Nota: Los personajes, lugares y nombres, son parte de la maravillosa creación de Tolkien, como todas ya saben. Un nuevo capítulo de esta historia sencilla y sin mayores pretensiones que las de entretener un poco a todas las personas que tienen la amabilidad de leer.
Capítulo 9
Mientras Celegorm y Caranthir perdían el tiempo discutiendo, como acostumbraban, Huan el sabueso de Valinor cansado de esa perorata sin sentido se marchó siguiendo alguna pista sobre los Ambarussa, porque vio que taparse las orejas con las patas no daba resultado.
Eöl por su parte estaba a punto de perder la paciencia, peligrosos o no, ese no era el modo de hacerle perder el tiempo.
—Si no van a hacer nada más productivo que discutir será mejor que busquen otro sitio —dijo el elfo oscuro —hasta su perro se ha marchado.
—Huan, Huan —llamaba Celegorm —no me hace caso —luego se dirigió hacia Caranthir —todo es tu culpa.
—¿Cómo que mi culpa? Es tú perro, tú debías entrenarlo.
—Van a comenzar de nuevo —sacudía al mismo tiempo la cabeza Eöl —A esta hora los enanos ya han debido marcharse y de seguro pospusieron la comida que tenían preparada.
— ¿Comida dijiste? —Dijeron los dos hermanos —Si nos invitas a cenar aceptamos encantados, hace horas que salimos de casa y no trajimos nada de provisiones porque pensábamos volver.
— ¿Qué? No les invité… —dijo Eöl molesto viendo que era demasiada desfachatez de estos dos noldor, pero seguían siendo peligrosos y no pondría en riesgo a ninguno de sus elfos en una confrontación innecesaria, lo mejor sería darles algo de comer e ir personalmente en busca de Beleg, uno de los pocos elfos grises en los que confiaba realmente —que rayos, si con eso terminan su discusión y luego se marchan, haré preparar algo.
Así que tenemos a Eöl como anfitrión de dos de los hijos de Feanor más difíciles de congeniar, mientras pensaba que los enanos se habrían cansado de esperar y se marcharon hacia las montañas de Ered Lindon.
Es que Eöl no podía saber que los enanos estaban muy entretenidos con otro elfo. Curufin había logrado cumplir varios de los retos que sus amables anfitriones le habían puesto, ya sea que podía balancearse sobre una mano sobre un buril o que podía memorizar cada uno de los minerales y el punto exacto de su fundición, cosas con las que Curufin estaba muy familiarizado, algo que los naugrim ignoraban por completo.
—Ya van cinco veces seguidas que les gano la apuesta —dijo Curufin — ¿no tienen retos más interesantes?
—Por lo visto conoces el arte de los metales —dijo Telchar de muy buen humor —te retamos a que no puedes hacer una daga que atraviese el acero como si fuera madera verde.
—Eso tendría que poderse hacer —dijo Curufin —aceptaré el trato solamente si tú también compites y me muestras que puedes forjar una hoja con las características que propones.
—Está pactado, los dos trabajaremos en una hoja resistente, una vez que la fragua esté lista.
—¿Puedes armar una fragua aquí?
—Siempre viajamos con todo lo necesario —dijo otro de los enanos de la compañía —en un par de horas estará lista, mientras vamos a brindar.
Al parecer Curufin era el único que parecía haberse olvidado de los problemas, porque por otro lado el resto de los hermanos seguía en su búsqueda incesante, incluso el sabueso de Valinor.
Bien, Huan no perdería el tiempo, le fue fácil dar otra vez con la pista de Amrod que no andaba muy lejos, se encontraba con Beleg Arco Firme y ambos simplemente estaban dando vueltas en esa parte del laberíntico bosque.
— ¡Huan! —Exclamó Amrod viendo al sabueso que corrió hacia el elfo y comenzó a lamerle la cara —Que bueno que te encuentro.
Huan se levantó en sus patas traseras y empujó a Ambarussa al piso.
—Está bien, está bien —dijo Amrod poniéndose de pie —Tú me encontraste, eso quiere decir que Celegorm no debe andar lejos.
—Que bien, espero que tú hermano te lleve a casa —dijo Beleg, luego añadió suspirando —y que Eöl haya tomado con calma la intrusión de varios noldor en su bosque.
—No te preocupes, Celegorm suele tener mal genio, pero si le pides ayuda siempre coopera —luego le habló a Huan — ¿sabes donde está Celegorm? Llévanos con él
El sabueso hizo caso y les guió hasta la casa de Eöl, que acababa de marcharse a buscar al elfo gris que acababa de llegar. Amrod y Beleg no fueron bien recibidos cuando los elfos oscuros salieron a su encuentro.
—¿Otra vez tú? —Le dijeron los elfos oscuros del bosque —Y ahora vienes con Beleg.
—No le hablen así a nuestro amigo —dijo otro grupo de elfos oscuros, aquellos que habían hecho amistad con Amras —Pensábamos que no volverías para llevarnos a Himlad como prometiste.
—Ustedes quieren ir con este noldo ¿para qué? —Reclamaron los elfos oscuros —Cuando el señor Eöl se entere.
Ni Beleg ni Amrod entendían nada.
—¿Dónde está Eöl? —preguntó finalmente Beleg
—Dijo que fue a buscarte Beleg —le dijo uno de los elfos —Por cierto ¿Qué haces aquí? ¿el rey mandó a buscar al señor Eöl?
—No, solamente estoy de paso y quería cerciorarme de que está entero —dijo para sí Beleg para sí antes de darse cuenta de que Amrod estaba a su lado —lo lamento, no quise decir eso.
—¿Por qué? ¿El elfo que vive aquí tiene problemas con los demás? No se me habría ocurrido. Bueno ya que estamos aquí podríamos comer algo, ¿qué dices Beleg?
—No es mala idea —dijo el arquero —¿No les importa, verdad?
Parte de los moriquendi aceptaron con gusto, el del grupo que habían hecho amistad con Amras, el segundo grupo tenía recelo, pero no dijeron nada porque conocían bien a Beleg.
—Espera, primero tengo que hacer algo —Amrod llamó al sabueso y le dijo al oído —Ve a buscar a Amras y lo traes hasta aquí —le dio una palmadita en la cabeza como despedida y el sabueso salió corriendo siguiendo el rastro del otro gemelo.
Huan encontraba varios rastros, algunos conocidos, otros no, y en su trayectoria buscando a Amras dio con dos elfos grises.
—¿Saeros, qué es eso que viene ahí?
—No sé, pero se ve grande y con ojos malvados —respondió trémulo Saeros
—¿Qué vamos a hacer?
—¡Correr!
Salieron en una alocada y frenética carrera sin fijarse el rumbo, sumado a la gran oscuridad reinante no tardaron en perderse en el bosque, pero quien anda perdido suele encontrar caminos extraños.
—Feliz encuentro —saludó Amras al que casi ni miraron porque pasaron muy rápido por su lado, cosa que disgustó al gemelo, por lo que usó técnicas más efectivas para lograr algo de información. Como en otras oportunidades sacó un lazo y en dos segundos los elfos grises estaban amarrados uno junto al otro.
—Ahora sí, feliz encuentro, mi nombre es Ambarussa, estoy buscando algo de información —saludó cortésmente el elfo — ¿Han visto a mi hermano por aquí?
No tardaron en reconocer los rasgos de Amras, se dieron cuenta inmediatamente de que se trataba de la familia de aquel elfo de cabellos rojizos que se mostró tan peligroso ante ellos en las afueras del bosque.
—Estaba afuera del bosque buscándote —dijo Saeros que pensó que de eso modo este noldo saldría de la floresta para buscar a su familia y gran parte del problema se resolvería. Mientras menos noldor en Nan Elmoth mejor.
—Gracias, por el dato, iré a buscarle —dijo Amras tranquilamente.
—¡Oye, no nos dejes así atados! —Gritó Daeron —hay una criatura horrible en el bosque y seremos su presa si nos encuentra.
—¿Una criatura horrible? No lo creo, el elfo que vive aquí es muy arisco, pero no creo que sea una criatura horrible por eso. Moryo también suele andar de mal humor, pero cuando tiene la boca cerrada es un buen compañero —explicaba Amras —Está bien, suele hablar demás en algunas ocasiones, y eso le ha traído problemas.
—Mira mientras charlas la horrible criatura se aproxima —dijo Daeron —¿Nos vas a desatar o no?
—Únicamente porque Maedhros me dijo que sea amable con la gente del lugar —dijo Amras —¿Ustedes también son elfos oscuros?
—Que insulto, como te atreves a llamarnos así —protestó Saeros.
—A Caranthir también le decimos oscuro, de hecho su nombre significa el oscuro Finwe, papá le puso ese nombre porque su cabello era muy oscuro.
—¿Qué no puedes apresurarte con la cuerdas? —dijeron los elfos al ver dos luces a los lejos como ojos que les observaban.
