Nota: Los lugares, personajes y nombres son de la magnífica obra del profesor Tolkien, este simplemente es un fic cuyo propósito es el entretenimiento absurdo, nada más y no hay retribución monetaria a cambio de él.
Capítulo 2
—Aeglos es un nombre raro para un elfo de los bosques —decía Amrod caminando a lado del eslfo verde
—Lo sé, los otros elfos suelen encontrarlo raro también, pero es el nombre que me dio mi madre.
—A nosotros nos llamó Ambarussa —dijo Telvo —a decir verdad a papá no le pareció buena idea, por lo que le dijo a mamá que debía nombrarnos de manera distinta, por lo que ella me dio el nombre de Umbarto, pero ese nombre no me gusta, a papá tampoco le gustaba, por eso lo cambió a Ambarto, pero yo prefiero Ambarussa.
Hablando de este tipo de trivialidades llegaron al borde de ese bosque de Lindon.
—Vamos, es por aquí —les decía Aeglos —Hacía allá está el despoblado.
—Ahí dejamos a los caballos —le dijo Amrod —Llegaremos más rápido así.
—Si tú lo dices, pero yo no entiendo la prisa por llegar donde no te han llamado.
—Así llegaremos antes de que caiga el atardecer —Amras habló
—No es necesario, ese bosque siempre está en penumbras.
No solamente eso, sino que Eöl, siendo un elfo que no disfrutaba de la compañía de sus propios parientes y era más afecto a las estrellas que al sol, y esto es un decir porque a Eöl no le gustaba para la nada la fruta de Laurelin, siempre ponía encantamientos en el bosque para que su ingreso desanime a cualquiera que intentara atravesarlo, peor aún si querían llegar hasta su morada, lugar que era complicado hallar ya que el bosque era como una especie de laberinto, y la oscuridad ayudaba en este cometido.
Cuando llegaron a los linderos el solo comenzaba a declinar, pero el bosque se veía como si de pronto hubiera anochecido.
—No se separen —decía Aeglos —se pueden perder fácilmente ahí adentro
—¿No piensas acompañarnos? —Amras preguntó
—No me gusta ese bosque y no tenemos tratos con el elfo oscuro que vive ahí.
Amrod pensó entonces en Caranthir, que tampoco tenía un carácter afectuoso con los extraños, pero al cabo de conocerle, pensaba Pityo, era un buen muchacho cuando no decía nada.
Se despidieron y los gemelos se internaron en el bosque de Nan Elmoth en busca del elfo oscuro que moraba en ese bosque. Un poco más al norte los otros hijos de Feanor comenzaban a impacientarse porque estaban esperando a los gemelos.
—Ese par se demora demasiado —decía Maedhros viendo con sus ojos grises hacia el sur —es la última vez que mando a Ambarussa a explorar el lugar y a entablar contacto con los elfos nativos.
—Pudo ser peor —Curufin dijo sin pensar mucho —si mandabas a Caranthir a esta hora ya estaría amarrado y amordazado por los elfos verdes.
—¿A qué te refieres? —no hacía falta mucho para hacer enojar al oscuro Finwe —Si vamos a hablar de molestar a gente extraña, primero hablemos de cuando viste a los naugrim en Thargelion y se te ocurrió preguntarme el porqué había vestido a esos feos perros lanudos delante del jefe de la comitiva de enanos.
—Cualquiera se confunde —decía Atarinke —además, no hubiera pasado nada si no te reías del comentario.
—Es que los enanos son muy poco agraciados —habló Moryo —cuando Aulë me contó de los naugrim no me dijo que serían tan feos y tan pequeños, con esos ojillos negros que miran desconfiados debajo de esas espesas y alborotadas cejas, peludos como …
Caranthir hubiera seguido si no hubiera recibido una pedrada en la cabeza por parte del enano Moin que escuchaba muy molesto por la manera en que el elfo se refería a su raza. Lanzó la piedra y se fue tan rápido como vino
—¡Auch! —Se quejó Morifinwe —Te atraparé y luego te cortaré en pedacitos.
—Déjalo tranquilo Moryo —Maedhros detuvo a su hermano —te lo mereces por hablar demás y por no fijarte que había un nogoth no muy lejos. Si hubieran sido orcos es probable que ya estuvieras en los pasillos de Mandos.
—Por eso tampoco me gustan mucho los naugrim —dijo Celegorm, que le daba poca importancia a los enanos, en cambio era muy afecto a su mascota Huan —¿no es así, mi bonito Huan? ¿Quién es el sabueso más bonito de toda Arda? —Decía en un tono pocas veces escuchado en Turkafinwe cuando acariciaba a su mascota y éste a su vez, feliz movía la cola y saltaba de alegría.
Sus hermanos solamente se limitaban a mirar a Tyelkormo sacudiendo sus cabezas, menos Maedhros que como siempre ya tenía una nueva idea para encontrar a sus hermanitos perdidos, puesto que Russandol presentía que los problemas no estaban lejos de ellos.
—Tyelkormo, préstame tu sabueso para ir a buscar a Ambarussa.
—No creo que a Huan le guste la idea —le respondió —No quieres ir con Maedhros ¿verdad? Porque nos regaña siempre.
—¿Por qué siempre actúa como si su perro le entendiera? —Le decía al oído Curufin Maglor — Desde que llegamos ese sabueso no hace más que echarse a los pies de Celegorm patas arriba a revolcarse en el piso
—¡Entonces deberían ir tú y tu sabueso a buscarles si o quieren que los vuelva a regañar! —dijo Maitimo molesto por la negativa de su hermano. Esto no hizo más que lograr que el perro ocultara la cola entre las patas e intentara esconderse detrás de su amo, cosa inútil, porque un sabueso tan grande no puede esconderse tan fácilmente.
—Asustas a mi perrito con tus gritos —dijo Celegorm al momento en que el perro sentado a lado de Tyelkormo le lamía la cara.
Russandol solamente miró hacia el cielo —Está bien, vamos a dividirnos en dos grupos, Celegorm, ve con Curufin, aunque no me parece muy buena idea, mejor ve con Caranthir y Maglor vendrá conmigo para buscar a Ambarussa.
—Y yo ¿qué voy a hacer? —preguntó Curufin
—Te quedarás aquí por si regresan.
—Eso es muy aburrido —Se cruzó de brazos Atarinke.
—Eso debiste pensar antes de dejar los palantiri en tu casa —Maglor le dijo —así como dejaste a Telperinquar en Himlad cuando quería venir con nosotros.
—Es que a decir verdad pensé que nos quedaríamos en Thargelion, y yo no quiero que Telpo se mezcle mucho con los naugrim que pasan por la casa de Caranthir, creo que son una mala influencia, pero no me hace caso.
Los cinco hermanos ni se imaginaban donde podían estar los gemelos, menos sospechaban que había un elfo oscuro que tenía un laberinto como medio de protección para evitar intrusos en su amado y oscuro bosque, solamente a los enanos que eran sus amigos les permitía ingresar en sus dominios, pero esto no desalentaba a los hábiles cazadores hijos de Feanor.
—Este bosque es muy raro, es como si estuviéramos dando vueltas en el mismo lugar —dijo Amrod
—Eso no es posible —le respondió Amras —He marcado el árbol del punto de partida, y ves que no hay marcas en los árboles.
—Eso se llama vandalismo, Telvo —le reprendió Pityo —no le va a gustar al elfo de este bosque.
—Me disculparé de él en cuanto le vea.
Una buena intención, pero no suficiente para que de pronto a Eöl le simpatizaran los extraños. Por eso siempre hacía uso de todas sus artes para evitar la llegada de intrusos, y a medida que los gemelos se adentraban en bosque, éste parecía volverse más denso, más oscuro y más silencioso. Las ilusiones de la soledad se fueron haciendo más fuertes y de pronto en medio de la oscuridad Amrod notó que Amras ya no estaba a su lado.
Nota: Por si alguno no está muy familiarizado con los nombres de los noldor, especialmente de los hijos de Feanor, les dejo una breve descripción: Maedhros se llama también Nelyafinwe, Nelyo, Maitimo y su apodo es Russandol; Maglor es también Kanafinwe, Kano y Makalaure; Celegorn es también Turkafinwe, Turko y Tyelkormo; Caranthir es además Morifinwe, Moryo y Carnistir, Curufin es Curufinwe, Kurvo y Atarinke, Amrod es Pityafinwe, Pityo y Ambarussa; Amras es Telufinwe, Telvo y Ambarussa. Por último Celebrimbor es Telperinquar o Telpo.
