El resto del día fue difícil para Phineas, en todas las clases estaba con Karla y con Isabela, no quería complicar más las cosas, así que prefería sentarse con aquellos a los que ahora llamaba "amigos" no prestó mucha atención a las clases y prefería no pensar en su situación con Isabela y Karla, así que prefería pasar el rato con las estúpidas bromas que hacían los chicos.

Pero eso se acabó a las 3pm. Después de la práctica de basquetbol Phineas prefirió regresar caminando a casa para evitar estar con su ahora exnovia en el autobús, estaba algo cansado pero sentía que debía hacerlo. Llevaba un par de calles caminando cuando comenzó a llover, pero el pelirrojo no se apresuró, continuo con paso lento y pausado, sentía como las gotas de lluvia caían una tras otra sobre sus hombros. Se detuvo en un cruce por un segundo, estaba distraído, pensando en Isabela y que debía de hacer, ¿le confesará que la ama? ¿O seguirá fingiendo que solo la quiere como amiga? Sin duda alguna Phineas no tenía ni la menor idea de lo que Isabela pensaba de él y de lo que estaba tramando; estaba tan distraído que no notó que a su lado se acababa de detener un auto, era el de la madre de Isabela, tocaron la bocina, y Phineas despertó del trance en el que estaba, volteó la mirada y vio a Isabela a través de la ventana, le abrió la puerta y Phineas entró con un poco de miedo, no sabía que hacer o que decir, se limitó a dar un simple "gracias" que Isabela respondió con una sonrisa con los labios cerrados. El silencio era incomodo, ninguno de los dos quería ser quien iniciara la conversación, hasta que Phineas se armó de valor y comenzó a buscar un pretexto para hablar con ella, fue cuando bajó la mirada y notó el bebé ficticio que la maestra les había entregado, se había olvidado por completo de él y esa era su excusa, el muñeco.

-¡oh mira! Si es el pequeño… ¿Cómo lo llamaremos?- Phineas preguntó de manera inocente, pero por una razón desconocida para Phineas, Isabela no respondió.

Y era obvio, ella esperaba hablar sobre su relación, no podía pensar en otra cosa más que en eso, el muñeco por ahora le daba igual, podía esperar. Ante el silencio de Isabela Phineas comenzó a reflexionar sobre si era buena idea hacer lo que debían hacer, ella seguía sin hablarle, sin siquiera míralo.

Isabela se detuvo en el último semáforo antes de llegar al vecindario en el que vivían, estaban completamente solos, no había un una sola persona, ni un solo auto a la vista, cuando Isabela rompió en llanto; a Phineas no le sorprendió en lo absoluto, sabía que algo así podía ocurrir de un momento a otro.

-¿Isabela? ¿Estás bien?

Con un grito ahogado Isabela respondió- NO Phineas, no seas bobo, es obvio que no lo estoy.

-¿es por algo de hice o dije?

-no Phineas, tú no has hecho ni dicho nada, y es por eso que estoy así ahora, durante casi tres años tu novia me ha puesto una reputación de mujerzuela y tú no has hecho absolutamente nada para evitarlo- Isabel no podía dejar de llorar, se sentía destrozada, débil, como si no pudiera hacer nada- pensé que eras mi amigo Phineas, pensé que estarías ahí cuando te necesitara y me abandonaste, me dejaste caer al vació, Phineas, no sé si debería perdonarte.

Phineas se quedó callado durante unos segundos, no quería discutir, no quería llevarle la contraria, pero tampoco sentí que debía disculparse, así que se limitó a abrazarla, al principio Isabela no quería acceder, pero terminó sintiéndose completa de nuevo, aquel cálido y húmedo abrazo de Phineas la reconfortó.

-Isabela te extraño- fue todo lo que dijo el pelirrojo.

Isabela lo miró por unos segundos sin saber que hacer o decir, esperaba que dijera algo más y así fue…

-Isabela- ella amaba que mencionara su nombre- la verdad es que tengo algo que confesarte, desde la secundaria tu… tu… me gustas, estoy enamorado de ti y si nunca te lo dije es porque nunca tuve el valor de hacerlo, siempre que te veía con alguien más me daban celos, rabia y cólera, así que prefería evitarte, yo… lo siento mucho.

Isabela se quedó callada, no esperaba que Phineas fuera a decirle eso ese mismo día, en ese momento y en ese lugar, pensó que iba a hacer falta un poco más de esfuerzo, pero se dio cuenta de que fue el destino quien quiso que fuera de esa manera.

Mientras tanto Phineas continuaba nervioso, había pasado casi un minuto e Isabela no respondía, se preguntaba si habría hecho mal las cosas, tal vez debió esperar un poco, a que volvieran a conocerse, a confiar el uno al otro; comenzó a sentirse estúpido, ¿y si lo rechazaba? ¿Había arruinado todo OTRA VEZ?

-Phineas JR. Tendrá el nombre de su padre- le dijo mirando al muñeco en las manos de Phineas y secándose las lágrimas con un pañuelo desechable.

Phineas sonrió, se sentía feliz por primera vez desde hace mucho tiempo, como si toda la tristeza y melancolía que sentía se hubieses desvanecido para siempre; a pesar de que Isabela no mencionó nada sobre sus sentimientos, Phineas se sentía aliviado, se había quitado un peso de encima.

Sin decir nada, Isabela lo abrazó de nuevo, no quería despegarse de él, ella también estaba feliz de volver a estar con su mejor amigo, y de la misma manera que Phineas, sintió como todo el enojo y resentimiento se desvanecían lentamente con cada segundo que pasaban abrazados. De no haber sido por un auto que pasó a su lado tocando la bocina, se hubiesen quedado así toda la tarde.

Isabela dejó a Phineas frente a su casa, todavía estuvieron platicando en el auto por casi dos horas, sobre que habían hecho mientras no estaban juntos, que personas habían conocido, a que lugares habían ido, se divirtieron mucho, tal vez no tanto como lo hacían el patio trasero de Phineas cuando eran niños, pero fue algo reconfortante.

-Me tengo que ir, me dio gusto que al fin nos hablemos de nuevo- dijo Phineas mientras salía del auto- ¡oh casi lo olvido!-Phineas sacó su celular del bolsillo y por poco tira la nota que Isabela le dio en el salón de clases; la rodeó con un brazo y se tomó la primera foto del proyecto escolar, pero cuando guardó su teléfono en su bolsillo, sintió el áspero papel rosando sus dedos- ¡oh mira! Es la nota que me diste hace un rato.

Isabela se puso nerviosa y encendió el motor del auto- me tengo que ir, nos vemos luego, adiós- echó la reversa hasta llegar a su casa y se metió corriendo a su casa, como si hubiese visto un fantasma o presenciado un homicidio.

Eso dejó perplejo a Phineas, comenzó a desdoblar la hoja cuando Linda salió de su casa- Phineas cariño ¿Por qué tardaste tanto? Comenzaba a preocuparme, ven pasa.

Phineas guardó el papel de nuevo y entró a su casa, no sin antes echar un vistazo a la casa de enfrente.

Al entrar en su casa se topó con una gran sorpresa un hombre de la edad de su madre estaba sentado en un sillón en la sala, tomando una taza de café, tenía pelo castaño obscuro y la espalda ligeramente curveada.

-Phineas, quiero presentarte a alguien; él es Heinz, salimos un par de veces cuando éramos jóvenes y hace un par de meses nos encontramos en el supermercado y decidimos salir de nuevo, después de todo ambos somos divorciados- Linda tomó la mano de Heinz y le dio un beso de pico- Phineas, él y yo ahora somos novios.

Phineas no sabía que decir, a sus ojos parecía un sujeto agradable, pero aún sentía que su madre debía de estar con Lawrence, lo quería de vuelta como su padre y a Ferb también, pero en ese momento estaba tan confundido que no sabía que era lo mejor.

-mucho gusto señor Heinz- Phineas le extendió la mano y le saludó.

-¡oh! Puedes llamarme Doof. Por mi apellido Doofenshmirtz.

-de acuerdo. No quiero ser grosero, pero estaré en mi habitación, hoy fue un día largo y quiero descansar, con su permiso.

-propio- dijo el Dr. Doof. Con su extraño acento que después de tantos años seguía conservando.

-Phineas cariño, Doof. Y yo saldremos a cenar, toma algo de dinero para que pidas algo a domicilio, no quiero que pases hambre- sacó de su bolso unos cuantos dólares y se los dio en la mano a su hijo.

-muchas gracias mamá- Phineas los guardó en su bolsillo, en donde recordó que tenía la nota que Isabela le había dado, así que corrió presuroso a su habitación para leerla.

-para estar cansado corre muy rápido- dijo Heinz antes de terminar su taza de café.

-Phineas es el capitán del equipo de basquetbol de la preparatoria de Danville- respondió Linda mientras se sentaba junto a su nuevo novio.

-¿capitán del equipo de basquetbol? Impresionante, mi hija Vanessa salía con el capitán del equipo de baloncesto cuando iba en la preparatoria, espero que tu hijo sea mejor que ese sujeto, era completo patán y a Vanessa le encantaba. Nunca entendí por qué.

-adolescentes- dijo linda y se inclinó a besarlo.

En ese momento Perry el ornitorrinco entraba a la sala para ver el acto, se quedó impactado, tenía años sin ver al Dr. Doofenshmirtz y ahora él estaba ahí, en su sala, corrió presuroso hacia una de sus entradas secretas a su guarida, los ductos estaban llenos de polvo, al igual que su guarida, tenía años sin usarla; se sentó frente al inmenso monitor y llamó al mayor monograma.

-¡Agente P que sorpresa! Mira Carl, es el agente P.

-Hola agente P- dijo Carl con una voz más gruesa a la que Perry recordaba.

-Agente P, creo saber porque estás aquí, desde hace un par de meses el Dr. Doofenshmirtz y linda Flinn están saliendo, tal vez el siga siendo tan tonto como para no reconocerte, pero aun así debes tomar tu precauciones, sabemos que el Dr. Doofenshmirtz se retiró del mal hace tiempo para fundar Industrias…

-mira agente P, ya tengo bello facial- Carl interrumpió al mayor monograma mostrando unos cuantos pelos más de los que tenía cuando era un becario.

-Carl no interrumpas… en fin agente P, aunque este retirado mantenlo vigilado, recuerda que puede suceder si él o algún miembro de tu familia encuentra alguna de las entradas, mayor monograma fuera.

Mientras tanto Phineas estaba tumbado en la cama desdoblando el papel de cuaderno para leer la nota que Isabela le había dado, aunque su sonrisa se borró de su rostro por un segundo al decepcionarse por lo que leyó

NOTA: NUESTRO BEBÉ SE LLAMARÁ TOTOPO, PORQUE TU CABEZA PARECE UN TOTOPO XD :P :*

Phineas había creído que la nota trataba sobre algo entre él e Isabela, pero no fue así, o al menos eso parecía, al terminar de desdoblar la hoja, en la parte de hasta abajo decía:

NOTA: te espero en mi casa a las 8 pm. Quiero hablar contigo.

Phineas se sentía alegre, ahora si tenía lo que quería, Isabela quería verlo en su casa, aunque pensó por un momento que eso ya no contaba porque habían platicado por casi dos horas en el auto, pero qué diablos, pensó, en su mente se dispuso a ir a verla esa misma noche a las 8 pm.