Este es uno largo ¡Disfruten!


DISCLAIMER: Los personajes, criaturas, escenarios, hechizos, etc. pertenecen a J. K. Rowling

CAPÍTULO 9: PASILLOS

- Puedo traer mis espectrogafas, Ginny –dijo Luna con tranquilidad.

- ¿Espectrogafas? ¿Por qué…? –preguntó confundida.

- Todos saben que es la única manera de detectar a los wrackspurts, y claramente su cabeza es una colonia de ellos.

Las dos amigas esperaban a Hermione en la puerta del Gran Comedor. No la veían desde el día anterior y estaban preocupadas. Tenían muy en claro su horarios, así que con astucia, habían acordado levantarse antes de lo usual, para sorprenderla en el desayuno. Bastantes minutos después de lo pensado, Hermione apareció, sorprendiéndose al verlas. Lucía, para sorpresa de Ginny, ilesa y tranquila. Quizás un poco ojerosa, pero podría haber pasado desapercibido si no la estuviera escudriñando como lo hacía. Luego de los saludos habituales, gracias a lo deshabitado que estaba el comedor, las 3 chicas se sentaron juntas y desayunaron como si nada pasara.

- Hermione, mirá –empezó Ginny con muchísimo cuidado, una vez desaparecidos sus platos-, no quiero que esto se vuelva una costumbre, pero me obligás a repetirte que eso que estás haciendo está descabelladamente mal. Estás haciendo cosas… estúpidas.

- ¡Ginevra! ¡Ella no tiene la culpa de que su cabeza atraiga tantas criaturas! –la regañó Luna, compartiendo la preocupación, pero con distintas teorías. Ginny asintió para complacer a la chica, pero giró los ojos al volver a centrarse en Hermione.

- Ayer –continuó la pelirroja- desapareciste luego del desayuno, no te vi en el almuerzo como habíamos pactado y no viniste a cenar. Y no te voy a preguntar dónde estuviste porque no tengo dudas al respecto. No entiendo ¿por qué estás tan pendiente de él?

- No sé hasta qué punto sería conveniente que supieran –dijo acercando su cabeza a ellas a través de la mesa-, y por eso, no puedo hacer otra cosa más que pedirles que confíen en mí. Es más grave de lo que suponía, y sé que prometí que me iba a mantener al margen, pero eso fue antes de ver… Cosas –se limitó a decir.

- Puedo ayudarte a reconocerlas, si es que no sabés qué son, pero deberías describirlas con todo el detalle que recuerdes –haciendo un gesto bastante confuso entre lástima y ánimo, Luna ofreció su ayuda, mientras Ginny se limitaba a mirarla con seriedad. Esperaba una respuesta más clara.

- Lo lamento, pero no puedo decirles más que eso. Al menos, no sin hablar con él. –contestó bajando la cabeza. No quería ocultarles nada porque adoraba a sus amigas, pero no era conveniente que se entrometieran. Conociendo a Ginny, sabía que probablemente la ataría al sauce boxeador antes de dejarla sola con Malfoy otra vez. No eran como Harry y Ron. Ellos hubieran sabido diferenciar cuándo estaba permitido preguntar y cuándo no. Había un pacto implícito de no comprometer ni forzar al otro. Después de siete años cargados de situaciones peligrosas, manejaban con fluidez esos momentos.

- ¿A caso no confiás en nosotras? –reprochó Ginny un poco triste.

- No es eso, quiero cuidarlas, en serio. Es más complicado de lo que parecía en el tren. Mucho más. En el último año pasaron demasiadas cosas como para que ustedes también se involucren en algo así. Cuando sepa qué es realmente lo que pasa, y me asegure que no amenaza su seguridad, les voy a contar.

- Si considerás que es tan peligroso, ¿por qué no nos dejás ayudarte? –inquirió Luna

- Por favor, chicas –dijo tras un gran suspiro-, traten de entender y confiar en mí. En mi lugar, estarían haciendo lo mismo.

- Si de verdad creés que es lo mejor para nosotras, incluyéndote –remarcó Luna-, voy a respetar tu decisión. Sólo tené cuidado. No me gustaría que estuviera usándote. Él no tiene nada que perder, pero vos…

-Gracias Luna –la interrumpió, tomándola de la mano y dedicándole una sonrisa sincera- ¿Ginny…?

- No esperes que cambie mi postura –dijo con el rostro inmutable- Sos una mujer adulta y extraordinariamente inteligente. Esto no va a traer más que problemas, lo sé, y en el fondo vos también. Cuidate Hermione, por favor. Ahora, tengo que irme a clases, nos vemos luego –concluyó, antes de dejar el lugar dando zancadas.

Como si Merlín hubiera estado escuchando sus deseos, Malfoy apareció solo en el Hall. Todavía llena de impotencia y enojo, fue a su encuentro. Se aprovechó de lo desprevenido que estaba, lo agarró por la corbata con fuerza, y lo empujó contra la pared más cercana, sacando la varita rápidamente y sosteniéndola a escasos centímetros de su cara.

- No me importa qué te esté pasando, Malfoy, pero no me gusta nada que involucres a Hermione en tu patética vida –le dijo sin preámbulos.

- ¿De qué hablás? –preguntó confundido y ofendido.

- No te hagas el desentendido. Ella se está haciendo de cargo de vos como si lo merecieras y por lo se atrevió a decirnos, está metida en un problema por tu culpa. Sé que no te importa, y de hecho, verla sufrir te fascinaría…

- ¿Qué? Yo no…

- Solo quiero que sepas que si me entero que esto es un intento de hacerle algo malo, te vas a arrepentir hasta de haberlo pensado. Puede que Harry y mi hermano no estén, pero definitivamente no está sola. Tenelo en cuenta.

Después de que le sacara la varita de la cara, Draco la vio abandonar el lugar como si fuera la dueña y se odiaba por no haberla dejado retorciéndose en el piso a causa de un Cruciatus. La maldita hermana de la comadreja tenía las agallas de enfrentarlo en el medio del Hall, ni más ni menos. Debía reconocer que sólo por eso merecía más reconocimiento que sus hermanos. ¿O sería que ahora, él carecía de todo respeto y hasta Longbottom lo iba a humillar en el Gran Comedor? Maravillado ante lo absurdo de su idea, entró a desayunar. Al tomar asiento, se cruzó con un par de grandes y cuestionadores ojos marrones. Mantuvo la mirada por un tiempo, hasta que una figura se interpuso, captando su atención.

- ¡Eh, Draco! –saludó Blaise Zabini con alegría- Habíamos apostado con Nott que no aparecerías hasta mañana. Tomá –dijo pasándole un par de monedas a Theo, que había tomado asiento junto a Draco, con el silencio que lo caracterizaba.

- Siempre es un placer ganarte–se rió Theo, dándole un codazo cómplice a Draco, haciendo que por primera vez en días, sonriera.

- Basta de bromas –se quejó Blaise- Vayamos a lo importante, ¿qué fue lo que pasó?

Draco no tenía reservas al momento de expresarles qué sentía o pensaba respecto a lo ocurrido, así que a medida que hablaba, el tiempo pasaba y la mesa de a poco se fue llenando, haciendo que el relato fuera escuchado por unos cuantos alumnos más, algunos sólo por curiosidad, otros con genuino interés. Después de contarles detalladamente que había pasado desde el ataque en el tren, omitiendo decirles quién lo había ayudado, suspiró con fuerza, cayendo realmente en que estaba metido en un gran problema. La guerra había hecho que Slytherin tuviera menos alumnos de lo usual, y eso generaba una unión entre ellos. Debían mantenerse unidos y apoyarse mutuamente.

- ¿No sabés quién te salvó? –preguntó Blaise, una vez que pudo alejar a Draco de las palmadas amistosas de sus compañeros de casa.

- No, realmente no lo sé –contestó con una fingida aflicción, escapando su mirada con todo el disimulo del que era capaz a la mesa de Gryffindor. Vio a Hermione tamborilear la mesa inmersa en vaya a saber uno qué y rápidamente se enfocó en sus amigos, resolviendo que no podía poner a prueba su perspicacia- Tiene que haber sido algún profesor –contestó, intentando enfocar las sospechas hacia otro lado.

- Definitivamente –concordó Theo, uniéndose a la conversación- No sé si alguien se hubiera arriesgado tanto por uno de nosotros, y sin ofender, especialmente por vos. Y ni hablar de los hechizos. Creo que ni siquiera hubiera podido hacer un Wingardium Leviosa en la enfermería.

- Merlín, sí que te salvó el culo, Draco –dijo Blaise, superado por la situación- Sea quien sea, ahora está metido hasta el cuello. Si alguien está tan empeñado en lastimarte y sus intentos siempre son frustrados por la misma persona…

- Quien quiera que sea, no me gustaría estar en su lugar. Espero que no sea así, pero si lo ataques continúan y fuera él, me cuidaría más que vos -concluyó Theo suspirando.

Draco dejó de prestar atención en la conversación de sus amigos, ahora dedicados a ensalzar y sentir pena por el grandioso y valiente mago que lo había salvado. No se había puesto a pensar en los peligros a los que se exponía Granger. Sí, habían acordado que era mejor que nadie supiera, pero el acuerdo estaba hecho para mantener sus orgullos en alto. Estaba jodida por él, que la había molestado tantos años, incluso después de salvarlo. Se sentía culpable. Definitivamente, se había comportado como un imbécil desagradecido. Por supuesto, su padre le hubiera dicho que deje de pensar en estupideces porque un Malfoy no le debía nada a nadie, pero esa clase de pensamientos los habían puesto donde estaban ahora y definitivamente, Draco no quería eso para su vida. Algo iba a tener que hacer para agradecerle. Acompañado de sus amigos, se dirigió a clases.

El día iba incluso más lento de lo que había pasado en la enfermería. Nadie dejaba de susurrar y mirarlo, impidiéndole olvidar lo que había pasado. Como para agregar detalles a su incomodidad, la culpa se incrementaba cada vez que sus amigos volvían a sacar el tema de su "salvador anónimo". Maldita Granger, no le alcanzaba con humillarlo siendo una come libros insoportable, ahora también se arriesgaba por él y le debía la vida.

Una nota con la forma de un pequeño frasco se situó con disimulo entre las páginas de su libro de Pociones, la última clase de ese día. Al abrirla, con una letra redondeada y prolija, podía leerse "Retrato de Phineas Catterbourg, después de la cena.". No hizo falta que el emisor firmara.

Como lo requería el papel que con tanto cuidado Draco conservaba, se encontraba sentado frente al retrato. Había comido rápido y casi corrido hasta el quinto piso. Quizás se había apurado demasiado, pero por lo menos eso le daba tiempo para pensar. Debía agradecerle de alguna forma, no hacerlo rayaba la idiotez. Iba a hacerlo de una manera sutil, sin excederse. A lo Malfoy. Pocos minutos después, escucho el eco de unos pasos firmes, acercándose con rapidez hasta alcanzarlo.

- Malfoy –saludó seria Hermione, mientras él se ponía de pie elegantemente.

- Granger.

- ¿Podés, por favor, explicarme por qué Madame Pomfrey me sacó de mis clases para darme un sermón frente a la Directora acerca del peligro que genera el secuestro de enfermos? –preguntó alterada, gesticulando exageradamente- O quizás preferís contarme por qué McGonagall me miró con tanta sorpresa cuando le dije que en mi opinión, el intruso de la enfermería podía ser un mortífago. ¿Cómo no se te cruzaron por la cabeza las únicas dos cosas que tenías que hacer? Por tu culpa McGonagall dijo que estaba decepcionada de mí. ¿Tenés idea de lo que eso significa, acaso?

Draco no sabía qué decir, se dio golpes mentales por no haber pensado al respecto. Además, le sorprendía el enojo de Granger. Lo que más le molestaba era cómo había quedado frente a las autoridades del colegio. Típico de ella, supuso. Por otro lado, no sabía cómo manejar esa situación. Había ido decido a tratarla como un igual, por primera vez en su vida, y lejos de hacérselo fácil, le gritaba.

- ¿Cuándo tendría que haber ido, según tu criterio? En el medio de la noche, quizás, exponiéndome fuera de la Sala de Menesteres… O mejor aún, mientras el resto del colegio está en clases. Para nada eso me hace un blanco fácil, obviamente –contestó irónicamente.

- Seguramente hubieras tenido tiempo de no haber estado regodeándote entorno a tus amigos durante el desayuno.

- No estuve regodeán… -empezó, interrumpiéndose automáticamente- ¿Quién sos para cuestionar qué hago o dejo de hacer, Granger?

- ¿Quién soy? Soy la imbécil que viene cuidándote la espalda desde que pusiste un pie en ese maldito tren.

- Eso no te da derecho a darme órdenes.

- No, claro que no. Pero me parece que merezco, ya que no vas a dejar de comportarte como un idiota conmigo, que me liberes de las responsabilidades que todo esto trajo.

- Está bien, está bien. Me voy a hacer cargo, si es lo que querés.

- Genial –concordó, manteniendo los brazos fuertemente cruzados, aún en un tono combativo.

No quería dar el brazo a torcer. Él se había comportado mal y no iba a bajar la guardia, por más que tuviera un poco de razón. Tampoco se iba a dejar intimidar por él o sus ojos, actualmente oscurecidos por el enojo. Recordó la noche anterior y se estremeció un poco. Cada vez que se veía acorralado, apelaba a su físico. Odiaba que se abusara de su atractivo para ganar discusiones, le parecía muy bajo. Sobre todo, porque a pesar del trato que recibía de él, a ella todo eso de los roces, miradas y forcejeos le afectaba más de lo que estaba dispuesta a admitir. Mucho más.

- ¿Necesitás gritarme y mandonearme por algo más o ya puedo irme?

- Eso era todo. ¿Vos…? ¿Algo que tengas que decirme? –desafió, otra vez segura de sí misma.

- Sí –contestó poniéndose lo más derecho que pudo. Si iba a humillarse, lo haría con el mayor orgullo del que era capaz.- Tengo que admitir que pocas personas hubieran hecho todo lo que hiciste por mí. Después de interminables conversaciones con Nott y Zabini, me doy cuenta a todo lo que te arriesgaste ayudándome. Yendo al grano… Gracias, Hermione –largó apurado, como si esas palabras le picaran en la boca. No estaba dispuesto a enfrentarse a ella después de tal declaración, asintiendo a modo de saludo, se alejó rápidamente, dejándola sola en el pasillo.

- Hermione –susurró para sí misma, una vez que estuvo sola. No pasó desapercibido por ella que la había llamado por su nombre por primera vez. No sangre sucia, come libros, sabelotodo o Granger. Su nombre. Y se dio cuenta, sintiéndose miserable y decepcionada, que nunca le había gustado tanto cómo alguien lo pronunciaba.