Nota: Como todos saben los personajes, los lugares y los nombres pertenecen a la creación del buen profesor Tolkien, y yo al escribir este fanfic no obtengo beneficio alguno, así que olvídense de cualquier demanda porque yo no tengo dinero, solamente malas ideas. Gracias a la amable gente que lee esta historia y que de cuando en cuando me escribe algunas palabras de aliento, las necesito.

Capítulo 8

Bien, Amrod no tardó en llegar hasta el punto donde estaba Beleg, y saludó del mismo modo que su hermano.

—Feliz encuentro, mi nombre es Ambarussa ¿no tendrás algo de comer?

Beleg miró sorprendido al elfo y a sus acompañantes, gente de Nan Elmoth con semblante serio, casi triste.

—¿Por qué volviste? Se supone que tendrías que estar buscando a tu hermano.

Amrod miró a Beleg extrañado, así que Eöl no era él único elfo con premoniciones.

—Eso pensaba hacer en cuanto encontrara alguien más animado que me dijera más cosas sobre este lugar —se inclinó sobre Beleg para comentarle en confianza —mis acompañantes no son muy conversadores.

—Hace unos momentos estaban hablando alegremente, hasta reían.

—Estás loco Beleg —dijeron los elfos oscuros —pero ese ya no es nuestro problema, te dejamos a este elfo, nosotros nos vamos, ya no soportamos su charla sin fin sobre su prima Artanis.

—¿¡Qué!? Vuelvan aquí inmediatamente —Gritó Beleg, pero los elfos oscuros ya se habían marchado —Ya entiendo, de seguro Eöl les vio y reprendió a todos por andar en su bosque sin permiso.

—La verdad es que el elfo que vive ahí es muy malhumorado —dijo Amrod cruzándose de brazos.

—Bueno, eso te deja solo en la búsqueda de tu hermano.

—Eres asombroso, ¿cómo sabes que tengo que encontrar a mi hermano?

—Y tú eres muy extraño, olvidas las cosas con facilidad, no me extraña que perdieras a tu familia.

—Yo tengo buena memoria.

—Por eso olvidaste el camino a casa.

—No lo olvidé, sé donde está mi casa, —dijo Amrod rascándose la cabeza —el problema es que no sé donde estoy exactamente, por cierto ¿dónde estoy?

—Vas a necesitar mucha ayuda para encontrar a tus parientes —Mira, si me dices donde vives puedo llevarte hasta ahí o por lo menos indicarte el camino.

—Preferiría encontrar primero a mi hermano ¿sabes? De seguro me está buscando.

Beleg dio un suspiro. Sabía que este elfo era un noldo, que no tenía nada que hacer con él y que nada le obligaba, pero por algún motivo sintió que podría ayudarle, por eso se ofreció para acompañar a Amrod a buscar a su hermano. Otra vez, Amrod olvidó decirle que el hermano que buscaba era su hermano gemelo.

Por su parte Amras y sus nuevos amigos, los elfos oscuros, llegaron a la casa de Eöl, para preguntar si no habían visto a Amrod.

—Quédate aquí —dijeron los elfos de Nan Elmoth —iremos a preguntar si han visto a tu hermano.

Eöl, que llegó momentos antes y se había detenido en su casa para escribirle una larga carta de queja a Thingol, volvió a encontrarse con la desagradable sorpresa.

—Otra vez tú, esto es el colmo, ¿Cómo haces para llegar siempre a mi casa? Se supone que nadie debe poder llegar aquí.

Amras simplemente se encogió de hombros —debe ser una de mis habilidades —dijo sin preocuparse.

Naturalmente, los nuevos amigos de Amras, los elfos oscuros, al oír los gritos de Eöl tuvieron miedo de que su señor les reprendiera por desobedecer sus órdenes, así que no salieron y observaron desde una posición ventajosa la escena.

—¿Dónde están mis elfos? No les habrás hecho algo?

—No, son buenos muchachos —dijo Amras —me parece que entraron a la casa a preguntar algo.

—Pero yo les di la orden de sacarte del bosque ¿cómo es que volviste?

—Eso hicieron, pero volvimos porque estoy buscando a mi hermano ¿Le ha visto usted?

—Claro que les vi —dijo Eöl recordando ese encuentro —Te están buscando.

—Entonces debo buscarles también —y sin decir más Amras se marchó dejando a Eöl con la palabra en la boca.

—Espera… —trató de decirle, pero el noldo ya se había marchado —son siempre tan impulsivos, bueno no es mi problema, si logra salir de mis bosque con sus hermanos mejor. Aunque si siguen corriendo de un lado a otro pueden tardar mucho en encontrar el camino de salida.

Eöl se estremeció ante la idea de tener que convivir más tiempo con los noldor. Tendría que hacer algo pronto para que nadie más ingrese a su bosque, un poco tarde porque ni bien se volvió encontró dos rostros conocidos.

—Otra vez nos encontramos —dijo Caranthir que llevaba una lámpara azul en la mano.

—Este bosque es muy extraño, los senderos parecen desaparecer —dijo Celegorm —cualquiera diría que no quieres visitantes en este lugar.

—¿De verdad? No se me había ocurrido —dijo Eöl, tratando de no sonar muy sarcástico.

—El rastro parece confundir a mi sabueso —advirtió Celegorm —¿Ha estado por aquí?

—Acaba de irse, le dije que le estaban buscando y se marchó rápidamente.

—Que tonto —protestó Caranthir —debió quedarse quieto en un solo lugar, de lo contrario vamos a pasar semanas corriendo uno detrás del otro.

—Exacto —habló Celegorm —por eso mi querido Moryo vas a quedarte aquí por si regresa Ambarussa.

—¿Qué? ¿Yo por qué?

—Porque yo soy tu hermano mayor.

—Solamente por unos cuantos años.

—Pero a Nelyo si le haces caso.

Una discusión que se repetía ante la mirada atónita de Eöl que estaba confundido.

Es mejor dejar esta escena para trasladarnos donde un elfo más razonable. Maedhros encontró su caballo donde lo había dejado, y esperaba que Tyelkormo y Carnistir tuvieran más suerte en la búsqueda de sus hermanos menores. Eso de andar perdiendo parientes parecía cosa normal en Valinor, pero aquí había otro tipo de peligros, y no era que creyera que sus hermanos eran incapaces de cuidarse solos, lo que más temía era una confrontación con otros elfos.

Ni bien montó en su caballo y avanzó unos cuentos metros unas voces femeninas le detuvieron.

—No vayas por ese camino —dijeron las mismas elfas del bosque —nosotras conocemos un atajo.

—Son ustedes otra vez —dijo viendo de nuevo a las cinco damiselas elfas —¿qué hacen aquí y de dónde sacaron esos caballos?

—Se los pedimos prestados a la patrulla de Mablung —Dijo una de ellas —Lo sabrán cuando terminen su cena.

Maedhros solamente sacudió su cabeza.

—Además dijimos que te llevaríamos a Nan Elmoth aunque un elfo oscuro vive ahí —añadió otra

—¿Elfo oscuro? —Preguntó Nelyafinwe —Espero que eso no tenga una connotación negativa.

—Nuestra gente no va a ese bosque, pero si tú vas podemos llevarte.

—¿No temen que pueda ser peligroso?

—Contigo no habrá nada que temer —le dijeron las cinco en coro

Bien, estaba visto que necesitaba de estas muchachas que le ofrecían ayuda libremente, solamente esperaba que ellas no retrasaran su paso.

No nos olvidamos de Curufin que seguía con los enanos y no la pasaba tan mal como sus hermanos, de hecho una vez que se acostumbró al aspecto de los naugrim y cuando ellos descubrieron que Kurvo conocía mucho sobre joyas y ese tipo de trabajos, pudieron entablar una conversación más o menos civilizada.

—Apuesto a que no eres capaz de pararte de manos —dijo Telchar, que luego de la comida bebían cerveza de enanos.

—Eso es sencillo —dijo Curufin —Cualquier elfo que puede caminar puede pararse de manos.

—Eso no es todo, te tienes que parar de manos mientras bebes una pinta de cerveza.

—Interesante reto —dijo Curufin —acepto, pero debo tener algo a cambio, o si no yo también debo darte un reto a ti o a cualquiera de tus acompañantes.

—Por supuesto —respondió Telchar, que para esa hora ya había bebido demasiada malta de enanos.

Eso es algo que los hermanos mayores de Curufin no aprobarían, sobre todo con los problemas que tenían, ya sea que ahora la mayoría estaban buscando en un bosque muy oscuro, y en territorio muy poco amigable. Así lo sintió Maglor el momento en que dio el primer paso dentro de Nan Elmoth, porque el bosque se veía desde dentro más oscuro y solitario.

—Bien, será mejor que nos apresuremos en los dominios de Eöl el elfo que vive aquí —Mablung explicaba — te advierto que no es muy amigable.

—¿Conoces bien este lugar?

—A decir verdad no, realmente ni nosotros venimos por aquí, solamente cuando el rey nos manda algún mensaje, pero si tus hermanos están ahí es probable que Eöl ya esté enterado de su presencia.

—Por lo menos traje una lámpara conmigo —y Maglor sacó una de las lámparas azules que los noldor suelen fabricar.

—Eso es muy bonito —dijo Mablung.

—Si te gusta te la daré cuando hayamos encontrado a mis hermanos.

Mientras que Daeron y Saeros en otro lugar se preguntaban si todavía era buena idea ingresar a ese bosque.

—No me gusta nada este lugar —dijo Daeron.

—Tampoco a mí, pero debemos advertirle a Eöl.

—Si Eöl quisiera compañía no habría venido a vivir aquí.

—Deja de quejarte —Dijo Saeros que cada segundo pensaba que todo el asunto era una mala idea, ¿por qué habría escuchado a Daeron?