no tenía ni sombra del tic.

- Era todo una actuación.

- Al parecer no era tan inútil, podría haber tenido una carrera como actor.

Yo —dijo con calma— me preguntaba si me iba a en contrar contigo aquí, Potter.

Pero yo pensé... Snape...

¿Severus? —Quirrell rió, y no fue con su habitual so nido tembloroso y entrecortado, sino con una risa fría y agu da—. Sí, Severus parecía ser el indicado, ¿no? Fue muy útil tenerlo dando vueltas como un murciélago enorme. Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profe sor Quirrell?

- Tiene un punto – dijo Salazar – es muy astuto por su parte esconderse detrás de un matón, sin ofender Severus.

Harry no podía aceptarlo. Aquello no podía ser verdad, no podía ser.

¡Pero Snape trató de matarme!

No, no, no. Yo traté de matarte. Tu amiga, la señorita Granger, accidentalmente me atropelló cuando corría a pren derle fuego a Snape, en ese partido de quidditch. Y rompió el contacto visual que yo tenía contigo.

- Así que salvaste a Harry de pura casualidad.

Unos segundos más y te habría hecho caer de esa escoba. Y ya lo habría conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio, tratando de salvarte.

- ¿Le estabas salvando? – preguntaron los merodeadores incrédulos, Snape por su parte no contestó un poco confuso sobre lo que estaba pasando, le había parecido raro que intentara matar al hijo de Potter tan descaradamente en el partido pero aun más raro le parecía que estuviera tratando de salvarlo, a él el chico le era indiferente.

¿Snape trataba de salvarme a mí?

Por supuesto —dijo fríamente Quirrell—. ¿Por qué crees que quiso ser árbitro en el siguiente partido?

- Al final era tu buena acción del día ¿no?

Estaba tratando de asegurarse de que yo no pudiera hacerlo otra vez. Gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No podía hacer nada con Dumbledore mirando. Todos los otros profesores creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase,

- Eso era un extra – dijo Severus por lo bajo con una media sonrisa pero solo Salazar lo escuchó y sonrió también.

se ha hecho muy impopular... Y qué pér dida de tiempo cuando, después de todo eso, voy a matarte esta noche.

- Yo no diría que fuera una pérdida de tiempo – dijo James mirando a Snape y por una vez su mirada reflejaba gratitud hacia el otro chico.

Quirrell chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en el cuerpo de Harry, sujetándolo con fuerza.

- Suéltalo maldito – susurró/gruñó Lily

Eres demasiado molesto para vivir, Potter. Deslizándote por el colegio, como en Halloween, porque me descubris te cuando iba a ver qué era lo que vigilaba la Piedra.

¿Usted fue el que dejó entrar al trol?

- ¡Claro! – dijo Sirius – él dejó entrar al trol.

- Obviamente Sirius – dijo Remus – ya deberías de haberte dado cuenta a estas alturas, todo por lo que habían culpado a Snape en realidad había sido este tipo.

Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. ¿No viste lo que le hice al que estaba en la otra habitación?

- ¿un don especial para los trols? No sé yo si eso es algo bueno, aunque por lo menos tiene talento para algo – se burló Sirius.

Desgraciadamente, cuando todos andaban corriendo por ahí para buscarte, Snape, que ya sospechaba de mí, fue directa mente al tercer piso para ganarme de mano, y no sólo hizo que mi monstruo no pudiera matarte, sino que ese perro de tres cabezas no mordió la pierna de Snape de la manera en que debería haberlo hecho...

- De verdad Fluffy mira que no morderle la pierna como debe ser…

Hizo una pausa:

Ahora, espera tranquilo, Potter. Necesito examinar este interesante espejo.

- ¿un espejo? James, Sirius este tipo es peor que vosotros. – Se burló Remus esquivando a sus amigos que intentaban golpearle.

Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra —murmuró Quirrell, dando golpecitos alrededor del mar co—. Era de esperar que Dumbledore hiciera algo así... pero él está en Londres... Cuando pueda volver, yo ya estaré muy lejos.

- O no.

Lo único que se le ocurrió a Harry fue tratar de que Quirrell siguiera hablando y dejara de concentrarse en el espejo.

- Es un buen plan Potter – dijo Moody – distráele y piensa rápido.

Lo vi a usted y a Snape en el bosque... —dijo de golpe.

Sí —dijo Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo para ver la parte posterior—. Me esta ba siguiendo, tratando de averiguar hasta dónde había llegado. Siempre había sospechado de mí. Trató de asustar me... Como si pudiera, cuando yo tengo a lord Voldemort de mi lado...

- Más que a su lado está detrás suyo ¿no creéis? – les dijo Harry a sus amigos que a pesar de todo no pudieron evitar sonreir.

Quirrell salió de detrás del espejo y se miró en él con enfado.

Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está?

Harry luchó con las sogas qué lo ataban, pero no se aflo jaron. Tenía que evitar que Quirrell centrara toda su aten ción en el espejo.

- Aun así no creo que vaya a conseguir la piedra – dijo Dumbledore – podría pasarse horas intentando sacar la piedra del espejo sin conseguir nada.

Pero Snape siempre pareció odiarme mucho.

- Porque te odio – murmuró Snape.

Oh, sí—dijo Quirrell, con aire casual— claro que sí. Estaba en Hogwarts con tu padre, ¿no lo sabías? Se de testaban. Pero nunca quiso que estuvieras muerto.

Pero hace unos días yo lo oí a usted, llorando... Pensé que Snape lo estaba amenazando...

Por primera vez, un espasmo de miedo cruzó el rostro de Quirrell.

Algunas veces —dijo— me resulta difícil seguir las instrucciones de mi maestro... Él es un gran mago y yo soy débil...

- La conversación empieza a ser interesante – dijo Sirius.

¿Quiere decir que él estaba en el aula con usted? —pre guntó Harry

Él está conmigo dondequiera que vaya

- ¿No se separan nunca? ¿Ni siquiera para ir al baño? – preguntó Sirius - ¿Qué pasa? Yo me pondría muy nervioso si Voldemort me observara mientras voy al baño.

dijo con cal ma Quirrell—. Lo conocí cuando viajaba por el mundo. Yo era un joven tonto, lleno de ridículas ideas sobre el mal y el bien. Lord Voldemort me demostró lo equivocado que estaba. No hay ni mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado dé biles para buscarlo...

- Claaaaro que si, Voldemort te ha comido el coco.

Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces le he fallado. Tuvo que ser muy severo conmigo. —Quirrell se estremeció súbitamente—. No perdo na fácilmente los errores. Cuando fracasé en robar esa Pie dra de Gringotts, se disgustó mucho. Me castigó... decidió que tenía que vigilarme muy de cerca...

- ¿Por eso no se separa de él? Eso sí que es un castigo.

La voz de Quirrell se apagó. Harry recordó su viaje al ca llejón Diagon... ¿Cómo había podido ser tan estúpido? Había visto a Quirrell aquel mismo día y se habían estrechado las manos en el Caldero Chorreante.

En la sala hubo un facepalm general.

Quirrell maldijo entre dientes.

No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que romperlo?

- Ese sería su error final – dijo Dumbledore – perdería la piedra para siempre.

La mente de Harry funcionaba a toda máquina.

«Lo que más deseo en el mundo en este momento —pen só— es encontrar la Piedra antes de que lo haga Quirrell. Entonces, si miro en el espejo, podría verme encontrándola... ¡Lo que quiere decir que veré dónde está escondida!

- Realmente has comprendido cómo funciona el espejo – le felicitó Dumbledore.

Pero ¿cómo puedo mirar sin que Quirrell se dé cuenta de lo que quiero hacer?

Trató de torcerse hacia la izquierda, para ponerse frente al espejo sin que Quirrell lo notara, pero las sogas que tenía alrededor de los tobillos estaban tan tensas que lo hicieron caer. Quirrell no le prestó atención. Seguía hablando para sí mismo.

¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? ¡Ayúdame, Maestro!

Y para el horror de Harry,

Y de todos los de la sala.

una voz le respondió, una voz que parecía salir del mismo Quirrell.

- Eso es muy raro…

- Acuérdate del título del capítulo – dijo Remus.

- El hombre de dos caras – murmuro Lily con una mueca de horror.

Utiliza al muchacho... Utiliza al muchacho...

- No utilices al muchacho… No utilices al muchacho… - comenzaron a repetir en la sala.

Quirrell se volvió hacia Harry.

Sí... Potter... ven aquí.

- No, no vayas.

- No es como si tuviera opción.

Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harry se puso lentamente de pie.

Ven aquí —repitió Quirrell—. Mira en el espejo y dime lo que ves.

Harry se aproximó.

«Tengo que mentir —pensó, desesperado—, tengo que mirar y mentir sobre lo que veo, eso es todo.»

- Bueno no es muy difícil, llevas los genes de un merodeador – dijo James sonriendo.

"si tan solo fuera tan fácil" pensó Dumbledore "Voldemort puede hacer legeremancia".

Quirrell se le acercó por detrás. Harry respiró el extraño olor que parecía salir del turbante de Quirrell. Cerró los ojos, se detuvo frente al espejo y los volvió a abrir.

Se vio reflejado, muy pálido y con cara de asustado. Pero un momento más tarde, su reflejo le sonrió. Puso la mano en el bolsillo y sacó una piedra de color sangre. Le guiñó un ojo y volvió a guardar la Piedra en el bolsillo y, cuando lo hacía, Harry sintió que algo pesado caía en su bolsillo real. De alguna manera (era algo increíble) había conseguido la Piedra.

- Espera… ¿Qué? – se sorprendieron casi todos.

- Ha conseguido la piedra a la primera – empezaron a celebrar.

- ¡Concentraos que todavía está en peligro! – les regañó Lily.

¿Bien? —dijo Quirrell con impaciencia—. ¿Qué es lo que ves?

Harry, haciendo de tripas corazón, contestó:

Me veo con Dumbledore, estrechándonos las manos —inventó—. Yo... he ganado la copa de la casa para Gryffindor. Quirrell maldijo otra vez.

- Vamos Harry tu puedes hacerlo mejor, esa mentira es muy floja.

Quítate de ahí —dijo. Cuando Harry se hizo a un lado, sintió la Piedra Filosofal contra su pierna. ¿Se atrevería a es capar?

- Sal corriendo ahora que esta distraído.

- No creo que hubiera llegado muy lejos mama.

Pero no había dado cinco pasos cuando una voz aguda habló, aunque Quirrell no movía los labios.

Él miente... él miente...

- Y la voz misteriosa hace acto de presencia.

¡Potter, vuelve aquí! —gritó Quirrell—. ¡Dime la ver dad! ¿Qué es lo que has visto?

La voz aguda se oyó otra vez.

Déjame hablar con él... cara a cara...

- Oh no, eso no suena demasiado prometedor.

¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía!

Tengo fuerza suficiente... para esto.

Harry sintió como si el Lazo del Diablo lo hubiera clava do en el suelo. No podía mover ni un músculo. Petrificado, ob servó a Quirrell, que empezaba a desenvolver su turbante. ¿Qué iba a suceder?

La mitad de la sala se mordía las uñas por la tensión.

El turbante cayó. La cabeza de Quirrell parecía extrañamente pequeña sin él. Entonces, Quirrell se dio la vuelta lentamente.

Harry hubiera querido gritar, pero no podía dejar salir ningún sonido. Donde tendría que haber estado la nuca de Quirrell, había un rostro, la cara más terrible que Harry hubiera visto en su vida. Era de color blanco tiza, con brillan tes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las ser pientes.

- Voldemort es tan feo que va por ahí provocando traumas infantiles – se burló Fred intentando disipar la tensión sin mucho éxito.

Harry Potter... —susurró.

- Henry Foster… - Susurró George

Harry trató de retroceder, pero sus piernas no le res pondían.

¿Ves en lo que me he convertido?

- ¿Y de quien es la culpa? – Preguntó Sirius.

- De Harry por supuesto, como se atreve a sobrevivir a la maldición asesina y encima hacer que revote en él y hacer que se convierta en una cara en la nuca del inútil de Quirrel. – respondió Godric siguiendo el juego de Sirius y los gemelos intentando distraer un poco a la gente.

dijo la cara—. No más que en sombra y quimera... Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro...

- Sera parasito… - insultó Jack Granger.

Pero siempre ha habi do seres deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en es tas semanas pasadas... tú viste al leal Quirrell bebiéndo la para mí en el bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida seré capaz de crear un cuerpo para mí... Ahora... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo.

Entonces él lo sabía. La idea hizo que de pronto las pier nas de Harry se tambalearan.

- Usa la legeremancia – explicó Dumbledore.

No seas tonto —se burló el rostro—. Mejor que salves tu propia vida y te unas a mí... o tendrás el mismo final que tus padres... Murieron pidiéndome misericordia...

- ¡Mentiroso! – gritó toda la sala.

¡MENTIRA! —gritó de pronto Harry.

- Pensamos como Harry – se "lamentaron" los gemelos.

Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudie ra mirarlo. La cara maligna sonreía.

Qué conmovedor —dijo—. Siempre consideré la valen tía... Sí, muchacho, tus padres eran valientes... Maté prime ro a tu padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir...

Todos se miraron confusos, Voldemort odiaba a los hijos de muggles, si tuviera que elegir entre matar a James o a Lily lo lógico es que escogiera a Lily y tratara de hacer que James se uniera a él por ser sangre limpia.

ella trataba de protegerte... Ahora, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.

- Golpe bajo.

- No cedas Harry.

¡NUNCA!

- Eso es cabezota como tus padres.

Harry se movió hacia la puerta en llamas, pero Volde mort gritó: ¡ATRÁPALO! y, al momento siguiente, Harry sin tió la mano de Quirrell sujetando su muñeca. De inmediato, un dolor agudo atravesó su cicatriz y sintió como si la cabeza fuera a partírsele en dos. Gritó, luchando con todas sus fuer zas y, para su sorpresa, Quirrell lo soltó. El dolor en la cabeza amainó...

Miró alrededor para ver dónde estaba Quirrell y lo vio doblado de dolor, mirándose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos.

- Eso ha sido raro

- ¿Qué has hecho?

- No importa sigue haciéndolo está funcionando.

¡ATRÁPALO! ¡Atrápalo! —rugía otra vez Voldemort, y Quirrell arremetió contra Harry, haciéndolo caer al suelo y apretándole el cuello con las dos manos... La cicatriz de Harry casi lo enceguecía de dolor y, sin embargo, pudo ver a Quirrell chillando desesperado.

Maestro, no puedo sujetarlo... ¡Mis manos... mis manos! Y Quirrell, aunque mantenía sujeto a Harry aplastán dolo con las rodillas, le soltó el cuello y contempló, aterroriza do, sus manos. Harry vio que estaban quemadas, en carne viva, con ampollas rojas y brillantes.

- Harry está que arde – bromeó George.

¡Entonces mátalo, idiota, y termina de una vez! —ex clamó Voldemort.

Quirrell levantó la mano para lanzar un maleficio mor tal, pero Harry, instintivamente, se incorporó y se aferró a la cara de Quirrell.

¡AAAAAAH!

Quirrell se apartó, con el rostro también quemado, y en tonces Harry se dio cuenta: Quirrell no podía tocar su piel sin sufrir un dolor terrible.

- Has tardao en darte cuenta

- Mira que eres lento Harry.

- Vosotros tampoco os habíais dado cuenta ¿a qué no? – Les preguntó Remus sonriendo.

- Cállate Lunático.

Su única oportunidad era sujetar a Quirrell, que sintiera tanto dolor como para impedir que hi ciera el maleficio...

Harry se puso de pie de un salto, cogió a Quirrell de un brazo y lo apretó con fuerza. Quirrell gritó y trató de empu jar a Harry. El dolor de cabeza de éste aumentaba y el muchacho no podía ver, solamente podía oír los terribles ge midos de Quirrell y los aullidos de Voldemort: ¡MÁTALO! ¡MÁ TALO!, y otras voces, tal vez sólo en su cabeza, gritando: «¡Harry! ¡Harry!».

- Alguien ha llegado al rescate.

Sintió que el brazo de Quirrell se iba soltando, supo que estaba perdido, sintió que todo se oscurecía y que caía... caía... caía...

- Iaaa… iaaa… iaaa… - susurró Sirius.

Algo dorado brillaba justo encima de él. ¡La snitch! Trató de atraparla, pero sus brazos eran muy pesados.

- ¿Es que solo pensáis en Quiditch? – se quejó Hermione.

Pestañeé. No era la snitch. Eran un par de gafas. Qué raro.

Pestañeó otra vez. El rostro sonriente de Albus Dumble dore se agitaba ante él.

- ¡Dumbledore al rescate! – celebraron los merodeadores.

Buenas tardes, Harry —dijo Dumbledore.

Harry lo miró asombrado. Entonces recordó.

¡Señor! ¡La Piedra! ¡Era Quirrell! ¡Él tiene la Piedra! Señor, rápido...

- Relájate, si Dumbledore está ahí es que todo va bien – le dijo James que ya había abandonado el rostro serio que lo había acompañado durante todo el capitulo.

Cálmate, qúerido muchacho, estás un poco atrasado —dijo Dumbledore—. Quirrell no tiene la Piedra.

- En su cara ¡Ja!

- En las dos.

¿Entonces quién la tiene? Señor, yo...

Harry, por favor, cálmate, o la señora Pomfrey me echará de aquí.

- ¿La señora Pomfrey puede echarle de allí? – Preguntó Sirius.

- Por supuesto que sí – contestó la señora Pomfrey – aunque sea el director está molestando a los enfermos.

Harry tragó y miró alrededor. Se dio cuenta de que debía de estar en la enfermería. Estaba acostado en una cama, con sábanas blancas de hilo, y cerca había una mesa, con una enorme cantidad de paquetes, que parecían la mitad de la tienda de golosinas

Algunos ya estaban babeando como si pudieran ver la montaña de golosinas.

Regalos de tus amigos y admiradores —dijo Dumble dore, radiante—. Lo que sucedió en las mazmorras entre tú y el profesor Quirrell es completamente secreto, así que, na turalmente, todo el colegio lo sabe.

- Bueno no sabíamos toda la verdad – se quejaron los que habian estado allí.

- Ni siquiera la mitad de la verdad - añadió Fred.

Creo que tus amigos, los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un inodoro.

- No nos mires así mama, la idea fue tuya ¿recuerdas? – su madre volvía a parecerse cada vez más a un tigre mientras los fulminaba con la mirada.

- así que me quedé sin él porque se lo mandasteis a Harry. Me habíais prometido el inodoro a mí – se quejó Ginny divertida.

No dudo que pensaron que eso te di vertiría. Sin embargo, la señora Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó.

- Obviamente – dijo la enfermera.

¿Cuánto tiempo hace que estoy aquí?

Tres días. El señor Ronald Weasley y la señorita Gran ger estarán muy aliviados al saber que has recuperado el co nocimiento. Han estado sumamente preocupados.

Pero señor, la Piedra...

- Estas pesadito con eso ¿eh?

- Calla, nosotros también queremos saber que ha pasado con la piedra.

Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Pie dra. El profesor Quirrell no te la pudo quitar. Yo llegué a tiem po para evitarlo, aunque debo decir que lo estabas haciendo muy bien.

- Claro que si – dijo James revolviéndole el pelo a Harry.

¿Usted llegó? ¿Recibió la lechuza que envió Hermione?

Nos debimos cruzar en el aire. En cuanto llegué a Lon dres, me di cuenta de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. Llegué justo a tiempo para quitarte a Qui rrell de encima...

- Justo a tiempo.

Fue usted.

Tuve miedo de haber llegado demasiado tarde.

Casi fue así, no habría podido aguantar mucho más sin que me quitara la Piedra...

- Harry – dijo Dumbledore negando con la cabeza – no creo que mi preocupación fuera por la piedra.

No por la Piedra, muchacho, por ti... El esfuerzo casi te mata. Durante un terrible momento tuve miedo de que fuera así. En lo que se refiere a la Piedra, fue destruida.

- ¿Qué?

- ¿La ha destruido? ¿Por qué?

- era muy peligrosa, seguro que alguien volvía a intentar robarla.

¿Destruida? —dijo Harry sin entender—. Pero su ami go... Nicolás Flamel...

¡Oh, sabes lo de Nicolás! —dijo contento Dumbledo re—. Hiciste bien los deberes, ¿no es cierto? Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.

Pero eso significa que él y su mujer van a morir, ¿no?

Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y luego, sí, van a morir.

Dumbledore sonrió ante la expresión de desconcierto que se veía en el rostro de Harry.

La mayoría estaban también desconcertados.

Para alguien tan joven como tú, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenela será real mente como irse a la cama, después de un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la muer te no es más que la siguiente gran aventura.

- Alerta de frase épica – dijo Sirius soltando un silbido.

- ¿Le salió así en el momento o lo tenía pensado?

Dumbledore se encogió de hombros sonriendo – no lo sé.

Sabes, la Piedra no era realmente algo tan maravilloso. ¡Todo el dinero y la vida que uno pueda desear! Las dos cosas que la mayor parte de los seres humanos elegirían... El problema es que los hu manos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos.

- Exactamente – dijo Dumbledore dándose la razón a si mismo.

Harry yacía allí, sin saber qué decir. Dumbledore cantu rreó durante un minuto y después sonrió hacia el techo.

¿Señor? —dijo Harry—. Estuve pensando... Señor, aunque la Piedra ya no esté, Vol... quiero decir Quién-us ted-sabe...

- Llámalo por su nombre, no es más que eso un nombre.

- Ya lo sé, pero todo el mundo me decía que no lo hiciera.

Llámalo Voldemort, Harry. Utiliza siempre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el mie do a la cosa que se nombra.

Sí, señor. Bien, Voldemort intentará volver de nuevo, ¿no? Quiero decir... No se ha ido, ¿verdad?

- Ojala – dijo James.

No, Harry, no se ha ido. Está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir... Como no está realmente vivo, no se le puede matar.

- Lo que está muerto no puede morir – Dijo Salazar con aire solemne – he oído eso en algún sitio aunque no recuerdo donde.

Él dejó morir a Qui rrell, muestra tan poca misericordia con sus seguidores como con sus enemigos. De todos modos, Harry, tú tal vez has re trasado su regreso al poder. La próxima vez hará falta algún otro preparado para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder.

Harry asintió, pero se detuvo rápidamente, porque eso hacía que le doliera más la cabeza. Luego dijo:

Señor, hay algunas cosas más que me gustaría saber, si me las puede decir... cosas sobre las que quiero saber la verdad...

- Lamento decir, señor Potter, que no creo que vaya a decirle toda la verdad – le dijo Dumbledore un poco apenado, Harry se encogió de hombros, aunque esa parte del director le ponía de los nervios ya estaba acostumbrado a que le ocultara cosas.

La verdad —Dumbledore suspiró—. Es una cosa terri ble y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuida do. Sin embargo, contestaré tus preguntas a menos que ten ga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese caso te pido que me perdones. Por supuesto, no voy a mentirte.

- Pero no dirá toda la verdad.

- Bueno depende de lo que pregunte Harry.

Bien... Voldemort dijo que sólo mató a mi madre por que ella trató de evitar que me matara. Pero ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar?

- Buena pregunta.

Aquella vez, Dumbledore suspiró profundamente.

Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte.

- Toma, la primera en la frente.

No hoy. No ahora. Lo sabrás, un día... Quítatelo de la cabeza por ahora, Harry. Cuando seas mayor... ya sé que eso es odioso... bueno, cuando estés listo, lo sabrás.

- Todavía no me lo ha contado – se quejó Harry.

Y Harry supo que no sería bueno discutir.

¿Y por qué Quirrell no podía tocarme?

Tu madre murió para salvarte.

- Claro, es una magia antigua y muy poderosa – dijeron varios que se dieron cuenta, los de siempre vamos.

Si hay algo que Volde mort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ti deja mar cas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible... Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en tu piel. Quirrell, lleno de odio, codicia y ambición, compartiendo su alma con Voldemort, no podía tocarte por esa ra zón. Era una agonía el tocar a una persona marcada por algo tan bueno.

- Eso significa que Voldemort no puede tocarte- dijo Lily que se sentía bastante feliz por ese hecho.

Entonces Dumbledore se mostró muy interesado en un pájaro que estaba cerca de la cortina, lo que le dio tiempo a Harry para secarse los ojos con la sábana. Cuando pudo ha blar de nuevo, Harry dijo:

¿Y la capa invisible... sabe quién me la mandó?

- Seguro que uno de nosotros – dijo Sirius señalándose a sí mismo, a Remus y a Angy.

Ah... Resulta que tu padre me la había dejado y pensé que te gustaría tenerla.

- Pues al final no era ninguno de nosotros – dijo Angy – James se la dejó a Dumbledore.

- Espera – dijo Lily - ¿Tu sabias que tenían una capa invisible?

- Si – contestó ella – ¿no sabías que soy algo así como una merodeadora honorifica?

- Se chocó con nosotros un día que huíamos de Filch y lo descubrió – explico Sirius.

Los ojos de Dumbledore brilla ron—. Cosas útiles... Tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aquí.

- ¿Solo robar comida? – se quejaron los merodeadores indignados.

Y hay algo más...

Dispara.

Quirrell dijo que Snape...

El profesor Snape, Harry

Sí, él... Quirrell dijo que me odia, porque odiaba a mi padre. ¿Es verdad?

- Si – dijeron todos.

Bueno, ellos se detestaban uno al otro. Como tú y el se ñor Malfoy. Y entonces, tu padre hizo algo que Snape nunca pudo perdonarle.

¿Qué?

Le salvó la vida.

- ¿Qué?

¿Qué?

- Es una larga historia – dijeron los merodeadores y Snape claramente incómodos y los demás decidieron dejarlo estar por el momento.

Sí... —dijo Dumbledore, con aire soñador—. Es curio sa la forma en que funciona la mente de la gente, ¿no es cier to? El profesor Snape no podía soportar estar en deuda con tu padre... Creo que se esforzó tanto para protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría seguir odiando la memoria de tu padre, en paz...

- Bueno eso tiene algo de sentido, pero solo un poco.

Harry trató de entenderlo, pero le hacía doler la cabeza, así que lo dejó.

Y señor, hay una cosa más...

¿Sólo una?

¿Cómo pude hacer que la Piedra saliera del espejo?

Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Fue una de mis más brillantes ideas y, entre tú y yo, eso es decir mucho. Sabes, sólo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de conseguirla. De otra forma, se verían haciendo oro o bebiendo el Elixir de la Vida.

- Gran idea, profesor – le alabaron.

Mi mente me sorprende hasta a mí mismo... Bueno, suficientes preguntas. Te sugiero que comiences a comer esas golosinas. Ah, las grageas de todos los sabores. En mi ju ventud tuve la mala suerte de encontrar una con gusto a vó mito

- Aggg.

y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme.

- No me extraña.

Pero creo que no tendré problema con esta bonita gragea, ¿no te parece?

Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado. Luego se atragantó y dijo:

¡Ay de mí! ¡Cera del oído!

- Jajaja, que mala suerte profesor – se burló Sirius.

La señora Pomfrey era una mujer buena, pero muy estricta.

- Gracias – la señora Pomfrey le agradeció el cumplido.

Sólo cinco minutos —suplicó Harry

Ni hablar.

Usted dejó entrar al profesor Dumbledore...

Bueno, por supuesto, es el director, es muy diferente. Necesitas descansar.

- Favoritismos no señora Pomfrey.

Estoy descansando, mire, acostado y todo lo demás. Oh, vamos, señora Pomfrey..

Oh, está bien —dijo—. Pero sólo cinco minutos.

Y dejó entrar a Ron y Hermione.

- ¡Bien! Has conseguido hablandar su duro corazón – dijo James haciéndose el dramático.

¡Harry!

Hermione parecía lista para lanzarse en sus brazos, pero Harry se alegró de que se contuviera, porque le dolía la cabeza.

Oh, Harry; estábamos seguros de que te... Dumbledore estaba tan preocupado...

Todo el colegio habla de ello —dijo Ron—. ¿Qué es lo que realmente pasó?

- Pues veras… - empezó Sirius, pero fue detenido por angy que le dio un codazo en las costillas para que se callara.

Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera his toria era aún más extraña y apasionante que los más extraños rumores. Harry les contó todo: Quirrell, el espejo, la Pie dra y Voldemort. Ron y Hermione eran muy buen público, jadeaban en los momentos apropiados y, cuando Harry les dijo lo que había debajo del turbante de Quirrell, Hermione gritó muy fuerte.

¿Entonces la Piedra no existe? —dijo por ultimo Ron—. ¿Flamel morirá?

Eso es lo que yo dije, pero Dumbledore piensa que... ¿cómo era? Ah, sí: «Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura».

- Te has quedado con la frase – dijo Dumbledore contento.

Siempre dije que era un chiflado —dijo Ron, muy im presionado por lo loco que estaba su héroe.

- Ron – le regañó su madre aunque parecía que no podía dejar de sonreír después de haber soltado toda la tensión acumulada.

¿Y qué os pasó a vosotros dos? —preguntó Harry.

Bueno, yo volví —dijo Hermione—, desperté a Ron (tardé un rato largo)

- Ron eres todo un bello durmiente – se burlaron sus hermanos.

y, cuando íbamos a la lechucería para comunicarnos con Dumbledore, lo encontramos en el vestí bulo de entrada, y él ya lo sabía, porque nos dijo: «Harry se fue a buscarlo, ¿no?», y subió al tercer piso.

¿Crees que él quería que lo hicieras? —dijo Ron—. ¿Enviándote la capa de tu padre y todo eso?

- No creo que ese fuera mi plan original – dijo Dumbledore – pero probablemente se me ocurrió que había pasado eso.

Bueno —estalló Hermione—. Si lo hizo... eso es terri ble... te podían haber matado.

No, no fue así —dijo Harry con aire pensativo—. Dum bledore es un hombre muy especial. Yo creo que quería dar me una oportunidad. Creo que él sabe, más o menos, todo lo que sucede aquí.

- Dumbledore lo sabe todo – dijo Sirius con tono misterioso.

Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos.

- Es probable – admitió el director – y siempre es mejor que estéis preparados para todo.

No creo que fuera por accidente que me dejó encontrar el espejo y ver cómo funcionaba. Es casi como si él pensara que yo tenía derecho a enfrentarme a Voldemort, si podía...

Bueno, sí, está bien —dijo Ron—. Escucha, debes es tar levantado para mañana, es la fiesta de fin de curso. Ya están todos los puntos y Slytherin ganó, por supuesto.

Todos los Gryffindors se echaron a "llorar" mientras Salaza sonreía arrogantemente.

Te per diste el último partido de quidditch. Sin ti, nos ganó Raven claw, pero la comida será buena.

- Siempre queda ese consuelo – dijo sirius.

En aquel momento, entró la señora Pomfrey

Ya habéis estado quince minutos, ahora FUERA—dijo con severidad.

Después de una buena noche de sueño, Harry se sintió casi bien.

Quiero ir a la fiesta —dijo a la señora Pomfrey, mien tras ella le ordenaba todas las cajas de golosinas—. Podré ir, ¿verdad?

El profesor Dumbledore dice que tienes permiso para ir —dijo con desdén, como si considerara que el profesor Dumbledore no se daba cuenta de lo peligrosas que eran las fiestas—. Y tienes otra visita.

Oh, bien —dijo Harry—. ¿Quién es?

Mientras hablaba, entró Hagrid. Como siempre que es taba dentro de un lugar, Hagrid parecía demasiado grande. Se sentó cerca de Harry, lo miró y se puso a llorar.

¡Todo... fue... por mi maldita culpa!

- Oh hagrid, no fue culpa tuya – le consoló el trío dorado.

gimió, con la cara entre las manos—. Yo le dije al malvado cómo pasar ante Fluffy. ¡Se lo dije! ¡Podías haber muerto! ¡Todo por un huevo de dragón! ¡Nunca volveré a beber! ¡Deberían echarme y obligarme a vivir como un muggle!

¡Hagrid! —dijo Harry, impresionado al ver la pena y el remordimiento de Hagrid, y las lágrimas que mojaban su barba—. Hagrid, lo habría descubierto igual, estamos ha blando de Voldemort, lo habría sabido igual aunque no le di jeras nada.

- Exacto – dijeron todos.

¡Podrías haber muerto! —sollozó Hagrid—. ¡Y no di gas ese nombre!

¡VOLDEMORT! —gritó Harry, y Hagrid se impresionó tanto que dejó de llorar—. Me encontré con él y lo llamo por su nombre. Por favor, alégrate, Hagrid, salvamos la Piedra, ya no está, no la podrá usar. Toma una rana de chocolate, tengo muchísimas...

Hagrid se secó la nariz con el dorso de la mano y dijo:

Eso me hace recordar... Te he traído un regalo.

No será un bocadillo de comadreja, ¿verdad? —dijo preocupado Harry, y finalmente Hagrid se rió.

No. Dumbledore me dio libre el día de ayer para hacer lo. Por supuesto tendría que haberme echado... Bueno, aquí tienes...

Parecía un libro con una hermosa cubierta de cuero. Harry lo abrió con curiosidad... Estaba lleno de fotos mági cas. Sonriéndole y saludándolo desde cada página, estaban su madre y su padre...

- Oh, muchas gracias Hagrid – dijeron los Potter conmovidos.

Envié lechuzas a todos los compañeros de colegio de tus padres, pidiéndoles fotos...

- Fíjate, hemos salido indirectamente en el libro – dijo Sirius sonriendo.

Sabía que tú no tenías... ¿Te gusta?

Harry no podía hablar, pero Hagrid entendió.

Harry bajó solo a la fiesta de fin de curso de aquella noche. Lo había ayudado a levantarse la señora Pomfrey, insistiendo en examinarlo una vez más, así que, cuando llegó, el Gran Comedor ya estaba lleno. Estaba decorado con los colores de Slytherin, verde y plata, para celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete años seguidos.

Un gran estandarte, que cubría la pared detrás de la Mesa Alta, mos traba la serpiente de Slytherin.

- Una imagen que espero no ver nunca – dijo James tapándose los ojos.

Cuando Harry entró se produjo un súbito murmullo y to dos comenzaron a hablar al mismo tiempo. Se deslizó en una silla, entre Ron y Hermione, en la mesa de Gryffindor, y trató de hacer caso omiso del hecho de que todos se ponían de pie para mirarlo.

Por suerte, Dumbledore llegó unos momentos después. Las conversaciones cesaron.

¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que po dáis empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos te nido!

- Ya te digo – dijo Lily – espero que el siguiente sea más tranquilo.

El trío dorado estuvo a punto de echarse a reír por no llorar al oír esas palabras, eso solo había sido el primer año, a alguien iba a darle un ataque antes de que terminaran estos libros.

Esperamos que vuestras cabezas estén un poquito más llenas que cuando llegasteis... Ahora tenéis todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el pró ximo año...

- No te defraudaremos – dijo Fred.

- Quedaran bien vacías – añadió George.

Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lu gar, Gryffindor, con trescientos doce puntos;

Godric dejo caer la cabeza contra la mesa deprimido por haber perdido, y los miembros de su casa, salvo los que sabían que iba a pasar, no estaban en mejores condiciones.

en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos;

Helga sonrió divertida por haber ganado a Godric.

Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis,

Rowena y sus Ravenclaws aplaudieron.

y Slytherin, cuatrocientos setenta y dos.

Salazar se limitó a sonreír arrogantemente hacia Godric mientras Snape le lanzaba una mirada de superioridad a los Merodeadores.

Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. Harry pudo ver a Draco Malfoy golpeando la mesa con su copa.

- Repugnante – se quejó James

Era una visión repugnante.

Harry y James chocaron los cinco.

Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore—. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.

Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slythe rin se apagaron un poco.

- Umm… esto se pone interesante – dijo Sirius recuperando la sonrisa.

Así que —dijo Dumbledore— tengo algunos puntos de última hora para agregar.

- ¡Oh Siii!, nos va a dar puntos.

Dejadme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...

Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con inso lación.

... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Los gemelos cogieron a su hermano y lo levantaron a hombros.

Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encan tado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oyó que Percy le decía a los otros prefectos: «Es mi hermano, ¿sabéis? ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!».

- Si no le importa señor Weasley me gustaría jugar una partida contra usted – pidió McGonngal.

- Cuando quiera profesora – respondió Ron confiado.

Por fin se hizo el silencio otra vez.

Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Los gemelos Prewet cogieron a Hermione y la levantaron igual que habían hecho los Weasley con Ron.

Hermione enterró la cara entre los brazos. Harry tuvo la casi seguridad de que estaba llorando. Los cambios en la ta bla de puntuaciones pasaban ante ellos: Gryffindor estaba cien puntos más arriba.

Tercero... al señor Harry Potter... —continuó Dumble dore. La sala estaba mortalmente silenciosa—... por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos.

- ¡Ese es mi chico! – gritó James mientras entre él y Sirius le levantaban y el resto aplaudían y silbaban al trío.

El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía los mismos puntos que Slytherin, cuatrocientos setenta y dos. Si Dumbledore le hubiera dado un punto más a Harry... Pero así no llegaban a ganar.

- Es un empate – dijo Remus - ¿Qué pasa cuando hay un empate?

Dumbledore se encogió de hombros sonriendo – la copa elige al ganador.

- ¿En serio?

El director no contestó sino que amplió su sonrisa y dejó a todos con la duda de si era verdad o no.

Dumbledore levantó el brazo. La sala fue recuperando la calma.

Hay muchos tipos de valentía —dijo sonriendo Dum bledore—. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom.

Y se desato el caos… Bueno quizá eso es exagerar, todos los Gryffindors empezaron a celebrarlo gritando, saltando, bailando, cantando… entre Frank y Remus levantaron a Neville. Desprendían tanta energía y alegría que el resto de la sala también empezó a festejar con ellos, con algunas excepciones claro, pero sin duda esos puntos de última hora se los habían ganado. Aunque quizá había sido un poco cruel por parte de Dumbledore hacerle eso a los Slytherin.

Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Come dor habría creído que se había producido una explosión, tan fuertes eran los gritos que salieron de la mesa de Gryffindor. Harry, Ron y Hermione se pusieron de pie y vitorearon a Ne ville, que, blanco de la impresión, desapareció bajo la gente que lo abrazaba. Nunca había ganado más de un punto para Gryffindor. Harry, sin dejar de vitorear, dio un codazo a Ron y señaló a Malfoy, que no podía haber estado más atónito y ho rrorizado si le hubieran echado el maleficio de la Inmovili dad Total.

- Venganza dulce venganza.

Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebran do la derrota de Slytherin

- Y yo que pensaba que os caía bien – suspiró Salazar haciéndose el dramático.

- No te quejes tanto Sal – dijo Helga.

- Si sabes que te queremos – añadieron Rowena y Godric que le dio una palmada afectuosa en la espalda.

, que hay que hacer un cambio en la decoración.

Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor. Snape es trechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horri ble sonrisa forzada en su cara. Captó la mirada de Harry y el muchacho supo de inmediato que los sentimientos de Snape hacia él no habían cambiado en absoluto. Aquello no lo preocupaba. Parecía que la vida iba a volver a la normalidad en el año próximo,

- Eso espero – dijeron Lily, Molly y Jean, no tienen ni idea de lo que les espera…

o a la normalidad típica de Hogwarts.

Aquélla fue la mejor noche de la vida de Harry, mejor que ganar un partido de quidditch, o que la Navidad, o que hacer que se desmayara el monstruo gigante... Nunca, jamás, olvi daría aquella noche.

Harry casi no recordaba ya que tenían que recibir los resul tados de los exámenes, pero éstos llegaron. Para su gran sor presa, tanto él como Ron pasaron con buenas notas. Hermio ne, por supuesto, fue la mejor del año. Hasta Neville pasó a duras penas, pues sus buenas notas en Herbología compen saron los desastres en Pociones. Ellos confiaban en que sus pendieran a Goyle, que era casi tan estúpido como malo, pero él también aprobó. Era una lástima, pero como dijo Ron, no se puede tener todo en la vida.

- Por desgracia – suspiró Ron.

Y de pronto, sus armarios se vaciaron, sus equipajes es tuvieron listos, el sapo de Neville apareció en un rincón del cuarto de baño... Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenían para que no utilizaran la magia durante las vacaciones

- Siempre espero que se olviden de eso – suspiraron James y Sirius.

(«Siempre espero que se olviden de darnos esas notas», dijo con tristeza Fred Weasley).

- Choca esos cinco Weasley.

Hagrid estaba allí para llevarlos en los botes que cruzaban el lago. Subieron al expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el pai saje campestre se volvía más verde y menos agreste. Comie ron las grageas de todos los sabores, pasaron a toda veloci dad por las ciudades de los muggles, se quitaron la ropa de magos y se pusieron camisas y abrigos... Y bajaron en el an dén nueve y tres cuartos de la estación King Cross.

- Y ahí se va tu primer año en Hogwarts – dijo su padre en plan filosófico.

Tardaron un poco en salir del andén. Un viejo y enjuto guarda estaba al otro lado de la taquilla, dejándolos pasar de dos en dos o de tres en tres, para que no llamaran la atención saliendo de golpe de una pared sólida, pues alarmarían a los muggles.

Tenéis que venir y pasar el verano conmigo —dijo Ron—, los dos. Os enviaré una lechuza.

- O un coche volador – dijo Harry por lo bajo haciendo reír a sus amigos.

Gracias —dijo Harry—. Voy a necesitar alguna pers pectiva agradable.

La gente los empujaba mientras se movían hacia la esta ción, volviendo al mundo muggle. Algunos le decían.

¡Adiós, Harry!

¡Nos vemos, Potter!

Sigues siendo famoso —dijo Ron, con sonrisa burlona.

No allí adónde voy, eso te lo aseguro —respondió Harry.

Él, Ron y Hermione pasaron juntos a la estación.

¡Allí está él, mamá, allí está, míralo!

- Y la pequeña Ginny hace acto de presencia – dijo George riéndose mientras Ginny enrojecía a su lado.

Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no seña laba a su hermano.

¡Harry Potter! —chilló—. ¡Mira, mamá! Puedo ver...

Tranquila, Ginny. Es de mala educación señalar con el dedo.

La señora Weasley les sonrió.

¿Un año movido? —les preguntó.

- Casi nada, ha sido un año muy tranquilo.

Mucho —dijo Harry—. Muchas gracias por el jersey y el pastel, señora Weasley

Oh, no fue nada.

¿Ya estás listo?

Era tío Vernon, todavía con el rostro púrpura, todavía con bigotes y todavía con aire furioso ante la audacia de Harry, llevando una lechuza en una jaula, en una estación llena de gente común. Detrás, estaban tía Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola presencia de Harry

- Y los muggles estúpidos aparecen de nuevo – dijo Sirius amargamente.

¡Usted debe de ser de la familia de Harry! —dijo la se ñora Weasley

- Algo asi…

Por decirlo así —dijo tío Vernon—. Date prisa, mucha cho, no tenemos todo el día. —Dio la vuelta para ir hacia la puerta.

Harry esperó para despedirse de Ron y Hermione.

Nos veremos durante el verano, entonces.

Espero que... que tengas unas buenas vacaciones —dijo Hermione, mirando insegura a tío Vernon, impresionada de que alguien pudiera ser tan desagradable.

- Te acabas acostumbrando.

Oh, lo serán —dijo Harry, y sus amigos vieron, con sor presa, la sonrisa burlona que se extendía por su cara—.

Todos le miraban un poco sorprendidos, menos James que le abrazó y le preguntó que tramaba.

Ellos no saben que no nos permiten utilizar magia en casa. Voy a di vertirme mucho este verano con Dudley…

- ¡Bien dicho!

- Jajaja

- Ese es mi hijo, siempre con buenas ideas, es la inteligencia de tu madre.

- Y ese era el ultimo capitulo, hemos terminado el primer libro – Sirius, James y Godric comenzaron con su baile de la victoria otra vez mientras los demás reían descargando la tensión acumulada.

- ¿Qué tal si comemos algo y nos vamos a dormir y ya mañana empezamos el siguiente libro? – Todos estuvieron de acuerdo porque al parecer Sirius y los Weasley estaban al borde de la inanición.

Una vez que hubieron terminado de comer y Molly y Dorea pusieron fin a la competición de Sirius, James, Godric y Ron de ver quién podía comer más Hamburguesas, la mayoria se preparó para irse a dormir, hasta que…

continuara... Proximamente mas pero no mejor porque es imposible en Conociendo al Trío Dorado 2.

Gracias por leer y nos vemos pronto.

Andrómeda StarK