Como imanes
En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?
Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.
Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.
Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.
Summary: "Le he traído algo… Es su traje, lo olvidé completamente y supongo que le hará falta". "No lo quiero, retírate" contestó Sesshomaru levantando la cabeza para dirigir una mirada subrepticia a la prenda.
Traje
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La pelinegra de aspecto atractivo se miró en el espejo para colocarse un poco de brillo labial, a ella no le gustaba mucho maquillarse en exceso durante días normales, pero tenía la suficiente vanidad como para hacerlo de forma espectacular cuando lo requería la ocasión.
Sin embargo, ese día no lo era, aunque fuera otro que compartiría con su atractivo y sexy jefe.
Era muy pecaminoso que él caminara por las calles, o literalmente lo hiciera, porque rara vez se dedicaba a hacerlo, prefería aquel automóvil negro que manejaba él mismo, a pesar de tener contratado un chofer AH y un 'guardaespaldas', UN. Aquel mismo vehículo al que ya había subido más de una vez en sus dos semanas de trabajo.
Contrario a la creencia que tenía en un principio, trabajar para él no era tan malo, Sesshomaru Takahashi era terriblemente perverso y sagaz cuando de un enemigo se trataba, no había que dudarlo, pero pasados los primeros días él no se comportó con ella como pensó lo haría. Principalmente por el suceso ocurrido con el café.
Extrañamente no se convirtió en su principal enemiga por su pequeña mala hazaña, que le hubiera avergonzado hasta a ella -y, por suerte, nadie le conocía-.
Lo admitía, si no hubieran sido por las palabras del peli plateado, ella no habría reaccionado de aquella manera un tanto peculiar.
-Bueno Rin, no es completamente cierto, te causó tremenda satisfacción apreciar que su cara dejó de ser tan estoica- rió en voz baja.
Volviendo a sus cavilaciones, su jefe no era un ser muy expresivo, pero se formó una rutina entre los dos, ella llegaba a saludarle todos los días, él asentía con su cabeza en reconocimiento, le daba instrucciones del día y contestaba con más de un monosílabo las preguntas que ella le hacía e incluso sus ojos parecían dagas cuando el adorable Jaken hacía algún comentario ofensivo dirigido a ella. Claro que tardó dos días en percibir un mínimo cambio en sus orbes doradas.
Los días en que se retrasaba él siempre le decía 'Vamos', sólo para llevarla a casa.
El señor Sesshomaru no le parecía tan malo.
Y su presencia era en extremo cómoda.
Principalmente cuando ocurrían esos acercamientos repentinos entre los dos, sin saber quién los inició en primer lugar.
Eliminó las arrugas de su vestido naranja para irse finalmente a su trabajo y abandonó su habitación con rumbo a la puerta de salida.
Antes de calzarse sus zapatillas negras recorrió su apartamento con la mirada, que se detuvo cuando reparó en el traje que todavía no había devuelto por alguna razón.
Caminó hasta él, la vestimenta era de lo más costosa y creía que podría financiar el proyecto de su amada jardinería -al que el día anterior le agregó una cuantiosa suma por la jugosa paga de Sesshomaru, que sí incluía horas extras-. La vida resultaba tan injusta, ella quería una mejora para sus flores y no tenía los medios suficientes, mientras su jefe se dedicaba a comprarse trajes de excelente calidad.
Que lucían muy bien en él, no había que ser mentirosa.
La lavandería había mermado su bolsillo, pero era alguien responsable y ésa fue su primer tarea -aunque fuera muy olvidadiza para no entregársela cuando estuvo cumplida-.
Pero había quedado con la suavidad que merecía.
Suspiró, debía tomar un taxi para ir a su trabajo, el subterráneo no era la mejor opción para aquel costoso traje que rezumaba tantos yenes que podrían haber servido para las preciosas flores.
Lo tomó, se calzó sus zapatillas, apretó su bolso contra sus costillas y salió para otro día de trabajo.
En ningún momento se le ocurrió que el precio del traje podría haberle garantizado una mejor vida a ella.
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-Buen día, señor Sesshomaru- saludó Rin entrando a la oficina del peli plateado, cargando con ella el traje en su mano derecha, su jefe asintió sin alzar la mirada.
-Regresa en cinco, tocando la puerta- ordenó el hombre, ella rió.
-Le he traído algo -avanzó en la estancia sin tomar en cuenta lo que él dijo-. Es su traje, lo olvidé completamente y supongo que le hará falta.
-No lo quiero, retírate- contestó Sesshomaru levantando la cabeza para dirigir una mirada subrepticia a la prenda.
-¿Cómo que no lo quiere?- preguntó con voz de mando, él la miró impasible.
-Llévatelo, lo arruinaste- objetó él y bajó la mirada para escribir en su computadora portátil.
-Lo arruinaste -dijo con voz de burla-, se ve idéntico, señor Sesshomaru… y me parece recordar que usted fue quien provocó que se arruinara, si mis neuronas trabajan bien.
Colocó su mano izquierda en su cintura, ya que no podía cruzarse de brazos.
-Tengo otros- comunicó con voz aterciopelada su superior.
-Muy bien- aceptó por el momento y se retiró.
-Envíale el documento al bastardo- indicó Sesshomaru dejando una carpeta en el centro de su escritorio que debía llegar a Inuyasha.
-No gracias, tengo otras -remarcó la última palabra- obligaciones que cumplir -aclaró y sonrió con dulzura-. Estoy segura que al señor Jaken le gustará tener un altercado con su hermano, señor. Iré a hacer otra de las tareas que me ha encargado, puede que ésas si las acepte. Con permiso, señor Sesshomaru.
Se retiró con dignidad, colocando el porta trajes tras de ella para que indicara supremacía.
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-Rin, lleva el documento- ordenó Sesshomaru en el intercomunicador, diez minutos después, mientras ella contemplaba el traje con expresión pensativa.
¿Cómo hacer que lo aceptara?
-¿Se quedará con el traje?- cuestionó presionando el botón.
-Véndelo, seguro cuesta más de lo que te puedes permitir- fueron las palabras que escuchó y que provocaron presionara el botón por un largo período.
Descolgó el teléfono y marcó la extensión de la oficina de Inuyasha.
-¿Qué quiere el idiota?- preguntó con voz molesta el Takahashi menor, seguramente enfadado -de nuevo- con Kagome.
Mucho mejor.
-¿Podrías mandar a tu secretaria a buscar un documento a la oficina del señor Sesshomaru? Creo que no podré entregártelo yo, estoy un poco ocupada- pidió de forma sencilla, aunque no había visto aparecer a Eri, la secretaria del otro peli plateado.
Ahogó una risa.
-Feh, genial, ella se iba a retrasar el día de hoy, ¿y el enano ese que siempre lo acompaña?- sugirió el otro.
-Lo siento, Jaken no se encuentra, fue a hacer una de las secretas órdenes de su amito- dijo en tono conciliador.
-Supongo que tendré que ir yo, con lo mucho que quería ver a ése- expresó el otro antes de colgar.
Con rapidez se levantó de su asiento para alejarse antes de que Inuyasha llegara y se mantuvo oculta hasta que corroboró en su reloj que cinco minutos habían pasado.
Caminó con lentitud cerca de las puertas de la oficina cuando miró al Takahashi menor colocar la mano para abrir.
¡Faltaban las palomitas de maíz!
-¿Qué haces aquí?- escuchó que Sesshomaru espetó con enojo.
-Vengo a buscar el dichoso documento, idiota, ¿dónde está? -contestó Inuyasha-. Ya lo vi. La próxima vez no mantengas muy ocupada a Rin.
-Estúpido, no me dirás qué hacer.
-Me largo.
No fue lo que esperaba. Entendió que el otro saldría, tomó unos fólders en sus manos y se colocó en posición para su entrada. El peli plateado menor cerró la puerta.
-Lo siento, Inuyasha, supongo que sí me iba a dar tiempo de llevártelo- era una suerte que durante las navidades hicieran obras en el orfanato -sólo para hacer más comercial la fecha-.
-Feh, es mejor así, él está enojado, creo que hubiera desatado su furia contigo, ¿sabes a qué se debe su furia?
-Es por mí -admitió-. Se niega a aceptar el traje que le ensucié, pero que ya dejé como nuevo.
Inuyasha rió.
-¿Para qué? Él no lo necesita.
-¡Es muy caro! No puede hacerlo a un lado como si no tuviera valor alguno.
-Rin, eso no le importa a él, cada yen que paga es producto de lo mucho que hace; si lo arruinaste, el idiota decidió en el mismo momento que no valía la pena y seguramente lo iba a desechar. Mandarlo a lavar habría significado que le pasó algo vergonzoso y su orgullo no habría podido con ello.
-Parece que lo conoces bien- manifestó en tono sugerente.
-Bah, mi madre es quien lo adora, aunque no sé por qué lo hace, me voy. Suerte.
-Gracias.
¡Él aceptaría ese traje!
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-Su café, señor Sesshomaru. No sabía si traérselo, porque no está feliz con lo que hago- expresó con el tono menos insolente que podía.
Lo dejó en el escritorio y él tomo su muñeca con rapidez, le recorrió un escalofrio.
-Déjate de niñerías, Rin -masculló-. Aunque lo aceptara, no lo usaría.
Se soltó.
-¡No puede hacer eso! -alzó las manos-. No tiene idea de lo mucho que cuesta el traje y lo que se podría hacer con ese dinero.
-Rin, deja de llorar- ni siquiera se percató que un par de lágrimas bajaron de su rostro, le extrañó el tono comedido de él, pero se las apartó porque no le gustaba hacerlo.
Él le extendió un papel, que ella tomó pero no vio lo que era.
-Eso debe cubrir todo gasto- lo soltó como si quemara.
-¡Idiota! No quiero dinero, sólo quiero que lo use más de una vez- le dijo con enojo.
-No sé qué ganas tú con ello- reflexionó el otro.
"Quizá ver cómo se traga su orgullo, aunque también luciría muy apuesto", fue el pensamiento en su cabeza.
-Si le digo, ¿lo tomará?
-No Rin- ella suspiró.
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Llegadas las dieciocho horas, Rin decidió hacer un último intento, ya no significaba ganarle, sino que el peli plateado aceptara simplemente lo que había hecho por él; desde que sus padres murieron nadie había apreciado realmente lo que hacía y no quería que Sesshomaru se uniera a aquel grupo.
Entró a la oficina por última vez en el día. Él, sorprendentemente, saldría temprano. Tal vez sus intentos le habían fatigado.
-Señor Sesshomaru, ya me iré, sólo venía a preguntarle qué hago con el traje- susurró.
-Rin, ¿tanto significa para ti?- preguntó él acercándose, en tono suave.
-¿Alguna vez ha querido que alguien aprecie lo que hace? Supongo que no lo necesita- se respondió sola.
"Entonces verdaderamente no era sólo el traje", pensaba el otro.
-No usaré el traje, Rin- aseveró Sesshomaru, y ella sabía que él se lo llevaría, sin desecharlo. Antes de correr por la funda, recorrió el espacio que los separaba y rodeó el torso del hombre con sus delgados brazos.
-Gracias- musitó, él no le devolvía el abrazo, pero no lo estaba rechazando. Se separó y en un impulso se colocó en puntas para darle un beso casto en los labios.
Pero él no iba a estar contento con eso.
La tomó del cuello -increíblemente sin mucha brusquedad- y tomó sus labios con mayor seguridad, con maestría, la misma que tenía cuando se enfrentaba en un tema relacionado a acciones o números, sin provocarle algún daño como a sus enemigos, sólo dejándose llevar por aquella atracción que parecían sentir por el otro.
Él la soltó y ella jadeó.
Sonrió.
-Tendrá que usar el traje si quiere volver a hacerlo- señaló.
Aunque sabía que era mentira.
Salió y entró de nuevo a dejarle la funda en uno de los asientos frente al escritorio.
-Que disfrute el resto del día, señor Sesshomaru.
-Rin, no lo usaré- dijo él como última palabra.
En el ascensor comenzó a reír.
¡Hola!
No pregunten qué me he hecho :3 les aseguro que yo tampoco lo sé *crece la nariz de pinocho*. En fin, mejor ni indaguemos, así todos felices y contentos.
Supongo no se imaginaron que sería así por el título del capítulo, je je je, lo iba pensando conforme escribía. Es un poquito más largo, y como no planeo nada la inspiración para hacerlo así llegó de improviso. Disculpen algún errorcito en todo lo que vaya escribiendo, porque acostumbraré a subirlos recién terminados.
Ey, gracias a aquellos que siguen la historia, que me agregaron a favoritos, a los que dejan reviews o que simplemente leen :D
Saludos, un abrazo, rían -el cerebro no conoce la diferencia entre si es falsa o no-
HoeLittleDuck
PD. Espero que hasta cierto punto sí estén haciendo lo que los imanes hacen... repelerse y atraerse. Recuerden que no planeo *susurra*
