DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling

CAPÍTULO 2: FRAGILIDADES

Draco Malfoy. Su cara se veía completamente deformada, pero desgraciadamente eso no era lo peor. Su brazo derecho yacía en un ángulo antinatural, su mano izquierda estaba cubierta de sangre e intentaba escudar una herida a través de su camisa. El chico estaba empapado en sudor frío, y su respiración era irregular. No sabía cuánto por tiempo se había quedado mirándolo estupefacta, pero al cabo de un buen rato, volvió en sí y lo giró de manera en que quedara boca arriba. Al ver que no reaccionaba empezó a sacudirlo de manera frenética. Ante la falta de reacción, decidió ir por ayuda. Corrió a través del corredor del tren secándose la transpiración de su cara, dirigiéndose a su compartimiento original, donde ahora sólo se encontraba Neville

- ¡Hermione! ¿Qué te pasa? – preguntó con preocupación su amigo, parándose automáticamente e inspeccionándola con rapidez- Tu cara está manchada de sangre…

- Estoy bien, pero necesito a Ginny. Rápido –enfatizó-. Que me encuentre en el último cubículo.

- ¡En seguida! –dijo Neville saliendo con toda la velocidad que podía y perdiéndose entre un grupo de alumnos. Desesperada, Hermione corrió otra vez hacia donde estaba Draco, que mantenía la posición en la que ella lo había dejado.

No recordaba haberlo cruzado en la plataforma antes de subir al tren, y sabía que de estar ahí, él se hubiera hecho notar. O bueno, al menos ella lo hubiera visto. Podía estar con la cara inmersa en las páginas del libro más interesante, pero si Draco pasaba delante suyo, como si tuviera un sensor, lo detectaba. No sabía por qué, pero suponía que su cuerpo de alguna manera se ponía en guardia. Ahora, lejos de la arrogancia con la que se pavoneaba constantemente, lucía frágil, vulnerable. Nunca había sentido más que impotencia o miedo hacia ese rostro, pero al verlo desprotegido, Hermione sintió que debía cuidarlo. Internamente debatió si lo merecía. Llevaba años molestándola. Diciéndole las peores cosas que se le cruzaban por la cabeza, hiriéndola física y emocionalmente. La odiaba y no temía demostrarlo. Levantándose y pensando en irse, de repente recordó que él la había salvado en su mansión. Podría haberla desenmascarado junto con Harry y Ron frente a Bellatrix, pero no lo hizo. Se acarició la cicatriz de su brazo que decía "sangre sucia" y con un suspiro, volvió a su lado. Sabía que tenía motivos para golpearlo. De hecho, lo había hecho en tercer año. Pero esto era distinto. No estaba en su naturaleza abandonar a alguien en esas condiciones, ni siquiera si esa persona era Draco Malfoy.

- Hermione –la llamó Ginny mientras se acercaba por el pasillo- me dijo Neville que… ¿Qué pasó? ¿¡Te hizo algo!?–al entrar al compartimiento y ver el cuerpo de Draco Malfoy desmayado en el piso y a su amiga manchada con su sangre.

- No, no. Lo encontré de esta manera. Llevo unos cuantos minutos acá, y por la sangre alrededor suyo supongo que hace rato está así… ¡Tenés que ayudarme, Ginny! –exigió- No se qué hacer...

- Tranquila, voy a buscar ayuda. Creo que la Profesora Sprout está en el tren –dijo con una exagerada calma.- Mientras, intentá con los hechizos básicos…

- ¡Ginny! –le gritó, asomando su cabeza al pasillo por el que la pelirroja se alejaba- Discreción. Si no hay profesores, volvé sola.

Regresando adentro, Hermione se aterró al ver que la sangre que perdía era impresionante. Por más experiencia que le faltara, tenía que intentar ayudarlo con magia.

Episkey! –gritó, agitando su varita muy cerca del pecho del chico. Draco contrajo automáticamente todo su cuerpo y arrugó la cara, estaba claro que eso le había dolido. Una vez pasado el espasmo de dolor, volvió a acomodarlo boca arriba para comprobar la efectividad del hechizo. Sabía que Tonks había podido arreglar la nariz de Harry con él, pero no estaba segura acerca de su efectividad con otro tipo de heridas. Abrió la camisa lentamente, no sabía que encontraría debajo. Poco a poco, su cuerpo se iba revelando. Draco estaba perfectamente moldeado. Sus pectorales se veían firmes, al igual que sus abdomen, solo un poco de vello interrumpía su inmaculada piel, comenzando unos centímetros sobre el pantalón. A pesar del momento y de lo inapropiado de su reacción, Hermione no pudo evitar suspirar con admiración y sorpresa, para luego ocultarlo mordiéndose el labio inferior. Sacudió la cabeza desaprobando su reacción inconsciente, pero se alegró al ver que la herida había desaparecido. Esperó unos segundos hasta comprobar que no volvería a aparecer. Con la confianza que el hechizo le dio, intentó arreglar su cara y brazo – ¡Episkey! –bramó otra vez, arreglándole la nariz, pero manteniendo los moretones y marcas de su cara- ¡Ferula! ¡Braquiam Emendo! –De repente, una venda cubrió el brazo roto, pero éste, lejos de arreglarse, se encontraba en la misma posición alarmante. Tomó el brazo, y pudo ver como se doblaba cual goma entre sus manos. Hermione había desaparecido los huesos del brazo derecho de Draco Malfoy, quien, ante todos esos hechizos y el fuerte golpe que le propinó Ginny a la puerta, despertó.

- ¿Qué…? ¿Qué es toda esta sangre? ¿¡Qué mierda me hiciste!? –preguntó mirando el charco que lo rodeaba, y alejándose todo lo que podía de ella.