(La historia no me pertenece es propiedad de Kelly Oram y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)

Capitulo 15.

Chicos, sea lo que sea por lo que me están mirando así, yo no he sido –dije automáticamente cuando entre en casa el sábado por la tarde y mis padre levantaron la mirada de su silenciosa conversación con los rostros serios.

Mis padres me miraron con recelo.

-conoces el toque de queda de la ciudad, ¿cierto? –pregunto mamá.

Mire el reloj y fruncí el ceño.

-A menos que se hubiera adelantado cinco horas, creo que llego bien.

-No necesitamos tu sarcasmo, Candice.

Mamá sólo usaba mi nombre completo cuando realmente se enojaba. Intente recordar las últimas horas. No había hecho nada que creyera digno de ser pillado.

-Bueno, ¿Por qué están enojados conmigo? No es culpa mía que algún sicópata quiera agarrarme y apuñalarme en cada centímetro cuadrado de mi cuerpo.

El rostro de mamá palideció.

-¡Candy, por favor!

-No estamos enojados contigo –dijo papá, suspirando-. Sólo estamos preocupados. Vamos a cancelar nuestro viaje.

Bueno, no me extraña que estés de mal humor.

-¡No! ¡Ni de coña! No van a cancelar su vigésimo aniversario por mi.

-No es por ti –apunto papá. La expresión en su cara no decía lo mismo-. De acuerdo, no es sólo por ti. También es por tu hermana.

-Oh, si, porque el Acuchillador de los Sábados por la Noche ha estado yendo detrás de tantas pelirrojas.

-¡Candice!

-¿Qué? ¡Estoy harta de que todos hagan drama de esto! No va a encontrarme. Asalta a drogadictas y fugitivas. Acosa en clubes nocturnos y calles oscuras en el centro de la ciudad. Esta noche voy a estar sentada en la casa de los Haskins con las puertas cerradas, comiendo pizza congelada y viendo alguna película poco convincente de acción. ¡No va a pasar nada malo!

Fui a mi habitación dando pisotones fuertes, pero todavía pude oír el final de la conversación de mis padres a través del conducto de ventilación. A estas alturas habían decidido no cancelar nada, pero todavía seguían bastante preocupados. Esperaba que sólo lo superaran. Es decir, si, es un poco perturbador saber que hay alguien ahí, afuera, en mi ciudad, asesinando chicas que se parecen a mi, pero cuanto más paranoica se ponía mi familia por eso, más creía que yo era estúpido darle tanto bombo.

Para cuando a las siete baje la calle hacia la casa de los Haskins, el sol comenzaba a ponerse, yo ni siquiera me sentía intimidada. No mucho. Y tenia razón, hasta ahora no había pasado nada malo. La noche estuvo yendo exactamente tal y como dije que iría hasta la malísima película de acción. Por supuesto, este pedazo de tormenta veraniega golpeaba, así que el viento era fuerte y los truenos resonaban. Además, me había topado con Kiss the Girls* antes de encontrar Delta Force* , así que cuando el timbre de la puerta de los Haskins sonó sobre unos quince minutos después de haber puesto dormir a Cameron, admití que sentí un matiz de miedo.

Sin encender ninguna luz en la habitación principal, camine de puntillas a la puerta principal y mire por la mirilla. Parado allí, bañado por la fuerte luz del porche delantero, se encontraba mi extremadamente ardiente vecino, empapado de pies a cabeza. Mi corazón y mi cabeza gritaban a la vez.

Decididamente no debería contestar.

Abrí la puerta.

Increíblemente, fui recibida con una sonrisa tan seria como la que antes habían tenido mis padres.

-No deberías abrir la puerta a extraños un sábado por la noche –me reprendió Terry en lugar de saludarme.

-No la he abierto para un extraño. La he abierto para ti.

El ceño fruncido de Terry se volvió sospechoso.

-¿Sabias que era yo y aun así abriste la puerta?

Sin saber por que mi rostro se acaloro, me encogí de hombros.

-Me sentía generosa.

-¿Me atrevo a probar mi suerte y preguntar si puedo pasar?

Lo debatí. Era difícil olvidar esa imagen de el sentado en el parque donde esa chica fue asesinada.

Al menos lo fue hasta que me miro a través de sus pestañas húmedas.

-Prometo que me portare bien –dijo. Pero no importo. Ya abría la puerta para él.

Terry cerró inmediatamente la puerta y la aseguro detrás de él. El cerrojo se deslizo en su lugar con un chasquido. Tragando saliva, retrocedí un paso. ¿Y ahora quien está siendo paranoica, Candy?

-Así que, ¿Qué estas haciendo? –pregunte mientras lo guiaba por la casa hasta el salón familiar, agradecida por lo brillante resplandor del televisor.

-Escuche que acosar rubias es lo que se lleva los sábados por la noche.

La voz de Terry vino por detrás de mi, demasiado cerca. Podía sentirla en mi cuello. Me di la vuelta sobresaltada.

Terry confundió mi inquietud como una reacción a sus palabras, y no al hecho de que casi estuviera tocándome, que estuviéramos completamente solos y que la ultima vez que realmente hablamos había estado a punto de besarme.

-Lo siento –dijo, alejando sus manos como si temiera que fuera a abalanzarme a la salida-. Tienes razón. No es divertido. Lo siento.

Me dirigí hacia el sofá y cuando m siguió como si fuera a sentarse justo a mi lado, seguí andando y me deje caer en el sillón del Señor Haskins. Terry lo noto, pero no dijo nada.

-Sólo quería verte sin Ángela alrededor –explico, conformándose con el solitario y gran sofá. Mientas se hundía de mala gana en los cojines, murmuro-: Realmente esta comenzando a sacarme de quicio.

-¿Y que esperabas, Terry? La cagaste de miedo la semana pasada –dije con incredulidad. Pensé que ambos nos sorprendimos por la ferocidad con la que salte a defender a Ángela-. Piensa que eres algún bicho raro y demente que está obsesionado con su hermanita.

Terry me fulmino con la mirada, luego suspiro y después volvió su atención a la televisión sin sonido. Chuck Norris estaba ocupado golpeando a siete tipos con una patada voladora.

-¿Eso es lo que crees? –pregunto.

-¿Honestamente?

Terry deslizo su mirada de nuevo a mi, esperando mi respuesta.

-No tengo ni idea sobre que de ti. Puedes ser muy dulce. Aunque parezca increíble, eres dulce.

Terry parecía tan sorprendido por mi cumplido que enterré mi mirada en mi regazo.

-Pero –continúe, sonrojándome de nuevo-, la mayor parte del tiempo también eres… -Mi voz se fue apagando. No quería decir exactamente lo que pensaba.

Demasiado tarde.

-¿Soy qué? –demando con recelo. Cuando me encogí, dijo-: Tan sólo dímelo.

Tú lo has pedido.

-Bueno, eres un poco rarito. Al estilo de me gusta ahogar a los gatitos para divertirme –dije con un gesto de dolor. Rápidamente agregue-: No creo que quieras serlo. –Como si eso lo fura a hacer sentir mejor o algo-. Pero tampoco creo que te des cuenta.

Me forcé a mirar a Terry. Miraba la televisión de nuevo. No mirándola realmente, sino como dejando ahí la mirada. Dejo salir un largo suspiro de cansancio.

-Lo siento –dije, sintiéndome como una mierda-. He sido muy dura.

-No pasa nada. –Terry seguía sin mirarme a los ojos-. Prefiero saber cómo te sientes, aunque me joda. Al menos así lo entiendo.

Genial. ¿Podía sentirme peor? Con un largo suspiro de cansancio de mi cosecha, me puse en pie.

-Vamos.

Estire mi mano hacia Terry. Miro como si fuera a morderle, pero después de un momento me dejo que lo levantara. Lo lleve a rastras hasta la cocina señalando a la hilera de taburetes que rodeaban el mostrador.

-Siéntate.

Lo hizo sin discutir.

Terry miro en silencio mientras sacaba un tarro de medio quilo de Chunky Monkey del refrigerador y me sentaba a su lado.

-Te sentirás mejor. Lo prometo. –dije, pasándole una de las dos cucharas.

No espere a que la hundiera. Después de darle un bocado, el levanto su cuchara y compartimos un tarro de helado en silencio.

Justo en el momento en que me preguntaba que estaría pasando por su cabeza, escuche el extraño sonido de un chasquido. Terry había cambiado su cuchara por una navaja mariposa y la abría y cerraba mientras miraba fijamente el bote del helado.

Grite, por supuesto, y el sonido de eso saco a Terry de cualquier ensoñación psicópata que estuviera teniendo. Miro el cuchillo como silo estuviera viendo por primera vez. Jadeando horrorizada, me alcanzo cuando salte del taburete, pero fui demasiado rápida.

-¡Que demonios, Terry! –grite, corriendo hacia el otro lado del mueble y a salvo fuera de su alcance.

-¡Candy, espera! ¡No es lo que piensas! ¡Lo siento!

-¡También yo! ¡Siento haberte dejado pasar!

Terry intento venir detrás de mi en la cocina y volví a gritar.

-¡Atrás!

-Candy…

-Lo digo en serio, Terry. ¡Ni te me acerques!

Terry se alejo con las manos levantadas. Pero no en una manera de me rindo. Más bien como un gran gato esperando un buen momento para abalanzarse.

-Candy, por favor. Sólo dame la oportunidad de explicarme.

-Llamare a la policía si no sales de aquí en cinco segundos.

-Mira. La estoy bajando. –lentamente, Terry bajo la navaja, con el filo guardado, en el mostrador y lo deslizo lejos.

Mis ojos siguieron a la navaja. Una parte de mi quería agarrarla, pero no era estúpida. Ahora podía estar fuera del alcance de sus brazos, pero era rápido y seguía estando más cerca de él que de mi.

-Puedo explicártelo si me dejas.

Mis ojos volvieron a Terry al sonido de su voz. Ahora estaba conmigo en la cocina y se encontraba lo bastante cerca para tocarme si quisiera. De acuerdo, estoy segura de que lo quiso, pero no lo hizo. Que se contuviera a si mismo en ese momento es la única razón por la que no llame a la policía ni saque un cuchillo carnicero de la encimera de detrás de mi.

-No quiero hacerte daño –dijo Terry cuando se dio cuanta de que le daba la oportunidad de explicarse-. Todo esto de la navaja, es un hábito nervioso. Es eso. No quise asustarse. Yo nunca…

No escuche el final de la oración de Terry porque justo entonces el enorme estallido de un trueno exploto en el exterior y un brillante destello blanqueo toda la casa, causando que se fuera la luz. Si un grito ahogado en la repentina oscuridad, infeliz de ya no poder ver a Terry.

Terry debió haber anticipado mi angustia por el apagón, porque inmediatamente me atrajo hacia él, presionándome contra su pecho.

-Terry –le advertí-. Suéltame.

-Vi como apuñalaban a mi madre hasta morir cuando tenía nueve años.

Realmente acababa de decir eso?

Con esa confesión, todo el miedo y la lucha se detuvieron. Ni siquiera tuve la necesidad de liberarme de su apretón. Me vencía la morbosa curiosidad.

-¿Cómo?

Incluso en la oscuridad, cuando sólo podía ver sombras, Terry no buscaría mis ojos. Me soltó y se deslizo por la encimera hasta el suelo.

-Fue en el robo de un auto en San Diego –explico-. El tipo también me apuñalo, por error no me alcanzo en el corazón. Encontraron el auto en Riverside, pero nunca encontraron al que lo robo. Esa navidad, papá se suicido y fui enviado a vivir con mi tía Janice.

-Terry.

Terry sacudió la cabeza distraídamente.

-Fue hace tiempo.

No supe que decir, pero me siente a su lado en el suelo, y apreté su mano. Cuando su cuerpo se tenso a mi lado, me di cuenta de que ahora nos tomábamos de la mano y había sido a petición mía. No había querido hacerlo, pero soltarle ahora seria un cruel rechazo.

Creo que ese rechazo era exactamente lo que Terry esperaba. Lo considere, pero no tuve el corazón de hacerlo. En vez de soltarlo, entrelace mis dedos con los suyos.

Después de uno o dos latidos, Terry finalmente acepto el hecho de que sostenía su mano y cautelosamente llevo esa mano a su mejilla. La dejo ahí un momento y respiro hondo. Me sorprendió sentir el pequeño estremecimiento que recorrió su cuerpo. Una cosa era que yo me estremeciera ante su rose, pero que el temblara ante el mío, completamente era otra cosa.

-Así, um, ¿Por qué esa obsesión con las navajas? Se podría pensar que después de algo así ahora tendrías que temerle.

Escuchando los nervios en mi voz, rápidamente Terry dejo caer nuestras manos de nuevo en su regazo. Estuvo callado durante un minuto y justo cuando pensé que no iba a responder a mi pregunta, dijo-: Cuando vine a Beverly Hills, los servicios infantiles recomendaron que hiciera terapia psicológica, pero mi tía Janice nunca ha hecho las cosas de manera convencional. Dijo que era mejor para mi que me enfrentara a mis miedos, en el sentido literal de la palabra, y me regalo mi primera navaja.

Mi mirada a la navaja que había sobre la encimera.

-¿Esa? –me pregunte en voz alta.

Terry entendió lo que dije.

-Si. Mi tía Janice encontró a alguien que me enseñara a usarla y entonces me inscribió en clases de defensa personal.

-¿Eso te ayudo?

Terry suspiro.

-Las pesadillas se detuvieron. Deje de tener miedo a salir de casa. Sin embargo, obviamente, no funciono por completo, ya que crecí un poco acelerado. –Terry me soltó la mano y entonces dijo-. O loco. O psicópata. O todo lo que me has llamado en el ultimo pasado. –Pude notar su gesto torcido en su voz cuando añadió-. ¿Rarito al estilo de me gusta ahogar a los gatitos para divertirme?

Vaya. Esas palabras sonaban tan mal ahora.

-Olvidaste lo bastante guapo pasa ser gay –dije. Se rio entre dientes, pero mi risa fue forzada. L única cosa que pude pensar para decir fue-: Lo siento.

Entonces Terry se giro y nos quedamos cara a cara. A duras penas, pude distinguir sus rasgos faciales ahora que mis ojos habían ajustado a la oscuridad. Lo bastante para ver la intensidad en sus ojos.

-No –dijo con ferocidad-. No lo sientas. Eres la primera persona a la que le he contado esto y no lo hice para que te lamentaras. Sólo quería que lo entendieras. No quiero que tengas miedo de mi.

-De acuerdo –dije, a pesar de que era imposible no lamentarse, lamentarme por él y por todas las cosas horribles que le había dicho alguna vez.

Nos quedamos ahí sentados, en silencio, unos minutos más hasta que, afortunadamente, la luz volvió. Nos encontramos mirándonos mutuamente pero el momento era delicado. Sin saber que más decir, me levante y agarre el helado del mostrador. Ahora no era más que una sopa de helado. Con un suspiro, lo tire y le devolví la navaja a Terry.

Después de agarrarla, me tomo de la mano y me indico-: No quiero que tengas miedo de mi. No tienes ni idea de cuanto lo siento.

Me encogí de hombros e intente alejarme pero Terry no soltaría mi mano.

-Candy, jamás te lastimaría.

Terry espero a que dijera algo, pero no pude encontrar mi voz. Asentí y tire de mi mano. Esa vez me soltó. Se sentó de nuevo en la barra y miro mientras limpiaba el helado que había caído por la encimera.

-Después de que murieran mis padres empecé a tener problemas con los niños de la escuela.

Ahora parecía que Terry hablaba más para si mismo que para mi.

-Mi psicólogo dijo que había desarrollado desorden de personalidad. Mi tía Janice pensó que eso era ridículo y me saco de la escuela. –Se detuvo durante un minuto, entonces agrego-: y me llevo a hacer terapia. No he tenido más que tutores privados desde entonces.

Terry comenzó mecánicamente a abrir y cerrar de nuevo su navaja sin percatarse de que lo hacia. Realmente era un habito nervioso.

-No hace mucho, estuve leyendo cosas sobre los desordenes de personalidad, luego de que me dijeras que no era normal –dijo Terry, frunciendo el ceñ vez ese hombre tenia razón.

-No se mucho sobre eso –alegue, a pesar de que no estaba muy segura.

-Eso explicaría cómo te sientes hacia mi –expuso Terry-. Y como nunca acierto contigo. Lo estoy intentando, Candy. De verdad que estoy haciendo un gran esfuerzo. Pero es difícil, por que todos estos intensos sentimientos que tengo por ti están volviendo tan loco.

Había estado a punto de tomar asiento en el taburete al lado de Terry, pero me detuve ante la mención casual de sus sentimientos por mi. Terry torció el gesto por la manera en que retrocedí en la cocina, poniendo de nuevo la encimera entre nosotros.

-Todo lo que quiero es gustarte –dijo, con la frustración arrastrándose de nuevo en su voz-. Pero cada vez que comienzo a llegar a alguna parte contigo meto la pata de tal manera que pierdo más terreno que el que tenia al principio.

Terry parecía tan decepcionado que me las arregle para dejar de pensar en mi misma y dejarme caer a su lado.

-No has perdido todo el equilibrio –dije-. En realidad no te odio, lo sabes. Ni siquiera diría que no me gustas. Sólo cuesta un poco acostumbrarse a ti.

Terry bajo la mirada a la navaja de su mano. La cerro, pero continuo jugando con ella.

-Decir que ya no te disgusto no es lo mismo que decir que en realidad te gusto.

-No –concorde-. Tienes razón. No lo es.

Terry volvió a fruncir el ceño y esta vez hubo algo lindo en eso que sonreí y dije-: Pero no comparto helado con cualquiera.

Y le di un codazo juguetonamente.

Pude sentir la sorpresa rebosando en Terry mientras se giraba para quedarse completamente frente a mi, pero no pude alzar la mirada. Me puse tan roja como una cereza. No pude creer que acabara de decirle a Terry que me gustaba. Por descontado, el no pensó que lo hubiese querido decir fue: Olvidémonos de la cocina y vayamos a enrollarnos al sofá. Pero pienso que tal vez yo si.

-Por cierto, lo siento –dije, con mis ojos aun concentrados en la encimera de enfrente de mi.

-Te lo he dicho, no lo…

-No es por eso, es por la semana pasada. Todo eso con Anthony en mi fiesta de cumpleaños. –Mi rostro ahora se puso tan rojo que estaba segurísima de que el rubor bajaba por mis brazos-. Ángela dijo que te molestaste.

-Ángela también dijo que Anthony y tú habían pasado la semana pasada en La Tierra de la Pareja Feliz.

No sólo me sorprendió el hecho de levantar la mirada hacia él, sino el que no pudiese ocultar mi decepción.

-¿En-entonces no te enojaste porque Anthony me besara? –tartamudeé.

Que alguien estampe PERDEDORA en mi frente ahora mismo.

Terry me contemplo con una expresión fría, pero lentamente la luz se arrastro hacia sus ojos. Cuando sonreía satisfecho, se transformaba de nuevo en el encantador y seguro de si mismo Terry que conocí cuando se mudo.

-Molesto –dijo-, no es una palabra lo suficientemente fuerte para describir lo que sentí al ver como Anthony te robaba ese beso. Si no hubieras comenzado a devolverle el beso cuando lo hiciste, no hubiera sido la pared lo que machaque con mi puño. –De repente, el rostro de Terry se sonrojo con tanta rabia que incluso comento con asco-. Ni siquiera sabe, ¿no? –No tenia ni idea a lo que se refería Terry, pero la pregunta parecía retorica-. No tiene ni la menor idea de que ese fue tu primer beso.

Considere esa afirmación también como retorica.

La rabia de Terry se desvaneció tan rápido como había venido.

-No debería haber sido así –dijo. Creí haber vuelto a poner una señal de prohibido a la sexy voz en la habitación de Terry, pero regreso y trayendo una gran tensión con ella-. Delante de toda esa gente –continúo Terry-. Y con alguien a quien ni siquiera querías besar.

-Si recuerdo correctamente, tú pensaste que quería besarlo –dije, tragando fuerte. Era mi imaginación, ¿o Terry se acercaba?

-Pero no querías, ¿no? –Definitivamente se estaba reclinando-. Vi la expresión de tu cara después de eso, Candy. ¿Por qué crees que me moleste tanto con Ángela?

Fruncí el ceño.

-Si sabias que ese beso no confirmaba nada entre Anthony y yo, ¿Por qué te fuiste?

-No creí que asesinar a uno de tus amigos me ayudaría a ganarte.

No parecía que Terry estuviera exagerando.

-Quería matarlo, Candy. Estuve cerca. Demasiado cerca. Así que me fui antes de que algo malo pasara.

Nop. No bromeaba. Para nada.

Dale un respiro. Vio como asesinaban a su madre. Eso fijo que trastoca a cualquiera.

Terry noto mi incomodidad e hizo una mueca de desagrado.

-¿Rarito?

Estremeciéndome, levante mi dedo pulgar e índice, separados por un centímetro.

-Un poco.

Terry soltó un suspiro de frustración y comenzó de nuevo a abrir y cerrar la navaja.

-No se como arreglarlo –dijo-. Odio verte con otra gente. Ya sea hablando por teléfono con tus mejores amigos, jugando hockey en el parque, hasta incluso discutiendo con tu hermana. Eres tan natural con todos, tan relajada. Nunca has sido de esa forma conmigo. Ni una vez. Si supiera como ser normal para ti, Candy, lo haría, aun si significara ser más como es idiota, Anthony Bower.

Sonreí ante el comentario de idiota. Terry ni siquiera intentaba ocultar sus celos. Me sorprendió que no despedazara a Anthony en pedazos con sus propias manos cuando ayer los presenté.

-Terry –dije-. Si fueras normal, te habrías mudado e inmediatamente te hubieras enamorado de Ángela como todos los demás. Si fueras normal, te trataría exactamente de la misma manera en la que trato a todos los chicos que conozco. Piensa en eso. No es lo que quieres. Confía en mi, si lo que buscas de mi es algo más que amistad, siendo más como Anthony no seria la mejor idea. Aunque no es un idiota.

-Si y demasiado –murmuro Terry.

-Lo que sea. A lo que voy es que no tienes que preocuparte tanto por ser normal.

Terry entrecerró los ojos hacia mi, inseguro de hacia donde iba con eso. Y hacia donde iba, era probablemente el último lugar que hubiera esperado, y me llevo un minuto soltar las siguientes palabras.

-Así que mientras no me estés asustando sin que tenga sentido –dije, sonrojándome mientras me encogía de hombros-, como que me gusta que seas diferente.

Una vez que Terry se recupero de su sorpresa, algo peligroso brillo en sus ojos y por una vez no era rabia. Era… era… no lo se. Pero me asustaba de una manera realmente apasionante.

-Candy –dijo Terry, bajándose del taburete. Es todo lo que le costo para observarme desde arriba. Sabia lo que el quería. Y sabia que esta vez no se detendría. Podía verlo en sus ojos. Prácticamente podía sentirlo. Este ya era un mejor beso que el de Anthony y eso que Terry ni siquiera me tocaba.

Terry tomo mi rostro en sus manos.

-Ahora voy a besarte –me advirtió, susurrando tan suavemente que me puso la piel de gallina-. Puede que no te guste, pero me temo que es algo que tengo que hacer.

Uh, segurísimo que va a gustarme.

Terry sonreía de oreja a oreja mientras bajaba su rostro al mío.

-Estás pensando en voz alta de nuevo.

Comencé a jadear horrorizada, pero en el instante en que mis labios se separaron, Terry acerco su boca a la mía, literalmente, robándome el aliento. Eso me hizo querer jadear otra vez por el puro placer que sentía.

Sus labios era delicados, pero se movían con tanta urgencia que parecía que necesitara este beso para seguir vivo. Perdí el sentido de cualquier cosa salvo, la sensación y el sabor de sus labios, a excepción de que estaba bastante segura de que en este punto sus manos andaban por mi pelo destrozando mi coleta.

Toda la experiencia me dijo un poco mareada, y cuando al final acabo, desperté para descubrir para descubrir que ya no me encontraba sentada en el taburete, si no en los brazos de Terry. Menos mal que me sostenía porque mis rodillas se habían rendido.

Los dos resoplábamos levemente mientras Terry inclinaba su frente contra la mía.

-Ese debería haber sido tu primer beso –dijo.

-¿No lo ha sido? –pregunte aturdida. Lo que sea que Anthony hizo la semana pasada, no se acercaba ni remotamente a lo que acababa de experimentar. Terry me había dejado completamente hecha polvo.

Había una sonrisa en la voz de Terry mientras pregunto-: ¿Estas bien?

La confusión no despegaría de mi cerebro por completo, pero me las arregle para enfocar los ojos.

-¿Eh?

Terry me observaba, más entretenido de lo que alguna vez lo había visto. Todo su semblante era diferente, como si de repente se hubiera quitado un peso de encima que yo nunca supe que estaba ahí.

-¿Necesitas sentarte? –me pregunto.

-Mis rodillas parecen gelatina –dije-. ¿Es lo que se supone que pasa?

Sonó como un excelente plan. Cuando fue una risa y él diciendo-: Oh, Candy. –Con un suspiro feliz.

Parecía como si estuviera satisfecho por sólo sentarse allí, conmigo apoyada en su costado durante el resto de su vida, pero el revoloteo en mi estomago rápidamente se transformó en nervios, así que interrumpí la paz con otra pregunta estúpida.

-Entonces, um, ¿Qué pasa ahora?

-¿A que te refieres? –pregunto Terry. Estaba ocupado enterrando sus dedos en mi cabello.

-No lo se. Sólo que parece que deberíamos estar haciendo algo.

-Y lo estamos. Estamos cuidando a un niño. –Cuando fruncí el ceño, Terry se rio-. Sólo estás inquieta porque normalmente, en este momento, estarías huyendo de mi.

Esto era cierto.

-Si no tuviera que preocuparme por Cameron, todavía podría.

-Bueno, entonces que suerte que tengamos a Cameron.

Terry rio de una manera alegre y despreocupada que casi olvide por que se suponía que me daba miedo al principio. Me acerco lo bastante para besarme en un lado de la cabeza, y entonces me soltó. Se conformaba con sostener mi mano, lo que pienso que era otra restricción física por su parte en un intento de hacerme sentir más cómoda. Me sentí agradecida por eso.

-Bueno, ¿y qué estamos viendo? –pregunto, dirigiendo su atención a la televisión. Cuando vio lo que daban dijo-: Candy, no estás viendo viejas películas de Chuck Norris.

Continuara…

*Kiss the Girls: Thriller protagonizado por Morgan Freeman y Ashley Judd y dirigido por Gary Fleder.

*Delta Forcen: película de acción de 1986, interpretada por Chuck Norris y Lee Marcvin como lideres de un escuadrón de tropas de elite de fuerzas especiales, basada en la vida real de la Fuerza Delta del Ejercito de los Estados Unidos.