(La historia no me pertenece es propiedad de Kelly Oram y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
Capitulo 11.
Sorprendida no comenzaba a cubrirlo. Eran tan inesperado que ni siquiera supe lo que pasaba hasta que mi hermana se volvió hacia mi con cara expectante diciendo-: Se que no querías una fiesta, pero te veías tan triste ayer, ¿Cómo no iba a hacerlo?
-¿Me hicieron una fiesta sorpresa? –le pregunte, todavía sin creérmelo bastante.
-Tuve que hacerlo. Son tus dulces dieciséis. No podía dejar que fuera sólo la cena y los fuegos artificiales con tus padres. ¿Qué clase de hermana mayor seria?
A medida que la conmoción se desvanecía, me di la vuelta. Anthony, Stear y Archie habían llegado a la puerta detrás de mi y me observaban con expresiones bastantes divertidas. -¿Sabían sobre esto? –pregunte.
-No nos dijiste que era tu cumpleaños-dijo Anthony, sonriendo. Stear y Archie parecían tan orgullosas de haber mantenido en el secreto-. Ángela me encontró en los fuegos artificiales anoche.
Volví a mirar a Ángela, incrédula. –Pero no sólo invite a todos mis amigos -dijo, a la defensiva-. ¿Ves? Tengo a Anthony ayudándome a obtener a tus amigos aquí también.
Finalmente, mire alrededor de la habitación y de seguro todos los chicos del parque se encontraban allí. Incluso Kowalski. Y se veían muy emocionados de que me hubiesen sorprendidos por mi cumpleaños. Era un poco abrumador. Quiero decir, que éramos amigos y todo, ¿pero una fiesta sorpresa? ¿Y Anthony, Stear y Archie pasando por todos los problemas para tenerme aquí? No me di cuanta que era tan querida.
-¿Y? –pregunto Ángela nerviosamente. Creo que tenía miedo de que estuviera enojada con ella-. ¿Qué te parece?
Seguía mirando al mar de gente sonriéndome y sentí este bulto extraño en mi garganta. –Creo que ha sido bastante genial por tu parte, Ang –admití. Y luego, porque sentía como si estuviéramos acercadnos peligrosamente a una especie de momento-unión de hermanas, añadí-: A excepción de la parte donde me engañaste para meterme en un maldito vestido.
Todo el mundo se echo a reír. –Y es por eso que te amamos a Candy-dijo Anthony, cepillando la mano sobre mi cabeza y erizándome el pelo.
Esa debió haber sido la señal para que la fiesta comenzara, porque todo el mundo dejo de prestarme atención y comenzó a mezclase. Golpeé la mano de Anthony y se rio de nuevo. –Feliz cumpleaños, White-dijo, y luego desapareció entre la multitud.
Tan pronto como se fue, comencé mentalmente a contar. Cinco… Cuatro… Tres…
-¡Oh, Dios mío, Candy, Terry tenia razón sobre ti y Anthony! Son tal para cual.
Le di demasiado crédito. La próxima vez tendría que empezar por el tres.
-Uh, Terry no dijo que fuésemos el uno para el otro, sino que éramos muy amistosos. Y, sí, tenía razón, somos amigos.
-Pero podrían ser algo más. Estoy segura de ello. No creo siquiera que tomase mucho.
-Creí que era todo sobre Terry-argumente sólo por motivar la charla.
-Pero, Candy, ni siquiera te gusta Terry, y tienes razón, es un poco escalofriante.
Eso me sorprendió. -¿Por qué lo dices?
-Fui a invitarle esta mañana a la fiesta y lo encontré enterrado en una pila de libros acerca de trastornos de personalidad. Le pregunte si quería ayudarme a planear la fiesta y dijo que estaba demasiado ocupado. Cuando le pregunte que hacia, dijo: "Averiguando cómo hacer que Candy caiga por mi".
-¿Qué?
-Lo se, ¿cierto? Pienso que habría sido súper-romántico si no estuviese leyendo un libro sobre sociópatas cuando lo dijo.
No se que me pareció más inquietante, que Terry tratara de averiguar cómo hacer que cayese por el, o que buscara consejos de Hannibal Lecter.
-Pero Anthony –continuo Ángela, regresando mi atención de nuevo-, es perfecto. Es cierto que no es tan Zac Efron como lo es Terry, pero sigue siendo bastante lindo y súper-popular. Además ya se gustan el uno al otro. Sólo necesitan un empujón en la dirección romántica.
Suspire y Ángela comenzó a hacer pucheros. -¿Por favor?
-Puedes tratar todo lo que quieras, pero no funcionaria. Anthony y yo sólo somos amigos.
Ángela lo tomo como luz verde para jugar a los casamenteros. Chillo y salió corriendo vertiginosamente. Cuando desapareció, suspire de nuevo.
-Vaya, parece determinada.
La declaración fue hecha con tanta naturalidad que respondí de forma automática. –Cuando Ángela entra en como casamentero, simplemente no se la puede detener.
-¿Así que cómo hago para colarme en su lista de candidatos viables? ¿Y amablemente podrías señalar mi competencia?
Eso me hizo girar. -¿Travis? –Pregunté, sorprendida de ver al mujeriego de la fiesta de la semana pasada. Su rostro se ilumino considerablemente cuando lo llame por su nombre.
-Te acuerdas -dijo-. Me alegro.
Me sonrió tan cursimente que no le pude encontrar en lo más mínimo impresionante. Una vez señalo Terry cuán jugador era ese tipo, era fácil de ver.
Sonreí ante la idea de Terry casi peleándose con Travis la semana pasada. Me sentía tan enojada, pero retrocediendo, lo que hizo fue realmente muy dulce.
¿Terry? ¿Dulce? ¿De verdad dije eso?
-Me alegro de haberte encontrado –dijo Travis, colocándose a si mismo en mi línea de visión de forma que tuviese que mirarle-. Realmente no tuvimos la oportunidad de hablar la última vez.
-¿Cómo me has encontrado, de todos modos? Ángela no sabe quien eres.
-¿Así que preguntaste por mi?
Travis lucia tan contento con esto que era casi divertido estallar su burbuja. –No. Ángela me pregunto sobre ti después de que nos viera hablando.
-¿Y que le dijiste?
Me encogí de hombros. –Lo que sabía. Que eras algún chico llamado Travis.
Hablando de Ángela. ¿Dónde diablos había ido? Con seguridad pensé que ya habría vuelto arrastrando a un temeroso Anthony tras ella. Empecé a buscarla entre la multitud. En lo más profundo de mi cerebro registre que Travis me pedía algo, pero no pude responderle porque divisé a Terry en la habitación. Hablaba con una chica que reconocí de la escuela, pero parecía estar prestándole la misma atención a ella que yo a Travis.
No se por que di por sentado que Terry no estaría aquí. Ángela dijo que lo había invitado. Mi corazón aleteó ansiosamente. O tal vez fue mi estomago retorcido sobre si mismo a la vista de él. Tan difícil de saber con Terry. Ambas reacciones eran iguales de probables.
-Veo que el gran hermano esté aquí de nuevo –gruño Travis, asustándome. Me había seguido y ahora miraba tan duramente que tuve que sonreí.
Terry nos sintió observándolo y levanto la vista. La falta de vida que vi en sus ojos me confundió. Oh, me miro fijamente, igual que siempre, pro no había chispa, ni rastro de deseo, o incluso el peligro que por lo general solía haber. Bueno, no hasta que vio a Travis. Entonces hubo mucho peligro. El y Travis parecían un par de pitbulls enjaulados listos para desgarrarse las gargantas entre si.
No es que sea naturalmente vengativa ni nada, pero no pude resistirme a la idea tan simple que me llegó. –Bueno, me preguntaste quien era tu competencia –le dije a Travis, luego le sonreí a Terry tan dulcemente como pude.
Pensé que a Terry no le importaría que estuviera usándolo, desde que era un intento por deshacerme de Travis. Era un tipo muy fuerte y no hacia falta ser un genio para ver lo que hacia. Pero cuando le salude amistosamente y gesticulé las palabras-: Hola Terry. –Se sorprendió. Me devolvió la sonrisa y comenzó a venir.
¡Oh, genial! No quise realmente animarlo. Ahora lo mejor que podía. Ahora lo mejor que podía hacer era esperar a que se mataran el uno al otro, lo que terminaría con la fiesta y me permitiría regresar a casa para ver la pelea de la UFC.
Sin embargo, antes de tener que lidiar con ese problema, Ángela regreso arrastrando a Anthony. -¡Candy, aquí estás! He estado buscándote por todas partes. –Me dio una mirada que sugería que no estaba contenta de verme allí parada con otro tipo.
Anthony miro a Travis curiosamente también, pero no fue tan sutil con sus pensamientos como Ángela. -¿Otro hombre con el que no estás saliendo, White?
-¿Persiguiendo a mi hermana por ahí como perrito faldero Brower? –respondí de vuelta.
-Oh, chicos –dijo Ángela sonriendo. Nadie podría haberse perdido como se interpuso entre Travis y yo, y por consiguiente cómo me empujo hacia Anthony-. ¿Quién es tu amigo, Candy?
Tras presentarles a regañadientes, Ángela dijo-: Así que, Travis, ¿Cómo es que nunca te he visto por la escuela?
-Soy un senior en Stevenson High, Livonia.
-Oh. ¿Así que a quien conoces de Canton?
-Bueno, me gustaría conocer a Candy mejor –dijo-. Prácticamente me robo el corazón cuando le rompió la cara a ese tipo en el lago la semana pasada. Con eso, Anthony se echo a reír. -Si, tiende a hacer eso.
-¿El qué, robar corazones o golpear personas? –pregunto Travis.
Le eche un vistazo a Anthony, sorprendentemente curiosa de su respuesta, pero solo le sonrió con complicidad a Travis y dijo-: Buena suerte con esta. –Dejando caer su brazo por encima de mi hombro. Ángela tena que estar amando esto.
-Hablando de golpear gente -murmure.
Anthony se alejo de mi, levantando las manos en señal de rendición. –Está bien. Tranquila, White. Sólo estoy jugando.
-Tu ultimo pasatiempo favorito. Pero hablaba de la pelea. ¿Podeos proseguir con el plan o qué? Estoy segura de que hay una gran pantalla por aquí en alguna parte.
Más como una pequeña sala de cine. Los padre de Rachel eran propietarios de una de las casas más grandes de Canton. Lo que hizo que la casa del lago con el barco y las motos de agua luciera poco impresionante.
-¿Qué pelea?-pregunto Travis.
Anthony respondió antes que yo. –Las preliminares de la UFC.
-¿Son esta noche?
-Si –dije-. Y nos las estamos perdiendo, ¿así que por que no van los dos a ver si podemos encenderla?
Travis empezó a decir algo, pero Anthony me dio un saludo burlón y dijo-: La chica del cumpleaños ha hablado.
Le di mi propio saludo especial mientras Travis era arrastrado en busca de Rachel. Antes incluso de que estuviesen fuera de mi vista, Ángela se aferro a mi brazo, saltando arriba y abajo. -¿Viste eso? ¡Coqueteaba contigo totalmente!
-Eso no fue coqueteo. Eso fue Anthony lo que mejor hace, darme mierda.
-No creo, Candy. Es obvio subconscientemente, Anthony está por ti. Pero escúchame, si vamos a hacer que esto suceda, realmente tienes que deshacerte del hombre musculoso. ¿Qué hace aquí, de todas formas?
-¿Cómo voy a saberlo? No es como si yo lo haya invitado. Ni siquiera sabía acerca de esta estúpida fiesta.
La cara de Ángela cayo al instante me sentí como una idiota. Lo que era sorprendente, por que normalmente no me sentía mal por ser grosera con Ángela. Pero lo fue aun más sorprendente es que pedí disculpas. –Lo siento –dije, sorprendiéndonos a ambas-. No quise decir que la fiesta fue estúpida. Estoy molesta por Travis. Oh, bueno, ya se. ¿Por qué no vas a encontrarle alguna chica para mantenerlo ocupado?
-Oh. Buena idea. Ahora, no más coqueteo con nadie más.
-No estaba… -Fue inútil. Ángela ya se había ido.
Por el lado positivo, ya no estaba. Y Anthony tampoco. Y lo mejor de todo, Travis igual. Me deje caer en una butaca vacía con un suspiro agotado, y cerré los ojos. Disfrutando del tiempo solas. Pero sólo tuve un momento de paz.
-Te dejaste el pelo suelto.
Sólo una voz podía hacer que mi corazón aumentara la velocidad y levantara los pelos de mi cuello al mismo tiempo. Abrí los ojos y Terry me miraba con esa familiar azul-profunda penetrante mirada.
-Ángela me arreglo –murmure, maldiciéndome por sonar tan nerviosa como de repente me sentía.
Terry se sentó en el brazo del sillón, observándome de tal forma que me hizo sonrojar. –Me gusta –dijo-. Mucho.
Extendió la mano para tocar mi cabello y retrocedí con tanta violencia que lo sobresalto. En un instante su cara se volvió agria. -¿Cuál es tu problema?-espeto.
-¿Mi problema? –Oye, si alguien se cabrea conmigo, yo lo hacia con él también, pregúntale a Kowalski. No lo puedo evitar. Supongo que ni los posibles asesinos psicópatas eran una excepción a mi manejo de la ira.
-Tú eras la que sonreía amistosamente hace un minuto.
-Eso no significa que quieras que me toques. ¡Caray, Terry! Sólo hice eso para molestar a Travis y que me dejara en paz.
Terry reprodujo la escena en su mente y pude ver el momento exacto en el que se dio cuenta de que era cierto. Su ira había desaparecido, y, el igual que hace un una especie de idiota mundial. Excepto por sólo daño un poco sus sentimientos, los rechace.
Me dio esa despreciante, amarga mirada que me hizo sentir tan atormentadamente culpable que no pude dejarlo marchar. Cuando empezó a alejarse, salte y agarre su muñeca. –Terry, espera. Lo siento, ¿de acuerdo?
Terry me miro, pero se calmó al instante en que le toque. Pude sentir la forma en que sus músculos se relajaron bajo mis dedos. Cuando bajo la vista hasta mi mano le solté, pero intente sonreír sinceramente. Probablemente parecía más una mueca.
Me miro por un largo instante como si fuese doloroso y luego perdió cualquier debate interno que había estado teniendo. –Aquí –dijo hoscamente. Saco un pequeño regalo envuelto desordenadamente de su bolsillo-. Feliz cumpleaños.
-¿Un regalo? –Me había conseguido un regalo. Me sentía conmocionada y sorprendentemente halagada-. Terry, no deberías haberte…
-Simplemente acéptalo-dijo, regresando al modo ira-. No creo que ni ego pueda manejar otro rechazo de tu parte.
Ahogué un grito. Me sorprendió que me hubiese entendí mal. Por lo general, me leía como a un libro abierto.
-No, no quise decir eso así. Estoy sorprendida. No tenías por qué darme algo.
-¿Sorprendida? ¡Eres la persona más testaruda que he conocido jamás? –Su rostro comenzaba a ponerse rojo, estaba tan frustrado-. Candy, no debería ser sorprendentemente que quiera hacer algo bueno por ti en tu cumpleaños. No entiendo por qué me odias tanto.
Para ser tan misterioso, no podía ocultar sus emociones. Este vulnerable, consciente de si mismo chico que conocí en su dormitorio regreso, y trataba de luchar contra mis rechazos constantes. Psicosis o no, algo en su cara, y no sólo porque fuese hermosa, me dio ganas de hacerle sentir mejor.
-Me ha chocado un poco-dijo lo más suavemente que pude-. Estoy tratando aquí. –Eleve la mano y Terry dejo caer vacilantemente el paquete en ella. Mientras arrancaba el papel, me obligue a ser extra-educada. No que fuese muy buena e ello, como mi madre siempre andaba señalando-. Fue muy amable de tu parte, Terry. Gracias.
Me sorprendió lo que encontré en mi mano. Terry me había dado una pequeña navaja suiza del ejército, rosa, para llavero. –No te defenderá de un asesino en serie –dijo-. Pero puede venirte bien, y todo el mundo necesita un buen llavero para tu primer juego de llaves.
No pude evitar la sonrisa que se deslizo por mi cara. El rosa era el contraste perfecto para mi Jeep negro brillante y, en realidad, el regalo era sorprendentemente reflexivo.
-Vi el Jeep estacionado frente a tu casa esta noche. Es tuyo, ¿no?
Mi sonrisa se hizo aun más grande.
-Es una belleza -dijo Terry-. Pero no creo que tus amigos estén muy contestos cuando vean el espacio para las piernas en el asiento trasero.
Mis ojos destellaron en Terry y tras in instante, sonreí. –Entonces que caminen.
Terry y yo nos reímos, pero en cuanto me di cuenta de que actuábamos como personas normales, me negué a hablar de nuevo. No podía evitarlo. Cuando ya no pude mirar a Terry, regrese la atención a la navaja. Empecé a sacar todos los aparatos y pinzas, un palillo de dientes, tijeras, lima de uñas, y por ultimo, una pequeña cuchilla. Pensé en los diferentes cuchillos del garaje de Terry. Este no parecía peligroso como los que tenia. Este era lindo.
-Sé que no es un jersey autografiado ni nada –dijo Terry, sonando asombrosamente consiente de si mismo-. Iba a conseguir pases de temporada para los Red Wings, pero mi tía me sugirió comenzar desde más abajo.
Sonreí, pensado que Terry bromeaba sobre los pases de temporada, pero cuando levante la vista no pude realmente asegurarlo. Empecé a decir "Es perfecto", pero luego me di cuenta de lo que había dicho. -¿Cómo hiciste para saber sobre el jersey?
Terry se encogió de hombros. –Te miraba desde mi cuarto. Me imagine que la sudadera estaba autografiada cuando casi perdiste el conocimiento.
-¿Me espiabas? –pregunte, olvidando que Terry era sorprendentemente sensible. También ignorando el hecho de que le habían estado espiando prácticamente todos los días. En un intento de suavizar el golpe, le dije-: Me sorprende que no vinieras a saludar.
Terry pateo la alfombra debajo de su zapato. –Quería, pero dejaste bastante en claro la última vez que hablábamos que no disfrutas de mi compañía. –Su voz era repentinamente amarga de nuevo.
-Eso no es justo, Terry. Me secuestraste. Me arrastraste a la fuerza en tu casa y me encerraste en la habitación. ¡Me sentía aterrorizada! Era como dijiste. Pudiste hacerme cualquier cosa que quisieras. Obviamente no podría haberte detenido.
El rostro de Terry palideció. -¡No pienses eso! –Se quedo sin aliento. No llegue a entender su reacción. Era como si ni siquiera hubiese considerado la posibilidad de que tuviese miedo de él-. No te habría herido, Candy.
Se veía tan absolutamente horrorizado por ese pensamiento que me costo admitir la verdad. –No se sintió de esa manera.
Terry empezó a ponerse verde, y la única cosa que pudo decir fue-: Lo siento.
Lo decía en serio. Sin duda lo sentía. No comprendía, pero me hizo sentir mejor. Tenerle menos miedo de alguna manera. Tal vez fui un poco ruda con toda la acusación del Acuchillador de los Sábados por la Noche. Nadie tan triste como Terry por el hecho de darme miedo podría ser el asesino.
Bueno, no podía dejarlo viéndose y sintiéndose de esa forma, así que me aleje de la multitud y me senté en las escaleras. Le hice señas a Terry para que me acompañase. Era renuente a hacerlo, pero cuando cedió finalmente, se sentó tan cerca que no dejo espacio entre nosotros. Lo deje pasar. –Terry –suspire-. No es que te odie, porque no, no es eso.
-¿Entonces?
-No sólo me pones nerviosa, me asustas hasta la mierda. No bromeaba cuando dije que hay algo mal contigo. Estás muy avanzado, no pareces tener ningún concepto del espacio personal, y haces cosas como entrar en mi habitación y secuestrarme. La gente, la gente normal, no hace las cosas de esa manera.
Terry frunció el ceño, así que me apresure a decir-: Pero no te odio. Lo digo en serio. Si pudieras simplemente bajar el nivel, probablemente podríamos ser amigos. ¿Cómo ahora? Esto no es tan malo.
Terry se animo con la tenue esperanza que le acababa de dar. –Puedo hacerlo –prometió.
La determinación en su voz me pillo con la guardia baja. Cuando hicimos contacto visual, algo paso. No creo que ninguno se diera cuenta de lo cerca que estábamos entre si, pero de pronto se vio atrapado en un momento que no pudo resistir, y yo en uno del que no podía escapar.
Eso es todo, pensé mientras la respiración de Terry comenzó a acelerarse. Mi primer beso.
No había forma de detenerlo. Creo que él lo intento porque susurro mi nombre, como si no pudiera evitarlo, cuando empezó a inclinarse, casi como si rogara que rompiese la conexión. Pero no podía.
Al final fue Ángela la que nos regreso. –Candy-grito desde el otro lado de la habitación. Su voz hizo añicos el momento entre nosotros.
-Candy, ¿Dónde estás? Tú estúpida pelea está comenzando. ¿Alguien ha visto a la chica de cumpleaños?
Casi salte de mi piel y le llevo a Terry un segundo sacudirse de su aturdimiento. No estaba segura de si estar decepcionada o aliviada. Es decir, ¿realmente quería que mi primer beso fuese con alguien que me daba miedo? ¿Alguien que muy bien podría estar matando a chicas inocentes en su tiempo libre?
¿Alguien al que realmente le gustaba, y que seguía y seguía intentándolo durante a pesar de mis desprecios?
No tenia ni idea.
-¿Dijo lucha' –pregunto Terry, rompiendo mis pensamientos.
Me alegre por el tema seguro y asentí. –Si.
-¿Las preliminares de la UFC? –pregunto Terry entusiasmadamente de esta manera realmente adorable-. ¿Te gustan las peleas?
-Debí suponer que eras un gran fan de la UFC –dije-. Por tal y como golpeas el saco de tu garaje.
-Tuve la oportunidad de entrenar con George St. Pierre el año pasado. Me metió bastante en ellas.
Terry se encogió de hombros como si no fuera gran cosa, pero déjame decirte, entrenar con George St. Pierre no es no gran cosa. -¡De ninguna maldita manera! ¡Eso es increíble! –Me levante y comencé a arrastrarle a través de la casa en busca de la pelea. Ahora entiendo por qué me encanta tanto verte trabajar.
Terry se detuvo bruscamente y levanto una ceja. Me tomo un segundo para averiguar cual era su problema, pero entonces mi mandíbula cayo. –No lo hice. -¡No acababa de decir eso en alto!
-Sabes, Candy-dijo Terry, sin molestarse en ocultar lo mucho que disfrutaba de este momento-. No tienes por qué observarme desde tu dormitorio. Eres bienvenida a unirte en cualquier momento. Estaría encantado de mostrarte algunas cosas.
No podía pensar en nada que decir. Me quede allí, luchando contra el impulso de enfermar hasta que Terry ya no pudo contener más la risa. –Vamos –dijo, tirando de mi mano-. Te comentaré el detrás-de-las-escenas.
Cuando llegamos a la sala de grabación, en la cual Anthony ya estaba repantingado, seguía sintiéndose más allá de mortificada. Luego, para empeorar las cosas, tanto Ángela como Anthony inmediatamente se centraron en la mano. O, con mas precisión, en como seguía aferrada a Terry.
-He encontrado otro fan de la UFC –explique, soltando la mano de Terry como si fuera una patata caliente.
No pude leer la expresión de Terry, pero la mirada en el rostro de Ángela fue de sorpresa y molestia. Después de echarme un rápido vistazo, sonrió enormemente. -¡Terry! ¡Estoy tan contenta de que lo hicieras!
Ángela le saludo con un abrazo y de alguna forma se las arreglo para colocarse entre los dos cuando soltó. -¿Así que sabes sobre lucha? –le pregunto. Cuando se encogió de hombros, tejió su brazo con el de él-. ¡Bien porque estoy tan perdida. Necesito que alguien me esplique.
Terry me lanzo una mirada inquisitiva, pero simplemente rodé los ojos con simpatía. Sabia por que Ángela actuaba toda coqueta con él, pero no quería explicarle su plan de casamentera. Especialmente no con Anthony sentado justo aquí.
Por supuesto, resulto que no tuve que explicarle nada a Terry, porque cuando Ángela le arrastro al sofá con ella, "accidentalmente" me choco, empujándome directamente a Anthony. La habría matado si no estuviera completamente preocupada por el hecho de que ahora estaba en el regazo de Anthony. Um, si, eso no fue un poco torpe ni nada.
-¿Alguien coló un barril y no me entere? –Se rio Anthony mientras me deslizaba en el asiento vacío junto a él-. Porque estoy bastante seguro de que por lo general tienes más coordinación que eso, White.
-No me caí, imbécil. –Me apoye en Anthony para mirar a Ángela-. Me empujaron.
-Caray, Candy. Fue un accidente. Lo siento. ¿Importa tanto?
Bien, así que no fue un accidente. Ángela no era exactamente la reina de lo sutil y era obvio para Terry lo que acababa de hacer. Lo sabia, porque la miraba más duramente de lo que jamás había visto. Y eso ya es mucho decir, teniendo en cuenta todas las veces en las que le había llamado psicópata en la cara.
Pero al menos, Anthony parecía completamente ajeno a todo. –Sí, ¿Qué te pasa esta noche, White? Estás de tan mal humor. Siéntate y relájate y ya.
Sintiéndome algo derrotada -simplemente no del todo bien- me hundí en el sofá con un largo suspiro. El problema de eso fue que Anthony había apoyado el brazo en el respaldo y cuando me recosté, mi cabeza se poso en el. Ahora bien, para alguien que no lo supiera mejor, podría interpretarse como que estaba abrazada a él, pero volverme loca y moverme me haría quedar como una idiota, así que me quede donde estaba y deje que Anthony lo moviese. Extrañamente, no lo hizo.
Continuara…
