Nota: Los personajes y lugares, le pertenecen a la creación del buen profesor Tolkien, como todos saben, esta historia se va complicando para todos los que participan en ella y si siguen leyendo la misma es porque les gustan este tipo de cosas absurdas, por eso gracias, y por los mensajes que escriben respecto a estas ideas que se me ocurren.
Capítulo 7
—Ese Mablung siempre me está dando la contra —murmuraba Saeros, pero sabía bien que Daeron le escuchaba —Si no fuera porque la reina le tiene confianza, yo le habría mandado con Cirdan.
—Si le dices que se fue con esos feanorianos puede que te escuche esta vez —dijo en un tono perspicaz Daeron —Además lo que no sabes es que los feanorianos estaban pervirtiendo a las elfas verdes, de seguro castigará a Mablung por colaborar con ellos.
—Eso es muy grave —Saeros mostró interés —¿tienes pruebas de ello?
—Bastará con que vayamos al lugar donde está el otro hermano, no está lejos. Sígueme
Este par de elfos no tenían idea de con quien se estaban metiendo, pero igual, Saeros y Daeron fueron a buscar a Maedhros quien iba lentamente buscando a Maglor y de paso trataba de desanimar a sus nuevas seguidoras.
—Ustedes no quieren nada conmigo —decía caminando cuando las muchachas le seguían —Para comenzar he perdido una mano.
—No importa —dijeron en coro las damiselas elfas.
—Vivo al norte donde no hay árboles, solo montañas.
—No importa
—Hace mucho frío ahí.
—No importa.
—Tengo una maldición.
Ante estas palabras las damiselas solamente suspiraron y seguían tan alegres siguiendo a Russandol por entre los helechos salvajes, parecía que nada las desanimaba.
—¿Dónde se habrá ido Maglor? Faltara que él también se me perdiera.
—No te preocupes —dijeron las damas elfas —nosotras conocemos bien este lugar, te llevaremos a donde quieras.
Maedhros calló un momento y luego de pensar un poco habló.
—¿Saben donde pudieron haber ido y hermano y aquel otro elfo?
—Sí, lo más probable es que Daeron fuera a buscar alguna patrulla de la ciudad, están hacia allá —dijo una de las muchachas señalando la dirección.
—Entonces vamos —dijo Maedhros —De casualidad ¿no habrán visto ustedes también a mis hermanos menores?
—¿Un par de elfos idénticos con cabellos como los tuyos? —Dijeron las chicas sonriendo al ver la reacción de sorpresa y alegría de Maedhros —estuvieron por aquí esta mañana. Aeglos, nuestro amigo, los llevó al Nan Elmoth.
—Parece que saben muchas cosas —Maitimo se detuvo un instante —me hubiera ahorrado más de una preocupación si contara con gente como ustedes.
Las chicas se sonrojaron y rieron.
Maedhros solamente sacudió la cabeza y sonrió y cuando se volvió al frente vio a dos elfos grises que le miraban desconfiados.
—Aquí está el feanoriano —dijo Daeron acusadoramente —¿Qué hiciste con las damiselas elfas?.
Nelyafinwe se mostró sorprendido, se dio la vuelta y no vio a nadie.
—¿Cuáles damiselas elfas? —dijo al ver que ya no había nadie detrás suyo. Por supuesto, las chicas al ver venir a los elfos grises, se escondieron rápidamente.
—Esas que te abrazaban hace unos momentos —dijo Daeron mientras Saeros miraba con desdén al hijo mayor de Feanor.
—¿Te refieres a eso? Eso solo fue una muestra de agradecimiento por matar a los orcos que intentaron atacarles —dijo mirando con altivamente a los elfos de Doriath —no hay nada malo en ello. Ahora si me disculpan tengo que buscar a mis hermanos, ¿podrían decirme por donde puedo llegar a Nan Elmoth?
—¿Por qué tendríamos que responder? —dijo Saeros.
—Porque te lo estoy pidiendo amablemente —respondió Maedhros y de pronto el tono de su voz se hizo más bajo —no te gustaría que te lo pidiera de otra manera —y clavó la mirada en los elfos grises, esa mirada que solamente los que han visto el fondo de Angband tienen. Saeros y Daeron no fueron capaces de sostenerle la mirada mucho tiempo. Tragaron saliva y simplemente le señalaron con el brazo hacia donde estaba el bosque de Eöl.
—Bien, así conversando nos entendemos todos —dijo Maedhros volviendo a su estado habitual —no hay porque ponerse de mal humor. Dale mis saludos a Thingol cuando le veas.
Entonces Maedhros se fue tranquilamente a buscar su caballo.
—Que desfachatez —dijo Daeron —referirse así al rey.
—No seas tonto ese el mismo Maedhros, hijo de Feanor —dijo Saeros —No me dijiste que estaba aquí, por poco y tuve que enfrentarme a él. Ya viste como es, y de lo que es capaz.
—Bueno, pero ya se va.
—Se va a buscar a Eöl —dijo Saeros —sabes que no me gusta ese elfo, pero es parte de la familia del rey y si se entera de que está en peligro y no hicimos nada para advertirle, probablemente los que acaben con Cirdan seamos nosotros.
—Tendremos que ir a Nan Elmoth a buscar a Eöl —dijo con resignación Daeron.
Beleg por su parte ni sospechaba que de pronto era un elfo muy buscado, no tanto como Eöl, pero había gente que le seguía los pasos. Estaba tranquilamente terminando su recorrido por la orilla del río Celon, Ya había oscurecido y se disponía a tomar su cena cuando un grupo de elfos vestidos de negro y uno distinto de ellos que llevaba una lámpara azul, se aproximaron a su campamento.
—Feliz encuentro —saludó Amras —¿Es usted Beleg Arco Firme?
—Así es, ¿quién pregunta? —respondió el fornido elfo.
—Mi nombre es Ambarussa, mis amigos y yo venimos de Nan Elmoth…
—¿Ustedes vienen de Nan Elmoth? Pero eres un noldo ¿cómo es eso posible?
Amras simplemente se encogió de hombros y luego preguntó —¿Tendría usted un bote para prestarnos?
—Tengo uno, pero no puedo dejarles ir a Doriath, especialmente a ti que eres un noldo.
—No queremos ir a Doriath sino a Himlad, donde viven mis hermanos.
—Eso cambia las cosas, pero me gustaría saber como es que vienes de Nan Elmoth siendo un noldo.
Ambarussa le contó a Beleg los hechos de ese día que le escuchaba atento. De cuando en cuando Arco Firme se mostraba sorprendido, sobre todo por la parte que le contaba sobre Eöl, ya que desde el punto de vista de Amras, Eöl era un elfo tan simpático como su hermano Caranthir, el oscuro, claro que de tanto dar explicaciones y puntos de vista, Amras olvidó decirle que su hermano perdido era su hermano gemelo, por costumbre tal vez o por descuido.
—Eso está muy mal —dijo Beleg, que siendo un elfo responsable y amable, pensó en los contratiempos que podría ocasionar irse de excursiones sin avisar a nadie —¿cómo es posible que abandonaras así a tu hermano? Probablemente está preocupado y todavía buscándote en el bosque.
—Eso no lo había pensado —dijo en un tono reflexivo Amras —Tendremos que volver al bosque por Amrod.
—Nosotros te llevaremos —dijeron los elfos oscuros, y dicho esto se fueron tan intempestivamente como llegaron. Lo que dejó más de una intriga en Beleg.
Mientras Maglor y Mablung llegaron a un campamento de elfos verdes. Al capitán de Doriath no le costó trabajo dar con ellos porque conocía bien el área.
—Buena gente ¿han visto ustedes a dos elfos idénticos hoy?
—Yo los vi esta mañana —dijo Aeglos, que justamente estaba en ese campamento —caminaban cerca de Nan Elmoth, me pidieron que los llevara a ese bosque, aunque les advertí que ahí vive un elfo oscuro.
—Entonces solo hay que ir a ese bosque para encontrarles —dijo Maglor
—No creo que sea tan sencillo, el elfo que vive ahí es un elfo oscuro.
—Sí, ya te oí, un elfo oscuro, nosotros tenemos un hermano al que también llamamos oscuro.
—No, no es el color del cabello, es un elfo diferente —Mablung trataba de explicarle a Maglor, pero no sabía bien como explicarle —cuando lo veas te darás cuenta.
—¿Me acompañarás a ese lugar?
—Creo que es lo mejor, aunque tampoco conozco bien ese lugar y ahora que ha oscurecido será más difícil encontrar a tus hermanos.
Algo que no debería ser complicado si se cuenta con el sabueso de Valinor, pero con lo que Huan no contaba era que los gemelos estaban separados y sus rastros se dividían.
—Tú perro se detuvo —dijo Caranthir —¿por qué hace eso?
—No lo sé —dijo Celegorm bajando de su caballo —Huan ¿ocurre algo?
Lo que le perro hubiera explicado, y es que Huan podía hablar solamente tres veces en su vida, pero este no era el momento, era que El rastro parecía dividirse en dos caminos. Estaban en una encrucijada y no sabía como preguntar a su amo cual de los dos rastros seguir. Trató de explicarle mostrándole los dos caminos separados que los gemelos habían tomado, y como Celegorm entiende a los animales captó esta señal.
—Parece que el rastro se divide en dos, tendríamos que dividirnos.
—¿Qué? ¿Cómo vamos a hacer eso, sin tu perro yo no podría seguir el rastro, y tú tampoco puedes olfatear por donde se fueron esos dos.
—Sí, es la parte difícil, tendremos que decidir cual camino tomar.
—Cualquiera, este bosque de por sí es oscuro, pero estoy seguro de que ya ha anochecido.
—Bien, dejemos vayamos por aquel camino —dijo Celegorm señalando la dirección y su sabueso se puso en marcha.
