En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?

Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.

Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.

Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.


Summary: Tómalo como una experiencia para cuando decidamos ser padres.


Saber cuidar

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-No lo sé, Rin, no estoy segura -musitó la anciana Kaede observándola mientras cargaba al pequeño Shippo, que reía al sentir las cosquillas que le hacía en su pequeño estómago.

-Sesshomaru necesita tener experiencia con niños si en verdad quiere que tengamos los propios -dijo Rin. Bajó el volumen de su voz. -No permitiré que mis hijos tengan que revivir lo que Shippo, que por lo menos su padre prefiera que otros cuiden de él. Sé que trabajan, pero no le dedican ni sus tiempos libres.

-Lo sé, pero estoy segura que el señor Sesshomaru se molestará de tener que cuidar un bebé que no es suyo -manifestó la anciana mirando a Rin con aprehensión. La pelinegra negó.

-Tengo mis métodos, además, usted también merece un descanso, señora Kaede. Yo me encargaré que lo tenga, así me podrá ofrecer algunos consejos para cuando yo sea una mujer casada -sonrió al finalizar su frase. La anciana le devolvió la sonrisa y Shippo rió al verlas felices-. ¿Te agradará pasar la tarde con el tío Sesshomaru, Shippo? -preguntó después.

Los ojos verde azulado del pequeño brillaron, era extraño que después de temerle, lo tomara como una persona a la cual admirar. Tal vez su prometido tenía ese efecto o era que el bebé veía muy poco a su padre y más a su vecino.

-¡Seomau! -exclamó Shippo señalando la puerta de su casa. Rin asintió.

-Te divertirás con Seomau, corazón -anunció con una amplia sonrisa.

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-No -repitió Sesshomaru por enésima vez, ¿qué pensaba Rin? Él no era niñero. La mirada de la pelinegra se inundó en convicción y él supo que utilizaría una de sus artimañas, debían existir límites para con ella.

Suspiró.

-Los padres de Shippo se han ido a un viaje de negocios de un mes, sería agradable que conviviera con otra persona que no fuera su niñera o yo, cuando lo hago -expresó Rin con voz triste-. Además, quiero arreglar un par de asuntos y obtener consejos de parte de Kaede. Shippo te alegrará la tarde, ya lo verás -anunció su prometida acercándose a él de manera lenta-. Tómalo como una experiencia para cuando decidamos ser padres.

No serviría decir que era diferente.

-¡Maravilloso! -exclamó Rin percatándose que había cedido-. Hace unos minutos la anciana Kaede cambió su pañal, así que no habrá algún momento incómodo para Shippo -Sesshomaru enarcó una ceja-. No todas las personas pueden cambiarle los pañales a un bebé ajeno, deberías saberlo -explicó la pelinegra antes de girar-. Iré a buscar a Shippo, disfrutarán su tiempo juntos.

Pensó irritado que eso sería lo último que pasaría.

Mucho más rápido de lo que pensaba, Rin volvió. Observó al chiquillo de ahora dieciséis meses, si mal no recordaba -o puede que no fuera esa edad-. Shippo le miraba como las veces en que los veía porque Rin quería pasar a saludarlo, sus ojos verdes brillaban y detallaban cada uno de sus rasgos, aunque no pudiera fijarse qué era distinto en él.

El pequeño castaño extendió sus brazos hacia el peliplateado, pidiendo ser cargado. A él no le quedó más que concederle el gesto, pues en un par de horas debían estar juntos y no le dejaría hacer a su voluntad. Shippo aplaudió cuando lo tomó y Rin sonrió.

-¿A qué no se ven lindos? -preguntó de manera retórica. Se acercó a ellos y besó la mejilla de Shippo antes de hacer lo mismo con él-. Nos vemos, pórtate bien, Sesshomaru -indicó con gracia y movió su mano en señal de despedida.

Shippo agitó su mano con alegría.

-¡Adiós! -gritó hasta que vio a Rin desaparecer, después le miró sonriente-. ¡In!

-Rin -corrigió encaminándose al sofá de la sala.

-In -repitió Shippo-. In -volvió a intentar-. Lin.

-Es lo que más se parece -aceptó ubicándose en el asiento oscuro. Observó que Rin había dejado diferentes juguetes del menor, para que así pudiera entretenerse.

Colocó a Shippo en el suelo y le entregó un peluche de ¿un zorro? Bueno, había visto cosas más extrañas. El pequeño lo abrazó con fuerza y se lo devolvió.

-¿Qué hago con él? -se sintió estúpido preguntándole eso precisamente a un niño.

-¡Cuento! -manifestó el chiquillo alzándose en pies, tratando se subir al lugar que él ocupaba. Le facilitó el ascenso colocando sus manos bajo sus axilas-. ¡Cuento zowo y Sipo!

Buscó con la mirada qué leer y, junto a los demás juguetes, halló otro de los cuentos de Rin. El perrito serio. Inspirado en él.

Perfecto.

Lo del perro no le molestaba, sino que le tratara de blando en el interior pese a la fachada de persona fría. ¿Por qué dejó que aquel libro llegara a la luz? Todos los que sabían que Rin utilizaba un seudónimo le miraron inquisidores al escuchar el nombre del libro.

Que insulto a su persona.

Dejó a Shippo en el asiento y se levantó para buscar el dichoso cuento. Giró y se percató que el pequeño había desaparecido.

Debía recordar nunca darle la espalda a un niño que supiera caminar. Sus ojos dorados escanearon la habitación y sintió un dedo tocándole la pierna por detrás.

Rodó los ojos.

-¡Esconder! -Shippo sonrió mostrándole los pocos dientitos en su cavidad bucal.

-¿Y el cuento? -cuestionó mostrándole el libro. El castaño rió y negó.

"Ahora no quiere el cuento, que sandez", reflexionó.

-¡Zowo esconder! -el bebé alzó sus brazos con alegría y señaló tras de él. En efecto, el zorro había desaparecido. Sólo se giró unos segundos, ¿cómo podía moverse tan rápido un niño?

-Supongo que ahora debo de buscar el zorro -dijo en tono irónico que, por supuesto, el niño no sabía a reconocer. Shippo, en cambio, sonrió divertido y asintió.

-Sandeces -murmuró observando detalladamente el sitio donde había estado sentado. Caminó unos cuantos pasos por si el niño había ocultado el peluche a un costado del sillón oscuro, pero lo vio allí. Miró de reojo a Shippo y casi sonrió con orgullo, ya había recuperado el juguete.

Ni se molestó en preguntar qué había hecho con él.

-Sipo y zowo ganan -celebró el otro y tuvo que dejar escapar una diminuta risa, que pasó desapercibida para el menor, que se divertía moviendo al zorrito en el aire-. Tio Seomau piede.

Lo miró con ojos intrigados, ¿de dónde habría sacado aquella idea de que era su tío?

Rin.

No habría modo de hacerle cambiar de parecer.

-¡Galleta! -lo vio brincar divertido-. ¡Quielo galleta! -después señaló al empaque en la mesa, galletas con chispas de chocolate. Desperdiciaría un gusto suyo para ofrecérselo al niño. Extendió su mano izquierda y tomó las galletas, después le ofreció su mano derecha a Shippo, que se sostuvo fuertemente de él, llevando al peluche mientras avanzaban hacia la cocina.

Al llegar buscó el mejor sitio para que el niño se sentara y, no encontrándolo, decidió que sería preferible ubicarse en el asiento y cargarlo, lo que hizo tras buscar un plato liso.

-Aquí tienes tu galleta -expresó entregándole una en sus pequeñas manos. Shippo sonrió y la miró con ojos brillantes, luego la alzó para acercarla a su rostro-. Yo puedo agarrar una para mí -dijo y movió su brazo con aquella intención, pero el castaño negó.

-Come galleta -insistió acercándola a su boca. Ahogó un suspiro y la mordió-. ¿Galleta lica?

Asintió y finalmente Shippo decidió morderla. Dejó escapar una risita.

-Galleta lica, tio Seomau -manifestó el chiquillo dejando caer migajas a su pequeña camisa naranja.

El peliplateado optó por no decir nada y buscó su propia galleta.

-¿Tio Seomau gusta galleta? -preguntó Shippo.

-Sí.

-Sipo también.

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Después de asegurarse que la cocina quedara limpia, volvieron a la sala de estar, sin saber qué podría hacer a partir de ahora.

¿Cómo entretener a un niño de un año?

Ni siquiera podría ponerle a colorear.

Suspiró.

Tal vez podría darle algún uso al televisor, quizá la programación estaría para otra cosa que no fuera ver noticias y las películas de romance de Rin. Buscó el control remoto y la encendió, rápidamente marcó el canal para infantes.

Sin embargo, Shippo cubrió sus oídos.

-¡No! -exclamó negando. Apagó la pantalla.

-¿No te gusta? -quiso saber, preguntándose el porqué de la reacción del menor.

El castaño asintió.

-Sipo y tio Seomau -aseveró cruzándose de brazos.

Niño terco.

-¿Pretendes que pasemos todo este tiempo tú y yo solos? -inquirió de manera ridícula. Shippo frunció el ceño-. Olvídalo -masculló en voz baja-. ¿Qué quieres hacer?

Shippo volvió a sonreír.

-¡Cuento! -y tomó al peluche que había abandonado después de tener su primera galleta.

-¿Ahora si quieres el cuento?

-¡Sí!

-Bien -alcanzó el libro con la mano y Shippo se acercó a él hasta acomodarse en su regazo, colocando el peluche bajo su bracito-. El perrito serio -leyó la parte frontal del cuento-. Había una vez… -comenzó con voz monótona.

-No, voz gwaciosa como nana Kaede y Lin -pidió juntando sus labios en gesto de súplica mientras le dedicaba una mirada tímida.

No creía que se iba a dejar manipular por el menor.

-Había una vez un bonito perrito blanco llamado Fluffy, -empezó con voz animada, pero suave-, que vivía en lo alto de un castillo. Su mami estaba triste porque no sonreía… -continuó y prosiguió con la historia de un cachorro que siempre estaba enojado pero que encontró a una perrita que le hizo ensuciarse de lodo antes de volverse su amiga.

Esa imaginación vivaz de Rin.

-Y el perrito Fluffy y la perrita Florecita fueron felices para siempre -terminó y se percató que Shippo dormía sosteniéndose de su camisa azul.

Sonrió imperceptiblemente y cerró el libro.

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Rin admitía que Sesshomaru se enfadaría al saber que ya no trabajaría para él, pero ella quería dedicarse a sus preciadas flores. Hoy había finalizado los últimos toques para su establecimiento, que abriría lo más pronto posible.

No era la idea loca de un parque en la que su atracción principal fueran flores exóticas, pero apoyando en servicios de catering sería una manera de manifestar su amor por las coloridas plantas. Era increíble lo que podía hacer la paga de un año de Sesshomaru y los frutos de su trabajo como escritora.

Tener su negocio sería mera distracción para cuando no pudiera escribir, pero eso no significaba que no le gustara. Por el contrario, le encantaba, y así, en el futuro, podría estar contenta porque había hecho lo que le gustaba y tendría tiempo suficiente que dedicarle a sus posibles hijos o hijas. No tenía nada en contra de las madres que trabajaban, pero ella prefería ser una figura mayormente presente, porque lamentablemente sus padres no estuvieron con ella tras sus muertes y una parte suya pensaba que podría repetir su experiencia.

Sonrió negando.

A Sesshomaru le agradaría que cumpliera su sueño y, además, su sustituto sería perfecto para él. Jinenji era alguien agradable y trabajador, que también disfrutaría trabajando como el secretario en las sombras, y no como en asistente que daba la cara -puesto disfrutado por Jaken-; además, no se inmiscuiría en su vida privada, lo que Sesshomaru apreciaría.

Giró la llave del Penthousa envuelta en sus pensamientos y avanzó hasta llegar a la sala de estar. La escena le enterneció.

Sesshomaru sostenía a Shippo, mientras éste último dormía apacible. El peliplateado tenía sus ojos cerrados, pero ella era consciente de que estaba despierto.

-¿Ha sido molestoso cuidar a Shippo? -preguntó en susurros, colocándose junto al par en el sillón. Él negó antes de abrir sus ojos-. Te lo dije.

Permanecieron en silencio, mientras se escuchaban las respiraciones acompasadas del pequeño.

-Ya quedó todo listo para mi tienda -musitó momentos después-. Acompañaré a mi sustituto una semana y después dejaré de trabajar para ti.

Sesshomaru asintió.

-Lo intuía -dijo en voz baja, cuidando de no despertar a Shippo.

-¿Te molesta? -él sonrió de lado y negó.

-Esperaba que lo hicieras -aseguró mirándola-. Además, así no me distraeré en mi trabajo.

-¿Lo admites? -se inclinó acercando su rostro al de él-. Me alegra -depositó un beso en sus labios y abandonó su lugar para reunir los juguetes.

-Tendré que concentrarme al máximo para poder dejar tiempo libre en las tardes -agregó Sesshomaru levantándose con Shippo en brazos.

Rin sonrió, comprendiendo a lo que se refería.

Sólo Sesshomaru admitía así que tomaría su rol como padre en serio.


¡Hola!

Un atraso de siglos, pero aquí hay un OS tierno XD. Hay que agradecer a CruxMarie, porque ella fue quien sugirió la idea, espero que te haya agradado :)

¿Qué puedo decir del tiempo? Nada, excepto que hasta ahora he podido escribir la idea. Gracias a los que leen lo que escribo, o dejan reviews o agregan a favs/follows (me asombró ver el número)

Con respecto al fic, ya tengo establecido que serán 30, ¿por qué?, jajaj ni yo lo sé, escogí los títulos y me pareció que debo dejar espacio para todo lo que pretenda hacer en un futuro. En realidad tengo ideas, pero con universos distintos a los de como imanes. Llegando al 30 clasificaré la historia como complete, si después agrego más será caso especial :D

Es triste tener que cortarlo siendo poquito, mas esperaré seguir publicando en el fandom. No en fecha muy cercana porque debo habituarme a mi horario en la univ. (que, irónicamente, yo hice), pero habrá algo de mí de RinSess :3, hay muchas historias buenas en el fandom de cualquier forma por si (llegara a ser el caso) me extrañaran.

Así que, espero no retrasarme para la que tengo planeada después, y nos veremos por aquí :D

¡Cuídense mucho! Hagan ejercicio y coman frutas y verduras (y manténganse horas leyendo frente al computador *risa malvada*)

Un enorme abrazo,

HoeLittleDuck

PD: Realmente no recuerdo cuál fue la edad que pensé Shippo tenía en el OS de 'Bebé', pero aquí me guíe de mi pequeño vecino :D