DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling
CAPÍTULO 3: LA ENFERMERÍA
- Malfoy... Yo no... –empezó Hermione– Caminaba por el tren y de repente te encontré inconsciente. ¿Estás bien? -preguntó con sincera preocupación, invadiendo el espacio que él había impuesto entre ambos–
- Alejate de mí, sangre sucia –largó con saña. Estaba muy mareado, sentía cómo todo daba vueltas, pero ni siquiera en ese estado iba a dar el brazo a torcer frente a la sabelotodo–
- ¿¡"Sangre sucia"!? ¿En serio, Malfoy? –largó Ginny con incredulidad, mientras el chico le daba vuelta la cara– Es la única persona que se ocupó de que no murieras desangrado, como debería pasar, y ni siquiera así la tratás con respeto. Vamos, Hermione, que se las arregle solo.
- … Tenías la nariz rota, una herida en el pecho que no dejaba de sangrar y el brazo fracturado, además de los moretones de tu cara –enumeró Hermione, ignorándolos a los dos. Se acercó para estudiar bien su estado, haciendo caso omiso al rechazo- ¿Recordás algo?
- No. Estaba sentado y de golpe me desperté acá –contestó con sequedad, intentado señalar el piso con la mano derecha– Mi mano… No me responde –dijo más para sí mismo que para las chicas.
- Oh no… - Hermione le tomó la mano, sabiendo que si eso era verdad, no podría apartarla, y levantándola comprobó que desde el codo de Draco, no había nada que se mantuviera firme- Habré hecho algo mal – intentó recordar los movimientos que había hecho y se lamentó, bastante nerviosa-, nunca lo había intentado… Creo que te desaparecí los huesos.
- ¿Creés… -enfatizó- que desapareciste mis huesos? Lo creés. –se contestó con una risa sarcástica- Muy bien, Granger, definitivamente te llevás el premio a la bruja más inútil. Felicitaciones, estás incluso por debajo de Longbottom.
- Lo... Lo siento. Solo quería ayudarte. Dejame intentar algo…–dijo cabizbaja-
- Hermione, ¿no entendés que este imbécil no vale la pena? Vamos, por favor. Ya tendríamos que ir a cambiarnos.
- No, Ginny, no voy a dejarlo así –determinó – Malfoy, en serio, se cómo arreglarlo, si me dejás…
- No te atrevas a agarrar tu varita – amenazó, cortándola en medio de la frase. Repentinamente, todo estaba borroso -. Ya me jodiste lo suficiente. Quiero estar solo, lo que menos necesito –indicó cerrando los ojos con fuerza, para poder mantener su vista fija – es la compañía de una sangre su… - dijo, antes de desmayarse.
- ¡Malfoy! – gritó llegando justo a tiempo a atajar su cabeza, evitando que se golpeara contra el piso- Malfoy, despertate –le pedía, apoyándole la cabeza contra el piso para luego moverlo suavemente. No entendía qué pasaba y eso la desesperaba.
- No puedo creerlo, este tipo es un idiota –largó Ginny indignada- Dejalo y vamos a cambiarnos de una buena vez. Ya lo va a encontrar alguien.
- ¿No ves cómo está? No puedo dejarlo solo. No voy a hacerlo. –sentenció con firmeza.
- ¿Qué te pasa? –le preguntó Ginny a Hermione juzgándola– Lo encontraste solo y herido, buscaste ayuda, lo curaste, cuidaste, y él solo te responde con desprecio… ¿Aun así vas a quedarte acá... con él? Pensé que te querías un poco, Hermione.
- Ginny, simplemente no voy a dejarlo. No me sentiría bien si lo hiciera –confesó-. No te voy a pedir que me acompañes… Y tampoco que entiendas –agregó, viendo que su amiga estaba a punto de contestarle.
-… Como quieras –dijo suspirando y rodando lo ojos. Sabía que no podría hacerla entrar en razón. Siempre había sentido predilección por cualquier cosa que estuviera mínimamente bajo peligro, y a pesar de que esta vez fuera Malfoy, esa actitud hacía que Ginny se sintiera orgullosa de su amiga- Te veo en el banquete –dicho eso, dio media vuelta y se alejó por el pasillo.
Sabiendo lo cerca que estaban del castillo, decidió usar la magia para cambiarse. En un abrir y cerrar de ojos, estaba con su uniforme perfectamente arreglado. Odiaba usar la magia para cosas que podía hacer sola, pero en este caso, prefirió esa opción para no dejar solo al chico. A ella no le gustaba para nada la situación, tampoco se sentía cómoda. Supuso que, como le había pasado a Harry durante su segundo año en Hogwarts, Draco estaba desmayado a causa del estado de su brazo. Decidió que su vigilancia bastaba, sin embargo, no podía evitar acercarse y comprobar el estado del chico.
Draco no estaba del todo ido, pero tampoco tenía fuerza suficiente como para levantarse. A diferencia de lo que uno creería, a pesar de faltarle los huesos, sentía una presión enorme en el brazo lastimado. Cada tanto, abría los ojos por unos segundos. A veces veía nubes o árboles a través de la ventana, otras, a Granger con una mal disimulada cara de preocupación. Se sentía indigno. Había sido atacado hasta la inconciencia y la única persona que velaba por su bienestar era una de sus rivales. O al menos lo había sido antes de la guerra. Hubiera preferido morirse antes de caer tan bajo. Sin quererlo, una pregunta lo detuvo en seco: ¿Habría muerto si no hubiera sido por ella? Por la cantidad de sangre que había visto, podría jurar que sí. La camisa, el pantalón, la ventana y la pared tenían restos de su sangre. Ella también. Maldición, pensó. No quería deberle nada a esa mujer. Abandonando sus inútiles intenciones de despertarse, Draco se relajó por un rato. Luego de unos largos minutos, haciendo una fuerza increíble, logró incorporarse
- Gracias –siseó con desgano, esperando que eso fuera suficiente. Nunca había tenido que agradecer. Todo lo que obtenía de la gente era porque lo merecía o porque deseaban complacerlo, y sabía que ese no era el caso de ella. Hubiera preferido echarse un cruciatus antes de pedirle ayuda, pero debía reconocerle la buena acción. De haber dependido de otro, se hubiera desangrado. Para muestras, bastaba la postura de la chica Weasley. Hermione simplemente asintió con una sonrisa triste, sabiendo que cualquier respuesta sobraba.
El silbido del tren les indicó que habían llegado a destino. Vieron pasar a los alumnos dirigiéndose a las balsas o carruajes. Cuando el gentío disminuyó, sin darle tiempo a cualquier duda, Hermione tomó a Draco por debajo del brazo sano y lo ayudó a pararse. Por más que quisiera empujarla y gritarle cuan poco merecedora de su contacto era, él no tenía otra opción. Lentamente, salieron del tren, llegando a tiempo al último carruaje.
El viaje se hizo tres veces más largo debido a la incomodidad. Hermione se llevaba mucho mejor con el Malfoy inconsciente. Intentó concentrarse en otras cosas, pero no podía evitar sentirse contrariada. Una vez llegados al castillo, Draco amagó hacia el lado del Gran Comedor.
- A la enfermería –dijo ella, arrastrándolo hacia las escaleras.
- No me vas a dar órdenes, Granger. Me vas a llevar hasta el comedor.
- ¿Ah, sí? Supongo que querés interrumpir el discurso de la directora McGonagall, aguantar las miradas de todo el mundo mientras te arrastro hasta tu mesa, soportar un interminable interrogatorio y luego cenar, ¿no? –rio Hermione- De ninguna manera. Lamento que disfrutes tanto de mi compañía, Malfoy –dijo con sarcasmo-, pero no te voy a llevar ahí. Además, no se si te acordás, pero te faltan algunos huesos.
- Se que te encantaría eso, pero lamento decirte que no existe nada más alejado a la realidad -largó con una mueca exagerada,haciendo que Hermione se sintiera menos deseada que un thestral-. Pero es verdad que no sería lo más respetable que me presentara en estas condiciones –reconsideró-. Supongo que la enfermería es la mejor elección.
Dejando atrás el sonido de los aplausos y festejos del resto de los alumnos, los chicos abandonaron el Hall del castillo, encaminándose hacia la enfermería. En el momento no lo supieron, pero detrás de una estatua, alguien los había estado espiando.
