Como imanes


En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?

Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.

Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.

Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.


Summary: La puerta se abrió y le llegó un inconfundible olor a flores. Apretó contra su pecho el chocolate que iba a darle a su peli plateado.


Chocolate de San Valentín

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Rin se debatía si realmente debía prepararle chocolates a Sesshomaru 'según yo no tengo sentimientos' Takahashi.

No había encontrado la manera en que podría convencerlo de que tenía sentimientos por ella -y que le quedara completamente claro-.

Aunque no darle el chocolate le haría pensar que ella ya se había resignado a que él no le quería y que ya no le obligaría a que, por educación -como él pensaba-, le devolviera el gesto en marzo, durante el 'Día blanco'.

¡Era un problema tener un novio como él!

No, estar enamorada de un novio como él.

Faltaban dos días para que fuera catorce de febrero y rápidamente tenía que decidir si hacía el chocolate o no.

Lo pensó unos instantes.

Se encogió de hombros, ella sí lo haría porque era su naturaleza ser expresiva, además no era necesario que él le diera algo el 'Día blanco'; aprovecharía que la mañana siguiente sería su día libre e iría por los ingredientes para poder prepararlo. Quizá el día de San Valentín pudiera quitarle esa idea tonta a Sesshomaru.

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Entró a la oficina de su jefe-novio y le dejó los papeles que él había pedido, para después seguir su orden de sentarse en el asiento frente al escritorio.

Sesshomaru posó una caja de terciopelo en el escritorio y siguió trabajando.

¡No podía ser tan descarado!

Rin la tomó con calma y la abrió, observó el bonito anillo con un diamante en el centro.

Sabía que iba a ser eso.

Se abstuvo de jurar en voz alta, claro que no le daría la satisfacción de escucharla decir obscenidades.

Lo pensó durante unos momentos.

¿Se conformaría con el amor 'unilateral'?

No le molestaba que él no le dijera 'Te quiero', pero sí que fuera tan orgulloso como para no aceptar que sí sentía amor por ella.

Rin pedía que aceptara sus sentimientos, no que cambiara su actitud y los proclamara a los cuatro vientos.

Tenía límites.

-Sólo hay que establecer la fecha -dijo él sin levantar la vista de sus documentos, creyendo que ella había aceptado.

¿Dónde quedaba el Sesshomaru atento y caballeroso?

Se iba con su estúpida negación.

-Lo siento, pero no -respondió con calma.

Él dirigió su cabeza hacia a ella y alzó una ceja.

-Merezco casarme con un hombre que me quiera. No te pido que me digas las palabras, sólo que lo aceptes -aclaró con una sonrisa, él creía que ella sería fácil.

"Que ingenuo", pensó con diversión.

-Puedes quedarte esperando, si cambias de opinión lo seguiré teniendo hasta que lo comprendas -manifestó el peli plateado sin perder la compostura.

"Sesshomaru, Sesshomaru, Sesshomaru, tú no comprendes que yo te he ganado más de una vez", burló en su mente.

-Lo pensaré -contestó segura, refiriéndose a qué hacer para quitarle la venda de los ojos.

Su novio asintió.

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Al día siguiente, viernes doce, Rin se despertó y observó la hora del reloj, eran las nueve de la mañana.

Abandonó la cama y se desperezó, comenzando a tomar las ropas antes de entrar al baño para asearse. Después de desayunar saldría a comprar los ingredientes para su chocolate.

Todavía no había avanzado en su plan de hacer que Sesshomaru admitiera sus sentimientos, pero lograría hacerlo. No se rendiría ante eso.

No dejaría que el orgullo de él le ganara.

Lo consideraría si fuera otra cosa, pero no con eso de que 'no la quería'.

Escuchó su teléfono móvil indicando que recibió un mensaje. Se acercó y observó que era de su suegra, pidiéndole que ese día no le rechazara su invitación a su casa.

Le confirmó que llegaría en una hora.

Luego iría por sus ingredientes.

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-¡Querida!, ¿cómo te encuentras? -saludó Irasue dándole un beso en su mejilla, era extraña la relación que había logrado con la mujer.

Se sentó en el otro sillón de la elegante casa de la mujer, que reflejaba un estilo lujoso, que probablemente hacía sentir a la señora como una reina.

-Bien, ¿y usted? -preguntó con educación.

La mujer enarcó una ceja.

-Muy bien, pero ese 'bien' sonó opaco, ¿qué hizo mi hijo? -interrogó la mujer ofreciéndole té y bocadillos.

Rin dejó escapar una carcajada.

-Demostró hasta dónde llega su orgullo -respondió tomando de su bebida de menta.

-Interesante -reflexionó la mujer-, exactamente a qué te refieres.

Lo pensó durante unos momentos, quizá la mujer le ofrecería alguna sugerencia.

-Se niega a aceptar que tiene sentimientos por mí -reveló e Irasue rió con diversión.

-Siento haber criado a un hijo así -expresó cuando dejó de reír-, ¿qué planeas?

-Por el momento lo estoy pensando.

-¿Aun así le entregarás su chocolate el domingo? -Rin asintió-. Realmente la suerte de mi hijo es inmensa.

-No lo crea, ayer me dio un anillo en su oficina sin siquiera voltear a verme o dejarlo en mi mano -comentó la pelinegra sonriente, pensando que Sesshomaru no obtuvo lo que quiso con su 'propuesta'. La madre se divirtió enormemente, formulando sus propios planes.

Irasue llamó a un sirviente y le dijo que comenzaran a alistar el automóvil para irse. El hombre asintió, aunque extrañado.

-Necesitas descansar un poco de mi hijo, ¿qué te parecería acompañarme a unas aguas termales el fin de semana? -propuso la mujer mayor.

-No lo sé, Irasue, no creo que sea correcto, es San Valentín.

-Acabas de decirme que mi hijo afirma no quererte y la manera en que te entregó un anillo de compromiso, no le importará que ese día sea como otro normal -afirmó la peli plateada y Rin la miró dudosa-. Regresarás el domingo por la tarde, además hay un jardín botánico en el lugar, con flores realmente exóticas.

-Está bien -la ojidorada sonrió-, ¿a qué hora nos vamos?

-Querida, ése es el detalle, iba a irme ahora mismo -anunció Irasue.

-Pero, ¿y mis cosas? -preguntó la pelinegra.

-Yo haré que te consigan las cosas necesarias, debemos de irnos -manifestó la mujer mayor.

-Tengo que avisarle a Sesshomaru -musitó Rin buscando su teléfono móvil en su bolso.

-Yo le avisaré a mi hijo, así creerá que estás enojada con él, no te preocupes -le dijo su suegra. Rin suspiró observando el aparato en sus manos.

-Tendrá que ser eso, porque pensé que la batería de mi móvil duraría más y no la cargué.

-¿Por qué no te adelantas al automóvil? -cuestionó Irasue amable.

Rin asintió y siguió las instrucciones.

Irasue llamó a una de las empleadas de confianza, si su hijo no se daba cuenta no sabía cómo podría hacerlo.

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-¡Oh vamos Sesshomaru!, ¡no seas tan cruel!, ya tengo una relación con mi Sanguito, no volveré a acercarme a Rin, ¡por favor!, el dinero que se me niega me servirá para darle regalos -le pidió Miroku al peli plateado estando en su oficina.

-Trabaja -masculló el Takahashi.

-Sí lo hago, pero es que lo que le quiero dar es caro -replicó el de cabellos oscuros.

-No me importa, lárgate -ordenó Sesshomaru, lanzándole una mirada furibunda.

-¡Tú sabes lo que es querer complacer a tu novia!, ¡haré lo que sea para poder darle lo mismo a mi Sanguito! -manifestó entonces Miroku. La puerta se abrió estrepitosamente, el peli plateado miró irritado la entrada.

-¡Amito, secuestraron a Rin! -exclamó Jaken, entrando completamente a la oficina.

Los ojos dorados de Sesshomaru brillaron momentáneamente.

-¡Ése no fui yo! -agregó el otro hombre en la habitación, alzando sus manos-. Creo que encontraré la manera de darle lo que quiero a mi Sango -musitó Miroku, huyendo.

Jaken daba vueltas en la oficina, con nerviosismo, murmurando que su amito iba a matarle por no fijarse.

-Deja de decir estupideces -exigió el peli plateado, queriendo saber a qué se refería su ayudante.

-¡Amito! ¡Lo siento…

-Cállate, ¿qué es eso del secuestro? -el pequeño hombre corrió rápidamente a donde él se encontraba y le dio un papel arrugado. Sesshomaru lo miró con ojos escrutadores.

-Regresaba de un encargo suyo y me lanzaron el papel, me gritaron que lo abriera y lo leí, amito. ¡Siento no haber visto de dónde cayó el proyectil!

-Lárgate -ordenó el peli plateado, observando detenidamente el 'Tenemos a Rin Sato, nos comunicaremos cuando lo consideremos necesario, no contacte a la policía o la dueña de la mano de la foto irá perdiendo los dedos que hacen lucir tan bien esa pulsera' y la pequeña imagen bajo el texto.

La muñeca de Rin con la pulsera que le dio en navidad.

Escéptico decidió llamarla. Colocó el teléfono en su oreja y se le indicó que el número no estaba disponible.

Lo intentó seis veces más durante esa hora, dieron las siete de la tarde.

Formó un puño y marcó otro número.

-¿Qué quieres? -preguntó su madre del otro lado-. Nunca eres tú quien me llama.

-¿Dónde está Rin? -exigió enojado.

-¿Rin?, ¿qué le hiciste a… -cortó sin dejarle terminar.

Intentó con todo los conocidos de la pelinegra y ninguno le dio información.

Comenzó a preocuparse, decidiendo ir a buscarla a su Penthouse y después al apartamento que no ocupaba.

"¿Dónde estás Rin?", quiso saber.

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-¿Hay algo que me esté ocultando, Irasue? -cuestionó Rin a su suegra mientras recibían un masaje completamente renovador. Le parecía muy sospechoso que no le dejara comunicarse con Sesshomaru desde el comienzo del día, no creía correcto que fuera su madre quien le diera información sobre ella.

La pelinegra realizó una exclamación cuando sus pies se relajaron ante el contacto de las manos de la masajista.

-Durante la mañana le dije que saldrías conmigo a las aguas termales, preguntó cuándo volverías y le expliqué que el domingo estarías sana y salva con él, porque yo disfrutaría con mi pareja. Quiso saber qué nos tomaría tanto tiempo y comenté que estabas enfadada por lo que había hecho, por tal motivo no eres tú quien se comunica con él -dijo su suegra con calma.

-Debió haberse enojado por tener que escuchar eso de usted -reflexionó Rin, sintiendo cómo sus músculos perdían tensión.

-Mi hijo siempre está enojado conmigo, querida. Mejor piensa en esto, así podrás preparar tu chocolate con calma -anunció Irasue.

Las palabras de su suegra no le dejaron del todo convencida pero decidió que la madre tenía más experiencia en cómo manejar al hijo.

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Sólo por fuerza del hábito Sesshomaru se encontraba aseado la mañana del sábado, estaba convencido que quizá lo que decía la nota era cierto y algún malnacido tenía a su novia.

Principalmente porque más de una persona le consideraba su enemigo en más de un ámbito.

Se maldecía al pensar que por su culpa algo le había sucedido a Rin. También porque, confiado, creyó las palabras de ella de que pasaría su día libre en casa y, por lo tanto, no necesitaba tener a AH o UN tras de sí.

Tenía a sus investigadores privados trabajando para saber qué había sido de la pelinegra; él mismo habría investigado por su cuenta, pero no tenía la cabeza fría para pensar en eso.

Sólo analizaba a cada una de las personas con que había cruzado su camino y que podían querer vengarse utilizándola a ella.

También se mantenía haciendo eso para no tener que pensar en la situación en que Rin se encontraba.

Tomó un sorbo de café y anotó otro nombre en su larga lista de sospechosos. Querer alcanzar el poder había provocado esa situación.

¿De qué le servía el poder si significaba sacrificar a Rin?

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Por más que lo intentó encontrar, Rin supo que como era un lugar de descanso y reposo, allí no habría teléfono con que pudiera contactar a Sesshomaru; al tomar el de su suegra había visto que ya no tenía batería, así que se resignó a esperar que su pequeño fin de semana de relajación concluyera.

Le tenía intranquila no haberse comunicado con su novio, pero qué podía hacer, el chofer de su suegra regresaría hasta el domingo por la mañana y todo contacto con la civilización estaba cortado.

Tendría que contentarse preparando el chocolate que le daría a Sesshomaru por San Valentín y quizá ingeniárselas para planear cómo hacer que él reconociera que la quería.

Se colocó el mandil y agradeció poder tener acceso a una cocina.

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Sesshomaru llevó sus manos a su rostro, se sentía devastado, se cumplían veinticuatro horas desde que se enteró del secuestro de Rin, no sabía cuántos desde que la hubieran capturado, pero sí treinta y siete desde que la había visto.

Principalmente tenía una ira inmensa al reparar en que los que tenían a su novia no se habían comunicado ni para pedir rescate, y los investigadores llegaban a puntos muertos.

Pensaba que si le exigían que diera todo su dinero y el poder que había amasado por el bienestar de Rin, no repararía en darlo cuando comprobara que estuviera viva.

Nada de eso valía la pena si a cambio tenía que sacrificar a la persona que le importaba.

No se había fijado en cómo o cuándo Rin se convirtió en un ser vital para él, pero ya no se imaginaba apartándola de su lado.

Sólo pedía que ella estuviera bien, que se la devolvieran.

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El domingo al mediodía los ojos de Sesshomaru no soportaron más y se cerraron para exigir un poco del descanso del que había privado a su cuerpo.

Había pasado esos dos días sin dormir y sin alguna noticia de la pelinegra, si transcurría algún momento más comenzaría a desesperarse, incluso sin importarle perder la compostura frente a los otros.

Ya era demasiado tiempo sin la mujer que quería.

Sí, lo había comprendido en todo esa vigilia.

Quería pensar que no muy tarde, porque no se lo perdonaría nunca.

Parecía un castigo bien merecido por las cosas que hizo y dijo con Rin.

Escuchó que introducían la llave en el cerrojo. Sesshomaru no recordó que la empleada doméstica fuera a llegar un domingo, pero en aquel momento no tenía cabeza para eso.

La puerta se abrió y le llegó un inconfundible olor a flores.

Se levantó de su lugar.

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-¡Le dices a Sesshomaru que era necesario! -le dijo su suegra a Rin cuando se bajó del automóvil negro después de llegar al edificio en que vivía con su novio.

Asintió y apretó contra su pecho el chocolate que iba a darle a su peli plateado, había reflexionado y pensado que aceptaría el anillo, ya después encontraría la manera de hacerle ver que la quería.

Se subió al ascensor y presionó el botón para llegar al Penthouse.

Esos días sin comunicación resultaron un martirio -aun cuando fue a relajarse- y mentiría si dijera que casarse con él sería un sacrificio. Sesshomaru tenía sus buenos aspectos, quizá era demasiado orgulloso, pero cuando se trataba de ella se anteponían muchos adjetivos favorables.

Algún día su novio -y futuro prometido oficial- aceptaría que la quería. Tal vez incluso conseguiría se lo llegara a decir en voz alta, pero eso sería exigir demasiado.

Por el momento estaría contenta con estar a su lado, con el peli plateado se trabajaba poco a poco y sólo ella era la única que podía conocer una faceta distinta de él.

Introdujo su llave y avanzó con lentitud en la habitación, que se encontraba en penumbras. Llegó hasta la sala de estar y miró cómo su novio le observaba intensamente antes de rodear el sofá para acercarse a ella.

Tenía bolsas bajo sus ojos.

Su suegra le había mentido, algo había hecho.

El peli plateado colocó su mano derecha en su cara mientras sus ojos dorados le miraban intensamente. Acarició su mejilla.

Rin sonrió.

-Debería apartarme más tiempo de casa -bromeó al reconocer la aceptación en él.

Sesshomaru la abrazó con fuerza.

-Yo también te quiero -susurró pasando sus brazos alrededor del cuerpo del peli plateado, cuidando que el chocolate no cayera-. Feliz San Valentín.


¡Hola!

De sólo imaginar que mi madre hiciera eso me da pavor O.o, pero creo que fue mucho mejor a hacer a Rin teniendo un accidente y quedando al borde de la muerte, no le hice algún daño físico :D -sólo la dejé un poco inocente-.

Bueno, como algunos podrán saber -seguramente tendrán más conocimiento que yo-, el día blanco es la celebración en que se continúa el día de san valentín japonés, los regalos le corresponden a los hombres.

Ya saben, disculpen cualquiera de los errores o confusiones, siento no dedicar mucho de mi tiempo a este fic :D

¡Cuídense!

Un abrazo,

HoeLittleDuck