Gracias por estar pendientes, voy a intentar que la historia no decepcione. Este capítulo es especialmente largo porque quería avanzar un poco más en la historia, está claro que va a ser un longfic, pero mi intención no es que sea eterno.


DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling

CAPÍTULO 6: SECRETO COMPARTIDO

Refunfuñando y repitiendo en un tono socarrón las últimas palabras de Malfoy, Hermione llegó a la Torre de Gryffindor. Subió las escaleras desde la Sala Común de su casa, y esperó detrás de la puerta hasta escuchar los ronquidos de Ginny, lo último que necesitaba en ese momento era un sermón a lo Weasley. Una vez que corroboró que estuvieran todas sus pertenencias, llamó a Crookshanks, que se acostó a sus pies y se quedó dormido incluso más rápido que ella. Mentalmente, estaba agotada. No soportaba el desprecio constante, y menos aún porque sabía que no lo merecía. Había perdido tiempo y energía en una persona que lejos de agradecerle, la maltrataba. Bueno, técnicamente le había agradecido, pero esa simple palabra había quedado opacada por el trato que recibió después. Realmente no entendía a Malfoy, pero menos se entendía a ella misma y no podía dejar de preguntarse por qué se había quedado con él. Con esa pregunta en la cabeza, se durmió.

Como siempre, Hermione fue la primera en despertarse. Si bien ese día no tenía clases hasta poco antes del mediodía, respetó su estricto horario para hacer algunas cosas. Extrañaba la vida en el castillo, y era la primera vez que lo veía después de la guerra. Al terminar de bañarse y alistarse, bajó al Gran Comedor y agradeció poder desayunar prácticamente sola. Cuando estaba saliendo, se cruzó con Ginny, que cuando la vio pareció que volvía a respirar después de mucho tiempo.

- ¿¡Dónde estuviste!? –preguntó con ansiedad, agarrándola de los brazos como si quisiera constatar que realmente estaba ahí-. Luna te vio bajar del tren con Malfoy, pero no estuviste en la cena ni cuando fuimos a dormir…

- Acompañé a… -empezó a decir, pero sacudió la cabeza y reformuló su respuesta para que sonara más casual- Lo acompañé hasta la enfermería, y…

- Ese idiota –la interrumpió, girando los ojos en reprobación. Hermione sabía que Ginny iba a empezar con el discurso al que tanto había temido enfrentarse durante la madrugada. No tenía escapatoria.- Solo voy a decirlo una vez: sabés que no es agradable para mí tener que ser la que te recuerda esto, pero Malfoy sigue siendo la misma basura que siempre fue. Esté herido o no. Te lastimó, humilló y subestimó de todas las maneras que pudo desde que lo conociste por algo tan absurdo como ser hija de muggles. Te conozco –dijo sonriéndole-, se que creés que todo el mundo puede redimirse, pero definitivamente Draco Malfoy no es la clase de persona que cambia. Viene de un largo linaje de gente patética, estirada y sobre todo, equivocada. Están acostumbrados a obtener todo lo que quieren sin tener que dar nada a cambio, y tu ayuda no habrá sido la excepción… –adivinó- Casi puedo verlo insultándote en la enfermería.

- Lo se, Ginny. Se quién es y lo que me hizo desde el primer año. –aseguró, queriendo cortar el monólogo de su amiga, haciendo que suspirara con impotencia.- Agradezco que te preocupes, pero no hay razón para hacerlo. Además, sí me agradeció –admitió, con una sonrisa, omitiendo que el maltrato también había estado presente.

- Herms, simplemente no quiero que te lastime –dijo con un suspiro de resignación-. No dudo de vos, pero creo que tu compañía, por más esfuerzo que pongas, no podría hacerlo mejor. Prometeme que no te vas a exponer frente a él.

- Tranquila –le aseguró con una sonrisa-. Además, Malfoy, sus heridas y mi cuidado están en el pasado. Nadie sabe lo que pasó, podemos olvidarnos lo antes posible.

-Ah, sobre eso… -dijo, un poco nerviosa- Me pediste discreción y lo respeté, pero…

- Pero… ¿Qué? –la apuró alarmada. Eso no estaba bien, sabía que ese descuido traería consecuencias

- Luna no sabía que no podía decir nada acerca de Malfoy y vos cuando te vio ayudándolo. Solo digamos que no es secreto el estado en el que Malfoy llegó a Hogwarts. Pero ¡te juro que no te nombró más que delante mío! – aclaró, al ver los ojos desorbitados de Hermione-

- ¡Maldición! –repitió varias veces, pensando qué hacer. Sabía que Malfoy mataría a Luna, como mínimo si esa información llegaba a ser pública. Nunca nadie tendría que saber que ella lo había rescatado-. ¿Segura que Luna no le dijo a nadie acerca de mí?

- Completamente –contestó Ginny- En el momento en que lo vio, corrió hacia mí, me lo dijo y yo le pedí que no comentara nada acerca tuyo, pero no le aclaré nada respecto a Malfoy –admitió sin culpa.

- Está bien –concluyó-. Me tengo que ir, Gin. Nos vemos en el almuerzo.

Ginny no tuvo tiempo de responder, su amiga había salido casi volando por las escaleras, dejándole unas disculpas en la boca. La vio alejarse tan rápido como podía y con un poco de culpa, se encaminó a su mesa en el Gran Comedor. Suspiró y clavó con fuerza su tenedor en la torta de vainilla que tenía frente a ella, determinada a alejar a su mejor amiga de alguien tan malo e imbécil como Draco Malfoy. Se enojó un poco porque no hacía falta preguntarse a dónde se había ido Hermione, a pesar del elaborado discurso que le había dado, sabía que no había prestado atención. Calculó que a esas alturas estaría entrando a la enfermería. Y así lo era.

Draco no había dormido bien, cosa que atribuyó a la incómoda camilla, el horrible sabor del skele-gro y sobre todo, la presencia de cierta bruja en su cabeza. No podía digerir la actitud de Hermione ¿Cómo podía ser tan…? Ni siquiera podía elegir una palabra, pero consideraba que testaruda, insolente y entrometida se acercaban bastante. Desayunó con tranquilidad lo que Madame Pomfrey le había dejado, y después de que la señora le quitara la bandeja vacía, intentó dormir nuevamente, de espaldas a la puerta. No tuvo que abrir los ojos o girarse cuando sintió que el olor a jazmín inundaba el lugar.

- Granger, ¿te quedaron ganas de explotar cosas? Por allá tenés unos cuantos frascos para que te diviertas –se burló.

- No me provoques, Malfoy… No estoysegura de que esta vez… Dejara de apuntarte –lo calló, entre bocanadas de aire, intentando interrumpir los roces- Todo el colegio sabe –dijo agitada por haber corrido desde la planta baja-. El tren…

- ¿… El colegio sabe? –preguntó rápidamente, entendiendo después de unos segundos- Detalles –pidió con seriedad, girándose hacia ella, sorprendido y desesperado- ¿Qué vieron, quién?

-Luna –contestó Hermione, que seguía agitada-. Luna Lovegood… Saben que estabas lastimado… Que bajaste del tren en ese estado…

- Tomá –dijo alcanzándole el vaso que reemplazaba al que ella había hecho explotar a la madrugada-. Tranquilizate de una vez y explicame bien –exigió. Hermione asintió y tomó asiento por un momento a su lado, esperando a que su corazón y respiración se normalizaran.

-Luna –empezó-, nos vio salir del tren a hurtadillas. Notó que estabas mal, habrá visto la sangre y los moretones –supuso-. Además, no podías caminar solo. Es obvio que fue suficiente como para que el rumor se esparciera. No creo que te acuerdes bien como estabas, pero si te describió bien, me extraña que nadie haya venido a escudriñar.

- ¡Mierda! Ahora todo el mundo va a saber que me ayudaste –se quejó desesperado, haciéndole ver a Hermione que para él era peor haber sido ayudado por ella que el ataque en sí- Si esto llega a oídos de mi papá voy a estar en problemas. Graves problemas. Él no toleraría la humillación de tener un hijo que es atacado y casi asesinado porque no puede defenderse como es debido… y menos si quien lo ayudó es una sangre sucia–dijo en voz alta, pero para sí mismo, haciendo que Hermione reconsiderara la opinión de Ginny-

-No tenés que preocuparte por eso –admitió, sintiéndose humillada- Luna le dijo acerca de mí a Ginny, y ella le indicó que nadie más debía saberlo. –él asintió, conforme con la respuesta, y bastante más tranquilo- La verdad es que no pude averiguar más. En cuanto lo supe vine a advertirte. –no quiso ser menos que él, así que intentó devolverle la atención- Malfoy, que quede claro: no solo vos te exponés a las críticas al haber sido yo quien te ayudó. Esto no puede difundirse, no sólo por tu papá. Nadie tiene que saberlo.

-. ¿Podemos confiar en que Lunática y la hermana de la comadreja no abran la boca?

- Por supuesto –aseguró con solemnidad.

- Asegurate de eso si querés sigan bien –amenazó. Hubiera sido realmente aterrador sin el grito agudo de dolor, que hizo que su cuerpo de encorvara instintivamente. Podía parecer bien de a ratos, pero ambos sabían que estaba lejos de eso. Se dio vuelta avergonzado, dándole la espalda a Hermione. Con ese gesto, le hizo entender que no había nada más que hablar.

Resopló con rabia y dejó la enfermería. Sí, habían llegado a un acuerdo y podría decirse que en términos bastante cordiales, pero de alguna manera, le quedaba un sabor amargo. Evidentemente, con Malfoy siempre era así; daba las gracias seguido de insultos o llegaban a un arreglo mutuo, acompañado de amenazas. Un paso adelante, y dos para atrás. No es que esperara algo distinto, de hecho, no esperaba nada de él. A pesar de esa conclusión, el dolor y la decepción que sentía no disminuían. Muy adentro suyo, sabía que Ginny tenía razón.

El día transcurrió con normalidad. Después de una tarde agitada, no podía dejar de sentirse preocupada por Malfoy. En parte, porque no podía sacarse su último grito de la cabeza, pero que en todas las aulas, pasillos y recovecos del castillo se hablara del ataque en el tren, definitivamente no ayudaba. Había escuchado todo tipo de teorías al respecto. A la hora de la cena, luego de darle bastantes vueltas al asunto, decidió ir a la enfermería a preguntarle a Madame Pomfrey como seguía su recuperación. Quería evitar que la vieran, y sabía que durante las comidas, todos estaban en el Gran Comedor, dejando el castillo desierto. Desgraciadamente, no era la única persona que tenía eso en cuenta.