(La historia no me pertenece es propiedad de Kelly Oram y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi)
Capitulo 16.
Terry se quedo conmigo hasta que los Hakins llegaron a casa a las doce y media, y nunca se me ocurrió que tal vez no les gustaría hasta que oí la puerta del garaje. Por supuesto, él tuvo todo controlado con una sola frase. –Lo siento, Sr. Y Sra. Haskins, pero no creí que era seguro para Candy estar sola un sábado por la noche con un asesino en serie suelto.
El Sr. y la Sra. Haskins le agradecieron a Terry por ser tan atento, y luego comentaron cómo todas las chicas muertas se parecen a mi. –Esta es una conversación fascinante y todo –dije, interrumpiéndolos-. Pero preferiría no tener pesadillas esta noche. Entonces, ¿les importaría si me voy a casa en lugar de hablar sobre el hecho de que hay un desquiciado por ahí quien me rebanaría si llega a tener la oportunidad?
-Oh, por dios. Lo siento, Candy. Nunca lo pensé así. Voy a llevarte a casa ahora –dijo el Sr. Haskins mientras tomaba las llaves nuevamente y se dirigía hacia el garaje.
-Sr. H., vivo ocho casas calle abajo. No es necesario que me lleve.
-Candy tiene razón. Hay un asesino en serie por allí afuera.
-Puedo llevarla a casa a salvo, señor Haskins –ofreció Terry-. No me molesta. Voy en esa dirección, de todos modos.
Lo siguiente que supe fue que caminaba por una calle desierta en medio de la noche con mi extremadamente caliente vecino, quien resulto ser muy bueno besando. La tormenta disminuyo a una ligera llovizna y caminamos por el medio de la calle para evitar las ramas de los arboles caídos.
A pesar de que pasábamos las ultimas horas juntos a solas, la televisión había estado encendida y la tormenta había sido ruidosa. Ahora estaba realmente silencioso. Demasiado silencio. -¿Sabias que nuestra calle originalmente se llamaba Chuck Norris Drive? –le pregunto, sólo para romper el silencio.
Terry me miro. Había visto el final de la película conmigo, y se rio desde el comienzo hasta el final.
-Es cierto –continúe-. Pero tuvieron que cambiar el nombre porque nadie se cruza a Chuck Norris y sobrevive.
Terry trato de no reírse, pero fracaso. –No puedo creer que nunca has tenido que luchar contra tus admiradores –dijo-. No hay manera de que por lo menos la mitad de los chicos con los que pasas el rato no estén locamente enamorados de ti.
-Créelo –le dije tratando de evitar lo incomodo de su habitación-, hasta que llegaste tú, ningún chico me había llamado por mi primer nombre. Bueno, supongo que Travis y tú. Pero tú fuiste el primero, y el no cuenta porque cuando me conoció yo llevaba el estúpido bikini de Ángela.
Terry frunció el ceño. Cuando mencione el nombre de Travis. Llegamos a la calle en medio de nuestras casas y mientras me dirigía a la mía, Terry tomo mi mano. –Ven a mi casa conmigo esta noche.
-¿Perdona? –Me sorprendí y tuve que bajar para controlar mi repentina ira.
-No quiero decir de esa manera –dijo Terry. Para su suerte, parecía sincero. Había golpeado a otros chicos por pedir mucho menos-. Sólo esta noche, es sábado. Sólo para cuidarte.
-No le mentiste al Sr. H –dije, asombrada-, realmente viniste esta noche porque te preocupabas, ¿no es así?
-Candy, no tienes idea de los que los sábados por la noche se han convertido para mi. Tengo que buscar maneras de distraerme a mi mismo cada fin de semana con el fin de no ir a romper tu puerta.
-Está bien, ¿se supone que debo señalar cada vez que haces o dices algo raro? Porque ahora seria uno de esos momentos?
Terry me ignoro. –Quédate conmigo esta noche –dijo de nuevo.
-Terry, voy a estar bien. Ven por la mañana para ver como estoy, si es necesario, pero no puedo ir contigo. Fin de la historia.
Terry no parecía feliz, pero no discutió conmigo. –Bien –dijo y me acompaño hasta mi casa. Bajo la voz a un susurro al acompañarme, pensando probablemente lo mismo que yo, que mi padre sobreprotector sin duda esperaba por mi y que no le gustaría que Terry me trajera a casa en lugar del señor Haskins.
-Buenas noches, Candy –susurro Terry, y luego me sorprendió inclinándose para presionar sus labios rápidamente sobre los mis. Todo eso me hizo querer agarrarlo y tratar de recrear el beso anterior. Me pregunte si podía leer mi mente porque me dedico una amplia sonrisa-. Nos vemos por la mañana.
Puse mis ojos en blanco. –Y prometo que estaré viva.
-Papá, estoy en casa –dije, sacudiéndolo. Se había quedado dormido frente al televisor. Supongo que mamá fue capaz de calmarlo un poco después de que Salí esta noche. Pensé que iba a encontrarlo caminando por la cocina hasta que llegara a casa. Tal vez eso significaba que tanto el como mi madre estarían de mejor humor de ahora en adelante.
Para se limpio el dueño de los ojos y me sonrió. –Bien –dijo. Luego beso mi frente, comprobó que la puerta estuviera bien cerrada con llave y luego desapareció hacia la cama.
Me sentía exhausta, también, pero la montaña rusa emocional en la que había estado esta noche tenia mi cabeza dando vueltas. No habría sueño para Candy White esta noche.
Me puse mi pijama, encendí el televisor y me terminaba de acomodar en la cama cuando oí un pequeño ruido en la ventana de mi dormitorio. Al principio, pensé que lo había imaginado, pero luego lo escuche de nuevo. Silencie el televisor y me deslice sigilosamente a lo largo de la pared hasta llegar al borde de la ventana, escuchando para comprobar que no estaba loca.
-¡Candy! –susurro alguien desde el otro lado-. Soy yo.
Si la voz no hubiera sido tan familiar, hubiera gritado lo suficientemente fuerte como para despertar a los muertos.
-¿Terry?
-Si. Abre.
Ángela habría estado decepcionada de mi en varios niveles si hubiera visto lo rápido que obedecí. Abrí la ventana, pero antes de que pudiera decir-: ¿Qué estás haciendo aquí? –ya estaba adentro y cerrando la ventana-. ¡Terry! –susurre-. Si mis padres te encuentran aquí, mi papa me va amatar antes que El Acuchillador de los Sábados por la Noche tenga su oportunidad. ¡Y te matara a ti primero!
-Entonces deja de hacer tanto escandalo –susurro.
-¿Qué estas haciendo aquí?
Terry se puso cómodo en mi cama y sonrió. –Es mañana –dijo como si eso explicara todo. Cuando claramente no lo hizo, explico-: dijiste que podía venir en la mañana. –Miro el reloj en la mesita de noche. Es casi la una-. Técnicamente, es mañana.
-Lindo.
-Mira. Dijiste que no podías venir a mi casa, así que me voy a quedar aquí. Contigo.
Algo sobre la forma en la que dijo "contigo" me hizo agradecerle a las estrellas po no haber escuchado a Ángela en el tema de la ropa de dormir. Mi enorme pijama de franela de los Simpsons era realmente cómoda en estos momentos.
-No vas a pasar la noche conmigo, Terry.
-Oh, claro que si. Incluso si tengo que atarte y amordazarte hasta la mañana para evitar que despiertes a todos en la casa.
Un pequeño matiz de miedo me apretó el pecho, pero lo arroje lejos. –No lo harías.
Terry arqueo una de sus cejas. -¿No me crees?
Está bromeando. Probablemente. Quizás. Espero.
Decidí que realmente no quería averiguarlo. Cuando suspire mi derrota, Terry tendió una mano hacia mi. –Ven aquí, Candy.
Lo mire dudosamente mientras yacía apoyado contra mis almohadas. –No, gracias.
En lugar de acostarme con el, fui hasta los pies de la cama y me senté con la espalda contra la pared. Cuando Terry se dio cuenta de que realmente no iba a ir con él, se acerco a mi. -¿Cómo se supone que vamos a dormir estando sentados de esta manera? –pregunto.
-Noticia de ultima hora, Terry. No hay manera de que pueda dormir contigo aquí, sin importar la posición en la que esté.
-¿Ayudaría si duermo en el suelo?
-Definitivamente me haría sentir mejor, pero no me ayudaría a dormir.
-Bueno, si no vas a poder dormir sin importar lo que haga, entonces no me sentare en el suelo, duro.
Todo se quedo incómodamente tranquilo, y cuando Terry tomo mi mano en la suya, sentí mi cuerpo tensarse. Me estremecí lo suficiente para que Terry frunciera el ceño. Puso su mano de nuevo en su regazo y cerro los ojos. –Estoy confundido –admitió, tratando de controlar cualquier emoción que estuviera sintiendo en el momento-. Pensé que pasamos un buen rato esta noche.
-Lo hicimos –concorde.
-Te di un beso de buenas noches en el porche hace menos de quince minutos.
-Lo hiciste –concorde de nuevo.
-Y no te asustaste de mi entonces.
-No.
-¿Pero te estoy haciendo sentir incomoda ahora?
-Si. –Después de todo lo que había pasado esta noche, era mucho más fácil ser honesta con el-. Es difícil no tener miedo de ti.
Terry tomo mi mano de nuevo. Esta vez la sostuvo.- Realmente no quiero que tengas miedo de mi. Candy, te juro que nunca…
-No. No. Lo se. Es bueno saber un poco más sobre ti, pero no es sólo eso. Son las cosas que dices y la forma en que me miras. –Sentí el peso de su cuerpo junto al mío, y el calor de su mano y añadí-: Y como siempre estás buscando una manera de tocarme.
Mire a mi regazo, esperando que Terry se riera de mi ingenuidad, pero me sorprendió con su seriedad. –Nunca he querido a alguien tanto en toda mi vida –admitió, tirando de mi barbilla de modo que me vi obligada a mirarlo.
Oh, genial. Honestidad. Eso fue una brillante idea. Ahora que me estaba tocando y mirando, y diciéndome esas cosas al mismo tiempo. No podía respirar. O respiraba muy rápido. No lo sabía. Pero no podía penar en ese momento.
-Lo siento si eso te asusta –dijo Terry-. Pero no puedo evitarlo. Cuando estoy contigo siento tanto, es abrumador.
Di un grito y trate de soltarme de su agarre, pero me abrazo. –De ninguna manera –dijo a la ligera, su brazo a mi alrededor haciéndose de hierro-. Nunca vas a acostúmbrate si sigues huyendo.
Santa hiperventilación. –Terry, me estas asustando otra vez.
-Relájate, Candy. Confía en mi. –Sus labios de pronto estuvieron en mi oreja-. Cierra los ojos –susurro tranquilamente. Un escalofrió corrió a través de mi cuerpo y mis ojos se cerraron como si estuviera bajo un hechizo-. Toma un respiración profunda.
Sentí como el pecho de Terry imitar la acción. Tomamos un par de respiración juntos y entonces mi cuerpo, básicamente, se derritió contra él.
-Buena chica –dijo Terry, relajando su agarre. Me removió en sus brazos hasta que prácticamente me acunaba contra su pecho, y comenzó a pasar sus dedos por mi cabello. Se rio cuando suspire contentamente-. ¿Ves? No es tan malo. Ahora vamos a quedarnos aquí sentados hasta que de lo único que sientas miedo es de lo mucho que disfrutas lo que estás sintiendo.
-¿Qué estoy sintiendo? –además de cansancio y una comodidad extrema.
-Tú dime. Se que sientes más ´por mi que sólo miedo. Me besaste como si realmente lo quisieras.
-¿Lo hice? –pregunte.
Terry se rio de nuevo. –Lo hiciste.
-Oh.
Caímos en un gran e incomodo silencio. Me refiero a, ¿Qué se supone que debo decir a eso? Probablemente no lo que dije después, que fue-: ¿Has notado las similitudes entre El Acuchillador de los Sábados por la Noche y tú?
Fue lo que salió de mi boca cuando le eche un vistazo a la TV y vi las noticias reportando algo sobre los toques de queda implementados en toda el área metropolitana. Me sentí mal cuando Terry me soltó y se puso ligeramente pálido. –Lo siento –le dije con la mano sobre mi boca-. Olvida que dije eso. Sólo dejo escapar cualquier cosa cuando estoy nerviosa.
-¿Qué quieres decir? ¿Qué similitudes?
-Nada. no lo decía en serio. Pensé en algo que Ángela y yo hablamos antes.
Terry realmente se veía consternado. Era peor que hacerlo enojar. -¿Ángela y tu han estado comparándome con un asesino en serio?
Me encogió. –Eh, no. –Te acusábamos de ser un asesino en serie.
-Mentirosa.
-¡Lo siento! Es sólo que el Acuchillador y tú aparecieron en mi vida en el mismo momento, acechando todos mis movimientos. Fue un poco difícil no notarlo cuando ambos me asustan mucho. Además, ambos tienen algo perturbador por los cuchillos. Tu eres un entusiasta del crimen, y el… es realmente entusiasta en cometer crímenes.
-Eso no es exactamente lo mismo –argumento Terry.
Respondí con-: Los dos tienen una obsesión con las rubias.
Eso finalmente lo hizo sonreír. –Ya no –dijo-. No tengo una obsesión por todas las rubias, sólo contigo.
Palidecí, lo que creo que era la intención de Terry porque se echo a reír y luego extendió sus brazos para que me acurrucara en ellos. Negué con la cabeza vigorosamente, pero Terry se estiro y me atrajo hacia el. Luche menos que Ángela siendo arrastrada a una venta de zapatos, e incluso me acurruque contra el, suspire; molesta conmigo misma.
Terry retiro el pelo fuera de mi cara. -¿Cuál es el problema? –pregunto. Parecía realmente tranquilo ahora que me tenia devuelta en sus brazos.
-Ángela y yo también nos preguntábamos como las chicas pueden ser tan estúpidas como para ir a casa con alguien tan espeluznante como el Acuchillador, quien sólo termina matándolas.
-¿Y estar sentada aquí conmigo en este momento te recordó a eso?
Suspire de nuevo. –Me di cuenta de como sucede. –está bien, no estás haciendo la cosa mejor, idiota.
Terry frunció el ceño. -¿Por qué soy espeluznante y te doy miedo? –pregunto con sequedad.
Le sonreír tímidamente. –Y aun así, te abrió la puerta. Y deje que me besaras. Y que entraras en mi habitación. Y luego tuve la osadía de estar sorprendida cuando me asustaste otra vez. Ahora estoy aquí de nuevo. De vuelta en tus brazos.
Debió haberle gustado la idea de que yo estuviera en sus brazos, porque me dio un apretón y beso mi frente.
Resistir la tentación de estremecerme. –Soy una de esas chicas tontas. Me pregunto si el asesino me encuentra, ¿lo dejare entrar también?
-Por supuesto que no.
-¿Cómo lo sabes? Cuando sacaste ese cuchillo realmente pensé que ibas a matarme. Luego, veinte minutos después estábamos besándonos.
Terry se rio de nuevo, pero yo no trataba de ser graciosa. -¿Qué? –espete.
-Unos de estos días te voy a enseñar la diferencia entre un simple beso y lo que es besar.
Me alegre de que no pudiera verme sonrojar. Pero, nuevamente, tal vez no importaba, porque debió haber notado la forma en que mi corazón empezó a latir con fuerza.
-Dejaste que te besara esta noche porque en el fondo sabias que no te haría daño –continuo Terry, finalmente respondiendo a mi pregunta-. Me tomo mucho tiempo ganar esa confianza y tú ni siquiera puedes estar acostada conmigo en la cama. Créeme, Candy, tú no eres una de esas chicas. Si tu vida alguna vez realmente está en peligro, vas a luchar por ella de manera impresionante.
-No seria suficiente murmure-. Odio ser tan impotente contra ti. Nunca me había sentido tan indefensa.
-No eres completamente indefensa. Tienes que tener en cuanta que he estado practicando autodefensa desde que he tenia diez años. También soy un boxeador entrenado, cinta negra, y he pasado por campamentos y la academia de policía.
-¿En serio? –jadeé.
Terry se encogió de hombros. –Larga historia, pero el punto es, que he sido entrenado para derrotar a un atacante y tu me diste pelea. La mayoría de los chicos probablemente no tendrían una oportunidad con ti. Realmente no tienes que preocuparte, porque nadie va a tocarte. Te lo juro, Candy.
Terry me abrazo con fuerza y con ese apretón finalmente me convenció de que estaba completamente segura. Incluso si en realidad era el asesino en serie y utilizaba sus habilidades con los cuchillos para matar rubias, él no me haría daño.
Me quede allí, en los brazos de Terry. Pensando en todas las cosas que podía hacer. La vida extraña, emocionante y solitaria que ha tenido hasta ahora. El pasado trágico que de alguna manera era romántico. La parte más alucinante de todo era, que él parecía pensar que yo era lo único que necesitaba para darle sentido a todo.
Entendí lo que quería decir sobre sentirse abrumado.
-No puedo creer que fuiste apuñalado –susurre, tratando de comprender las cosas que me dijo esa noche-. ¿Tienes una cicatriz?
Su pecho se sacudió con su risa silenciosa y me recordó a Eric Sherman en clase de biología. A diferencia de mi viejo compañero de clase, Terry no parecía incomodo por mi morbosidad. Aparentemente, tampoco se sentía incomodo con la desnudez, ya que dijo-: No es muy impresionante. –y se quito la camisa más rápido que decir "abdominales fuertes,"
Claro que había visto a Terry sin camisa una o dos veces, pero la primera vez sufría una conmoción cerebral, y las otras veces, habían sido a unos cuarenta metros de distancia a través de mi ventana. Esta vez, teniéndolo en mi cuarto, en mi cama, en medio de la noche, era completamente diferente. Contuve el aliento y trate de no mirar.
-¿Ves? –dijo Terry, pasando sus dedos por una pequeña línea rosa.
-Gua, ¿eso es todo' –le dije cuando por fin vi la cicatriz. Si no la hubiera señalado, tal vez ni la hubiera visto. Ahora tenia sentido por que no la había notado antes-. Esperaba algo más mortífero.
Terry se rio. –Te dije que no era impresionante. El cuchillo no era muy grande, y se ha desvanecido con los años. Todavía se puede sentir, sin embargo.
Automáticamente extendí la mano, pero antes de tocar su piel me di cuenta de lo que hacia, y alejé mis dedos.
-Está bien –dijo.
No estaba a punto de, ya saben, tocarlo, así que el tomo mi mano y la puso sobre la cicatriz.
-Tan cerca de tu corazón –susurre con voz temblorosa. Podía sentir su corazón latiendo rápidamente bajo mis dedos. No podía imaginarme a alguien clavando una navaja en él. Deteniéndolo. Matándolo-. Me alegro de que no acertaran –admití.
Cuando sin pensar comencé a pasar mis dedos una y otra vez sobre la cicatriz en su piel, su respiración se acelero y sostuvo mi mano. –Candy –dijo, enviando escalofríos por mi cuerpo-. Se mi novia.
-¿Q-que?
Gateé hasta el otro lado de la cama tan pronto como pude. No trato de detenerme, pero cuando lo mire sus ojos lucían más hambrientos de lo que jamás los había visto, y su pecho se agito como si estuviera teniendo dificultades para respirar. Trago saliva.
-Necesito que seas mía. No puedo soportar el perseguirte y todas esas tonterías. Estos momentos que tenemos, se sientes como que casi te tengo, pero siempre estoy preguntándome lo que estás pensando y que es lo que esperas para huir de mi. No puedo soportarlo. Es hora de que esto sea una relación verdadera.
-Yo… Eh… Yo no…
-Si, si lo haces.
Terry sacudió la cabeza y gateó hacia mí. –No te estoy dando una opción –dijo, deteniéndose a sólo unos centímetros de mi cara.
-¿No? –pregunte estúpidamente. Esa era toda la pelea que yo iba a dar.
Terry sacudió su cabeza de nuevo y cerró la distancia entre nosotros. –Voy a ser bueno para ti –dijo contra mis labios.
No podría haber discutido con el incluso si quisiera. Lo que, seamos realistas, no hacia. Me beso suavemente al principio, pero en el momento que le devolví el beso, me beso duro. Tuve que envolver mis brazos alrededor de su cuello para evitar el caer de espaldas de la cama, y eso fue todo. Estaba en mi espalda con el peso de Terry sobre mi. Sólo que esta ves no tenía miedo de que fuera a matarme. Me preocupaba que tratara de enseñarme algo mucho más que sólo besar.
-Terry –dije una vez que finalmente me dio la oportunidad de respirar.
Movió su boca a mi cuello, y no me malinterpreten, me gusto. Me gusto mucho. pero ni siquiera había sido su novia por treinta segundos y son embargo algo me dijo que Terry no necesitaba, en todo caso, más estimulo del que ya le había dado. Lo empuje un poco hacia atrás y trate de nuevo. –Terry, espera. Detente.
-Lo siento –dijo Terry, acercando sus labios a los míos para otro beso y luego dijo-: Lo siento. Tienes razón. Aun no estás lista para eso.
-No, no. No lo estoy –concorde antes de que yo cambiara de opinión. Entonces, para mi propio beneficio añadí-: No lo voy a estar por mucho tiempo.
-Está bien –dijo Terry con una sonrisa-. No te preocupes, voy a detenerme.
Retiro su peso y me acerco a él hasta que mi espalda se hallaba contra su pecho, de alguna manera su cuerpo se moldeo alrededor del mío.
-¿Qué tal esto? –pregunto, burlonamente-. ¿Puedes soportar por lo menos esto?
¿Estás bromeando? Nunca me sentí más cómoda en mi vida. –Sí, lo puedo hacer –dije, ya medio dormida. Eran casi las 2;00 a.m. después de todo, y soy una chica de ir temprano y levantarse temprano.
-En realidad, podría acostumbrarme a esto. –Ahora que no me sentía preocupada de nada más, el cansancio me consumía y estaba prácticamente en un estado de delirio-. Esto es bueno. Debería haber un nombre para esto.
-Cucharear. –Terry se rio entre dientes.
-¿Eh?
-Se llama cucharear.
-Cucharear. Me gusta cucharear. Gua, tengo que cerrar la boca antes de que cambies tu opinión acerca de mi.
Terry rio de nuevo. –Duerme un poco, Candy –dijo. Así que lo hice.
Caí dormida como un ladrillo en cuestión de segundos. Fue la mejor noche de sueño que había tenido en todo el verano. De hecho, estaban tan dormida que no desperté hasta que el sol empezó a iluminar mi habitación y Terry entraba nuevamente a escondidas por mi ventana, lo que significaba que se había colado por ella en algún momento y no me di cuenta.
-Lo siento –susurro-. No era mi intención despertarte. –Se me tío debajo de las sabanas e hizo eso de cucharear otra vez. Aun se sentía increíble, incluso cuando no estaba medio dormida.
-Buenos días.
-Es temprano. Vuelve a dormir –dijo Terry mientras me besaba el cuello y luego se coloco en la misma posición en que había estado cuando me quede dormida.
Era como si nunca se hubiera ido, pero ahora estaba luchando, con ropa fresca y oliendo increíblemente. Yo, por otro lado, probablemente tenia el pelo como un pajar y el aliento de la mañana, y estaba encantada de no estar frente a frente con él.
-¿Qué hora es? –le pregunte.
-Seis y media.
-¿Cuándo te fuiste anoche? Nunca te escuche salir.
-hace una hora.
-¿Una hora? ¿Te quedaste toda la noche?
Terry se rio de la sorpresa en mi voz. –Te dije que iba a hacerlo. No me hubiera ido en absoluto pero tenia que consolidar mi coartada.
-¿Eh?
-Mi tía no presta mucha atención cuando llego a casa por la noche, pero creo que se daría cuenta si no regreso a casa durante toda la noche. Se levanta a hacer yoga a las seis y siempre comprueba que esté allí.
-Hablando de padre a quienes les gusta chequear a sus hijos, tienes hasta las nueve antes de que los míos despierten y entonces es mejor que no estés aquí.
-Ocho y media, entonces. Lo que significa que tenemos dos horas más para dormir y te prometo que estaré fuera cuando tus padres despierten.
Continuara…
Gracias chicas por seguir leyendo.
Daniela:
Me encanta adaptar este tipo de historias, no digo que las demás no me gusten, simplemente me gusta leer de diferentes géneros. Yo no soy la escritora de está historia, es sólo una adaptación.
¡Estoy feliz de que me consideres una amiga! ¡Amiga! No te preocupes, me alegra que me hayas escrito por primera vez en está historia y que tengamos gustos en común. También me caes bien.
Saludos a todas!
