DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling
CAPÍTULO 4: TU AMIGO
- ¿Por qué vas cada vez más lento? Apurate –exigió Hermione. Ahora que estaba consciente y volvía a ser el mismo arrogante de siempre, se daba la libertad de hacerle algunos comentarios mordaces.
- Es mi brazo… Vuelve a doler –contestó con desprecio, apoyándose con el lado sano de su cuerpo contra una pared
- Dejame verlo –pidió con tranquilidad, esperando un rechazo inmediato que nunca llegó. Inspeccionó suavemente, evitando exponerlo a un dolor mayor-. Malfoy, hay que apurarnos –dijo un poco alterada
- ¿Por qué? ¿Qué pasa? –una parte de él, preguntaba esto para evitar contestarse lo obvio: tenía los mismos síntomas que en el tren. La presión en el brazo, los mareos. Todo volvía a girar y borronearse en torno a él.
- Están desapareciendo los huesos desde tu codo hasta el hombro, y no se cuán lento será el proceso ni por qué está pasando, pero si sigue así, podría expandirse más –explicó de la manera más fría que pudo. No quería ser cruel, pero la situación la asustaba y temía no llegar a tiempo.
-Entiendo –dijo con un gran suspiro, sopesando sus opciones. Se paró con toda la rectitud que la situación le permitía, y extendiendo el brazo izquierdo en forma de abrazo, le indicó a Hermione que se pusiera junto a él – Todavía falta un piso y no estoy seguro de poder hacerlo solo –explicó con un hilo de voz-. No recurriría a esto si no fuera necesario.
- Si… si –accedió sorprendiéndose a sí misma- Vamos.
Hermione se dejó rodear por su brazo, y lo sostuvo por la cintura, soportando gran parte de su cuerpo sobre ella. En ese momento, supo que él había estado poniendo el mayor empeño del que era capaz, aunque no fuera mucho.
Era extraño pensar en cuántos recuerdos compartían, estuvieran enfrentados o no, y que ese fuera el mayor contacto que habían tenido. No es que pensara en ello demasiado, pero había imaginado a Malfoy de manera distinta, casi como a una serpiente. Contrariamente a lo que pensaba, su cuerpo era cálido. Quizás hasta demasiado para la cercanía que tenían en ese momento. Su piel se sentía firme y suave; el latido de su corazón era fuerte y retumbaba enérgicamente donde Hermione podía sentirlo. Todavía no podía comprobar si sus teorías respecto a los ojos y el pelo del chico eran ciertas, pero decidió no pensar en ello. Dejando de lado las obvias diferencias morales, idealizarlo de un modo desagradable la había ayudado a no considerarlo como un hombre atractivo. Ahora, lo equivocada que había estado respecto a él la alteraba y, en cierto modo, también la enojaba. Debía admitirlo: Draco Malfoy estaba bueno. Decidió salir de esos pensamientos inquietantes. Por más atractivo que fuera, estaba herido. Sin notarlo, mientras ella estaba ensimismada en sus pensamientos, llegaron a las puertas de la enfermería. Se detuvieron por unos segundos frente a ellas, esperando que se abrieran. Al no suceder, Hermione se zafó del brazo del chico y dio unos pasos al frente para lanzar un alohomora. El estruendo que hicieron las puertas fue ensordecedor. Suficiente para ahogar el ruido de Draco desplomándose en el piso.
-¡Madame Pomfrey! –gritó Hermione desesperada y decepcionada por su descuido. Se agachó junto a él y vio que no estaba desmayado, pero sí bastante aturdido. Lo ayudó a incorporarse y lo sostuvo hasta que se pudo quedar sentado en el piso– Genial, más sangre –dijo al ver cómo el pelo platinado se teñía de rojo donde había golpeado contra el suelo.
- No voy a preguntar qué pasó –se adelantó Madame Pomfrey, tomándolo desde el lado sano y llevándolo hasta la última camilla de la enfermería-, pero viendo su estado, creo que voy a necesitar más detalles que los que normalmente requiero.
La enfermera le señaló una silla a Hermione detrás de un biombo, dándole a entender que no podía pasar de ese punto. Mientras Madame Pomfrey se deshacía de la ropa del chico, ella relató todo lo que había ocurrido. Después de unos cuantos minutos de silencio entre cada uno de los hechizos que la experta le propinaba a Malfoy, finalmente corrió el biombo y le pidió que le alcanzara una botella con forma de esqueleto que se encontraba a unos metros. Hermione reconoció el skele-gro de inmediato.
- Sus heridas estaban bastante bien curadas, pero tuve que deshacer la cicatrización para poder desinfectarlas. Me temo que perdió mucha sangre. Le dí algunos calmantes, por lo que va a dormir un buen rato. Respecto a su brazo, no entiendo por qué no recurren a mí antes de hacer esto –dijo cambiando su tono y moviendo el brazo del chico como si fuera un gusano -. Es mucho más fácil arreglar un hueso que hacerlo crecer –se quejó.
-Perdóneme, Madame, no fue mi intención –se disculpó-. Estaba desesperada y... Yo no sabía que hacer –la culpa en la cara de Hermione era evidente. Habían pasado muchas horas desde que lo había encontrado en el tren, y el cansancio y preocupación eran indiscutibles.
- Querida, todo tiene solución –dijo con dulzura, viendo que la chica arrugaba el gesto con arrepentimiento-. Tiene que descansar, pero podés quedarte haciéndole compañía… Solo por un rato –amenazó, encaminándose a la puerta-. Tranquila, tu amigo va a estar bien.
Esa idea resonó en la cabeza de Hermione. Tu amigo. La incomodaba que Madame Pomfrey hubiera usado con Malfoy, la misma palabra con la que ella calificaba a Harry o a Ron. Pensó en irse inmediatamente, pero sentía que de hacerlo, escapaba de algo. Había pasado demasiado tiempo cerca de Malfoy como para intimidarse. Más aún, estando dormido. Decidió quedarse y seguir ignorando los gritos que le pegaba su inconsciente desde que lo había encontrado en el tren. Volvió a tomar asiento, pero esta vez, al lado de él. Podía ver que los ojos de Malfoy estaban plácidamente cerrados. Su cara no mostraba evidencia de lo que había pasado unas horas atrás. Las sábanas, que lo cubrían hasta arriba de la cintura, dejaron ver la cicatriz que cruzaba su pecho diagonalmente, pero eso era todo. A la mañana siguiente, nadie sabría lo que había pasado con él. Hasta el momento, no había tenido tiempo de pensar en eso, pero estaba claro que alguien quería lastimarlo y no le importaba que sus acciones quedaran a la vista. Cientos de ideas cruzaban su cabeza, intentando darle sentido al ataque. Los Malfoy escaparon de la guerra. Sí, es verdad: habían cumplido órdenes de Voldemort, pero también habían salvado la vida de algunos miembros de la Orden del Fénix. Del modo que lo veía Hermione, nadie podría reclamarles. Al menos, no hasta el punto de dejar a Draco Malfoy inconsciente, camino al colegio. ¿O sí?
