¡Gracias a todos los que siguen soportándome, en especial a Miri!
DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling
CAPÍTULO 8: SALA DE MENESTERES
No podían evitar darse vuelta para comprobar si los estaban siguiendo. Hermione lo forzaba a correr sabiendo que esta vez estaba mucho mejor que la vez anterior en la que se habían trasladado de esa manera por el castillo. No eran capaces de hablar, sólo se hacían gestos para indicarle al otro que se detuviera o tuviera cuidado. Al llegar al séptimo piso, Draco se apoyó contra una pared, dejando que Hermione se hiciera cargo de la situación. Ella, caminó varias veces delante de la supuesta pared con el ceño fruncido y los ojos cerrados, como si hiciera fuerza. Con el ruido de piedras arrastrándose, una puerta emergió, sacando a Hermione de su ensimismamiento. Ingresó, manteniendo la puerta abierta para Draco, que entró y casi empujó a Hermione para cerrar la entrada detrás de él. Cabizbajo, se dejó caer contra la puerta hasta quedar sentado. Quería tranquilizarse y aminorar su respiración. Hacía unos minutos estaba filosofando acerca de su vida, de repente alguien casi lo mata y ahora estaba con Granger en la Sala de Menesteres, escondiéndose de Merlín sabe qué.
Después de que pasara el tiempo que a él le pareció apropiado, se levantó y pudo mirar la habitación. No era muy grande, pero se la veía apropiada. Los pisos eran de una madera brillosa y las paredes estaban tapizadas con dibujos en distintos tonos de gris. Se destacaba en la pared a su derecha, una gran chimenea de mármol, rodeada por un armario vidriado y un sillón de terciopelo negro cuya comodidad saltaba a la vista. En la pared del fondo, un escritorio con dos bibliotecas a sus lados y en la pared izquierda, dos camas de madera oscura cuyos doseles y cobijas combinaban con el tapizado, se separaban por sus respectivas mesas de noche y en el medio, una puerta.
Inquieta gracias a la situación y al extenso silencio de Draco, Hermione bufó golpeando rítmicamente el piso. Se atrevió a mirarlo mientras él caminaba alrededor de la habitación, inspeccionando cada rincón. Ella expresaba abiertamente su descontento con ruidos molestos y algún que otro resoplido o susurro, hasta que finalmente Draco se acostó en la cama más cercana.
- ¿Qué? –preguntó sintiéndose cuestionado. Su entrenado temple podía aguantar bastante, pero todo tenía un límite.
- ¿No vas a decir nada, después de lo que pasó? Estuviste muy cerca de la muerte, ¿cómo podes estar tan tranquilo? –resopló indignada.
- ¿Qué querés saber, Granger? –le contestó ignorando el tono reprobatorio en que ella le hablaba
- La verdad. Esta vez quiero que me cuentes realmente lo que pasó, con todos los detalles que puedas recordar –pidió con tranquilidad, caminando hasta uno de los postes de la cama. No lo hacía por curiosa, detrás de sus inquietudes había desconcierto y miedo.
- Está bien –accedió suspirando. Después de todo, ella le había demostrado en más de una ocasión que era digna de su confianza. En algún punto, se habían vuelto compañeros en esta serie de eventos, pero prefería no pensarlo así. A pesar de eso, no se sentía cómodo hablándole, así que se limitó a mirar al techo y empezó-. Estaba casi dormido, de repente una luz vino hacia mí, la esquivé y traté de esconderme pero en cuestión de segundos, quien sea que fuera, me alcanzó y no pude esquivar el segundo Sectumsempra. Quedé en el piso, y empecé a tener visiones de cosas cotidianas, pero aisladas. Sentía que de a poco perdía el conocimiento hasta que sentí olor a jazmines –tragó saliva fuertemente, negando con la cabeza, arrepentido de que ese detalle se le escapara-. No sé qué o cuánto tiempo pasó, pero lo próximo que vi fue tu cara ensangrentada –finalizó- Por cierto, deberías limpiarte –dijo haciendo un sonido que sonaba como una risa.
- ¿No pudiste ver quién era? Mínimamente algo que nos ayude a reconocerlo… -preguntó ella, todavía estaba sonrojada por el comentario de la sangre y agradeciendo que él no la mirara.
- No, no vi nada. En ninguno de los dos… episodios –confesó finalmente, eligiendo con cuidado la última palabra- ¿A dónde lleva esa puerta? –preguntó Draco, apuntando a ella con un leve movimiento de cabeza. Tratando de desviar la conversación
- Creo que a un baño. Me pareció que era algo útil. Ahí –dijo señalando el armario al lado de la chimenea- hay una pequeña colección de pociones curativas. Creo que no vas a necesitar más que una última dosis de skele-gro, pero de cualquier manera, son todas las que pude recordar del botiquín de Madame Pomfrey.
- Bien pensado –reconoció a regañadientes.
- Fue lo más neutral que pude pensar, no quería nada verde o rojo -aclaró, refiriéndose a la habitación en general-. Me pareció que el gris iba a ser más adecuado –dijo orgullosa, tomando asiento en el borde de la cama que él no ocupaba -. Así, ninguno se sentiría… incomodo.
- Sí, debo admitir que podría ser peor –coincidió con soltura
- ¿Perdón? –preguntó sintiéndose insultada
- Pocas cosas son peores que la enfermería, pero esto está lejos de ser algo bueno –largó, rebotando en el colchón como si comprobara su comodidad.
- Entonces, Malfoy –empezó con fingida dulzura-, la próxima vez encargate vos. A ver si lográs materializar los requisitos de tu arrogante culo en una cama.
- Dos, Granger –dijo con desenfado- Pusiste dos camas. Evidentemente no querías que mi arrogante culo durmiera solo –aguijoneó, girándose hacia ella con una ceja levantada-
Lo divertía lo absurdo de la situación, pero más que nada, la incomodidad que sabía que podía generarle. Ella era un blanco fácil para la burla: tenía pocas pulgas y sobre todo, una lengua digna de compararse con la de un Slytherin, por mucho que a él le pesara. Tal y como lo esperaba, las mejillas de Hermione fueron tomando color mientras sus ojos se abrían, no sabía si con ira o vergüenza. Una parte de él empezaba a relajarse cuando de golpe, recordó el último cruce que habían tenido, en el que ella lo había dejado con las palabras en la boca. El marcador estaba a favor de ella, pero Draco no pretendía dejarlo así.
- ¡Sos un idiota presumido! –le contestó sintiéndose ofendida.
- Sólo remarco lo obvio, Granger. La habitación podría haber tenido todo lo que quisieras, y pusiste dos camas. No es mi culpa que tu inconsciente no pueda ocultar sus intenciones.
- ¿Intenciones? Por favor –se rio, burlándose-. Mi inconsciente no tiene que ocultar ninguna intención. Está más interesado en un Dementor que en vos.
- No es lo que dice esta romántica habitación –contestó, ignorando su respuesta y empezando a caminar alrededor de la cama de ella, incomodándola con su presencia- Dos días lejos del pobretón y ya quedás en evidencia-reprochó-. Pensé que tenías más autocontrol.
- No necesitaría autocontrol ni aunque fueras el último hombre en el universo.
- Granger, Granger… -suspiró riendo de costado, apoyándose en uno de los postes de la cama de Hermione- Me temo que no estoy de acuerdo. De hecho, aun teniendo una gran cantidad de hombres, podría asegurarte que sigo en carrera. Y muy bien posicionado.
- Malfoy, no empieces un juego que no vas a poder terminar –lo enfrentó con un tono meloso, poniéndose de pie de un salto-.
- ¿No voy a poder terminar? Que poco me conocés –señaló, acortando la distancia entre ellos, tomándola por la cintura. Su intención era desconcertarla y dejarla tan callada como ella lo había hecho con él. Para desgracia de Hermione, lo único en lo que Draco se sentía seguro, era su atractivo.
-Lo único que conozco de vos es que tu soberbia es más grande que Hogwarts. Lo cual, siendo una persona que no puede cuidar de sí misma, deja mucho que desear –concluyó, con un gesto desdeñoso, deshaciéndose de su agarre.
Malfoy no supo que contestar. Siempre era lo mismo: cuando pensaba que la tenía en sus manos, vulnerable, de la nada sacaba una respuesta que lo dejaba con la boca abierta. Se la veía complacida con su afirmación, mientras el respiraba acelerado, con sus fosas nasales evidenciando la frustración. Otra vez, la sabelotodo le cerraba la boca. Humillado y lleno de ira, la tomó por un codo y la acercó a él tanto como pudo, haciendo que debido a la sorpresa, ella suspirara sonoramente. Ella lo miraba fijamente a los ojos con sorpresa. Su respiración ahora sí estaba precipitada y con cada bocanada de aire presionaba su pecho contra él, dando paso a ideas inesperadas por parte de Draco. Sabía que había dado un paso en falso y que ese simple hecho era un arma de doble filo, pero ya era tarde. El aire estaba cargado de tensión. Y olor a jazmines.
- Mi seguridad tiene fundamentos, Granger, porque mi soberbia no es lo más grande que tengo. –largó con impunidad. Con una risa presumida, observó su cara de estupefacción y la soltó, sintiéndose contento. Eso sí le cerraría la boca.
- Me preocupa cuan mal te sentís, si lo único que puede sacarte de tu malestar es esto. –dijo con un dejo de lástima, pocos segundos después-. Va a ser mejor que me vaya, supongo. Te veo mañana en el desayuno.
Draco no tuvo tiempo de reaccionar o contestarle, lo había dejado solo. Su cabeza le decía que en contra de todo pronóstico, en sus peores momentos, ella lo había salvado. Hermione se preocupaba por él y lo único que recibía de su parte eran malos tratos. Se sentía frustrado, confundido. Su cuerpo se dividía en agradecimiento y rechazo. A toda costa quería volverla loca, hacerla sentir a su merced. Desde que podía recordar, canalizaba sus malos momentos disminuyendo y molestando al resto, pero esta vez, eso no lo hacía sentir ni un poco mejor. Sin saberlo, Hermione se las había arreglado para dejarlo pasmado.
