En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?

Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.

Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.

Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.


Summary: Tienes que hablarle y sonreírle -explicó. Y ocurrió algo maravilloso.


Sonrisa en la noche

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Miró a su suegra arrullar a su hija con toda la delicadeza que no creía posible en la mujer. Desde que había nacido, Irasue no había podido apartarse de su pequeña nieta; las primeras dos semanas había ido día tras día -lo que, no tenía que mentir, fue de gran ayuda-, y las más recientes llegaba con tres o cuatro días de diferencia.

Un hecho que no agradaba a Sesshomaru. El peliplateado detestaba que su madre le robara tiempo de calidad -y privacidad- con su nueva familia. No era como si lo dijera en voz alta, por supuesto. Pero la mirada fulminante que siempre le daba a Irasue era la prueba perfecta de sus pensamientos (y si a eso aunaban las visitas de su padre, Izayoi, Inuyasha y, una muy embarazada, Kagome, su mal humor aumentaba).

Rin sabía que en poco tiempo disminuiría la constante atención a su hija, por lo que no se preocupaba mucho por la presencia de los familiares de Sesshomaru. Por otro lado, agradecía que su pequeña Hanako estuviera rodeada de personas que la quisieran y mimaran, tanto como lo habrían hecho su propia familia, de haber estado viva.

Y la principal razón por la que no le daba mayor importancia, era porque ella podía reclamar a su bebé y no recibía ninguna réplica por hacerlo.

Se levantó del sillón para dirigirse a la cocina, llevando el vaso vacío en su mano. Sonrió cuando apartó la mirada de Hanako e Irasue, para encontrarse con la figura de su esposo.

Sesshomaru estaba apoyado en el marco de la entrada a la sala, observando cada uno de los movimientos de su madre, que parecía remarcarle su presencia en su hogar y en la vida de su hija. Constantemente esos dos le daban gracia, tenían una relación que parecía de odio -principalmente proveniente de parte de su esposo-, pero se apreciaban el uno al otro. Que no le preguntaran cómo lo sabía, era de lo más complejo definir la forma en que se demostraban su 'cariño'.

Colocó su índice sobre el ceño fruncido de Sesshomaru y buscó relajarlo. Dejó escapar una risita y trató de rodearlo para ir a su destino, pero se vio impedida cuando su brazo izquierdo le sujetó de la cintura, quedando presionado sobre su ya no tan abultado abdomen.

-¿Por qué permites que esté aquí? -preguntó él en un susurro, directamente a un lado de su oído-. Debería irse -masculló irritado.

Ella negó divertida y se soltó del agarre, prosiguiendo su camino. Le parecía muy tierno y aceptable el amor de abuela de su suegra -que fácilmente aceptó su rol como tal cuando se enteró del embarazo-, y comprendía los motivos de Sesshomaru para no querer que hubiera alguien más en casa. A ella le costaba mucho compartir a su bebé.

Lo único que quería era tenerla entre sus brazos, viéndola dormir, bebiendo su leche, haciendo pequeños gestos con su boquita, tomando su pulgar con su manito.

Estaba completamente enamorada de su pequeña y la idea de apartarla de su lado era espantosa. Sólo que debía aceptar, muy a su pesar, que había otras personas que podían convivir con ella.

Después de lavar el vaso y dejarlo secando, retornó a la sala, donde Irasue se inclinaba para darle un beso a la frente de Hanako, ahora en brazos de su padre. Finalmente Sesshomaru había ganado, ya su suegra estaba por irse.

-Un día de estos me la robaré -dijo su suegra de forma solemne, mientras se acercaba para abrazarla. Rin y Sesshomaru abrieron sus ojos, alarmados. Si mal no recordaban, Irasue no había tenido escrúpulos el año pasado, cuando le hizo creer a su propio hijo que la habían secuestrado.

Irasue rió.

-Es broma -aclaró la peliplateada, pero se volteó tras abrazarla, para dirigirse a su hijo-. Me las llevaré a las dos, querido -sonrió malévola y se encaminó a la salida. El único motivo por el que Sesshomaru no gruñó fue la pequeña criatura que descansaba en sus brazos.

Rin caminó hasta el sillón y besó la mano de Hanako, que dormía apaciblemente. Su pequeño trajecito rosa hacía destacar, de alguna forma, las hebras de su corta cabellera negra, de la misma tonalidad que la suya. Al parecer, sus genes habían predominado sobre la preponderancia de varias generaciones de cabello peliplateado. Para su esposo, verlo había sido fascinante, era uno de los rasgos que ansiaba su pequeña tuviera, ya que adoraba su propio cabello negro.

Restaba ver cuál sería el color definitivo de los ojos de Hanako, con cinco semanas no era completamente certero que la tonalidad grisácea se mantuviera.

El temperamento lo heredó de Sesshomaru, de eso estaba segura. Su pequeña era de lo más calmada, tanto que su llanto no era de volumen muy alto. Ya se imaginaba la dificultad que tendría cuando creciera.

Pero lo importante era el presente, quería mantenerla así de pequeñita, para protegerla entre sus brazos y no dejar que algún mal le aquejara.

Mirando el dormitar de su hija en brazos de su padre, se apoyó en el espacio bajo el brazo de Sesshomaru, estaba un poco cansada y lo mejor era recostarse cuando su bebé dormía. Cerró los ojos y dejó que la oscuridad la consumiera.

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Se habría despertado desorientada de no haber sentido el olor característico de Sesshomaru, unido al aroma inconfundible de bebé. Abrió los ojos y se separó del peliplateado, que veía un documental de animales en su televisión.

-¿No se despertó? -preguntó en un susurro, mientras se despabilaba. Él negó-. ¿Cuánto tiempo he dormido?

-Hora y media -parpadeó sorprendida, sintió como si hubiera sido mucho más. Observó la ventana y se percató que estaba oscureciendo, los colores anaranjados y violáceos del atardecer se apreciaban en el panorama-. ¿Has descansado?

-Sí, mucho -respondió sonriente, extendiendo los brazos al ver que Hanako también empezaba a removerse, levantando sus párpados lentamente. La tomó y acarició sus cabellos, sabía que tenía hambre, por lo que descubrió uno de sus pechos y la acercó a él.

Hanako movió sus manos mientras succionaba con lentitud, enfocando sus ojitos en ella. Cada vez que tomaba lo hacía y después de un momento se distraía con algún sonido, como ahora, en que Sesshomaru cambió el canal del televisor.

Vio el programa que estaban transmitiendo, era uno de esos concursos en que la gente participaba para llevarse dinero si contestaban todas las preguntas correctas.

-¿Sabes? -dijo divertida-. Si no tuvieras dinero, podrías ganar en uno de esos -completó y escuchó la pequeña risa burlona de su esposo.

Sintió que Hanako finalizó su alimentación y aceptó el pañuelo que le daba Sesshomaru, colocándolo en su hombro. Acomodó a la bebé y comenzó a dar pequeñas palmadas a su espalda.

-Todas esas son tonterías -manifestó Sesshomaru con voz pasiva. Despegó a Hanako y la colocó en su brazo izquierdo.

-Hanako quiere que papá participe -expresó con voz tierna-. Hanako quiere -la pequeña se removió un poco, pero continuó con sus ojos en ella-. ¿Verdad que sí? -le sonrió y se inclinó para besar su frente-. Mamá también -continuó, de forma suave.

Y ocurrió algo maravilloso.

Los ojos de Hanako brillaron y sus labios se abrieron, mientras la comisura de su boca se extendía.

-¡Está sonriendo! -exclamó animada, ampliando su sonrisa-. ¿Le sonríes a mamá, Hanako? -la acercó y besó su nariz-. Qué hermosa niña -giró levemente su cuerpo, percatándose que Sesshomaru las miraba, atento-. Sonríele a papá -acercó a Hanako a Sesshomaru, que acarició la pequeña mejilla con ternura. No obstante, su pequeña dejó de sonreír-. Tienes que hablarle y sonreírle -explicó, como había leído anteriormente en una revista.

Él rió en voz baja, sabiendo que sólo dos personas le veían cumplir la última instrucción.

-¿Quieres regalarle una sonrisa a papá? -preguntó con voz suave, sonriendo levemente, atrayendo la atención de su hija-. Papá quiere ver a Hanako sonreír -Rin sonrió, pocas veces se veía una sonrisa de Sesshomaru, pero hacía que su rostro se viera más apuesto, como en este momento.

Hanako sonrió.

Rin supo que sus siguientes palabras harían que la sonrisa de Sesshomaru creciera:

-Irasue dijo que se irá de vacaciones, por lo que no nos verá algún tiempo.


¡Hola!

¿Y les salgo con esto? ;), ¿no les agradan las sonrisas de los bebés?

Bueno, a mí sí jejje, y en todas mis historias he buscado poder agregar una escena así, pero esta es la primera :D, el último bebé que cargué ya tiene cinco meses y por ende se ríe, pero me acuerdo cuando era más pequeñito.

Ahora, con Sesshomaru, conozco a muchos hombres que se vuelven tiernos cuando tienen una bebé, no sabía si hacerlo con él, pero me decidí a darle un mínimo intento.