Nota: Los personajes, lugares y nombres le pertenecen a la obra inolvidable del profesor Tolkien, como siempre, un capítulo más de esta historia ambientada en la época en que los Noldor comenzaban a poblar el norte y el este de Beleriand.
Capítulo 3
Este truco era bueno, hubiera despistado a cualquier otro elfo, pero no contaba con que los hijos de espíritu de fuego solían explorar territorios más extensos, llegando incluso a las orillas del mar exterior en sus andanzas. Por eso ni Amrod ni Amras se desanimaron cuando se encontraron solos, simplemente tenían la confianza de volverse a encontrar en poco tiempo.
Eöl por su parte, no esperaba que alguien intentase llegar hasta su casa ese día. Estaba contento, dentro de lo que un elfo oscuro puede estar contento. Su vida era pacífica y poco le importaba el mundo de afuera. Ese era el trato con Thingol, no molestaría si nadie le molestaba. Con tal de que le dejen trabajar en la forja con los enanos de Belegost se daba por satisfecho. Por esa amistad fue que esa tarde se disponía a ir de visita a las cavernas de los naugrim, como solía hacer. No había nubes en el cielo y se avizoraba una noche estrellada, justo como le gustaba. Sí, Eöl era feliz a su propio modo.
—Feliz encuentro —Saludó Amras cortésmente cuando se le apareció delante y sin aviso —¿es usted el señor de este bosque?
—¿¡Quién eres y qué haces aquí!? —fue lo que pudo decir el elfo oscuro que fue tomado por sorpresa.
—Disculpe, no me he presentado, mi nombre es Ambarussa y pasaba por el bosque, es muy bonito este lugar, me recuerda a las tierras salvajes de Valinor, las que están cerca del mar exterior. Mi padre solía llevarnos por ahí y hasta mamá nos acompañaba, pero luego se cansó de tantos viajes y…
—¿¡Quieres callarte por un minuto!? —dijo Eöl enojado —me abrumas con tantas cosas que dices. Además. Nadie te ha invitado a este lugar, regresa por donde has venido y olvidaré que eres un intruso.
—No es para tanto, yo solo quería platicar unos momentos. ¿No se aburre aquí solo sin tener nadie con quien hablar? —Para Telvo era raro eso, porque siempre tenía a Pityo para conversar y muchos otros hermanos que siempre estaban cerca.
—¿Quién te dijo que yo vivo solo?
—Entonces hay más elfos como usted por aquí. ¿Puedo yo charlar con ellos? —Telvo intentaba ser muy diplomático como Maedhros le había dicho, para ganar aliados entre los habitantes de Ossiriand.
—No, no puedes, y será mejor que salgas del bosque porque no me gustan los elfos entrometidos.
—No tiene porque ser tan descortés, yo solo quería hablar con usted unos momentos, pero si se pone en ese plan me marcharé en cuanto me diga hacia que lado es la salida del bosque.
—Vuelve por donde viniste —le dijo tajantemente Eöl.
—Ya no recuerdo bien por donde era.
—¡Vete en línea recta!
—Bueno, me voy no hay porque ponerse a gritar —y así Amras se fue un poco desanimado, pero Eöl pudo respirar tranquilo. Recordó porque había escogido este bosque apartado y oscuro, sin elfos molestos que le hicieran preguntas tontas. Siguió su camino hacia Belegost, donde un grupo de enanos le escoltaría, allí podría olvidarse del mal rato que pasó hace unos momentos, pero de pronto de la nada y sin previo avisó apareció delante de él Amrod.
—Feliz encuentro —Saludó Pityafinwe —¿es usted el señor de este bosque?
—¿Otra vez tú? —Eöl estaba muy molesto —Seguro te perdiste otra vez.
—No puedo andar muy perdido puesto que estaba buscándole, entonces eso quiere decir que he hecho algo bien —respondió Amrod —Mi nombre es Ambarussa.
—Eso ya lo sé.
—¿De verás? Debe ser como la prima Nerwen, ella puede ver ciertas cosas, aunque rara vez habla conmigo. Por lo menos su hermano Finrod es más amable, de seguro le gustaría visitar este bosque y el de los elfos verdes, son tipos muy alegres aunque algo desconfiados, pero creo que les simpatizamos.
—¿Quieres callarte por un minuto? —Eöl estaba apunto de perder la paciencia con este elfo noldor, cuanta razón tuvo de alejarse de su parentela en Doriath, porque de seguro ahí habían otros como este elfo —Sigues hablando sin cesar y no me interesa nada de lo que tengas que decir porque me retrasas.
—Si usted va de salida, me gustaría acompañarle, es más divertido el viaje cuando hay con quien platicar.
—¡No no quiero platicar contigo ni con nadie!
—Que mal humor, debería casarse. Es lo que siempre le dice Curufin a Maedhros, pero esto simplemente consigue enojar más a Nelyo, que se pone furioso y luego nos corretea a todos —Amrod se detuvo un momento al ver que Eöl empezaba a oscurecerse más en el enojo, si es que eso era posible —Está bien, no hay que ponerse a gritar, me marcharé.
Y así lo hizo Amras que se internó de nuevo en el bosque, por su parte Eöl dio media vuelta, quería asegurarse de no volver a tropezar con este raro elfo de cabellos rojizos, por eso decidió volver a su casa y escribirle una carta de queja a Thingol sobre invasores en su bosque.
Se apresuró para llegara su casa y en la puerta se encontró con Amras que había enlazado a un elfo de su servidumbre y lo halaba hacia sí mientras le hablaba muy animado.
—Ves que no quiero hacerte daño, simplemente quiero una dirección.
—¿Cómo fue que llegaste más rápido que yo a mi casa? —preguntó Eöl con estupor, no era posible, hace poco vio a este elfo de cabellos rojizos marcharse en dirección contraria, y ahora se topaba de nuevo con él.
—Caminando, mi caballo está pastando por allá —dijo señalando un pequeño claro con hierba verde —entonces vi esta linda casa y pensé en pasar a ver quien vivía aquí. Le pregunté a este elfo si me podría dar información, pero no me dijo nada, es muy callado. Intentó marcharse por eso tuve que arreglármelas para intercambiar unas cuantas palabras. ¿Es esta su casa? Es muy bonita, y tiene también una forja, papá nos enseñó como trabajar con los metales…
—Otra vez estás hablando sin cesar —espetó Eöl —Mira noldo, no sé a que estás jugando, pero cuando te digo que no te quiero en el bosque lo digo en serio.
—Eso ya lo entendí, pero su bosque es muy raro, no forma de ir en línea recta.
Eöl miraba a Amras con una mezcla de desconcierto y enojo. Este visitante simplemente no se iba, cuando otros elfos generalmente evitaban hasta acercarse a los bordes de su bosque.
Mientras los otros cinco hermanos buscaban a sus hermanos menores. A Celegorm no le resultó difícil encontrar el sitio donde Ambarussa habían tropezado con los elfos verdes y la pequeña tropa de orcos. Gracias al olfato de su sabueso llegó antes que cualquiera de sus hermanos.
—Aquí ha habido una matanza de orcos —dijo Celegorm —no dudo que los responsables hayan sido Ambarussa, pero debían deshacerse de los cuerpos por lo menos. Estos cadáveres están contaminando el ambiente. Moryo comienza a cavar.
—¿Qué? ¿Yo por qué?
—Porque yo soy tu hermano mayor.
—Solamente por unos cuantos años.
—Pero a Nelyo si le haces caso.
—Es que es más alto que yo y siempre he pensado que tiene muchas posibilidades de ganarme en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo.
—¿Y crees que yo no puedo ganarte?
—No, no lo creo, estoy seguro de eso.
—Por eso me gusta más andar con Kurvo.
—Claro, porque te sigue la corriente.
—Y tú no haces caso a nadie.
Así discutían los dos noldor ante la mirada curiosa de los elfos verdes que estaban en la cercanía.
