Se que no siempre voy a poder subir capítulos así de seguido, pero este casi se escribió solo. No había razones para esperar.
¡Gracias por los reviews! Realmente es gratificante que la historia les guste lo suficiente como para que escriban al respecto.
Siempre, siempre, siempre son bien recibidos.
DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling
Capítulo 5: LA ENFERMERÍA
Hermione abrió los ojos y solo después de algunos segundos supo que seguía en la enfermería. No sabía qué hora era, pero podía adivinar que habían pasado un par de horas de ese nuevo día. La había despertado un quejido de Draco, que ahora se removía enérgicamente en su camilla. Su cara había perdido la sensación de paz y su piel, suponía que por los hechizos y pociones, estaba más pálida de lo normal.
-Ey, Malfoy –lo sacudió con firmeza para despertarlo. Seguía moviéndose de una manera extraña, sabía que tenía que sacarlo de ese sueño-… ¡Malfoy!
Draco se despertó y se topó con unos ojos marrones. Sorprendentemente, lo observaban con preocupación. Siempre le habían expresado rencor e incomodidad; el contraste le dio un escalofrío. Una parte de él sentía miedo de la calidez que le dedicaban esos grandes y muy expresivos ojos. Fue cuando rompieron el contacto visual que se dio cuenta que lo estaba ¿acariciando?
- Estabas teniendo una pesadilla... –explicó la chica, retirando la mano instantáneamente
- Si, no es nada –admitió, restándole importancia y peinando su pelo hacia atrás con fingido descuido, acomodándose otra vez bajo las sábanas.
Durante unos segundos, el silencio invadió el lugar. Ninguno se sentía a gusto, y la presencia del otro solo aumentaba esa fea sensación. El destino había sido muy caprichoso al hacer que Hermione, entre todas las personas que había en el tren, hubiera tenido que oficiar de heroína ante la situación de Draco. Cómoda en su puesto de protectora, acomodó sus sábanas como una autómata y le sirvió agua en el vaso que tenía en su mesa de luz.
- Entonces, ¿quién te hizo esto? –preguntó de repente, intentando sonar casual, cosa que a Draco le encendió la alarma.
- No tendría por qué importarte– afirmó con rudeza.
- Es que no vi a nadie cerca. Y teniendo en cuenta…
- Respetá mi intimidad. No siempre tenés que saberlo todo. Además tampoco es de tu incumbencia. –la interrumpió con desprecio, intentando cambiar el sentido de la conversación hacia los insultos habituales.
- Después de todo lo que hice por vos en el transcurso de estas últimas ¿ocho horas, más o menos?... Creo que merezco saber quién te dejó así.
- Me tiene sin cuidado lo que creés merecer. Todo esto no es tu problema, Granger, y yo no te pedí que hicieras nada por mí –le recriminó con rencor- De hecho, recuerdo haberte dicho que me dejaras solo.
- ¡Estarías muerto si me hubiese ido!–las palabras habían salido mucho más arrogantes de lo que le hubiera gustado.
- No es mi culpa que no puedas dejarme. Es un efecto común en las chicas –se burló con petulancia, dedicándole una sonrisa de costado.
- No lo sabés… -afirmó sorprendida, ignorando su comentario con una risa incrédula- No sabés quién te lo hizo, pero tampoco te importa... -Draco se sentía encerrado y no veía salidas posibles- Malfoy, ¿no te das cuenta que estás en peligro? Creí que solo vos eras suficientemente retorcido como para atacar a alguien en el Expreso de Hogwarts y abandonarlo a su suerte, pero evidentemente me equivoqué.
- ¡Fue Potter! –dijo, como si la respuesta hubiera estado ahí todo el tiempo- ¡Esto fue una venganza de tu amiguito! –concluyó, apoyando su mano izquierda sobre la cicatriz que adornaba su pecho-
- Él no subió al tren – contestó, desbaratando su conjetura con cansancio-. Y no te atrevas a acusarlo otra vez de algo tan patético como atacar por detrás, porque quizás no conozcas el significado de la nobleza, pero él sí…
- Ambos conocemos el significado, solo que cada uno tiene un concepto distinto de lo que "noble" significa –dijo, dando vuelta las cosas, y haciendo referencia a la pureza de la sangre.-. Y que yo sepa, Potter puede defenderse solo, no necesita guardaespaldas, y menos con esas limitadas habilidades –se burló
- Tenés razón. No los necesita. Él no se pasea con dos bobos matones porque tiene amigos que darían su vida por la de él –dijo muy segura de sí misma-. En cambio, no puedo decir lo mismo sobre los tuyos.
- ¿Quién te pidió que opinaras sobre mis amistades? Podés preguntarle a cualquiera y te van a decir que un amigo mío vale más que todos los del idiota ése… Un pobretón traidor y una sangre sucia, grandiosas elecciones.
- ¿Y dónde están Zabini y Nott? Debe ser triste estar tan, pero tan solo. La única persona que se preocupa por vos es tu enemigo…
- Enemigos… -se rió- ¿Tan importante pensás que sos en mi vida? No te creas tanto, Granger. Que no puedas alejarte de mí ahora que estoy semidesnudo, no quiere decir que ese deseo imparable sea recíproco.
- Te lo advierto, Malfoy. Cerrá la boca. Ahora.
- O… ¿Qué? ¿Vas a llamar a tus extraordinarios amigos para que te defiendan? Creo que no es una opción –se burló.
- No necesito que nadie me defienda ni me cuide –remarcó, en un intento de humillarlo-. Puedo arreglármelas sola. ¡Bombarda! – exclamó, apuntándolo con su varita y re direccionando el hechizo al vaso que tenía el chico a su lado, con la intención de asustarlo. Dicho eso, se encaminó con seguridad hacia la puerta.-
- ¡Granger, maldición! –gritó, saltando de la cama y perdiendo un poco de autoridad al tambalearse-¡Esto no se terminó! ¡Volvé acá!
A medio camino de la puerta, se giró sobre sí misma, enfrentándolo a la distancia. Los dos jadeaban por la ira contenida. Hermione se sentía usada y ya no tenía energía para discutir con él. Si se iba, todavía podría dormir algunas horas antes de desayunar e ir a clases. Luchó con todas sus fuerzas para no quedarse admirando su torso desnudo junto a la cama o tendría que darle la razón respecto a eso. Ganada esa pequeña batalla interna, lo miró a los ojos con furia, para que pudiera notar que ignoraba deliberadamente su demanda. Con paso firme caminó los pasos que la distanciaban de la puerta, dejándolo solo. Draco, agitado, maldijo unas veces más hacia donde había estado la chica, sintiéndose colérico y, aunque él no lo admitiera, confundido.
