Creo que no a muchos les atrajo la parte de Haruto, pero tranquilos, todavía no hemos visto ni la mitad del Lobo. Y hablando de personajes olvidados...
Capítulo treinta y siete
El dragón en el mundo
– Sabes, Ryuuhou.
– No, y no me interesa, Souma, sé lo que estoy haciendo.
Cuando se levantaron, o al menos, se habían recuperado del desmayo, Ryuuhou había calculado que, cuando menos, medio día ya había transcurrido desde la noche en que lucharon contra los Martian, al juzgar por toda la maleza aún húmeda. No tenían idea de si se encontraban en una isla o estaban aún dentro del continente, Ryuuhou sentía el sonido y olor de las olas a lo lejos, pero parecía que la isla era inmensa, pues aun no habían dado con costa alguna.
– Qué plantas más molestas.
– Deberías apreciar más la naturaleza, Souma, te hará sentir más vivo, sabes.
Las mojadas hojas solían chocar contra la cara de los jóvenes, y les refregaban las gotas de lluvia en el rostro, el pequeño Dragón se sentía refrescado, como acariciado por la naturaleza, mientras que Lionet quería incendiar todo el condenado bosque.
– ¡Ni se te vaya a…! – Amenazó Ryuuhou ante la idea.
– Por favor – Le respondió, como si la respuesta fuese obvia –. No soy tan idiota, Ryuuhou, ¿crees que tengo cara de Kouga?
La idea le hizo carcajear un rato a Ryuuhou antes de empezar a toser, Souma se asustó en ese momento, creyendo que el pobre se iba a desmayar o algo, afortunadamente, el Dragón se recompuso con una sonrisa y le indicó que siguiesen caminando. Caminaron. Caminaron. Y caminaron.
– ¡Ah, ya me harté! – Exclamó Souma. – ¡Tú vete a chupar naturaleza, Ryuuhou! ¡Yo me largo!
– ¡Souma, no seas idiota! – Replicó el Dragón. – ¡Si alguien llegase a atacarnos, debemos estar juntos para defendernos!
– ¡Lo único que va atacarme es un infarto de aburrimiento!
– ¡Souma, te digo que…! ¡Cielos, qué…!
Ryuuhou se interrumpió a sí mismo cuando vio brotar entre la frondosa vegetación una espesa masa líquida, de color rojo oscuro, avanzaba entre el verde oscuro, y Ryuuhou se aterró al ver cómo este se hundía con el extraño líquido, las hojas eran devoradas por la masa de aspecto sangrante, se fundía dentro de esta, y desaparecía. La más alta vegetación parecía no ser afectada, no obstante, las hojas parecían desprenderse de estas, así como de sus cuerpos parecía evaporarse el agua, hileras de vapor se escapaban de entre tallos y troncos.
Antes que el Dragón soltase palabra, Souma había dado un largo salto entre la vegetación que se caía ante la extraña masa indetenible, se hundió en un destello naranja, seguramente se había colocado su Cloth. Ryuuhou no tuvo otra opción que seguirlo, colocándose también su Cloth del Dragón.
Ryuuhou escuchó a Souma correr sobre las altas hierbas, y aceleró para intentar alcanzarlo, hasta que se notó que se detuvo justo al legar un pequeño claro, donde la luz del sol apenas llegaba, filtrada entre los pequeños agujeros que formaban las entrelazadas hojas de los árboles más altos.
– ¿Qué…?
– Están… Todos muertos.
Los cuerpos yacían sobre el suelo muerto, lleno de tierra revuelta, seca, y desprovisto de todo pasto, vivo, al menos. Su piel estaba como reseca, ni siquiera blanca, sino de un horrendo tono gris, los ojos habían perdido el color, parecían aferrados a un borde frío y duro de piel, con incontables grietas blancas. Ninguno poseía cabello, a algunos, en vez, les crecía una mancha negra sobre el cráneo, como si lo tuviesen abierto, y vacío. Aun con sus ropas puestas, los dos Santos pudieron ver que, en las nucas, había un largo corte que casi separaba la yugular del resto de la cabeza. Desde allí, el mismo líquido rojo oscuro que vieron hace un momento, el panorama era terrorífico, Ryuuhou se contuvo el estómago para no vomitar, se tapó la boca, y aun así, una ardiente sensación le rascó la garganta, no sabe cómo no se le escapó el líquido de entre los labios.
– ¡R–Ryuuhou! ¡Ryuuhou, calma, calma…! – Souma respiraba con dificultad y a grandes bocanadas, estaba tan nervioso y asustado como su compañero, pero sabía que dependían de la firmeza para seguir adelante. – Tenemos que encontrar… A quienes hicieron esto.
– ¡Pues no busquen más!
Oyeron el sonido salir de entre las hojas húmedas, el brillo de las armaduras negras resplandecieron con las pocas fracciones de luz que entraban. Souma estaba más presto que el Dragón, y sintió el Cosmos de sus atacantes viniendo por su izquierda, le asestó un desesperado codazo, oyó que rompió su mandíbula, si no hubiese sido por su Cloth, su hueso tal vez se hubiese roto también de la fuerza con la que le dio. Escuchó como este cayó, pero que pronto más sombras negras le habían rodeado.
Se dio cuenta que Ryuuhou aún no estaba recuperado, seguía impresionado aún por la escena, intentó gritarle que se levantase y pelease, pero pronto se vio envuelto entre resplandores oscuros y rojos, las manos trataron de tomarlo por los brazos, tobillos, también por el cuello. Souma no era león de dominarse fácil, se necesitaban más que unas debiluchas manos de Martian para hacer que este cayese.
– ¡Ranjeet tampoco perdería contra ustedes, basuras! – Recordó, la fuerza del oso vivía dentro de él.
Apenas su aura naranja se extendió por sobre los Martians, estos debieron de aferrarse con desesperación a los músculos que el León contraía con toda su fuerza para que no le partiesen las extremidades. Cuando las fuerzas habían excedido sus límites, y pensaba que las venas le iban a estallar, Souma se aferró a una desesperada esperanza, a quien solo Ranjeet había visto capaz de hacer.
– ¡Mira bien esta, Ranjeet!
Los pies se despegaron del suelo, los Martian rugieron del estremecimiento, mientras eran engullidos por llamas de Cosmos, antes de que se dieran cuenta, sus rostros fueron devorados y chamuscados por las lenguas de Cosmos. Souma los hizo estallar contra el suelo como si fuese una bomba, al explotar, las lenguas de fuego se expandieron sobre el cuerpo del león que se emergía sobre los danzarines rojos.
Al aplastar a sus enemigos con tal brutalidad, Souma se sintió por fin tranquilo, relajó los brazos, contuvo la respiración un poco, hasta poder calmarse, no sintió presencia alguna de un enemigo, pero si notó al pequeño Ryuuhou, con un rostro que daba la sensación que se estaba por morir. Los labios temblequeando, pálidos, sus ojos, siempre claros como el reflejo del sol en una laguna, se habían desbordado en frías lágrimas.
– ¡Oye, Ryuuhou! – Souma, falto de tacto como él solo. – ¿Qué diablos te pasa? ¡Casi me arrancan los brazos!
– Souma… – Balbuceó, tras desplomarse sobre sus rodillas. – Esto no está bien.
– ¿Qué? ¿Qué cosa? – El frenesí de haber acabado con cuatro enemigos a la vez le impedía procesar la situación.
– Los Martians, mira… – Señaló a uno de los guerreros negros y rojos que el León se había devorado, tenía el casco destruido, bajo él, una expresión de terror se había clavado en su rostro, la boca expresando un grito que no pudo ser. La mayor parte de su rostro estaba chamuscado, pero fácilmente era reconocible. – Son… ¡Son personas!
– ¿Eh? ¡Pues claro que lo son! – A Souma no le resultaba plausible nada de lo que Ryuuhou decía. – ¿Y eso que tiene que ver? ¡Son nuestros enemigos! ¡Hay que vencerlos y punto!
– No… Son personas como estas. – Miró a su alrededor, indicó con la cabeza a los cadáveres grises. – Algo no puede estar bien, somos personas nosotros también… ¿Por qué matarlos?
– ¿Qué por qué? – Souma tenía el gesto de levantar una ceja cada vez que algo le parecía absurdo. – ¡Con un diablo, Ryuuhou! ¿No entrenaste desde pequeño con tu padre? ¡Para eso nacimos, para luchar por Athena!
– Pero, ¿luchar por Athena significa esto…? – Volvió la vista a todos los cuerpos. – No, no puedo, Souma…
– ¡¿Qué carajos te pasa, Ryuuhou?! – Souma lo tomó por los cuellos de la Cloth, y le gritó directo al semblante. – ¡Si no luchásemos, la humanidad estaría perdida! ¿Qué te creías que era esto? ¿Un juego?
– No, pero, no, esto no… – Ni siquiera tenía sentido lo que quería decir, la mente se le entremezclaba entre su deber y su moral.
– Ryuuhou, el último tipo que no quiso matar a un Martian fue mi padre, ¡¿y sabes dónde está?! ¡Está respirando tres metros bajo tierra! – La voz del León casi se tornaba un rugido feroz e incontenible de ira. – ¡Tu padre está aún vivo porque siguió peleando! ¡TÚ estás vivo porque siguió peleando! ¿Qué crees que diría si te viese así, después de haber peleado hasta la muerte?
– ¡No hables de mi papá! – Restalló Ryuuhou, aunque su voz era tan suave como el vaivén del mar, pero de la nada, creció hasta devorarse la costa. – ¿Tú qué sabes de él? – Intentaba soltarse del agarre de Souma, pero era demasiado fuerte para él.
– ¡Sé que casi se mata para que tú ahora te des cuenta que matar no está bien! ¡Claro que no está bien, pero el mundo es así, Ryuuhou! ¿Qué te has creído?
– ¡Él simplemente nos defendió! ¡No quiso realmente…!
– ¡Y yo trato de defender a la humanidad, sabes! ¡Mira a todas las personas que mataron esas mierdas de Martian! ¡¿Ahora me vas a decir que no se merecen que les partamos la cabeza?! – Souma casi echaba fuego por los ojos de rabia.
– ¿Y tú quién eres para juzgar a los que siguen las órdenes de otros?
– ¡Un humano, un humano que puede vencerlos, Ryuuhou! – Souma lanzó un rugido y soltó al Dragón, este cayó sentado. – ¡Me hartaste, fresita! ¡Vete con tu mami y tu papi, y que te recuerden que en la guerra, todos mueren! ¡Pero yo voy a ser el último en morir, porque yo voy a ganar!
Ryuuhou no se quedó sin palabras, o sin saliva, no, simplemente, no podía hablar más, las palabras de Souma le sacudían tanto como cualquier puñetazo, los recuerdos de su padre le azotaron como una infinita cascada de imágenes.
"Jamás me había dado cuenta… Jamás me habían dicho que… Esto era ser un Santo, mi padre también lo ha hecho, y todos los Santos Legendarios. ¿Qué pensaba yo que era esto? ¿Alguna vez…? Cierto, ¿alguna vez me puse a pensar realmente qué significaba tener una Cloth? Nunca… Nunca me atreví a preguntármelo, nunca me di cuenta que… Todos me habían dicho que lo hiciera, todos me dijeron que era mi deber…"
"¿Pero de qué vale mi deber, si ni siquiera puedo aceptar que mi oponente tiene que morir…? Incluso Kouga es aún más Santo que yo… Y hasta Eden, que nos ha traicionado… ¿Para qué nací? No… No entiendo."
– ¡Muchachos, no vayan a perder la cabeza ahora!
La frase surcó el aire junto con el largo filo que silbó hasta perderse entre la frondosa maleza. Por unos pocos cabellos, Souma aún tenía el cuello pegado al cuerpo. El golpe le pasó por un costado y de espaldas, abrió los ojos de par en par. Pensó que su cabeza se había caído de los hombros.
– ¡Oye, niñito, toma un dulce, así no lloras!
Ryuuhou creyó que la ráfaga roja estaba por enterrarse dentro de su ojo, se tiró al instante al suelo, aterrado, ni siquiera un pelo había perdido, cuando miró hacia su alrededor, nadie había.
– Me ordenaron tenerlos vivos, pero… No me dijeron que sería tan difícil.
Las estrepitosas risas llenaron la jungla.
