—¿Kagome?

Alcé el dedo un instante en una silenciosa petición para que esperara un momento. Terminé de escribir las últimas lineas con el sonido del chirrido de mi cama de fondo y finalmente firmé al pie de la hoja. Un suspiro salió de mis labios mientras observaba la carta e intentando sobrellevar el nudo de mi pecho, la doblé cuidadosamente para posteriormente guardarla en el sobre.

En todo ese tiempo mi amiga esperó pacientemente, así que no fue una sorpresa que al girarme me encontrara con Ayame tumbada de mi cama mientras jugueteaba con un boli que siempre tenía a mano en la mesita de noche.

Formándose una pequeña sonrisa en mis labios, cogí una de las hojas sucias que tenía por allí y haciéndola una bola, se la tiré, con la buena puntería que consiguió darle justo en la frente.

—¡Oye!

Reí silenciosamente. Ayame hizo un mohín que se veía bastante gracioso en ella.

—Eres mala, ¿eh?— me reprochó. Acercándome a la cama para tumbarme junto a ella, me encogí de hombros con una sonrisa tirando de las comisuras de mis labios.

Por unos minutos nos quedamos en silencio, en el que mi curvatura se difuminó totalmente y obligué a mi mente a que no se perdiera en aquel lugar al que no me gustaba ir. Me costó, pero lo conseguí. No obstante, Ayame no estaba por la labor y lo supe en el momento que sentí su mano cogiendo la mía con cariño.

—¿Estás bien?

Fijé mis ojos en la desgastada colcha que me cubría en las noches y me encogí de hombros. Ella no respondió, esperaba que desistiendo en su centésimo intento para hacerme "hablar", sin embargo sentí un brazo rodearme los hombros y cuando me quise dar cuenta mi amiga me había atraído a ella, de forma en que mi cabeza descansaba en su pecho.

—Deberías dejarlo ir, Kagome. Sé que es doloroso y no quieres, pero no te queda otra opción, cariño— susurró por encima de mi pelo. Mi ya acostumbrado nudo en la garganta hizo su aparición y de milagro retuve las lágrimas que amenazaron por salir— Seguro que hay alguna razón en todo esto. Él te lo prometió y juró miles de veces. Simplemente no desesperes.

Escuchaba sus palabras y aunque era lo mismo que me repetía yo una y otra vez cada mañana al despertar... en realidad, cada minuto de mi vida, en estos instantes me estaban sonando huecas, como si no tuvieran ningún sentido.

Y es que el dolor que se había asentado en mi pecho me impedía pensar ni sentir cualquier otra cosa.

Hacía casi 10 meses que me había dejado.

10 meses que no lo había vuelto a ver, que no sabía nada de él.

¿Por qué?, lloraba cada noche. ¿Por qué desapareció? ¿Por qué me dejó?

Aún recuerdo como si fuera ayer la última vez que lo vi. En mi corazón está tatuada la forma en la que sus manos acunaron mi rostro con ternura y amor, como sus labios bailaron con los míos, como la desesperación estaba impregnado en cada entrelazado... En ese momento asumí que era por nuestra separación, es decir, él acaba de cumplir los temidos 18 años y lo iban a echar de allí mientras que yo tenía que quedarme un año más. Llevábamos temiendo esa fecha muchos años, deseando que el tiempo se detuviera en para que nuestra burbuja de felicidad perdurara para siempre. Sin embargo, el tiempo pasa, no importa lo mucho que esfuerces por intentarlo, y el momento llegó. Aún así, ni en mis peores pesadillas llegué a imaginar que esa sería mi última imagen de él.

Cientos de promesas y palabras susurradas había a nuestras espaldas para tener la mínima sospecha de que no habría nuevas noticias de él. Día tras día esperé con el corazón en la mano, anhelando, soñando, aguardando que se pusiera en contacto conmigo. Que me dijera, aunque sea, que se encontraba a salvo y se acordaba de mi.

Pero no importaba cuantas veces preguntara a Kaede, cuantas cartas mandara a la supuesta dirección del chico...

El silencio era la única respuesta.

Y yo sentía como caía en un abismo sin fondo, lleno de dolor, incertidumbre y agonía. Uno que no tenía final, que amenazaba con consumirme.

Parpadeando repetidas veces para alejar las lágrimas, mi fiel compañera en estos últimos tiempos, me separé de mi amiga y cogiendo la carta que descansaba en mi escritorio, se la tendí sin mirarla a los ojos.

Ella no se movió en un primer momento. Noté sus ojos clavados en mi, evaluándome, intentando traspasar la coraza con la que había revestido mi corazón y yo me obligué a permanecer impasible. Después de yo qué sé cuanto tiempo, finalmente un suspiro escapó de sus labios y tomó el objeto de mis manos.

—¿Estás segura?

No. Pero era lo único que me mantenía cuerda en estos instantes.

Me encogí de hombros.

—Me aseguraré de dárselo a Tottosai— claudicó intentando sonreírme, pero por culpa de la preocupación le salió más bien una mueca.

Mi corazón saltó, conmovida por las emociones de Ayame. No sabía que sería de mi si no la hubiera conocido.

Alcé tenuemente la comisura de mis labios, en modo de agradecimiento, y me tiré a sus brazos para abrazarla. Ella protestó en broma, sin embargo, cuando el calor humano y familiar me rodeó no pude evitarlo más y terminé llorando. De nuevo.

Ayame me sostuvo durante todo el tiempo y eso fue el mejor consuelo que pude recibir.

¿Por qué, InuYasha? ¿Dónde estás? Me lo prometiste...

·

—Uff— Ayame exhaló todo el aire de sus pulmones y se pasó una mano por la frente— Pues terminamos, ¿no?

Moví los brazos en un festejo silencioso y ambas nos reímos por mis patosos movimientos.

Mi amiga se dirigió hacia la cocina y cogiendo un vaso del armario, se echó agua para posteriormente bebérselo. Yo seguí, mientras, con lo que estaba haciendo: sacar todas las cosas de la caja y acomodarlas. No eran muchos nuestros objetos personales, pero por algo se empezaba, ¿no?

—Koga me llamó cuando estaba abajo— comentó dejando el vaso en el fregadero. Yo hice un movimiento de cabeza para que viera que la estaba escuchando— Dice que esta noche él comprará la cena y que lo siente mucho por no haber podido ayudarnos con la mudanza, pero su jefe lo tiene loco.

Hice un movimiento de indiferencia, mostrando que no me molestaba y lo entendía. Hacía relativamente poco que Koga había encontrado un trabajo estable en un taller de mecánicos y siendo el nuevo, el jefe se aprovechaba de él todo lo que podía.

Era gracias a él y el dinero que me había dado Kaede (después de mucho rechazarlo) que pudimos conseguir este apartamento para los tres. No era muy grande: tan solo dos habitación, un baño, cocina y un salón/comedor, pero a nosotros nos bastaba para comenzar nuestra vida en el mundo exterior.

Ahora con Koga trabajando, Ayame y yo tendríamos que encontrar también trabajo pues el dinero de Kaede no duraría mucho y lo que ganaba el joven no daba para todos los gastos. Si todo iba bien y nos manteníamos estables e incluso conseguíamos ahorrar, Ayame y yo estábamos acariciando la idea de ir a la Universidad. Un sueño todavía muy lejano para mi, pero no pensaba dejarlo pasar. Me aferraría a él con uñas y dientes.

—¿Terminas tú con eso? Voy a bajar a por el periódico, esta tarde saldremos a ver si tenemos suerte.

Acepté sus palabras y cuando la puerta se cerró tras mi amiga, un suspiro salió de mis labios.

Ignoré el dolor de mi corazón. Ignoré la profunda herida de mi pecho. Ignoré la sensación de soledad que convivía conmigo.

Ahora tan solo debía centrarme en una cosa: en el comienzo de mi nueva vida.

·

«—Kagome.

Fruncí el ceño pero no me moví. Se estaba tan a gusto...

Vamos, nena.

Algo me hizo cosquillas en la mejilla y sacudí el rostro. ¿Por qué no me dejaban dormir? Oí una risa ronca a lo lejos y sentí mi pecho calentarse. Yo sabía a quién pertenecía, siempre lo sabría.

Eres una dormilona, ¿eh?— pasaron un mechón de pelo tras mi oreja— Sé que soy muy cómodo pero llegaremos a las clases y no creo que a Kaede le haga mucha gracia.

¿Las clases? ¿Quién se preocupaba por ir a las clases?

Me sorprendía. De los dos, normalmente el responsable para estas cosas era yo.

Un resoplido salió de mis labios e incliné la cabeza, perdiéndose en su amplio pecho, mientras mis brazos se apretaban en torno a él. Sus brazos correspondieron el abrazo en mi cintura y acercándose a mi, terminé con el rostro escondido en el hueco de su cuello.

Sus labios rozaron la parte alta de mi cabeza.

¿Qué pasa? ¿No dormiste bien anoche o qué?

Bueno, no iba precisamente mal encaminado...

Sintiendo como mi cuerpo se tensaba inconscientemente, noté su confusión y segundos después me alejó de él lo justo para que nuestras miradas chocasen. Soltando un suspiro, entreabrí los ojos para encontrarme con el familiar ceño fruncido de InuYasha.

Kagome, ¿va todo bien?— susurró mirándome con esos penetrantes ojos dorados que tanto me gustaban— Sabes que me puedes contar cualquier cosa, pequeña, estoy aquí por y para ti.

Mi pecho explotó en miles de fuegos artificiales y una enorme sonrisa se plasmó en mi labios, como cada vez que le oía decir algo como eso. Subí mis brazos hasta rodearle el cuello y dándole un suave tirón, no hizo falta explicación alguna. Él sabía lo que quería y gustosamente me lo dio.

Inclinándose hacia mi, nuestros labios se tocaron y todo el aire fue expulsado de mis pulmones. Se movieron como si fueran un solo ser, como si estuvieran hechos para eso, como si no hubiera nada más importante en el universo.

Y es que yo no podía imaginarme una vida sin él a mi lado.

Pronto— musitó por encima de mis labios cuando nos tuvimos que separar para coger aire— Pronto saldremos de aquí y viviremos nuestra vida como nosotros queramos, te lo prometo. Tan solo espérame.

Espérame...

Espérame...

Te amo, pequeña.»

Mis ojos estaban húmedos cuando desperté, junto con mi rostro y la almohada.

Me acurruqué aún más bajo las sábanas, con todo el cuerpo temblando y deseé volver a donde todo era perfecto. A donde todo estaba bien y yo era feliz. A dónde él estaba a mi lado, sosteniéndome.

Desde siempre, aunque no eran frecuentes, algunas noches tenía pesadillas. No sabría decir de qué trataban, pues a la mañana siguiente se me olvidaban, pero cuando pasaban me era muy difícil conciliar el sueño. Ahora, no obstante, llevaba mucho tiempo sin que me pasara, porque me ocurría algo peor.

Me inundaban los recuerdos.

No había noche en la que no soñara con él, en la que no terminara pensando en él, en la que no lo añorara.

"Espérame", me dijiste. Y yo confié en ti. Yo confío en ti.

Sin embargo, conforme va pasando el tiempo, la coraza que me obligué a poner en el corazón empieza agrietarse y no sé cuánto más aguantará. No sé cuánto podré seguir así.

Los malos pensamientos aparecen en mi mente, envenenándola, y cada vez me cuesta más repelerlos. Porque empiezo a acariciar la idea de que todo fue una mentira, de que tus promesas no valen nada, de que me abandonaste.

¿InuYasha, dónde estás? ¿Por qué desapareciste? ¿Por qué me dejaste?

¡No!, me recuerdo por millonésima vez. Todo fue real. Tú me amas. Vendrás a por mi. No me fallarás. Yo creo en ti. Te sigo amando y siempre lo haré...

Sin embargo, es tan difícil aguantar...

·

Mi mirada se dirige hacia el sobre que descansa frente a mi y siento mi corazón martillear con fuerza en el pecho.

Ayame se encuentra a mi lado, sus manos aferrándose a las mías como señal de apoyo y creo que no hay palabras que pueda agradecer lo bien que me hace su compañía en estos momentos en lo que nada tiene sentido. Soltando un suspiro, saco una mano de nuestro amarre para coger el papel que dejé junto al sobre y leo, por enésima vez, lo que pone, aún sin creerlo todavía.

«..tenemos el placer de informarle que ha sido aceptada en la prestigiosa Universidad Todai, pudiéndose incorporar en el próximo curso...»

He sido aceptada.

Aceptada. En la Universidad.

¿Pero cómo podía ser eso? No había echado ninguna matrícula, ya que había quedado con Ayame por lo menos esperar un par de años para ahorrar un poco. Además, prometimos que lo haríamos juntas.

¿Cómo podría llegar a pasar entonces? ¿Y si se habían equivocado? ¿Y si en realidad no era para mi? Pero no. Al principio de la carta y en el sobre ponía mi nombre y dirección. Era para mi.

¿Quién podría haber sido?

Tanto Ayame como Koga quedan descartado principalmente porque esto desbarataba nuestros planes y porque la mirada se sorpresa que pusieron cuando la leyeron no era fingida. ¿Quién más quedaba? ¿Kaede? No, ella me habría avisado al menos. No haría algo así así.

¿Entonces...?

Espera.

No, no. No podía ser verdad. Tan solo había sido un pensamiento inconsciente, aferrándome a una vana esperanza.

InuYasha no podía ser.

Pagar una matrícula costaba mucho dinero el cual estaba segura que no podría tener. Además, ¿qué sentido tenía hacer esto y... no dar la cara? No, no podía ser él.

No era él.

El sonido de un móvil nos alertó ambas. Sobresaltándonos, nuestras miradas se cruzaron por un instante antes de que se sacara el aparato del bolsillo. Descolgando la llamada, advertí como ponía el manos libre y lo dejaba en la mesa frente a nosotras para que pudiéramos escucharlos.

—Dime, Koga.

—Tengo algo que contaros, chicas.

Nuestros ceños se fruncieron por el tono de voz y nos miramos preocupadas.

—¿Qué pasa?

—He estado hablando con mis compañeros de trabajo y clientes y me he enterado de algo que deberíais saber. En especial tú, Kagome.

Mi corazón se saltó un par de latidos por la intriga y el nerviosismo. ¿Qué había pasado? Con un movimiento de mano, le pedí a Ayame que instara a Koga a hablar, cosa que hizo.

—Pues veréis. Resulta que la Universidad Todai se trata de una de las más importante del país. Tiene un extraordinario nivel académico y un asombroso personal e instalaciones, todo el mundo concuerda con ello— se detuvo por un momento, dudando si continuar— Pero además, destaca en su gran implicación para las personas con... problemasvaciló al pronunciar el último vocablo— Es decir, para los ciegos, gente sorda, muda...

Mi cuerpo se paralizó.

¿Qué...?

—Es una institución privada, que sin embargo, se puede acceder a ella mediante numerosas becas. Su director, o en todo la caso la familia que los lleva, los Taisho, son gente muy importante y querida para todos.

—¿Pero cómo pudo llegar el nombre de Kagome allí?— cuestionó Ayame, igual de confundida que me sentía yo— Dudo que tenga un registro y llamen al azar. Y bueno, en Shikon tampoco es que tuviéramos un gran nivel para poder conseguir... beca.

—Yo también sigo confundido con eso. Cuando me enteré, decidí llamar a Kaede para preguntarle, pero ella no sabe nada. Se alegró muchísimo con la noticia y te manda millones de felicitaciones y besos— se dirigió directamente a mi y una sonrisa se formó en mis labios cuando nombró a la querida mujer de forma inconsciente— Sin embargo, seguimos igual. Nadie sabe nad...

Koga se detuvo a mitad de la frase y soltó un exabrupto como si hubiera visto algo que lo había sorprendido. Los latidos de mi corazón aceleraron y cuando me quise dar cuenta tenía una mano aferrada a la de amiga. ¡¿Qué ha pasado?!, le preguntaba con la mirada.

—¿Koga?

—Joder, dime que es una puta broma— fue la respuesta de él, consiguiendo ponerme más histérica.

—¡¿Koga?! ¡Habla, por favor!

—Chicas, voy para casa. Allí os lo muestro, sino no me creeríais.

Y antes de que pudiéramos oponernos, colgó.

—Maldita sea— masculló Ayame haciendo una mueca— Siempre igual, haciéndose el interesante.

¿Qué crees que habrá pasado?, escribí en mi inseparable libreta mientras me mordía el labio inferior.

Mi amiga se encogió de hombros y yo me hundí en la silla, llevándome las manos al pelo. De los nervios sentía el estómago que me iba a explotar.

De reloj pasó media hora antes de que Koga cruzara la puerta del apartamento, pero para mi fueron años. No me quedé sin uñas de puro milagro y me dediqué a dar vueltas en círculos cuando me harté de estar quieta en un mismo sitio.

Cuando el sonido metálicos de una llave nos alertó a ambas, nos faltó tiempo de levantarnos del sofá dónde estábamos sentada antes, incluso, que pudiera cerrar la puerta tras él. Sobre uno de sus hombros le colgaba la mochila que siempre llevaba a trabajar con la muda limpia para cuando terminaba y por abultada que estaba, juraría que había traído el mono para lavarlo.

Soltó sus llaves en el mueble que había junto a la puerta, increíblemente lento a mi parecer, y cuando se giró sus ojos se abrieron de asombro al encontrarse la estampa de ambas.

—Hola, chicas.

—¿Hola? ¿Hola?— chistó Ayame, siendo portavoz de ambas— ¡¿Nos cuelgas y piensas que un hola bastará?!

Koga frunció el ceño levemente, pero dejando la mochila en el sofá, se acercó a nosotras. Primero se inclinó a mi para darme un beso en la frente y después se acercó a su novia, quien en un principio se resistió, pero cuando pasó una de sus manos por la nuca para no dejarla escaparse, Ayame se relajó. Aparté la mirada, apurada, e intenté ignorar el profundo pinchazo que asoló mi pecho.

—Tranquila, gruñona— sonrió sobre sus labios cuando se separaron— Tenía algo que enseñaros y prepararme para volver.

—Eres un idiota.

—Lo sé— se inclinó para darle un último pico y después se separó totalmente.

Caminó hacia donde había dejado la mochila y abriendo la cremallera, de ella, sacó una... ¿revista enrollada?

—¿Eso es lo que era "muy importante"?

El chico no respondió con palabras, sino más bien asintió y con un movimiento de manos nos invitó a sentarnos en la mesa del comedor. Compartiendo una mirada, Ayame y yo lo hicimos, una junta a la otra, y Koga permaneció en el lado contrario sin sentarse, con tan solo sus manos apoyada sobre la superficie. Clavó su mirada en nosotros y, si lo pensaba bien, nunca antes lo había visto tan serio a como lo estaba ahora.

Temí lo peor.

—Creo que ya sé lo que ocurre— habló de forma lenta y pronunciada— Por qué has sido aceptada en la Universidad. Y...— vaciló por un instante, mirándome solo a mi— por qué InuYasha ha estado desaparecido todo este tiempo.

Fue como si un fogonazo se hubiera estampado contra mi pecho.

Abrí la boca, boqueé al igual que un pez lo haría fuera del agua, y la coraza de mi corazón tembló peligrosamente.

¿Qué estaba diciendo? ¿Qué insinuaba? ¿InuYasha estaba involucrado en todo esto? ¿Había una explicación detrás de su silencio? ¿En realidad había cumplido su promesa? ¿No me había abandonado?

—¿Qué estás diciendo, Koga?— musitó temblorosa mi amiga. Sentía sus ojos clavados en mi, preocupada sobre como reaccionaría.

Pero yo no sabía que hacer, como sentirme, como moverme.

Mi alma ahora mismo parecía estar orbitando fuera de mi cuerpo, a la deriva...

—Todo está aquí explicado— fue la respuesta de su novio.

Y extendió la revista frente a nosotras.

Entonces, como si hubieran sido atraídos por una fuerza extraña, mis ojos se clavaron en un lugar concreto. En un rostro que añoraba ver. En la persona por la cual lloraba todas las noches.

Había una fotografía y era... InuYasha.

Estaba demasiado elegante (por un momento me chocó la imagen), había dejado su inseparable sudadera y los vaqueros por un traje de chaqueta que le quedaba increíblemente bien, pero ese rostro, esa mirada, esa expresión... era inconfundible para mi.

Esa persona era InuYasha, mi InuYasha.

—Oh, cielos...— creí oír a lo lejos la voz de Ayame, seguramente viendo lo mismo que yo, pero no le eché cuente.

Mi cabeza, mis pensamientos, toda yo, ahora mismo se encontraba en una espiral de sensaciones que me impedía concentrarme en otra cosa que no fuera esa foto y el dolor que martirizaba mi corazón.

Llegué incluso a levantar unos de mis dedos para que rozaran el contorno de su rostro sombrío, su mirada fría y la mueca de sus labios, un calco de los primeros meses a cuando llegó al orfanato, pero algo el encabezamiento llamó mi atención y entonces me bebí cada palabra como lo haría un sediento en el desierto.

¿UN HEREDERO TAISHO?

Cualquiera diría que es cosa del destino, un "milagro" caído del cielo. Aún estamos conmocionado por la noticia que circula entre nosotros de la terrible enfermedad que padece Inu no Taisho, al cual no le daban más de unos meses de vida. Cuando creíamos que el Imperio Taisho, una de las familias más influyentes del país, caería en picado con la inminente muerte de su último integrante de pronto aparece un miembro perdido. Hace poco más de una semana, los abogados de la prestigiosa familia Taisho lazaron un importante comunicado donde anunciaban la existencia, hasta ahora desconocida para el magnate, de un hijo de su difunto primogénito.

Se trata de un joven de 19 años que, según nuestras fuentes, se encontraba en la cárcel en el momento en el que se enteró de la noticia. Aún desconocemos el motivo de su encarcelamiento pero, ¿pondrá el viejo Taisho en manos de ese posible delincuente toda su fortuna y buenas obras? ¿O terminará siendo la mano ejecutora del Imperio?

Tanto el chico como su abuelo no han declarado nada sobre lo que pasará de ahora en adelante. ¿Qué ocurrirá con las numerosas fundaciones que dirige la familia? ¿Y la Universidad? ¿Sus inversiones en la bolsa?

¿Estará todo en buenas manos? ¿Nos encontraremos ante un estafador?

¿Será el comienzo de algo nuevo o su destrucción?


Un milenio después, aquí me tenéis de vuelta actualizando. Jeje, ¡hola a todos! Tengo que disculparme por el atraso, pero había sufrido una crisis de inspiración y no he podido continuarla hasta hace unos pocos días. Finalmente, la historia ya está terminada, así que cuando pueda me pasaré por aquí para dejaros el último capítulo, que la verdad es que me ha salido más largo de lo que esperaba.

Pero en fin, hablando del capítulo... ¿Quién se esperaba esto? ¿InuYasha en la cárcel? ¿Millonario? ¿Realmente ha abandonado a Kagome? ¿No cumplió su promesa?

¡Contadme vuestras teorías!