En la vida real, positivo y negativo se atraen, al odio y el amor los dividen con una delgada línea, el blanco y negro combinan, ¿por qué ellos no habrían de encajar entre alguna de esas descripciones?
Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer pertenece a sus respectivos dueños, Inuyasha es de RT. Realizado por simple entretenimiento.
Aclaraciones: AU. Época actual. Puede que un poco de OoC, pero trataré de adaptar sus personalidades a la actualidad. Drabbles, viñetas, mini OneShot's, o posibles OS's concernientes al RinSess. Realizados conforme llegue la inspiración, tengo la intención que formen una historia, ojalá lo logre.
Genre: General, pero tendrá Humor & Romance en la mayor parte.
Summary: Ella era tan opuesta a él, alegre, expresiva, sincera y un tanto infantil. (Nuevamente 3 antes de éste)
Se repelen y se atraen
.
Sesshomaru tenía un dolor punzante en su cabeza, que empeoraba conforme escuchaba los pitidos a su costado. Llevó una mano a la zona que le dolía y sintió un material suave cubriendo su cabellera plateada.
Abrió los ojos y parpadeó molesto por las luces brillantes de… ¿del hospital?
¿Qué demonios hacía en él?
Sintió una presión en su brazo izquierdo y bajó la mirada, encontrándose con una cabellera pelinegra. Movió su mano y se liberó del agarre.
¿Quién era ella?, se le hacía rotundamente familiar aquel cabello negro.
Alzó la vista al escuchar que la puerta de la habitación era abierta, recién reparaba que tenía un collarín. Observó a un doctor entrar.
-Me alegra ver que ha despertado, señor Takahashi -saludó el médico-. Soy el doctor Aihara.
-¿Qué me ocurrió? -preguntó cortante. La sonrisa del hombre se mantuvo, pero avanzó hasta llegar a la máquina, anotando algunos datos en su tablilla.
-Tuvo un accidente, señor. ¿Qué es lo último que recuerda? -frunció el ceño, molesto, tratando de apartar el dolor en la parte posterior de su cabeza para rememorar algunos sucesos.
Le habían derramado café en el traje. No. La mujer apoyada en la cama le derramó el café. Después había pedido a Jaken que investigara la identidad y había avanzado en dirección del estacionamiento privado, para arrepentirse más tarde y salir por la entrada tomada por la joven.
Talló sus ojos.
La siguió y apreció lo enfurruñada que estaba, avanzando lentamente, sin fijarse cuando cruzaba la calle. Había sentido un impulso extraño y corrió para apartarla, provocando que ambos fueran arrollados por un automóvil.
Ya nada seguía a partir de ahí.
No, sólo unos momentos borrosos, incoherentes.
-Nos atropellaron -el doctor asintió-. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? -cuestionó frustrado, odiaba sentirse vulnerable.
-¿Recuerda el día y fecha en que ocurrió su accidente?
-Viernes veintiséis de junio de dos mil nueve -contestó sin problema, teniendo imágenes extrañas en su cabeza, relacionadas con la joven que dormía.
-Hoy es domingo veintiocho, son las doce horas, los últimos dos días se despertó en períodos intermitentes, y las tomografías no han revelado algún daño cerebral -miró a la pelinegra-. La señorita Sato despertó el viernes y desde entonces no se ha apartado de su lado, señor Takahashi. Ella nunca estuvo en peligro, usted evitó que sufriera algún daño. Incluso insistió en ser quien donara sangre, aun cuando se lo negamos; no había nadie más compatible.
Realizó un gesto indiferente, aunque por dentro tuvo una sensación incómoda.
-¿Cuánto tiempo deberé permanecer aquí?
-Sorprendentemente sólo tiene dos costillas fracturadas, pasará la noche aquí y mañana podrá volver a su domicilio. Deberá limitarse con algunas actividades, pero su condición física es buena y no tardará en recuperarse. El collarín tendrá que utilizarlo únicamente una semana.
Bufó ante lo último.
-Por el momento tómese las cosas con calma, señor. Haré que una enfermera le traiga su alimento -pausó indeciso-. Fuera hay un hombre que dice ser su asistente, está desesperado e insiste en entrar, ¿se lo permito?
Negó con voz opaca. Fastidioso.
-Su familia volverá en el horario de visitas -anunció el doctor y salió de la habitación.
Permaneció impasible en la tranquilidad de la habitación, el dolor se hacía más soportable, así como el sonido de la máquina a su lado. La joven dormía sin hacer algún ruido, por lo que podía permitirse pensar.
Le parecía recordar un sueño vago, donde aparecía ella. No rememoraba sucesos específicos, pero creía tener en su mente una sonrisa amplia y genuina, dedicada a él, una mirada amorosa.
Cerró los ojos, disgustado ante el rumbo de sus pensamientos. No la conocía de nada, sólo sabía que era una tal Sato, que derramó su café sobre él, que era la causante de su accidente y también que era la que le donó sangre.
Levantó sus párpados y se encontró con unos profundos ojos marrones. Ella se había despertado mientras él se debatía con sus pensamientos.
-Finalmente despierta por completo -susurró la joven, mirándolo detenidamente-. Gracias por salvarme -expresó con la voz más suave y agradable que en su vida había escuchado.
-¿Qué haces aquí? -cuestionó gravemente y la vio encogerse, para luego recuperarse y sonreír.
-Lamento provocar su accidente… también derramar el café en su ropa, señor Takahashi -dijo lentamente-. Siento mucho los problemas que le he ocasionado.
-¿Qué haces aquí? -repitió, no estando contento por no obtener una respuesta.
-Quería verlo recuperarse -respondió ella-. Me preocupaba lo que pudiera ocurrirle. Pero me alegra verle despertar.
-Entonces ya puedes irte -espetó cortante, su preocupación por él no le agradaba, no le gustaba que nadie se acercara, ni siquiera su madre-. Lárgate. Demasiado obtuviste en el hotel.
Ella abrió sus ojos asombrada.
-¡Es un… -calló al final, pero lo pareció que sus labios se movieron formulando una palabra obscena-. Me voy, ¡ojalá se quede solo!, ¡amargado!
La vio girar con intención de irse y una pequeña parte de él -muy mínima- quiso detenerla. Ella se detuvo, él estuvo en espera de lo que fuera a hacer.
-Tuve un sueño extraño -de haberse volteado, ella podría haber visto su asombro-, sólo recuerdo bien su rostro, Takahashi, no sé por qué -le ocurría lo mismo que a él-, pero me agrada que usted haya estado presente -al concluir, siguió avanzando y tomó la perilla de la puerta. Abrió y detuvo sus pasos, luego giró y la observó sonreír.
La joven cerró la puerta y caminó hasta el asiento que ocupó antes. Sesshomaru enarcó una ceja, aunque en su interior se alegró por verla quedarse.
-Tendrá que soportarme, Takahashi. No tengo intención de irme.
-Lárgate -le dirigió una de esas miradas que ahuyentaban a la gente, ella permaneció inmutable.
-Me llamo Rin Sato -extendió su brazo, ofreciéndole una mano delicada.
"Rin", repitió en su mente y frunció el ceño, luego descartó cualquier idea que hubiera surgido al escuchar el nombre.
-¿Supongo que no te irás? -se sintió estúpido por preguntarlo, ella se lo acababa de decir. Seguramente era culpa de haber sufrido una conmoción cerebral.
-No -y le regaló otra de esas sonrisas amplias-. Puedes llamarme Rin -él bufó y tomó la mano que le ofrecía, tenía la piel suave y tibia, su propia mano era grande en comparación a la de ella, y su tamaño no era exagerado.
Apartó su mano y miró la puerta, en espera de la enfermera con la comida.
-Takahashi…
-Dime Sesshomaru -interrumpió, sin saber por qué le estaba dando el derecho a llamarle así.
-Sesshomaru -pronunció ella-, ¿por qué me salvaste?
La pregunta le descolocó, ni él mismo conocía la respuesta. De reojo la vio, su rostro se mostraba pensativo, y con sus labios hacía un mohín gracioso. Ella era tan opuesta a él, alegre, expresiva, sincera y un tanto infantil, ¿por qué, después de verla por primera vez, tuvo la intención de seguirla?, ¿por qué arriesgó su vida para salvarla?, ¿por qué ahora le agradaba su presencia?
Suspiró e hizo una negación con lo poco el collarín le permitió mover la cabeza; Rin asintió.
-Sé que me arrepentiré después -musitó indiferente y ella rió divertida. De alguna forma había captado que sus palabras eran una completa mentira. Sus ojos marrones se iluminaron mientras se reía, y no pudo evitar esbozar una leve sonrisa.
Ella se levantó de su asiento y se inclinó para besar su pómulo. La sensación de sus labios sobre su piel le provocó un leve cosquilleo.
-Gracias -susurró Rin, antes de abrazarlo con fuerza.
Y él se juró que, a partir de ese momento, se aseguraría que ella estuviera a su lado.
Antes de que me golpeen, ¿en los primeros capítulos de la historia no les dije que me gusta dar un giro a las cosas? *sonido de grillo*. Bueno, supongo que ahora se habrán dado cuenta. Seré de lo más sincera, tenía planeado que este capítulo se titulara "Como imanes", y tenía pensado girarlo en torno a eso, pero hoy, mientras limpiaba mis zapatos, se me ocurrió concluir la historia así xD, con un final abierto (y cliché). Eso sí, la ventaja es que marcaré el fic como completo, pero puede que un día quiera agregar algún OS.
La verdad es que comprendería que quieran golpearme :S. Para que quede claro, del 2 al 29 son parte de una clase de "sueño", intercalado entre ambos. Lo único de la realidad es "Café" y este pequeño OS. Por lo menos espero que en estos dos permaneciera el IC de los dos, sino ya fracasé T-T
Es mi primera experiencia con una historia hecha de OS relacionados (debidamente terminada), tengo todavía otros dos con la misma idea.
De cualquier forma, lo más importante de todo: les agradezco por haber leído hasta aquí, si agregaron a favoritos, le dieron follow o comentaron. Todo lo aprecié en verdad, en verdad no soy una experta con Inuyasha y sus personajes, pero su apoyo fue maravilloso.
Por el momento no estaré por este fandom, pero en mi cabecita tengo planeado un fic titulado "Un resplando en el ocaso", también Rin/Sess. Ese sí lo tendré debidamente delimitado antes de publicar, por lo que si lo ven y se animan ;D, jajaja. No me pregunten por el nombre, tengo la mala costumbre de pensarme demasiado los títulos. Hay muchas historias buenas allá fuera, de cualquier manera.
¿Y qué más? Les deseo que tengan un buen día, disfruten de la lectura.
¡Cuídense mucho!
HoeLittleDuck
PD: Se me acaba de ocurrir, pero por si lo piensan, NO era apuro en terminar la historia.
