En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?

Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.

Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.

Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.


Summary: Sólo ella era capaz de hacer aflorar su lado más humano. (Drama/Hurt/Comfort)


Humanidad

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La música estrepitosa estaba afectando sus tímpanos, odiaba lugares como aquél, en el que la gente llegaba para 'divertirse' utilizando métodos insanos. ¿Qué interés había en visitar un bar-discoteca-antro, como se llamara en realidad?

Él se vio obligado a entrar sólo por necesidad. Y no era beber o 'disfrutar' de la 'música' que se reproducía en el establecimiento.

Buscó a su objetivo entre el mar de cabelleras pelinegras, sus ojos se adaptaron a la poca iluminación ofrecida por unas diminutas luces colocadas en el techo, mismas que relampagueaban siguiendo el incesante ritmo de la música.

Él, Sesshomaru Takahashi, no visitaba esa clase de sitios.

Hacía mucho que había decidido no hacerlo y sólo ahora era que veía la oportunidad.

Terrible, por supuesto.

Sus ojos dorados escanearon a la multitud de mujeres mientras recorría un camino reducido a causa de las personas bailando. Era una suerte tener su altura o de lo contrario se encontraría en una gran desventaja.

Suspiró.

¿Cómo era que había llegado a eso?, ¿que Rin hubiera escapado a desahogarse en ese sitio?

Sí, todo se debía a él.

-Ya es definitivo, Takahashi -enunció Sara con ojos llorosos, observando la mirada impávida de Sesshomaru, él dejó el bolígrafo en el escritorio, prestándole atención a la joven pelinegra-. Llegó a metástasis, el cáncer se expandió en otras zonas y no servirá la quimioterapia o radioterapia. Me queda muy poco.

Sesshomaru asintió.

-Tu batalla fue muy honorable -dijo con voz calmada.

-Gracias -susurró la pelinegra-. Quería pedirte algo, por eso he venido.

-¿De qué se trata?

-Yo, sé que nunca fuimos nada -Sesshomaru suspiró, apartando sus lentes de su rostro-. No, espera, tú nunca manifestaste sentir algo por mí, pero lo entendí, aprecié que no me dieras esperanzas para el amor que siento por ti, sólo quería un favor, muy pequeño. Antes de empeorar y de… partir, me gustaría poder haber recibir, siquiera, un beso de tu parte, no quiero llegar al final y no haberlo sentido, en mi imaginación pensaré que tú me querías o cualquier cosa, sólo deseo un beso real que provenga de ti, para despedirme. Sé que tu prometida es especial, lo sé, y no querrás secretos con ella. Díselo, yo sólo quiero tener un momento para mí. ¿Podrías? Yo misma le diré a la señorita Sato, si es necesario.

El peli plateado lo pensó durante unos momentos, sentía compasión por la joven dulce que se enamoró de él tiempo atrás. Se encontraba en un debate interno, prácticamente sería infiel a Rin pero, de cualquier manera, se lo diría.

El problema era que él no era muy explicativo.

Se levantó y rodeó la mesa, Sara le miró expectante. Él asintió. Una pequeña lágrima descendió en el rostro de la joven.

-Gracias -musitó en voz baja y también abandonó su asiento.

Sesshomaru se repitió que era un acto para una persona moribunda. Colocó sus dos manos en la extremadamente delgada cintura de Sara, su peso corporal había disminuido por su padecimiento.

Y le concedió una pequeña alegría a la joven.

La mala situación llegó cuando se separaron y él se percató que la puerta estaba levemente abierta, Sara no la había cerrado bien, por lo que alguien había llegado a su oficina y lo había visto.

Había creído eso que decía Rin de no colocar aceite en las bisagras.

En aquel momento pensó sólo en dos posibilidades, Jaken o Inuyasha, que eran los únicos -además de Rin- que llegaban a entrar sin llamar, había descartado a la pelinegra porque ella no laboró ese día.

Más tarde, gracias a su madre, comprobó que fue Rin la que arribó sin avisar.

Fue a buscarle para mostrarle las imágenes de un templo donde se podía llevar a cabo su ceremonia matrimonial, que tomaría lugar en tres meses, durante julio.

Rin se había retirado en silencio y había desaparecido para todos, incluso Irasue desconoció el sitio, sólo supo que la joven no había regresado a su casa después de ir a la oficina.

Hasta media hora atrás no tuvo información del paradero de su prometida, pero hacía cuarenta minutos Rin llamó a Kagome y por Inuyasha supo el lugar exacto en que su novia se encontraba.

Kagome había advertido que Rin estaba borracha y por ello se había comunicado, para pedirle que fuera a buscarla.

Divisó a Rin sentada en un taburete frente a la barra, en su mano tenía un vaso vacío y hacía señas al barman para que lo rellenara.

¿Por qué Rin había decidido desinhibirse?

Tal vez le había dolido demasiado.

Mientras avanzaba sin apartar la vista de la pelinegra, un hombre se acercó a tocar su hombro, recibiendo una negativa de parte de la joven, pero él pareció insistir.

Ése no era momento para escenas de celos, pero se enfadó al ver que el hombre no dejaba en paz a Rin; si no estaba en sus cinco sentidos, ella no podría utilizar las técnicas de defensa personal que le había enseñado.

Se aproximó hasta el sitio y dirigió sus ojos dorados al joven, que se alejó atemorizado.

Escuchó a Rin suspirar, luego su rostro se enfocó en su pecho.

-¿Cuánto? -cuestionó Sesshomaru al barman, que le indicó la cantidad de yenes que correspondían al consumo de Rin. Extrajo su billetera y le entregó el dinero.

Rin se levantó a regañadientes y le ayudó a avanzar entre el tumulto. Tuvo la oportunidad de mirar su cara.

Sus orbes marrones se veían opacos por la hinchazón alrededor de ellos, el brillo característico de los ojos no estaba presente durante aquel instante. La pelinegra no era muy celosa, pero era de las muchas que creía que Sara tuvo un lugar importante en su vida.

Era su culpa no haberlo aclarado, Rin sabía que le quería pero, como muchas personas, tendría ese leve esbozo de duda ante alguien importante del pasado. Su madre se lo dijo rotundamente, su prometida respetaba su personalidad, mas era humana y era normal que en algún momento necesitara aclaraciones por sus muchos actos.

Podía resultar cansado estarle interpretando.

Salieron del establecimiento y le guió hasta su automóvil, aparcado celosamente en un sitio especial.

-Miiii apal…tamento -susurró la joven, ella no renovaría su contracto en mayo, así que seguía perteneciéndole. Sin embargo no estaba debidamente preparado para albergar a alguien una noche.

Abrió la puerta y ella entró cabizbaja, colocando sus manos empuñadas sobre su pantalón de mezclilla. Dio la vuelta al vehículo para abordarlo, antes de arrancar digirió una mirada subrepticia a Rin, que observaba a través del vidrio.

Reprimió un suspiro y dio un giro para comenzar los treinta minutos más incómodos de su tiempo juntos. Manejó lento para no provocar que ella se mareara y devolviera lo poco que tuviera en su estómago.

-Nooo -dijo Rin, al percatarse la dirección que tomaban, al parecer no consumió suficientes bebidas alcohólicas como para perder el sentido de la realidad.

-No tiene caso que insistas -replicó maniobrando la palanca de cambios. Giró hacia la calle donde estaba el Penthouse.

-Claaaro -su respuesta provocó que la comisura de su labio se alzara-. Eeel glaan Shesshjomaru Takahahashiii, queee besha cooon amorr a shu antiguua noviaaa, eeen un lugar pú…bliiico. ¡Laaa quieeerres! -agregó Rin con tono lastimero.

Sesshomaru sabía que era inútil discutir con una persona borracha y dolida, así que permaneció en silencio.

-¿Loo veeesh? -concluyó la pelinegra, cruzando sus brazos sobre su pecho, infundado en una blusa violeta con diseño de flores.

-Rin -habló con calma-, mañana hablamos.

-Maaañana me voyy -hipó al finalizar la oración. Sesshomaru permaneció pasivo, suspirando al ver que llegaba a su edificio. Accionó las puertas eléctricas y entró al estacionamiento.

Aparcó y Rin descendió con rapidez, trastabillando al colocar un pie en el pavimento, para después caer. Cerró la puerta y rodeó el auto para comprobar si ella se encontraba libre de heridas. Se colocó en cuclillas para escuchar el peor sonido que pudo alcanzar sus oídos.

Rin llorando.

Sólo una vez lo había hecho, pero no como ésta.

-Rin -susurró, acercando su mano al brazo de ella, que se alejó. Gruesas lágrimas abandonaron los ojos de su novia.

-She quee me quieerres, peee…ro a Saaala tam…bieeen. Duueele, laaa beshabas de maaanera duulce, tomashteee shu cintul…shintuura y dejhastee quee ellia tee tocaaara -musitó ella entre sollozos.

Volvió a intentar tocarla y ella lo permitió, le rodeó con sus brazos. Por primera vez no le importó que le vieran, si algún vecino pasaba por allí soportaría su mirada.

El llanto de Rin era real.

Provocado por él.

Su intención no fue mala, pero debió haber comprobado las circunstancias y llamar a Rin inmediatamente, no esperar a que le dijeran que ella había presenciado la escena.

La levantó mientras ella sollozaba, con su pie cerró la puerta. Activó la alarma antes de entrar al ascensor. Él no era el indicado para consolar a alguien esa clase de escenas, sólo que ella era diferente.

Ascendieron con rapidez y maniobró para abrir la puerta de su hogar.

La recostó brevemente en el sillón para prepararle un café cargado.

Dejó la cafetera preparándose mientras regresaba a la sala de estar, ella se abrazaba a sí misma, fuertemente.

Rin era una persona que demostraba fortaleza, pero también era muy sentimental y, verlo a él besando a Sara fue un detonante para dar paso a muchas emociones.

Su acostumbrada actitud era la causante.

Mañana le explicaría.

Sí, le explicaría.

Se colocó junto a la pelinegra y se permitió abrazarla, sus sollozos disminuyeron poco a poco.

Permaneció así hasta que era tiempo de servir la taza. Se apartó débilmente y entró a la cocina. Sirvió la bebida para volver junto a Rin. Tenía que reconocer que había cosas que hacía que ella las aceptaba, las muchas cosas que estaba haciendo actualmente no se encontraban dentro de su repertorio, lo expresivo era parte de la pelinegra. Extendió su brazo para que ella tomara la taza, recibiendo un asentimiento en respuesta.

Rin bebió hasta la última gota.

-No quiero a Sara -anunció después de pensar en qué decir, si no necesitaba hablar no hablaba, pero tenía que hacerlo esta vez.

-No tienes que… justificarte -manifestó Rin, más compuesta, observando su taza con detenimiento-. Que… explicar, no debí. Estuvo… fuera de lugar lo que hice, no… tendrías por qué estar conmigo si no quisieras… Iré a asearme -ella se levantó, planeando cumplir sus palabras.

Sesshomaru suspiró, no fue muy bueno el rumbo que tomaron las cosas. Él no era quien necesitaba escuchar.

Abandonó su lugar para dirigirse a la habitación, donde Rin buscaba ropas limpias. Se acercó con sigilo. Seguramente ella se sintió observada, porque alzó la mirada.

Sonrió agridulce.

-No hagas eso, Rin -pidió calmado, la sonrisa de su rostro pequeño desapareció-. Yo, herirte no es una de mis prioridades.

-Lo sé -respondió la joven-. ¿Qué ocurrió?

-Desde hace meses tiene cáncer -reveló, la pelinegra asintió-. Sólo te enteraste del suceso de la manera equivocada.

-Siento haber juzgado sin recordar tu forma de ser -dijo Rin. Él negó.

-No -observó un punto inespecífico de la habitación-. En algún momento te gustaría escuchar que tus sentimientos son correspondidos o el… significado que tienes para mí -la miró, ella sonrió levemente.

-No es necesario, no tengo problema con tu personalidad, no estaría enamorada de ti si quisiera cambiarte -explicó ella, utilizando un tono suave.

Sesshomaru se acercó y se preparó mentalmente.

-Te quiero, Rin -musitó con voz firme, pero sin utilizar un volumen alto. Era la primera vez que se lo decía. Sabía que tal vez no lo repetiría, pero era tiempo de tomar en consideración a la que sería su esposa, podía mantener su personalidad y en algún momento expresar con palabras el significado de lo que hacía.

-Yo también te quiero -devolvió ella abrazándolo.

Sólo ella era capaz de hacer aflorar su lado más humano.


¡Hola!

Ya ni me acuerdo mucho de aquí T-T, ¿cuándo lo he hecho?

Esto lo hice en la escuela, no tengo ni la más mínima idea por qué. El punto es que traté de hacer que de boca de Sesshomaru saliera la condenada frase, fue un tanto complejo el rumbo que tomó después del primer párrafo. Creí que la mejor manera de hacerle decirla era darse cuenta que a veces los actos dicen mucho, pero que de vez en cuando las palabras llegan a ser necesarias, no cambiar su forma de ser, sino pensar en que todos damos diferentes interpretaciones a lo que el otro hace.

Si cumplí parte de ese objetivo me doy por bien servida, fue un poco confuso escribirlo. Sobre el drama, no vi la manera de hacer el capítulo con humorcito, simplemente estaba fuera de mí.

Espero que su parte borracha fuera creíble, hay cada forma de hablar cuando hay copas de más. Se va desde ser de la realeza a los barrios más bajos XD

Me voy, hay que aprovechar para dormir;)

¡Cuídense enormemente!

Un abrazo,

HoeLittleDuck