Días 8+9, creo, porque no tenía ideas que giraran solo entorno al 9
Kinktober #8+9: Cuerdas + Oral
.
.
.
Katsuki abrió apresuradamente la puerta de su departamento, sin dejar de besar con ferocidad a la chica castaña que había conocido en el club, esa de ojos grandes, abdomen plano y caderas sensualmente anchas a la que, aparentemente, también le gustaba el buen sexo.
Ni siquiera era capaz de recordar su nombre, algo de "Ochako Uranoseque", lo único que ocupaba su cabeza eran las marcas que le había visto en las muñecas y en los antebrazos y que la había conocido en ese club de fetichistas que frecuentaba en busca de alguna chica que soportara sus vicios de cama. Ojalá esta no saliera corriendo.
La chica mordió el labio inferior de Katsuki hasta hacerle sangre, provocando un gruñido animal de parte del rubio que la guiaba a trompicones al dormitorio, como respuesta, Katsuki le clavo las uñas en las caderas. Entraron en el amplio dormitorio y finalmente se separaron el uno del otro, para poder desvestirse sin estorbos, la chica expuso sin tapujos su cuerpo desnudo a Katsuki: grandes pechos, cadera adecuadamente ancha, abdomen plano, piernas sensuales y un culo de infarto, todo adornado con algunas marcas de heridas provocadas por juegos con otras parejas.
Katsuki también expuso su torso perfectamente trabajado, espalda llena de arañazos y marcas, piernas gruesas, musculosas y su, también espectacular, culo. El chico se mantenía con el bóxer puesto, tal vez para mantenerse ligeramente superior a ella.
–¿Estas segura de que quieres seguir?– Preguntó Katsuki, el hambre brillando a sus ojos.
–No habría venido hasta acá de no estarlo– Ochako respondió, con su voz dulce contrastando con el tono socarrón que había usado, antes de sentarse sobre la cama de Katsuki, ella sabía a que había venido y era hora de probarlo.
De un cajón, el dueño del departamento sacó una cuerda trenzada, roja, lo suficientemente suave para no quemarle tanto con la fricción, volvió a mirar a la chica en su cama, la cual le extendía las manos y le miraba retadora a los ojos.
Muchos disfrutaban en exceso hacer cosas cuando su pareja estaba maniatada, Katsuki y Ochako disfrutaban más del proceso, del arte de atar o ser atado. El rubio obligó a Ochako a morder la esfera-mordaza y a poner sus manos tras la espalda, procediendo a hacer los nudos en los brazos de la castaña, tres, desde sus muñecas hasta los codos, ella forcejeo un poco para asegurarse de estar bien atada, suspirando complacida al notar la experiencia del chico en ese arte.
La extensión de la cuerda se agotó justo cuando el chico acababa su último nudo, se detuvo un segundo a admirar su trabajo, sintiendo su erección reclamándole, él había logrado rodear la cintura de Ochako y apretar sus pechos, los cuales comenzaban a enrojecerse, con un patrón sumamente estético de rombos rojos que resaltaban sobre la piel blanca, las piernas de ella también habían sido atadas, conectadas a los brazos, impidiéndole por completo permanecer sentada, ahora solo podía recostarse sobre su vientre, en una pose parecida a la de un barco, con su cara en dirección a los pies de la cama.
La saliva comenzaba a escurrir de las comisuras de los labios de Ochako, quien sentía cada roce de las sábanas sobre sus -demasiado- sensibles pezones y la fricción de la cuerda por todo su cuerpo, además de la excitación que producía tener los ojos hambrientos y orgullosos de Katsuki sobre ella.
Katsuki, a los pies de la cama, se deshizo de su ropa interior, su orgullo gritando al notar la mirada ansiosa de Ochako, la "sumisa" menos popular del club, tal vez por su tendencia a ir contra sus amos frecuentemente y no llegar a acuerdos largos jamás.
El rubio sujeto su miembro endurecido, jadeando al sentir su mano grande y tosca ejerciendo presión, moviéndola en todo lo largo rápidamente, casi igualando el ritmo de la respiración de la chica; cuando sintió que su orgasmo se acercaba trepó a la cama, colocándose frente a Ochako y le sacó la mordaza de la boca, dejando salir una oleada de saliva que ella no había podido tragar.
–Da... Dámelo, joder...– Ella abrió la boca, ansiosa, complacida al sentir como él le rodeaba la boca con la punta antes de dejarla tener su largo miembro en el interior. Su nariz se pegaba al vello rubio y se despegaba según el ritmo marcado por las manos de Katsuki en su cabeza, el movimiento de la cama también provocaba el roce de sus pechos y su pubis contra las sabanas.
Los sonidos que escapaban de boca de Katsuki eran cada vez más animales, gruñidos graves entremezclados con maldiciones y palabras obscenas; sus manos apretaban más los mechones de cabello castaños y sus caderas se movían a espasmos, poco le importaba pasarse de violento mientras ella siguiera moviendo su lengua y haciendo succión, la mirada que le daba delataba lo mucho que disfrutaba ese trato y con eso le bastaba. Katsuki presionó fuertemente la cabeza de Ochako contra él cuando sintió que había llegado a su límite, ella lo tragó casi todo sin problemas antes de dejar caer su cara sobre la sabana, con el cuello dolorido, mantenerse en la posición en que la había puesto Katsuki era algo duro para el cuerpo, además, sus pechos y varias otras partes de su cuerpo comenzaban a doler por estar atada.
–Nunca había visto un par de pechos tan hinchados
–¿Debo tomar... tomármelo como un alago? Deja de ser un patán y desatame
–Ahora entiendo porque nunca duras con nadie de esos clubes– Se habían visto muchas veces, pero nunca antes se habían interesado en probarse el uno al otro realmente.
El rubio le hizo caso y comenzó a deshacer los nudos, Ochako siseaba al sentir la sangre volviendo a correr por todo su cuerpo libremente, provocandole un cosquilleo algo desagradable. La mejor-peor parte eran sus senos, hipersensibilizados e hinchados gracias al tiempo que estuvieron atados, Katsuki sabía que aún le debía su satisfacción a la chica. Cuando estuvo totalmente desatada, Katsuki la recostó sobre la cama, besando sus pechos y acariciandolos con una mano suavemente, mientras la otra jugueteaba entre las piernas de Ochako, no le costó mucho trabajo llevarla hasta un ruidoso orgasmo, que la hizo arañar profundamente la parte superior de la espalda y antebrazos del chico.
Tras un no-tan-incomodo silencio, Katsuki ofreció a la chica pasar la noche en su departamento y ambos, ella en la cama y él en el sofá, se quedaron dormidos.
.
.
Cuando Katsuki despertó y entró a su recamara, encontró su cama tendida y encima una nota pequeñita.
Uraraka Ochako xxx-xxx-xxxx
-llámame~
