Capítulo treinta y nueve
El dragón
"Papá, el que se equivocó fui yo, no me puse a pensar qué era lo que estaba haciendo, pensé que simplemente era… No estoy seguro qué me creí que era, creí que era la vida que me tocó, y simplemente traté de esforzarme" –pensaba – "No, sólo seré un Santo si realmente elijo serlo, pero antes de elegir, quiero saber si lo valgo".
– Eh, parece que te han entrado ganas de morir, ¡bien, eso suena bien! – Pythos acomodó sus serpientes, levantándolas en el aire.
"No puedo matar a una persona si no tengo la fuerza suficiente para ello… Era algo que no sabía, no sabía que aún era demasiado débil… Tengo que volverme fuerte, ¡mucho más! ¡Mucho más fuerte!" pensó, ignorando al amenazante Martian, por supuesto, éste lo notó.
– ¡No te burles de mí, mocoso!
"Tiene un muy largo alcance, sin embargo…"
Cuando Pythos ordenó a Saar y Fentia ir en busca de los miembros de Ryuuhou, éste se lanzó directo hacia ellas, agachando la cabeza y encorvado hacia delante, las serpientes de Cosmos carmesí pasaron por sobre sus ojos, trató de no mirar hacia atrás, sabría que las fauces rojas y negras se abrirían sobre su nuca y le devorarían la garganta. Fue mucho más simple adivinar la posición de Saar y Fentia en su espalda, para tomar el momento exacto en el cuál saltar hacia delante, las serpientes no respondían a inteligencia propia, si no a la de su dueño, de modo que al tener a Pythos confundido, Ryuuhou pudo estar tras su espalda sin que sus "niñas" le persiguiesen.
– ¿Cómo puede…? ¡Ni siquiera tienes tu Cloth!
– Tengo mi Cosmos.
El puñetazo fue seco y contundente, con las piernas separadas y lateralmente paralelas al suelo para darle potencia. Salió Pythos despedido con una explosión de Cosmos verde, cuando pudo frenarse con las rodillas, se podía ver la marca del golpe de Ryuuhou en las placas negras de su armadura, las magulladuras eran muy notables.
– ¡M–Mi Caetus…!
Ryuuhou no hizo caso a las maldiciones que mascullaba el Martian, sino que se preparó para el furioso ataque que veía venir, se agachó, cruzó las piernas, y alzó los brazos, el izquierdo en el mentón, y el derecho a altura de la sien. Pero entonces, los ojos amarillentos los tenía sobre los suyos, las informes bocas se abrían, amenazantes y mortales.
Los brazos los tenía enroscados entre las cadenas de Cosmos, cuando sintió que empezaban a apretarle, una luz emanó entre las aperturas, cubriendo los brazos del niño Dragón, al desvanecerse, ambas extremidades estaban recubiertas con la Cloth que hace unos minutos le había dejado.
"La Cloth me está aceptando… ¡No la voy a defraudar!"– sus puños resplandecieron con su incesante Cosmos, la presión cedió, y Ryuuhou podría moverse sin miedo, no obstante, se absortó en un pensamiento que le incomodó. Si tan fácil resultaba deshacerse de las serpientes, ¿cómo Souma no pudo hacerlo también? Y sólo entonces se dio cuenta por qué Souma había perdido.
No quiso quemar el bosque, si elevaba su Cosmos a tal potencia como para luchar a la par con el Martian, habría calcinado la espesa maleza, Ryuuhou le había enseñado. Y Ryuuhou se olvidó que le había enseñado.
"Souma no pudo pelear en serio, no puedo dejar que se haya sacrificado por nada…" – pensó – "Le daré una paliza por ti también, Souma."
Con las manos sueltas casi, Ryuuhou se sujetó de Saar y Fentia, Pythos lo miró con extrañez y confusión, e intentó traerlo hacia sí, pero el Dragón estaba firme en el suelo sin moverse, con una rodilla en tierra, y la otra casi metida dentro de la tierra.
– ¡Ven a luchar aquí, nenita!
– Si eso pides…
Ryuuhou salió despedido por acción de la fuerza contraria que las serpientes ejercían para arrastrarlo, cuando soltó y dejó de hacer resistencia, dio un velocísimo brinco que en un instante lo dejó frente a los desaliñados y salvajes ojos celestes de Pythos.
– Aquí estoy.
El puñetazo le entró con furia y lo adentró en la jungla, Ryuuhou le persiguió a toda rapidez a través de la maleza, abriéndose paso entre hojas y árboles, Ryuuhou seguía el Cosmos de su oponente, hasta que en un momento estaba probando el sabor del suelo. Algo se había enredado en sus pies.
– Perdona, mis niñas a veces son maleducadas – su rostro sonreía con tal malicia que Ryuuhou se dio cuenta que Pythos lo mataría en ese momento –. Ahora, quédate quieto, quiero ver bien cómo te devoran, poco a poco…
– ¡Pero devórame esta!
El puñetazo llegó tarde, pero brutal, clavó los nudillos en la piel blanquecina, apretó con tanta furia que habría sangrado de no tenerla cubierta con su Cloth. Ryuuhou estaba pasmado al ver la mano izquierda de Souma tan sana, como si nada le hubiese ocurrido.
– Souma, tu mano…
– Se necesita algo más que un gusanito para romper este brazo – dijo mientras le enseñaba la muñeca izquierda, descubierta de la armadura, allí donde debería tener una quebradura, sólo su piel morena resaltaba.
– Cielos…
– Oye, ¿y qué haces tirado?
– ¿Eh?
– No creo que te gustaría que yo me encargase de él, ¿o sí? Por mí ningún…
– Ni lo creas – Souma sonrió al ver la confianza de Ryuuhou, y le dijo que saliese a terminar lo que empezó.
O más bien, lo que empezó vino a terminarlo a él.
"Voy a matarlos, ¡los voy a matar, malditos Santos! ¡Ustedes vinieron y se llevaron todo lo que nuestro hermano y yo teníamos…! ¡TODO! ¡Yo me llevaré a todos ustedes, así sea hasta al infierno!" pensaba mientras se levantaba del duro puñetazo que le había enrojecido la mejilla.
Por su mente volvieron a tomar color, vida, y calor. Todos aquellos furiosos recuerdos que deseaba poder olvidar. Las alas de fuego que brotaron de la espalda de su hermano, a quien quería abrazar entre llantos, pero él se negaba, intentaba levantar vuelo, pero sólo caía sobre las plumas una y otra vez, las alas lo abrazaban y se lo llevaban al suelo, mientras le gemía y gritara que huyese, pero simplemente no podía, él también danzó alrededor de las plumas rojas y naranjas, su hermano lo apartó una vez más, y las llamas estallaron en la Noche de los Santos de Hierro.
"No, no me los llevaré al infierno, ¡se los haré sentir en su carne!"
…
– ¡Ryuuhou, no!
El León tomó al pequeño Dragón por la muñeca y lo lanzó hacia sí, este se soltó del agarre eventualmente y cayó rodando al suelo. Cuando pudo recomponerse, se sorprendió al ver cómo la maleza que había bajo sus pies y a su alrededor se desvanecía, devorado por el mismo líquido rojo de hace unos momentos.
– ¡Ryuuhou, esa cosa se ha vuelto mucho más poderosa, se extiende con las plantas, tengo que quemarlas, o…!
– Eso, si pudieses.
Souma se derrumbó en el suelo, rodeado por múltiples y salpicadas manchas rojizas y negras, la que más tenía contacto con la tierra, se añadía a ella y le retenía los miembros, incapaz de poder moverse, una la tenía en el cuello y ascendía por su cuero cabelludo, Souma sentía como ésta le tiraba con gran fuerza, apretaba los dientes, terco.
– ¡Maldito cagón…! – rugió el León, con sus ojos imbuidos en tersas, suaves, pero incesantes llamas, Pythos chasqueó la lengua, fastidiado.
– Te mostraré como quemar algo de verdad… ¡Se quema por dentro!
Kasai no Sangeki!
(¡Azote de Fuego!)
Las víboras ardientes escalaron por sobre la maleza, que despedazaron con sus colmillos naranjas, cubrieron el cielo con sus lenguas de fuego, que chillaban y chasqueaban. Danzaron a los ojos incrédulo de Ryuuhou, pasmado, las veía moverse, devoraban el verde con el rojo, hasta que se habían llenado.
– ¡VAMOS, MIS NENAS, COMÁNSELO!
"¡Vienen hacia aquí…! No sé si aguantaré después de esto, pero… Si no la hago, no aguantaré esta, ¡es hora d dar todo lo que tengo! ¡Sin miedo, Ryuuhou, eres fuerte, lo sabe, lo sabes…!"
Rozan Sho Ryu HA!"¡Son muy calientes! ¡Están vaporizando el agua…!"
"Ryuuhou"
Las fauces del dragón se debatían con los colmillos incandescentes de ambas serpientes, Ryuuhou empujaba con ambos brazos, pero el torrente de agua cada vez se cerraba más.
"¡Ryuuhou!"
"¡No…! ¡Es muy fuerte!"
"¡No, tú eres muy débil!"
"¿Qué…?"
"¡Que eres muy débil para esa Cloth, si no puedes cumplir tu deber de Santo, pues muere!"
Ryuuhou estaba tocando el suelo con la punta de los dedos, el dragón de agua se iba cerrando sobre él, poco a poco.
"¡Debes cumplir tu deber, tu deber!"
"¡Mi deber…!"
Las llamas casi le lamían los ojos.
"¡Tú deber de Santo es cumplir con un milagro!"
"¡ANTES SOY UNA PERSONA, MALDITA SEA! ¡¿ACASO NO SOY PARA TI MÁS QUE UNA ARMADURA ANDANTE?!
El agua impulsó hacia arriba a las víboras llameantes, Ryuuhou empujó con ambas manos el flujo acuático que hacían subir las fauces del dragón sobre los cuellos de las serpientes.
"No me importa más que quieras tú… ¡Yo voy a ser fuerte, PORQUE YO QUIERO! ¡PORQUE QUIERO VIVIR!"
– ¡No, no te dejaré tocar a mis niñas! – Pythos saltó con velocidad sobre las dos columnas vivas de llamas – ¡Arde, ARDE!
El dragón fue aprisionado por una serpiente, la segunda le saltó al cuello, e intentaba desgarrarle la garganta, donde Ryuuhou estaba aprisionado, el agua se sacudía de aquí a allá, el pequeño Santo sentía que iba a salir despedido fuera del torrente.
– ¡No, no…! ¡Yo no voy a perder aquí…!
– ¡ARDE DE UNA VEZ, SANTO!
– ¡No soy tu títere, papá, soy, soy…!
¡ARDE!
¡SOY EL DRAGÓN!
ROZAN SORARYUU TSUBAME! (¡DRAGÓN DEVORA–CIELOS DE ROZÁN!)El agua abrió camino entre los danzarines de fuego, rugió rojo, rugió verde, rugió fuerte, muy fuerte. La explosión de agua partió las placas negras y las rellenó con nudillos duros, macizos, que antes suaves y frágiles, partían las costillas de un hombre. Estalló su segundo puño en la mejilla, las carnes se movían bajo sus dedos, Ryuuhou nunca sintió el placer de ser fuerte, no hasta ese día.
La rodilla, ya recubierta por la pieza de Cloth verde, adornada por una gema azul rectangular, se hundió en el estómago, que se lo acercó atrayéndolo hacia sí por los brazos. El Cosmos verde claro se manifestó sobre su cuerpo, su Cloth lo cubría de nuevo. Era aún más hermosa, brillante y poderosa que nunca. Así lo fue Ryuuhou, también. Atravesó con su garra el pecho de Pythos, que escapó un grito ahogado en sangre.
"Yo soy Santo, padre, no tú… La Cloth es mía, no tuya… Mía."
…
"La fuerza duele mucho, Ryuuhou, duele mucho… Perdóname."
