Nota: Los personajes, lugares y nombres le pertenecen a la creación del buen profesor Tolkien, a quien le debemos estas magníficas creaciones con las que nos divertimos, tanto los que escribimos, como los que leen. Muchas gracias a aquellas personas que se toman el tiempo de leer y sobre todo a aquellas que escriben algunas líneas.
Capítulo 6
Esos eran buenos planes, claro obviando que los gemelos tenían a sus hermanos buscándoles, y a un elfo oscuro lidiando con el otro gemelo, porque a Eöl no le gustaba la compañía de su gente, menos le simpatizaban los noldor, y este noldo simplemente se empeñaba en aparecer delante de él.
—¿Sabes cual sería una buena idea? —Decía Amrod —subir a un árbol y ver donde estamos así sabríamos en que dirección ir para encontrar la salida más rápida del bosque.
—Yo sé donde está la salida dijo Eöl sin ocultar su molestia.
—Claro, porque eres como la prima Nerwen —seguía hablando Amrod —Ahora que si conoces la salida no entiendo porque sigues en este sitio, si a cada rato dices que tienes cosas que hacer en lugar de estar vagando por el bosque.
—Mira quien habla —le respondió Eöl —además me distraes con tu charla sin sentido. Los naugrim me esperan.
—Que bien, vamos con los naugrim.
—Dije que me esperan, no hablé de llevarte conmigo a Belegost. Te llevaré a casa donde te escoltarán nuevamente, y espero que esta vez no pierdas a nadie.
Amrod bajó la mirada recordando a Amras, pero luego su mirada se iluminó y dijo —Si has perdido a alguien puedo ayudarte a buscar.
—El que ha perdido algo eres tú.
—Por supuesto, eso lo sabes porque eres como la prima Nerwen.
—¡Deja de compararme con tu prima! —Dijo Eöl que estaba a punto de perder el control, pero como sabía que los noldor eran gente de temer se mantuvo lo más calmado posible. Sin tener más remedio decidió que lo mejor era volver a su casa, para mandar otra comitiva de elfos para llevarse a Amrod fuera de Nan Elmoth. Una vez ahí y luego de que los elfos vestidos de negro recibieran instrucciones precisas se despidió.
—Espero que esta vez no extravíes a tu escolta —le dijo
—No se preocupe, apuesto a que está muy bien, yo sería el primero en saber si algo malo hubiera ocurrido.
Eöl no le tomó mucha importancia a sus palabras porque pensaba que Amrod estaba simplemente loco y se limitó a sacudir su cabeza mirando al cielo.
—Por eso no me gustan los noldor —se decía —ya me he retrasado demasiado y Telchar debe estar impaciente.
Partió sin más demoras esperando esta vez no volver a tropezar con otro noldo, pero el destino es caprichoso y suele jugarnos mala pasadas. Llegó al lugar donde encontró a Amrod, se detuvo, y examinó el lugar, estaba limpio, no había señales de este elfo chiflado de cabellos rojizos. Suspiró y al volverse vio dos elfos más. Uno de cabellos claros y otro de cabellos muy oscuros, distintos pero con cierta familiaridad entre ellos.
—¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?
No sabemos si Caranthir o Celegorm hubieran respondido a una pregunta tan abrupta y poco cortés, porque antes de que alguno pudiera decir algo Huan se abalanzó sobre Eöl y comenzó a lamerle la cara.
—¡Ayuda! —gritó el sorprendido elfo oscuro.
—No te preocupes, Huan solamente hace eso cuando encuentra señales de lo que está buscando. Huan ven aquí —ordenó Celegorm —Ambarussa ha estado por aquí. Dinos si les has visto.
—Solamente vi a un elfo, era de cabellos rojizos —dijo Eöl volviendo a ponerse de pie, —ha entrado en mi bosque sin mi permiso —añadió sin ocultar su tono de molestia, algo poco prudente porque los dos feanorianos con los que hablaba eran los más rápidos para el enojo.
—Espero, por tu bien, que no le hayas hecho daño a nuestro hermano —Caranthir puso su mano en la empuñadura de su espada.
—Claro que no —dijo Eöl cambiando de tono, al ver el gesto de Caranthir, porque sabía que los noldor eran feroces guerreros y él era hábil en la fabricación de espadas, pero en la lucha cuerpo a cuerpo tenía las de perder contra dos —Se perdió en mi bosque, por eso tuve que mandarle al norte con mis hombres, donde encontrará el camino a su casa.
—Eso cambia las cosas —dijo Celegorm más calmado —aunque todavía nos falta encontrar al otro.
—Hablaste solo de un elfo —dijo Caranthir —y nosotros estamos buscando dos.
—Solo me he tropezado con uno.
—Que Amrod vaya solo sin Amras es muy raro —Celegorm comenzó a preocuparse —Tenemos que encontrarles.
Y sin decir más los feanorianos se fueron detrás de Huan que olfateaba y les dirigía hacia la casa de Eöl, quien ni tuvo tiempo de dar o pedir explicaciones. Un error por parte de estos, porque de haber tenido tratos más cordiales unos con los otros, habrían podido explicar que en realidad eran dos elfos idénticos, pero en medio de tanta desconfianza las cosas solamente pueden terminar así.
—Vaya con estos noldor —dijo Eöl poniendo sus manos en su cintura —Son muy impetuosos y van directo a mi casa buscando a ese elfo con esa bestia. Debería buscar ayuda, aunque la idea de tener a más elfos en mi bosque me desagrada, no quiero a más noldor correteando en mi territorio. Beleg suele estar cerca del bosque, además creo que sería rival para ellos si las cosas se ponen difíciles.
Beleg era un buen elfo, muy fuerte y además justo, uno de los mejores, cuya vida transcurría en las fronteras de Doriath, pero no era el único, también estaba Mablung que era el capitán de Thingol. En esta ocasión Mablung no andaba lejos de los hijos de Feanor, pero no estos de los que acabamos de contar, sino cerca de los otros.
—Mablung, que bueno que te encuentro —dijo Daeron —no sabes lo que ha pasado hace un momento.
—Si es por los orcos, desde hace rato que les seguimos el rastro —dijo el capitán de Thingol —Espero que no lleguemos tarde.
—Los orcos están muertos, no te preocupes.
—¿Y tú solo te deshiciste de ellos? Yo pensé que solamente servías para cantar.
—¿Cómo que solamente para cantar? Además no era de eso de lo que quería hablarte —Justo cuando Daeron iba a contarle su versión de los hechos apareció Maglor
— ¡Oye elfo! —Se oyó la voz clara de Maglor desde los matorrales —Espera un momento, tengo algo que preguntarte.
— ¿Quién es el? —preguntó Mablung.
—Es un noldo, y hay otro más, son muy peligrosos —Ante estas palabras de Daeron los elfos de la patrulla se pusieron en guardia.
—Feliz encuentro —saludó Maglor —Mi nombre es Maglor.
—Ya veo, mi nombre es Mablung —dijo el capitán de Doriath —tú fama te precede, eres uno de los hijos de Feanor, aquel que es reconocido por su canto. ¿Qué haces por esta región?
—Simplemente estamos buscando a nuestros hermanos menores —respondió Kanafinwe —Quería preguntar si alguien les había visto.
—Vamos Mablung, no te confíes por su apariencia pacífica, yo mismo vi como terminaron con los orcos de tres segundos.
—¿Eso qué tiene de malo? —preguntó Maglor
—Exacto —añadió Mablung —No veo el problema en eso. Además no eres muy bueno con las armas Daeron, de seguro te hicieron un favor al exterminar a esos orcos —luego se dirigió a Maglor —Verás desde que ustedes llegaron al norte son más escasos pero todavía hay algunos orcos que intentan el pillaje entre los elfos verdes, por eso venimos para que no proliferen en esta zona.
—Pero no sabes lo que pasó antes, este elfo se atrevió a interrumpirme mientras cantaba con los elfos verdes.
—Ahora entiendo tus palabras Daeron —sonrió Mablung —has visto que tu título del mejor bardo de Beleriand peligraba.
—Eso no era lo que quería decir…
—No le hagas caso —dijo Mablung hablando con Maglor —no hemos visto a tus hermanos, pero podemos preguntar a la gente de aquí si les han visto pasar.
—Te lo agradeceré siempre.
—No creo que sea buena idea hacer tratos con los noldor, Mablung —habló Saeros, que estaba entre los elfos de la patrulla —Al rey no le gustará saber que has colaborado con los feanorianos.
—Entonces tomaré responsabilidad por mis actos— respondió Mablung —iré solo, no creo que una simple pregunta haga daño.
Entonces Mablung y Maglor se marcharon dejando a Saeros a Daeron molestos.
