En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?

Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.

Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.

Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.


Summary: ¡Qué mal! Cuando lleguemos ya se habrá acabado la hora feliz.


Mortal

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La pelinegra presionó su dedo índice en el pecho de Sesshomaru.

Él bufó.

-No, Sesshomaru Takahashi, irás al supermercado como los mortales. Te acostumbrarás a no depender de amas de llaves o empleadas domésticas. Iremos -colocó mayor presión en su dedo.

El peli plateado alzó una ceja, retador. Indicándole que a él nadie le daba órdenes.

Rin negó divertida.

-Por mucho que te niegues no me ganarás, ¡hay que bajar a los dioses del Olimpo!

-Otra vez has estado leyendo sobre Grecia -el ojidorado rodó los ojos con fastidio, apartando la mano de Rin de su camisa blanca. Ella utilizó la mano contraria para seguir presionando.

-Me tendrás fastidiándote hasta que aceptes, iremos a comprar a las afueras de la ciudad, así no te cruzarás con 'estorbos' de conocidos -Rin mostró una pose pensativa-. Aunque todos serán como tú y en su vida han empujado un carrito de compras, por lo que no debería preocuparme tu dignidad. Tal vez los que iniciaron desde abajo puede que sí sepan lo que es comprar. Deberán conocer lo que se siente colocarse en la parte frontal del carrito por mucho que sus madres les regañen; también lo que es fingir ser un piloto de carreras, empujando con rapidez para llegar primero a las ofertas; o, o, cómo colocar las compras para que el detergente no se mezcle con los alimentos.

-Estás divagando -indicó Sesshomaru.

-¡Te perdiste grandes experiencias! -exclamó Rin, palmando consoladora el hombro de su prometido.

-No necesito ninguna de ellas -manifestó Sesshomaru con calma, rodeando a la pelinegra para dirigirse a la cocina.

-No privarás a nuestros hijos de ellas -el peli plateado sonrió imperceptiblemente ante la oración de Rin.

Ella, por su parte, elaboró una sonrisa maquiavélica al ver que él se acercaba a la nevera. Antes de que abriera manifestó:

-Le he dicho al ama de llaves que seríamos nosotros quienes compraríamos los víveres de esta semana y… que ignorara las llamadas que recibiera de parte tuya.

Sesshomaru ni se molestó en abrir. Había veces en que subestimaba a su único gran oponente. Sonrió de lado.

-¿Qué te parece ir ahora? -preguntó Rin haciendo sonar su juego de llaves, entre las que se encontraba la de automóvil. Se aproximó para colocarlas en su mano, después se alzó en puntas para darle un casto beso en los labios-. Los escritores necesitamos ingenio.

Ella miró su reloj.

-¡Qué mal! Cuando lleguemos ya se habrá acabado la hora feliz, la próxima vez me aseguraré que visitemos el supermercado cuando esté lleno.

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-Ranma… -coreó Rin en la comodidad del automóvil del peli plateado.

-Escucha otra cosa -interrumpió Sesshomaru, fastidiado de las canciones de animes que la pelinegra entonaba.

Ella seguía con su boca abierta mientras la canción continuaba.

Ranma y medio marcó mi juventud! No soy como tú, señor 'Yo-veía-las-fluctuaciones-de-la-bolsa-a-los-diez' Takahashi.

-Sandeces -espetó el ojidorado moviendo la palanca de cambios. Rin soltó una risita al ver que él sonreía de lado.

-¡Ya sé!, tú querrás canciones occidentales, Poker face, Hot N'Cold, ¡Baby!, no, no, no, ¡Disney! Llamarás a los pajaritos como la protagonista de Encantada -de los labios de Rin escapó una sonora carcajada.

-Inmadura -soltó Sesshomaru, manteniéndose impasible.

-Lo curioso es que sabes de qué hablo -curioseó Rin, acariciando su mentón.

-Jaken -dijeron en unísono. La pelinegra rió divertida y pausó su música al ver que Sesshomaru estacionaba.

Sonrió malévola.

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-Toma un carrito de compras, todo lo que llevaremos no entrará en un cesto -pidió Rin, señalando el sitio donde se encontraban acomodados-. Traigo una lista -completó extrayendo hoja y bolígrafo de su bolso.

Él suspiró antes de encaminarse por un carrito.

-No puede ser que hasta luzcas bien empujando uno de esos -comentó la pelinegra al verle acercarse lentamente.

"Momentos como éste deberían ser retratados en un museo", pensó Rin al traspasar las puertas corredizas. Observó el supermercado con interés, las luces brillantes del techo, las cajas registradoras, los aparadores y anaqueles ordenados según las secciones con que se relacionaran, los otros compradores y los empleados del lugar.

-Comencemos por la izquierda, primero los artículos de higiene personal -haló el brazo del peli plateado para llevarle al pasillo que se encontraba más cerca, ignorando la zona donde se encontraban los electrodomésticos.

Enlistó en voz alta los artículos que necesitaba, indicándole al ojidorado que los tomara de las repisas.

-Pasta dental -leyó y alzó la mirada-. ¡No! Esa no es -dijo suspirando al ver que él sujetaba la incorrecta, asintió cuando Sesshomaru movió su mano-. Perfecto, debes corroborar el tamaño. Sigamos, jabón de tocador. ¡Yo busco mi champú! -exclamó avanzando hasta quedar frente a los diferentes recipientes.

Los miró con detenimiento mientras el peli plateado esperaba recargado en el carrito, lamentándose tener que pasar allí su domingo.

-¿Crees que me ha funcionado el olor a flores o debería cambiar por uno con fragancia de coco? -cuestionó Rin, indecisa-. Siempre hay que darle oportunidad a las cosas nuevas.

-El de siempre -musitó Sesshomaru sin titubear.

Rin parpadeó y sonrió antes de encogerse de hombros. Sujetó al ganador y lo colocó dentro del carrito.

-Muy bien, lo siguiente también va por mi cuenta -manifestó antes de avanzar a la zona femenina-. Tú busca tus queridas lociones y tampoco cambies el olor -le guiñó un ojo sonriente.

Sesshomaru permaneció impasible.

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Rin corroboró que su lista estuviera en orden y sonrió. En realidad no creía que él no se hubiera dado una pequeña vuelta en el supermercado, pero era agradable hacerle formar parte de una rutina.

Un rubio le sonrió en respuesta, creyendo que era a él a quien le dirigía su sonrisa. El gesto aparentaba ser de seducción.

Rió en voz baja al ver que el hombre huía ante la mirada que Sesshomaru le dedicó.

-Eres un celoso -murmuró avanzando en la sección de alimentos conservados. Tomó una sandía del congelador y se giró para dejarlo en el carrito. Se permitió ver la escena ante sus ojos.

-¿Le gustaría probar nuestro sushi, señor? -preguntó una empleada de la tienda, acercando una bandeja a la altura de Sesshomaru.

Él la ignoró. La joven era bonita, pero la pobre no 'era merecedora' de la atención del peli peli plateado.

-Le gustara, señor -añadió la mujer. Mirando insistente al ojidorado, que ni se molestaba en tomarle en cuenta.

-A mí sí me gustaría probar -musitó Rin, sabiendo que la joven no le escucharía. Aunque realmente a ella no le interesaba el sushi, sólo se compadecía de la muchacha.

-No quiero -espetó Sesshomaru empujando el carrito. Rin observó la mirada triste de la jovencita, que se alejó sin haber cumplido su objetivo.

-Podrías haber sido amable -comentó con pocas esperanzas.

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Tomó uno de los envases de leche y comprobó la caducidad antes de dejarlo en el carrito. Sesshomaru estaba en un extremo opuesto buscando las sopas instantáneas.

Bajó la mirada para tachar la leche y las sopas de su lista. Sonrió, ya muy pronto terminaban. Escuchó los pasos de un pequeño a su lado, pero no desvió la vista del papel, era muy común encontrarse niños en el supermercado.

-¡Ryo no! -exclamó una voz y Rin se obligó a subir la cabeza.

Soltó una carcajada.

El pequeño había abierto una bebida energética y seguramente escapaba de su madre cuando chocó con Sesshomaru.

Mojando su bonita camisa blanca con una pequeña mancha naranja -el niño fue quien recibió la mayor parte del contenido de la botella-.

La madre corrió rápidamente al encuentro y realizó profundas reverencias.

-Lo siento mucho, señor -dijo la mujer, expresándole su arrepentimiento e intenciones de reparar el daño.

-No se preocupe -comentó Rin, acercándose, observando la mirada iracunda de su prometido y los ojos espantados del pequeño-. Si usted y su hijo lo sienten no hay otra cosa por hacer, sólo que él tenga más cuidado.

-Pero debo pagarlo -replicó la otra.

-Por eso no hay problema -manifestó la pelinegra, agradecida por el acontecimiento ocurrido, no estuvieron durante la hora feliz, pero bastaba el diminuto accidente.

Colocó su mano en el brazo de Sesshomaru y lo alejó, mientras le dedicaba una sonrisa a la madre e hijos, que le miraban estupefactos.

-Es tiempo de pagar -indicó palmando el antebrazo del ojidorado.

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Después de abandonar el supermercado, pacíficamente regresaban a la ciudad. Claro que ella seguía cantado sus canciones de animes.

-¡Hey! -gritó Rin al sentir un movimiento brusco.

Sesshomaru apretó el volante antes de estacionarse en la vacía autopista para inspeccionar su automóvil.

La pelinegra imitó su acción y salió del auto al ver que él inspeccionaba una llanta de su lado del coche.

-Oh, oh -musitó observando la llanta-. ¿Tienes…

-Sí -interrumpió Sesshomaru, que se encontraba enojado desde que ella le había hecho salir a hacer las compras. Se encaminó al maletero y con una mano extrajo el neumático de refacción, con la otra tomó el gato mecánico.

-¿Necesitas ayuda? -preguntó Rin en voz baja, él realizó una larga expiración y negó.

Ella le vio arremangarse antes de proceder a cambiar el neumático.

"Realmente necesito guardar estos momentos para la posteridad", reflexionó Rin observándole aflojar los tornillos.

Suspiró al pensar en su orgullo masculino para no dejarle ayudar.

Tomó su teléfono para responder un mensaje de Kagome, que había llegado momentos atrás. Se entretuvo mirando la pantalla entre momentos.

-Rin -llamó el peli plateado y ella parpadeó al ver que él cerraba el baúl trasero del automóvil.

Asintió y subió en silencio, el humor del ojidorado no estaba en las mejores condiciones.

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Rin guardó el último objeto en las repisas y observó con una sonrisa a Sesshomaru, él tomaba agua de una botella. Su aspecto no era el del hombre compuesto de todo el tiempo, sino uno normal como los otros.

"¡Sí!", exclamó en su mente.

-¿Sess? -dijo juguetona, utilizando el diminutivo que no le gustaba al peli plateado.

Reprimió una carcajada al ver la mirada que él le dirigió.

No estaba completamente enojado, pero si hubiera podido desahogarse con ella lo habría hecho.

Sonrió ampliamente y se acercó a él para darle un beso en su mejilla.

-¿No fue tan mal para ser la primera vez? -preguntó con ojos brillantes.

Él la tomó de cuello antes de juntar sus bocas.

Le sintió sonreír sobre sus labios.

¿Quién dijo que él no podía ser común y corriente como los otros?

Ella no, pero Sesshomaru no tenía por qué saberlo.


¡Hola!

Un comentario súper corto, traté que fuera mejor que él anterior, me gustan los clichés y quise darle mi toque a uno XD.

Mi intención fue imaginarme un supermercado japonés y no usar muchos términos en la escena del automóvil porque no sé si son los mismos nombres en diferentes partes.

Ando rápido, perdonen los errores, se aceptan comentarios -si son invitados respondo en mi perfil-.

¡Cuídense mucho!

HoeLittleDuck (¡Oh Robin! T-T)