Nota: Como todos saben, los personajes, nombres y lugares son parte de la obra del profesor Tolkien. Este es un fanfic que es solamente entretenimiento. Se agradece a todas las personas que leen esta historia y que me escriben de cuando en cuando.
Capítulo 4
Mientras tanto en casa de Eöl, el elfo oscuro no veía la forma de deshacerse de su visitante.
—Solamente porque estoy de buen humor —le dijo a Amras —mis hombres van a escoltarte hasta la salida del bosque, de ahí puedes irte lo más lejos posible, y no regreses jamás.
—Eso sería de utilidad —dijo Amras —aunque me hubiera gustado quedarme un rato por aquí y ver este bosque tan oscuro. ¿Por qué no puedo quedarme un rato? No molestaré, lo prometo.
Eöl simplemente estaba al borde perder la poca paciencia que poseía.
—¡Aquí no se hace más que lo que yo digo, y yo digo que te marches inmediatamente!
—Bueno, pero solamente me voy porque Maedhros me dijo que sea amable y que no busque pleitos con nadie.
Amras, a pesar de la opinión de muchos, incluidos algunos de sus hermanos, es un elfo sabio y sabe cuando hay que actuar con indiferencia. Por eso no protestó cuando los elfos que vivían en Nan Elmoth con Eöl, le escoltaron hacia una salida del bosque. Además vio la oportunidad para entablar conversación con esos elfos y de paso conocer un poco más del señor elfo de este lugar.
Eöl, se dispuso a retomar su viaje hacia las grutas de los enanos, amigos suyos. Pensaba que por fin se había desecho de su visitante inesperado, salió de casa y apenas se alejó un poco, vio que Amrod se acercaba con un ligero trote de su caballo.
—Esto es el colmo ¿cómo fue que escapaste de tu escolta?
Amrod, pensó que se refería a Amras, porque tenía en la mente que Eöl adivinaba ciertas cosas como Galadriel, un don raro, pero posible.
—No me escapé. Simplemente perdí a mi escolta, como dice usted.
—Eres incorregible. Debes ser el elfo con peor sentido de dirección que ha existido.
—Eso no es verdad, tengo primos con peor sentido de dirección. Está el primo Finrod, la prima Aredhel…
—Mira noldo no tengo tiempo para tus bromas — Eöl bufó —mejor te vas de aquí porque no tengo todo el día para que me hables de tus primos, tengo cosas que hacer.
—¿Como qué? Desde hace rato que estoy por aquí y siempre me lo encuentro en el mismo lugar, ¿no será que usted también está perdido?
—¡Que no estoy perdido!
Por otro lado estaban Maedhros y a Maglor que sin la ayuda del sabueso de Valinor, se fueron en otra dirección, un poco más al sur de Nan Elmoth, cerca de los dominios de Doriath, donde de cuando en cuando las patrullas de Thingol solía pasar para ver que todo esté en orden.
Maedhros y Maglor sabían que hacia el oeste estaba el reino de Thingol y por ello decidieron ir hacia el bosque de los elfos verdes, les oían cantar y sabían que les observaban mientras se internaban en la floresta, pero no se mostraban, tal vez por desconfianza de los extraños.
—Que bonitas canciones —dijo Maglor —son como el sonido de los ríos.
—Tú le encuentras melodía hasta a las gotas de la lluvia, Kano —sonrió Maitimo
—Creo que viene de allá, donde está ese arroyo —dijo cuando bajó de su caballo y se fue caminando hacia el lugar de donde provenían las voces.
—No te apresures, si los elfos verdes no han salido a nuestro encuentro es probable que no querrán que les interrumpamos mientras cantan.
—No les molestaré, solamente quiero escucharles un rato.
Russandol también bajó de su caballo y siguió a Maglor lentamente, pensando que no era buena idea, pero conocía bien a su hermano y sabía como le obsesionaba la música.
Kanafinwe no tardó en ver al grupo de damiselas elfas que escuchaban embelesadas a Daeron, el bardo de Doriath, mientras éste les enseñaba una nueva canción que había compuesto para Lúthien.
—Es una canción hermosa —dijo Maglor saliendo de entre los matorrales — ¿Te importaría si te acompaño? —A Maglor solamente le bastaba con escuchar una vez una melodía para saber interpretarla con el arpa o con cualquier instrumento a su alcance, en este caso su flauta dulce que comenzó a tocar la hermosa melodía mientras las damiselas elfas le miraban asombradas y contentas.
El que no estaba contento era Daeron, que sintió celos por Lúthien. No era que la hija de Melian estuviese cerca, pero el bardo no quería competencia aún en el bosque de los elfos verdes.
—¿Quién eres y qué quieres aquí? ¿Por qué interrumpes así?
—Mi nombre es Maglor y me ha gustado la canción que estabas cantando —respondió Kanafinwe alegre —¿Me permites cantar un fragmento?
—Sí, que cante —dijeron al mismo tiempo las damiselas elfas.
Y como a Maglor no hay que rogarle para que cante, se puso cantar con su hermosa voz, y obviamente esto no le agradaba a Daeron que comenzaba a sentirse muy contrariado por este extranjero en sus dominios y porque veía en Maglor a un rival que podría igualarle.
—Así no va la canción —le cortó en seco —estás cambiando la melodía.
—Pero creo que así suena mejor, además tiene más sentimiento.
—No me interesa tu opinión —dijo Daeron y se puso a cantar la canción a su modo. Maglor, al que no le había gustado lo descortés del bardo también se puso a cantar a su modo, mientras las damiselas elfas les miraban desconcertadas y no se decidían a cual de los dos aplaudir.
La competencia hubiera durado horas, de no ser porque en ese momento un grupo de orcos, que se aproximaron cuando oyeron las voces, y vieron a presas fáciles. Razón por la que intentaron emboscarles mientras estaban distraídos en su duelo de canto. Saltaron delante de las elfas que gritaron del susto. Daeron y Maglor no pudieron hacer nada, pero no contaron con que de pronto, de entre los matorrales salió Maedhros y dio cuenta de los orcos sin mucho problema. Con su mano izquierda acabó con cada uno de ellos que no tuvieron la menor oportunidad y algunos ni siquiera supieron que fue lo que les mató.
—Te dije Kanafinwe que no seas tan imprudente —reprendió a su hermano —Es peligroso distraerse así y no esta atento a los peligros… —pero Matimo no pudo continuar porque las damiselas elfas corrieron a abrazar colectivamente a su salvador.
—Que apuesto eres.
—Y bien formado.
—Además eres muy fuerte.
—Tan valiente.
—Y tan alto.
Quien puede culpar a estas elfas, después de todo, no todos lo días se tropieza una con un elfo conocido como el hijo más apuesto de Feanor, el más alto, y al que lleva por nombre Bien Formado. Además luego de ese despliegue de testosterona el plato estaba servido.
—Damiselas, por favor, no es el momento —dijo Maedhros deslizándose para librarse del abrazo colectivo —no sabemos si vendrán más orcos y todavía tenemos que deshacernos de los cadáveres. Maglor ayúdame.
Makalaure miraba a su hermano y sonreía porque le parecía graciosa la escena —Hace unos momentos fuiste capaz de darte abasto tú solo, además sabes que estoy casado ya.
—Eso no lo esperaba de ti Kanafinwe, tal vez de Caranthir o de Celegorm, pero no de ti.
—Vamos Maitimo, no seas tan tímido, recuerda lo que les dijiste a Ambarussa, sean diplomáticos y amables con todos porque querías ganar adeptos.
—No era a eso a lo que me refería.
—Pero de golpe ya ganaste a cinco.
—Maglor empiezas a terminar con mi paciencia.
—No hay que ponerse de mal humor en tan buena compañía —decía Kano que se divertía —No le hagan caso lindas damas, en realidad simplemente queremos saber si han visto a nuestros hermanos. Son gemelos, tienen el cabello como Maedhros, pero no son tan apuestos, ni tan altos, y ¿cómo era que decían? Ah sí, bien formados.
—Te diremos si nos lo pide él —Dijeron refiriéndose al mayor de los hijos de Feanor.
Si bien Maglor parecía disfrutar la escena, Daeron encontraba toda la situación alarmante. De pronto estos príncipes noldor venían al bosque a robarse a las mujeres del bosque, y por lo que había escuchado de estos elfos venidos del oeste, los rumores parecían confirmarse.
—Esto es inaudito, damas compórtense como se debe —reclamó Daeron —Esto debe oírlo el rey Thingol, ahora mismo voy a buscar a los guardias fronterizos para contarles lo que pasa aquí —y se marchó rumbo a la frontera de la cintura de Melian
—Aquí no ha pasado nada malo —dijo Maglor siguiendo a Daeron —No sé porque te molestas tanto, además, matar unos cuantos orcos no es delito.
Ambos se alejaron dejando sólo a Maedhros bien acompañado.
—Debí haber venido con Curufin —Suspiraba Russandol.
