En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?
Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.
Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.
Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.
Summary: Se quedaba sin palabras, la sensación era indescriptible. Sentía felicidad, no, más que eso, si es que podían existir emociones para clasificar un momento así.
Una nueva etapa
.
De vuelta a Japón, el médico de Rin confirmó el diagnóstico.
Lo que no esperaba era que estuviera en la séptima u octava semana, lo que significaba que fue el día que saltaron del avión. Le pareció que Sesshomaru igualmente lo recordó, porque creyó apreciar que la comisura de su boca se alzaba levemente.
Claro que, al parpadear, ya había desaparecido.
Resolvió que ambos estuvieron conmocionados después de la adrenalina del día, se encogió de hombros y siguió la línea de conversación en que iba la doctora Momiji, preguntándoles sobre el historial familiar, en busca de posibles enfermedades genéticas que pudieran desarrollarse en el bebé. Desafortunadamente, poco sabía ella acerca del tema, fuera de los conocimientos personales.
-¿Lleva a cabo alguna actividad física? -cuestionó la doctora en tono profesional, recabando información sobre su estilo de vida. Asintió.
-Diariamente camino media hora -apartó un mechón de cabello de su cara y la banda de oro brilló en su dedo. Bajó la mano para colocarla en su regazo, era un tanto extraño para ella acostumbrarse a la vista del objeto; en su tienda, algunas de las jovencitas le felicitaban, recordándola de la vez que su suegra difundió la noticia de su entonces próxima unión.
-¿Podrías ubicarte en la camilla? -realizó un asentimiento y se levantó de su asiento acojinado para encaminarse a la camilla en la pared izquierda del consultorio, junto a una máquina que sabía era para hacer ecografías. La tela que cubría la superficie acolchonada era de una tonalidad blanca con pequeños dibujos animados, contrastando el material médico acostumbrado en los establecimientos del área de salud.
Ascendió con ayuda de una pequeña escalerita y permaneció sentada, la doctora se aproximó llevando en su mano el aparato con que medía su presión.
Rin alzó su brazo para introducirlo en el orificio del tensiómetro y, después de que fuera asegurado, comenzó a sentir los espasmos por la presión producida en su brazo. Suponía que debía acostumbrarse a ellos en los siguientes meses.
-Ahora, ¿lista para la primera ecografía? -formó una sonrisa con la pregunta planteada y asintió, recostándose con la indicación de la doctora. Miró a Sesshomaru y le dio a entender que podía acercarse, era muy importante que formara parte desde el comienzo.
El peliplateado se acercó caminando de manera segura, aunque en sus ojos dorados pudo percibir el interés que tenía en el suceso a continuación. Sonrió e hizo descender una parte de su falda, luego observó cuando la doctora colocó el gel sobre su plano vientre y tomó el transductor.
De pronto, sintió una presión en la zona que le llevó a hacer un leve gesto de molestia, no era doloroso, sino extraño. Desvió la mirada de la doctora haciendo su trabajo y la enfocó en la pantalla oscura con leves manchas grisáceas.
Sin embargo, otra cosa la distrajo, era el sonido de un golpe constante. Miró a la doctora y ella les sonrió.
-Ese es el corazón de su bebé -llevó una mano a su boca y una lágrima escapó de su ojo-, late así de rápido al comienzo pero, conforme se desarrolle, el ritmo se normalizará. No hay de qué preocuparse.
Asintió sin escuchar completamente las palabras. Era maravilloso, su bebé, estaba allí, dentro de ella, formándose. Tenía un corazón…
Se quedaba sin palabras, la sensación era indescriptible. Sentía felicidad, no, más que eso, si es que podían existir emociones para clasificar un momento así.
La mano cálida de Sesshomaru se apoyó en su mejilla y apartó una lágrima, para después acariciar el sitio con infinita ternura. Giró su rostro y percibió en él un estado de euforia que, aunque no era expresado con el júbilo que lo caracterizaba, era una respuesta emocional muy inmensa para el peliplateado.
Le sonrió alegre y volvió su atención al escuchar a la doctora.
-Aquí estás, pequeñín -observaba la pantalla tratando de encontrar lo que la otra veía. La mujer señaló un pequeño punto de un color mínimamente distinto al fondo, unido a lo que parecía una franja delgada-. Este pequeño círculo es su hijo o hija, señores Takahashi.
Enfocó sus ojos y pensó en lo pequeñito que era, debía medir poco más que un grano de arroz y en siete meses tendría un tamaño de aproximadamente una sandía. Debía de cuidarse, protegerlo, buscar que nada lo dañara. Se aseguraría que su bebé estuviera bien dentro de ella y también cuando llegara a sus brazos.
Le ofreció su mano a Sesshomaru, estaban comenzando a formar su familia.
La pelinegra llegó hasta el sillón de la sala y se recostó, últimamente no le apetecía salir sino permanecer de esa forma, reposando sin disturbio de algún tipo. Bostezó y pensó que sólo estaba comenzando su embarazo, apenas y se veía el leve abultamiento de su vientre; así como mínimamente sentía molestias en sus senos. Dio un giro a la fruta entre sus manos mientras respiraba relajada.
Llevó la manzana a su boca y le dio una mordida, tenía hambre, pero la cena estaba programada para hora y media, por lo que debía compensar a su estómago con las frutas entre comidas. Además, si comía ahora, antes de dormir querría comer de nuevo, lo cual no era aconsejable, se sentiría más pesada a la hora de acostarse.
Afortunadamente -pobre de ella si estaba hablando antes de tiempo-, no tenía náuseas o vómitos, que serían una completa molestia, eran parte de la etapa, pero resultaban desagradables.
-¡Dijiste que regresarías más temprano! -gritó al escuchar que la puerta de entrada se cerraba-. Deberías cumplir lo que prometes, Sesshomaru -masculló y dio una nueva mordida a la manzana. Él llegó hasta el sillón y besó su frente, ella apartó levemente sus pies para que el ojidorado se sentara-. Por lo menos contéstame -susurró con un suspiro, tranquilizándose.
-Ya estoy aquí -respondió él y apoyó su cuello en el respaldo del sillón, para después cerrar sus ojos-. ¿Cómo estás? -musitó en voz baja. Rió al escuchar la pregunta, que falta de tacto.
-Perfectamente -dijo sarcásticamente, él abrió levemente su ojo izquierdo y la miró con una ceja alzada-. ¿Por qué tan cansado?, ¿qué hay del todopoderoso Sesshomaru Takahashi? -inquirió con gracia, él le sostuvo la mirada y Rin mordió su manzana.
-Inuyasha y Jaken son unos imbéciles -expresó Sesshomaru con desgana, cerrando su ojo.
Rin le dio una leve patada en el muslo con su tobillo.
-Esa no es forma de expresarte de ellos -regañó, aunque su voz tenía impregnado un deje de gracia-. Sabes que ambos trabajaron muy bien durante tu ausencia, Sesshomaru. Jaken siempre, bueno, la mayor parte del tiempo lo hace.
Se incorporó al no recibir respuesta y presionó su dedo sobre el brazo de su esposo.
Dormido.
Refunfuñó en su sitio y terminó de comer su manzana.
Sesshomaru y Couvade no sonaban bien en la misma oración.
Bueno, ¿a quién quería engañar?
"Es perfecto que él manifieste los síntomas", reflexionó Rin con leve malicia, pero después su ceño se frunció y pensó en que no era correcto burlarse. Releyó el artículo con rapidez.
La mayor parte de los hombres que presenta el síndrome de Couvade tienen una relación muy cariñosa con su pareja.
Rió al leer la frase, aún se necesitaban estudios, pero eso no coincidía con ambos. Tal vez no todos los hombres querían admitir que tenían los síntomas del embarazo y por ello no había información contundente.
Era el caso de Sesshomaru, ella lo había estado observando las últimas semanas y, aunque él no lo dijera, sabía que se "sentía mal" y sus padecimientos eran semejantes a lo que las embarazadas.
Tenía demasiado cansancio, comía un poco más -y alimentos que no acostumbraba-, se le veía perder el color entre momentos -signo de las náuseas- y, por sobre todo, tenía cambios de humor.
Eso último era lo que le había revelado que sus sospechas eran correctas.
Tal como en este momento, en que veían una película de amor y él comía fritangas, y sus ojos se encontraban humedecidos por la dolorosa despedida de los protagonistas. Ella sí había llorado, pero él se había mantenido firme aun cuando se notaba que la escena le provocó sentimientos.
Cerró la revista y la guardó en un cajón antes de volver a sentarse en el sillón, había ido a orinar y allí había pensado detenidamente, recordando el artículo leído en la revista de embarazo.
Se sentó en el sillón y se apoyó en el pecho de él.
Su mano cogió el pegamento y lo untó en la parte posterior de la fotografía que tomó el día anterior, en que Sesshomaru se había quedado dormido en medio de la lectura de uno de sus libros de historia. Aunque él siguiera en la negativa, Rin sabía que él estaba consciente que no era normal que presentara aquellos síntomas ahora que ella estaba encinta.
Era mejor para él aceptarlo, ya que restaban cuatro meses y medio de embarazo y entre más pronto lo afrontara, sería más sencillo encontrar las formas de contrarrestarlo.
Una parte de Rin pensaba que era un poco injusto que no fuera ella quien tuviera los síntomas característicos del embarazo, la otra pensaba que para su próximo bebé, él ya sabría, en parte, lo que era la experiencia. De cualquier forma, la que tendría contracciones en extremo dolorosas y debería expulsar una criatura por su vagina, sería ella.
Rebuscó entre las otras fotografías en la mesa y encontró la que quería. En la imagen aparecía ella de costado, mostrando el abultamiento de su vientre, donde se hacía visible la presencia de su bebé.
Sonrió y le colocó pegamento para anexarlo al álbum de embarazo que estaba haciendo. Era amarillo y con dibujos de diversos artículos para bebés, cubos, sonajas, llaves, trajecitos, cochecitos…
Soltó el pegamento y la imagen al sentir un cosquilleo en su abdomen. Su bebé… ¡se estaba moviendo!
Parecía, bueno, no sabía lo que parecía, sentía un burbujeo en su vientre, tan leve, pero presente. Derramó lágrimas que cayeron sobre la imagen de Sesshomaru durmiendo, llevó ambas manos a la zona y enfrentó la realidad.
Poco a poco se convertiría en madre.
Finalmente, Sesshomaru lo había aceptado.
Llegado el sexto mes de embarazo, él había admitido que parecía experimentar los síntomas del embarazo, incluso unas dos o tres veces devolvió alguna comida.
Para él, era incómodo vivir lo que le correspondía a una mujer, Rin lo único que tenía eran los cambios de humor y el cansancio, pero se debían principalmente a la modificación que su cuerpo estaba teniendo. Se veía preciosa con la redondez de su estómago y esa sonrisa de alegría cada vez que acariciaba su vientre al sentir el movimiento de su hija.
Sí, la ecografía había revelado que su primer bebé sería una linda niña, que esperaba fuera idéntica a su madre, no sólo en aspecto sino en temperamento. Aunque, que se pareciera al de él en personalidad le facilitaría la tarea de alejarle a los estúpidos mocosos que planearan acercársele.
Rin salió de ducharse y se sentó en la cama envuelta en un albornoz blanco, que abrió para dejar al descubierto su vientre y pechos. Sus pezones se veían más redondeados y las aureolas estaban oscurecidas, y eran causa de malestar en ella.
Se encaminó a la cama al ver que la pelinegra tomaba el recipiente de la crema para las estrías. Sesshomaru lo cogió de sus manos y colocó un poco en su palma, para después comenzar a untarlo sobre el vientre, lo había hecho otras veces y el resultado de ello terminaba con ellos dos entrelazados sobre el colchón de la cama.
Ella gimió por la sensación placentera y se recostó con un suspiro. Él sonrió, pero después frunció el ceño, apartó la mirada del rostro de Rin y miró su vientre, se había encontrado con una zona dura.
Pasó nuevamente la mano y sintió un golpe.
-¿La sentiste? -preguntó Rin con emoción-, ¿la patada?
-Sí -dijo maravillado, hacía unas semanas ella había sentido la primera patada, pero no era posible experimentarlo desde fuera. Hasta ahora.
Rin sujetó su mano y la llevó a otro punto en su estómago. Nuevamente experimentó la patada, acompañada de la risa de su mujer. Ella se incorporó y él se inclinó para besarla con lentitud, manteniendo su palma sobre la zona en que sintió a su hija.
Sólo restaban dos meses.
Se removió por enésima vez en el colchón, a pesar de estar de costado, a Rin se le imposibilitaba dormir. No podía dormir boca arriba, como comúnmente lo hacía, porque su pequeña presionaría sus órganos y le asfixiaría, si se apoyaba de su lado derecho, la situación era semejante. ¿El lado izquierdo? No le gustaba y por ello le incomodaba estar sobre él, lo cual era más recomendable.
Suspiró y sintió la caricia en la parte baja de su espalda, Sesshomaru estaba tan despierto como una hora atrás, en que había conciliado su segundo sueño. De igual forma, besó su coronilla.
Ahora que lo pensaba, tal vez por gestos como ése son los que ocasionaron su síndrome. Volvió a suspirar y él se incorporó, para apoyar su almohada en el respaldo de la cama y recostarse, alzándola a ella para dormir apoyada sobre él, en una posición semi sentada.
Rin movió sus pies, levemente acalambrados por el movimiento del día, y con un respiro cayó en su primer sueño profundo.
El peliplatedo sintió la presión en su mano cuando Rin apretó fuertemente al sentir una de esas contracciones falsas, su ceño se frunció y presionó sus labios en un gesto de dolor.
Se presentaban unas cuantas veces por semana, y tenían la preocupación que pasaran desapercibidas las verdaderas. La doctora les había dado indicaciones, pero cuando el momento se acercaba, surgían muchas más dudas y ansias, que les hacían olvidar algunas de las cosas.
Rin exhaló de la manera en que le habían enseñado durante el curso, aunado a sus noches de insomnio, ahora pasaba por las constantes idas al sanitario, el cansancio y dolor por la movilidad, y las contracciones.
Decía que se sentía más embarazada que en los meses previos.
Ella asintió para demostrar que había pasado el dolor.
En una semana o dos, llegaría su hija.
Aquí continúo, no me metí de lleno en el embarazo, aunque sí tenía a quién preguntarle mientras escribía xD, pero bueno, fue una grosería de mi parte el tiempo, pero cuando pensé en embarazarla (juro que cuando lo analizo, la última frase suena mal jaja), no quise extenderlo en varios OS, ni hacerlo demasiado largo, porque con la sola etapa se van como diez capítulos en una historia y, además, no quería enfocarme sólo en el embarazo.
El punto es que me sorprende poder escribir tanto en tan poco tiempo O.O, y que como pago por mi ausencia, la actualización es triple.
Otra cosa, si por aquí hay alguna madre, discúlpenme las muchas faltas o quizá, no lo sé, exageraciones :D
