El mundo malinterpreta a los callados. Es algo fácil de preveer: la timidez está infravalorada. La gente confunde el no tener nada que decir con el no tener nada que opinar, y era algo que a Hajime le molestaba sobremanera.
"Ojalá pudiese expresarme tal y cómo quiero, pero no merece la pena cuando nadie te escucha."
Apretó el cuaderno que llevaba entre sus manos. En él había relatado día tras día sus idas y venidas por la ciudad del amor (Que él había recorrido sólo, como siempre), sus bocetos de arte y las miles de fotos movidas sobre el pavimento. La portada del libreto era una estrella de 5 puntas, perfecta, pintada con tinta china. La contraportada era un folio en blanco con una sola frase en medio: "No puedo traerte el olor a lluvia que tanto te gusta, pero te traigo un poquito de París."
Una ligera sonrisa sobresalió entre su largo flequillo rubio. A veces se asustaba pues, como nunca antes había tenido una amistad tan verdadera, tan sencilla, temía no saber diferenciar entre el cariño y el amor. Nunca se había considerado a sí mismo como un ser sexual, como alguien con hormonas, pues sólo se había preocupado hasta ahora de pedalear más fuerte, dormir más tranquilo, jugar más a la Nintendo o pintar un poco más rápido. Pero a veces, en la intimidad de la noche, cerraba los ojos y se imaginaba charlando tranquilamente con Junta, hablándole de todos los cuadros que quería ver, los paisajes que deseaba trazar, las carreras que aún debían de ganar juntos. Y en ese instante era feliz; amaba esa sensación. Verdaderamente no le importaba si eso era amor u otra cosa, sólo quería que no acabase nunca.
"Ojalá pudiese expresarme tal y cómo quiero, pero no lo necesito cuando alguien ya conoce lo que tengo que decir."
Es lo que pensó cuando tornó el rostro y visualizó los rizos negros de su amigo allá en lo lejos, meciéndose al viento que entraba en la terminal. "Ya estoy en casa" Una lágrima cayó en sus mejillas. "Y él es mi nación." Pensó mientras Teshima corría dispuesto a pegarle el abrazo más grande de la Historia.
