(La historia no me pertenece es propiedad de Kelly Oram y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 4.

El lunes por la tarde, Ángela se paso una buena hora sentada en el porche de Terry, coqueteando con él sobre sodas. Admitiré que los observé, pero no porque estuviese espiando a Terry. Simplemente encontré divertido ver a Ángela fallar miserablemente sus intentos de enganchar al chico ardiente –y, no obstante, espeluznante- del otro lado de la calle.

Terry parecía disfrutar de su compañía lo suficiente, pero no actuaba con ella de la misma forma en la que lo hacia conmigo. Hablaba, sonreía, reía, pero no la tocaba o retenía. De hecho, desde donde yo lo veía casi parecía una personal normal. Casi.

Justo cuando consideraba la posibilidad de que tal vez había reaccionado exageradamente a él, Ángela fue raptada por un grupo de sus amigas. Me di cuenta que invito a Terry a unírseles, pero él alzo la vista hacia la ventana de mi habitación y luego la rechazo. Saludo mientras el coche en el que Ángela había saltado se iba, y al segundo de estar fuera de vista se dirigió hacia mi casa.

Mi corazón se acelero mientras corría escaleras abajo. Me dije otra vez que exageraba y que él era normal, pero por alguna razón seguía dudando en abrir la puerta cuando sonó el timbre. Me quede allí debatiéndome, mi mano a punto de girar el pomo, cuando su sedosa voz me llamo.

-Can-dy –canturreó-. ¡Sal, sal, dondequiera que estés! El gato está finalmente fuera. Tiempo del ratón para salir a jugar.

En lugar de abrir la puerta, tan lenta y silenciosamente como pude, la bloqueé. Luego me arrastre de vuelta a mi habitación con la esperanza de echarle un vistazo a su rostro cuando volviese a casa. Me asome entre las sombras y espere a que cruzase la calle, pero en su lugar, una sombra oscura apareció frente a mi ventana. Salte hacia atrás y me aplaste contra la pared justo cuando Terry toco.

-Candy –llamo, sin el canturreo alegre esta vez-. Vamos, sé que estás ahí. También sé que tienes debilidad por el helado. Sal conmigo e iremos a Dairy Queen. Yo invito.

Mi boca se hizo agua al pensar en el Heath Blizzard y estuve a punto de abrir mi ventana. Pero… ¿Cómo sabia de mi adicción al helado?

-Al menos dime que encontraste mi nota.

¿Nota? ¿Qué nota?

Terry suspiro y luego, como si leyese mis pensamientos, dijo-: Mira las puntuaciones más altas de Skateboard Pro 2000.

Por supuesto que lo comprobé. ¿Cómo no iba a hacerlo?

Estaba sin duda aliviada cuando vi mi puntuación todavía en la parte superior de la lista, pero la siguiente estaba tan sólo un punto por debajo y las otras ocho con un punto menos que la anterior. Tan desconcertada como estaba por la imposibilidad de las puntuaciones, me sorprendí incluso más por los nombres que clamaban o palabras, más bien. Los diez primeros nombres de las altas puntuaciones formaban.

Candy

Eres

La

Única

Razón

Por la que

No

Odio

Vivir

Aquí

Parpadeé. Releí el mensaje y luego tuve que sentarme. Era lo más lindo que alguien me había dicho jamás, y sin duda lo más parecido a un gesto romántico que haba recibido nunca. Podía sentir el rubor en mis mejillas, pero mientras mi corazón latía con fuerza mi cerebro sólo procesaba miedo. ¿Cómo lo había hecho? ¿Y cuando? Esos resultados habían sido normales la última vez que jugué a este juego, y eso fue después del día en el que me levante para encontrarlo en mi habitación.

-¿Candy?

Sobresaltada, retrocedí hacia mi cama, me senté, y esperé. Después de un minuto más, escuche a Terry levantarse e irse. Me asome por la ventana y le observe descender el gran árbol junto a mi casa.

Regreso a la suya y mientras caminaba junto al saco de boxeo de su garaje le propino un enojado swing. Empezó a entrar y luego se giro y golpeo de nuevo a la cosa con la otra mano. Luego, repentinamente, golpeaba el saco con golpes sanguinolentos. Lo golpeo durante unos buenos cinco minutos con puñetazos tan rápidos que juro que ni siquiera pude ver la mitad de ellos. Cuando finalmente se detuvo para recobrar el aliento, sacudió la mano y examino sus nudillos. Después de eso, con una última mirada en mi dirección, desapareció dentro de su casa.

Al día siguiente fui al parque para conseguir entrar en un juego de mejora y me di cuenta de que Terry me miraba desde la distancia. Después de eso, pasé el resto de la semana en mi habitación, volviéndome loca. Me encontraba acostada en mi cama leyendo un comic de Spiderman cuando oí un coche en marcha. Sonaba demasiado bien para ser cualquiera de las minivans de mis vecinos. Mire por la ventana justo a tiempo a ver a Terry alejarse en su BMW.

No perdí ni un segundo de esta oportunidad. Abrí mi ventana, influenciada por la música, y me puse los patines. Saque mi red de hockey y acababa de lanzar la primera bola a través de ella cuando una voz detrás de mí dijo-: Sabía que me evitabas.

Me sorprendió tanto que casi me caí de culo. -¿Dónde…? –Mi voz traqueteo mientras buscaba el BMW que nunca escuche regresar.

-Di la vuelta en la esquina y aparque –dijo Terry, comprendiendo exactamente por qué lucia confundida-. Supe que ni saldrías a menos que pensaras que me había ido.

Trate de no ruborizarme. No estaba segura de cómo de bien funciono. –No te evito –dije. Mentía entre dientes por supuesto. Baje la vista y lancé otra bola a la red.

-No estoy enojado contigo, ya sabes –dijo Terry.

-¿Enojado conmigo? –pregunté, sorprendida-. ¿Por qué lo estarías?

-Oh, veamos. Me llamaste gay. Me pisaste el pie. ¿Y estás evitándome sin ninguna razón?

-Te merecías lo del pie, y no te llame gay –dije, pero mis mejillas ardían de nuevo-. Te llamé guapo.

-Todavía sigues evitándome.

-No lo hago.

Terry claramente no me creía.

-Me incomodas –solté antes de que pudiera detenerme.

-Por la intensa atracción entre nosotros –dijo Terry, cien por cien en serio-. Es natural.

Mi boca cayó abierta.

-Te acostumbrarías si dejaras de evitarme.

Terry se acerco, y mi respiración se corto.

-No me siento atraída… -me detuve. Me daba esa mirada otra vez, no creyendo ni una palabra de lo que decía.

Si trataba de hacerme enojar, funciono. Lo empuje hacia atrás y lance otra bola a la red. Terry observo con el ceño fruncido. -¿No se supone que deberías estar usando un disco?

-Sólo cuando estás en el hielo –explique. No pude evitar mis ojos en blanco. Aparentemente tenía razón sobre lo de no tener ningún juego-. Pero un disco no se deslizaría por el asfalto exactamente. En Street-hockey usamos estas. –Golpeé la última bola de goma naranja y voló directamente hacia el centro de la red.

-Enséñame cómo jugar –dijo Terry repentinamente.

-¿Tú? –pregunte dudosamente. Lo mire de nuevo. Incluso ahora se veía limpio su pelo con estilo, sin una arruga en la ropa-. ¿Quieres aprender a jugar al hockey?

Terry se encogió de hombros. –Parece un requisito previo para hacer amigos por aquí.

-Ángela y sus amigos no juegan.

Terry sonrió. –Enséñame a jugar –dijo de nuevo.

-No lo creo.

-Hare que valga la pena –dijo Terry-. Podríamos hacer un trato.

-¿Qué quieres decir?

-Un trato comercial. Me enseñas a jugar al hockey y yo te enseño algo a cambio.

No quería saber lo que quiso decir con eso, pero las palabras salieron de mi boca antes de que pudiera detenerlas. -¿Enseñarme qué?

La sonrisa maliciosa que cruzo por su rostro confirmo mis sospechas. –Se me ocurren un millón de cosas que me gustaría enseñarte –dijo en esa peligrosa y suave voz suya.

Alzo la mano y metió un mechón d pelo salvaje detrás de mi oreja. Temblé bajo sus dedos. Parecía satisfecho de haberme hecho estremecer y una punzada de miedo regreso a mi pecho.

-No estoy interesada en aprender lo que sea que tienes que enseñarme.

-¿Qué tal autodefensa?

A pesar de que la idea de formación de autodefensa parecía maravillosa –especialmente ahora con Terry viviendo al cruzar la calle-, estaba segura de que incluía una gran cantidad de contacto físico. No era algo en lo que estuviera particularmente interesada en hacer con él.

-No soy tu cobarde chica promedio. Puedo cuidar de mi misma –dije y entonces patine lejos de él.

Recogí rápidamente las bolas que disparé y mientras iba a por la red fui arrancada de mis pies. Terry me agarraba tan fuertemente que casi me dejo sin aire. Di un grito y luego empecé a gritar-: ¿Qué haces? ¡Suéltame!

Luche tan duro como pude, pero tenía mis pies fuera del suelo y mis brazos bloqueados en los costados. A diferencia de la última vez que me sostuvo, sus músculos no se sentían suaves. Su cuerpo parecía acero contra el mío y no podía liberarme de la jaula que sus brazos crearon.

-¡Suéltame! –grite de nuevo.

-Cálmate, Candy –susurro Terry en mi oído-. Sólo trato de mostrarte algo.

-¿Qué eres, un psicópata? –chillé-. ¡Ya me lo había figurado!

Pateé mis piernas hacia atrás, pero no parecía tener ningún efecto en sus espinillas, ni siquiera con el peso añadido de los patines.

La boca de Terry era suave en mi oído pero su control no cedió ni un milímetro. –Eres tan tentadora.

Sus labios se presionaron contra mi cuello en el más pequeño de los besos. La piel de gallina que se levanto en mi piel me enfureció. -¡Basta! –demande, echando la cabeza hacia atrás-. ¡Quita tus espeluznantes y pervertidos labios de mí!

Me intento de cabezazo falló y Terry susurro en mi oído de nuevo-: Mírate ahora. Podría hacerte lo que quisiera, y no podrás detenerme. –Besó mi cuello de nuevo sólo para demostrar su punto-. ¿Te gusta sentirte indefensa?

Realmente no. Me sentía más asustada de lo que jamás recordaba haber estado. Tan aterrada que el agua brotaba de mis ojos. Y. Yo. No. Lloraba.

-Deja que te enseñe cómo defenderte a ti misma –dijo Terry.

-¡Bájame! –demande, horrorizada cuando mi voz se quebró.

Me soltó entonces, y me empuje fuertemente tan lejos de él como pude. Parpadeé lejos de la humedad en mis ojos antes de que se convirtiera en lágrimas reales. De ninguna manera dejaría que viera lo mucho que me asustó.

-¡Estás loco!

-Sólo trataba de probar un punto. Me necesitas, Candy.

-¡Aléjate de mi, monstruo!

Una mirada de ira cruzo el rostro de Terry, pero no perdió la calma. Abrió la boca para decir algo, pero Ángela salió por la puerta delantera. –Candy, ¿Por qué gritas? ¡Oh, hola, Terry! ¿Listo para irnos?

¿Irnos? Estaba confundida.

Terry me disparo una mirada que no supe interpretar. Entonces, como un interruptor de luz, se encendió con una brillante sonrisa para mi hermana. –Estoy listo cuando lo estés. Y debo añadir, luces particularmente deslumbrante esta tarde.

Terry tomo la mano de Ángela y la beso. Habría protestado por el brutal coqueteo ocurriendo ante mis ojos salvo que Terry nunca actuó así con Ángela antes. Su extraño y repentino comportamiento hacia mi hermana me dio escalofríos.

-Entonces, ¿Cómo de lejos está ese lugar? –pregunto Terry. Después de otra rápida mirada en mi dirección, añadió-: Espero que sea lejos. Tengo muchas ganas de tenerte para mi un rato.

Ángela apenas podía hilar una oración junta, estaba tan extasiada. –De hecho, está a casi dos horas de distancia.

-¿Eso es todo? Bueno, puede que tomemos un desvió… perdernos por el camino.

En este punto, si Terry querría atacar a Ángela, probablemente ella lo querría también. No tenia idea de que se encontraba secretamente trastornado. Podría odiar a mi hermana, pero no estaba dispuesta a permitir que algún psicópata la tuviese.

Observe a Terry abrir la puerta del coche de mi padre y ayudar a Ángela con el asiento del conductor. Después de cerrar la puerta por ella, pasó por delante de mi con un guiño. –Disfruta de tu día, Candy –dijo con una señal de peligro en su voz-. Sin duda voy a disfrutar del mío.

Terry abrió la puerta del pasajero y antes de que se deslizara en el lugar ya estaba en el asiento trasero abrochándome el cinturón de seguridad. Ambos dieron vuelta al mismo tiempo para mirarme. Ángela lo hizo incrédulamente pero Terry sonreía como si acabara de conseguir lo que quería. Me sentía más allá de asustada, pero no confiaba en él a solas con mi hermana, así que no tenia otra opción.

-¿Qué crees que estás haciendo? –pregunto finalmente Ángela, rompiendo mi partido de miradas con Terry.

-Ir.

-No lo creo.

Gire mi furia contra mi hermana. –Intenta detenerme.

Ángela no sabía como responder. Creo que se sorprendió más por el hecho de que no querría salir con ella que horrorizada por la idea de tener que traerme. Sus ojos se estrecharon cuando me miro y luego resoplo-: Bueno, no vas a venir así.

-¿Así cómo?

-Es una fiesta en el Lago y vas en vaqueros raídos y un jersey holgado.

-¿tu punto?

-¿Fiesta en el Lago? Se supone que tienes que llevar traje de baño.

-Cáscaras. Ni siquiera tengo traje de baño.

Terry se rio y le mire tan groseramente que en realidad alzó las manos a modo de disculpa y borro la sonrisa de su cara.

-Está bien –dijo Ángela, suspirando-. Terry, volveremos en cinco minutos.

Ángela me saco del coche y subimos a su habitación. –Tienes suerte de que seamos casi del mismo tamaño. –Me tiro uno verde de tela-. Este será probablemente un poco demasiado pequeño para ti, pero lo suficientemente cerca como para trabajar a tu favor.

No tenia ni idea de que hablaba. -¿Qué es? –pregunte mirando el bulto en mi mano.

-Un traje de baño. Idiota.

Separe las dos pequeñas piezas. -¿Dónde está el resto?

-Sólo póntelo –se mofo Ángela. Luego me lanzo los mas pequeños shorts que había visto jamás y una camiseta de tirantes-. Puedes ponerte eso por encima. Y ve a buscar tus chanclas de pies-grandes. No puedes ir al lago en Dickies.

-No voy a ponerme…

-Dos minutos o nos vamos –dijo Ángela y luego se fue a unírsele a Terry en el coche.

Conocía a mi hermana. Sabia que se iría justo como había dicho, y parte de mi quería realmente dejarla hacerlo. Pero luego recordé la forma en la que Terry había usado la palabra arrebatada mientras la miraba.

Con un suspiro, me puse un bikini por primera ve en mi vida. De repente, me sentí agradecida por los shorts y la camiseta, incluso si estaban destinados a adaptarse a una Barbie.

No me miré en el espejo al salir de casa –era mejor no saberlo. Pero podía imaginar cómo de ridícula lucia cuando Terry se rio en voz baja mientras me metía en el coche. -¡Oh, páralo, supermodelo! –espeté.

Terry estallo a carcajadas, y pude oír a Ángela murmurando algo para si misma mientras salíamos de la calzada. Esta seria una noche de mierda.

Continuara…

Hola!

Bueno primero que nada me da gusto que les haya agradado la historia, no había tenido la oportunidad de leer bien sus reviews así que me sorprendió bastante sobre lo que pensaban de la historia.

Recientemente una chica me había mandado un review donde me preguntaba si yo era fanática de los asesinos, ya que recientemente también adapte una historia en la cual Candy también tomaba el papel de una asesina.

A mi por lo regular me encantan este tipo de historias y está es una de las que más me gusto xD.

Saludos a…

Iris, Celia, gadamigrandchest, LizCarter, Laura GrandChester, Edeny Grandchester, eri, Eva Grandchester, rose granchester, Noemi Cullen y anaalondra28.

Espero que siga siendo de su agrado en los siguientes capítulos.

Saludos.