4 de Agosto. Un mes después del Interescolar.
"No se puede comprar un amistad, pero sí puedo vender felicidad al por mayor. Y yo con Hajime me he hipotecado."
Sonrió al releer el mensaje; parecía que el rubio había vuelto a la ciudad tras sus vacaciones en París aprendiendo el idioma y esto le emocionaba sobremanera. Tenía otros amigos, pero con Aoyagi era diferente. Podía ser él mismo, sin censura, y que nadie le recriminase nada. Podía encontrarse tras mucho tiempo y hablar como si no se vieran tan sólo desde ayer. No solía encontrar respuesta a sus reflexiones, pero encontraba una sonrisa, un gesto, una mirada que hacía merecer la pena toda la charla.
"Qué cursi me estoy volviendo, ni que fuera mi novia, joder." Pensó mientras reía. Pero en verdad la vuelta del chico callado le había alegrado el día, la semana, casi la vida. Apenas había tenido tiempo de centrarse tras el Interescolar, sólo pensaba en entrenar, superarse; y para ello necesitaba a su amigo, necesitaba una mano en la que apoyarse, un hombro en el que llorar cuando nada fuese bien, un rostro en el que reflejarse en sus momentos de alegría.
No podía esperar más, iba a ir a recogerlo al aeropuerto. 20 euros de taxi apenas compraban un 1% de su amistad. Cogió las llaves sin pensarlo, se hizo un moño alto (No tenía que perder tiempo ni en ducharse), se puso sus pantalones pitillos preferidos y una camisa apretada de color blanco impoluto. Se miró al espejo antes de salir y pensó en lo guapo que se sentía hoy.
"Seguro que Hajime alucinará al ver mi piel bronceada." Sonrió, estaba muy emocionado, aunque en seguida se miró a los ojos y se quedó mudo, como su amigo. "Qué estás haciendo, ¿esto es una cita?" Volvió hacia su habitación y cambio su camisa apretada por una camiseta ancha, más deportiva, con rayas azules y blancas que resaltaban aún más el moreno que sus musculados brazos habían cogido en la playa. Volvió a mirarse y esta vez se dio el visto bueno.
"No te muevas de la terminal hasta que yo te diga." Envió el Whatsapp antes de parar el taxi que rezumaba calor en aquella mañana de verano.
