Como imanes


En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?

Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.

Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.

Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.


Summary: No debió haber aceptado la invitación de Kagome a unírsele en la fiesta que le organizó a Inuyasha junto a la madre de él, ingenuamente creyó que el hermano mayor no estaría presente.


Algo tienen las reuniones

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"Los celos son malos compañeros", se recordó Rin por enésima vez durante aquella hora.

¡Pero los terapeutas eran unos hipócritas si ellos no los sentían!

Vale, les creía la intención de decirlo por el bienestar de la persona, pero cómo era difícil convencerse de que no debían sentirse.

Principalmente si la tal 'Sara' tenía la mano en el brazo de Sesshomaru.

¡Él no permitía que nadie lo tocara! ¡¿Qué pasaba ahí?!

Pero no le daría el gusto de mostrarse afectada, claro que no, era mejor soportarlo en silencio.

De cualquier forma no estaba segura si realmente tenía 'algo' con Sesshomaru Takahashi.

A lo largo del último mes habían compartido tres o cuatro besos que le dejaban los labios inflamados y la respiración acelerada, incluso a él le afectaban, porque siempre sentía las pulsaciones de su corazón bajo sus manos -no había podido llegar hasta el cabello, para su mala suerte-.

Intercambiaban aquellos besos, pero nunca aclaraban nada, ni siquiera ella, que acostumbraba a hacer frente a las situaciones -a excepción de la actual, no se mostraría celosa para darle el gusto a cualquiera de los dos-; después de los besos siempre aparecía Jaken y le incomodaba preguntar después.

A ella no le gustaba andarse besando -más de una vez- con los hombres, quizá a él sí, pero a ella no.

Mas suponía que a él no le molestaba la atención femenina.

Tal como la que recibía de la única mujer con la que alguna vez lo habían relacionado las revistas.

Perfecto.

No debió haber aceptado la invitación de Kagome a unírsele en la fiesta que le organizó a Inuyasha junto a la madre de él, ingenuamente creyó que el hermano mayor no estaría presente -con la confusión que creaba en ella-.

Después de todo, era la casa que compartían su padre y la señora Izayoi. A Sesshomaru no le agradaban ni ella o Inuyasha.

Supuso que no obtendría la respuesta de qué hacía allí.

Le dirigió una mirada a su jefe y suspiró.

-Rin, hola -le llamaron a su lado, volteó y se encontró con Kohaku, hermano de la mejor amiga de Kagome, con quien había congeniado inmediatamente al conocerlo. Le gustaba, pero reparó que no de la forma en que lo hacía el peli plateado.

"Últimamente piensas mucho en él", reflexionó.

-Hola, ¿cómo estás? -saludó de forma amistosa y le ofreció un lugar al costado de la banca que ocupaba, para que la sombrilla le obstruyera el paso del sol, ella contaba con un sombrero veraniego que cumplía el objetivo.

-Bien, hace tiempo que no nos vemos, ¿qué has hecho? -cuestionó con interés.

-Sí, es una lástima, ¿el trabajo te ha mantenido un poco alejado? -su interlocutor asintió-. Yo también he conseguido uno nuevo, donde Inuyasha, pero bajo la dirección de su hermano -aquel apuesto que le provocaba sentimientos confusos.

-¿Qué haces tú allí?, ¿no está relacionado con economía?

Ella no pudo más que reír y asentir.

-Interesante, este… -titubeó-, en realidad quería hablar contigo, ya me he establecido aquí y pensé que debía hacer frente a una situación muy importante.

-¿A qué te refieres?

-No creo que éste sea el mejor lugar -musitó Kohaku.

-Dudo poder hacer algún plan, ¿te parecería que nos apartáramos un poco para que conversemos? -su amigo asintió.

Se levantaron y avanzaron a unos cuantos metros de distancia, lejos de los oídos de la demás gente, aunque todas ellas platicaban a gusto en el 'patio trasero' del hogar de los Takahashi.

-Desde hace algún tiempo me gustas -soltó el pelinegro sin tapujos, mirándola con sus ojos oscuros.

Abrió la boca en forma de o.

"¿Por qué no se me ocurrió?", pensó.

-Bien -permaneció en silencio pensando la respuesta. Mucho antes habría brincado de felicidad, pero no se sentía dispuesta en aquel momento, si aunaban que competía con la atracción hacia su jefe.

-¿Hay alguna oportunidad para que salieras conmigo? -se sintió sudar frío, a pesar del sol sobre ella.

-Kohaku… -él prosiguió al percatarse que ella no continuaba.

-¿Podría intentar algo antes? -preguntó con dudas. Asintió.

Y él la besó.

Sin chispa, era agradable, pero sólo lo comparaba con los labios de alguien más.

Ni siquiera tuvo interés de cerrar los ojos y, al parecer, él tampoco.

-Eso fue… -comenzó ella.

-Horrendo -completó el joven.

-Gracias -dijo sarcástica y el otro rió.

-No, en serio, pensé que… ¿crees que el tiempo serviría para mejorar? -interrogó curioso. Ella rió y le contagió.

-Lo dudo y no creo que debamos intentarlo -aseguró sonriente.

-Entonces como amigos -anunció Kohaku.

-¿Te molesta?

-Increíblemente no -ambos rieron.

-Perfecto, regresemos con los demás.

No se percató que, a la distancia, Sesshomaru vio el intercambio con ojos coléricos.

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Caminó por la magnificencia del jardín de la imponente mansión que combinaba el estilo tradicional y moderno de una manera increíble, con sus fachadas empinadas y los diseños orientales que podían observarse.

Rodeó el estanque y se acercó a la zona llena de flores, de la que sintió envidia. La miró con ojos llorosos.

-Es increíble -susurró observando las flores de diferentes colores, peonías, albaricoques, anémonas, camelias, magnolias, cerezos… de todos los tipos había.

Después de ver aquello su proyecto no resaltaría.

¡La vida era muy injusta!

Pero podía morir en paz.

Se sentía en su territorio.

Recorrió el espacio con tranquilidad, sin ser consciente de los ojos dorados que le acechaban.

Hasta que sintió que tomaron su brazo y le encerraban en una bodega con herramientas de jardinería.

-¡¿Qué le ocurre?! -preguntó a su jefe exaltada -después de reconocer su identidad-, su sombrero se cayó.

Sus ojos parecían completamente enfadados.

No sintió temor, sino que alzó la barbilla enfrentándole.

¿Por qué la trató así?

Ella nunca era objeto de algún mal trato de su parte.

Él la atrajo con presteza.

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Juntó sus labios con los de Rin de manera dura, entreabriendo la boca rosada para introducir su lengua en la cavidad de ella. Arrancándole gemidos ante el asalto del que era víctima.

Esperaba que se borrara el sabor del idiota que le había besado antes.

Ningún niño iba a entorpecer sus intenciones de que Rin fuera suya.

Había soportado la presencia de Sara a su lado, sólo para convencerse que la pelinegra no tenía algún poder sobre él y de lo único que había sido consciente era de la joven y el delgado vestido blanco que atraía las miradas de todos los hombres presentes.

Miradas lascivas.

Incluso del mocoso aquel.

Recordó la escena que presenció, pero escuchó la incomodidad de Rin y disminuyó la intensidad del beso, acarició la delgada cintura de la mujer con avidez -y otras partes también-, sintiendo cómo perdía el enojo al concentrarse en los labios de ella, en el cuerpo que le tentaba.

Sintió sus dedos delgados en sus cabellos y por primera vez le dejó hacer a su voluntad, recorrió el mentón de ella para llegar a su cuello, con la intención de dejar una marca. Ella jadeó y él realizó una sonrisa socarrona al escucharla. Subió hasta su oído.

-Primero serás mía y después podrás ser de quien quieras, Rin -masculló con voz enronquecida, y se reclamó en su mente. Revelar sus intenciones no haría nada a su favor.

Sería mucho más difícil que ella cayera en sus garras.

Se separó y observó el estado de la joven, conteniéndose de besarla de nuevo, ésa sólo fue una advertencia.

Debía eliminar el estúpido efecto que Rin le provocaba y salir airoso de la escena.

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Analizó con detenimiento las palabras del peli plateado, enojándose con él.

Mientras recuperaba la respiración, decidió salir con dignidad, era una mujer de veinticinco años, no podía hacer niñerías.

Después de ese beso seguía atontada, pero tenía en su mente las palabras de Sesshomaru.

La idea de ser suya, vale, no era tan mala, le deseaba -gracias a él comenzaba a entender el significado-, pero no era su posesión. Claro que no.

Su cerebro trabajaba muy rápido.

Sesshomaru era una persona con fuerza física e ingenio, muy peligroso. Rin no tenía el primer adjetivo, pero contaba con la segunda, que podía tener resultados mucho mejores.

La idea de salir con dignidad era muy buena.

Pero no siempre podía bajar al peli plateado de su pedestal.

Él había entrado en su territorio.

Y no dejaría que se saliera con la suya, ella conocía cada aspecto de las flores, aunque todas las presentes fuera eran completamente inofensivas.

Sólo que la jardinería no incluía simplemente flores.

Bajó la mirada y después el rostro, ya que su cara siempre revelaba sus intenciones.

Aparentó inocencia.

La dignidad era muy buena, podría haber actuado de forma madura, pero le divertía hacer lo que iba a hacer, ¿para qué negarlo?

Se dijo que la cara no era el lugar preciso, tampoco debía exagerar.

Lo que haría sería drástico, infantil y todo lo que pudiera parecer, pero él estaba en casa de sus padres, seguramente tendría un cambio de ropa. ¿Y qué importaba?

Sesshomaru no controlaría su vida.

"Pobre camisa", pensó reprimiendo un suspiro.

Sabía que él se preparaba para salir… pero no lo haría creyendo que seguiría sus palabras.

Se inclinó para recoger el sombrero y con rapidez acercó su mano derecha al costal de tierra -no abono, lo comprobó antes-, y con un movimiento el material húmedo y oscuro llegó al peli plateado, ensuciando sus ropas. Esperaba que no se volviera un hábito hacer lo mismo.

Sin una palabra, salió con dignidad -o la que pudiera existir después de lo que hizo-.

Podía sentirse atraída a Sesshomaru y querer tener algo con él.

Pero no sería su juguete.

Oh no, su juguete no.

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Sesshomaru formó puños con sus manos.

No utilizaría la violencia con ella, no se atrevía a dañarla.

Se tranquilizó mientras la vio salir.

La marca sería suficiente.

Alejaría a los estúpidos de ella y demostraría que ella tenía dueño.


¡Hola, hola!

Siempre he querido hacer de este tipo de escenas XD, aunque quizá toda la historia se desvía de la realidad -pero si quisiera hacerla me dedicaría a escribir algo que sí lo estuviera, total, mi finalidad es entretenerme-.

Por cierto, siento el beso con Kohaku y el aparente insulto a los terapeutas -no tengo nada en contra de ellos, se los juro, así que no ataco a ninguno-.

Saludos a quienes leen, disfruten su mañana-tarde-noche,

HoeLittleDuck