Aun quedando algunos pequeños rastrojos del verano, el Otoño empezaba a levantar sus banderas. Junta odiaba el frío, de la misma manera que odiaba el miedo, o el odio, o la gente que nunca tenía nada que pensar (Que no la gente que nunca tenía nada que decir, pues esa gente era la que de verdad le gustaba). Si bien el día de antes había dejado mostrar su moreno a juego con sus camisetas de manga corta, hoy no pudo ni siquiera ignorar sacar el abrigo y las bufandas.
Miró el reloj: 11,35. "Llegamos tarde" pensó. Y en el club a nadie le gustaba esperar. Hajime ya se había percatado de esto y había aumentado su ritmo mientras escuchaba las aventuras estivales de su amigo (Estas le parecían más importantes que sus vacaciones en París), y asentía ligeramente con la cabeza. Finalmente llegaron al instituto, que pese a no haber empezado las clases, ya comenzaba a llenarse de vida con la vuelta de los clubes.
- ¡Teshima y Aoyagi están aquí! –Saludaron, o bueno, saludó Junta como representante de los dos.
El silencio rodeaba la sala. Sin embargo, no era un silencio oscuro sino acogedor. "Aquí es donde deben dormir nuestras ansias de victoria." – Debió de pensar Hajime. Ante la serenidad que reinaba, Junta dio un paso adelante y comenzó a rozar con la punta de los dedos las mesas, rodillos, sillines, manillares, banquetes… de igual manera que un ciego tocaría el césped por primera vez.
- Mira Hajime, mira. Llevamos muchísimos años en esto y no me canso del olor, ni del color, ni del tacto. No me cansan las derrotas porque estoy acostumbrado a ellas. No me cansa la victoria porque nadie puede cansarse de esto, de la misma forma que nadie puede cansarse de vivir, o de comer ramen, o de las mañanas de verano. Y nos graduaremos y tendremos que cerrar esta etapa y quiero cansarme para no tener que marcharme con lágrimas en los ojos. Quiero cansarme de esto. Quiero hartarme de perder. Pero no sé cómo hacerlo.
Teshima apenas puntualizaba sus discursos. Los vomitaba en el espacio, importando bien poco si tenían sentido o no. Casi parecía que se había abierto el alma de par en par para soltar cuatro frases. Aoyagi pensó en decir algo. En verdad quería hacerlo, pensó en pedir perdón por no darlo todo en la Concentración previa al Interhigh, y por no saber la mayoría de veces que contestar y guardárselo todo para sí.
Y justo estaba él pensando en esta forma de ser que lo atormentaba día a día cuando la puerta se abrió de par en par.
