(La historia no me pertenece es propiedad de Kelly Oram y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
Capitulo 9.
La mañana del miércoles, esperaba a que Terry aparezca en el parque como lo había hecho el lunes, ya que había hecho todo lo que esté a mi alcance para evitarlo. A veces es bueno estar equivocada. Tengo que tener un buen cazador sin juego. Pues bien, excepto por la parte en la que Anthony le dijo a todo el mundo que tenía que tener una niñera a causa de ser carnada de un asesino en serie.
Lo de niñera es un comentario aparte, sin embargo, tengo que admitir que me sentí aliviada cuando unos chicos que viven más cerca de mi, se ofrecieron a levarme a casa. No quería pedirle a Anthony otra vez y tenerlo pensando que me gusta. Pero también sabia que Terry probablemente estaría en su garaje calculando cuando llegue a casa, y no quería estar sola cuando me presente.
La escolta resulto ser innecesaria. El garaje de Terry se encontraba. El garaje de Terry se encontraba abierto como siempre, pero me sorprendí al ver que él no se hallaba allí. Entonces me di cuenta de que su auto tampoco estaba allí y mi corazón salto de gozo en mi pecho.
Había estado encerrada en la casa tanto últimamente, escondiéndome de Terry, que a pesar de que solo había jugado hockey en el ultimo par de horas, no me atrevía a entrar. Caí al césped en frente de mi casa, me quite los patines, y me quede allí disfrutando el aire fresco.
Me podría haber quedado así durante horas, excepto que por que alguna razón, el garaje abierto de Terry parecía estar gritándome. El auto se había ido, la casa se veía completamente oscura y tranquila, y el garaje quedo abierto. Me pedía que vaya a echar un vistazo. No es que sea una gran fisgona ni nada, pero Terry me había asustado en serio. Pensé que estaría más segura si podía averiguar algo, cualquier cosa sobre el. Además, si podía encontrar algo realmente espeluznante para mostrarle a Ángela, ella podría quitar mi caso sobre el.
Me llevo diez minutos toma las agallas de ir hasta allí, pero una vez que lo hice, me encontré en una especie de fascinació hizo darme cuenta de o desesperada que estaba de saber más acerca de Terry.
Se podría pensar que alguien que conduce un BMW lo va a querer aparcar en el garaje, pero Terry nunca lo hizo –probablemente porque no había lugar para él con todo el equipo del gimnasio y las pilas sobre pilas de cajas. Me parecía como si Terry y su tía no tenían intención de quedarse en el barrio por mucho tiempo. Apenas se habían tomado la molestia de desempacar.
Leí las etiquetas de algunas de las cajas. Al principio parecían normales —fotos, libros, ollas de barro, decoraciones de Navidad. Pero luego empecé a ver cajas etiquetadas FBI, asesinato en primer grado, huellas dactilares, sustracción de menores, las leyes federales, los procedimientos locales de aplicación de la ley… -¿Qué?
Eso fue raro. Quiero decir, que no sabia lo que había esperando encontrar aquí, pero como de repente se me pusieron los pelos de punta, supongo que una parte de mi no había creído que iba a encontrar nada extraño.
Sabia que debía marcharme, pero había un armario metálico de altura situado en una esquina y yo simplemente no pude evitarlo. Abrí el armario y mire con incredulidad. Cuchillos-muchos de ellos, y todos de diferentes tipos. Terry tenia de todo, desde un machete a una navaja suiza, y colgaban todos allí brillante y agudo, como si estuvieran en exhibición en un museo.
Decidí que definitivamente era hora de irme, cerré la caja, me di la vuelta y grite cuando encontré a Terry de pie en la entrada de su garaje.
Terry no dijo nada. Se quedo allí de pie con sus manos metidas ocasionalmente en sus bolsillos, mirándome con los ojos entrecerrados. También se encontraba, me di cuenta, entre cualquier ruta de escape de su garaje y yo.
-Terry –jadeé tan pronto como mi corazón empezó a latir de nuevo. Me forcé a jugarlo chulo-. Vaya me has asustado. No te he oído subir.
-Eso es porque no subí. Me acerque. –La voz de Terry era inexpresiva, con el rostro todavía cauteloso.
-Pero, ¿Dónde está tu auto?
-Técnicamente, es el auto de mi tía. Ella lo conduce de vez en cuando.
-Oh. -¡Estúpida! ¡Estúpida! ¡Estúpida! ¡Candy, eres idiota!
Espere a que dijera algo, pero no lo hizo. No se movió. No dijo nada. Se quedo allí. Era una tortura.
-Así que… -Tragué saliva-. ¿Has ido a dar un paseo o algo así? ¿Pasear por el barrio un poco?
-Fui a tu casa. Ángela me encontró esperando en el porche cuando se fue. Me dijo que podía esperar dentro. –Terry finalmente se quito las manos de los bolsillos, solo para doblarlas sobre el pecho-. No sabía que ibas a tratar de venir a verme primero.
-Oh… si… bueno… -¡Piensa, Candy! ¡Piensa!-. Estaba en mi patio y me pareció oír un gato maullando. –Si, eso es bueno-. No se veía como si estuviera en casa, y tenia miedo de que esté atrapado aquí adentro.
-Fue amable de tu parte estar tan preocupada.
-De todos modos no lo encontré. Tengo que acabar de oír cosas. Lo siento. Supongo que me iré ahora.
Di un paso hacia adelante y hacia os lados, planeando dar a Terry una plaza muy amplia, pero mi segundo movimiento, Terry dio un paso a juego, colocándose justo delante de mi otra vez. -¿Cuál es la prisa? –pregunto casualmente.
-No hay prisa –le dije con nerviosismo-. He estado jugando al hockey durante el ultimo par de horas. Estoy cansada y tengo algo así como una necesidad de una ducha.
Di otro paso y de nuevo Terry me correspondió, pero esta vez se había adelantado un poco. Unos pasos mas y estaría al alcance de su mano. Me quede inmóvil y así lo hizo.
Tal vez si discutía con el… -Terry.
-¿Candy?
Nos miramos el uno al otro-mirándolo fatigosamente, mirándome amablemente inquisitiva.
Cuando ya no pude seguir el silencio, suspire. –No vas a dejar que me vaya, ¿verdad?
La cara de Terry se levanto entonces, como si este pensamiento nunca se le habría ocurrido. Se aparto y agito su mano, haciendo un gesto para que yo fuera invitada. Definitivamente no me estaba cayendo por ello, pero pensé que probablemente no conseguiría otra posibilidad, así que salí corriendo.
Terry me agarro tan rápido que ni siquiera vi como lo hizo. En una fracción de segundo tenia los pies sobre el suelo y me arrastraba dentro de su casa. Le di una patada y un puñetazo tan fuerte como pude, pero me tenia por detrás y yo no podía hacer ningún buen contacto.
Mientras Terry luchaba para lograr abrir la puerta detrás de nosotros, me las arregle para darle una patada tan fuerte que me dejo. Corría hacia la parte delantera de la casa, pero Terry me tomo cerca de la base de la escalera y me arrojo por encima de su hombro.
Me gusta pensar que le tomo gran esfuerzo arreglárselas para meterme en su habitación. Quiero decir, luche—apuesta a que luche. Incluso estoy bastante segura de que el tendría algunas contusiones después. Pero Terry parecía saber exactamente como aferrara mi, y era simplemente más fuerte.
Antes de que lo supiera, me había dejado caer sobre su cama y fue a parase frente a la puerta. Fui directamente a la ventana, pero a diferencia de mi casa, no hay ninguna azotea para subir hacia afuera, solamente una gota del segundo piso. Di vueltas alrededor y le di un bocado que haría sonrojar a un marinero.
Terry se recostó contra la puerta, disfrutando inmensamente. –Candy, cálmate. Solo quiero hablar contigo.
-Entonces, trata de usar el teléfono, ¡fenómeno!
-Nunca tomarías mi llamada. Al igual que no vas a abrir la puerta cuando yo voy.
-¡Me pregunto por que?
Me sentía tan enojada, que agarre lo que podría alcanzar –una lámpara de su mesita de noche- y lo tire sin dudarlo. Terry tuvo que luchar para agacharse de ella. Le sorprendió que se la haya tirado, pero en ves de enojarse como yo esperaba, miro a la lámpara rota y suspiro. –Candy, vamos, basta. Solo quiero hablar.
Recogí su despertador, arrancándolo de la pared y lo lance en su cara. No lo esquivo lo suficientemente rápido esta vez, y lo marco –perdón el juego de palabras*- muy bien en el lado de la frente.
Terry se llevo la mano a la cabeza como si le doliera y tranquilamente dijo-: está bien. Vamos a hacer esto de la manera difícil.
Alcanzando la siguiente cosa que podía agarrar, le grite-: ¿Quieres decir que lo hemos estado haciendo de la manera más fácil?
Una de las esquinas de la boca de Terry se frunció en una sonrisa y luego en un instante e tenia clavada de bruces al suelo. –Me encanta tus agallas –me dijo, tirando de mis brazos detrás de la espalda-, sin embargo, es inconveniente en este momento.
No me sentía de humor para sus elogios. Empecé a gritar tan fuerte como pude y trate de liberarme, pero mis brazos gritaron en protesta.
-Si te quedas quieta no te hará daño –dijo Terry con calma después de que se quedo sin aliento-. Y puedes también dejar de gritar. No hay nadie en casa para escucharte. Ni aquí, ni en ninguna de las casas de al lado, o en tu casa al otro lado de la calle.
-¿Entonces solamente debería quedarme aquí y tomarlo? –le grite. Golpeé aun más duro y grite, sorprendida por el dolor que disparo a través de mis hombros.
-Cuidado Candy, puedes dislocarte el brazo así. Es necesario que permanezcas inmóvil.
No tuve más remedio que dejar de luchar.
-Ahí –dijo Terry con orgullo. Aunque, si él estaba orgulloso de mi por calmarme, u orgulloso de si mismo por obligarme a someterme, no lo sabia-. Ahora, ¿vas a ser razonable?
-¡Suéltame!
-Si lo hago, vas a tratar de huir y quiero hablar contigo.
-¡No quiero hablar contigo! ¡No puedes tratar a la gente así!
-No me has dejado ninguna otra opción. Voy a volverme loco esperando por ti Candy.
-Claramente.
-Me gustas. Mucho.
-Bueno, ¡estás haciendo un gran trabajo para ganar mi corazón psicópata!
-Ya lo he notado. Dime como hacerlo bien y te voy a aflojar.
-No puedes. Es imposible. Así que, ¿Por qué no te vas a secuestrar a alguien que lo aprecie? Ángela es tan estúpida como tú estás loco. Estoy segura de que no le importaría.
-No quiero a Ángela. Te quiero a ti.
Incluso a pesar de lo enojada que me sentía, esa declaración me hizo sonrojar. Es que nadie –y me refiero a nadie- alguna vez me ha escogido a mi sobre Ángela antes.
-Pero ¿Por qué? –le pregunte antes de que pudiera detenerme-. Ángela es más bonita y popular. Además, probablemente no se pregunta si eres el engendro de Satanás.
Terry hizo caso omiso de la grieta de Satanás. -¿Aparte de mi debilidad por las rubias? –se rio entre dientes y luego, suspiro-. Candy realmente preferiría tener esta conversación cara a cara. Si te dejo, ¿hablaras conmigo, o vas a empezar a tirar cosas de nuevo?
En ese momento, yo estaba bastante segura de que Terry no me iba a trinchar –al menos no hoy- así que decidí ceder y dejar que me diga lo que fuera que quería decir. Pensé que cuanto antes lo hiciera, más pronto podría salir de aquí.
-Está bien. Si quieres hablar, entonces habla. Voy a comportarme siempre que te mantengas alejado de mí. ¡Y nada de tus suaves acaricias/mirada latente/mierda de voz sexy tampoco!
Terry rio mientras se levanto de encima de mí, pero no parecía confiar en que yo no huyera. Se sentó apoyo contra la puerta de su dormitorio.
Después de balancear la rigidez de mis brazos, subí sobre su cama, que fue empujada en la esquina lejana de su habitación, y me pude firme contra las dos paredes.
Terry se sentó allí con una mirada en su rostro, como si estuviera tratando de averiguar exactamente cómo proceder.
Bueno, estando segura de que no le iba a ayudar con la conversación, tome la oportunidad de revisar su habitación. Tenia sabanas a cuadros, un par de cartees en las paredes de bandas –me molesto que tuviera el mismo gusto por la música que yo- una estantería llena de CDs, DVDs, videojuegos y novelas de bolsillos.
A primera vista, parecía perfectamente normal, así como su garaje, pero al igual que el garaje había algunas diferencias sutiles. Por un lado, se veía limpio. No quiero decir que se encontraba más recogido que mi habitación—que admito está un poco descuidada, aunque definitivamente no es la "pocilga" que mi mamá dice que es- me refiero a que su habitación estaba limpia. No había ni un solo calcetín sucio, su cama había sido hecha con esmero, y las cosas en su estantería se alfabetizaban. En serio, en orden alfabético.
Lo cual me lleva a mi siguiente problema. La colección de DVD de tery se formaban por películas como Silence Of The Lambs, American Psycho, Seven, y toda la colección de TV de Bones. No reconocí a ninguno de los libros, pero a juzgar por los títulos que lei, todas las novelas eran de crimen. Y, por supuesto, allí estaba su bella colección de videojuegos a partir del buen Assassins Creed.
Me dio un escalofrió y fui con mi inspección, deteniéndome cuando vi el CB radio en su cómoda. Random.
-Es un escáner de la policía –dijo Terry, asustándome tan mal que golpeé mi cabeza contra la esquina detrás de mi.
Casi me había olvidado que Terry se encontraba en la habitación, había estado tan tranquilo. Cuando levante mis ojos, los suyos se hallaban fijos en mi. Era evidente que había estado observándome analizar su cuarto. Me pregunte si el sabia lo que yo pensaba sobre eso. Esperaba que no. -¿Un escáner de la policía? –repetí solo para romper la tensión en la habitación-. ¿Es eso incluso legal?
-Depende de que uso le das.
-Y ¿para qué lo usas? -¿evadiendo a la policía después de que trinchas a chicas con uno de los cuchillos bazillion en tu garaje?
Los ojos de Terry se estrecharon mientras consideraba contestarme, pero cuando hablo, dijo-: No te gusto.
No era una pregunta, pero no espera una respuesta. Cuando no le di ninguna, preguntó-: ¿Me odias?
Parecía sinceramente curioso, así que me sentí mal por no responder esta vez. El problema era que yo no estaba segura de cómo responder. Odio no me parece la palabra correcta.
Los segundos de silencio hicieron tictac sucesivamente.
Cuando Terry finalmente hablo otra vez, dijo-: No entiendo. –Y se veía como si no estuviera feliz de admitir eso-. Tú no eres como las otras chicas. Tú no…
Terry luchaba por las palabras ahora, pero no parecía disgustado con exactitud, sólo frustrado. –Nunca nadie me respondió de la manera que lo haces.
Trate de no burlarme de eso demasiado mal, ya que sabia que en algún lugar profundo dentro de Terry había, de hecho, sentimientos. De todos modos hice una suficiente reacción para que los ojos de Terry dirigieran una indirecta de cohibición. -¿Sabias que soy de Beverly Hills? –me pregunto de repente.
Pensé en no responder de nuevo, pero se sentía tacaño y algo en la manera en que Terry miraba en ese momento me hizo incapaz de ser una idiota. A regañadientes, dije-: No es sorprendente.
Terry trataba de ocultar sus emociones, pero me di cuenta que se sintió aliviado cuando hable. –Las cosas son diferentes. Las personas son diferentes. –Vacilo de nuevo y dijo-. Soy rico, soy bien parecido, y mi tía es una novelista muy famosa, así que se mucho de la gente adecuada.
Me sorprendió como con total naturalidad, Terry soltó todo esto. No se jactaba, simplemente explicaba algo. Fue de lo que fuese, yo no ganaba popularidad. Creo que Terry podría decirlo, también, porque sonrió un poco y el mismo explico más. –En el mundo en el que suscité, eso es lo que importa. La gente no se preocupa por tu personalidad. La mayoría de ellos ni siquiera se molestan en conocerte. Todo es cuestión de lo que piensan que les puede dar.
-Encantador.
Terry se encogió de hombros de mi sarcasmo. –Así es la vida. Al principio no creía que fuera a ser diferente aquí. Todas las chicas que he conocido eran todas iguales. Incluso Ángela, por lo menos un poco. Cuando la encontré por primera vez, todo lo que vio fue el BMW y la sonrisa.
-En realidad, lo que vio fueron los entrenamientos extremadamente calientes en el garaje cada mañana.
Con un suspiro, golpe mi mano sobre mi boca. Eso no se suponía que iba a salir de ella.
Terry se rio una vez, pero me ahorro la humillación de burlas. –Pero tú no –dio, con mucho tacto, moviéndose a lo largo de la conversación-. La primera vez que te conocí vi…
-¿Un perro asesino armado con una pistola que, misteriosamente, sabia mi nombre? –ofrecí, sorprendiendo a los dos cuando sonreí.
Terry rompió en una amplia sonrisa. –No eres como las otras chicas, Candy –repitió-. No eres como nadie que haya conocido.
Cruce los brazos con fuerza en mi pecho y apreté mi mandíbula cerrada. Me negué a que Terry me engatusara a olvidad que me mantenía aquí bajo coacción.
Terry se paso una mano por el pelo, frustrado porque me calle de nuevo. –No sé como actuar contigo –confeso-. La mayoría de las chicas son fáciles, pero no puedo averiguar lo que quieres.
-Eso es por que yo no quiero nada de ti.
Le advertí que no lo hiciera, pero me miro por debajo de sus largas pestañas y me dio la voz a un susurro suave. –Me gustaría que lo hicieras.
-Lo siento –Me forcé a mi misma no tirar de mi ropa. Su habitación se está convirtiendo en demasiado caliente-. No sé qué decirte. ¿Excepto que invadiste mi espacio personal, irrumpiendo en mi habitación y, uh, atacándome y manteniéndome rehén? Todos los modos excelentes de asegurarse que nunca pasara.
Pero de repente, ya no me sentía tan enojada por todas esas cosas.
-Por lo menos no e rompiste la nariz.
Irónicamente, darme cuenta de que no me enfade me hizo ponerme muy, muy enojada. –Sólo porque tenias mis brazos atrapados detrás de mi espalda –gruñí.
-Lo siento por eso, Candy. Nunca lo habría hecho si no hubieras tirado cosas en mi cabeza.
Me encogí de hombros ante su tono seco. ¿Qué esperaba, la simpatía por la nueva protuberancia en la frente' –Lo siento. Es mi reacción normal al ser secuestrada.
Terry suspiro pesadamente. –Yo no quería hacer esto. –Dejo caer su mirada fija a su regazo y comenzó a recoger los hilos de la alfombra de pelusa horrible marrón que cubría su dormitorio-. Es degradante tener que obligarte a hablar conmigo de esta manera.
-¿Entonces por qué lo haces?
Terry se encogió de hombros y los dejo caer, su mascara de confianza se disolvió finalmente. Se veía igual. –Porque vale la pena si puedo conseguir que escuches lo suficiente como para que no me odies más.
Sorprendentemente, yo casi prefería el Terry espeluznante lleno de si mismo. Al menos sabia cómo sentirme acerca de él. Este nuevo Terry vulnerable era mucho más confuso. Quizás Ángela tenía razón. Tal vez fue una locura pensar que Terry era capaz de matar gente. Pero entonces, se limito a secuestrarme. Tal vez me manipulaba de nuevo.
Suspiré. –No es que te odie.
Terry me miro de nuevo por debajo de las gruesas largas pestañas, casi atreviéndose a esperar. Vaya, el sabia tirar en los sentimientos de una chica. En serio, ¿Por qué tenia que ser tan caliente?
-No confió en ti –le dije rápidamente-. No eres normal. No bromeé sobre eso. En serio me estás asustando.
-Así que no te gusto -aclaro Terry-, pero no me odias.
Me encogí la dureza de la verdad, pero Terry se recupero a su estado normal. –Puedo vivir con eso –dijo.
-Bien. ¿Así que me puedo ir ahora?
Empecé a levantare y Terry se puso en pie. –No del todo.
-¿Por qué no? ¿Piensas mantenerme encerrada aquí para siempre?
Terry sonrió. –Sólo hasta que desarrolles el síndrome de Estocolmo.
-Pero acabas de decir que podrías vivir con que no me gustes.
-Bueno, me refería a que podía trabajar en ello, porque aquí está la cosa, creo que estás mintiendo.
-¿Perdón? –Me sorprendió tanto su afirmación que no me di cuenta de que había hecho su camino a través de la habitación hacia mi, hasta que fue demasiado tarde. Di un paso atrás y caí sobre la cama otra vez. Mirándolo, trepe hasta la esquina y tire con fuerza las rodillas hasta el pecho.
Cuando Terry se subió a la cama después de mi, me di cuenta de que la esquina no era la mejor idea—Terry me tenia completamente atrapada.
-Si crees que no te gusto –dijo-. Porque estás nerviosa. Pero cuando te toco, no estás exactamente corriendo y gritando.
Para probar su punto, Terry agarro lentamente mi mano. No me gustaba que esté cerca de mi, y me estremecí cuando tomo mis dedos. Tenia razón, sin embargo. No me aparte. Y totalmente podría hacerlo porque apenas se aferraba a mi mientas pasaba el pulgar sobre la palma de mi mano. Pero no lo hice.
-¿Lo ves? –Llevo mi mano a sus labios y me beso los dedos.
Pellizque mis ojos cerrados y aspire con fuerza. Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras sentía a Terry colocar mi mano contra el lado de su cara.
-Eres como yo –susurro Terry, rompiendo la regla de no usar su voz sexy. Volvió la cabeza y beso el interior de mi muñeca-. No tienes más que miedo.
Terry tiro suavemente de mi mano, sus labios trazaron mi brazo mientras tiraba de mi hacia él.
Candy, mírame.
No podía abrir los ojos. Me sentía extrañamente mareada. Todo mi cuerpo temblaba a pesar de que me sentía increíblemente caliente. –Detente –suspire.
Terry retiro obedientemente sus labios de mi piel, pero todavía se aferraba a mi mano. –Vas a ceder tarde a temprano –dijo, enviando con la voz escalofríos aun más a través de mi-. Entre más pronto dejes de luchar contra ello, más pronto veras hacia mi eran sinceros y hambrientos.
La mirada de Terry se quedo en mi boca, haciéndome aspirar el aliento. Luego deslizo su mano alrededor de la parte trasera de mi cuello y empezó a guiar suavemente mi cara hacia la suya. Mi cuerpo obedeció son mi permiso. Al segundo en que sus labios rozaron los míos, un pánico desnudo se estableció en mi -¡Dije basta! –jadeé, empujándolo lejos.
Terry retrocedió un poco aturdido, y al ver una abertura, reacciones instintivamente. Me eche hacia atrás y pateé los pies lo mas que pude en el estomago de Terry, golpeando el viento de el. –Eso fue por secuestrarme idiota –dije, y luego volé a través de la calle a la seguridad de mi propia casa.
Continuara…
*utiliza un juego de palabras, ya que dice "alarm clock" refiriéndose al despertador y "clocked" al decir que lo dejo marcado.
