Capítulo 2
…
Kyle miro por enésima vez a la estúpida enfermera, que por cierto, no sabía que carajos hacia ahí. Hace apenas doce minutos, la mujer frente a él le había dicho que el culón había perdido la memoria, en conclusión, algo normal comparado con las desventuras que tenían de pequeños ¿cierto? Entonces, ¿Por qué mierda no encontraba cómo reaccionar? Ni idea…
El punto aquí era que, aunque el culo gordo haya perdido la memoria, y por consecuencia no recordaba nada de lo que habían vivido ni el odio que le tiene, el marica del oficial, porque efectivamente, había visto claramente como le miraba el culo a un cardiólogo, aún quería que tomaran la estúpida terapia.
¿Había algo racional en todo esto? Claramente no
Suspiro mientras bajaba la mirada hacia el piso. Tal vez si su nombre no hubiera sido Kyle Broflovsky, no fuera pelirrojo ni judío, no viviera en una ciudad llena de personas extrañas y a la vez totalmente diferentes unas a las otras, y de las cuales por cierto dudaba seriamente que alguien tuviera una pizca de cerebro o al menos algo parecido, tal vez y solo tal vez, hubiera tenido una vida tranquila.
Porque, aceptémoslo, en South Park nada es normal, cotidiano o tranquilo.
—Aun no comprendo cómo me pude equivocar—murmuraba la enfermera mientras se paseaba por toda la sala de espera, poniéndole los nervios de punta al pelirrojo—.Si no tenía nada en la cabeza…
—En ciertas ocasiones no hace falta traspasar el cráneo, solamente tener un golpe en la cabeza es más que suficiente para que el afectado genere un problema de amnesia—dijo monótonamente el oficial McLovin, mientras leía atentamente una revista de chismes.
—Aun así, no puedo creer que me haya equivocado
—Yo no puedo creer que aun después de saber el historial de Cartman le crean tan fácilmente.—Espeto Kyle mientras se paraba de la silla donde estaba sentado con anterioridad.—Es obvio que el culón solamente juega con nosotros.—
—Señor, creo que debe de cuidar su vocabulario—dijo el doctor que los atendía, mientras tomaba su café. — ¡Oh mierda, maldita porquería está caliente!…—Kyle no pudo evitar rodar los ojos.
—Es una mentira, es obvio que el culón está fingiendo, ¡Sólo para romperme las bolas!—se sorprendió un poco por lo natural que salió la típica frase del gordo, pero recupero la compostura inmediatamente.
McLovin le miro con una sonrisa, mientras que el Doctor solamente el miro con condescendencia, casi con pena.
—Lamento decirte que tu amigo,
Kyle sintió que el poco alivio que le quedaba se desvanecía con rapidez. No estaba preparado para lo que el doctor le había dicho, y ni siquiera estaba seguro de querer estarlo algún día. No obstante, estaban ahí, sentados en la sala del hospital Paso al infierno sin hacer ningún ruido, sentados él y el más estúpido de los estúpidos: léase el Oficial McLovin, mientras una loca histérica repetía que no se pudo haber equivocado.
Maldito gusano. Pensó cuando deslumbro la más cínica sonrisa que jamás había visto en su vida, claramente en una persona que no era Eric Cartman, porque ese culón sí que sabía de sadismo y cinismo.
Sin quererlo, recordó todo lo que había pasado con aquella bola de grasa, y se dijo así mismo que era imposible que no recordar todo lo que había vivido con él por un estúpido golpee en la cabeza.
Un odio como el que se tenían, no podía ser olvidado de la noche a la mañana, ¿O sí? Se quería auto convencer, diciendo que era algo imposible. No obstante, estaban en ese momento escuchando algo que era totalmente imposible, o al menos para él.
—Ve el lado positivo, Broflovsky—dijo el maldito oficial, mientras sentía su mano golpear reconfortantemente su hombro—. No te sientas culpable por algo que claramente tú provocaste. Te recuerdo que tendrás que seguir las terapias aunque ese gordito no tenga memoria.
Frunció el ceño, pensando que ese sujetó estaba totalmente demente.
—Nunca me sentiré culpable por lo que le llegue a pasar al "culo gordo Cartman"— dijo con voz molesta.
Una vocecita en su cabeza le dijo que eso era una mentira, y antes de parpadear, se vio ahogando esa voz en lo más profundo de su cabeza. No quería sentir ese sentimiento tan molesto como lo era la culpa. Si, su moral no le permitía tener un simple gramo de cinismo. La culpa le estaba carcomiendo por dentro, como si fuera un fuego ardiente queriendo desgarrar su carne cerebral, quemando todo lo que tocaba y provocándole arrepentimiento total por culpa del gordo. Pero más que nada, estaba tratando de sentir cinismo, fallando estrepitosamente en el intento. Él no era Cartman, él era Kyle Broflovsky, la persona más racional de todo South Park. Y, para él, era imposible ahogar ese sentimiento tan contradictorio.
Al parecer, y muy a su pesar, el muy maldito de McLovin sabía exactamente lo que estaba sintiendo, y sabiendo eso, comenzó a mirarlo aún. Con culpabilidad tan falsa como el verano en el polo norte.
—En serio, Kyle. No querías que esto pase, no fue tu culpa. Lo que hiciste estuvo mal, y lo sabes, pero no querías que terminara con la vida que Eric llevaba... ¿O sí?
Abrió los ojos, sintiendo escozor en estos, provocado por la estúpida rabia que sentía en ese momento. Tal vez... Tal vez el si quería que pasara aquello. Tal vez si quería que llegara de una buena vez por toda la muerte de Cartman. Tal vez, y sólo tal vez, lo que había aprendido de Cartman se hubiera auto disparado sólo, causando que actuase como él.
Se asustó. Tuvo un estremecimiento violentó, que sorprendió a McLovin, soltando su hombro.
¿Qué tal si de repente se convertía en una bola de grasa nazista? ¿Y si mataba a sus padres por ser judíos? ¿Y si se mataba a si mismo por ser judío? No, no, no ¡Eso no podía pasar! Pero, ¿Y sí?
Gruño tomándose del ushanka verde que siempre llevaba en su cabeza. Maldición, pensó con un gruñido más fuerte. La culpa comenzaba a hacer estragos en su cerebro, cegándole la razón de nuevo. Oh demonios.
No podía permitir que de nuevo se adueñara de él un sentimiento así. Si tenía culpa, era porque estaba arrepentido, y si estaba arrepentido tendría que pedirle disculpas al culón. ¡Oh no, todo menos eso! Imploro mentalmente, tratando de que sus pensamientos se instalaran en cosas felices. Unicornios y florecitas, ¿Qué había más feliz y marica que eso? Oh claro, un panda-cerdo*, eso era lo mejor de todo el mundo.
Sin poderlo evitar, de nuevo los sentimientos de culpa le golpearon ferozmente. Concéntrate Kyle, concéntrate. Unicornios, patitos, mariconadas, pedirle perdón a Cartman por hacerlo olvidar la memoria…
De un momento a otro, salió disparado hacia la salida del hospital, tratando de serenarse a fuera. Cierto era que no tuvo tiempo de ver la reacción de McLovin, pero podía apostar su misma alma a Damien a que estaba sonriendo. Oh sí, el muy imbécil seguramente se había tirado al piso a reírse a estruendosas carcajadas.
Se acercó a un carro de policía, seguramente del imbécil de sonrisa babosa, y se detuvo mirándole con odio… comenzó a patearlo.
—Maldito… McLovin… Maldito culón… maldito coche… maldito chicle que pise en la entrada del hospital…—decía a palabras entrecortadas, pues estaba jadeando de la fuerza que aplicaba a cada patada, esperando dejarle una abolladura muy fea al coche.
No era su culpa. ¿Cómo debía de reaccionar al saber que tu peor enemigo está sin recuerdos por tu culpa, y que aun así van a hacer una terapia de grupo tan imbécil? ¿Cómo?
Escucho los pasos apresurados de alguien, para después ser empujado sin consideración contra la acera. Se incorporó dispuesto a reclamar cuando vio las lágrimas del oficial hawaiano.
—Gertrudis…—lloro mirando su auto, que por cierto esta abollado en la puerta del copiloto. Se arrodillo al lado de la abolladura—¡¿Por qué tuvo que ser ella?! ¡¿Por qué no me llevaste a mí?! El último momento que pasamos juntos… metí un judío en ella… ¡Gertrudis! ¡Soy de lo peor!
Kyle solamente podía ver como el último pedazo de orgullo que le quedaba a ese oficial, caía hacia el suelo con esa humillante escena. Porque, sinceramente, él no podía estar orgulloso de tener el cuerpo de un mondadientes y una gorra que diga "#SoyGrandioso" en la visera. Además de tener 30 años y seguir soltero, viviendo con su madre. ¿Qué si como lo sabía? Bueno, digamos que a McLovin se le había caído su identificación en el asiento del auto.
La enfermera Jennifer salió por la puerta del hospital, siendo seguida por… Cartman.
Se le congelaron todos los músculos del cuerpo, mientras veía como el más homofóbico, nazista, racista, xenófobo y culón de South Park, le saludaba con un ademan.
Oh sí. Oficialmente su vida se había ido a la mierda.
Nini: Sé que es muy corta. Demasiado. Pero debía cortarle ahí para que el próximo tenga sentido. Y efectivamente, Cartman perdió la memoria. Cruel lo sé, considerando que medio pueblo le odia y el no sabrá ni porque. McLovin es un asco de persona al hacer sentir mal a Kyle, en el buen sentido claro. Jennifer hace su última aparición en este capítulo ¡Wii!
Marc: En el siguiente se explica la terapia de grupo, o pareja en este caso, y se mostrara el primer intento de llevarla a cabo. Esperemos que les haya gustado, pues la escribimos en el celular y no se nos ocurría nada. Agradecemos a los que dejaron Reviews, al igual que a los que nos pusieron en followers y favoritos! Son los mejores!
Nos leemos luego.
Reviews?
