En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?
Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.
Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.
Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.
Summary: Lo importante era que ya era una mujer casada, que disfrutaba de sus primeros días con ese estatus.
Desapercibido
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Al final lo habían hecho.
La idea surgió tan de repente, fue tan… inesperada, que ella la reveló a la mitad de una cena y rió tras decirla, recibiendo una mirada asombrada de parte de Sesshomaru.
¿Realmente era un sueño para todas las mujeres hacer una boda a lo grande?
Rin no podía decidir por ellas, pero se encontraba satisfecha con el resultado de su decisión. Después de todo, lo importante era la unión con su ahora esposo, no la celebración en sí. Admitía que le invadió un miedo al pensar en el acontecimiento, rodeada de demasiados invitados a los que no conocía o importaba en lo absoluto, que sólo hubieran ido a presenciar quién era la novia del GRAN Sesshomaru Takahashi (y a dar el dinero acostumbrado, claro).
Simplemente, haberse casado en el ayuntamiento fue la mejor decisión a la que pudieron haber llegado ella y Sesshomaru.
Le agradaban las tradiciones y las bodas que las seguían, pero nunca había seguido del todo el esquema de su cultura, vergonzosamente.
A todos sus conocidos cercanos les había parecido adecuada y predecible la manera en que se casaron -por supuesto, había que obviar a su suegra, que pudo haber sufrido un infarto por la conmoción al recibir el anuncio de parte de ella-.
Lo importante era que ya era una mujer casada, que disfrutaba de sus primeros días con ese estatus.
Sonrió y cogió el sombrero para combatir el sol de verano en Grecia, sitio al que habían ido con la plena intención de descansar y disfrutar tiempo para sí solos, sin estar rodeados de conocidos que le atosigarían con la búsqueda de respuestas o imposición de responsabilidades que serían difícil de evitar. Sorprendentemente, Sesshomaru había estado de acuerdo con la idea de volar al viejo continente para tener dos semanas apartados de su ambiente natural, aceptando que alguien más podía trabajar ocupando su lugar en la empresa -lo admirable estaba en que dicho encargado era Inuyasha-.
Eliminó invisibles arrugas en su vestido floreado antes de apartarse frente del espejo y avanzar con sigilo al sillón donde Sesshomaru permanecía sentado leyendo una guía turística del país que era la cuna de la civilización occidental. La elección no fue romántica ni nada por el estilo, sino que era un territorio interesante, por extraño de admitir para un oriental. Era tan distinto a su país, agradable.
Y les permitía escabullirse entre los muchos turistas que allí arribaban.
Se colocó en el regazo del peliplateado y él apartó su brazo para que pudiera apoyarse sobre su pecho, donde descansó su cabeza, sintiendo bajo su oído la respiración y los latidos de Sesshomaru. Además, aspiró y recibió el olor a sándalo y romero que lo caracterizaba. Apartó su mirada de la camisa y la fijó en la página del pequeño libro que él sujetaba con su mano izquierda. Estaba escrito en inglés y mostraba la información más relevante sobre el vasto territorio conformado principalmente por islas.
Suspiró con desilusión, era tanto por visitar y muy poco tiempo el disponible.
Señaló una imagen donde se apreciaban edificios pues, de piedra, como los otros. Su dedo índice delineó la construcción con lentitud; se apreciaban las columnas altas y lo ruinoso de la parte superior de la edificación, que parecía se caería. La imagen se encontraba en el apartado de la "Acrópolis de Atenas" y rezaba bajo ella su nombre.
-Conque el famoso Partenón -anunció leyendo la descripción del templo erigido para la diosa Atenea, que se conservaba después de siglos de su construcción. Se movió con la pequeña risa que Sesshomaru dejó escapar.
-Te comportas como una niña pequeña -Rin sonrió al oír las palabras, carentes de burla; más bien inundadas en apreciación. La mano de Sesshomaru reposaba en su muslo derecho, repartiendo una leve caricia a la que estaba habituada-. ¿No necesitas hacer otra cosa?
-No -irguió su cuerpo y depositó un beso en el mentón de Sesshomaru-. No quiero que nos atrasemos, quiero recorrer todos los lugares posibles -completó y abandonó su sitio en su regazo, colocándose el sombrero de manera que se sintiera cómoda con él.
-Terminarás exhausta al final del día -rió ante la insinuación de lo que habría después de su arribo a la habitación, durante la noche. Buscó el bolso liviano que preparó para ella, Sesshomaru colocó su mano tras su espalda, guiándole hacia la salida. Salieron de la habitación precisando encontrar al guía en la recepción del hotel.
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Su pie, enfundado en un calzado cómodo, se ubicó sobre la roca del camino y, después de estabilizarse, observó a su alrededor. Se encontraban en la cima y con asombro podía apreciar el panorama frente a sus ojos.
Si bajaba la mirada, veía la arboleda que rodeaba la parte baja de la "Acrópolis", entre la cual se apreciaban las primeras piedras que erigían la ciudad más importante de la antigua Grecia. Era increíble la forma en que trabajaron en el pasado, donde se idearon estrategias para poder construir magníficas edificaciones, que habían soportado largo tiempo pese a las inclemencias del tiempo. Su vista ascendió y dio un giro de 360°, veía todos los sitios que aparecían en la guía, lo que fue un enorme teatro al aire libre, donde miles de espectadores apreciaron las representaciones de las obras de autores que destacaban en la historia; se imaginó a los actores interpretando a personajes trágicos sobre la plataforma y a un público entusiasmado por conocer el desenlace de la historia, escuchando las palabras finales de los hombres y formando parte de la escena relatada.
Leyó la guía y recordó que su nombre era "Teatro de Dionisio".
Alzó su mano para colocarla en la columna a su costado, el "Partenón" se imponía sobre su cabeza, con una altura que provocaba temor ante la posibilidad que un temblor acaeciera y lo derrumbara. La yema de sus dedos sintió la textura endurecida del mármol bajo ellos, bufó al percatarse de lo rápido que se empolvaron. No podía verlo en ese momento, pero pensó en lo que habría sido, incluso, diseñar la parte superior y sus esquinas, esculpidas en relieves con diferentes escenas de la mitología griega.
Con un pañuelo eliminó la leve sudoración en su rostro y se preparó mentalmente para el descenso; ella, a diferencia de Sesshomaru, no tenía una condición física envidiable, y necesitaba la suficiente preparación mental para concluir la visita.
Además, comenzaba a sentirse hambrienta y requería aquellas fuerzas para continuar la visita a otros sitios sobresalientes en Atenas. Serían tres días de ver piedras, luego recorrerían los barrios y después disfrutarían una semana en las playas de Corfú.
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Rin se preguntó si la decisión de no hacer una ceremonia de boda estaba repercutiendo en ella. Era domingo, cuatro días después de visitar la "Acrópolis", y la temperatura de su cuerpo estaba más alta de lo normal, exigiéndole no abandonar la comodidad de la cama.
¡Era un castigo de los dioses!
Aunque puede que Sesshomaru estuviera en lo cierto, se había extralimitado con los recorridos en la ciudad y su organismo estaba reclamando y tratando de recuperarse. Era injusto, ella sufriendo de temperatura cuando podría haber estado preparándose para la partida a la playa. El propósito del descanso y disfrute no era permanecer en cama todo el día, enferma, no y no.
El colchón se hundió a su lado y, con esfuerzo, abrió sus ojos en la penumbra de la habitación. Sesshomaru apoyó el dorso de su mano en su frente y después colocó una tela húmeda, que le ocasionó un escalofrío. Envolvió más las sábanas alrededor de sí, no encontraba una explicación plausible. Se sentía frustrada.
Extrajo sus brazos y rodeó el cuerpo de Sesshomaru, que posó su brazo en su hombro para comenzar a hacer pequeños círculos sobre él, que le adormecieron.
Había dicho que si tenía temperatura por tres días, localizarían un médico.
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Cepilló su cabellera negra después del baño que se había dado, sentía los estragos de permanecer dos días en cama, lo cual explicaba la lentitud con la que pasaba el peine sobre las hebras de su cabello. Pensó detenidamente lo extraño de su fiebre, no queriendo llegar hasta una conclusión extrema, enunciando algún virus contraído en el país.
Tal vez el jet lag había actuado de una forma distinta, lo más alejada que había estado de Japón era China. No obstante, la diferencia de horario no era demasiada.
Alargó su mano y cogió el secador de cabello, lo encendió y el aire caliente le envolvió como una ráfaga.
No creía posible que de un momento a otro hubiera recuperado su buena condición de salud. Era un alivio que Sesshomaru saliera a buscar al médico para que le revisara; le incomodaba pensar en ser atendida por un profesional que tal vez tendría métodos muy distintos a los de su país -no lo sabía-, pero había que descartar algún padecimiento. Apagó el secador antes de dejarlo sobre el mueble de madera frente a ella.
El ruido de la puerta al abrirse le distrajo de sus pensamientos, era Sesshomaru acompañado de una mujer de aproximadamente cincuenta o sesenta años, de cabellos grisáceos y sonrisa afable, que cargaba un maletín negro en su mano izquierda.
Le sonrió de vuelta a la mujer, había asumido que sería un hombre.
La mujer se presentó como la doctora Gianakopoulos y procedió a hacerle unas cuantas preguntas antes de pedirle que se recostara en la cama.
Sesshomaru se ubicó en la esquina de la habitación mientras permanecía en silencio.
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Rin repetía en su cabeza la conversación mantenida con la doctora cuando Sesshomaru salió brevemente del dormitorio, en busca de un ayudante de hotel (habían decidido no alojarse en uno opulento). Se hallaba en un estado de desconcierto, no podía creerlo y, sin embargo, tenía que hacerlo.
Parpadeó y observó su reflejo en el espejo, pronto cambiaría y…
-¿Qué ocurre? -preguntó Sesshomaru acercándose a ella, ni siquiera se había percatado cuándo había vuelto de despedir a la doctora. Rin se giró y lo encaró, él frunció el ceño al ver sus ojos humedecidos-. ¿Rin? -su voz salió en un susurro.
Rin extendió sus brazos y envolvió el cuerpo de su esposo, él devolvió el gesto e inclinó su cabeza.
-¿Qué… -comenzó a decir en su oído y el cosquilleo provocó una pequeña risa, que lo desconcertó-. ¿Ha dicho…
Ella se separó y se colocó en puntas para depositar un breve beso en sus labios.
-Estoy bien, perfectamente, es sólo que… -sonrió ampliamente-. Estamos esperando un bebé.
Anunciarlo en voz alta causó que pareciera más real y comprendiera la magnitud de las palabras. No sabía en qué día se habían descuidado, pero ambos habían deseado tenerlos en el transcurso del próximo año.
Sesshomaru sonrió y plantó un beso en su frente antes de enfocarse en sus labios.
¡Hola!
Me reporto con la cabeza inclinada ;)
¿Cómo están?
Bueno, y dirán, ¿dónde quedó la boda? Jajaj seguramente tendrán esa expresión de 'me engañaste, sucia' xD, el hecho fue que, nada de lo que hacía me gustó, pese a que busqué los medios para hacerla. Luego me dije que nada de lo que he publicado sigue la cultura japonesa, así que por eso lo escribí así. Es de hoy mismo, de mi diminuto tiempo libre, y puedo jurar que es el más unido a otros (los próximos dos).
Sobre el país, primero pensé en Francia y dije, ¡nah!, luego fue la bella Italia, y también lo descarté, quería que fuera occidental, pero ¡no iba a ser EU!, lo triste era que a ningún lugar le iba a hacer justicia, por lo que quedó Grecia, del que sabía un poco más que los otros... y que contrastaba con Japón, ¡caray! Que dilema :'D
